Se incluye una transcripción parcial del libro “MEMORANDUM RELATIVO A LA INTERVENCIÓN DEL SEÑOR BENJAMÍN SUMNER WELLES EN LA REPÚBLICA DOMINICANA”.
Benjamín Sumner Welles, autor de La Viña de Naboth, era de nacionalidad norteamericana. Llegó a la República Dominicana, como diplomático, el 28 de julio de 1922 cuando fue designado Comisionado del Presidente de los Estados Unidos, con la misión de observar e informar a dicho Presidente durante la etapa final de la ocupación militar norteamericana.
Cuando se publicó La Viña de Naboth, que ha sido el tratado más influyente sobre historia dominicana, su importancia consistió en ser una obra detallada y bien estructurada cronológicamente sobre una etapa de la historia dominicana, cuando hasta el momento de su publicación sólo se habían escrito un par de resúmenes sobre la materia y, como refiere su autor en el primer párrafo de la bibliografía de dicha obra, le fue posible escribirla gracias a la gran cantidad de material inédito que le fue facilitado, cuando dice textualmente, cita:
“El autor de este libro no habría podido escribirlo, si no hubiese contado con suficiente material inédito. Si se exceptúa la publicación de vez en cuando de artículos sobre puntos históricos, y si se exceptúa también la historia de don Manuel Ubaldo Gómez, la de don Bernardo Pichardo y algún otro sumario, se puede afirmar que la literatura histórica dominicana carece de una obra detallada que abarque los acontecimientos de los últimos tiempos”. (La Viña de Naboth, Pág.469, Tomo II)
El cuarto párrafo de la misma bibliografía dice:
“Me es imposible expresar la extensión de mi obligación de agradecimiento a Su Excelencia, el General Horacio Vásquez, Presidente de la República Dominicana, por su ayuda personal, facilitándome información detallada de su participación en la historia de su país durante los últimos cuarenta años, en que le ha tocado un papel tan importante. Me ha concedido generosamente su tiempo y su atención, aunque se ha esforzado en refrenarse de modo que su información no tenga el colorido del interés personal, cuando trata de hombres y sucesos que han actuado como él en dirigir los destinos de la República en los últimos años del siglo XIX y en los primeros del siglo XX.” (Pág.469, Tomo II)
Como el mismo Welles reconoce, en esa bibliografía, la mayor parte del material inédito que utilizó para escribir ese tratado, sobre historia dominicana, le fueron servidas por el Presidente Horacio Vásquez, quien nunca tuvo afinidad con el Presidente Morales Languasco, lo que ha sido de una influencia importante para que éste haya sido proyectado de la manera más negativa, como el responsable de poner la soberanía nacional en manos de los Estados Unidos de América, lo que realmente tuvo su origen y razón en el Protocolo del 31 de enero de 1903, firmado durante el Gobierno Provisional del propio Horacio Vásquez, acuerdo al que Welles se refiere de manera muy vaga como un simple acuerdo de pago «con fines de mejorar la agricultura» (¿?), asunto no contemplado en el Protocolo que incluye como anexo, como tampoco refiere hasta qué punto se comprometió con este acuerdo la soberanía nacional.
La Viña de Naboth, en sus narraciones influenciadas por el principal colaborador del autor, ha sido utilizada como fuente primaria de información de muchos historiógrafos y, en consecuencia, ha contribuido considerablemente a perpetuar muchas de las falsedades que sobre Morales Languasco se han escrito en dicho tratado, tergiversando así esa parte de la Historia Dominicana.
Un ejemplo de lo que planteamos es lo que refiere La Viña de Naboth sobre el proyecto de «Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad», propuesto por el Gobierno Provisional de Morales Languasco al de los Estados Unidos el 8 de enero de 1904. Dice que el referido Proyecto de Tratado proponía que Estados Unidos «asumiera la dirección del fisco en la República Dominicana como garantía de los pagos anuales sobre la deuda extranjera de la Nación». (Ver: La Viña de Naboth, Pág. 79, Tomo II). Lo que es falso, ya que el referido proyecto de Tratado ponía como principal condición, en el artículo 1, la «Garantía de la Independencia Dominicana y soberanía de su territorio por el Gobierno de los EE.UU. durante el tiempo del Tratado», y el artículo 6 decía textualmente lo siguiente:
Art. 6. “Se concederá así mismo a los EE.UU. el permiso para establecer faros en las costas dominicanas, debiendo la República Dominicana conservar la soberanía sobre estos puntos y el derecho de percibir y utilizar los impuestos que se cobren a los buques que hagan el tráfico en dichas costas, lo mismo que todo impuesto aduanero o fiscal que se devengue según las leyes del País por las aduanas y demás oficinas nacionales existentes o que se creen en las bahías y puertos de Samaná y Manzanillo”.
Observación: El texto completo del proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad, puede verse en el blog: carlosmoraleslanguasco.com .
Sobre Benjamín Sumner Welles, autor de La Viña de Naboth.
Para mayor ilustración de lo que planteamos, a continuación transcribimos una parte del libro “Memorándum Relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana”, presumiblemente escrito por el intelectual Julio Ortega Frier, con el título: “Mediante iniciativas propias”. Citamos:
C- Mediante iniciativas propias.
Memorándum relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana.
154.- (Pág. 171) Pero la Obra maestra de la propaganda del Ex Comisionado a favor del Presidente dominicano está contenido en los dos gruesos volúmenes que dedicó a enaltecer, para beneficio de los lectores norteamericanos, la figura del General Horacio Vásquez, en la vida pública dominicana.
Nos referimos, naturalmente, al libro que escribió bajo el título de “La Viña de Naboth”, y el subtítulo de “La República Dominicana, 1844-1924”, publicado por Payson & Clarke Ltd., de New York, en el año 1928; es decir, en el momento mismo en que la República Dominicana, restaurada sólo cuatro años antes, después de la Ocupación militar norteamericana, era empujada de nuevo, por los esfuerzos de Sumner Welles para hacer triunfar la prolongación del período presidencial del General Horacio Vásquez, hacia el tipo de actuaciones políticas que había mantenido, hasta la Ocupación Norteamericana, en un estado de tragedia permanente.
Aquella obra, que originalmente se tenía ideada como una simple biografía del caudillo que ella enaltecía, según lo veremos luego en la propia correspondencia de su autor, fue redactada al fin de una pretendida “biografía” de la República, o historia de la vida independiente del pueblo dominicano, con el objeto de situar en aquella al General Horacio Vásquez como la figura central de la epopeya en que se encarnan los esfuerzos y sacrificios de los hijos de la parte española de Santo Domingo por conservar su patrimonio espiritual y mantenerlo, al amparo de las instituciones libres, como nación soberana e independiente.
Para trazar así ese cuadro Welles hace del caudillo del 26 de julio de 1899, y jefe de todas las asonadas que, desde entonces, ensangrentaron el suelo patrio, el paladín del civismo en Santo Domingo; del dictador y encarcelador de 1902-1903, el máximo liberal de nuestra vida independiente; del Vice-Presidente revolucionario del 26 de abril de 1902, autor después de la rotura de la alianza y beneficiario de la prolongación de 1928, el sostén de la libertad política; y, en fin, del derrochador de 1924-1928, el perfecto administrador de la hacienda pública dominicana. Lo representa, además, como a Naboth mismo, prefiriendo el propio sacrificio y el de los suyos al menoscabo del patrio solar, y anteponiendo, por lo tanto, la independencia de su pueblo a su propio medro político; cuando ya, en su propia correspondencia secreta con la Cancillería norteamericana, lo había señalado como dispuesto a aceptar la subordinación de las fuerzas armadas de la República a una misión militar norteamericana, y después de haberlo empujado a pedir, voluntariamente, la prolongación de la Convención Financiera domínico-americana, y de haberlo constreñido a imponerle al Congreso y al pueblo de Santo Domingo ese tratado, en condiciones que implicaban la espontanea aceptación del derecho del Gobierno de los Estados Unidos a mantener cercenada nuestra soberanía, y hasta de suplantar totalmente la autoridad de la República, por la que ejerciera un pelotón de soldados americanos.
155.- (Pág. 173) Para esto, mientras Welles dedica, al reseñar la vida independiente del pueblo dominicano, no más de unas cuantas páginas a la epopeya de febrero de 1844, con sólo ocasionales referencias a Juan Pablo Duarte y a los otros paladines de ese arresto heroico, al escenario en que se movió la actividad política del General Horacio Vásquez le dedica todo un volumen, el más extenso de su obra. Y en ese volumen el agricultor de Tamboril está en el foco de todos los acontecimientos, aun cuando en ellos no hubiera figurado sino con lamentaciones desde playas extranjeras.
Esta exageración, con la que se ha pretendido consumar una monstruosa dislocación de la verdad histórica, salta a la vista de cualquier lector que conozca, siquiera superficialmente, la vida dominicana. Su valor nocivo como propaganda es así prácticamente nulo para los dominicanos. Pero Welles no erró el tiro al realizarla. El no escribía, en efecto, para los dominicanos, ni para los que no siéndolo, conocieran nuestra historia nacional. Escribía sólo para los norteamericanos; y, muy especialmente, para aquellos sobre quienes quisiera practicar alguna maniobra de captación, como la que llevó a cabo con el honrado e incauto General Dawes. Y la prueba de este aserto resultaría completa de la circunstancia de que no le hiciera traducir al castellano, para pavonearse ante el público de América hispana, al que siempre le ha dirigido miradas galantes, si él mismo no lo hubiera confesado, en carta que le dirigiera al General Horacio Vásquez, para justificarse de haber tratado en ella con cierto realismo a su hermano el Lic. Leonte Vásquez. Allí le dice en efecto:
“El Ministro Morales (*) me transmitió el mensaje de Ud. referente a lo que digo en mi libro acerca de Don Leonte Vásquez. Siento mucho no haber podido discutir ese asunto con Ud. la última vez que estuve en Santo Domingo. Ello me hubiera ayudado mucho en mi sincero deseo de ser imparcialmente justo hacia todos los que menciono en el libro. Naturalmente, en mi condición de extranjero, a veces miro las cosas desde un punto de vista distinto al de los dominicanos.; y, por este motivo, pude fácilmente haberme equivocado y caído en error. Hablando francamente, creí que lo que había escrito sobre Don Leonte era la realidad. Un libro escrito sobre todo para los lectores de los Estados Unidos, no puede muy bien discutir enteramente y con detalles la vida de los dominicanos a quienes haga referencia, y por esta razón me limité a expresar la impresión que formé de la vida pública de Don Leonte DESPUÉS DE HABER CONVERSADO CON UD. y con otras personalidades de la República que lo habían conocido, y no mencioné lo atractivo de su personalidad ni muchas prendas que lo adornaban” (Copia fotostática de la carta en inglés se anexa en el memorándum).
(*) Se refiere al Lic. Ángel Morales, sin vínculo familiar con Morales Languasco.
Memorándum relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana. (Pág. 175)
Por lo demás, cuanto hay en “La Viña de Naboth” referente al General Horacio Vásquez que pueda atribuirse sin dificultad al propio Sumner Welles, no es sino la insinceridad de la intención, la falsedad o superficialidad de los juicios, y, sobre todo, lo deplorable del estilo en los pasajes que parecen haber escapado a la lima de su excelente secretaria de entonces. Los datos, que aun en aquellos casos en que el autor no podía hablar por experiencia personal, ni respaldarse en literatura generalmente conocida, carecían de apoyo documental o de reenvío a otras fuentes justificativas, le fueron suministradas por el propio biografiado, acomodados por la lisonjera solicitud de sus íntimos locales.
- Memorándum relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana. (Pág. 176)
Y la precedente aserción no descansa en meras conjeturas, sino en el reconocimiento de ese hecho que resulta de la correspondencia privada del propio Sumner Welles, del Presidente Vásquez y del Ministro Morales. El Presidente dominicano, por ejemplo, le dice sobre el particular a Welles en carta del 22 de marzo de 1927 (copia fotostática está anexa al memorándum) lo siguiente:
“A manos del amigo señor Leo Ricart y Olives, tengo el gusto de devolverle las notas biográficas que Ud. me remitió hace algunas semanas para mi conocimiento, y para que le hiciera las modificaciones que juzgare adecuadas para la mejor precisión de los acontecimientos que ellas relatan.
“Parece que la información que sirvió a usted de orientación para la redacción de ese valioso trabajo, provino de diferentes fuentes, y de ahí que haya tenido que aclarar algunos puntos de importancia histórica e intercalar en el texto modificaciones que he estimado convenientes para completar esta narración cuyo éxito ya Ud. tiene asegurado, por el acierto y tino que prevalece en ella.
“Le ofrezco mis excusas por no haber podido enviar a sus manos en más breve tiempo el trabajo aludido; por demás, poderosas circunstancias del incesante trabajo de la administración espero que me justifiquen ante Ud.
“Próximamente le enviaré notas concernientes a acontecimientos posteriores a la fecha en que Ud. termina su relato.
A lo que Welles contesta, en carta del 7 de junio de 1927, (copia fotostática anexa al memorándum) diciendo:
“No puedo agradecerle de manera debida toda esa ayuda tan valiosa que me ha resultado en la preparación de mi libro esa corrección y esa enmendación del borrador de nuestras conversaciones del año pasado que me mandó Ud., últimamente. Me llegó a tiempo, y me ha servido grandemente en la terminación de los últimos capítulos. Ya sé cuánto tiempo le habrá quitado en sus días llenos de ocupaciones públicas”
158- (Pág. 177) Es, pues, evidente que “La Viña de Naboth”, con toda su grandilocuencia y no obstante su camuflaje de sentimientos nobles y pensamientos elevados, no es, en la intención, sino una obra de propaganda destinada a engrandecer la figura política del General Horacio Vásquez y a ayudarlo en la realización de las infinitas maniobras con que ensombreció la vida del pueblo dominicano. Y, por lo que hemos visto antes, otro tanto podría decirse del objeto oculto de la Misión Dawes, no obstante la indiscutible buena fe y el propósito altruista de su Presidente y de los verdaderos técnicos que la integraban.
Fin de la transcripción.
Puede el lector sacar sus propias conclusiones.
Carlos Danilo Morales Miller (Email: carlosdanilomorales@gmail.com)