Imperialismo Informal Militarizado – Dominación Económica.

Introducción.

Nos complace presentar en este espacio, a nuestros lectores, un segmento del estudio magistral “sobre el papel que juegan las grandes potencias en la construcción del orden político internacional” realizado por el catedrático argentino de la Universidad de Buenos Aires, Luciano Anzelini, que trata sobre Imperialismo Informal Militarizado en la República Dominicana, presentado como tesis de grado para optar por el doctorado, publicado en teseopress.com. En adición al contenido, bien estructurado y fundamentado con referencias de renombrados autores, de este trabajo, nos permitimos agregar algunas observaciones o acotaciones puntuales, como es habitual en los artículos publicados en esta página, cuyo propósito es edificar al lector de la manera más amplia posible, analizando y poniendo en contexto la narrativa en torno a los hechos históricos relacionados con el expresidente dominicano Carlos F. Morales Languasco, que es nuestro objetivo fundamental.

Carlos Danilo Morales Miller Administrador

 Título: Imperialismo Informal Militarizado

Autor: Dr. Luciano Anzelini.

Capítulo: La Dominación Económica.

Sección: Control Financiero (3.1.)                                                                             

El endeudamiento externo constituye uno de los indicadores a través de los cuales se puede dimensionar la jerarquía económica que rige la relación entre un actor imperial y uno periférico. La subordinación financiera es, en efecto, una subdimensión de la dependencia económica y el endeudamiento externo representa uno de los elementos más importantes para medirla. En las páginas que siguen se describe la situación financiera que llevó a una relación de imperialismo informal entre los Estados Unidos y la República Dominicana. En ese marco general, el endeudamiento externo con Washington se verifica como un dato insoslayable de la realidad dominicana de principios del siglo XX. La materialización del carácter imperial informal del vínculo se concretó con el desplazamiento de los acreedores de origen europeo. La ausencia de rivalidad interimperial –rasgo distintivo del imperialismo informal– se fue consolidando a medida que la deuda externa dominicana se concentró en los Estados Unidos.

Como se ha descrito en el capítulo anterior, la historia de sometimiento de la República Dominicana tiene antecedentes que exceden el periodo de estudio de este trabajo. En lo que hace a la deuda externa, el antecedente que suelen tomar los historiadores es el denominado empréstito con la Hartmont & Co. de Londres en 1869. Suele ser sindicado como el origen de una larga historia de endeudamiento que, con breves excepciones, se ha mantenido hasta el presente.

3.1.1. Antecedentes:

Tras algunos intentos por ceder el territorio de la República Dominicana a los Estados Unidos (Herrera 2009: 33-37), el gobierno de Buenaventura Báez concertó en 1869 un préstamo de 420.000 libras esterlinas (dos millones de dólares) con la empresa Hartmont & Co. de Londres. Los intentos de Báez por obtener empréstitos tanto en los Estados Unidos como en Europa se habían iniciado a través de Abraham Jesurum, director de la casa bancaria homónima en Curazao. Jesurum no logró concretar la operación, pero su asociado Adolphe Mendes (encargado de negocios dominicano en Francia) pudo contactar a Edward Hartmont, con quien se inició lo que César Herrera describió como “la más colosal estafa de que ha sido víctima el Estado dominicano” (Herrera 2009: 33). El “empréstito Hartmont” implicaba que el gobierno se obligaba a reembolsar 1.472.500 libras esterlinas y que se comprometía a saldar la deuda en un plazo de 25 años a un interés del 6 por ciento anual (*). Como garantía, Báez hipotecó las recaudaciones aduaneras y ciertos bienes nacionales, entre ellos las minas carboníferas y los bosques de la península de Samaná. El préstamo ofrece un primer indicio de lo que posteriormente sería la materialización del imperialismo informal estadounidense. A pesar de la conocida orientación pronorteamericana de Báez, la noticia de la operación generó recelos en Washington. En el entorno del presidente Ulysses Grant se interpretó el artículo 9° del contrato –que abría las puertas a una eventual ocupación europea del territorio dominicano– como un avance sobre la doctrina Monroe (de la Rosa 1969: 34).

El affaire Hartmont anticipó, por un lado, el papel que desempeñarían los “colaboradores periféricos” en el imperialismo informal. El empréstito mostró a gobernantes completamente condescendientes con el capital extranjero y convencidos de que la República Dominicana no tenía destino si no ataba su derrotero al de una potencia imperial. El segundo dato relevante es que exhibió una reacción estadounidense –expresada por el rechazo de Grant a la cláusula que abría la puerta a una eventual anexión territorial europea de Santo Domingo– que buscaba despejar cualquier rivalidad inter imperial. El lapso de 40 años que separa a Hartmont de la primera década del siglo XX es el periodo en el que Washington desplazó todo desafío a su predominio económico en la República Dominicana. Fue la etapa de consolidación del imperialismo informal bajo la modalidad de “libre comercio”.

(*) El empréstito Hartmont fue una completa estafa. Suscrito por la suma de 420,00 libras esterlinas, de las que serían deducidas 100,000 libras que Hartmont & Co. recibiría, por concepto de comisión, como compensación por desembolsos y riesgos. De manera que el Gobierno dominicano sólo recibiría 320,000 libras esterlinas. En cambio, la República Dominicana tendría que devolver, en un plazo de 25 años, la cantidad de 1,472,500 libras esterlinas”. De las 320,000 libras a desembolsar, Hartmont & Co. entregaría al firmar el empréstito, la suma inicial de 50,000 libras y el resto en cuotas durante los ocho meses subsiguientes. Pero el Gobierno dominicano recibió, como único desembolso las 50,000 libras esterlinas iniciales, porque las cuotas mensuales restantes nunca se efectuaron. Ref.: La Moneda, la Banca y las Finanzas en la República Dominicana; Julio C. Estrella, 122. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

Ulises Heureaux siguió el mismo camino de Báez en materia de endeudamiento externo (Cruz Sánchez 2014: 13-14). Con el peso de Hartmont sobre sus espaldas, envió a su socio Eugenio Generoso de Marchena a gestionar un empréstito a Europa, que finalmente se concretó en julio de 1888 con la Casa Westendorp & Co. de Amsterdam. El monto ascendía a 770.000 libras esterlinas al 6 por ciento de interés anual y un plazo de pago de 30 años. Un porcentaje se destinaría a saldar parte de la deuda del empréstito Hartmont. Como producto del acuerdo, Heureaux hipotecó hasta el 30 por ciento de los ingresos aduaneros. Por su parte, la Westendorp designó agentes fiscales en Santo Domingo encargados de hacer las retenciones y de entregar a los funcionarios locales los montos correspondientes. El esquema de control financiero de la Westendorp se sofisticó con la creación de la Caja General de Recaudación (La Régie) como órgano responsable de administrar los fondos (de la Rosa 1969: 40; Moya Pons 1977: 402-403).

Una segunda operación con la Westendorp fue aprobada por el Congreso en septiembre de 1890. El monto ascendía a 900.000 libras esterlinas, al 6 por ciento anual y pagadero en 50 años (Franco Pichardo 2007: 149). Las crónicas coinciden en que nunca se supo a ciencia cierta cuánto dinero recibió el gobierno. De lo que no caben dudas es del incumplimiento en cuanto al objetivo del préstamo: la construcción del ferrocarril Puerto Plata-Santiago, tarea que debió ser afrontada a través de la suscripción de nuevos empréstitos (de la Rosa 1969: 41). La espiral consistente en consolidar deudas y tomar nuevos préstamos adquiría los rasgos de un fenómeno estructural.

En 1892 una compañía estadounidense, la Santo Domingo Improvement Company, adquirió las acreencias de la Westendorp. Ello ocurrió cuando los conflictos entre la financiera holandesa y el gobierno dominicano habían llegado a un punto de tensión tal que la compañía se negó a conceder un nuevo préstamo a Heureaux (Cruz Sánchez 2014: 14). La Westendorp informó a sus clientes en Europa del incumplimiento del gobierno dominicano, que a esa altura ya había hecho uso de un porcentaje de las rentas aduaneras que excedía lo convenido en los empréstitos de 1888 y 1890 (de la Rosa 1969: 90-91; Herrera 2009: 80). El desembarco de la Improvement representó un punto de inflexión. Los negociadores norteamericanos convencieron a Heureaux, quien en un exceso de condescendencia periférica garantizó el manejo de las aduanas locales a los funcionarios estadounidenses (de la Rosa 1969: 92). Para ello, Heureaux se garantizó que una comisión de “abogados notables” respaldara la legalidad del traspaso efectuado por los banqueros holandeses al consorcio estadounidense (Herrera 2009: 85-86). Con el desplazamiento de la Westendorp quedó concretado finalmente el control económico de Washington sobre Santo Domingo, lo que redujo notoriamente las posibilidades de disputas interimperiales (de la Rosa 1969; Moya Pons 1977: 408: 89; 92).

(*) En principio Heureaux estuvo reacio a aceptar la transacción entre la San Domingo Improvement Co. y la Westendorp, pero accedió luego de entrevistarse con directivos de la primera y obtener un nuevo empréstito por valor de US$1,250,000. El Acuerdo se firmó el 28 de enero de 1893. Ref.: La Moneda, La Banca y Las Finanzas en la República Dominicana, Julio C. Estrella:131. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El desplazamiento de los intereses europeos de la República Dominicana quedó de manifiesto en un conflicto que enfrentó a Heureaux con el gobierno de Francia. Los intereses galos –de este origen habían sido los principales accionistas de la Westendorp y las primeras inversiones en líneas telegráficas y cable submarinos– sufrieron un enorme revés con el affaire del Banco Nacional de Santo Domingo. Se trataba de una institución muy importante, que se había creado en julio de 1889 tras una gestión de Eugenio Generoso de Marchena, quien facilitó una concesión del gobierno dominicano a la entidad financiera Credit Mobilier. Con un capital inicial de dos millones de dólares, el banco había funcionado con relativa eficiencia entre 1889 y 1893 (de la Rosa 1969: 78; Cruz Sánchez 2014: 16-17). Sin embargo, las crecientes diferencias entre Heureaux y su ex socio de Marchena –resultado de sus miradas divergentes respecto de las potencias a las que debía atar su destino la República Dominicana– llevaron a la crisis de la entidad financiera, la que se vio afectada por la decisión de Heureaux de otorgar toda clase de ventajas a los capitales norteamericanos. A pesar de la resistencia presentada por de Marchena –quien era gerente del Banco Nacional–, la historia culminó con la bancarrota de la entidad, la ruptura de relaciones diplomáticas con Francia el avance cada vez más sostenido de los intereses estadounidenses y el apresamiento –y posterior fusilamiento– de de Marchena (de la Rosa 1969: 89; Cruz Sánchez 2014: 17-18). Antonio de la Rosa recuerda que “las relaciones diplomáticas entre los dos países fueron reanudadas poco después; pero el banco francés de Santo Domingo no tardó en desaparecer. Fue reemplazado por un banco americano” (de la Rosa 1969: 89). En efecto, Heureaux inició las gestiones para conseguir un arreglo con los accionistas franceses del Credit Mobilier, dueños del Banco Nacional. En esas tratativas, actuando en tándem con los funcionarios dominicanos, intervino Charles M. Wells, presidente de la sociedad The Improvement & Finance Co., subsidiaria de la Santo Domingo Improvement Company. En septiembre de 1895 el diferendo se zanjó como correspondía a los nuevos tiempos que corrían en la República Dominicana: renunció en París el Consejo Directivo del Banco y en su lugar asumió una nueva junta, encabezada por Wells. Los capitales estadounidenses habían ganado la partida.

Luego del affaire del Banco Nacional, una sucesión de operaciones de la Santo Domingo Improvement Company durante el gobierno de Heureaux resultó determinante para la afectación de los intereses europeos a fines del siglo XIX; y para la consolidación del dominio financiero norteamericano a principios del siglo XX. Las operaciones de la Improvement con el gobierno dominicano generaron, por la vía de conversiones y consolidaciones, la acumulación de una inmensa deuda externa (Herrera 2009: 81). El primer contrato con la compañía estadounidense fijaba, según recuerda César Herrera, “una nueva emisión de bonos, por la suma de 1.250.000 dólares oro norteamericanos, para cubrir la deuda interior de la República que ascendía a 659.000 pesos mexicanos” (2009: 86). Era la maniobra inicial de una serie de movimientos que acentuarían la dependencia financiera de la República Dominicana. Por otra parte, el Congreso aprobó el 23 de marzo de 1893 una ley que legitimaba el acuerdo, a la vez que materializaba una fraudulenta conversión. La norma fijaba que los bonos emitidos al 6 por ciento de los empréstitos de 1888 y 1890 serían canjeados por obligaciones oro al 4 por ciento. Esto significaba que dos préstamos que originalmente ascendían a 1.650.000 libras esterlinas, se transformaban en obligaciones por 2.035.000 libras esterlinas (de la Rosa 1969: 61; Herrera 2009: 87). Inmediatamente se suscribió otro préstamo con el representante de la Improvement, Den Tex Bondt, por 225.000 pesos corrientes, destinado a la compra de armas y a cubrir gastos extraordinarios de guerra (Franco Pichardo 2007: 151).

Las operaciones ruinosas del gobierno de Heureaux con la Santo Domingo Improvement Company continuaron en los años siguientes. El gobierno impulsó en abril de 1894 una ley por la que se elevaba el monto de la emisión de un año atrás –las denominadas “debentures oro”– a los 2.500.000 dólares oro norteamericanos (Herrera 2009: 89). Este creciente endeudamiento con agentes financieros de los Estados Unidos tenía lugar en un contexto de crisis económica amplificada por los cambios que atravesaba la economía imperial. Como señala Franco Pichardo: “La economía dominicana se encontraba padeciendo una tremenda inflación que tenía sus orígenes en los cambios monetarios que se registraban en los Estados Unidos, donde el patrón oro se impuso y las monedas de plata, que eran de mayor circulación en la República Dominicana, fueron devaluadas” (Franco Pichardo 2007: 151). En mayo de 1895, Heureaux firmó otros dos contratos con Smith Weed, nuevo presidente de la Improvement. El primero, público y refrendado por el Congreso dominicano, pactaba la emisión de bonos por 1.750.000 pesos oro. El segundo, de carácter secreto, consolidaba las emisiones previas de debentures junto con la última emisión, a un interés del 4 por ciento anual. Simultáneamente, se convenía con la compañía estadounidense otro de los grandes fraudes montados por colaboradores periféricos y aventureros imperiales: un préstamo de la Improvement para la reconstrucción del ferrocarril de Puerto Plata a Bajabonico (Herrera 2009: 90-91).

La penetración de la Improvement llegó a tal nivel de control financiero durante el gobierno de Heureaux que le fue necesario sofisticar sus maniobras por medio de empresas subsidiarias. De este modo, nacieron compañías como la Santo Domingo Finance Co. y la Santo Domingo Railways Co., constituidas bajo las leyes del estado de Nueva Jersey. Ulises Hereaux y la Improvement llevaron a cabo una serie de maniobras que sedimentaron los rasgos estructurales del imperialismo informal estadounidense. En un contexto de penuria financiera, el presidente dominicano hizo suya una propuesta de los directivos de la Improvement. El denominado “Plan Improvement” implicaba –además de una nueva conversión y consolidación de la deuda en favor de los intereses norteamericanos– un golpe letal a los intereses europeos (Herrera 2009: 95). Su concreción tuvo lugar en agosto de 1897, cuando el Congreso aprobó una ley que consolidó la deuda exterior de la República Dominicana “bajo el supuesto interés de unificar las deudas de la República en un solo paquete, pero con el claro objetivo de aumentar la deuda extranjera con la Santo Domingo Improvement y sus firmas asociadas” (Franco Pichardo 2007: 152).

Algunas particularidades de esta ley merecen ser descritas, dado que establecían un grado superlativo de dominación financiera de los Estados Unidos. En primer término, las tareas de conversión y consolidación correrían por cuenta de la subsidiaria Santo Domingo Finance Co., que fijó en 4.236.750 libras esterlinas el monto de los bonos a ser emitidos (Herrera 2009: 96). Esto permitiría, eventualmente, hacer frente al pago de los tenedores de bonos y otros compromisos que el Estado mantenía en Europa, incluida una serie de indemnizaciones a ciudadanos franceses por daños materiales (*). Por otra parte, la ley ponía todas las rentas en manos de la Improvement y sus satélites, a la vez que habilitaba a la Caja de Recaudación –manejada por funcionarios del conglomerado norteamericano– a remesar, como primera medida, “la proporción mensual de intereses y amortizaciones” a la Improvement y sus socios. Adicionalmente, en una clara orientación que fortalecía el imperialismo informal, la norma excluía a los gobiernos europeos como receptores de derechos relacionados con esta operación. Los historiadores del periodo concuerdan en señalar que, además de profundizar la dominación financiera estadounidense, la ley de reconversión de la deuda de 1897 constituyó un ultraje a la soberanía dominicana. Los cambios de denominaciones –mecanismo reiterado de modo sistemático a lo largo de la década de 1890– y el incumplimiento por parte de los especuladores estadounidenses fueron las dos caras de un proceso que no podía culminar de otro modo más que con un Estado dominicano en bancarrota (Franco Pichardo 2007: 154; Herrera 2009: 100).

El 26 de julio de 1899, el dictador Heureaux fue abatido a balazos en las calles de Moca. Su legado fue el de un abnegado colaborador periférico. Durante su presidencia se consolidó la dominación financiera norteamericana, y se desplazó definitivamente la influencia europea. Es Antonio de la Rosa, autor del mejor trabajo sobre el imperialismo financiero norteamericano en Santo Domingo, quien retrató con agudeza la herencia de Lilís:

“El general Heureaux […] dejaba a su país […] bajo el yugo de la Santo Domingo Improvement and Co. La liquidación de un pasivo tan elevado, junto a otras circunstancias, entre las cuales se cuenta la cesión hecha a las Compañías americanas de los derechos y acciones de un grupo de capitalistas europeos sobre las aduanas dominicanas, fue una de las principales causas del establecimiento del control americano en Santo Domingo” (de la Rosa 1969: 64).

(*) En principio, el imperialismo norteamericano era ejercido por las vías empresarial y diplomática. Cuando buques de guerra franceses bloquearon el puerto de Santo Domingo, en reclamo del pago de 280,000 francos por la muerte de dos ciudadanos franceses, asesinados durante la gestión de Heureaux (Boismare y Caccavelli), ocasión en que acudió a Santo Domingo un buque de guerra norteamericano que supuestamente realizaba estudios oceanográficos en áreas aledañas a la costa noreste de la isla Española. Aunque la presencia de dicho buque hizo modificar en algo la actitud de los buques franceses, el pago reclamado fue hecho gracias a una recolecta realizada entre los residentes de la ciudad. Luego de la firma del Protocolo de Enero de 1903, fue cuando el imperialismo norteamericano adquirió visos legales para intervenir directamente en la República Dominicana. Poco después hicieron presencia permanente, en los puertos aduaneros dominicanos, los buques de guerra de los Estados Unidos. Ref.: La República Dominicana; Ramón Marrero Aristy: 271, Tomo II. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

3.1.2. La entrada en el siglo XX

Tras la etapa de abierta condescendencia de Heureaux, que permitió al imperialismo informal echar sólidas raíces en la República Dominicana, tuvo lugar un breve periodo de búsqueda de autonomía financiera por parte de Juan Isidro Jimenes (Cruz Sánchez 2014: 24). Las aduanas dominicanas se encontraban completamente maniobradas por la Improvement, situación que Jimenes intentó modificar.Tras las idas y vueltas de un controvertido contrato en abril de 1900, el presidente tomó la decisión en 1901 de suspender a la Caja General de Recaudación en sus funciones de receptoría (Gaceta Oficial, 1901). Esto significaba que el gobierno de Santo Domingo buscaría –para hacer frente a su deuda externa– entenderse directamente con los acreedores europeos. Éstos, por su parte, ya habían empezado a manifestarse en favor de una intervención militar de sus gobiernos de origen para forzar el cobro de sus acreencias (*).

Esta decisión de relativa impronta autonómica implicó un antes y un después en el proceso de solidificación del imperialismo informal. Los hechos que se desencadenaron ocasionaron un creciente protagonismo del gobierno estadounidense, trascendiendo los mecanismos desplegados hasta allí centrados en el accionar privado de los financistas norteamericanos. La Improvement denunció la resolución ejecutiva de Jimenes, por considerarla lesiva para sus intereses y solicitó la intervención directa del gobierno estadounidense (Herrera 2009: 18). La República Dominicana se encontraba frente a una encrucijada en dos escenarios (el estadounidense y el europeo), a los que decidió enfrentar a través de una delicada misión de su ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Henríquez y Carvajal (*). El objetivo era, sucesivamente, llegar a acuerdos con los directivos de la compañía norteamericana que ejercía la dominación financiera en Santo Domingo; y con los tenedores europeos de bonos que habían sido perjudicados con el afianzamiento del imperialismo informal estadounidense (Herrera 2009: 119-120).

Las gestiones de Henríquez en los Estados Unidos y en Europa parecieron, inicialmente, llegar a buen puerto (Franco Pichardo 2007: 205). Tras sucesivas entrevistas con el subsecretario de Estado Hill, Henríquez alcanzó el 25 de marzo un principio de acuerdo con el conglomerado Improvement, por el que Santo Domingo obtenía algunas concesiones.[14] Luego se dirigió a Europa, en donde selló un trato con los acreedores en Bélgica y en Francia. Suscripto en junio de 1901, y articulado con los alcances del acuerdo con las compañías estadounidenses, el contrato con los europeos venía a completar lo que parecía una gran gestión. Sin embargo, pese a los términos relativamente favorables, el acuerdo colectivo con la Improvement y sus subsidiarias fue objeto de un amplio rechazo en la sociedad dominicana (*). No así la negociación con los belgas y con los franceses, que había recogido una aceptación mayoritaria entre los dirigentes y la sociedad civil. Como resultado, el Congreso dominicano ratificó el contrato con los europeos y rechazó el convenio con la Improvement y sus empresas satélites (Franco Pichardo 2007: 205).

(*) Obsérvese que las negociaciones de don Francisco Henríquez y Carvajal, eran con las compañías o grupos financieros extranjeros privados, no con los gobiernos. El rechazo a las negociaciones por parte del Congreso se debió al revanchismo intransigente de los horacistas, quienes impidieron que la deuda de la Improvement fuera reducida a la mitad. Henríquez y Carvajal se perfilaba como un posible candidato para las elecciones que deberían celebrarse en noviembre de 1903 y el éxito de su gestión, en el extranjero, le conferían méritos que no convenían al vicepresidente Horacio Vásquez, líder de esa facción política, que también era aspirante a la presidencia de la República. Más que moverse al ritmo de la opinión pública, al gobierno no le quedó otro recurso que exigir la rendición de cuentas a la San Domingo Improvement, que era el tema que esgrimía la bancada opositora mayoritaria (horacista), para rechazar tan ventajosa oportunidad para las finanzas dominicanas. Ref.: Historia Dominicana, Ramón Marrero Aristy; 278-279, Tomo II. (C.D.M.M.)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El gobierno de Jimenes buscó moverse al ritmo de la opinión pública y del Parlamento, presionando a la Improvement para que se allanase a una rendición de cuentas. La respuesta de la compañía fue un fiel reflejo del imperialismo informal: no sólo emitió un duro mensaje a través de su vicepresidente John Abbot –enfatizando los supuestos perjuicios sufridos a raíz de la incautación de las recaudaciones en enero de 1901–, sino que reclamó la intervención del Departamento de Estado para proteger sus intereses (Herrera 2009: 127). La polémica en torno al contrato con la Improvement fue la antesala de la caída del gobierno de Jimenes. En abril de 1902, una conspiración encabezada por el vicepresidente Horacio Vásquez desplazó al primer mandatario. Esto facilitó las condiciones para la intervención cada vez más extendida de los Estados Unidos (de la Rosa 1969: 105-106). En ese marco, se presentó en Santo Domingo William Powell (ministro plenipotenciario en Haití y encargado de negocios ante la República Dominicana) acompañado por Abbott. Era el momento indicado para que el actor imperial forjase un acuerdo aún más lesivo para los intereses dominicanos.[17] Las negociaciones se extendieron hasta principios de 1903, cuando Powell y Juan Francisco Sánchez (ministro de Relaciones Exteriores dominicano) firmaron un acuerdo que resultó aún más pernicioso para Santo Domingo (Herrera 2009: 129). El dato sobresaliente del denominado Protocolo de 1903 era que se suscribía, no ya con banqueros particulares, sino con el propio gobierno de los Estados Unidos (*).

* El presidente Vásquez fue derrocado por Alejandro Woss y Gil un mes y medio después de firmarse el Protocolo de enero de 1903. En las elecciones de junio, de ese mismo año, Woss y Gil se convirtió en Presidente Constitucional. El 15 de septiembre el Encargado de Negocios norteamericano, William F. Powell, le solicitó al ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Manuel de Jesús Galván, el nombramiento de los jueces del Tribunal Arbitral conforme al Art. 1 de dicho Protocolo. El ministro Galván le respondió que el Protocolo, además de su deficiencia jurídica había sido suscrito por un gobierno incompetente (de facto), razón que obligaban al Gobierno Constitucional a someter ese instrumento a la consideración del Congreso, lo que fue rechazado por el señor Powell. El 24 de octubre surgió en Puerto Plata la revolución de La Unión y en pocos días la Capital estaba sitiada. Fue esta oportunidad la que aprovecho el señor Powell para mantener sus exigencias y declarar la suspensión de las relaciones entre ambos gobiernos, dejando entrever que el gobierno norteamericano podía pasar a vías de hecho. Tal amenaza hizo reaccionar al presidente Woss y Gil, quién procedió de inmediato a reconocer el referido Protocolo, designando el 14 de noviembre al propio ministro Galván como juez del Tribunal Arbitral que se establecería en Washington, quien partió de inmediato. Además, procedió a designar al tercer árbitro de entre los jueces de la Corte de Circuito de New York, ya que había transcurrido el plazo para que éste fuera elegido de mutuo acuerdo entre ambos gobiernos, como estaba estipulado en el Protocolo. La Revolución de La Unión, con Carlos F. Morales Languasco como Presidente Provisional, asumió el Poder el 25 de noviembre de 1903. Este gobierno solicitó su reconocimiento a todo el Cuerpo Consular establecido en Santo Domingo, sin que obtuviera respuesta de la legación norteamericana. La misma exigencia que William Powell hizo al Presidente Woss y Gil también le fue hecha a Morales, como condición para que su gobierno fuera reconocido por el de los Estados Unidos. Luego de aceptar los términos del Protocolo de 1903 fue reconocido el 20 de enero de 1904, aunque hay quienes sostienen con extraña ingenuidad, que Morales “se decidió” por un acuerdo financiero lesivo para la República Dominicana, como si se hubiera tratado de alguna decisión personal, por un acuerdo diferente.  Ref.: La República Dominicana: Ramón Marrero Aristy. 293, Tomo II. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El nuevo instrumento establecía que el gobierno dominicano debía pagar al estadounidense la suma de 4.500.000 dólares por los reclamos efectuados por los financistas privados. Asimismo, estipulaba que las condiciones para el pago serían establecidas por una Comisión de Arbitraje compuesta por tres miembros: uno designado por el gobierno dominicano, otro por el norteamericano y un tercero seleccionado por Santo Domingo entre los miembros de la Suprema Corte de Justicia o de la Corte del Circuito de Apelación de los Estados Unidos. Dos de los tres jueces eran estadounidenses, lo que daba cuenta de la concepción de la “ecuanimidad” en un contexto de imperialismo informal (Herrera 2009: 129). La Comisión de Arbitraje emitió su fallo el 14 de julio de 1904 durante la presidencia de Carlos Morales. Conocido como el “laudo arbitral de 1904”, conminaba al gobierno dominicano a pagar a la Improvement 37.500 dólares mensuales durante dos años y 41.666 dólares por mes a partir de entonces (Gleijeses 2011: 25). Los intereses se fijaban a una tasa del 4 por ciento anual. Washington quedaba autorizado, por otra parte, para designar un agente financiero en la República Dominicana, con atribuciones para incautar las aduanas en caso de que las sumas convenidas no fuesen recibidas a término. El Protocolo de 1903 y el laudo arbitral de 1904 constituyen dos evidencias del carácter estructural que adquiría el imperialismo de libre comercio estadounidense.

El gobierno norteamericano, a través de su ministro Dawson, designó a su agente financiero en Santo Domingo. Se trataba, ni más ni menos, que de John Abbott de la Santo Domingo Improvement Company. El 21 de septiembre, dado que el gobierno dominicano no daba cumplimiento al primer pago, Abbott reclamó la entrega de la aduana de Puerto Plata (Herrera 2009: 135). Tras una negativa inicial, la presión de Dawson –con abierto respaldo de Washington– obligó al gobierno de Morales a ceder (Gleijeses 2011: 25). Sin embargo, cuando todo parecía encaminado a una resolución del diferendo en el sentido prescrito por el laudo, una nueva crisis política –producto de la guerra civil que atravesaba el país – impidió su implementación (Franco Pichardo 2007: 208). A esta compleja situación debe sumarse el contexto externo de pujas interimperiales entre los Estados Unidos y las potencias europeas, que terminó con la imposición estadounidense del “Corolario Roosevelt a la doctrina Monroe”. Esto significaba que en el mare nostrum que constituía el Caribe para los Estados Unidos no se repetirían eventos como los ocurridos en Venezuela en 1902 (*), cuando Washington se había mostrado prescindente ante el despliegue de los buques de guerra alemanes, italianos y británicos.

(*) Hay quienes han tildado a Morales de entreguista por el asunto de la administración de las aduanas por una potencia extranjera, consecuencia de un acuerdo que firmaron otros, como si en el punto en que estaban las cosas él hubiera podido obrar diferente a lo que mandaban las circunstancias, no obstante aquello haber resultado, a la postre, beneficioso para encausar tanto el sistema financiero como el orden político de la nación.

Observación: Algunos de esos buques de guerra europeos que participaron en el bloqueo a Venezuela durante el conflicto venezolano, relativo al empréstito del Ferrocarril Alemán, llegaron amenazantes a R.D. con intenciones de tomar las aduanas para cobrarse las deudas de sus connacionales por cuenta propia. En este asunto intervino como mediador Estados Unidos y el conflicto se resolvió con un acuerdo en Washington. En esa ocasión, en 1904, la República dominicana estuvo sitiada por diez (10) buques de guerra europeos, en adición a otros cinco o seis cruceros norteamericanos. (CDMM).

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El 30 de diciembre de 1904, el secretario de Estado John Hay instruyó al ministro Dawson para que explorara las posibilidades de que Washington se hiciera cargo del cobro directo de los impuestos de aduana; y llevara adelante una “distribución equitativa” entre el gobierno dominicano y sus acreedores (*). Luego de sucesivas entrevistas, Dawson recabó la respuesta positiva del gobierno de Morales. Según Piero Gleijeses: “No fue una decisión libre y espontánea, sino la decisión de atarse a un solo país como alternativa al desmembramiento” (Gleijeses 2011: 28). La operación para poner en manos de los Estados Unidos las aduanas fue comandada por el comodoro de Marina Albert Dillingham. Fue la punta de lanza de un objetivo más grande: sellar un acuerdo general sobre la deuda externa dominicana. Luego de las negociaciones de rigor, el 20 de enero de 1905 fue firmado un primer documento, que trajo aparejadas algunas de las prácticas características del imperialismo informal. Allí se estipulaba que el gobierno estadounidense se haría cargo de todas las recaudaciones aduaneras, que en aquel momento ascendían a los dos millones de dólares. El 45 por ciento se destinaría a los gastos de la administración pública, mientras que el saldo –descontado el costo de la cobranza– iría a manos de los acreedores (Herrera 2009: 139). Como reconocía Dawson en sus informes, el plan consistía en alcanzar “la superintendencia real sobre todos los asuntos administrativos” (cit. en Gleijeses 2011: 28), exhibiendo que el verdadero propósito de los negociadores estadounidenses era “replicar el sistema de administración de los británicos en Egipto” (Knight 1928: 28).

(*) Este recurso fue adoptado en virtud de que los términos de la Sentencia del Tribunal Arbitral (Laudo) se referían exclusivamente a la deuda pendiente con la San Domingo Improvement, representada por los Estados Unidos y no incluía la deuda pendiente con los acreedores europeos, que era mucho mayor que la de la compañía norteamericana, por cuanto la Convención que iba a derivar del Laudo no los incluía, lo que motivó que la Convención del 20 de enero de 1905 fuera reformulada y suscrita dos semanas después, el  7 de febrero. En esa oportunidad el gobierno dominicano propuso que todas las aduanas fueran manejadas provisionalmente por personal dominicano, hasta tanto se definiera la Convención, pero los europeos rechazaron esa propuesta y exigieron que fueran los norteamericanos quienes estuvieran a cargo. Ref.: Historia Dominicana, Ramón Marrero Aristy, 307; Tomo II. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

Tras un ida y vuelta de versiones del documento suscripto el 20 de enero (Herrera 2009: 141-142), el 7 de febrero se firmó el denominado Protocolo de 1905. El proceso para llegar a este convenio no estuvo exento de cortas intervenciones militares por parte de Washington (Franco Pichardo 2007: 209). Finalmente se alcanzó un texto ad referéndum, dado que los órganos legislativos de ambos países aún no lo habían refrendado. La naturaleza imperial informal del Protocolo quedaba en evidencia en el texto remitido el 15 de febrero de 1905 por el presidente Theodore Roosevelt al Senado estadounidense (de la Rosa 1969: 129-132). El áspero debate suscitado en ese recinto tornó necesaria una salida que permitiese la aplicación práctica de lo convenido (*). A sugerencia de Roosevelt, el presidente Morales emitió una resolución ejecutiva el 31 de marzo de 1905 que estipulaba, en términos generales, lo prescrito en el Protocolo de 1905. A esta solución transitoria se la conoció como “Modus Vivendi”, en esencia un arreglo temporal de partes hasta tanto el Senado estadounidense aprobase el Protocolo definitivo. El esquema duró más de dos años y conservó todos los aspectos fundamentales de los textos anteriores. El gobierno dominicano debía designar un receptor general de aduanas, el que surgiría de una propuesta del presidente de los Estados Unidos. Las sumas recaudadas se distribuirían así: un 45 por ciento para atender los gastos del presupuesto (incluyendo los sueldos de los empleados aduaneros); y el remanente, destinado al pago a los acreedores, sería depositado en un banco de Nueva York, “quedando en depósito a beneficio de todos los acreedores de la República […] sin poder ser retirado antes de que el Congreso dominicano y el Senado de los Estados Unidos hayan determinado sobre la convención pendiente” (de la Rosa 1969: 139-140; Herrera 2009: 145-146).

* El congreso de Estados Unidos cerró su período de sesiones sin aprobar la Convención y debido a las presiones que mantenían los buques de guerra europeos, ésta fue puesta en vigor de manera administrativa, lo que se conoció como el Modus Vivendi. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

Si bien todo lo anterior da cuenta de una inocultable proyección de los Estados Unidos sobre la República Dominicana en materia de dominación financiera, existe un aspecto que Antonio de la Rosa trabaja en detalle y que resulta clave para comprender la consolidación del imperialismo informal. Al analizar el “Modus Vivendi”, el investigador haitiano explica el proceso de renegociación y reducción de la deuda encarado bajo instrucciones de Washington. Como consecuencia de esa operación, los acreedores aceptaron las condiciones ofrecidas, lo que implicó un desendeudamiento respecto de los valores previos (de la Rosa 1969: 144-149). Sin embargo, no se trataba del avance hacia la autonomía financiera, sino todo lo contrario. Se preparaba el terreno para una mayor dominación norteamericana, la que tendría lugar por medio de la compra de la deuda de los acreedores europeos. La disputa interimperial quedaría desarticulada y los Estados Unidos, por medio de nuevos empréstitos, conseguirían que el gobierno dominicano consolidase sus acreencias en un único acreedor: el propio gobierno de Washington.

En abril de 1905 fue enviado por Theodore Roosevelt a la República Dominicana el experto financiero Jacob Hollander, quien había desempeñado otras misiones en la región designado por el entonces presidente William McKinley. Por ejemplo, había asumido la responsabilidad del Tesoro de Puerto Rico, estado cedido a los Estados Unidos tras el tratado de París de 1898. A Hollander se le encomendó una investigación de la deuda dominicana, que conllevaba una revisión de las cuentas de la propia Santo Domingo Improvement Company (Herrera 2009: 147). La conclusión a la que arribó es que la deuda dominicana ascendía a unos 40 millones de dólares. Ante este panorama, y con el objetivo de profundizar la dominación financiera, Roosevelt y Hollander forjaron una estrategia que se consumó a través de un ajuste general de la deuda de Santo Domingo y de una nueva Convención. En este marco, conviene señalar que el “problema dominicano”, en la mirada del presidente estadounidense y de su asesor financiero, comprendía tres objetivos fundamentales: i) lograr que una entidad financiera estadounidense prestara a Santo Domingo unos 20 millones de dólares; ii) utilizar parte de ese monto en la compra de las acreencias en manos europeas, a los efectos de consolidar la deuda únicamente en Washington; y iii) reducir la deuda dominicana, tanto la externa como la interna, bajo la premisa de que una buena parte de ella había sido contraída de modo fraudulento (Franco Pichardo 2007: 214-215). En breve, se trataba de alcanzar una fuerte reducción del capital nominal de la deuda, a la vez que de acentuar la dependencia financiera respecto de los Estados Unidos.

En junio de 1906, el gobierno dominicano otorgó plenos poderes a su ministro de Hacienda, Federico Velázquez, para negociar un amplio acuerdo con los Estados Unidos, empresa para la cual se contrató al profesor Hollander. Éste fue decisivo para la implementación del denominado “plan de ajuste”, suscripto en Washington el 11 de septiembre de 1906. La reducción de la deuda, por acción del “plan de ajuste”, se ubicó en el orden del 60 por ciento. Luego de esa quita, las acreencias ascendían a 17 millones de dólares (de la Rosa 1969: 151). Desde luego, no habría posibilidades de dar cumplimiento al esquema previsto si no se contaba con un nuevo préstamo para hacer frente a los pagos. En consecuencia, Velázquez, a través de las gestiones de Hollander, entró en contacto con los banqueros Kuhn, Loeb & Co, de Nueva York. La casa neoyorquina –en otro dato que explicita el contexto de imperialismo informal en que se llevaba adelante la negociación– exigía como condición que el gobierno de los Estados Unidos garantizara la operación a través de un acuerdo directo con Santo Domingo. El empréstito debía ser liquidado en 50 años, no podía redimirse antes de los diez, se establecía un interés del 5 por ciento anual, y se fijaba que los cobros y la amortización debían hacerse a través de agentes financieros estadounidenses (de la Rosa 1969: 151; Franco Pichardo 2007: 215).

La garantía que reclamaban los financistas norteamericanos finalmente se alcanzó, aditándose un nuevo engranaje a la cadena del imperialismo informal: la “Convención Domínico-Americana de 1907”, suscripta el 8 de febrero por los ministros Dawson (por los Estados Unidos) y Tejera y Velázquez (por la República Dominicana). En este instrumento quedaban sancionados el “Plan de Ajuste” –vehículo para el desendeudamiento con los acreedores europeos y nacionales– y las especificaciones del préstamo de 20 millones de dólares con los banqueros neoyorquinos. La dependencia financiera con el actor imperial se consolidaba, a través de un proceso de reducción, conversión y unificación en un solo centro financiero (Velázquez Mainardi 1994: 21). La Convención establecía, en su primer artículo, que el presidente estadounidense debía nombrar al receptor general y al resto de los empleados de las aduanas dominicanas, los que debían ser ciudadanos estadounidenses. Allí se fijaba cómo serían distribuidos los valores recaudados, que en primer lugar debían destinarse a cubrir los gastos del servicio de aduanas y, luego, a pagar los intereses de la deuda (de la Rosa 1969: 152). También se designaba un ciudadano estadounidense como Director General de Obras Públicas, a los efectos de controlar las inversiones y los gastos en esta materia (Muto 2014: 41). La tónica imperial se mantenía en los artículos siguientes. En el segundo se estipulaba que “el gobierno de los Estados Unidos dará al receptor general y a sus auxiliares la protección que estime necesaria”. El tercero incidía en la cuestión del endeudamiento. Allí se establecía que “hasta que la República Dominicana no hubiera pagado la totalidad de los bonos del empréstito no podría aumentar su deuda pública ni modificar su tarifa aduanera sin el consentimiento del Presidente de los Estados Unidos” (de la Rosa 1969: 152). Para ser obligatoria, la convención debía ser refrendada por las instancias legislativas de ambos países. En esta oportunidad, a diferencia de lo sucedido con el Protocolo de 1905, la aprobación fue expeditiva. En el senado estadounidense el tratamiento se llevó a cabo en tiempo récord, recibiendo sanción el 25 de febrero de 1907. En la República Dominicana, como era previsible por el grado de control financiero que conllevaba, el texto fue objeto de grandes debates en la prensa y en el Congreso. Éste último lo aprobó el 3 de mayo; el 19 de junio lo ratificó el presidente Cáceres; y Theodore Roosevelt hizo lo propio tres días después. Las ratificaciones fueron canjeadas en Washington el 8 de julio de 1907. Se consumaba así un nuevo capítulo del proceso de dominación financiera de Washington sobre Santo Domingo.

Llegado este punto, es posible advertir que el periodo que se extiende desde el “empréstito Hartmont” –en un contexto de rivalidad interimperial entre los Estados Unidos y las potencias europeas– hasta la “Convención Domínico-Americana” de 1907 constituye una etapa clave para esta investigación. Supone el pasaje de una clásica “área de influencia” –con las pujas entre diversos actores imperiales– a un imperio informal bajo la modalidad de libre comercio. Si se compara la situación inicial de endeudamiento externo (Hartmont) con el plan de ajuste incorporado a la Convención de 1907, surgen dos datos relevantes: por un lado, la deuda externa –aún con el proceso de quita que la había reducido a la mitad– era significativamente mayor en 1907 que en 1869; y por el otro, como producto del proceso de conversión y consolidación de esa deuda, en 1907 la dependencia financiera dominicana se concentraba en un único actor imperial (los Estados Unidos) en lugar de con diversas casas europeas.

De acuerdo a Martínez Moya (2014: 367), al momento del empréstito Hartmont la deuda externa dominicana ascendía a 1.996.604,40 dólares (9,56 por ciento del PBI). Casi cuatro décadas después, luego del plan de ajuste implementado por instrucciones de Washington, el stock de pasivos de la deuda externa global se ubicaba en los 20 millones de dólares, es decir, un 900 por ciento más en términos nominales que en 1869 (21,85 por ciento del PBI). En base a estos resultados, se buscaba exhibir el modelo montado en la República Dominicana como un ejemplo exitoso y replicable en otros países. Según la semblanza efectuada por Dana Munro: “al defender su diplomacia del dólar en América Central y el Caribe [el secretario de Estado Fhilander Chase] Knox señalaba, con insistencia, a la República Dominicana como ejemplo de los beneficios que otorgaba una receptoría de aduanas estadounidense” (Munro 1964: 259).

Tabla N° 4. Deuda externa como porcentaje del PBI (1869-1947)

Fuente: Martínez Moya (2014: 367-371)

La década de 1910 fue trágica para la República Dominicana. El asesinato en noviembre de 1911 del presidente Ramón Cáceres dio paso a una etapa tortuosa, marcada por una intervención cada vez más sostenida de los Estados Unidos en los asuntos internos. Luego del breve periodo de Eladio Victoria –quien renunció asediado por el gobierno de William H. Taft–, asumió la presidencia provisional el obispo de Santo Domingo, Adolfo Nouel. A tan sólo dos semanas de su toma de posesión, Nouel impulsó en diciembre de 1912 la contratación de un préstamo por 1.500.000 dólares con un interés del 7 por ciento anual. El Congreso autorizó el endeudamiento para hacer frente a las consecuencias de la guerra civil, lo que condujo posteriormente a un nuevo empréstito con el National City Bank of New York (Herrera 2009: 172). El contrato definitivo fue suscripto dos meses después, en febrero de 1913, tras una nota de autorización del gobierno estadounidense. En efecto, todo nuevo endeudamiento requería –de acuerdo a lo estipulado por la Convención de 1907– de la expresa autorización de Washington.

Las hipotecas continuaron con el sucesor de Nouel, José Bordas Valdez. Al igual que el prelado, Bordas debió hacer frente al peso de los sueldos atrasados y a las reclamaciones contra el Estado, de modo que inició tratativas para obtener un nuevo préstamo de los Estados Unidos. En esta oportunidad las exigencias del actor imperial se llevaron al límite. El Departamento de Estado conminó a Santo Domingo a designar un experto financiero estadounidense, en condiciones de ejercer el absoluto control de las finanzas dominicanas (Franco Pichardo 2007: 222). El 20 de marzo, el canciller Eliseo Grullón fue instruido a solicitar formalmente esa designación, aprobada por el presidente Woodrow Wilson en junio de 1914. El gobierno dominicano se aseguraba así un crédito de 1.650.000 dólares a través de la Guaranty Trust Company de Nueva York, que aliviaba temporalmente las arcas fiscales, pero profundizaba a niveles insospechados la dominación financiera. Ya no se trataba sólo de una deuda externa creciente y en manos de un único actor imperial, sino que se agregaba la designación, en territorio periférico, de un experto con “facultades de control y supervisión en la vida financiera del Estado” (Herrera 2009: 176).

Entre 1916 y 1924 tuvo lugar la única experiencia de imperialismo formal norteamericano en la República Dominicana. ¿Qué se puede señalar del fenómeno del endeudamiento externo durante esta etapa? En primer lugar, a causa del contexto bélico internacional, los primeros cuatro años de la ocupación permanecieron “fuera del radar” del Departamento de Estado (Franco Pichardo 2007: 232). Esto generó que el ritmo y el volumen de los empréstitos, una vez asegurado el control interno, se redujeran sensiblemente. También la bonanza de los precios de exportación de los productos dominicanos generó cierto alivio. Como consecuencia, se dio una mejora en los ingresos aduaneros que llevó a los marines a emprender una serie de proyectos de infraestructura. Sin embargo, en estos emprendimientos radica la explicación de la siguiente fase del endeudamiento dominicano –abierta a partir de 1920–, cuyo objetivo fue concluir las obras iniciadas. El Gobernador Militar, almirante Thomas Snowden, consiguió en junio de 1921 la autorización del secretario de Estado, Charles E. Hughes, para el otorgamiento de un crédito por 2.500.000 pesos oro, con un interés del 8 por ciento anual y vencimiento en 1925. Para ello se emitieron bonos a través de la casa financiera Equitable Trust Company de Nueva York. Un camino similar emprendió el sucesor de Snowden, contraalmirante Samuel S. Robinson, quien desde su asunción bregó por nuevos créditos. El 23 de enero de 1922, Washington autorizó la emisión de un primer título de deuda por 450.000 pesos oro, amortizable a los cinco años con interés del 7 por ciento anual (Herrera 2009: 200). En marzo de ese año, se permitió a los jefes militares efectuar una nueva emisión. En esta oportunidad, Robinson planteó como necesaria la concreción de un nuevo empréstito para “continuar el programa de obras públicas e instrucción pública, y la organización y adiestramiento de una fuerza militar dominicana suficiente para mantener el orden de la República sin la ayuda de las fuerzas militares de los Estados Unidos” (cit. en Herrera 2009: 200-201). El Plan Hughes-Peynado fue el instrumento que sentó las bases para el fin de la ocupación. Allí se legitimó la actuación del gobierno militar, poniendo fin a la etapa específicamente colonial de la intervención de los Estados Unidos. En lo relativo a la deuda externa como indicador de dominación financiera, el plan de evacuación validaba por completo las emisiones de deuda y los empréstitos tomados entre los años 1918 y 1922.

Al iniciar su administración Horacio Vásquez, tras el gobierno provisional de Juan Vicini, la situación financiera continuaba siendo traumática (Franco Pichardo 2007: 244). A poco de asumir, y a contramano de su retórica nacionalista[34], Vásquez acudió al Congreso para que éste lo autorizara a emitir bonos por 2.500.000 dólares, con un interés del 5,5 por ciento anual. La resolución que aprobó el pedido se amparaba en una orden ejecutiva del gobierno de ocupación, por lo que se infería que la nueva administración se concebía como continuadora legal de la etapa colonial. El empréstito fue suscripto, como no podía ser de otra manera, con una casa financiera norteamericana: el banco de inversiones Lee, Higginson & Company de Boston. Parte de esos fondos fueron destinados a compensar a inversionistas norteamericanos que habían accionado legalmente contra la República Dominicana (Herrera 2009: 204). A esta altura, la deuda externa ascendía a 13.534.276 dólares (Martínez Moya 2014: 364) y se hallaba concentrada en acreedores estadounidenses. Los nuevos empréstitos –luego de la desaceleración que siguió al proceso de ajuste de 1907– implicaban una revigorización de la espiral del endeudamiento (Muto 2014: 44).

Hacia fines de 1924, Vásquez alcanzó un nuevo acuerdo con Washington para la firma de una convención que reemplazaría a la de 1907. El nuevo documento replicaba mayormente el articulado del suscripto dos décadas antes, sin mayores beneficios para la República Dominicana (Herrera 2009: 205; Cruz Sánchez 2014: 35). En efecto, la Convención de 1924 prolongó de modo palmario el control financiero de Washington sobre Santo Domingo. Firmada ad-referéndum el 27 de diciembre tras la sanción del Congreso dominicano, fue ratificada por los Estados Unidos el 26 de abril de 1925. El nuevo contrato permitía, con la autorización estadounidense, que Santo Domingo emitiese deuda hasta la suma de 25 millones de dólares, a través del mecanismo de consolidación de las emisiones pendientes (Herrera 2009: 205). El papel autorizante de los Estados Unidos en todo nuevo endeudamiento se hallaba en línea con la cláusula III de la Convención de 1907, cuyas prescripciones se mantenían inalteradas.  A pesar de una relativa mejora de la economía, el gobierno agotó rápidamente los fondos para gastos corrientes y obras públicas provenientes del empréstito de 1924 (Franco Pichardo 2007: 246), por lo que debió recurrir nuevamente al endeudamiento externo. Tras un contrapunto inicial con los Estados Unidos respecto del monto y modo de ejecución de un nuevo préstamo (Herrera 2009: 207), el Congreso aprobó la Ley N° 562, del 11 de diciembre de 1926, que autorizaba al Poder Ejecutivo a emitir bonos por 10 millones de dólares. Ese monto finalmente fue dividido en dos partidas, a un interés del 5,5 por ciento anual, que fueron negociadas en 1926 y 1928 a través de los banqueros Lee, Higginson & Co.. La deuda pública, es decir, el conjunto de deudas mantenidas por el Estado frente a particulares y otros países, ascendía en 1928 a los 20 millones de dólares (Herrera 2009: 209). Casi la totalidad correspondía a acreencias externas, que según Martínez Moya se ubicaban en los 19.215.476 dólares (2014: 365). En los cuatro años que habían pasado desde el fin de la ocupación militar, la deuda exterior se había incrementado en un 42 por ciento, siempre con prestamistas de los Estados Unidos.

La etapa final del gobierno de Vásquez estuvo marcada por un conjunto de medidas seriamente restrictivas de su soberanía económico-financiera. En un contexto de aguda crisis económica, agravado por la Gran Depresión de 1929[37], la República Dominicana recibió la “Misión Dawes”, encabezada por el ex vicepresidente norteamericano Charles Dawes (de Jesús Reyes 2012a). La visita del ex funcionario, acompañado por asesores financieros y banqueros norteamericanos, era producto de una recomendación de Sumner Welles al presidente Vásquez para que una comisión técnica examinara la situación dominicana y trazara un plan de reformas, que incluía la adopción del modelo administrativo-fiscal estadounidense (Franco Pichardo 2007: 247).

 Fin del contenido de la presente sección de “Imperialismo Informal Militarizado” del Dr. Luciano Anzelini.

Comentario final de este blog sobre el asunto:

La intervención imperial norteamericana en la República Dominicana, a principios del siglo XX, ocurrió como consecuencia del desorden político y financiero que existió desde la misma fundación de la República, aumentando en el aspecto financiero durante los gobiernos de Ulises Heureauxse, continuando  durante el período posterior a la caída de Heureaux, en el que se repetían sucesivamente las revoluciones y cambios de gobiernos en tiempos muy breves, así como la necesidad de contratar empréstitos uno tras otro, debido precisamente a la inestabilidad política y el desorden financiero existente. La intervención de los norteamericanos en las aduanas dominicanas comenzó teóricamente con el Protocolo de enero de 1903, suscrito durante el segundo gobierno provisional de Horacio Vásquez con el gobierno de los Estados Unidos, puesto que en su primer artículo se convenía que la República Dominicana pagaría al gobierno de los Estados Unidos la deuda pendiente con la compañía norteamericana (de capital privado) San Domingo Improvement Co., con la finalidad de establecer la forma de pago y las garantías, que eran las aduanas dominicanas (las existentes y las que se establecieran posteriormente al Acuerdo). Ese artículo también convenía crear un Tribunal Arbitral que sesionaría en Washington, que estaría compuesto por dos jueces norteamericanos y uno dominicano, quienes determinarían todo lo concerniente al pago de la deuda, hasta finiquitarla.

Tan negativa fue la intervención de las aduanas por una potencia extranjera, con la soberanía dominicana mediatizada, y es lamentable admitirlo, como beneficiosa para el ordenamiento político y económico de la República, ya que como fue demostrado en la práctica, los resultados del Modus Vivendi fueron positivos y las revoluciones se redujeron, debido a que ya los líderes regionales donde había puertos aduaneros no podían medrar para esos fines. Pocos días después de ser derrocado el presidente Morales, el presidente Cáceres, quien lo sucedió, escribió al Congreso en febrero de 1906 refiriéndose a los resultados del Modus Vivendi de 1905, “sin poder evitar el rendir un inconfesado reconocimiento a su derrocado antecesor, escribió al Congreso expresándole que por primera vez en la historia de las administraciones dominicanas, y como consecuencia del Modus Vivendi, un año fiscal había sido cerrado sin anotar déficit. El Orden, dijo, ha sucedido al caos. Durante el último año nuestros ingresos han cubierto los gastos previstos en la Ley de Presupuesto, y el 31 de diciembre de 1905 los depósitos en el National City Bank de New York, montaban a $815,000 en oro, suma destinada al pago de los intereses y a la amortización de nuestra deuda”. Ref.: La República Dominicana; Ramón Marrero Aristy. 313, Tomo II.

Durante casi seis años de su mandato el presidente Cáceres mantuvo la estabilidad política con mano fuerte. Después ocurrió su magnicidio, y se renovaron las luchas por el poder volviendo la nación de nuevo el caos, hasta que sobrevino la intervención militar de los Estados Unidos en 1916, trayendo consigo la pérdida absoluta de la soberanía por espacio de ocho años, y no mediatizada como era la intervención administrativa de las aduanas. (CDMM)

Algunos artículos en este blog vinculados a este tema:

  1. Protocolo de enero de 1903. Génesis de la Intervención norteamericana.
  2. Informe del Encargado de Negocios de E.U. en R.D. al Secretario de Estado (03/12/1903)
  3. Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad.
  4. Informe Sobre la República Dominicana del Subsecretario Loomis al Secretario de Estado.
  5. Antecedentes de la Primera Intervención Norteamericana del Siglo XX.
  6. Laudo Arbitral de 1904
  7. Convención de 1905.
  8. Beneficios del Modus Vivendi en el Primer Año de su Aplicación.

Informe Sobre la República Dominicana del Subsecretario Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John M. Hay (1904).

   Introducción

El trabajo que presentamos a continuación es un informe remitido por el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John M. Hay, en el que hace sus observaciones respecto a la convulsa situación política que encontró en la República Dominicana durante su visita en marzo de 1904. Es preciso señalar que, a la fecha de este informe, el Gobierno Provisional de la revolución de La Unión, encabezado por Carlos F. Morales Languasco tenía cuatro meses en el Poder, lo que se logró con el apoyo de las facciones políticas antagónicas de horacistas y jimenistas; hacía más o menos tres meses de que ambos bandos se hubieran distanciado e iniciaran la guerra que se conoció como “La Desunión”; y algo menos de un mes que el gobierno de Morales fuera reconocido por el de los Estados Unidos. Dicho informe contiene varios anexos, uno del Encargado de Negocios norteamericano William F. Powell, otro del Agente Consular norteamericano en San Pedro de Macorís, E. C Reed, y otro del empresario azucarero WM. L Bass, de la misma provincia. Tanto en lo que informa el Subsecretario Loomis, como en cada uno de los anexos, se puede apreciar la magnitud de los intereses que entonces tenían empresarios norteamericanos en la República Dominicana, así como las acciones de presión que exigían a su gobierno para protegerlos.

El 8 de enero de 1904 el Gobierno Provisional había enviado a Washington a su Secretario de Relaciones Exteriores, Juan Francisco Sánchez, con la propuesta de un “Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad”, que ni siquiera fue tomado en consideración por el gobierno norteamericano, porque contenía algunos puntos que los Estados Unidos deberían conceder, que eran  convenientes o ventajosos para la República Dominicana, mientras que desde noviembre se encontraban deliberando en Washington los jueces del Tribunal Arbitral, sobre el pago de la deuda pendiente con la San Domingo Improvement (representada por el gobierno de los Estados Unidos), que determinaría la forma de pago, garantías e intereses, bajo los términos del Protocolo del 31 de enero de 1903, que solamente contemplaba obligaciones para la República Dominicana y por tanto mucho más conveniente para ellos.

Nota: Tanto el Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad, como el Protocolo del 31 de enero de 1903, se encuentran publicados en este blog.

                                             Carlos Danilo Morales Miller

                                                       (CDMM)

Enlace (Link) del Informe:

Fuente: Centro Roosevelt. https://www.theodorerooseveltcenter.org/digital-library/o49951/?fbclid=IwY2xjawRN_dpleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBJRjdZTktLTDlZYmdoc0RNc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHk51txHedn13vCmZir8bJpaxXtc88Y5__9PVaxR6Tq9oy7RnH6KXN5RxeBMm_aem_qEPBfd4AOZj8XyK8GjWTKg

Informe remitido por el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John Milton Hay sobre la situación política en la República Dominicana en marzo de 1904, con relación a su reciente viaje a dicha nación.

                Memorandum para el Secretario de Estado sobre la República Dominicana.                              

Condiciones Actuales Observadas Durante una Visita Reciente- Situación Financiera- Notas Históricas-Intereses Estadounidenses- Algunas Sugerencias.

19 de marzo de 1904.

La República Dominicana se acerca, de hecho, si no ha alcanzado ya, a un estado de anarquía. El Gobierno Provisional de Morales controla solo las ciudades que ocupan sus fuerzas. Su gobierno probablemente se está fortaleciendo, pero no domina el país y no puede garantizar la seguridad de la vida ni de la propiedad fuera de las seis u ocho ciudades principales y sus alrededores.

Durante semanas, bandas de merodeadores, a menudo sin lealtad a ninguna causa, ni a ningún líder, salvo algún pequeño jefe guerrillero, han tomado posiciones en las inmediaciones de la capital y han disparado andanadas con sus Mauser contra las calles y las casas con efectos fatales Hasta mediados de febrero, la ciudad de Santo Domingo estuvo sitiada y lo ha estado durante gran parte de los últimos tres meses. Durante este periodo, la casa del Encargado de Negocios estadounidense, en las afueras de la ciudad, fue alcanzada por veinte proyectiles. Casi a diario, personas resultan heridas o muertas en las calles de la ciudad por guerrilleros que disparan desde la densa maleza al otro lado del río (*). Nuestros buques de guerra han sido atacados en más de una ocasión con artillería y fusiles. Un suboficial murió y un soldado raso recibió un disparo de Mauser en el sombrero. El Encargado de Negocios estadounidense afirma que el asesinato fue deliberado y se llevó a cabo por orden de uno de los líderes insurgentes, cuyo nombre conoce. Un vapor estadounidense, que una lancha de la armada escoltaba hasta su muelle, en Santo Domingo, fue alcanzado por más de veinte balas de fusil disparadas por la facción de Jiménez.

Nota: (*) Se refiere al lugar de Pajarito (hoy Villa Duarte) y a los hechos ocurridos el 1 de febrero de 1904, cuando el sargento J.C.Johnston, jefe de máquinas de la cañonera USS Yankee, entonces surta en el puerto de Santo Domingo, fue herido de muerte mientras caminaba por el muelle, de un disparo realizado desde ese lugar por rebeldes jimenistas al mando de Nicolás Arias (a) Manasa, lo que derivó en el bombardeo al caserío de Pajarito el día 11 de ese mismo mes, por los buques de guerra norteamericanos USS Newark y USS Columbia, generado por los acontecimientos que cita. (CDMM).

Continúa el Informe:

Las grandes plantaciones de caña de azúcar a 24 kilómetros río arriba de Santo Domingo Domi City, han sufrido grandes daños por los saqueos y los disparos indiscriminados por parte de los seguidores de Jiménez y, en cierta medida, por parte de las fuerzas gubernamentales, aunque estas últimas se proponen compensar todas las pérdidas que han causado.

Los grandes e importantes intereses estadounidenses en San Pedro Macorís y sus alrededores han sufrido grandes daños al ser llevados al teatro de operaciones para la lucha y el saqueo por bandas itinerantes. Los estadounidenses han invertido en esta zona algo más de 6.000.000 de dólares solo en la industria azucarera. Se estima que el total de las inversiones estadounidenses importantes y activas en la República Dominicana ascienden a unos 20.000.000 de dólares.

Encontramos a San Pedro de Macorís, a unas 40 millas al este de la Capital, en la costa, en manos de un líder insurgente, que se aferra resueltamente a ella con el propósito de apropiarse de los ingresos aduaneros. Lo que le ha reportado unos 30.000 dólares en los últimos diez días. El general Morales se propone capturar este lugar y, en los combates que se producirán, es probable que los intereses extranjeros sufran graves pérdidas. El punto que más impresiona al observador es que el llamado movimiento revolucionario encabezado por Jimenes ya no está controlado por él. No está controlado por nadie Actualmente, la actividad guerrillera la llevan a cabo en gran medida líderes independientes que no rinden lealtad a nadie y saquean el país a su antojo, y que, aparentemente solo persiguen dos objetivos: primero, vivir sin trabajar; segundo, apoderarse, si es posible, de una aduana para disponer de sus ingresos. Las frecuentes y a veces sangrientas guerras civiles en la República Dominicana no son el resultado de una honesta diferencia de opinión, ni de un conflicto de ideas, ni de la defensa o afirmación de algún principio de política gubernamental, sino luchas sórdidas y sin escrúpulos por el privilegio de controlar las aduanas y disponer de sus ingresos. (*) El país está en gran parte en manos de bandidos políticos desesperadamente egoístas e irresponsables. Muchos de estos líderes guerrilleros no son más que salvajes, en lo que respecta a sus ideas sobre los derechos de propiedad y los derechos de los más débiles.

(*) El líder político y militar jimenista que en ese momento ocupaba la gobernación en San Pedro de Macorís era el general Demetrio Rodríguez, quien posteriormente a la toma del Poder de la coalición formada por jimenistas y horacistas el 25 de noviembre de 1903, conocida como “La Unión”, fue designado por el presidente Morales en ese cargo. Luego de la ruptura de ambas facciones, conocida como “La Desunión”, se desató la guerra a partir del 15 de diciembre de 1903 y, el general Rodríguez, que entonces tenía 37 años de edad, era leal a su líder el expresidente Juan Isidro Jimenes, era un joven honorable, gozaba de un prestigio bien ganado y no es cierto que fuera un bandido. (CDMM).

Continúa el Informe:

Este país ha disfrutado de la llamada independencia durante unos sesenta años. Durante ese período, los diversos gobiernos han recaudado en total más de 100.000.000 de dólares, y no hay nada que demuestre que ni siquiera una vigésima parte de esta cantidad se haya gastado en beneficio de la República o del pueblo, ni en mejoras públicas de ningún tipo. Se puede buscar en vano por toda la isla veinte millas de buenas carreteras, equipos sanitarios modernos y adecuados, edificios apropiados para fines educativos o cualquier cosa que haga que la vida valga más la pena. Esta enorme suma de dinero que se le ha quitado al pueblo se ha destinado a usos individuales o se ha desperdiciado en una guerra civil antipatriótica y egoísta.

En Puerto Plata, donde pasé una noche en tierra, esperaban un ataque temprano de bandas guerrilleras, que entonces estaban a no menos de 5 kilómetros de la ciudad. Me advirtieron que probablemente tendría que salir de mi habitación durante la noche e ir al sótano para escapar del fuego de las balas de Mauser. Esta es una de las ciudades más importantes del país, y desde ella parte un ferrocarril hacia Santiago, la principal ciudad comercial de la República. Esta línea férrea, de 96 kilómetros de longitud, es propiedad de ciudadanos estadounidenses y está operada por ellos.

Puerto Plata es la residencia del presidente Morales. Realicé averiguaciones minuciosas sobre él a través de diversas fuentes y descubrí que se le considera un hombre inteligente y bienintencionado, de quien se cree que es honesto, tanto en su vida pública como privada. Tuve una larga conversación con su principal partidario militar, el general Céspesdes, gobernador de Puerto Plata, un joven serio y enérgico que cree implícitamente en el patriotismo de Morales y en su capacidad para mantenerse en el poder. El encargado de negocios estadounidense en la ciudad de Santo Domingo comparte esta opinión sobre el general Morales. Encontré en Puerto Plata a varios ciudadanos estadounidenses sumamente bien informados e inteligentes.

En Sosúa se encuentra la gran plantación de banano de la United Fruit Company, que comprende unas 20.000 acres, una cuarta parte de las cuales está cultivada y produce fruta. Esta gran finca tiene su propio servicio ferroviario y emplea a 600 hombres. Recientemente se han librado dos batallas en allí y el gerente, el Sr. Wetmore, me dijo que tuvo que esconder a su familia en una choza en el bosque durante varios días. Las balas volaban densamente alrededor de su casa.

En la ciudad de Santo Domingo, debido a que había habido combates por la mañana y a que se suponía que los insurgentes ocupaban el bosque al otro lado del estrecho río frente a la capital, no se consideró seguro ni prudente desembarcar.

CONTROL EXTRANJERO DE ADUANAS.

He escuchado la cuestión del futuro de la República Dominicana discutida por hombres de todas las clases. La gente conservadora, propietaria e industriosa del país, independientemente de su nacionalidad, tanto extranjeros como nativos, habla seriamente y con evidente favor de la anexión a los Estados Unidos. El general Morales y los políticos que lo siguen sugieren, con mucha fuerza, que se aseguraría una paz de carácter permanente si la administración de las aduanas del país fuera asumida por el Gobierno de los Estados Unidos. La administración extranjera de las aduanas pondría fin a la lucha por el control de las aduanas por parte de los nativos, por la buena razón de que eliminaría el incentivo al conflicto, y por la razón adicional de que haría imposible la importación de armas. Si los Estados Unidos controlaran las aduanas allí no habría nada por lo que luchar para los revolucionarios. El sector agrícola de la población probablemente lo favorecería, y todas las clases, creo, salvo el pequeño contingente de mercenarios políticos militares que no tienen nada que perder y mucho que ganar manteniendo un estado de anarquía en el país.

Si el Gobierno de la República Dominicana cediera la administración de su departamento fiscal a los Estados Unidos, se vería liberado de la necesidad de luchar por las aduanas y podría concentrar todas sus energías militares en mantener la paz en el interior. El general Morales está dispuesto e incluso desea llegar a un acuerdo de este tipo con este país y, en relación con ello, darnos un arrendamiento a largo plazo de la bahía de Samaná, por el cual esperaría recibir una contraprestación en efectivo (*). Probablemente se conformaría con 100.000 dólares en efectivo y 150.000 dólares pagados en media docena de cuotas anuales. Morales también aceptaría que supervisáramos los gastos públicos Los ingresos de la aduana deberían ser más que suficientes durante el primer año para pagar el presupuesto anual del Gobierno y los intereses de toda la deuda. Cualquier superávit restante debería destinarse de inmediato a la construcción de carreteras y autopistas, lo que daría empleo a muchas de las personas que actualmente participan en la revolución. Según fuentes muy competentes, los soldados rasos estarían encantados de ganar 75 centavos al día en la construcción de carreteras, y los oficiales tendrían empleo como supervisores y encargados del control horario. La construcción de buenas carreteras es una de las necesidades más apremiantes del país.

(*) La Propuesta hecha por el presidente Morales, a los Estados Unidos, estaba contenida en el “Proyecto de Acuerdo de Paz, Amistad y Reciprocidad” con el que fue enviado a Washington el ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez el 8 de enero de 1904, que como hemos referido anteriormente fue rechazado por el gobierno de los Estados Unidos, en razón de que contemplaba  algunas ventajas comerciales y financieras que deberían conceder a la República Dominicana, mientras que el Laudo Arbitral, apéndice del Protocolo de enero de 1903, que entonces se estaba discutiendo en Washington, les permitía lograr sus propósitos imperiales de intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana sin tener que ceder nada a cambio. Dicho Proyecto de Tratado está publicado de manera íntegra en este blog. (CDMM)

Continúa el Informe:

La República Dominicana es, en mi opinión y en la de quienes la conocen mejor que yo, el lugar más atractivo, fértil y saludable de todas las islas del Caribe. Posee una maravillosa diversidad de clima, suelo y altitud, adaptada a la producción de todo tipo de frutas, verduras, granos y pastos. Produce excelente ganado. Las altitudes varían desde el nivel del mar hasta alturas de más de 3000 metros. Es un país excepcionalmente bien regado. Cuenta con un número suficiente de buenos puertos y un clima, especialmente a lo largo de la costa norte, ideal. La belleza del paisaje es insuperable.

SITUACIÓN FINANCIERA. –

Al considerar la situación actual en la República Dominicana y las posibilidades de complicaciones internacionales al respecto, uno de los elementos más importantes a tener en cuenta es el de las deudas y reclamaciones externas.

La deuda pública de la República Dominicana actualmente en circulación es la siguiente:

Bonos unificados al 4 por ciento y recuperación de cónsules franco-estadounidenses (4 %) ……………………………………… 1,148,600

Obligaciones Or de St. Domingue, 2 3/4 %…………..………..2,736,750

Monto total de la deuda dominicana………………………………3,885,350

Las «obligaciones Or de St. Domingue», 2 3/4 %, se mantienen principalmente en Bélgica, digamos, por un monto de £2,000,000. Un número considerable se mantiene en Holanda, cantidades dispersas en Alemania y Francia, y alrededor de £25,000 en Inglaterra.

De las 1.148.600 £ en bonos y títulos al 4%, entre 825.000 £ y 850.000 $ se encuentran en Estados Unidos e Inglaterra; el resto en Francia. Del monto mantenido en Inglaterra y Estados Unidos, no más de 150.000 £ las poseen en Inglaterra; el resto, alrededor de 700.000 £, las poseen en Estados Unidos, pero una parte considerable está pignorada a acreedores en Inglaterra.

Los bonos poseídos en América son los de la Compañía de Mejoras de Santo Domingo y sus aliados, y aquellos bonos que están pignorados en Inglaterra pertenecen a amigos de esa compañía, con muy pocas excepciones. Todos los bonos mantenidos en Inglaterra, ya sean de propiedad privada o solo pignorados, están representados por el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros, que actúan en total armonía con la Compañía de Mejoras. El endeudamiento total de la República Dominicana no será inferior a 35.000.000 de dólares.

En cuanto a la disposición de los tenedores de bonos fuera de los Estados Unidos y la actitud y las probables intenciones de sus gobiernos, cabe mencionar los siguientes hechos:

En diciembre de 1901, el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros, en Londres, solicitó al Gobierno británico que instruyera a Lord Pauncefote para que se comunicara con el Gobierno de los Estados Unidos con el objetivo de emprender acciones conjuntas, a fin de presionar al Gobierno dominicano para que llegara a un acuerdo inmediato con la Compañía de Mejoras de Santo Domingo (*), en virtud del cual los derechos de los tenedores de bonos ingleses, a quienes la compañía representaba, estarían adecuadamente protegidos. Se entendió que el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros tomó esta medida creyendo que el Gobierno de los Estados Unidos, como se demostró, estaba dispuesto a tomar las medidas adecuadas en nombre de sus ciudadanos; pero también se entiende que el consejo habría pedido al Gobierno británico que protegiera los intereses de los súbditos británicos de forma independiente, en caso de que los Estados Unidos no hubieran actuado. (*)Compañía de Mejoras de Santo Domingo = San Domingo Improvement & Co.).

A principios de 1902, el cónsul británico en Santo Domingo recibió instrucciones de su Gobierno para cooperar con el encargado de negocios de los Estados Unidos, y el cónsul comunicó una copia del contenido de estas instrucciones al Gobierno dominicano. Como resultado de la interposición de los Estados Unidos, a la que siguió una larga negociación, se concluyó un Protocolo entre los dos Gobiernos el 31 de enero de 1903, en virtud del cual se resolvieron las reclamaciones de la San Domingo Improvement Company y sus aliados por la suma de 4.500.000 dólares, a pagar en cuotas anuales, cuyo monto se determinaría mediante arbitraje. Se ha organizado la junta de arbitraje, pero todas las sumas mensuales que el Gobierno dominicano acordó pagar mientras se resolvía el arbitraje permanecen impagas, excepto la primera, que correspondía a enero de 1903. Desde la firma del protocolo del 31 de enero de 1903, el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros ha confiado en el éxito de la interposición de los Estados Unidos (*). La actitud del consejo permanece inalterada.

Los intereses de los tenedores de bonos en el continente europeo están representados por dos asociaciones. Una de ellas es la Asociación para la Protección de los Tenedores de Valores Públicos (Comité de Défense des Porteurs de Rentes Dominicaines), con sede en Amberes y una sucursal en Bruselas. De esta asociación existe un comité especial dedicado a los intereses de los tenedores de valores dominicanos.                                                                                                                                                       

(*) Nos resulta un tanto extraño el argumento de la interacción que cita, entre Estados Unidos y el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros respecto a la deuda dominicana, en razón de que los términos del Protocolo de enero de 1903 no contemplaban, en absoluto, otros intereses que no fueran los de la compañía norteamericana San Domingo Improvement, representada por el propio Estado norteamericano, como fue acordado en el Art. 1 del Protocolo y, en consecuencia, en los términos de la Sentencia, o Laudo, que emitieran los jueces del Tribunal Arbitral el 14 de julio de 1904. (CDMM)

Continúa el Informe:

La otra asociación se conoce como la Asociación Nacional de Tenedores Franceses de Valores Extranjeros (Association Nationale des Porteurs Français de Valeurs Étrangères), y también tiene un comité encargado de los intereses de los tenedores franceses de deuda dominicana

Estas asociaciones, que representan los bonos del 2 3/4 por ciento y los bonos del 4 por ciento que se mantenían en Francia, celebraron, en junio de 1901, un contrato con el Gobierno dominicano, en virtud del cual aceptaron, en lugar de la garantía general, una garantía especial, durante la vigencia del contrato, del 15 por ciento de los ingresos dominicanos, equivalente a no menos de 300.000 dólares anuales, garantizada especialmente con los ingresos aduaneros de la ciudad de Santo Domingo y, en caso de necesidad, con los de Macorís, y ningún otro. Se pagaron sumas considerables en virtud de este contrato, aunque de forma irregular. El interés y la disposición del Gobierno francés en el asunto quedaron patentes en junio pasado, cuando el embajador francés en Washington, el día 8 de ese mes, dirigió al Secretario de Estado una nota, adjunta como Anexo B, en la que se llamaba oficialmente la atención sobre los intereses de los ciudadanos franceses en virtud del contrato franco-belga de 1901 y se reservaban sus derechos en virtud de dicho contrato tratado frente a cualquier posible laudo que pudiera dictarse en virtud del protocolo entre los Estados Unidos y la República Dominicana del 31 de enero de 1903.

INTERVENCIÓN FRANCESA.

Más tarde, en septiembre del año pasado, el encargado de negocios francés en Santo Domingo intervino con éxito para desviar temporalmente los fondos que se estaban pagando por la deuda flotante interna al pago de las sumas adeudadas en virtud del contrato franco-belga de 1901. También cabe señalar que, en virtud del contrato, los tenedores de bonos franceses y belgas tienen representantes especiales en Santo Domingo con importantes poderes respecto a las aduanas; y fue en apoyo de las demandas de dichos representantes que intervino el encargado de negocios francés.

Aquí se puede prestar especial atención a una circular, cuya traducción se adjunta como Anexo C, emitida por la Asociación de Tenedores Franceses el 12 de febrero de 1903. Parece que, a petición de dicha asociación, el Ministro de Relaciones Exteriores francés, reconociendo y apoyando el contrato franco-belga de 1901, autorizó a un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Sr. Maurice Charpentier, a aceptar el cargo de delegado en virtud de dicho contrato para los tenedores de bonos franceses. Todavía se encuentra en Santo Domingo actuando como tal delegado.

En su circular # 626, del 29 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el Sr. Renoz, el Encargado de Negocios belga, lo había visitado para averiguar si no podían ponerse de acuerdo en algún plan que garantizara el pago a los acreedores extranjeros. El Sr. Renoz afirmó que los pagos adeudados a los tenedores de bonos belgas en virtud del contrato de 1901 estaban atrasados ​​por un monto superior a $500,000, y que, si bien Bélgica no podía exigir físicamente el pago, podría, si contaba con el apoyo moral de los Estados Unidos, obtener lo que se le debía. Por lo tanto, propuso que las naciones acreedoras propusieran al Gobierno dominicano hacerse cargo de las aduanas y recaudar y administrar los ingresos. Su plan era que esto se hiciera mediante una comisión internacional, en la que Estados Unidos, Francia y Bélgica estarían representados cada uno por un miembro. Cuando el Sr. Powell preguntó cómo se llevaría a cabo la administración de aduanas, el Sr. Renoz respondió que la fuerza oficial podría permanecer como estaba, pero que se le podría exigir que presentara informes a la Comisión en lugar de al Gobierno dominicano. El Sr. Powell expresó la opinión de que tal arreglo no sería satisfactorio, ya que no evitaría la malversación; que todo el personal del servicio de aduanas tendría que ser cambiado; y que para asegurar un servicio eficaz el jefe de cada puerto tendría que ser nombrado por la Comisión y debería ser extranjero. El Sr. Renoz respondió que los detalles podrían arreglarse fácilmente si Estados Unidos daba su consentimiento al plan. Al concluir su conferencia, cada ministro declaró que pondría el asunto en conocimiento de su Gobierno.

Sin embargo, cabe observar que las posibilidades de complicaciones tempranas en la República Dominicana no se limitan en absoluto a los intereses de los tenedores de bonos. Las condiciones de desorden que han prevalecido durante los últimos tres años han dado lugar a reclamaciones muy extensas por parte de ciudadanos y súbditos de diversas potencias extranjeras. La mayoría de estas reclamaciones se liquidaron en junio de 1902, y luego se financiaron mediante dos contratos, por los cuales los acreedores, como garantía especial para el pago de sus demandas, fueron facultados directamente para cobrar el 10 por ciento de los ingresos. Las reclamaciones extranjeras así financiadas fueron las siguientes:

Ciudadanos italianos:………….. $1.613.023,61

Ciudadanos alemanes: …………….$485,655,81 

Ciudadanos estadounidenses……$396,944.81

Ciudadanos puertorriqueños…….$78,845,23

Ciudadanos holandeses……………….$13.590,60

Ciudadanos ingleses………………………$23.131,85

Además de las reclamaciones anteriores, también existe una reclamación por $196,534, en la que se combinan intereses alemanes, y españoles garantizados, cuyos medios de pago son proporcionados por un acuerdo internacional entre los cónsules alemán y español, por una parte, y el Gobierno dominicano, por la otra.

Existen, además, otras reclamaciones liquidadas y no liquidadas, estadounidenses y extranjeras, que ascienden a sumas considerables. Algunas de ellas ya han sido liquidadas, entre las que se encuentran reclamaciones de súbditos italianos por un monto de 379.312,78 dólares.

CONDICIONES ACTUALES.

Entre las deudas liquidadas y no liquidadas, hay préstamos contraídos por Gobiernos y préstamos contraídos por revolucionarios, esta última clase legitimada por los prestatarios cuando éstos lograron el poder y se convirtieron en Gobierno. Los préstamos a los Gobiernos a menudo se han obtenido con el propósito de resistir o sofocar intentos revolucionarios. Una cierta parte, quizás mucho menos de la mitad, se ha contraído para fines totalmente legítimos. Cabe señalar también que un porcentaje muy elevado, tanto de las deudas flotantes liquidadas como de las no liquidadas, se compone de intereses acumulados, que a veces alcanzan el 1 1/2 o incluso el 2 por ciento mensual, capitalizados mensualmente, llegando, con comisiones y bonificaciones, en muchos casos a igualar el efectivo realmente entregado.

Como ejemplo de la situación financiera y la gestión actuales, cabe mencionar que, desde el 1 de mayo de 1900 hasta el 31 de mayo de 1903, se asignaron en el presupuesto, calculados en función de los ingresos y la paz: para la agricultura, 15.240 dólares, destinados íntegramente a salarios; para la instrucción pública, 101.749 dólares; para obras públicas, 69.793 dólares; y para fines bélicos, 1.183.202 dólares. No se previeron asignaciones para la contingencia de una guerra o revolución. Las sumas adicionales gastadas para sofocar revoluciones son conjeturales, ya que no se han publicado cuentas excepto para el período del 1 de mayo de 1902 al 31 de marzo de 1903. Las cuentas de este período muestran un ingreso de $1,700,576 y un gasto para «fines de guerra» de $241,206, para «dos revoluciones» de $138,113 y para «gastos extraordinarios», cuya naturaleza no se especifica, de $271,507. Suponiendo que los $241,206 para «fines de guerra» sean sumas asignadas por el presupuesto, los gastos «revolucionarios» y «extraordinarios», no previstos en el presupuesto, ascendieron a $409,620, que sin duda se sufragaron desviando los fondos asignados a la deuda externa, cuyo pago cayó en desuso.

Entre las recientes demandas extranjeras, también se encuentran las reclamaciones francesas acumuladas por daños reiterados, durante las diversas revoluciones en la República Dominicana desde 1899, a las líneas telegráficas propiedad de The French Cable Company. El embajador francés notificó estas demandas a Estados Unidos en su nota del 8 de junio.

Todas las reclamaciones aquí mencionadas, tanto liquidadas como ilíquidas, han surgido desde la creación de la deuda garantizada. Cabe señalar que prácticamente todos los grandes intereses industriales y comerciales del país, a diferencia de la agricultura elemental, son propiedad de extranjeros o están controlados por ellos. Las plantaciones de azúcar son propiedad de estadounidenses e italianos. Las extensas plantaciones de banano son propiedad de estadounidenses. De los dos ferrocarriles terminados, uno es propiedad de súbditos británicos, mientras que el otro es operado bajo un contrato de arrendamiento a largo plazo por una compañía estadounidense, aliada de la San Domingo Improvement Company, de Nueva York. Otro ferrocarril está en construcción por una compañía estadounidense. La exportación de maderas está principalmente en manos de estadounidenses. Los campos petrolíferos de Azua están siendo desarrollados por una compañía estadounidense. Los privilegios portuarios de tres de los principales puertos son propiedad de extranjeros: estadounidenses e italianos. Cuatro grandes casas comerciales son propiedad de alemanes o están controladas por ellos, y una por italianos.

Nota: Este párrafo, que se refiere a las cuantiosas posesiones, negocios e intereses de compañías extranjeras en la República Dominicana de la época, reflejan el motivo y la persistencia de los Estados Unidos por intervenir en los asuntos políticos y financieros dominicanos, tal como solicita de manera amplia y clara en la carta que dirigiera al Encargado de Negocios norteamericano William F. Powell, el señor WM. L. BASS en diciembre de 1903, como se puede apreciar más adelante en este informe (Anexo A) . (CDMM)

Contnúa el Informe:

SANTO DOMINGO: HISTORIA Y ALGUNOS ACONTECIMIENTOS RECIENTES.

El término español Santo Domingo, o la forma inglesa San Domingo, ahora se aplica generalmente a aquella parte de la antigua isla de La Española que está comprendida dentro de la República Dominicana, el resto de la isla estaba ocupada por la República de Haití. En 1822, la gente de la parte oriental, o española, de la isla fue sometida por la gente de la parte occidental, o francesa, llamada haitiana; pero en 1844, los primeros reafirmaron su independencia y establecieron un gobierno bajo el título de República Dominicana.

En diciembre de 1844, la República Dominicana, que entonces todavía estaba en guerra con Haití, envió un agente, Señor Caminero, a los Estados Unidos para solicitar el reconocimiento de su independencia. Al año siguiente, el Sr. John Hogan, de Nueva York, fue enviado como comisionado especial para realizar una investigación e informar sobre la cuestión de si se debía reconocer al gobierno dominicano. El informe del Sr. Hogan fue en general favorable al reconocimiento, pero éste no se concedió; y posteriormente, en 1849 y 1850, los Gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña intervinieron conjuntamente, con el propósito de poner fin a la guerra entre los haitianos y los dominicanos, sobre la base de la independencia de éstos últimos.

La independencia de la República Dominicana se estableció, pero Estados Unidos no entabló relaciones diplomáticas formales con el Gobierno hasta 1862. Mientras tanto, Estados Unidos había manifestado de diversas maneras un interés especial en la República Dominicana. En 1854, el Capitán (posteriormente General) George B. McClellan fue enviado por la Secretaría de Guerra para examinar los puertos del país, con miras al establecimiento de una estación de abastecimiento de carbón. Informó que los mejores puertos de la República eran los de la Bahía de Samaná, Manzanillo y Ocoa. Recomendó encarecidamente la adquisición de la Bahía de Samaná, junto con toda la península y los cayos adyacentes, si fuera posible. La bahía de Samaná está, como informó el Capitán McClellan, casi directamente en la ruta de los buques que utilizan el paso de la Mona, la vía oriental más importante hacia el Mar Caribe, cuya importancia se verá enormemente incrementada por la apertura de un canal entre el Atlántico y el Pacífico en Panamá.

El 5 de octubre de 1854 se firmó en la ciudad de Santo Domingo un tratado entre los Estados Unidos y la República Dominicana, pero posteriormente fue enmendado por el Congreso Dominicano y no se intercambiaron las ratificaciones. Durante las negociaciones, los plenipotenciarios dominicanos acordaron insertar un artículo con el propósito de otorgar una estación de abastecimiento de carbón a los Estados Unidos en la bahía de Samaná, pero posteriormente fueron inducidos a omitirlo debido a la oposición de los representantes de ciertas potencias europeas. El 5 de octubre de 1855, el Sr. Marcy, Secretario de Estado, dio instrucciones a un agente especial de los Estados Unidos para negociar un nuevo tratado y, si fuera posible, para inducir al Gobierno dominicano a aceptar dicho artículo, ya que sus representantes se habían retirado en las negociaciones anteriores.

En 1861, el Gobierno de España, aprovechando la situación en los Estados Unidos (*), reanexionó Santo Domingo. Estados Unidos protestó enérgicamente contra este acto, pero dadas las circunstancias, la protesta fue desestimada. Los dominicanos, sin embargo, se opusieron a la acción de España y la resistieron, y en su resistencia fueron ayudados por Haití. En abril de 1865, el español Cortés promulgó una ley para el abandono de Santo Domingo, y esta ley fue firmada por la Reina de España el 30 de ese mes.franco-estadounidenses. (*) Se refiere a la guerra civil, o de Secesión, en Estados Unidos iniciada en abril de 1861. (CDMM)

Los acontecimientos ocurridos en Santo Domingo, junto con la experiencia durante la guerra civil de las graves desventajas derivadas de la falta de instalaciones navales, llevaron al Sr. Seward en 1866 a renovar el esfuerzo por establecer una base naval en Santo Domingo. Con ese fin, instruyó al Sr. F. W. Seward, Subsecretario de Estado, el 17 de diciembre de 1866, para que viajara a ese país como enviado especial con plenos poderes para concluir un convenio con la República Dominicana para la cesión o arrendamiento del territorio requerido a los Estados Unidos. Se esperaba que la cesión, de realizarse, fuera bajo plena soberanía; pero si esto no se pudiera efectuar, se indicó que se aceptaría un arrendamiento por un plazo de treinta años. En sus instrucciones del 17 de diciembre de 1866, el Sr. Seward dijo:

“Durante la administración del general Pierce se ofreció arrendar tierras en la bahía de Samaná como estación de carbón para buques de pasajeros y de guerra, y se envió a un ingeniero del ejército en un buque de guerra para seleccionar un sitio. Desafortunadamente, el estudio se realizó prematuramente antes de que se hubiera llegado a un acuerdo con ese gobierno sobre el tema. El deseo de los Estados Unidos se dio a conocer a los representantes de algunos estados extranjeros en esa región, quienes tuvieron suficiente influencia como para frustrar nuestros planes. La reciente intervención de España en la República Dominicana tuvo como motivo la envidia hacia nuestros deseos de una base naval en Samaná. No se podía esperar que la propuesta que ahora se está considerando tuviera éxito, a menos que se observara cautela, secreto y diligencia al llevarla a cabo… El vicealmirante Porter de la Armada lo acompañará”.

El Sr. F. W. Seward, al llegar a Santo Domingo, entabló relaciones con las autoridades dominicanas y discutió con ellas las propuestas que estaba autorizado a hacer, pero no se llegó a ninguna conclusión. El Sr. Seward pronto regresó a los Estados Unidos y sus poderes fueron transferidos al Sr. Smith, agente comercial de los Estados Unidos en la ciudad de Santo Domingo.

En 1868, el presidente Báez y su ministro confidencial, el Sr. Félix Delmonte, propusieron confidencialmente al Sr. Smith, en esencia, que, en vista de la situación existente entonces en Santo Domingo, el Presidente de los Estados Unidos publicara inmediatamente una declaración que pusiera a la República Dominicana bajo la protección de Estados Unidos, y debería enviar buques de guerra para tomar posesión de las bahías de Samaná y Manzanillo y de cualquier otro punto que la estrategia militar pudiera indicar. El Sr. Seward respondió que el Presidente no se consideraba facultado para tomar tal medida, pero que el tema era muy importante y se sometería al Congreso en la próxima sesión.

PRIMERAS CONVERSACIONES SOBRE LA ANEXIÓN.

El tema se presentó al Congreso en el mensaje anual del Presidente del 9 de diciembre de 1868, en los siguientes términos:

Una política nacional integral parecería sancionar la adquisición e incorporación a nuestra Unión Federal de las diversas comunidades continentales e insulares adyacentes tan pronto como pueda hacerse pacíficamente, legalmente y sin ninguna violación de la justicia, la fe o el honor nacionales. La posesión o el control extranjero de estas comunidades ha obstaculizado hasta ahora el crecimiento y perjudicado la influencia de Estados Unidos. Una revolución crónica y la anarquía allí serían igualmente perjudiciales Pronto será necesario que este Gobierno preste ayuda efectiva a la solución de los problemas políticos y sociales que las dos Repúblicas de la isla de Santo Domingo mantienen constantemente ante el mundo, y que ahora se manifiestan con mayor claridad que nunca en la isla de Cuba. Este asunto se somete a su consideración con mayor urgencia porque estoy convencido de que ha llegado el momento en que incluso una medida tan directa como la propuesta de anexión de las dos Repúblicas de la isla de Santo Domingo no solo contaría con el consentimiento de los interesados, sino que también satisfaría a todas las demás naciones extranjeras.

En una carta al Sr. Banks, de la Cámara de Representantes, el 29 de enero de 1869, el Sr. Seward dijo que la opinión expresada por el Presidente de que las Repúblicas de Haití y Santo Domingo no estaban desprevenidas ante una propuesta directa de anexión, se infirió de la naturaleza de las propuestas que se habían recibido de la República Dominicana antes de la reunión del Congreso, pero que en el transcurso de la semana en curso había llegado de la República Dominicana una propuesta fidedigna y confidencial para la anexión inmediata; que esta propuesta renunciaba a todas las estipulaciones preliminares y se dirigía simplemente a la discreción y amistad de los Estados Unidos; y que un agente de la República Dominicana esperaba la acción del Gobierno.

A esta correspondencia le siguió la presentación por parte del Sr. Orth en la Cámara de Representantes de una resolución conjunta para la admisión de la República Dominicana, a solicitud de su pueblo y gobierno, en la Unión como Territorio de los Estados Unidos, con miras a su eventual condición de estado. La resolución no fue acompañada de un informe, pero el Sr. Orth dijo que «contaba con la aprobación de una amplia mayoría del Comité de Asuntos Exteriores». Tras insistir en la cuestión anterior, la resolución fue archivada por una votación de 110 a 63.

En julio de 1869, el presidente Grant envió al general Babcock a Santo Domingo para obtener información. El general Babcock, quien portaba instrucciones al respecto del Sr. Fish, zarpó de Nueva York el 17 de julio de 1869. El 4 de septiembre firmó con el Sr. Gautier, secretario de Estado dominicano, un protocolo que contenía ciertos artículos que servirían de base para un tratado de anexión definitivo. Posteriormente, el general Babcock regresó a los Estados Unidos. El 16 de noviembre de 1869, recibió instrucciones de regresar a Santo Domingo con un borrador de tratado de anexión y también de un convenio para el arrendamiento de la bahía de Samaná. El tratado y el convenio debían ser concluidos por el Sr. Perry, agente comercial de los Estados Unidos en la ciudad de Santo Domingo, quien actuaría bajo el consejo del general Babcock. Tanto el tratado como la convención se firmaron el 29 de noviembre de 1869. Se comunicaron al Senado el 10 de enero de 1870. El tratado de anexión, al someterse a votación, no logró obtener la mayoría de dos tercios requerida. La votación fue de 28 a 28. La convención también fracasó.

En su mensaje anual del 5 de diciembre de 1870, el presidente Grant, refiriéndose al fracaso del tratado, dijo que en ese momento estaba completamente convencido de que los mejores intereses del país, tanto comerciales como materiales, exigían su ratificación, y que la reflexión posterior lo había confirmado en esta opinión.

Mediante una resolución conjunta del Congreso aprobada el 12 de enero de 1871, el presidente Grant nombró una comisión para que se dirigiera a Santo Domingo e informara sobre su situación política y social, así como sobre la disposición de la población respecto a la cuestión de la anexión. Los miembros de la comisión fueron Benjamin F. Wade, de Ohio; Andrew D. White, de Nueva York; y Samuel G. Howe, de Massachusetts. La comisión visitó la isla, examinó sus recursos y, en su informe, respaldó la política recomendada por el presidente Grant. Al comunicar el informe al Congreso, el presidente Grant, refiriéndose a ciertas características personales de la oposición que habían llevado al fracaso del tratado, dijo:

“El mero rechazo por parte del Senado de un tratado negociado por el Presidente solo indica una diferencia de opinión entre distintos departamentos del Gobierno, sin afectar el carácter ni herir el orgullo de ninguno. Pero cuando dicho rechazo se produce simultáneamente con acusaciones abiertas de corrupción por parte del Presidente, o de sus empleados, el caso es diferente. En efecto, en tal caso, el honor de la nación exige una investigación. Esto se ha logrado mediante el informe de los comisionados, que se adjunta, y que vindica plenamente la pureza de los motivos y las acciones de quienes representaron a los Estados Unidos en la negociación. Y ahora mi tarea ha terminado, y con ella finaliza toda preocupación personal sobre el tema”.

Se entendió que estas declaraciones del Presidente se referían a un discurso pronunciado por el Sr. Sumner cuando la resolución para el nombramiento de la comisión estaba pendiente ante el Senado. El Presidente Grant no instó más al Congreso a la anexión de la República Dominicana; pero en su último mensaje anual del 5 de diciembre de 1876, reiteró su adhesión a las opiniones sobre las que había actuado originalmente y que había presentado al Congreso en 1870 y 1871.

Se entiende que ciertas negociaciones se llevaron a cabo a través del Sr. Durham, encargado de negocios estadounidense, en 1892, para la adquisición de la Bahía de Samaná por parte de los Estados Unidos, pero hay pocos registros de ellas en el Departamento.

REVOLUCIONES.

No es necesario entrar en los detalles de las revoluciones que han tenido lugar en la República Dominicana desde el establecimiento de su independencia Para comprender la situación actual, basta con remontarse a 1898. En mayo de ese año, una expedición partió de Estados Unidos a bordo del vapor Fanita, supuestamente con insurgentes cubanos a bordo. Dado que Estados Unidos se encontraba entonces en guerra con España, se entiende que la expedición contó con el apoyo y la ayuda activa del Gobierno de Estados Unidos para el propósito mencionado. Sin embargo, la expedición no llegó a Cuba. Su comandante nominal, el «Capitán Rodríguez», resultó ser el Sr. J. I. Jimenes, dominicano, y su destino, el puerto de Montecristi, en la República Dominicana. Jimenes estaba asociado con el general Agustín Morales. Desembarcaron en Montecristi, donde la mayoría fueron fusilados (*). El propio Jimenes escapó y huyó. Posteriormente, Jimenes reanudó sus planes revolucionarios; y el 26 de julio de 1899, el presidente Heureaux fue asesinado. Pocos días después, el Sr. Ramón Cáceres, quien lo había asesinado, y el general Horacio Vásquez, actuando con otras personas, iniciaron una revolución. La revolución se extendió por el interior de la isla, y el 29 de agosto de 1899, el general Vásquez fue proclamado por un comité de ciudadanos como Presidente de un Gobierno Provisional en Santiago. Tras el asesinato de Heureaux, el Vicepresidente Figuereo había asumido la Presidencia del Gobierno regular en la ciudad de Santo Domingo; pero el 30 de agosto de 1899, renunció, y al día siguiente los miembros del Gabinete abandonaron sus cargos. Las fuerzas del general Vásquez entraron en la capital el 5 de septiembre, y entonces se convirtió en jefe de un Gobierno Provisional, que posteriormente fue reconocido por potencias extranjeras.

(*) Los expedicionarios no fueron fusilados. Algunos fueron heridos en combate durante la retirada del muelle hasta el Fanita, como Agustín, que fue herido de muerte mientras se retiraba en un bote. Se dice que después que Agustín Morales resultara herido en la cabeza, el bote regreso al muelle donde pidió agua por la sed que le producía el sangrado, y que la bebió teñida de su propia sangre que caía de su cabeza. (CDMM)

Continúa el Informe:

El Gobierno del general Vásquez continuó hasta el 20 de noviembre de 1899, cuando Señor J. I. Jimenes lo sucedió como Presidente «Constitucional» o Electivo, con el general Vásquez como Vicepresidente. El Señor Cáceres fue nombrado gobernador de Santiago.

El gobierno de Jimenes duró hasta el 2 de mayo de 1902, cuando, tras una dura lucha, fue derrocado como resultado de una revolución encabezada por el general Vásquez, vicepresidente, quien luego se convirtió en presidente de otro gobierno provisional.

En octubre de 1902, comenzaron a producirse levantamientos locales, que continuaron hasta marzo de 1903, cuando se inició un movimiento revolucionario independiente en la Capital bajo el liderazgo del general Alejandro Woss y Gil, quien, el 18 de abril de 1903, se convirtió en presidente de un nuevo gobierno provisional. Antes de que tuviera lugar esta revolución, el general Vásquez había convocado elecciones, pero la revolución impidió que se celebraran. El general Woss y Gil, tras su instalación, también convocó elecciones, y a su debido tiempo fue elegido presidente constitucional para sucederse a sí mismo como presidente provisional.

Entre las causas de la revolución contra el general Vásquez, según lo narrado por el Sr. Powell, encargado de negocios estadounidense, en un despacho del 14 de enero de 1903, se encontraba la negativa del general Vásquez, quien parecía deseoso de mejorar la situación del país y evitar el saqueo generalizado de fondos públicos, a continuar con los estipendios mensuales de varios hombres denominados «jefes» en sus distritos, quienes no ocupaban ningún cargo público ni realizaban ningún trabajo público, pero de quienes, además de mantener informado al Presidente sobre cualquier descontento que prevaleciera en sus secciones, se esperaba, en caso de insurrección, que reunieran a sus amigos y lucharan del lado del Presidente. Esta práctica, según el Sr. Powell, se originó con el general Heureaux y alcanzó durante su administración un desarrollo anormal, de modo que había varios cientos de estos hombres a su servicio. La práctica había sido continuada en gran medida por Jimenes. El general Vásquez no intentó restringirla, si no abolirla.

ACONTECIMIENTOS POSTERIORES.

El 31 de agosto de 1903, el Secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno del General Wos y Gil presentó al Congreso Dominicano un proyecto para la neutralización de las aguas territoriales de la República y el establecimiento de puertos francos en Samaná y Manzanillo. La esencia de este proyecto, cuyo diseño declarado era impedir la adquisición de privilegios especiales por parte de cualquier nación, era la siguiente:

1. Decretar sin demora la neutralización absoluta de las aguas, bahías, puertos y atracaderos de la República Dominicana, con excepción del derecho a defender la costa con las fuerzas terrestres y navales de la República en caso de ataque o agresión extranjera.

2. Declarar que las bahías de Samaná y Manzanillo sean, en sus partes exteriores, zonas de libre acceso, abiertas a los buques de todas las naciones comerciales, reservándose el Gobierno las partes interiores para el establecimiento de reglamentos aduaneros.

3. Declarar que la República Dominicana construiría muelles, diques fijos o flotantes, astilleros, almacenes y demás estructuras necesarias y adecuadas para el fondeo, reparación, atraque y tráfico de embarcaciones en las aguas de las dos bahías antes mencionadas, y organizaría servicios administrativos en ellas por una compensación moderada.

4. Autorizar al Poder Ejecutivo a realizar las negociaciones y operaciones financieras necesarias para obtener mediante un préstamo los fondos para tales fines.

5. Como garantía para el pago de este préstamo, aplicar, entre otras cosas, los probables ingresos de los contratos de uso y disfrute pacífico de los balnearios en cuestión, así como los ingresos derivados de las concesiones de ubicaciones en sus costas para fines comerciales e industriales.

Como consecuencia de la protesta del Sr. Powell, el encargado de negocios estadounidense en la ciudad de Santo Domingo, este proyecto fue retirado del Congreso.

El 26 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el gobernador de Puerto Plata, el Sr. Carlos F. Morales, se había pronunciado en contra del Gobierno del General Woss y Gil, y que ese distrito estaba nuevamente en insurrección. El movimiento, dijo el Sr. Powell, parecía estar a favor de Jimenes, el antiguo Presidente, y si tuviera éxito no traería la paz al país, ya que el partido de Vásquez no lo aceptaría como Presidente ni a Jimenes ni a ninguna persona nombrada por él, ni Jiménez aceptaría a Vásquez ni a un miembro de su partido. Había entonces tres partidos: el partido de Woss y Gil, o Gobierno, el partido de Jimenes y el partido de Vásquez. El General Deschamps, el Vicepresidente, al enterarse del movimiento revolucionario, había salido de Santiago para Puerto Plata (*).

(*) La información de que el vicepresidente Deschamps salió de Santiago para Puerto Plata es errónea, ya que se fue al exilio por Montecristi. Así también lo refiere erróneamente Sumner Welles, en La Viña de Naboth, agregando que el vicepresidente había sido apresado por Morales al llegar a Puerto Plata, lo que fue desmentido por el señor Manfredo Moore, traductor de dicha obra, en una nota a pie de página de la misma, como testigo de excepción que fue, lo que manifestó en los términos siguientes:

“Es inexacto ese dato. El Vicepresidente Deschamps no fue reducido a prisión; él se embarcó en Monte Cristi para el extranjero. El Traductor era Secretario del Vicepresidente Deschamps y lo acompañó hasta Navarrete en el viaje hacia Monte Cristi”. N. del T. (La Viña de Naboth, Pág. 73, Tomo II).   (CDMM)

Continúa el Informe:

El 30 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el Gobierno, inmediatamente después del estallido de la insurrección en Puerto Plata, envió sus dos buques de guerra a ese lugar con tropas, bajo el mando del Ministro de Guerra. A su llegada, el Ministro de Guerra exigió la rendición del lugar bajo pena de bombardeo. Permaneció allí dos días y luego partió hacia la bahía de Samaná sin haber ejecutado su amenaza. El único resultado de su visita fue que impidió que el vapor Cherokee de la Clyde, así como un vapor cubano, entraran en Puerto Plata o Samaná, después de que se disparara un tiro delante de la proa de cada buque como advertencia para que no entraran (*). En ese momento se estaban levantando barricadas en las entradas de la ciudad de Santo Domingo, donde se esperaba un ataque. El 4 de noviembre de 1903, el Sr. Powell informó que la posición del Gobierno de Woss y Gil se estaba debilitando, pero que la situación no mejoraría si los insurgentes ganaban, ya que en cuatro meses habría otra revolución, por la misma razón que había provocado la existente: el deseo de obtener el control de los ingresos aduaneros.

*Nota: Este informe del señor Powell desmiente las conjeturas que sostienen algunos, de que los norteamericanos ayudaron a Morales a tomar el Poder. La cañonera Independencia, con el ministro de Guerra y Marina del gobierno de Alejandro Woss y Gil a bordo, estableció un bloqueo naval al puerto de Puerto Plata el 28 de noviembre de 1903, cuatro días después de declararse la revolución de La Union en dicha ciudad, impidiendo que buque alguno entrara al puerto. Así también consta en los registros de The Week´s Progress de Nueva York, el 14 de noviembre del mismo año (Pág.462), sobre el reportaje del periódico “The Summary”, de New York, del 30 de octubre de 1903. (Ver en este blog: Bloqueo Naval a Puerto Plata).  De manera que en los alrededores de Puerto Plata no había un buque de guerra norteamericano que pudiera actuar a favor de Morales, amén de que su gobierno no fue reconocido por los Estados Unidos, sino hasta el 20 de enero de 1904, casi dos meses después. La acción del Independencia evitando que el buque mercante norteamericano Cherokee tuviera que seguir ruta sin poder entrar a puerto, a cumplir su cometido, produjo tal disgusto al señor Powell, quien de inmediato solicitó el envío a Puerto Plata de dos buques de guerra norteamericanos para evitar que ese tipo de acciones se repitieran y afectaran sus intereses. (CDMM)

Continúa el Informe:

El 6 de noviembre de 1903, el Sr. Powell informó que Macorís, donde había grandes intereses estadounidenses, había sido bombardeada por un buque de guerra dominicano. El 7 de noviembre, los insurgentes llegaron a la ciudad de Santo Domingo y comenzaron un ataque con proyectiles.

El 11 de noviembre, el Sr. Powell informó que había dos buques de guerra alemanes en la ciudad de Santo Domingo: el Panther y el Gaselle, y que se esperaba la llegada inmediata de un buque italiano y uno francés.

El 25 de noviembre, después de repetidos ataques, la ciudad de Santo Domingo se rindió a los revolucionarios bajo el liderazgo de Morales. Los guardias colocados por las fuerzas navales extranjeras alrededor de las legaciones y consulados de sus gobiernos fueron retirados. Se acordó que se celebrarían elecciones presidenciales; pero el Sr. Powell expresó la opinión de que, si Jimenes era elegido, estallaría otra revolución dentro de los tres meses posteriores a su toma de posesión, y que lo mismo sucedería si se eligiera a un partisano fuerte del general Vásquez. Si se eligiera a un nuevo hombre que contara con el apoyo de todas las facciones, podría mantener la paz si lograba mejorar la situación financiera; pero si no lo lograba, se produciría otra revolución (*). La revolución actual, dijo el Sr. Powell, le había costado al país casi 700.000 dólares, y el nuevo Gobierno encontró una tesorería vacía, con todos los recursos del país hipotecados y sin medios para obtener fondos. «Tal como están las cosas hoy», dijo, «el país está en bancarrota viral, y esta condición, como he declarado en una comunicación anterior al Departamento, implica un peligro para nuestro Gobierno, ya que los acreedores extranjeros exigirán el pago de sus reclamaciones, demanda que será impuesta por los cañones de buques de guerra extranjeros. Al mismo tiempo, nuestros ciudadanos harán una demanda similar. Este es el grave peligro que nos enfrenta, y requerirá la más sabia habilidad política para evitarlo.»

(*) El Encargado de Negocios norteamericano estaba muy bien enterado de las diferencias tan profundas que mantenían las facciones jimenistas y horacistas. Tanto así, que ni Morales, quien había logrado conciliar ambos bandos para la toma del Poder, podía determinar el rumbo que podían tomar las cosas. (CDMM)

DISTURBIOS RENOVADOS,

El 4 de diciembre de 1903, el Sr. Powell informó que la situación política seguía siendo inestable. El Gobierno Provisional de Morales tenía el control total, pero había señales de agitación. Los partidarios de Jimenes deseaban elegirlo como presidente, mientras que los partidarios del general Vásquez parecían favorecer al general Morales, aunque este había sido anteriormente un revolucionario seguidor de Jimenes. Desde la llegada del nuevo gobierno, se habían producido disturbios en Montecristi, Samaná, La Vega, Azua y Barahona, pero habían sido sofocados. En todos esos lugares había muchos partidarios de Jimenes. El gobierno había emitido un decreto declarando que todas las garantías quedaban suspendidas y que los ingresos aduaneros debían pagarse en efectivo. Los comerciantes se habían opuesto y habían notificado al gobierno que, si se aplicaba este decreto, no importarían ninguna mercancía. Era probable que se llegara a un acuerdo.

Hubo muchos disparos en las calles por la noche, en los que murieron muchas personas, por lo que era peligroso salir después del anochecer.

El 12 de diciembre, el Sr. Powell informó que Jimenes estaba en Montecristi con varios de sus seguidores, y que se suponía que en pocos días organizaría otra revolución (1). Morales se estaba preparando para el conflicto. El 15 de diciembre el Sr. Powell escribió que un miembro del Gobierno había preguntado si los Estados Unidos le prestarían o adelantarían dinero (2). Él había respondido que el Gobierno de los Estados Unidos no podía adelantar dinero sin el consentimiento del Congreso, y que por lo tanto sería inútil apelar a él.

*Notas: (1) El 8 de diciembre Morales hizo el Decreto que fijaba las elecciones para mediados de enero de 1904, el 12 de diciembre los jimenistas anunciaron sus candidaturas: Jimenes a la Presidencia y Miguel Andrés Pichardo a la Vicepresidencia. El 14 de diciembre Cáceres ofreció la candidatura presidencial de los horacistas a Morales y, al día siguiente, cuando los jimenistas se enteraron de que Morales había aceptado, se levantaron en armas y la guerra se extendió por todo el territorio nacional.

(2) Esa información nos parece muy extraña, ¿adelantar dinero de qué y cómo? El gobierno norteamericano no prestaba dinero, además de que no había reconocido el gobierno provisional sino hasta 40 días después (el 20 de diciembre de 1904). (CDMM)

Continúa el Informe:

La situación en la República Dominicana en diciembre de 1903 se describe vívidamente en una carta dirigida por un ciudadano estadounidense, el Sr. W. L. Bass, el mayor plantador de azúcar de San Pedro de Macorís, al Sr. Powell el 12 de ese mes, y comunicada por el Sr. Powell al Departamento de Estado con su número 688, del 14 de diciembre pasado. Una copia de esta carta se adjunta como Anexo A.

El 15 de diciembre de 1903, el Sr. Powell informó que la República Dominicana estaba en medio de otra revolución, que prometía ser seria. Anteriormente había expresado la opinión de que una revolución era inminente, pero no creía que ocurriría antes de marzo. El nuevo intento fue iniciado por amigos de Sr. Jimenes, el partido de Vásquez se unió a Morales para resistir. Se había producido una pelea en Santiago, donde varios miembros del partido de Jimenes murieron Se había intentado secuestrar al general Morales, presidente del Gobierno Provisional, pero había fracasado. Se habían realizado arrestos y la situación era crítica. Posteriormente, el general Rodríguez, gobernador de Macorís, se pronunció a favor de Jimenes. Los seguidores de Morales en ese lugar tomaron las armas para obligar al gobernador a marcharse. El Sr. Powell afirma que hay grandes inversiones estadounidenses en plantaciones de caña de azúcar en Macorís, que ascienden a 500.000 dólares. Se dice que la gente de los alrededores de Macorís se pasó de Morales a Jimenes porque las fuerzas del primero se quedaron sin municiones. Condiciones similares de desorden han continuado existiendo y han surgido continuamente preguntas sobre bloqueos, bombardeos y otras medidas militares.

LAS ADUANADAS.

Desde mi regreso a Washington, he recibido la siguiente carta del Sr. Powell:

LEGACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS, Ciudad de Santo Domingo, R. D., 5 de marzo de 1904.

Honorable FRANCIS B. LOOMIS,

Subsecretario de Estado, Washington, D. C.

SEÑOR: Desde mi entrevista informal con usted en el Mayflower, he obtenido rápidamente una estimación aproximada del costo de llevar a cabo la administración del servicio de aduanas.

INGRESOS DE ADUANAS

En la actualidad no se pueden proporcionar cifras auténticas sobre cuáles han sido los ingresos aduaneros del año pasado, pero según las cifras disponibles, durante el último año de la Compañía de Mejoras, bajo la dirección del Honorable J. T. Abbott, los ingresos aduaneros fueron mayores que los de cualquier período anterior o posterior, acercándose a los 2.500.000 dólares. Esto se debió principalmente a la gestión judicial y a la reducción de personal instituidas por el Juez Abbott, aunque en ese momento había muchos funcionarios con salarios elevados, lo cual, si el mismo servicio pasara a estar bajo el control de nuestro Gobierno, no habría ocurrido.

ARANCELES

En primer lugar, sugeriría una nueva regulación arancelaria. La actual se estableció hace varios años y se basó en la moneda en uso en ese entonces, que era casi exclusivamente papel moneda. Ésta tarifa podría soportar fácilmente una reducción del 20 por ciento de sus cifras actuales y generar ingresos mucho mayores, y mediante un estricto control de las importaciones, los ingresos aduaneros en pocos años aumentarían de, digamos, $2,000,000 a $4,500,000 0 $5,500,000. Con una tarifa reducida, habría un mayor consumo de bienes, y como estas personas compran casi exclusivamente en nuestro mercado, nosotros seríamos los beneficiados y con una ley aduanera estricta que regule todas las importaciones, se acabaría todo el contrabando que actualmente se produce En este sentido, sería prudente eliminar todos los aranceles de exportación, ya que sería un incentivo para estimular a la gente a participar activamente en actividades agrícolas, cuyo objetivo sería el fin de todas las revoluciones en el interior. Esta medida aumentaría los productos agrícolas, que encontrarían su mercado en los Estados Unidos y que también significaría un aumento de las compras en nuestro mercado. Este es un lado del caso.

El otro lado es que sería imposible para cualquier persona insatisfecha, o ambiciosa, iniciar una revolución; se eliminaría lo que se conoce como los jefes, o pequeños jefes, a los que el Gobierno tiene que pagar constantemente cada año para mantenerlos tranquilos. Bajo esta nueva condición, todo esto desaparecerá y, dentro de dos o tres años, habrá un cambio marcado en todos los aspectos, tanto en el Gobierno como en la gente. El costo que le correspondería al Gobierno, que se cargaría a la recaudación de 57,000 dólares, posiblemente un poco más, y se recaudará de la siguiente manera:

Descripción.                                                        Un mes   Un año  Dos años.

                        Santo Domingo y Puerto Plata.

Director de aduanas……………..……………….$300      $3,600       $7,200

Subdirector………………………..……… .…..$125      $1,500      $3,000

Intérprete…….…………………..……………..$100      $1,200        $2,400 

7 empleados………………….………………….$  75       $6,300       $12,600

2 vigilantes…………………………………… …$  60       $1,440        $2,880

3 obreros…………………………………………$  40       $1,440        $2,880

Gastos misceláneos…………………………………………….$     20        $     40

                              Sánchez y Macorís.

Director…………………………………………..$200       $2,400        $4,800

Subdirector……………………………………….$100       $1,200        $3,400

Intérprete……….…………………….. ……. …$ 75        $  900        $1,800

2 empleados……………………………..……. $ 60        $1,440       $2,880

Vigilante…………………………………………$ 50         $   600        $1,200    

2 obreros………………………………………. $ 30          $ 720        $1,440

                          Samaná, Montecristi y Azua

Director………………………………….……….. $ 75         $  900        $1,800

3 subdirectores……….……………………………. $ 60         $  720        $2,160

3 intérpretes………………………………………..$ 60          $  720        $2,160

3 empleados……………………………………………….$ 50          $  600        $1,800

3 vigilantes…………………………………………..$ 40         $  480        $1,440

3 obreros…………………………………………$ 30         $  360        $1,180

Los puertos de Santo Domingo, Puerto Plata, Sánchez y Macorís pueden denominarse puertos dadores, es decir, los ingresos recibidos por ellos son tales que los hacen los principales puertos del país, mientras que los puertos de Montecristi, Samaná y Azua son conocidos como puertos receptores, es decir, los ingresos recibidos no son suficientes para mantener al Gobierno en esos lugares, el Gobierno tiene que suplir la deficiencia. Sugiero en este sentido que se cierren los puertos de Romana y Barahona. El primero se utiliza para exportar petróleo crudo; el segundo, madera, etc. Pero ambos lugares son utilizados principalmente por quienes intentan evadir el pago de aranceles.

Durante el tiempo en que la Compañía de Mejoras controló los ingresos aduaneros, sus gastos para funcionarios fueron de 30.000 dólares; para otros empleados, alrededor de 45.000 dólares; o, en total, alrededor de 75.000 dólares. Con el cronograma anterior, habría un ahorro de 18.000 dólares. Al dar estas cifras, las estoy haciendo de manera que quienes tienen la mayor responsabilidad reciban salarios remunerativos, ya que el costo de vida aquí se calcula sobre una base de oro y es mucho más alto que en los Estados Unidos.

PRESUPUESTO

Afirmé que el presupuesto durante la Administración Vásquez era de aproximadamente 2.000.000 de dólares; desde entonces he sabido que era de 1.600.000 dólares. Esto podría reducirse en 100.000 dólares, ya que el Gobierno no tendría que pagar a los jefes que ya he mencionado; no tendría que mantener un gran ejército permanente, ni mantener una armada, ya que, en primer lugar, en las ciudades se podría organizar una fuerza policial fuerte; en los distritos rurales, una guardia rural, como en Cuba, para mantener el orden y reprimir todos los intentos de revolución.

Como habría un buque de guerra estacionado en los principales puertos, no tendrían necesidad de una armada propia en cada lugar donde haya una aduana, durante los primeros uno o dos años se tendría que estacionar una guardia marina de unos 100 hombres o 700 en total. Esto solo tendría que mantenerse por un tiempo limitado hasta que el Gobierno controlara la situación y la gente se familiarizara con el cambio de esos asuntos (*).

(*) Esta correspondencia del Encargado de Negocios norteamericano, al Subsecretario de Estado Loomis, fechada el 5 de marzo de 1904, ofrecen una perspectiva de sus pretensiones en los asuntos dominicanos, que tenían como base legal los términos del Protocolo de enero de 1903, bajo los cuales se encontraban deliberando en Washington, desde mediados de noviembre, los jueces del Tribunal Arbitral, cuya Sentencia se pronunció cuatro meses después, el 14 de julio de 1904. (CDMM)

Continúa el Informe:

MEJORAS.

Bajo esta nueva condición, la emigración se dirigiría aquí, se construirían caminos entre las ciudades del interior y los ferrocarriles conectarían todas las partes de la República. Esto por sí solo desarrollaría los ricos recursos del país, como su valiosa madera; abriría los depósitos minerales del país en una medida que en la actualidad no se puede imaginar, y restauraría la República a la condición de sus primeros días cuando estaba bajo el control de España.

La mayor parte de esta riqueza mineral permanece sin descubrir y sin desarrollar; todo lo que se necesita es un gobierno estable que invite y no disuada al capital. Los pozos petrolíferos de la República se encuentran entre los mejores del mundo, pero han permanecido en estado natural simplemente porque nadie se siente seguro para invertir capital en su desarrollo en un país donde la revolución está al borde del abismo.

PAGO DEL DESTINO NACIONAL

Como ya les he dicho, es nuestro deber proteger a estas personas, nos guste o no; es una obligación que nos agobia a diario. Si no lo hacemos, algún país, cuando menos lo esperemos o cuando menos preparados estemos para resistir, impugnará nuestro derecho. Los gobiernos extranjeros no resistirán mucho más las súplicas de sus ciudadanos para el pago de las deudas ya aceptadas y que el Gobierno se ha comprometido a pagar en un plazo determinado, pero que no ha podido cumplir debido a la inestabilidad de la situación, que empeora constantemente año tras año. Este gobierno probablemente logrará establecerse, pero solo pasará un breve tiempo antes de que se produzca otra revolución para derrocar al Gobierno, motivado por los ingresos procedentes de alguna aduana o de algún jefe descontento que piense que el Gobierno no le ha pagado lo suficiente por su apoyo. Esto ocurrirá con seguridad a menos que intervengamos en los términos que les he indicado.

Además, tenemos un deber para con nuestros propios ciudadanos. En la actualidad, hemos enviado dos casos a arbitraje. En unos meses se emitirá una decisión, y en la situación actual del país no hay dinero ni siquiera para comenzar un pago parcial. También existen reclamaciones del mismo tipo de otros gobiernos que son anteriores al nuestro. Por lo tanto, es nuestro deber, perdónenme al decirlo, asegurarnos de que nuestros ciudadanos reciban su pago y, al mismo tiempo, preservar la dignidad nacional. Las reclamaciones, como usted sabe, ascienden a 6.000.000 de dólares o más: a la Compañía de Mejoras, 4.500.000 dólares; a la Sucesión De Sala: cantidad pendiente fuera de arbitraje, 500.000 dólares; en arbitraje, 300.900 dólares; al Sr. Puente, casi 800.000 dólares; y al Sr. Ros, una suma casi igual de grande.

Si el asunto se aborda según las líneas sugeridas, con unos ingresos aduaneros de 3.000.000 ο 4.000.000 de dólares y un presupuesto de 1.500.000 dólares, bajo la sabia gestión de nuestro Gobierno, en quince años se pagaría la deuda nacional, y en ese tiempo habríamos puesto orden en un estado desordenado y, al mismo tiempo, con un gasto mínimo para nuestro Gobierno. Durante este tiempo habremos consolidado la unión de este pueblo con nosotros, estableciendo nuestra autoridad en esta República y fortaleciendo las defensas nacionales de nuestro país, lo cual debería ser uno de nuestros primeros deberes.

RECLAMACIONES ACTUALIZADAS

Debido a las diversas revoluciones, existen muchas reclamaciones que deben considerarse, algunas de las cuales deben ser responsabilizadas por el Gobierno actual; otras, por gobiernos anteriores; y otras, nuevamente, que provienen puramente del saqueo y la destrucción de propiedades durante el conflicto actual. Muchas de estas reclamaciones son por sumas totalmente desproporcionadas con respecto a las pérdidas sufridas. Todas estas reclamaciones deben ser examinadas minuciosamente antes de realizar el pago; lo que sea justo debe ser entregado al reclamante, y esto solo puede ser determinado a través de una comisión imparcial. El Presidente me ha asegurado que está dispuesto a arrendar las bahías de Samaná y Manzanillo a nuestro Gobierno por el tiempo que nuestro Gobierno determine; que la cantidad a pagar debe ser retenida para pagar a los acreedores de la República. Además, quiere que los Estados Unidos administren sus aduanas.

W. F. POWELL.

Nota: El texto íntegro del “Proyecto de Acuerdo de Paz, Amistad y Reciprocidad” llevado por el ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez a Washington, con todas las propuestas hechas por gobierno dominicano al de los Estados Unidos, puede encontrarse en este blog. (CDMM)

Continúa el Informe:

HECHOS SIGNIFICATIVOS.

En febrero de 1904, el general Morales, presidente provisional, envió al general Sánchez, su ministro de Relaciones Exteriores, a Washington para hacer una oferta de arrendamiento de la bahía de Samaná a los Estados Unidos y sugerir que el Gobierno de los Estados Unidos asumiera algún tipo de protectorado sobre la República Dominicana. Las propuestas del general Sánchez no recibieron ningún apoyo. En este sentido, el siguiente telegrama del Sr. Powell, fechado el 18 de marzo, puede ser de considerable interés:

Se informa que el presidente de Haití ha enviado comisionados al presidente Morales para pedirle que rompa todas las relaciones con los Estados Unidos, amenazando con brindar asistencia activa a Jimenes en caso de negativo. El presidente haitiano desea que Morales se reúna con él en la bahía de Manzanillo.

El comandante del Hartford, con fecha de marzo, escribió al Departamento de Marina lo siguiente:

“Llegué a Montecristi el domingo y me reuní con Jimenes, quien desea la paz y sugiere que Estados Unidos intervenga para asegurarla. Para establecer relaciones similares a las que Cuba tiene con nosotros bajo la enmienda Platt. No considera necesario desembarcar una fuerza armada, sino un comisionado para transmitir nuestra determinación de asegurar elecciones justas”.

El contralmirante W. C. Wise, comandante del Escuadrón de Entrenamiento del Atlántico, que ha estado en aguas dominicanas durante varias semanas, refiriéndose a la conversación que tuvo con Jimenes en Montecristi, dice:

“Me aseguró que estaba de todo corazón a favor de cualquier acción mediante la cual se pudiera traer la paz a su país. Dijo que el presidente de Haití se había ofrecido recientemente a arbitrar, lo cual aceptó, y que la misma oferta se le había enviado a Morales; que había dos facciones amargamente hostiles entre sí, y que la única solución al asunto era que nuestro Gobierno interviniera y asegurara elecciones generales, nombrando gobernadores temporales en las provincias. Le expresé la absoluta necesidad de que nuestros intereses y todos los intereses extranjeros debían ser protegidos”.

El almirante Wise añade:

“Sin duda, ha llegado el momento en que nuestro Gobierno debe tomar medidas muy decididas en este asunto. En este sentido, deseo declarar que creo que la situación en la República Dominicana puede mantenerse bajo control y el statu quo puede conservarse, con la debida protección a los intereses estadounidenses por el momento, si el comandante Dillingham, del Detroit, se pusiera a cargo de esas aguas con quizás dos buques más pequeños para ayudarlo”.

Ha dedicado mucha reflexión y atención a los asuntos dominicanos, y su actuación en Puerto Plata y otros puntos donde ha tenido que tratar con ambas facciones armadas se ha caracterizado por el juicio, la justicia, la firmeza y la discreción. Me parece que es el hombre idóneo para el puesto. Creo que mi opinión es compartida por otros que lo conocen y que han tenido motivos para observar su trabajo en aguas dominicanas.

Adjunto una copia de una carta enviada por el capitán Dillingham, del Detroit, cuyo original fue encontrado en la Casa de Gobierno de Santo Domingo después de que Jiménez escapara y las fuerzas de Morales tomaran posesión, el 20 de enero. Está firmada por uno de los principales líderes de Jimenes:

Cuartel General del Gobierno Civil y Militar,

Montecristi, 18 de enero de 1904.

Juan I. Jimenes,

Jefe Supremo de la Revolución, Santiago.

Estimado don Juan:

He recibido su comunicación del 14 del presente mes y he tomado en consideración todos los puntos tratados en ella.

Estoy plenamente informado de todo lo que ha sucedido en Puerto Plata, y no debemos permitir que nos engañen, ni los estadounidenses ni nadie más; primero se debe permitir que el país perezca.

Envíen cañones a Puerto Plata y ordenen que la ciudad sea cañoneada, y distribuyan a sus hombres más valientes y desesperados a lo largo de las carreteras que se acercan a la ciudad. Para nosotros, esto es una cuestión de vida o muerte, y debemos continuar la lucha con fe, y no pierdas la esperanza. Haz tus arreglos de tal manera que te permitan esperar la llegada de municiones, que será muy pronto, y entonces veremos qué tan rápido las cosas dan otro giro.

Después de haber recapturado Puerto Plata, no debes mostrar consideración por nadie, y en cuanto a extranjeros como Charles Loinaz, a pesar de los cónsules y los estadounidenses, deben ser desterrados del país y nunca se les debe permitir regresar. Fortalece tu posición tanto como sea posible en Santiago y toma medidas enérgicas contra cualquiera que ponga obstáculos en tu camino. Me haré responsable de esta parte del país. Infunde ánimo a tus hombres y motívalos a luchar con voluntad y determinación, porque esto les ayuda mucho.

En ningún caso debemos permitir que el enemigo nos venza, ya que bien sabes cuál sería nuestro destino entre ellos. No tendríamos absolutamente ninguna garantía, como se te ha dicho claramente en tus comunicaciones personales, y es mucho mejor para nosotros morir luchando que tener que rendirnos. Prepara tu artillería para cañonear al enemigo si avanzan hacia ti. Ordena al fuerte de Puerto Plata que cañonee la ciudad y mira si puedes enviar a un hombre para interrumpir el cable para que no puedan comunicarse con las Islas Turcas.

Envía una fuerza por el camino de Pale Quemade y, en combinación con el fuerte, ataca al enemigo dentro de la ciudad.

Instruye a Andrés (Navarro) para que impulse activamente el cañoneo de la ciudad de Santo Domingo y dile que se mantenga firme, ya que los asuntos de hoy más que nunca necesitan una actitud decidida y resuelta, por lo que debe impulsar el asedio de la ciudad e intentar tomarla lo más rápido posible. Lo que se necesita es apuntar los cañones a todos los puntos de la ciudad; esto aterroriza al enemigo y hace que los cónsules y las familias privadas supliquen la rendición.

No pierdas la esperanza, pero usa tu cerebro. Ordena a tu gente que cuando el enemigo se acerque solo disparen salvas a quemarropa. Diles en el Fuerte de Puerto Plata que se mantengan firmes.

Ofrezca a las tropas que atacan Puerto Plata la licencia para saquear, y verá con qué gusto y satisfacción lo seguirán.

No pierda la fe ni por un solo momento, y siga adelante.

Siempre su amigo,

Firmado)

DESIDERIO ARIAS

Se llama la atención sobre la carta anterior debido a sus expresiones con respecto a los estadounidenses, los cónsules extranjeros y otros extranjeros.

Observación: Debajo de la carta del general Arias, el subsecretario Loomis llama la atención en lo que respecta a la mención de “extranjeros y norteamericanos”, pero éste en realidad se refería a comerciantes extranjeros residentes en Puerto Plata que habían colaborado con Morales desde el inicio de la revolución de La Unión que, como ya hemos visto, en su momento, en Puerto Plata no había fuerzas militares estadounidenses, y como se puede observar en el propio informe, los norteamericanos no tenían ningún interés de ayudarlo. (CDMM)

Continúa el Informe:

OTRA CARTA.

Una carta tardía del agente consular Reed de los Estados Unidos en San Pedro de Macorís arroja luz sobre las condiciones existentes en la República Dominicana. Con fecha del 21 de febrero de 1904, el Sr. E. C. Reed escribe:

“El viernes 19 de febrero, alrededor de las 5 p. m., la cañonera dominicana Presidente, con su buque auxiliar, el vapor costero Estrella, ancló frente a este puerto, aparentemente transportando un buen número de tropas. A las 9 p. m., el secretario del consejo municipal me visitó con una carta dirigida a los funcionarios consulares extranjeros residentes en este lugar, del comandante de la expedición a bordo del Presidente, el Sr. Román, Ministro del Interior del Gobierno Provisional, en la que nos informaba que había exigido la rendición de esta ciudad al general insurgente D. Rodríguez, y que en caso de que este se negara a su demanda, concedería seis horas de gracia para la evacuación de los no combatientes antes de comenzar a bombardear la ciudad. Solicitó nuestros buenos oficios ante el general Rodríguez para persuadirlo de que accediera a su demanda y así evitar cualquier derramamiento de sangre innecesario, etc.

“Como era imposible evacuar a todos los no combatientes durante seis horas de oscuridad, los funcionarios consulares de las diferentes nacionalidades residentes aquí acordaron solicitar una prórroga hasta el mediodía del sábado 20 para sacar a la gente de la ciudad, ya que el general Rodríguez se negó a cumplir con la solicitud del ministro. No dejé de señalarle al general Rodríguez que esta no era una ciudad fortificada y que un bombardeo a corta distancia por parte de la cañonera Presidente causaría una gran pérdida de vidas y bienes, especialmente a los extranjeros pacíficos, que comprendían dos tercios de los habitantes de este lugar; pero él fue sordo a todos los argumentos y súplicas y la carta fue enviada al comandante de la expedición, quien respondió que toda la prórroga que concedería era hasta el sábado 20 a las 8 a. m.

“A las 7:30 a. m. la mayor parte de la gente había abandonado la ciudad para ir al campo, y el Presidente y la Estrella entraron al puerto, donde anclaron a unos 1500 metros del muelle, y a las 8 a. m. en punto abrieron fuego contra la ciudad con cañones grandes y fusiles. Aunque el fuego de los cañones grandes y las armas pequeñas fue muy rápido —ciertamente más de cinco disparos por minuto durante tres horas— el daño fue pequeño, ya que aparentemente todos los disparos de los cañones grandes pasaron por encima de la ciudad hacia el campo; y cuando a las 11 a. m. el Estrella, repleto de hombres y con dos botes también llenos de hombres a remolque, zarpó hacia el muelle de la aduana para asaltar la ciudad. El comandante de la cañonera no había logrado despejar la zona de desembarco ni ajustar el alcance de sus cañones para proteger a sus tropas. Al llegar al final del muelle, los insurgentes se toparon con sus sólidas filas, que no solo impidieron el desembarco, sino que masacraron a los hombres en los botes como si fueran ovejas en un corral. Si bien el Estrella manejó su cañón de proa con gran eficacia, la falta de apoyo de los cañones del Presidente hizo que el intento de desembarco fracasara. En menos de diez minutos, la mitad de la fuerza de asalto había muerto, y el Estrella tuvo que regresar rápidamente para salvar a los supervivientes, sin que ningún soldado lograra desembarcar.

“Observando todo esto muy de cerca con unos potentes prismáticos marinos desde la veranda de mi casa, no pude evitar preguntarme por la estupidez del hombre al mando de la cañonera por no haber lanzado un solo proyectil frente a sus hombres para protegerlos. La Estrella, a su regreso a la cañonera, primero salió del puerto para deshacerse de los muertos, y a su regreso a la cañonera tomó a los heridos a bordo y navegó hacia la ciudad de Santo Domingo, continuando la cañonera el bombardeo hasta el atardecer, cuando se acordó un armisticio entre las fuerzas opuestas por tres horas, supuestamente para que los hombres descansaran, pero en realidad para permitir que el general Rodríguez recibiera un cañón pesado, que había solicitado la noche anterior. Por supuesto, es difícil obtener las cifras exactas de las pérdidas en ambos bandos, pero en una estimación moderada, el grupo asaltante debió haber perdido entre treinta y cuarenta hombres y los insurgentes entre veinticinco y treinta; entre estos últimos se encontraba el general insurgente Herrera, que recibió un disparo en la cabeza.

“El bombardeo del Presidente, completamente inútil, duró desde las 11 p. m. durante toda la noche, hasta las 7 a. m. del domingo 31, cuando el comandante de la cañonera, sin duda observando a los insurgentes ocupados en el montaje de un cañón pesado, abandonó su fondeadero y se dirigió mar adentro, cesando el fuego. Sin exagerar, ciertamente se dispararon durante las veintiún horas del enfrentamiento más de 10.000 tiros de todas las armas, pero el fuego fue terriblemente indiscriminado. Mi propia casa, aunque completamente fuera del alcance del fuego, fue alcanzada tres veces, al igual que muchas otras en esta punta, completamente fuera del alcance del fuego.

“Por supuesto, considerando la gran cantidad de munición gastada y la duración del fuego de ambos bandos, los daños son pequeños y en la ciudad recaen principalmente sobre la gente pobre. Del campo, donde se concentraron la mayoría de los disparos de los grandes cañones, todavía no he tenido noticias.

“En conclusión, me permito decir que esta guerra civil comenzó en octubre de 1903, y esta pequeña ciudad, no fortificada, y de la cual la mayoría de los habitantes son extranjeros, ha sido tomada y retomada tres veces ya y bombardeada dos veces desde entonces, siempre con pérdida de vidas y para gran desventaja y angustia de los ciudadanos estadounidenses, que poseen propiedades por un valor de entre seis y siete millones de dólares en un radio de dos millas de esta ciudad, y creo que es bastante duro que estas personas queden a merced de un general insurgente irresponsable, que lucha por un hombre que, por lo que puedo saber, ha abandonado la lucha y ha huido.

Me despido, etc.,

E. C. REED, Agente Consular de los Estados Unidos *

CONCLUSIÓN.

Puede ser necesario considerar, en el futuro, la cuestión del control de las aduanas. Esto podría hacerse en las condiciones actuales sin la ayuda del Ejército de los Estados Unidos, pero sería necesario mantener una guardia marina en cada puerto de entrada durante varios meses.

Sin embargo, es importante crear de inmediato un puesto diplomático independiente en la ciudad de Santo Domingo y ponerlo a cargo de un hombre discreto, experimentado y capaz. El Sr. Powell es necesario en Haití y creo que ha estado demasiado tiempo en la República Dominicana, aunque no pretendo que esta observación sea una reflexión sobre su conducta oficial o personal.

Observación: Es obvio que de esta recomendación surgió la designación de un Ministro, o Embajador norteamericano para la República Dominicana, ya que hasta el momento solo había un Encargado de Negocios, posición que desempeñaba William F. Powell, en adición a la de Ministro en Haití. En julio de 1904, luego de que el Tribunal Arbitral fallara, fue designado por primera vez un Ministro para República Dominicana, designación que recayó en Thomas L. Dawson. (CDMM)

Continúa el Informe.

Carta del Sr. Bass al Sr. Powell.

San Pedro de Macorís,

República Dominicana, diciembre de 1903.

SEÑOR: Permítame presentarle para su urgente y seria consideración las ideas aquí expresadas.

Este país se encuentra en vísperas de una lucha desesperada y sangrienta, y existe un peligro inminente no solo para los intereses de la propiedad, sino también para la seguridad personal, ya que hay un gran número de personas en los archivos de los desesperados líderes del partido.

No deseo ser considerado un alarmista, pero usted admitirá que mi larga residencia, mis extensas inversiones y mi estrecho contacto con todas las clases de los nativos, así como con el muy limitado elemento extranjero aquí, me brindan los medios para adquirir un conocimiento definitivo de las condiciones reales de este país. Usted, como ministro de los Estados Unidos, acaba de pasar por lo que puede haberle parecido una parodia de la guerra. Se trataba simplemente de la facción del Gobierno atrincherada en la ciudad y asediada a distancia durante casi un mes, prácticamente sin bajas. Los sitiadores tenían un único propósito: derrocar al Gobierno. Representaban una unidad temporal de facciones descontentas, que podían ponerse de acuerdo fácilmente en un curso de acción: con el pretexto de salvar al país, era necesario primero derrocar al Gobierno y luego decidir qué facción usurparía el control de las aduanas del país. La primera parte del programa se ha llevado a cabo, pero la segunda aún está por completarse.

El Gobierno ha sido derrocado y un supuesto Gobierno provisional ha tomado el control, y desafortunadamente este Gobierno provisional no está compuesto por ninguna facción lo suficientemente fuerte como para retener el poder contra, no la facción recién derrocada (el Gobierno Constitucional de los últimos tres meses), sino el resto de las facciones cuyos diversos líderes no pudieron llegar a la escena lo suficientemente pronto como para impedir que el hombre que encabezó el último levantamiento se asegurara el control inmediato de la capital bajo el disfraz de Presidente del Gobierno Provisional, que no es más que el mismo grupo que constituyó el Gobierno Revolucionario antes de la caída del último Gobierno bajo el General Gil. Los líderes destituidos proponen no esperar el resultado de ninguna supuesta elección popular, sino hacer que el control del Presidente Provisional sea un asunto muy breve. En otras palabras, el peligro inminente es que ahora se propongan luchar por quién será el Presidente Provisional; Los que están en el poder planean que Estados Unidos reconozca al Gobierno Provisional, como lo hizo durante el régimen del general Vásquez, y los demás reconocen que si Estados Unidos reconoce al Gobierno Provisional con su Presidente Provisional, las llamadas elecciones se retrasarán y sus perspectivas de tomar el control se volverán más remotas. Cualquier paso diplomático en este momento que tienda al reconocimiento del Gobierno Provisional por parte de Estados Unidos solo tiende a inflamar a los candidatos en espera y precipitar un levantamiento. La industria azucarera apenas está comenzando la cosecha y no podrá operar si se inicia una contienda fratricida durante los próximos meses, digamos, tres. El mundo no tiene idea de lo que los intereses estadounidenses en este país han tenido que pasar en los últimos años:

1. Estuvo el largo régimen del difunto presidente Heureaux;

2. El breve mandato del general Jiménez, quien reunió un Congreso durante su mandato, fue derrocado y ahora es candidato a la presidencia, ya sea electa o provisional;

3. Estuvo el breve mandato del general Horacio Vásquez, bajo cuyo nombre una poderosa facción respalda a ciertos candidatos para el control del país;

4. Estuvo el breve mandato del general A. Wos y Gil, cuya administración acaba de ser derrocada; y

5. Ahora está el actual Presidente Provisional, quien es candidato a la presidencia electiva o de otro tipo, y cuenta con un apoyo muy poderoso.

Hay al menos seis candidatos en el campo, que pueden formar tres parejas para Presidente y Vicepresidente, y forman, o encabezan, tres facciones distintas además de la facción recién depuesta. Ningún líder de facción puede unirse. Se espera un asunto a tres bandas y sangriento.

(a) Una facción controla la capital y este pacífico puerto industrial (Macorís) está encabezada por el Presidente Provisional, quien tiene todas las armas y municiones en la capital y cuenta con el apoyo de un amplio séquito, al que el patrocinio inmediato, aunque reconocido como temporal, naturalmente favorece.

(b) Existe la facción conocida como los seguidores del Gobierno que precedió al último derrocado. Se les conoce como los horacistas, aunque el propio general Horacio Vásquez está enfermo y ya no es capaz de entrar en acción. Este grupo se opone al general Jimenes, cuyo Gobierno fue derrocado recientemente y, al mismo tiempo, no se puede reconciliar con ninguna retención de poder por parte del Gobierno Provisional existente.

(c) Están los jimenistas regulares, o seguidores del general Jimenes. Esta es una facción poderosa. Declara abiertamente que, si Jimenes no se asegura la Presidencia, entrarán inmediatamente en acción. Esta facción se jacta de estar poderosamente armada y se encuentra en la parte noroeste del país, conocida como el distrito de Montecristi. Los líderes y lugartenientes de las diversas facciones son hombres decididos, y sus seguidores están bien armados con armas y municiones modernas, distribuidas generosamente tanto por el gobierno anterior como por los líderes del reciente levantamiento, y que no fueron recogidas antes de la disolución de las diversas fuerzas por el Gobierno Provisional existente. Como nadie pagaba a las tropas, a cada hombre no se le podía negar el permiso para llevarse su rifle a casa, junto con toda la munición que pudiera llevar. Estos rifles no son armas anticuadas, sino Remingtons, carabinas Mauser y Remington-Mausers (el arma más reciente introducida en estos países, que es una carabina Remington que lleva un cartucho Mauser regular). Los poseedores de estas armas están listos para entrar en acción en cualquier momento y están eufóricos por el reciente triunfo de haber derrocado al Gobierno. No les interesa ninguna otra idea que no sea haber demostrado que pueden derrocar al Gobierno, y están listos y esperando para probar que pueden repetir la hazaña cuando se les requiera. En este momento no se preocupan por el trabajo, sino que descansan tras la reciente campaña y esperan volver al campo de batalla; saben bien que hay varios candidatos a la Presidencia y que pronto serán llamados a entrar en acción. Si ustedes, desde fuera, preguntan qué compensación obtienen, puedo afirmar con toda sinceridad: la oportunidad de adquirir un título militar superior al que acaban de obtener; por ejemplo, una campaña de derrocamiento del Gobierno otorga el grado de capitán; dos, el de coronel; tres, el de comandante; y cuatro, el de general.

El último intento de derrocar al gobierno limitó sus operaciones a:

(a) Asediar y disparar contra el fuerte de Puerto Plata.

(b) Asediar y disparar contra el fuerte de la ciudad interior de Santiago.

(c) Asediar y disparar contra el puerto marítimo y la capital (Ciudad de Santo Domingo).

(d) El bombardeo de Macorís, después de su abandono por el buque de guerra del Gobierno.

En cada caso, el Gobierno se rindió y las pérdidas fueron leves. En el resto del país no hubo indicios de disturbios y todo permaneció en un estado de paz y orden absolutos, debido a que simplemente estaban ocupados en derrocar al Gobierno y aún no habían comenzado la tarea de elegir un Presidente; porque en este país, como saben, el Presidente y sus amigos constituyen el Gobierno.

Con toda seriedad, deseo comunicarles que hay muchas razones para esperar, no mensualmente, ni semanalmente, sino diariamente, que de media docena de localidades dispersas surgirán a la vez bandas armadas, cada una encabezada por su jefe local, y cada una vitoreando a alguna facción y al mismo tiempo dedicada a lo que consideran una tarea fácil: el derrocamiento del Gobierno Provisional, pues a estas personas les es indiferente si se trata de un Gobierno Provisional o Constitucional el que se va a derrocar. Cuando dos de estas bandas se encuentran, habrá problemas, y los problemas no se limitarán a una sola localidad. Las bandas armadas deben saquear; el saqueo provoca el pillaje; el pillaje, el incendio y el asesinato a todos los que se cruzan en su camino. Para demostrar que quienquiera que sea el gobernador de este distrito no puede mantener el orden, se prenden fuegos a los campos de caña de azúcar de las diversas fincas (cinco veces la semana pasada en una finca cercana a aquí); y mientras escribo, me llega la noticia de que los campos de una compañía agrícola estadounidense, en otra finca, fueron incendiados, pero afortunadamente los daños fueron mínimos.

La situación financiera de este país es, como saben, de una bancarrota desesperada; por lo tanto, quienquiera que en el futuro logre agregar su nombre a la lista de presidentes, provisionales o constitucionales, no va a obtener ingresos suficientes para sufragar los gastos ordinarios de mantener la ley y el orden y de pacificar a sus seguidores, y mucho menos para satisfacer las deudas públicas, y todos los seguidores insatisfechos se unirán rápidamente a la gran masa de aquellos listos para ser liderados para demostrar una vez más que pueden derrocar a cualquier gobierno.

Durante el reciente movimiento para derrocar al Gobierno, las potencias extranjeras tardaron en disponer de buques de guerra para preservar el orden. No fue hasta que usted y los demás representantes diplomáticos estuvieron atrapados durante días en la capital que los acontecimientos, sin estar controlados en absoluto por ninguna disposición adoptada con antelación, permitieron el tendido de cables para los buques de guerra. ¿No fue acaso una visita fortuita de un buque de guerra francés al puerto de Santo Domingo lo que hizo posible la comunicación con el resto del mundo y trajo primero los buques alemanes desde Santo Tomás y, finalmente, los buques de guerra estadounidenses?

Entiendo perfectamente que el Gobierno de los Estados Unidos no puede enviar un buque de guerra a este país con tan solo una hora de aviso, y que uno tarda varios días en llegar una vez que parte; pero este país es realmente pequeño, y lo que un nativo puede hacer en cuatro días es precisamente lo que se debe evitar. El gobierno anterior, mediante su decreto de bloqueo, interfirió con la navegación alemana y estadounidense, y posteriormente se dispuso de buques de guerra para escoltar a los respectivos vapores de ambas naciones. En el próximo conflicto no habrá ninguna cuestión de bloqueo y, en consecuencia, no habrá una necesidad aparente de protección, pero el autor y muchos otros albergan ideas completamente contrarias. Existe un grave peligro inminente, aunque el problema real aún está por venir.

Sabes que el único medio de comunicación por cable desde la capital al mundo exterior es mediante un telégrafo terrestre que cruza el país y está a merced de cualquier persona a través de los bosques sin caminos. Cuando tenga lugar el próximo levantamiento, los del interior cortarán rápidamente los cables.

Lo que es, en mi humilde opinión, y compartido por todos los que tienen intereses aquí con quienes he conversado recientemente, lo más necesario de inmediato es que Estados Unidos, u otra potencia o combinación de potencias, mantenga al menos tres buques de guerra en la costa de este volcán político hasta que el estado actual de caos real se haya enderezado. La mera presencia de estos buques de guerra bastaría para prevenir una guerra fratricida activa; porque, como se ha dicho, el posible estallido no es una revolución que opere contra un gobierno establecido, sino que será una contienda de facciones sobre qué partido de tres o más, por la fuerza de las armas, se asegurará el control. En la actualidad, los líderes de las diversas facciones claman a viva voz por la armonía, la unión y la paz. La paz es, después del dinero, lo único que se desea; Porque es, a la vista de los propios nativos, casi inalcanzable. Un buque de guerra debería estar estacionado en Puerto Plata. Desde allí podría controlar ese importante puerto marítimo, la ciudad vecina de Santiago y el cercano puerto de Montecristi.

Un buque de guerra debería estar estacionado en la cabecera de la Bahía de Samaná, en el puerto de Sánchez. Esta es la salida del ferrocarril que va desde el puerto, valle arriba hacia el oeste, hacia el interior.

Un buque de guerra debería estar estacionado en la capital, Santo Domingo, para vigilar Azua, la ciudad y el cercano puerto de Macorís. Este último puerto tiene más de 5.000.000 de dólares de capital estadounidense invertido en plantaciones de azúcar a una distancia de 16 kilómetros del puerto y cuenta con muchos residentes estadounidenses. Estas inversiones requieren orden para su preservación y paz para su funcionamiento.

El autor es muy consciente de que Estados Unidos no tiene intención de anexar esta República; pero debe saber que los diversos líderes de las facciones se aprovechan de los sentimientos de sus seguidores y mantienen un fuerte sentimiento antiestadounidense, peligroso tanto para la vida como para la propiedad en un momento de levantamiento como el que se experimenta a diario. En este asunto de incitar sentimientos antiestadounidenses, los comerciantes residentes europeos no están exentos de ejercer su influencia silenciosa y constante, ya que los frecuentes cambios de gobierno brindan oportunidades para préstamos exorbitantes y descuentos en los aranceles aduaneros.

No existe una «enmienda Platt» para Santo Domingo. No hay nada que impulse a los nativos a dudar antes de seguir sus impulsos más destructivos y sanguinarios. Usted sabe bien que el buque de guerra del gobierno constitucionalmente establecido bombardeó deliberadamente esta ciudad portuaria indefensa de Macorís con solo dos horas y media de aviso y sin ningún intento de desembarcar fuerzas ni antes ni después del bombardeo; además de que si no se produjeron más daños, se debió únicamente a la mala puntería de la cañonera. Esto no disminuye en absoluto la afrenta cometida contra una comunidad civilizada, y se entiende por los nativos que los representantes de las potencias extranjeras no reprocharon ni reprocharon al gobierno que lo hizo, ni a su sucesor, el provisional. Por el contrario, se sabe que el incidente se consideró a la ligera, ya que los daños fueron leves y no se sacrificaron vidas humanas. Los estadounidenses aquí están convencidos de que usted está familiarizado en gran medida con lo expresado anteriormente, y actualmente están muy preocupados por las perspectivas.

Dos preguntas los confrontan:

1. ¿Merecen los agentes de vanguardia del comercio y la industria estadounidenses en este país una protección personal y patrimonial oportuna, o pierden todo derecho a una protección adecuada cuando invierten su capital en un país cercano, aunque extranjero?

2. ¿Deben sacrificarse primero dichos estadounidenses y sus intereses para garantizar el envío de buques de guerra a estas costas para presentar reclamaciones contra un país en bancarrota en interés de los herederos de los sacrificados y los cesionarios de empresas arruinadas?

El momento actual no es el momento para considerar diplomáticamente si el Gobierno Provisional va a reconocer alguna reclamación pecuniaria y a idear medios para su resolución. Tampoco es el momento de considerar ideas relativas a la adquisición de la Bahía de Samaná por parte del Gobierno de los Estados Unidos para anticipar cualquier designio europeo. La restauración y el mantenimiento inmediatos del orden son la consideración primordial; pues todos los intentos de cobrar reclamaciones extranjeras que aumentan diariamente son infructuosos si no se permite que la industria y el comercio continúen y no se permite que las aduanas (la única fuente de ingresos públicos, así como los impulsos de la contienda política) generen ingresos.

Ahora es el momento de ubicar al menos tres buques de guerra en la costa y anunciar a las facciones contendientes que, aunque no existe la enmienda Platt, ante el primer uso indiscriminado de armas de fuego, el orden será mantenido por la fuerza extranjera hasta que los nativos hayan decidido qué candidato será el Presidente y qué facción controlará el Gobierno, y que, mientras tanto, se debe permitir que las industrias modernas continúen operando y que la vida y la propiedad sean respetadas. Muchos de los nativos líderes que pueden permitírselo se están preparando para abandonar el país, mientras que otros que no están en esas circunstancias confiesan que el país ha llegado a esa etapa en la que «el país es ingobernable».

Sobre usted, señor Ministro, recae una enorme responsabilidad en este momento. Como representante diplomático de los Estados Unidos, muchos de cuyos ciudadanos tienen grandes inversiones de capital aquí, sus familias y empleados estadounidenses, se espera que tome las precauciones necesarias para evitar un derramamiento de sangre innecesario entre los nativos y quizás entre elementos extranjeros.

El presente le es presentado respetuosamente con toda seriedad y respeto. Si alguna expresión puede interpretarse como una falta de respeto u ofensa, esa no ha sido mi intención y le ruego que la pase por alto.

Un peligro muy grave amenaza mis grandes intereses en este país. Si se produce el brote, las plantaciones de azúcar no se podrán cosechar. Si no se cosechan, habrá muchos estadounidenses arruinados, ya que ninguna plantación de azúcar podrá volver a operar con un reclamo contra este Gobierno como su capital de trabajo.

Una vez que se produzca el brote, la llegada de buques de guerra no nos servirá de nada; habremos sido arruinados en la tierra de Mañana por la demora extranjera.

Atentamente,

WM. L. BASS.

Al Honorable WM. F. POWELL, Ministro de los Estados Unidos,

Ciudad de Santo Domingo.

ANEXO B. [Traducción.]

EMBAJADA DE LA REPÚBLICA FRANCESA EN LOS ESTADOS UNIDOS,

Washington, 8 de junio de 1903

Señor SECRETARIO DE ESTADO: Mi Gobierno, habiendo recibido comunicación del acuerdo firmado el 31 de enero pasado en Santo Domingo entre el Gobierno de los Estados Unidos y el de la República Dominicana, con el propósito de someter a arbitraje ciertas cuestiones relativas al pago, por este último país, de una suma en liquidación del reclamo de la San Domingo Improvement Company, de Nueva York, ha tenido que considerar las consecuencias que podrían resultar de dicho acuerdo en relación con los derechos preexistentes de los tenedores franceses de valores dominicanos.

Ellos, junto con los tenedores belgas, de hecho, han concluido con la República Dominicana un convenio, con fecha del 3 de junio de 1901, en virtud del cual los derechos de aduana recaudados en los puertos de Santo Domingo y Macorís se reservan expresamente como garantía del pago de la deuda externa dominicana

El Gobierno dominicano ha enajenado, a favor de los tenedores de bonos franceses, esa parte de sus ingresos, y por lo tanto dicha parte no puede desviarse de su destino original a favor de otros acreedores. Para disipar cualquier malentendido sobre este punto y evitar toda dificultad, he recibido instrucciones de recordar al Gobierno Federal la existencia de un convenio, firmado hace dos años, que sanciona los derechos que tienen los tenedores franceses de valores dominicanos sobre los ingresos aduaneros de los puertos de Santo Domingo y Macorís.

Debo añadir, a efectos prácticos, que, aparte del monto adeudado a los tenedores franceses de los valores dominicanos, existen otras reclamaciones de indemnización, en particular las presentadas por la Compagnie Française des Cables Telégraphiques, por las pérdidas que sufrió a causa de los acontecimientos revolucionarios, especialmente los de 1899-1902, que son tales, tanto por su origen como por su antigüedad, que requieren una pronta resolución. Las partes interesadas han tomado medidas a tal efecto con el Gobierno de la República Dominicana

Me complace aceptar, etc.,

Jusserand

ANEXO C.

Asociación Nacional de Titulares Franceses de Valores Extranjeros,

5 Rue Gaillon.

Comité de Defensa de los Titulares de Bonos Dominicanos.

París, 1 de febrero de 1903.

El cupón que vence en abril de 1902, de la deuda exterior dominicana con sello, está a punto de ser pagado por el Crédito Lyonnais, a razón de 3,85 francos por bono de 20 libras, según el anuncio que se realiza a continuación.

Creemos que será útil dar a los tenedores de bonos algunas explicaciones sobre la demora en este pago y sobre los hechos que han ocurrido desde la aprobación por el Congreso Dominicano del acuerdo concluido en París y Amberes, en el mes de junio de 1901, entre el delegado del Gobierno Dominicano y los representantes de los tenedores de bonos. Cuando ese acuerdo se hizo ejecutable, la Asociación Nacional se encargó del nombramiento del agente francés en Santo Domingo. La importancia de la elección a realizar era aún mayor porque había que organizar un «control» financiero sobre bases completamente nuevas.

A nuestra solicitud, el Ministro de Relaciones Exteriores estuvo dispuesto a autorizar a un funcionario de su Departamento, el Sr. Maurice Charpentier, a aceptar el cargo de delegado de los tenedores franceses, y el Sr. Charpentier, habiendo ejercido sucesivamente las funciones de canciller y vicecónsul en Santo Domingo, estaba bien cualificado para inspirar confianza. Se trasladó a su puesto en Santo Domingo en el mes de abril pasado.

En ese momento, el Gobierno dominicano aún no había realizado ninguna remesa al agente general belga, quien había estado actuando desde el mes de noviembre.

La revolución que derrocó al presidente Jiménez en el mes de mayo, llevando al poder al general Vásquez, fue una razón o un pretexto para que el Gobierno de Santo Domingo retrasara la ejecución de sus compromisos, y fue solo a principios de julio de 1902 que los primeros recibos de los agentes de los tenedores de bonos se depositaron en los bancos de Europa.

Las remesas del Gobierno se realizaron después con extrema lentitud, ya sea debido a los acontecimientos políticos de los que la República Dominicana ha sido escenario y que tuvieron un efecto inmediato en la situación financiera, o debido a las incesantes dificultades que han rodeado a los agentes en la ejecución de su tarea.

Debemos referirnos en particular a un incidente importante cuya resolución aún está en suspenso.

El 21 de junio pasado, el Ministro de Hacienda promulgó un decreto por cuyos términos otorgó a la deuda interna un «apartado», o garantía privilegiada del 5 por ciento, a cobrar sobre el monto de los aranceles en la capital. Esta medida constituyó una violación formal del acuerdo de 19ot, que otorgaba a los tenedores de la deuda externa la totalidad de los aranceles producidos por el puerto de la ciudad de Santo Domingo, con la única reserva de los «apartados» creados antes de que se realizara el acuerdo (art. 2). La Asociación Nacional, de acuerdo con el comité de Amberes, dirigió inmediatamente una protesta conjunta al Gobierno dominicano contra esta violación de sus derechos.

El Gobierno dominicano nos propuso entonces que nos sometiéramos a arbitraje, lo cual rechazamos, creyendo que una infracción tan flagrante de los fundamentos de nuestro contrato no podía dar lugar a ninguna cuestión de interpretación sobre la cual pudiera celebrarse un arbitraje

El ministro tuvo que ceder ante las pruebas y prometió retirar su decreto. En caso de que no se haga con prontitud, de acuerdo con esa promesa cuyo cumplimiento aún esperamos, la Asociación Nacional no dejará de renovar su reclamo solicitando intervención diplomática.

El total de las remesas recibidas por los agentes de los tenedores de bonos desde el 1 de octubre de 1901 hasta el 30 de noviembre de 1902 ascendió a 125.056 dólares, mientras que, según los términos del acuerdo, las remesas deberían haber alcanzado un mínimo de 350.000 dólares (1.800.000 francos) durante ese período de catorce meses.

El 30 de noviembre pasado, en los bancos de Europa, a crédito de la cuenta del cupón de abril de 1902, había una suma de 113.392 dólares, que había producido 573.870 francos Por lo tanto, en ese momento faltaban más de 150.000 francos para que se pudiera iniciar el pago, y se preveían nuevos retrasos. Habiendo el Gobierno dominicano propuesto entonces a los comités transferir al crédito del cupón de abril de 1902 las sumas depositadas en Europa para la compra (reembolso) de los cupones atrasados, digamos, unos 110.000 francos, los comités pensaron, en vista del retraso cada vez mayor en el pago de las remesas, que era en interés de los tenedores de bonos aceptar esa propuesta para acelerar la distribución del cupón; pero se estipuló formalmente que los fondos para la adquisición de los cupones atrasados ​​se obtendrían nuevamente de los primeros ingresos que llegaran después de este pago del cupón.

Hemos estimado que el monto mínimo de las remesas semestrales, según los términos del acuerdo, es de $145,000 (dado que los gastos de la agencia en Santo Domingo están en mora durante medio año), por lo que podemos tomar como base para la distribución una suma de 725,000 francos, que corresponde a $145,000 al tipo de cambio de 5 francos.

Tan pronto como los depósitos en los bancos europeos encargados del servicio de la deuda alcanzaron esta cifra, los comités acordaron con el agente financiero del Gobierno dominicano en Europa y con estos bancos proceder al pago del cupón, cuyo monto, después de deducir los gastos de la operación, se fijó en 3.85 francos.

Las últimas noticias que hemos recibido no nos permiten contar con la regularidad de los pagos por parte del Gobierno dominicano; por lo tanto, los agentes tendrán que redoblar sus esfuerzos para asegurar la ejecución del acuerdo de 1901. Los tenedores de bonos pueden estar seguros de que la Asociación Nacional defenderá sus derechos y apoyará a sus representantes en el cumplimiento de su tarea con todos los medios a su alcance.

Acepte la seguridad de nuestra distinguida consideración.

(Por la Asociación) TONY CHAUVIN,

                                                   Director.

                                 ——————————————————-

AGENCIA FINANCIERA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA EN EUROPA, (Servicio de la Deuda Unificada Exterior – Sellada 1901)

El cupón N.° 16 de los bonos del antiguo préstamo dominicano, del 2 3/4 (4 % diferido), y el cupón N.° 17 del antiguo préstamo dominicano, franco-estadounidense reclamado por los cónsules, serán pagaderos a partir del 9 de febrero de 1903, a razón de 3,85 francos para los bonos de £20  y 19,25 francos para los bonos de £100.

En el Credit Lyonnais, Boulevard des Italiens, París.

En el Crédito Lyonnais, 40 Lombard Street, Londres, E. C.

En el Banque d’Anvers, Amberes.

En el Banque de Paris, et de Pays Bas, Bruselas y Amsterdam.

LUCAS T. GIBBS,

Agente Fiscal del Gobierno Dominicano en Europa.

Destruyó Villa Duarte y fue Condecorado. (Análisis y Réplica).

Introducción:

A propósito de leyendas urbanas y cuentos de camino en la historia dominicana, el título corresponde a una versión recreada de manera libre sobre el bombardeo a Pajarito (Villa Duarte), relativa a un episodio ocurrido en Santo Domingo el 11 de febrero de 1904, que ha sido escrita bajo el título que encabeza este artículo, también copiada en términos idénticos por otro autor y que, en consecuencia, contiene los mismos errores. Otros la han copiado en las redes en los mismos términos y con escasa diferencia, bajo el título: “La Primera Intervención Militar Norteamericana en R. D”, como de su autoría.

Contexto de los hechos:

Apenas un mes y medio después de iniciarse la guerra de La Desunión, durante el Gobierno Provisional de Carlos F. Morales Languasco, ocurrió que disidentes del Gobierno que mantenían sitiada la Capital, el 1 de febrero de 1904 dispararon e hirieron de muerte, mientras caminaba por el muelle, al sargento norteamericano J. G. Johnston, maquinista del buque de Guerra “Yankee” que se encontraba atracado en el puerto. 

Observación: A partir de la firma del «Protocolo de Enero de 1903», suscrito entre el gobierno provisional de Horacio Vásquez y el de Estados Unidos, hubo presencia de buques de guerra norteamericanos en los puertos aduaneros dominicanos amparados en los términos de dicho Acuerdo.

Una semana después de aquel episodio llegaron a Santo Domingo los cruceros USS Columbia (el 8 de febrero), bajo el mando del capitán James M. Miller y el USS Newark comandado por Richard Wainwright (el 10 de febrero). Al día siguiente (11), mientras una lancha despachada por el Columbia custodiaba el buque mercante New York, de la compañía norteamericana Clyde, hacia el muelle por la ría del Ozama, los revolucionarios volvieron a disparar desde el sitio de Pajarito (Villa Duarte) hacia dichas naves, creando un conflicto que, como respuesta inmediata, derivó en un bombardeo combinado de los precitados cruceros sobre el lugar desde donde los rebeldes habían disparado.

Luego del bombardeo los marines norteamericanos desembarcaron y dispararon en Pajarito (no se reportaron víctimas mortales). Luego regresaron a sus buques pocas horas después, mientras que los revolucionarios se habían retirado (a caballo) hacia la Cruz de Mendoza, distante a unos cuatro (4) kilómetros del lugar.

Como veremos, hay autores, exponentes de esa cultura de hacer malabares con algunos episodios de la historia, recreando los hechos a su manera, escribiendo sobre cualquier rumor o artículo ligero que hayan leído, sin hacer las mínimas investigaciones de rigor, como queriendo convertir la historia en leyenda urbana o en cuento de camino. 

Como ejemplo vamos a citar dos artículos escritos sobre el tema “Bombardeo a Pajarito”, que es conocido en inglés en la web como “Santo Domingo Affair”, el primero escrito por José́ C. Novas el 20 de septiembre de 2011 con el titulo: “Destruyó a Villa Duarte y fue condecorado” y, el segundo, escrito por el periodista Santiago Estrella Veloz el 2 de mayo de 2012, aproximadamente ocho meses después, que es similar textualmente al primero en un 80%; y en un 100% respecto a los errores, que señalamos numerados entre paréntesis, con las respectivas observaciones al final del artículo, (ambos artículos se encuentran en las redes).

                                                     La Administración.

A continuación el artículo en cuestión:

“Destruyó Villa Duarte y fue condecorado”.

Martes 20 de septiembre de 2011. Por José C. Novas (El autor es comunicador e historiador. Reside en EEUU.) 

Es un populoso sector de la capital dominicana al Este del río Ozama se denomina Villa Duarte en honor al fundador de la República Juan Pablo Duarte, originalmente le llamaban Pajarito; desde los tiempos coloniales sus colinas fueron testigo de proezas patrióticas o desmanes de los imperios, que con sus lanzas, en ocasiones herían el corazón de la ciudad de Santo Domingo, primada de América. 

Una de esas lamentables acciones ocurrió en el 11 de Febrero de 1904 cuando Villa Duarte fue atacada por el buque de guerra de Estados Unidos «USS Olympia»(1) que penetró la desembocadura del río Ozama y bombardeó varias horas la zona mientras trescientos marines desembarcaron y violaron la soberanía, causando destrucción y decenas de muertos. La razón del ataque fue la muerte del soldado norteamericano J. G. Johnson, que siguiendo órdenes superiores, condujo el remolcador de guerra «USS Yankee» a la ría del Ozama en misión de protección de un barco comercial de su país (2)

Era entonces Presidente de la República, Carlos Morales Languasco y la capital llevaba dos meses en estado de sitio, debido a las diferencias entre horacistas y jimenistas, después que se unieron para llevarlo el poder, los bolos le exigían al gobernante su cuota en el gobierno (3). El cerco produjo una escasez tal en la capital, que el Presidente Morales solicitó a las fuerzas navales de Estados Unidos intervenir para descargar provisiones a fin de suplir la población (4); los jimenistas atrincherados en Pajarito abrieron fuego contra el «USS Yankee» y mataron al operador Johnson (5)

La reacción no se hizo esperar, el vicealmirante Charles Sigsbee (6), comandante de la flota naval en aguas dominicanas, ordenó al capitán James V. Miller del «USS Olympia»(7) bombardear sobre Villa Duarte, mientras el «Newark» y el «Columbia» se acercaron a la costa produciéndose el desembarco; los marines atacaron a los rebeldes, que huyeron en estampida, los revoltosos fueron perseguidos hasta el municipio de Guerra (8), donde fue capturado uno de sus comandantes, el general jimenista Nicolás Arias (Manasa) que fue ejecutado en aquel municipio. 

Por estas acciones el vicealmirante Charles Sigsbee fue objeto de grandes reconocimientos por la administración Morales, que lo condecoró y luego fue el invitado de honor a los festejos del día de la Independencia Nacional el 27 de Febrero 1904 (9). Para derramar la copa, el vicealmirante fue llevado a la Catedral Primada a escuchar un responso en honor al prócer Francisco del Rosario Sánchez, cuyos restos fueron traídos desde San Juan de la Maguana y depositados en la Catedral por disposición del gobierno (10). Me imagino como habrían saltado los huesos del héroe dentro de aquella tumba, si los muertos supieran de lo que son capaces los vivos, a nombre del entreguismo y la sumisión.

(Fin del articulo). 

Nuestras observaciones: 

(1) El crucero Olympia no se encontraba en Santo Domingo en esa fecha (11 de febrero de 1904). Los cruceros que participaron en esa acción fueron el USS Columbia, comandado por James M. Miller, que llego el día 8 de febrero al puerto de Santo Domingo; y el USS Newark, que llegó el día 10, comandado por el capitán Richard Wainwright, quien tenía entonces funciones interinas como comandante de la Escuadra del Atlántico Sur, también citada como «Flota del Caribe». Ambos buques habían sido enviados a Santo Domingo para hacer un escarmiento por la muerte del sargento Johnston diez días antes, el 1 de febrero. El USS Newark estaba a cargo del comandante de la referida flota por ser el buque insignia de esa división naval de los Estados Unidos. Aunque el lugar donde se encontraban los rebeldes fue bombardeado por ambos buques y luego hubo disparos de armas livianas, no se reportaron víctimas mortales.

(2) El autor dice que “la razón del ataque fue la muerte del soldado norteamericano J. G. Johnson, que siguiendo órdenes superiores, condujo el remolcador de guerra «USS Yankee» a la ría del Ozama en misión de protección de un barco comercial de su país”. Sin embargo, el sargento norteamericano Johnston, jefe de máquina de la cañonera «USS Yankee», fue herido de muerte por una bala disparada por los mismos rebeldes, desde pajarito, diez días antes mientras caminaba por el muelle el 1 de febrero de 1904. Una lancha con tripulantes del USS Columbia era la unidad naval que el día 11 de febrero navegaba por la ría del Ozama escoltando hacia el muelle al buque mercante New York, cuando los rebeldes les dispararon desde Pajarito provocando la reacción de los cruceros pesados norteamericanos USS Columbia y USS Newark (en la acción no participó la cañonera USS Yankee). El «Informe Wainwright» suscrito por el capitán Richard Wainwright, quien comandaba el USS Newark por ser entonces el comandante (interino) de la Flota del Atlántico Sur, fue el reporte oficial sobre el Conflicto de Santo Domingo (Santo Domingo Affair), el cual fue publicado el 26 de febrero de 1904 por el periódico «Allegancy County Reporter» de Wellsville, New York, como noticia a dos columnas con el título: «Landing Of Marines» (Desembarco de Marinos). El informe Wainwright se encuentra íntegro en este blog (incluida la imagen original del periódico en inglés).

(3) El 11 de febrero de 1904 los bolos (jimenistas) no exigían una cuota de poder al Presidente, desde mediados de diciembre de 1903 se habían levantado en armas contra el gobierno del movimiento de La Unión (presidido provisionalmente por Morales) del que hasta entonces ellos habían formado parte y querían derrocarlo, al enterarse de que los horacistas habían decidido postular a Morales para la Presidencia de la República con miras a las elecciones que habían sido fijadas para los días 16 y 17 del mes de enero de 1904, después de que Juan Isidro Jimenes hubiera anunciado su candidatura. Desde entonces hubo guerra en todo el país y mantenían bajo asedio la ciudad de Santo Domingo.

(4) El Gobierno de Morales no solicitó ayuda a las fuerzas navales de los Estados Unidos, todo lo contrario, en fecha 21 de enero de 1904 el ministro de Relaciones Exteriores dominicano remitió una comunicación al Encargado de Negocios de los Estados Unidos en respuesta a una nota que éste le había enviado (No. 425), en la que informaba que los buques mercantes norteamericanos serían custodiados hacia el puerto por marinos del buque de guerra USS Newport, a lo que dicho ministro respondió que el Gobierno declinaba el ofrecimiento de que militares norteamericanos custodiaran los buques mercantes que se dirigieran por la ría del Ozama hacia el muelle, a la vez que le informaba que el Gobierno disponía de personal para custodiar los buques mercantes que entraran al puerto. Dicha comunicación reposa en el Archivo General de la Nación con la referencia: “AGN. Ministerio de Relaciones Exteriores. Libro No. 54 de 1905. pág. 278”, (Ver Documentos del Gobierno de Carlos F. Morales Languasco, Pag. # 36). Luego, ¿Cómo se explica que tras esa negativa, días después el Gobierno solicitara a las fuerzas navales de Estados Unidos intervenir para que sus buques de guerra custodiaran los mercantes por la ría hacia el puerto? 

(5) El autor sostiene y manifiesta una confusión importante sobre los hechos, cuando dice que “los jimenistas atrincherados en Pajarito abrieron fuego contra el «USS Yankee» y mataron al operador Johnson”, agregando que la reacción inmediata de los buques de guerra norteamericanos no se hizo esperar ordenando el bombardeo, como si la muerte del sargento Johnston, del USS Yankee (1 de febrero) y los disparos hechos por los revolucionarios al mercante New York y a la lancha del USS Columbia, que lo custodiaba (no al USS Yankee), que generaron el bombardeo a Pajarito (11 de febrero), hubieran ocurrido el mismo día.

(6) Para la fecha del incidente (11-02-1904) el contralmirante Charles D. Sigsbee prestaba servicios en Filadelfia donde dirigía los astilleros de “League Island Navy Yard”. Había sido designado en esa posición en julio de 1903, donde sirvió́ durante un año, allí́ fue ascendido al rango de Contralmirante en agosto de ese mismo año. En la ocasión del bombardeo a Pajarito, el Jefe (interino) de la Flota del Caribe y capitán del USS Newark, era el Comodoro Richard Wainwright (ver el “Informe Wainwright sobre el Santo Domingo Affair”). El nombre del Contralmirante Charles Sigsbee aparece en República Dominicana en julio de 1904, luego del fallo del Tribunal Arbitral que se conoce como el «Laudo Arbitral», consecuencia del Protocolo de enero de 1903 suscrito por el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos. 

(7) James M. Miller comandaba el USS Columbia; el USS Olympia no estaba presente en ese escenario. (Ver “El Asunto de Santo Domingo», o «Santo Domingo Affair 1904”).

(8) Los rebeldes (a caballo) no fueron perseguidos por los invasores (a pie) hasta el municipio de Guerra, como tampoco Nicolás Arias (a) Manasa fue fusilado por los norteamericanos en el poblado de Guerra. Manasa no murió en esa fecha, ni en ese lugar. Dicho poblado se encuentra a más de 20 kilómetros de Pajarito y las acciones en tierra, de los norteamericanos, solo se limitaron al bombardeo y desembarco en la ribera del río, en Pajarito. Las acciones tuvieron efecto entre las 3:45 y las 5:30 p.m. y a las 9:00 p.m. los norteamericanos habían regresado a sus respectivas naves. 

Un documento que reposa en el Archivo General de la Nación, con la referencia: “AGN. Ministerio de Relaciones Exteriores. L-147-148 E-3. Telegramas de Los Llanos en 1904”; da cuenta de que el Presidente Morales fue informado, por telegrama, de que el señor Nicolás Arias (a) “Manasa” había sido capturado en San José́ de los Llanos, común de San Pedro de Macorís, y fusilado sumariamente por orden del General Cirilo de los Santos (a) Guayubín, en fecha 25 de marzo de 1904. 

(9) El vicealmirante Charles Sigsbee y Thomas Cleland Dawson fueron designados por el presidente de los Estados Unidos luego de que el Tribunal Arbitral emitiera, el 14 de julio de 1904, la Sentencia conocida como el “Laudo Arbitral”. El primero como comandante de la Flota del Atlántico Sur y el segundo como Ministro Residente en la República Dominicana. El historiógrafo Bernardo Pichardo (contemporáneo de esa época), quien entonces se desempeñaba como ministro de Correos y Telégrafos, refiere en su “Resumen de Historia Patria”, que ambos funcionarios llegaron juntos y que su recibimiento “resultó por demás solemne el doble acto en el cual el funcionario diplomático presentó sus credenciales, por revestir también los caracteres de recepción para el Jefe de la escuadra Norteamericana”. (Pag, 283 del citado tratado de historia).

Luego, ni Thomas C. Dawson, ni Charles D. Sigsbee estaban en la República Dominicana el 11 de febrero de 1904. No se explica cómo Sigsbee pudo ser reconocido y condecorado por el Gobierno de Morales el 27 de febrero de 1904, por haber bombardeado a Pajarito cinco meses antes de llegar a la República Dominicana y, por haber fusilado a Nicolás Arias (a) “Manasa” en el sitio de Guerra (próximo a Santo Domingo) un mes y medio antes de que éste fuera fusilado por el general Cirilo de los Santos (a) «Guayubín» en San José de los Llanos, común de San Pedro de Macorís, distante a más de treinta (30) kilómetros del poblado de Guerra.

(10) El autor del artículo ubica al vicealmirante Sigsbee el 27 de febrero de 1904 en Santo Domingo, donde supuestamente fue condecorado, y dice que “fue llevado a la Catedral Primada a escuchar un responso en honor al prócer Francisco del Rosario Sánchez, cuyos restos fueron traídos desde San Juan de la Maguana y depositados en la Catedral por disposición del gobierno”.

En los tratados de historia conocidos podemos comprobar que los restos del patricio Francisco del Rosario Sánchez fueron exhumados en el cementerio de San Juan de la Maguana y llevados a la Catedral, en Santo Domingo, por disposición del presidente Ignacio María González en el año de 1875.

Santo Domingo, La Cuna de las Revoluciones”. Por Sigmund Krausz (junio de 1904).

Introducción:

El presente artículo es un reportaje escrito en julio de 1904 por el connotado periodista y fotógrafo de la época Sigmund Krausz en la famosa revista «The World Today», en el que narra para el público norteamericano sobre la inestable situación política que vivía la República Dominicana en esos días, y lo difícil que resultaba establecer la realidad de lo que ocurría sobre este tema, debido a que algunos periodistas norteamericanos se valían de enciclopedias y de archivos viejos para hacer sus publicaciones en periódicos, o en revistas de los Estados Unidos sin haber estado nunca en territorio dominicano. En iguales términos se refiere a las fuentes locales que podían opinar o escribir sobre el asunto con certeza, pero que por lo general se trataba de personas interesadas o inclinadas a ciertas corrientes políticas, entre los que se pueden incluir algunos de nuestros historiógrafos que en ocasiones han sesgado sus escritos al narrar los hechos, o los han sacado de contexto, para favorecer algunas tendencias por influencias políticas, y en algunos casos hasta por vínculos familiares, que han perpetuado errores y lagunas en nuestra historia hasta nuestros días. Un ejemplo de este planteamiento es el caso extremo de «La Viña de Naboth», del escritor norteamericano Sumner Welles, que se escribió para exaltar la figura del general Horacio Vásquez, quien es el Naboth de la obra. Para mayor información al respecto el lector puede acceder, en este blog, al artículo “La Viña de Naboth, Sumner Welles y Horacio Vásquez”.

Anexo: Artículo original de los archivos de la Universidad de Michigan.

(Ver en este blog la entrevista hecha al presidente Morales Languasco por Sigmund Krausz en marzo de 1904,, publicada en The New York Times con el título: «Morales el Actual Jefe de la República de Santo Domingo»).

A continuación, el reportaje completo traducido al castellano:

Sería una tarea difícil separar la verdad sobre las condiciones actuales en Santo Domingo de la masa de declaraciones erróneas, exageraciones y falsedades absolutas que han llenado las columnas de periódicos y revistas en los Estados Unidos desde que los últimos disturbios en la infeliz isla han llamado la atención del gobierno y del público estadounidenses una vez más sobre la condición inestable de los asuntos dominicanos y sobre las responsabilidades que implica la defensa de la Doctrina Monroe.

Gran parte del material impreso ha sido aportado por escritores que evidentemente habían recopilado su material de fuentes enciclopédicas y entrevistas con exiliados dominicanos en este país, pero que nunca habían visto la isla. Otros artículos fueron escritos por nativos y estaban matizados según si el autor era partidario de Woss y Gil, Jiménez o Morales. Los informes de Santo Domingo han sido contradictorios y poco fiables, e incluso en las islas vecinas de Puerto Rico y Cuba, el estado real de las cosas solo se puede adivinar. Durante mi última estancia en Puerto Rico, antes de ir a Santo Domingo, intenté extraer algo de verdad de varias entrevistas con hombres que se suponía estaban completamente familiarizados con las condiciones dominicanas, pero esto también resultó ser una tarea difícil. Los hombres entrevistados tenían demasiados intereses comerciales en juego como para expresarse abiertamente, o estaban demasiado influenciados por el partidismo político como para dar una opinión imparcial de las condiciones prevalecientes.

Así, el ex cónsul de Woss y Gil, el señor Félix Matos Bernier, en San Juan, no veía nada prometedor para el futuro de Santo Domingo con la llegada del régimen de Morales. Pensaba que toda la población estaba en contra del jefe del gobierno provisional, quien se había instalado en el poder gracias a sus éxitos militares temporales, y pronosticaba el regreso definitivo al poder del general Jiménez, su predecesor, quien a principios de abril había partido de San Juan hacia Nueva York con la probable intención de reabastecer sus agotados arsenales de armas y municiones. Cuando le llamé la atención al señor Bernier sobre la determinación del gobierno de Estados Unidos de impedir la exportación de material bélico de Estados Unidos a Santo Domingo, pensó que podría obtenerse en otras partes, y que el Tío Sam se beneficiaría más poniéndose del lado de Jiménez que del de Morales. En cuanto al reconocimiento del gobierno de Morales por parte de Estados Unidos, tras la visita del subsecretario de Estado, Francis B. Loomis, a Santo Domingo, el señor Bernier expresó la opinión de que la visita de este último había sido demasiado breve para que su informe fuera de algún valor. En cuanto a la cuestión de la anexión, el pueblo de Santo Domingo, si Estados Unidos llegara a contemplarla, olvidaría toda lucha partidista y se uniría en el esfuerzo de resistir por la fuerza cualquier intento de ese tipo. En este esfuerzo, Bernier estaba seguro de que la república haitiana se uniría, ya que la anexión de la parte oriental de la isla por cualquier gran potencia pondría en peligro su propia independencia.

El señor Miguel S-, un influyente comerciante con intereses en Santo Domingo, se expresó prácticamente de la misma manera, aunque en términos más reservados, mientras que otros hombres, supuestamente igualmente familiarizados con los asuntos dominicanos, tenían opiniones diametralmente opuestas a las de los señores Bernier y S-, y vieron en la llegada de Morales la salvación de la desafortunada isla. Fue sólo después de mi desembarco en San Pedro de Macorís, puerto desde el cual procedí a la Capital, la ciudad de Santo Domingo, que pude, mediante un estudio personal más cercano y la información obtenida de fuentes nativas y extranjeras de todo tipo, desentrañar el laberinto de opiniones y declaraciones contradictorias y acercarme a la condición real de los asuntos políticos, sociales y económicos actuales de la república.

Después de disfrutar, o más bien sufrir, desde 1844, cuando se proclamó formalmente la república, una sucesión de innumerables dictaduras militares, presidencias y gobiernos provisionales, parece que, en la actualidad, las perspectivas de una paz duradera y un gobierno estable son mejores que en cualquier otro momento anterior. Esta favorable situación se ha producido en parte porque los ciudadanos de la república, con la excepción de los perturbadores profesionales que han orquestado las últimas ocho o diez revoluciones desde el asesinato del presidente Heureaux en 1899, están profundamente cansados del continuo estado de inquietud que impide la más mínima posibilidad de desarrollo comercial y agrícola (el crecimiento industrial ni siquiera está a la vista), y en parte porque Estados Unidos ha mostrado, por fin, cierta determinación para detener las condiciones que, al final, estarían destinadas a involucrar a este gobierno en serias dificultades con alguna potencia europea

Un augurio favorable se justifica además por el hecho de que el jefe del actual gobierno provisional, Carlos F. Morales, es un hombre fuerte y patriota que, en una entrevista personal conmigo, expresó su determinación de dar al país la paz duradera que tanto necesita. Su posición se ve muy fortalecida por el reconocimiento de su gobierno por parte de los Estados Unidos; y lo más probable es que Jiménez, Woss y Gil o cualquier otro general que pudiera contemplar una nueva revolución en Santo Domingo, dadas las circunstancias, reconozca la inutilidad de tal esfuerzo antes de embarcarse en una empresa que el Tío Sam no tolerará.

Dadas las circunstancias, Estados Unidos no tiene necesidad de acudir en apoyo del actual y reconocido gobierno dominicano desembarcando infantes de marina en la isla, y el informe de que esto se haya hecho fue una patraña. Toda la evidencia de la interferencia militar estadounidense, si es que puede llamarse así, es la presencia de la cañonera Detroit, que vi anclada pacíficamente frente al puerto de la ciudad de Santo Domingo. Es de esperar que estas condiciones no cambien materialmente y que Morales pueda preservar la paz que se ha comprado con mucho derramamiento de sangre. Esto lo pondría en posición de ejecutar su programa de administrar honesta y económicamente los asuntos financieros de su país para comenzar a satisfacer las demandas más apremiantes de los gobiernos extranjeros con los que está endeudado por sumas que ascienden a 25 millones de dólares. La inauguración de esta política tendería a eliminar las complicaciones que ahora amenazan con afectar la independencia de Santo Domingo e impedir la posibilidad de que Estados Unidos desembarque tropas y se haga cargo de sus aduanas.

Por lo que he visto y aprendido, esta última emergencia seguramente sería seguida por serios problemas, ya que la población de la República Dominicana se inclina a considerar tal método de interferencia como precursor de la anexión. Si bien el gobierno dominicano puede no verlo de la misma manera, ciertamente proporcionaría a líderes ambiciosos e insatisfechos un buen pretexto para iniciar nuevas revoluciones. El Encargado de Negocios, el Sr. Powell, quien expresa su antigüedad en Santo Domingo no por años, sino por una cronología de revoluciones, de las cuales ha visto cinco en el país al que está acreditado y tres en Haití, cree que el gobierno actual está destinado a ser estable y que, de ser necesario un protectorado de los Estados Unidos con un trato similar al de Cuba. Las únicas personas en Santo Domingo que acogerían con satisfacción una anexión a los Estados Unidos son los propietarios de plantaciones y comerciantes exportadores extranjeros, y, tal vez, algunos grandes terratenientes nativos cuyas propiedades ganarían enormemente valor con ello. Pero consideran a Morales un hombre capaz y creen, al menos, en la sinceridad de sus promesas, que, de cumplirse, también tenderían a aumentar materialmente su seguridad y prosperidad.

Nota: *Según los últimos acontecimientos, la paz finalmente se ha logrado con la rendición a Morales de las últimas tropas revolucionarias cerca de Montecristi. Este resultado favorable es el resultado de la mediación, por parte del comandante del Detroit, entre las partes en conflicto. EL EDITOR.

Infinitamente peor que las actuales condiciones políticas de Santo Domingo es el estado social y económico en el que vive su gente, y se necesitarán décadas de buen gobierno para mejorar este triste estado de cosas. El país, uno de los más bellos de las Antillas, ha sido devastado, abandonado y despoblado. Inmensas extensiones de tierra fértil en los interiores están en barbecho, los edificios de las plantaciones se derrumban, de las cosechas solo se obtiene lo absolutamente necesario, e incluso los pueblos, con la excepción de San Pedro de Macorís, que es nuevo, parecen tan ruinosos como si siglos hubieran pasado sobre ellos sin un intento de reparación o limpieza.

En muchos casos, se ha permitido que los puertos de la isla se llenen; los muelles y almacenes se están pudriendo, y donde hace un siglo, o dos, docenas de barcos mercantes ricamente cargados flotaban y descargaban valiosos cargamentos, hoy solo se pueden ver unas pocas goletas viejas tirando de sus anclas.

Viajar por el interior es casi imposible. Solo hay un par de pequeños ferrocarriles; uno bajo control estadounidense de Santiago a Porto Plata, y otro, inglés, de Sánchez a La Vega. Las pocas carreteras que antiguamente atravesaban el país han desaparecido, cubiertas de matorrales y bosques. Durante muchos años, senderos estrechos, transitables solo para animales de silla, han formado las comunicaciones en el interior; el número de ganado y caballos ha ido disminuyendo constantemente, y parece que estos últimos, especialmente, se están volviendo más escasos, ya que los novillos de monta son muy evidentes en los distritos rurales.

En la propia ciudad de Santo Domingo, con la excepción de la plaza, donde se encuentran la antigua catedral y la hermosa estatua de Colón, las huellas de los numerosos bombardeos que ha sufrido la ciudad son visibles en muchas calles, y la capital parece desierta. No hay señales de actividad comercial, y una gran refinería de azúcar en la orilla opuesta del río Ozama, así como una cervecería estadounidense en las afueras de la ciudad, han sido abandonadas. Hay algunas huellas de carros, deformadas y oxidadas, en las calles, pero los carros de caballos que, según una leyenda, una vez pasaron por encima de ellas, han desaparecido, nadie parece saber dónde. El dinero de la república está tan devaluado que un dólar dominicano, del que se dice que contiene trazas de plata, solo se acepta por veinte centavos en moneda estadounidense, que es corriente en toda la isla.

En cuanto a la afirmación de algunos escritores de que la población mestiza de Santo Domingo siente un profundo odio racial contra los blancos, y que los viajeros de raza caucásica están expuestas a insultos y peligros en el interior de la isla, en mi opinión, todas esas afirmaciones son extremadamente exageradas. En mi experiencia, todos los dominicanos con los que he tenido contacto personal han sido sumamente educados y serviciales, y si bien es cierto que esta experiencia se ha limitado casi exclusivamente a una mejor clase de nativos y que mi conocimiento de las condiciones en los distritos rurales se ha obtenido en gran medida de información diversa, puedo afirmar con seguridad que las condiciones de viaje en la isla, aparte de las incomodidades físicas, y en lo que respecta a la seguridad real, no son peores que en cualquiera de las otras islas de las Indias Occidentales. Por otro lado, me han dicho, no solo los residentes extranjeros de la república, sino los propios nativos, que la moralidad de la población deja mucho que desear y que el trabajo misionero en esta dirección podría lograr mucho bien Es bastante común que los dominicanos vivan en concubinato durante años y formen familias antes de recurrir a los sacramentos de la iglesia con el fin de legalizar la descendencia. Tal concubinato, como lo llaman los franceses, no va seguido del ostracismo social ni siquiera de la pérdida de prestigio social.

Un tema delicado de conversación con un dominicano es el vudú, y la reticencia de todas las clases a dar información sobre este punto lleva a creer que hay verdad en las horribles historias sobre la supervivencia del culto fetichista en los distritos más remotos de Santo Domingo que han sido relatadas por escritores recientes. Sin embargo, me inclino a dudar de que el vudú, incluso entre las clases más ignorantes y degradadas de la población rural, adopte alguna vez la forma de sacrificios humanos y canibalismo, como se ha afirmado con frecuencia, aunque no estoy dispuesto a negar absolutamente la posibilidad de tal ocurrencia esporádica cuando el fanatismo religioso entre los degenerados, en ciertas ocasiones, se convierte en un frenesí salvaje.

En cuanto a la población de Santo Domingo, todas las estimaciones con respecto a las cifras se basan simplemente en conjeturas. Nunca se ha realizado un censo oficial por parte de ninguno de los gobiernos, pero no parece haber duda de que no solo no se ha producido ningún aumento en muchos años, sino que el número de habitantes se ha reducido constantemente durante un período de combates que costó muchos hombres. Cualquier estimación entre 300,000 y 600,000 puede ser correcta.

Los medios de comunicación hacia y desde Santo Domingo son, en la actualidad, extremadamente limitados. A menos que se utilicen veleros o vapores tramp, uno depende casi por completo de un solo vapor de la línea Herrera, el Julia, que realiza un viaje de ida y vuelta mensual entre La Habana y San Juan, Puerto Rico. Esta línea de vapores, que tiene un monopolio práctico en lo que respecta a los puertos de Santo Domingo, cobra precios escandalosos por transporte, a cambio del cual los pasajeros tienen el privilegio de comer alimentos remojados en ajo, ser atendidos por mayordomos que apestan a ajo, dormir en literas y caminar sobre cubiertas impregnadas de olor a ajo y ganado.

En vista de la considerable exportación de azúcar de las plantaciones de propiedad extranjera, que todavía asciende a unas cincuenta mil toneladas al año, me parece que el establecimiento de un servicio periódico de vapores de carga con alojamiento para pasajeros entre puertos estadounidenses y dominicanos debería resultar rentable.

Anexo: Copias de las páginas originales del reportaje «The World Today Magazine».

Fotos destacadas

De todos estos años

¿Recuerdas este día?

Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI.

Introducción:

El presente relato está contenido en un reportaje del diario The Yorksville Enquirer, de Carolina del Sur, E.U., publicado el 21 de marzo de 1911, bajo el título: «Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI», con el objetivo de informar sobre las condiciones convulsas en que vivía la República Dominicana en esa época, y de manera específica, de las actividades revolucionarias que realizaba el expresidente Carlos F. Morales Languasco, quien se encontraba exiliado en la isla danesa de Saint Thomas desde 1906, cuando fue derrocado por el mismo gobierno en el poder. En los días de la publicación, el gobierno dominicano presidido por Cáceres se encontraba en su punto más bajo de popularidad en todo su mandato, por varias causas. La Ley de Estampillas que fijaba impuestos a la producción de ron y de alcoholes, que proliferaba en todo el territorio nacional, fue puesta en vigor en julio de 1910. También el Plan de Ajuste sobre las reclamaciones de viejas deudas pendientes con comerciantes y prestamistas, que venían desde la administración de Heureaux, cuyos intereses se vieron mermados significativamente con esta medida del gobierno, sumado a las diferencias que en esos días se habían desbordado entre el gobierno de Cáceres y su primo Horacio Vásquez, al que se sumaban numerosos horacistas inconformes, entre los que se encontraba el fogoso y temerario ex ministro de Guerra y Marina y ex Comandante de Armas de la Capital, general Luís Tejera, quien estaba disgustado con Cáceres porque designó a Alfredo Victoria como jefe del Ejército y no a él, ya que supuestamente, en unos documentos relativos a los planes revolucionarios de Morales, que fueron encontrados cuando éste fue detenido por las autoridades en Puerto Rico, incluía a Tejera entre los participantes. Amén del malestar que hacía poco más de tres años mantenían los pobladores de la región Noroeste por las devastaciones realizadas por Cáceres con la llamada “Pacificación de la Línea Noroeste” que destruyó la ganadería, la agricultura y numerosas viviendas en la región. Tales circunstancias ofrecían el momento más  propicio que podía encontrar Morales Languasco para su expedición revolucionaria, pero no la  pudo llevar a cabo de inmediato por los inconvenientes que afrontó con las autoridades puertorriqueñas, que fueron advertidas de sus propósitos y procedieron a apresarlo, viéndose impedido de realizar la expedición hasta principios de diciembre de 1911, que fracasó en su momento ya que luego de breves combates fueron capturados por la tropas del gobierno.

The Yorkville Enquirer (El Investigador de Yorksville).

21 de marzo de 1911, Carolina del Sur, E.U.

Título: Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI.

Que Santo Domingo esté en una de sus revoluciones periódicas lo indica la actividad del expresidente Carlos F. Morales y sus amigos en el exilio. Un cablegrama informa que Morales se encuentra en Cuba, donde se dice que está ultimando los preparativos para la introducción subrepticia de armas y municiones en Santo Domingo. Sus amigos afirman que está bien provisto de fondos y que su equipo es el mejor que jamás haya estado al mando de un jefe revolucionario de Santo Domingo.Morales llegó a San Juan desde la isla danesa de Saint Thomas en el transatlántico francés Quebec el 4 de diciembre pasado. Se dice que su llegada obedeció a una citación de sus agentes, quienes habían tramitado un préstamo aquí, y su presencia era necesaria para finalizar su negociación. Durante su corta estancia aquí, se afirma que obtuvo de ricos hombres de negocios con intereses en Santo Domingo, promesas de más de 50,000 dólares, y se llevó consigo la mayor parte de esa suma al partir.

Morales no guarda secreto de su misión aquí. Realizó audiencias abiertas para sus amigos y seguidores en el hotel Inglaterra, donde se alojó, y no fue tarea difícil para los emisarios del cónsul general dominicano Medina, seguir sus movimientos. Desde su partida, el cónsul Medina se ha asegurado de que se hayan recibido y remitido más sumas. Se afirma que Morales aseguró a sus seguidores que el gobierno de Estados Unidos está a favor de su regreso al poder y no mostrará ninguna actividad indebida para obstaculizar sus planes, pero se cree que esto lo dijo con miras a aumentar el ánimo de aquellos partidarios suyos que dudaban del éxito. Se dice que un buen yate de vapor forma parte del equipo revolucionario y que un antiguo ex almirante de Santo Domingo asumirá el mando.

Que el gobierno de Santo Domingo da crédito a esta declaración es obvio por el arresto del ex almirante Catrain al intentar salir en secreto de Santo Domingo. Catrain, quien es un hombre prominente en la política de Santo Domingo y un líder famoso, fue almirante de la flota durante el mandato presidencial de Morales. Cuando este último fue depuesto en 1906, Catrain se apoderó de la cañonera Independencia y, uniéndose a los partidarios de Morales en Montecristi, atacó Puerto Plata, Samaná y Sánchez, pero se vio obligado a rendirse tras un breve escarceo. Acompañó a Morales al exilio, donde permaneció hasta que una amnistía le permitió regresar a Santo Domingo. El 16 de enero subió a bordo del buque alemán que estaba en el puerto de la ciudad de Santo Domingo y se dice que se escondió con la intención de escapar del país. Las autoridades de Santo Domingo, que estaban informadas de los movimientos de Morales, habían estado vigilando a Catrain creyendo que era el oficial que Morales pretendía que guiara su yate, lo sacaron del buque y lo pusieron bajo confinamiento.

El gobierno de Santo Domingo es fuerte y está preparado para resistir de manera firme el ataque de Morales, y el ministro de Finanzas, Velásquez, siempre atento se mantiene informado por sus numerosos espías de los movimientos de Morales y sus amigos. Sin embargo, Morales ha elegido un momento propicio para su empresa contra la administración de Cáceres, de la que fue presidente anteriormente, y conoce sus puntos débiles.

Cada gobierno de Santo Domingo gobierna con una minoría. Esto se debe a la naturaleza peculiar de la política del país. Los políticos de Santo Domingo, por regla general, no difieren en cuanto a principios y políticas. No apoyan principios, sino individuos, y su política es invariablemente la misma: ocupar el cargo. Los esfuerzos de quienes están fuera del poder son para llegar al poder, con el único objetivo de obtener puestos lucrativos, independientemente de su idoneidad moral o intelectual, y como los presidentes son puestos en la silla por las fuerzas armadas de sus amigos, se ven obligados a ceder a las demandas de los más poderosos de esos amigos. Naturalmente, no hay suficientes puestos para todos los aspirantes, los desafortunados se desilusionan de inmediato y buscan un líder que satisfaga sus ambiciones. Así una mayoría se reduce rápidamente a una minoría, que solo puede mantenerse a flote con medidas severas.

El gobierno de Cáceres lleva cuatro años en el poder y sus partidarios han caído gradualmente. Aquellos que no han recibido un nombramiento se han enojado; el fracaso de algunos funcionarios para ascender tan alto como deseaban, en detrimento de sus compañeros, los ha vuelto hoscos. Además de esto, el gobierno se ha visto obligado en varias ocasiones a castigar a los funcionarios que han abusado demasiado flagrantemente de su autoridad, y estos se encuentran entre los opositores más virulentos del gobierno. Todos se unen a los enemigos naturales del gobierno (miembros de otros gobiernos caídos que no fueron ejecutados, encarcelados o exiliados) y, junto con los que están en el exilio y en prisión, intrigan y conspiran para derrocar el orden establecido. En circunstancias tan difíciles, la paz, el orden y el cumplimiento de las obligaciones nacionales e internacionales en Santo Domingo han sido asegurados hasta ahora por la indiscutible capacidad y fuerza de Federico Velásquez, ministro de Hacienda y Comercio de la República. El presidente Cáceres se siente más a gusto en el campo de batalla o en las partes agrícolas, a las que actualmente dedica la mayor parte de su atención, que a los asuntos de estado más complejos, y sobre Velásquez confía casi exclusivamente la ardua tarea de guiar a la república a través de sus numerosas dificultades.

Como la mayoría de los líderes fuertes y resueltos en comunidades semi organizadas, Velásquez es cordialmente odiado y temido en todo Santo Domingo, y sus enemigos han hecho grandes esfuerzos para causar una ruptura entre el presidente Cáceres y él, pero Cáceres es muy consciente de que la retirada de Velázquez sería seguida rápidamente por su propia caída, ya que se necesitan cualidades especiales de las que él carece para hacer frente a los espíritus feroces y ambiciosos que lo rodean. Por otro lado, Velásquez mantiene sometidas a las facciones enemigas, frena la ambición codiciosa de los miembros influyentes de su propio partido, se asegura de que se cumplan las obligaciones nacionales y preserva las arcas del estado de su agotamiento.

Sin embargo, hay que decir en justicia de Morales, que el actual programa administrativo de Santo Domingo, que ha funcionado con tanto éxito, fue planeado y ejecutado en parte por él mismo antes de su caída. Fue él quien, al convertirse en presidente, en virtud de la terriblemente complicada situación financiera de la república con sus acreedores nacionales y extranjeros, estableció el Modus Vivendi, precursor de la Convención dominico-americana, que puso el servicio de aduanas bajo el control estadounidense, asegurando así unos ingresos permanentes suficientes no solo para cubrir las necesidades del gobierno, sino también para garantizar y pagar la deuda nacional, y en el momento que fue destituido la Convención dominico-americana ya se estaba tratando. Por lo tanto, la administración actual, en lo que respecta a su política exterior, no se ha desviado del rumbo trazado por Morales. Nunca, hasta que Morales llegó a la presidencia, un presidente se había atrevido a poner impuestos al pueblo más allá del pago de los derechos aduanales, y el terrible Heureaux incluso tembló cuando se sugirió tal plan y se negó a considerarlo. Pero Morales estaba decidido a obligar a su pueblo a seguir los caminos de la civilización y creó el departamento de Rentas Internas, lo que ha supuesto un aumento sustancial de los ingresos del gobierno, y su administración fue estrictamente honesta. Su último medio mes de salario como presidente de la República le fue enviado mientras estaba exiliado en Puerto Rico (ojo) según se afirma, por las mismas personas que lo depusieron, y este es el primer caso de este tipo en la historia de Santo Domingo, que da crédito a la honestidad tanto de Morales como de la administración de Cáceres que le pagó.

En un país cuyo pueblo rápidamente atribuye a sus gobernantes las peores acciones y motivos, ya sean conocidos o supuestos, ni siquiera sus enemigos más acérrimos acusan a Morales de malversar o malgastar el dinero público, y los hombres de mentalidad liberal lo reconocen como un hombre audaz, valiente e inteligente y un gobernante que salvó a la república de la ruina financiera total. Ciertamente fue culpable de muchos errores, pero son errores de gobernantes despóticos, y Santo Domingo nunca ha tolerado un gobierno constitucional. La república no ha alcanzado la etapa de cultura necesaria para aceptar y apoyar un gobierno constitucional liberal solo después de que las masas hayan sido sacadas de la degradación del analfabetismo y aprendan a vivir como un pueblo civilizado.

Ni una quinta parte de la república, con un área de casi 20,000 millas cuadradas, está bajo cultivo. El interior es tan inaccesible al comercio como el centro de áfrica, y esta hermosa y maravillosamente fértil tierra, de todos los lugares el que más amó Colón y la cuna de la civilización americana, ya que la primera universidad del Nuevo Mundo se estableció en Santo Domingo, vive actualmente en el siglo XVI. ¿Es de extrañar, en estas circunstancias, que la pequeña república sea presa de los peores males que azotaron a Europa durante esa época? Santo Domingo, sin duda, necesita un gobernante despótico con la determinación de hacerla progresar, un hombre del tipo de Porfirio Díaz, que haga por ella lo que Díaz ha hecho por México. No se puede suponer si Morales es capaz de hacer eso o no. Su mandato fue demasiado corto para permitir una apreciación a favor o en contra, pero su paso estuvo marcado por un progreso innegable.

Se desconocen los planes de Morales, sean cuales sean, si logra llegar a la presidencia, pero a menos que pueda mejorar materialmente la administración actual no estaría justificado que llevara la guerra civil a su país. Sin embargo, todavía está muy lejos de la silla y el camino hacia ella es accidentado y sangriento. Se dice que juró alcanzarla o perecer en el intento, pero se teme que la actual administración, si se ve llevada al extremo, se valga de la cláusula de la Convención dominico-americana, una cláusula insertada por el propio Morales con miras a su propia seguridad en ese momento, que establece que si el gobierno de Santo Domingo se ve tan amenazado por la guerra que ponga en peligro el cumplimiento de sus compromisos con sus acreedores extranjeros, el presidente puede solicitar apoyo de los Estados Unidos. Si el presidente Cáceres recurre a este expediente y Estados Unidos responde a la petición, no habría esperanza para Morales. Sin embargo, los sabiondos opinan que la administración no lo hará ya que no solo aceleraría su propio derrocamiento, sino que podría involucrar a la república en una guerra con Estados Unidos, ya que los dominicanos probablemente unirían fuerzas contra las tropas estadounidenses como un enemigo común. Esto es difícil de dudar, pues los dominicanos están tan irritados por la proximidad de las fuerzas estadounidenses que, recientemente, cuando la administración prestó la bahía de Samaná para las maniobras de la flota del Atlántico de los Estados Unidos que se llevarían a cabo en marzo próximo. La gente, temiendo una jugada sucia, es decir, que la bahía hubiera sido cedida definitivamente a Estados Unidos, se quejó tan enérgicamente que el gobierno de Santo Domingo se alegró de tener un pretexto para desviar la atención del tema ya que las explicaciones eran inútiles y solo tendían a confirmar la absurda creencia. El pretexto era este: El gobierno dominicano había ordenado que se abriera un camino ancho a través del bosque en territorio dominicano cerca de la frontera con Haití para que la guardia fronteriza pudiera impedir el contrabando de manera efectiva. El territorio por el que discurre la línea ha sido terreno en disputa durante mucho tiempo, tanto Haití como Santo Domingo reclaman su propiedad, aunque éste último está en posesión. Las autoridades haitianas protestaron contra la apertura del camino y en la refriega subsiguiente murió un estadounidense del servicio de aduanas de Santo Domingo. El gobierno dominicano anunció de inmediato que los haitianos estaban a punto de invadir Santo Domingo, envió tropas a la frontera y llamó a todos los ciudadanos a prepararse para el servicio activo. Por supuesto, los haitianos no pretendían nada por el estilo, pero la artimaña no solo distrajo la atención efectiva del pueblo sobre la cuestión de la bahía de Samaná, sino que hizo que muchos de aquellos hasta entonces hostiles a los estadounidenses expresaran la esperanza de que, en caso de ser atacados por las fuerzas haitianas se pudiera obtener ayuda de Estados Unidos para hacer retroceder a los invasores. La administración se anotó un triunfo adicional. Durante algún tiempo se había prohibido la importación de armas y municiones, incluso se habían prohibido las escopetas; sin embargo, había mucha gente que tenía rifles escondidos y los esfuerzos del gobierno por desarmar eficazmente a los civiles habían fracasado.

Esto era una fuente de molestia y peligro para el gobierno, ya que tales armas se podían usar en caso de una revolución. Al convocar a los ciudadanos a prepararse para el servicio activo contra los haitianos, el gobierno les pidió que entregaran las armas para limpiarlas y repararlas. Las armas cayeron fácilmente con la trampa, se apresuraron a entregar sus rifles, ansiosos por conseguir rifles nuevos. El gobierno se rio con picardía para disgusto de los incautos. No entregó armas nuevas ni reparó las viejas. Por tanto, si Morales hiciera un desembarco en Santo Domingo, podría descubrir que necesita más rifles de los que había calculado proporcionar. Mientras tanto, las cosas están cuidadosamente vigiladas y el gobierno ha tomado todas las precauciones para mantenerlo fuera. Sin embargo, si es lo suficientemente inteligente y afortunado como para efectuar un desembarco con un gran suministro de armas y municiones, su acorazado está bien tripulado y equipado, y Estados Unidos no participa en el juego, se cree que las cosas le irán mal al gobierno.

(Boston Transcript).

“Carlos Morales Languasco”- «Estampas de mi Pueblo». Autor: Sebastián Rodríguez Lora.

Introducción.

El doctor Sebastián Rodríguez Lora (Chanito), fue un notable intelectual puertoplateño que nació en 1911 y murió en 2004. Escritor con fina prosa que, en su libro Estampas de mi Pueblo, describió las peculiaridades de no pocos personajes destacados de su ciudad natal. En este espacio incluimos la estampa relativa al expresidente Carlos F. Morales Languasco, a quien describe en sus rasgos personales de un modo magistral, con los colores propios de su estilo, aunque aborda grosso modo pasajes de la historia, de tal manera que exige del lector un conocimiento vasto del tema para tener una buena comprensión. En este sentido hacemos algunas aclaraciones puntuales sobre unos planteamientos históricos que son inexactos.  

A Continuación, el texto íntegro.

Carlos Morales Languasco

«Una placa de bronce traída de París con sus restos mortales, en un modesto mausoleo del cementerio de mi pueblo, marca el sitio donde descansan para siempre, inmóviles los alabes del espíritu, Carlos Felipe Morales Languasco, expresidente y exministro plenipotenciario y enviado extraordinario de la República ante Francia, España, Italia, Suiza y Portugal. Podando el doble nombre de pila –que suena a corredores de casa real- en vida se le llamo escuetamente, con exageración epónima, Morales Languasco.

«Y d’emblee tropezamos con un paradojismo radical de este puertoplateño. Hombre tallado en bloque, sin soldaduras, sustantivo en tercera potencia, llevó engastada en su personalidad unas cualidades epitéticas contradictorias, que son adjetivación substantivada y lo pintan de cuerpo entero. Obstinado, frenético, turbulento, jovial e histórico, duro de piel en la hora del triunfo y de la adversidad, altruista, magnánimo, condecorado con la virtud de sus defectos, cualidades que, valga la coincidencia, se dan siempre en el gran político. Y, sobre todo, lo cual ya es demasiado: fue una cabeza clara, de la cual, apartándose de Gautier, y contra la política paralítica de su tiempo, se saco la convicción –cabo polar de su conciencia- de que hacer una nación dominicana no era una utopía, y que solo era posible hacerla desde y con el Estado como instrumento. Su fórmula ideal era sencilla: trabajo, apoliticidad de fines, pulcra honradez administrativa. Estas tres cosas funcionaron con Morales Languasco como un engranaje biológico.       

«Por de pronto, fue conspirador a nativitate. Debajo de la sotana que le impusieron sus padres como camisa de fuerza se revolvió, cual fiera enjaulada, el conspirador.  Miembro de la bizarra generación puertoplateña del 86, la vestidura talar le sirvió de embozo y armadura para conspirar contra Lilís.  Y con sotana y todo se fue al destierro para seguir conspirando.  Muerto Lilís, volvió al país y se dedicó full time a la política, que era su vocación y su pasión.  Dejó el curato por la curul de diputado.  El país vivía en crisis, en rigor mortis. El albaceato constitucional de Wenceslao Figuereo no funcionó, como funcionó solo precariamente el gobierno provisorio de Horacio Vázquez. Unas elecciones trajeron la “primavera moral” de Juan Isidro Jimenes, con Horacio Vásquez como caballo de troya vicepresidencial, que pronto gobernó espuriamente como secuela del 26 de abril del año dos, hasta que el Cabo Millo y Demetrio Rodríguez le arreglaron cuentas sietemesinas. Morales Languasco está a la expectativa, con la engañosa calma de un jugador de póker. Vino al poder, por carambola, Alejandro Woss y Gil, que no era bolo, y se le confirma la magistratura en unas elecciones que no complacieron ni a los bolos ni a coludos. Morales Languasco cree llegado el momento, y desde la gobernación encabeza en su pueblo la revolución unionista, hecha con los unos y los otros, en extraña simbiosis incompatible. Los amigos lo acusan –con razón- de inclinarse a los enemigos, puro andamiaje, e intentan inútilmente una contrarrevolución. Y por fin llega al poder el titán puertoplateño, pero llega sólo, con un caballo de troya en las entrañas. Esta vez el caballo de troya es Mon Cáceres, su vice, nacido naturalmente para el mando, y que no le perdona a Morales Languasco el pecado original de su bolismo. Y se dio el caso de un presidente que no presidía, a quien los miembros del gabinete no obedecían, y que era de hecho un prisionero de palacio. Entonces Morales Languasco ensayó la obra maestra de prestidigitación de nuestra historia política: fraguó una insurrección contra su propio gobierno, que muere con Demetrio Rodríguez precisamente donde había comenzado la revolución unionista. Con una pierna rota fue apresado en Haina (1), obligado a renunciar y puesto a bordo de un buque de guerra norteamericano que lo llevó al exilio, al Saint Thomas de su ancestro.

«Allí conspira incesantemente -y, cabe agregar, con mala fortuna siempre- El desterrado, apremiado por la falta de recursos, distribuye billetes de nuestra lotería, mientras espera que llegue la hora del “gordo” político. Un día desembarca, “con su habitual desparpajo”, en su pueblo natal, y va directamente a Estancia Nueva a visitar a su antiguo vicepresidente -su caballo de troya- Mon Cáceres, jefe del gobierno. La visita fue breve e infructuosa, Mon Cáceres estaba demasiado ocupado realizando el programa político de Morales Languasco -realizándolo literalmente, punto por punto, que es un asunto en el cual nuestros historiógrafos no han reparado nunca- para interesarse por la suerte del autor de ese programa. Y vuelve al destierro. El año 1909, el del terrible temporal de San Severo, venía como miembro de una expedición para sumarse a un efímero levantamiento hibrido de bolos y coludos recortados. Un mal tiempo arroja el barco a las costas haitianas, y las autoridades expulsan sumariamente a los aventureros (2). El año 1912 organizó otra expedición revolucionaria y desembarcó en El Seybo. Nuestras expediciones han sido siempre crónicas de aborto. Apenas desembarcado es hecho prisionero y se le mantiene en prisión hasta la caída de los Victoria. Es un preso privilegiado, pues la comida le llegaba directamente de la mesa presidencial de Eladio Victoria, uno de los únicos ministros que le fueron leales durante su ejercicio del poder. Poco después, cansado de su estéril odisea, acepta una representación diplomática en Europa.

«Se ha dicho que como político le faltó escrupulosidad. Pero esta virtud casera -en el sentido primario del vocablo- son las chinas que se le meten al político en el zapato y le obligan a andar como en volandas. Y la política, que es el arte supremo de lo concreto, exige pies en tierra y no deja tiempo para ser escrupuloso. Lo que habría que decir es que Morales Languasco tuvo el coraje y la honestidad de suscitar los grandes problemas de la nación, sin contentarse con afrontar solo los que le salían al paso. Y eso es una virtud máxima del político. Así formuló el primer programa completo de reorganización política y administrativa que tuvo el país, y que Mon Cáceres trató de realizar.

«¿Inconsecuente? Así le llama Rufino Martínez, olvidando que para el político que lo sea de verdad los medios son puro andamiaje. El político que pone la proa a un punto cardinal de su albedrío y no cambia nunca el rumbo, y que por lealtad a eso que se llama convicción no es capaz de rectificar una táctica ineficaz y ensayar otras, es poco más que un diletante. Con las hojas de servicios de todos los diletantes que ha habido en nuestra política no se llenaría media página de historia. En cambio, Morales Languasco llena él sólo muchas páginas, y hay muchas más en blanco que le están reservadas para llenarlas cuando su figura de “pura sangre” político sea estudiada y conocida a fondo.

Cuando empezó su vía crucis de gobernante, nuestro genial Pepe Mora, incisivo y delicioso, le aplicó a Morales Languasco una parábola del evangelio criollo: “Carlos -le dijo- a ti te ha pasado como al muchacho de campo que casaron con una muchacha hermosa y rica, y no bien acabó la boda lo mandaron a dormir solo en la cocina”. Es que Morales Languasco quiso de un solo golpe hacer la revolución y anticiparse a la contrarrevolución: lo primero con los guerrilleros a quienes luego repudió y quiso extirpar de raíz, y lo segundo gobernando con enemigos como freno. Fue su gran utopía, una utopía de espíritu magnánimo.

«El sentido del humor, que no le abandonó jamás, fue uno de los ingredientes de su intenso carisma personal. Sabía, como Shakespeare, que la vida es consustancial farsa, y la aprovechó para los fines, muy serios y respetables, de su política. Me contó mi padre que una vez él y un grupo de jóvenes puertoplateños fueron a visitar a Morales Languasco a su casa de familia en la calle El Fuerte, en sus días de gobernador. El visitado estaba tomando un baño de inmersión, largo y moroso, y con su habitual desparpajo los mandó a pasar y los recibió in púribus, sin más indumentaria que su piel de paquidermo político. Y saltando de una cosa en otra, siempre con su habitual desparpajo, les hizo notar la magnitud de sus esferoides genesíacos, preguntándoles si aquello no sería omen de una predestinación presidencial. Debajo de esa anécdota late un profundo conocimiento de los misterios de la política, pues cuentan que Julio César y Mirabeau, incomparables prototipos de político, destacaban por pareja cualidad. Y es prodigioso que una observación tal se le ocurra, en un pueblito de nada, de un país de nada, a un hombre salido de los claustros que no había sido ni espectador en los grandes escenarios políticos del mundo.

«De diplomático, allá en las capitales europeas, entrando y saliendo con su habitual desparpajo, de impecable frac y chistera, en las cancillerías y los palacios de gobierno, siguió probablemente conspirando, solo que sus sueños de conspirador los trenzaba con tenues ovillos de estrellas, mansa y luminosamente utópicos. Como tenía que ser -su carácter gótico, de impulso vertical, desafió siempre la ley gravedad de su destino- fue el primer dominicano que trepó a las nubes en las alas de un avión, como había sobrevolado tantas veces sobre la sórdida incomprensión que amargó sus días en la tierra. Y como era natural, murió fulminado por un ataque apopléjico. Llevaba en el cauce de su alma un torrente fiero e impetuoso que un día forzó las murallas de sus arterias para encontrar la definitiva libertad, el íntimo sí mismo que apenas pudo ser. 

Fin de la Estampa.

Observaciones:

1-Morales no fue capturado en Haina. Llego por sus propios medios a la Legación americana acompañado de Enrique Jimenes, quien lealmente estuvo a su lado luego de que sufriera la fractura de la tibia de su pierna derecha al caer por un barranco a orillas del río Haina. (Ver en este blog “Escapada por la Vida”, en la que el propio Morales narra al periodista E. H. F. Dottin, de la revista Wide World Magazine, al llegar a Puerto Rico, las adversidades que vivió por aquel inconveniente.)

2-Morales salió desde Saint Thomas el día 11 de mayo de 1907 en el buque alemán Ascania, mientras los espías al servicio del gobierno dominicano informaban que él había salido hacia New York en el buque inglés “Trinidad”, de la Quebec Line, así como otras conjeturas de que había salido hacia Puerto Rico en la balandra inglesa “Frame”, o con destino a Islas Turcas. Lo cierto fue que Morales embarcó en el buque alemán “Ascania” con destino a Haití haciendo escala en Puerto Plata, donde las autoridades solicitaron al capitán su entrega, lo que fue denegado. El «Ascania» llegó a Puerto Príncipe, Haití, el 23 de mayo y, al salir del barco Morales fue apresado y reembarcado al día siguiente por el gobierno haitiano en el primer buque a zarpar, que resultó ser el “Príncipe Guillermo II”, holandés, que tenía a New York como destino. El 31 de mayo llegó a New York, donde fue entrevistado por la prensa al día siguiente. (Ver en este blog el reportaje “Morales en apuros” sobre una entrevista publicada por el diario The Evening Star, de Washignton D. C. sobre este tema).

Morales en Apuros. (Morales on the Jump). Entrevista a Morales Languasco en New York el 1/06/1907.

Introducción:

El expresidente Carlos F. Morales Languasco salió el 11 de mayo de 1907 de Saint Thomas, donde vivía exiliado, hacia Haití en el buque alemán «Ascania», con el propósito de entrevistarse con el entonces presidente haitiano Pierre Nord Alexis y de encontrarse con algunos dominicanos adversarios del gobierno, que se habían trasladado a Haití luego de las acciones del gobierno de Cáceres para la pacificación de la Línea Noroeste y del fracaso de la expedición armada, por Luperón, del jimenista Enrique Jimenes. Los servicios de espionaje de Cáceres que daban seguimiento a los pasos de Morales en Saint Thomas, publicaron en un panfleto con pretensiones de periódico llamado “The Bulletín”, que éste había embarcado hacia New York en el buque inglés “Trinidad” de la “Quebec Line”, con el propósito de retirar los fondos depositados por el Servicio de Aduanas de la República Dominicana en el National City Bank de New York, lo que era materialmente imposible, por dos razones: 1- Los fondos no eran depositados por el gobierno dominicano, por lo que ni el mismo gobierno podía retirarlos. Y 2- Los fondos estaban especializados únicamente para el pago de la deuda dominicana a acreedores norteamericanos y europeos, de acuerdo al Modus Vivendi.

En la ocasión el Ascania tenía en su itinerario una escala en Puerto Plata, donde las autoridades trataron apresar a Morales, pero el capitán del buque no accedió a tal solicitud. Luego llegó el 23 de mayo a Puerto Príncipe, Haití, donde fue apresado tan pronto desembarcó por las autoridades haitianas a petición del gobierno dominicano y, al día siguiente fue puesto a bordo del primer buque que zarpara, que resultó ser el “Príncipe Guillermo II”, de bandera holandesa, cuyo destino era la ciudad de New York, a donde llegó el 31 de mayo.

Del Periódico The Evening Star, de Washington D,C, Estados Unidos de América.

-Título del Artículo: “Morales en Apuros” (Morales on the Jump).

-Enlace con la página del periódico “The Evening Star” de Washington D.C. de fecha 1 de junio de 1907 que contiene el artículo original de la entrevista en Nueva York.:

  • Subtítulos:

Un Día en Haití y Luego Embarcado.

Regresa a Saint Thomas.

Expresidente de Santo Domingo ansioso por Encontrarse con su Familia.

No Desea Más Revoluciones.

Hace Algunos Comentarios Sobre el Presidente Roosevelt y sus Políticas.

A continuación, el texto completo de la Nota de Prensa traducido al castellano.

Sábado 1 de junio de 1907.

New York, 1 de junio. El expresidente Carlos F. Morales de Santo Domingo llegó a esta ciudad ayer por la mañana en el vapor Príncipe Guillermo II, procedente de las Indias Occidentales, como visitante involuntario a los Estados Unidos. Exiliado de su país natal, fue deportado de Haití el 24 de mayo en el primer vapor que llegó. Resultó ser el Príncipe Guillermo II, con destino a Nueva York. El expresidente Morales partirá hoy en el vapor Coamo hacia Puerto Rico y espera tomar un vapor allí para establecerse temporalmente en Saint Thomas, en las Indias Occidentales Danesas, donde reside su familia. El Sr. Morales declaró ayer a un periodista en sus habitaciones del Hotel América que había ido a Puerto Príncipe, Haití, únicamente por asuntos privados. Al desembarcar, se le informó que estaba arrestado, ya que Santo Domingo y Haití habían llegado a un acuerdo por el cual Haití no daría asilo a delincuentes políticos en Santo Domingo. Fue escoltado al palacio del gobernador y se le hizo sentir cómodo, aunque protestó por su arresto.

Con Uniformes Llamativos.

«Les dije», dijo el Sr. Morales, «que mejor preferiría ir a un hotel y que serían bienvenidos si ponen un guardia allí para vigilarme, pero no lo hicieron. Fueron muy corteses, es decir, para Haití. Me acompañaron al vapor al día siguiente, no con soldados, sino con generales con uniformes elegantes; en Haití les gustan los uniformes llamativos. Y así estoy aquí, contento de volver a ver Nueva York, pues estuve aquí en 1899 durante varios meses para una operación quirúrgica, pero eso fue antes de que me dedicara a la política. Quiero llegar con mi familia a Saint Thomas lo antes posible, así que zarparé mañana hacia Puerto Rico.

El presidente Morales es un hombre apuesto, que habla inglés con cierta dificultad, pero correctamente, excepto en la pronunciación. Solo tiene cuarenta años. Fue educado íntegramente en su propio país, y su profesión es abogado, aunque tras finalizar sus estudios fue sacerdote durante unos años y luego decidió dedicarse a la política. Se convirtió en diputado, luego en gobernador y luego en presidente provisional, cuando reunió a su alrededor las influencias que expulsaron al presidente Woss y Gil de su cargo en 1903. Posteriormente, tuvo una lucha triangular con Woss y Gil y el expresidente Jimenes, quien también es un exiliado en Puerto Rico, y fue elegido presidente.

Algunas Acusaciones Graves.

Cuando el presidente Morales emitió un decreto de amnistía, muchos de sus enemigos regresaron. De alguna manera misteriosa, se le acusa de haber ejecutado a no menos de 200 de sus antiguos enemigos. Sus amigos niegan que haya sido cómplice de estos asesinatos. Ayer se negó a hablar del asunto. Jimenes pronto inició una revolución contra él, uno de los cientos que Santo Domingo ha tenido que soportar, y encerró a Morales en la capital. Jimenes finalmente triunfó y huyó a Puerto Rico. (Observación: Este relato parece referirse a la guerra de La Desunión).

Tuvo que Escapar.

Todo transcurrió sin contratiempos durante un tiempo y Morales firmó el convenio con este país, mediante el cual Estados Unidos asumió el control de las aduanas y acordó pagar las deudas que Santo Domingo tenía con Bélgica, Francia, Italia y otros países, así como la reclamación de 4.500.000 dólares que tenía la Compañía de Mejoras de Santo Domingo de Nueva Jersey. Entonces el gabinete de Morales se alzó contra él y se vio obligado a huir. Su caballo tropezó, se cayó y se rompió una pierna. Fue llevado a la legación estadounidense, y aunque la ley prohíbe a cualquier presidente dominicano salir del país sin permiso del Congreso, se reconoció que ya se encontraba en suelo estadounidense y se le permitió ir a Puerto Rico. Vivió allí varios meses y luego se fue a Saint Thomas, donde permaneció hasta principios de este mes, cuando cometió el error de ir a Haití, según dice, por asuntos privados. Luego se encontró camino a Nueva York. El Sr. Morales habló abiertamente ayer sobre su país, sus amigos y enemigos, dijo.

Solo Desea Paz.

“Solo deseo paz para mi país. Nunca volveré a iniciar una revolución. Cuando se conceda la amnistía, regresaré con gusto y caminaré humildemente como un ciudadano que ama a su país. No tengo ambiciones políticas. No digo que si mis conciudadanos desean mis servicios en algún cargo municipal o de menor importancia, deba declinarlos. No quiero volver a ser presidente. Mi administración fue un fracaso porque el pueblo no pudo seguir mis planes. Estamos prácticamente en una etapa inicial. Necesitamos paz. Sería un crimen perturbar el país de nuevo con sangre derramada. Si iniciara una revolución, todos los vagabundos se alzarían y me seguirían. Entonces, si ganara, tendría que proporcionarles trabajo y empleo. Estaría peor que antes y mi país también. No, he terminado con las revoluciones y con la lucha por el poder político.

“El presidente Cáceres, quien fue vicepresidente bajo mi mando, está manejando los asuntos con honestidad. De eso no hay duda. Es un soldado valiente. No es un hombre capaz, sino uno que se deja llevar por la corriente. Me sucedió, no porque él mismo estuviera en la conspiración —no digo que lo estuviera—, sino porque resultó ser el siguiente en la fila. Probablemente se presentará como candidato a la reelección en noviembre del año que viene. No sé qué se hará. Tiene mi misma edad.

La Revolución es Inútil.

“El expresidente Jimenes, que está en Puerto Rico, es como el conde de Chambord; cree que debe gobernar por derecho divino. No sé si iniciará una revolución. Es inútil iniciarla. Hay que tener dinero. No se puede conseguir dinero a menos que se controlen las aduanas. Eso no se puede hacer porque Estados Unidos las controla. Estamos bajo la esfera de Estados Unidos, como los planetas lo están bajo el sol. Las revoluciones nos traerán el descontento de este país, y no me es indiferente lo que eso significaría.”

El presidente Morales está especialmente resentido con la Compañía de Mejoras de Santo Domingo (1) y su reclamación de 4.500.000 dólares. “Esa compañía se constituyó en Nueva Jersey hace trece años”, dijo. “Su capital total era de 1.000 dólares.” Se organizó para mejorar las carreteras y desarrollar el país. No ha aportado ni un centavo al país. No entiendo cómo ha acumulado una reclamación de $4,500,000. Nunca nos ha rendido cuentas. Si le debemos dinero, queremos pagar, pero creemos que se nos debería permitir que se resuelva el asunto. (1) San Domingo Improvement Co.

“Este país ha reabierto a asuntos de reclamaciones y laudos con Haití, Venezuela y otros países. ¿Por qué no se ha vuelto a tratar este asunto? Me parece una vergüenza que su intrépido presidente, el Sr. Roosevelt, quien está en contra de los trusts, las malas corporaciones y similares, no permita que esto suceda y se permita ser cómplice de algo injusto. Nunca he conocido al Sr. Roosevelt. Por supuesto que lo admiro, pero me parece que ha cambiado un poco desde que comenzó su mandato actual.”

No es un Emperador.

El presidente Morales se encogió de hombros y continuó: Por supuesto que no es un emperador, y no quiero criticarlo ni a él ni a su país. Pero veo que está intentando imponer al Sr. Taft como su sucesor. Otro encogimiento de hombros. En mi país eso se consideraría una causa, pero no debo hablar de esos asuntos. Yo estaba a favor de que este país se hiciera cargo de nuestras aduanas. No estoy a favor del préstamo propuesto de 20.000.000 de dólares. Estoy de acuerdo con el comité de finanzas de nuestro congreso en que no es prudente. Ahora tenemos más de 2.000.000 de dólares ahorrados aquí en Nueva York. Cuando asumí el cargo, los ingresos de nuestro gobierno eran inferiores a 1.000.000 de dólares al año. Antes de mi destitución, ascendían a casi 3.000.000 de dólares al año. El presidente Woss y Gil, quien me precedió, intentó dirigir el gobierno como un deporte. Le prestó poca atención a la administración. Ahora dirige una fábrica de cigarros en Santiago de Cuba. Quería desarrollar la agricultura y pagar nuestras deudas. Creo que con los $2,000,000 y más que hemos ahorrado, un préstamo de $10,000,000 sería lo adecuado. Entonces tendríamos suficiente para pagarle al menos a Bélgica, y podríamos pagar lo que razonablemente debemos a la Compañía de Mejoras de Santo Domingo. Pero esa empresa huele mal. Como lees en ‘Hamlet’, hay algo turbio en Dinamarca. Tiene una reclamación válida de $4,500,000 contra nosotros. Debe haber tenido una lámpara de Aladino.

No soy Amigo de Jimenes. No; mi País solo quiere Paz.

Solo hay un pequeño disturbio allá abajo ahora; no es importante. No tengo ninguna mala palabra que decir a nadie, ni siquiera a Jimenes. No somos amigos, pero no le guardo rencor. Cuando se le preguntó si no temería por su seguridad personal en caso de regresar bajo amnistía, el presidente Morales respondió:

“No, no tengo miedo. Claro que tengo enemigos personales. Ante cualquiera que me ataque, tendría mi revólver. Quiero regresar y convertirme en un humilde ciudadano. Mis bienes no han sido confiscados. Nuestro país, como dijo una vez John Stuart Mill, es el lugar más hermoso del mundo. Lo amo profundamente. Con paz prosperaremos”. Pero quiero que quede claro: me opongo rotundamente a la anexión con Estados Unidos”. Por supuesto, si este país lo impusiera, estaríamos indefensos. Pero lucharía hasta el último recurso y estaría dispuesto a dar mi vida para evitar la pérdida de nuestra soberanía.

Tratamos a los extranjeros con consideración. Les permitimos poseer bienes raíces. No imponemos impuestos territoriales, aunque con el tiempo eso llegará. Podemos gravar a un agricultor con 20 dólares al año indirectamente, mientras que gravarlo con 1 dólar directamente iniciaría una revolución. Queremos capital extranjero. La mejor manera de conseguirlo es asegurar la paz. Mi país no debe temer que fomente problemas. He terminado.

Quiero Hechos.

Espero que hayamos superado esa etapa infantil y que de ahora en adelante disfrutemos de las bendiciones de la paz y la prosperidad que seguramente seguirán. Confío en las buenas intenciones de este país hacia nosotros y otros países, y creo en su labor en favor de la humanidad. Por eso espero que no nos imponga esa reclamación de 4.500.000 dólares a la Compañía de Mejoras de Santo Domingo hasta que se conozcan todos los hechos. Seguramente el gran Sr. Roosevelt se encargará de que se haga justicia. Así lo espero.

El presidente Morales recibió pocas visitas ayer. Le comunicó al cónsul general Fiallo que le gustaría que lo visitara. El Sr. Fiallo no había llamado hasta anoche. “Es mi amigo personal”, dijo el Sr. Morales, “y puede que se sienta delicado al llamar en vista de mi exilio”. El presidente Morales salió anoche, pero no dejó noticias de adónde iba. Por la tarde insinuó que le gustaría visitar Coney Island.

Fin del artículo.

Informe del Ministro Thomas C. Dawson al Presidente de los Estados Unidos sobre el proceso del Modus Vivendi (1 de julio de 1905).

Introducción:

Thomas C. Dawson fue designado Ministro Residente (Embajador) y Cónsul General de Estados Unidos en la República Dominicana el 29 de abril de 1904, asumiendo el cargo el 23 de julio del mismo año. Su designación tuvo que ver con la inminente Sentencia del Tribunal Arbitral, conformado en virtud del Protocolo de Enero de 1903, que estaba reunido en Washington desde mediados de noviembre del mismo año, para decidir sobre los asuntos relativos a la deuda que la República tenía pendiente con la compañía San Domingo Improvement Co., Sentencia que fue emitida el 14 de julio de 1904 (tres meses después de su designación, y dos semanas antes de que presentara cartas credenciales ante el Gobierno dominicano). Dawson sustituyo a William F. Powell (en los asuntos dominicanos), quien se desempeñaba como Encargado de Negocios de Estados Unidos en la República Dominicana y Ministro Residente en Haití.

En el presente informe, el ministro Dawson expone al Presidente de los Estados Unidos todo lo concerniente al proceso del Modus Vivendi, tres meses después de haberse puesto en ejecución. (Administrador del blog)

Enlace del informe original: https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1905/d345

Texto del Informe:

El Ministro Dawson al Presidente.

Washington, 1 de julio de 1905.

“Memorándum Sobre el Modus Vivendi Dominicano, sus Efectos hasta la Actualidad y las Razones que Llevaron a su Adopción”.

El Modus Vivendi financiero puesto en vigor el 1 de abril, por decreto del Gobierno dominicano, fue el resultado natural de la situación, el desarrollo lógico de lo que había sucedido antes, el método más seguro de superar el intervalo hasta la ratificación del tratado pendiente, el único medio aparente por el cual el Gobierno dominicano podría obtener dinero suficiente para existir y mantener el orden y al mismo tiempo todos los acreedores recibir una garantía razonablemente satisfactoria.

Sus disposiciones son simplemente que ciudadanos estadounidenses imparciales y competentes recaudarán todos los derechos aduaneros, pagando el 45% al Gobierno dominicano y depositando el resto como fondo fiduciario, que posteriormente se distribuirá entre los acreedores en proporción a sus justas reclamaciones. Mientras tanto, todos los acreedores deberán renunciar temporalmente a cualquier derecho especial que posean y no se les permitirá exigir el pago inmediato.

La historia de Santo Domingo prueba de manera concluyente que ningún gobierno de allí puede, por buenas intenciones que tenga, obligar a la remisión regular de todos los ingresos de los recortes al tesoro nacional ni aplicar al pago de sus deudas los ingresos que de hecho lleguen a sus manos.

Además, el deseo de apoderarse de las aduanas es el principal motivo e incentivo de las revoluciones. Por lo tanto, la recaudación y la administración judicial extranjeras eran necesarias para que los acreedores recibieran el pago y cesara la guerra civil.

El modus vivendi lleva ya tres meses en vigor y, hasta la fecha, ha tenido un éxito gratificante. Ha brindado a la República Dominicana todos y más beneficios, más de lo que el presidente Morales y sus asesores esperaban cuando lo formularon, adoptaron, y obtuvieron su aceptación por parte de Estados Unidos y los países acreedores europeos.

Efectos del Modus Vivendi.

1. Desde su puesta en vigor no ha ocurrido ninguna revolución ni desórdenes graves y por primera vez desde 1899 ha cesado la conspiración activa contra el gobierno establecido.

2. El país tiene una razonable seguridad de que la paz continuará, y todas las ramas de la industria productiva han sentido un fuerte impulso. Los cultivadores de tabaco de los valles del norte, que casi habían abandonado este cultivo durante los años revolucionarios, han reanudado la siembra a gran escala. La cosecha de tabaco de este año será más del doble que la del año pasado. Por primera vez en años, la industria azucarera está en auge, y la mayoría de las plantaciones están sembrando nuevos y extensos campos. A pesar de los bajos precios, la industria del cacao prospera, y el ganado se está reponiendo.

3. Aunque el 55% de todos los ingresos aduaneros se remiten a Nueva York, el Gobierno Central dominicano dispone de más efectivo para sus gastos que en ningún otro momento de los últimos cinco años. Esta aparente paradoja se explica por el hecho de que, por primera vez en la historia del país, el control de los ingresos por parte de la autoridad central es real y no meramente nominal. Anteriormente, las autoridades militares y fiscales locales disponían de los ingresos de los diferentes puertos a su antojo.

4. El Gobierno dominicano se ha librado de la necesidad de otorgar préstamos a corto plazo con intereses ruinosos y bonificaciones, y de conceder a los importadores enormes reducciones en las tarifas arancelarias legales. Por primera vez, el gobierno central sabe con exactitud cuánto dinero recibirá con seguridad y puede mantener sus gastos dentro de sus ingresos reales. Se ha acumulado un pequeño superávit de efectivo; el gobierno paga a sus empleados regularmente y obtiene la ventaja de comprar sus suministros al contado.

5. La introducción de métodos comerciales honestos y sensatos en las aduanas ha incrementado considerablemente los ingresos en efectivo. El Sr. Colton (1) ha estado recaudando a un ritmo de 2.500.000 dólares al año. En años anteriores, los ingresos en papel no superaron los 1.800.000 dólares, y desde 1901 ni la mitad de esta cantidad ha estado bajo el control de ningún gobierno central. (1) Coronel George R. Colton, fue comisionado por el presidente de Estados Unidos para dirigir el servicio de aduanas en República Dominicana.

6. Por el momento, al menos, el país ha quedado libre de la amenaza de una toma forzosa por parte de potencias extranjeras de aquellos puertos cuyos ingresos han sido hipotecados.

7. Las reclamaciones pendientes contra el Gobierno dominicano ascienden a varios millones de dólares, y de no haber sido por la adopción del Modus Vivendi, el Gobierno dominicano se habría visto obligado a reconocer su deuda por cantidades exorbitantes e injustas. Sin embargo, el acuerdo vigente impide cualquier esfuerzo actual para asegurar la liquidación de estas reclamaciones y garantiza que, cuando se liquiden, se hará en términos justos y favorables para Santo Domingo. Esto representa una gran ventaja, ya que los gobiernos dominicanos anteriores nunca han estado en condiciones de exigir ni obtener un trato igualitario o justo cuando las reclamaciones eran presentadas por acreedores extranjeros. Los frecuentes cambios violentos de administración, los acuerdos corruptos a menudo celebrados entre los que ocupaban temporalmente el poder y financieros extranjeros o comerciantes locales, y la mala reputación del país en el cumplimiento de sus acuerdos financieros, privaron a sus representantes de toda fuerza moral. Fuerza física, no tenían ninguna. Por regla general, las transacciones originales de las reclamaciones se basaban en documentos privados y verbales, y tras una revolución, los nuevos funcionarios dominicanos no conservaban ningún documento que les permitiera refutar las declaraciones de los reclamantes. Por lo tanto, los sucesivos gobiernos dominicanos han quedado prácticamente a merced de sus acreedores a la hora de determinar el importe de las deudas pendientes. Cuando, como solía ocurrir, una reclamación extranjera contaba con el respaldo de las enérgicas gestiones de un representante diplomático, quien, naturalmente, confiaba en la palabra de su compatriota y cuyas gestiones y demandas recibían necesariamente pronta atención debido a la presencia de un buque de guerra, era evidente que un gobierno dominicano no podía hacer otra cosa que aceptar la cantidad y los términos exigidos por el acreedor extranjero. Además, al ser notoriamente bajos los salarios, Santo Domingo no podía esperar descuentos, y el importe de la reclamación a menudo se inflaba sistemáticamente como una especie de seguro contra el riesgo innegable de que nunca se cobraría nada, independientemente de lo acordado.

8. Liberado temporalmente de la amenaza de una revolución interna y de una intervención extranjera, el actual Gobierno dominicano se dedica con ahínco y éxito a la organización de su administración civil, municipal y judicial. Los jefes militares, cuyas principales cualidades para el gobierno local eran su valentía y resolución para sofocar revueltas, están siendo reemplazados por funcionarios con mayor conocimiento y respeto por la ley y la libertad personal. Los municipios están mejorando sus calles, y sus ingresos ya no están sujetos a confiscación por parte de los jefes militares. La ciudad de Santo Domingo, que quedó prácticamente devastada por tres prolongados asedios, está siendo mejorada. Algunos edificios públicos necesarios ya están en construcción o reparación, y el próximo paso contemplado por la administración del presidente Morales es la adecuación de los caminos del interior para carretas. Actualmente no existe un solo camino carretero de 10 millas de longitud en toda la República. Muchas escuelas han reabierto sus puertas y los tribunales civiles y penales están reanudando sus funciones habituales.

9. El Sr. Colton deposita 100.000 dólares mensuales en un banco de Nueva York. Estas sumas escapan por completo al control de cualquier gobierno dominicano, ya sea constitucional o revolucionario, y todos los acreedores tienen la seguridad de que estas cuantiosas sumas se colocan a salvo de la confiscación y se destinarán lo antes posible al pago proporcional de todas las reclamaciones justas. Durante los últimos cinco años, ningún gobierno dominicano ha intentado pagar una cantidad sustancial de sus deudas. Ahora, por primera vez, los acreedores tienen la seguridad de que realmente obtendrán algo. Por lo tanto, todos, casi sin excepción, están muy satisfechos con el Modus Vivendi y no tomarán ninguna medida que lo altere.

10. Finalmente, el Modus Vivendi, al menos por el momento, elimina por completo a Santo Domingo como un factor internacional potencialmente perturbador. Sus gobiernos han firmado un protocolo tras otro con los países acreedores, acordando solemnemente pagar las sumas anuales fijadas en ellos. Ninguno de estos tratados se ha cumplido, y la cantidad anual que, según sus términos, Santo Domingo se ha obligado a pagar supera ahora los ingresos anuales que cualquier gobierno dominicano ha podido recaudar con sus propios funcionarios y mecanismos. En los últimos años, la intervención extranjera forzosa para el cobro de deudas ha sido inminente en repetidas ocasiones y no se habría podido postergar por mucho tiempo de no haberse propuesto y aceptado el Modus Vivendi.

Además, algunos de estos tratados comprometen los ingresos de aduanas específicas al pago de montos anuales específicos. Se puede esperar con seguridad que los acreedores extranjeros que no cuenten con esta garantía obtengan, mediante la presión diplomática de sus respectivos gobiernos, hipotecas similares sobre los puertos que aún no estén comprometidos. Si una de estas hipotecas se ejecuta, las demás seguramente seguirán su ejemplo. No se puede esperar que cada nación consienta voluntariamente en tomar de los ingresos de la aduana que se encuentra en sus manos menos del monto total acordado en su respectivo tratado. El Gobierno dominicano no cuenta con ingresos apreciables aparte de los recaudados a través de las aduanas y, por lo tanto, quedaría sin fondos para cubrir sus gastos administrativos y mantener el orden. Esto significaría anarquía, y para evitarla, las naciones involucradas se verían obligadas a llegar a un acuerdo entre ellas mediante el cual se asignaría un ingreso vitalicio a Santo Domingo. Estados Unidos sería necesariamente parte de dicho acuerdo y estaría obligado a asumir, al menos, su responsabilidad proporcional. Pero la negociación de dicho acuerdo sería extremadamente complicada y difícil, mientras que bajo el Modus Vivendi, los países acreedores se libran de la molestia de tomar posesión, cada uno, de una aduana diferente y de establecer una serie de administraciones aduaneras separadas y posiblemente discordantes; además, los propios acreedores están dispuestos a aceptar una distribución del total de los ingresos netos obtenidos bajo el Modus Vivendi, siempre que se realice bajo los auspicios imparciales del Gobierno de los Estados Unidos. Otra consideración fundamental es que una toma de posesión separada de las aduanas por parte de los diferentes países acreedores resultaría en una posesión prácticamente permanente. Por ejemplo, El 55% de los ingresos de Santo Domingo y Macorís no alcanzaría para pagar más del 2% anual de los bonos franceses y belgas. Por lo tanto, no se pudo crear un fondo de amortización. Las deudas italianas ascienden a unos 2.500.000 dólares, y no se esperaba que los ingresos de Samaná y Sánchez proporcionaran más de 150.000 dólares anuales para su pago. Pero si todas las aduanas se administran por una sola vía, los estadistas y financieros dominicanos, con una lección práctica de finanzas sólidas ante sus ojos, pronto serían competentes para operar la maquinaria ellos mismos; los acreedores adquirirían confianza a medida que sus dividendos llegaran con regularidad; los cobradores extranjeros podrían ser reemplazados gradualmente por dominicanos; las deudas podrían canjearse en condiciones favorables y, finalmente, la necesidad de control financiero extranjero desaparecería por sí sola.

Inestabilidad de la situación actual.

Por muy ventajoso que haya resultado el Modus Vivendi para el pueblo dominicano, el Gobierno dominicano, los acreedores y las potencias extranjeras que tienen relaciones e intereses en Santo Domingo, es solo un recurso provisional y se asienta sobre cimientos muy precarios, de hecho, las dos cosas que han fortalecido y asegurado la aceptación general del Modus vivendi son: primero, el prestigio de su pronta y unánime aceptación por parte de todas las naciones acreedoras. El dominicano más irreflexivo se da cuenta de que su fiel observancia es la última oportunidad para la rehabilitación de Santo Domingo ante los ojos del mundo civilizado. Segundo, se considera el Modus Vivendi, en Santo Domingo, como preparación necesaria y preliminar para la ratificación y entrada en vigor del tratado del 7 de febrero. Por lo tanto, su repudio sería considerado por los dominicanos como una notificación virtual a Estados Unidos de que el tratado no sería ratificado por el Congreso dominicano. Una acción tan radical es rechazada por todos los partidos.

Sin embargo, la condición bajo el Modus Vivendi es de equilibrio inestable, y el pueblo de Santo Domingo, sus gobernantes y especialmente sus clases comerciales e industriales, esperan ansiosamente la ratificación del tratado.

Bosquejo explicativo de la historia y condiciones recientes de República Dominicana.

He procurado incorporar suficientes detalles para aclarar cuál es realmente el Modus Vivendi, qué condiciones debería cumplir y por qué ha demostrado ser tan adecuado a las exigencias de la situación. No fue un plan concebido de novo por el presidente de Santo Domingo o sus asesores, sino la secuencia natural y casi inevitable de la historia previa de ese desdichado país. Por lo tanto, un breve esbozo de esa historia probablemente arrojará más luz sobre la situación actual y podría convencer a quienes no estén familiarizados con el tema de la veracidad de las afirmaciones anteriores.

Desde la fundación de la República en 1844 hasta 1886, las revoluciones se sucedieron rápidamente; ningún presidente terminó su mandato, y casi no pasaba un año sin una guerra civil. En 1861, Santana, entonces presidente, convencido de que ningún gobierno independiente era viable en Santo Domingo, negoció un tratado de anexión con España. Pero tres años después, sus oponentes se rebelaron contra el mal gobierno español y sus funcionarios fueron expulsados. En 1873, el país había llegado de nuevo a tal punto que Báez, el entonces presidente, negoció un tratado de anexión con Estados Unidos, pero el proyecto fracasó debido a la negativa del Senado estadounidense a ratificarlo. Al fracasar, Báez fue expulsado del poder tras otra sangrienta guerra civil. Pero sus oponentes triunfantes no lograron establecer un gobierno estable, y el desorden fue casi continuo hasta aproximadamente el año 1886, cuando Ulises Heureaux logró detener a sus exhaustos oponentes y obtener el reconocimiento de su supremacía de todos los caciques locales.

Heureaux fue un hombre de invencible coraje personal, un trabajador infatigable, un agudo juez de las motivaciones humanas: implacable, implacable y de sangre fría. Tomó el país tal como lo encontró, se preocupó poco por las reformas civiles o administrativas y limitó sus esfuerzos a reprimir revueltas y a enriquecerse. El método que adoptó para asegurar la paz y su propia supremacía fue asegurarse un apoyo en todo el país empleando a un gran número de funcionarios y pagando pensiones a todos aquellos cuyo coraje o influencia le permitieran apaciguar a los demás. He visto su presupuesto secreto para la provincia de Samaná, y muestra que al menos el 10% de todos los hombres aptos para el trabajo estaban en su nómina, y la mayoría de ellos sin pretender prestar ningún servicio al estado, salvo estar dispuestos a apoyar a Heureaux en caso de revuelta. Si este soborno no lograba mantener a un individuo callado, Heureaux recurría a amenazas, destierros, asesinatos secretos y, si todo esto fallaba, a una ejecución militar. Durante trece años logró evitar cualquier revuelta seria contra su gobierno, y si sus capacidades financieras hubieran estado a la altura de sus habilidades políticas, sin duda habría continuado como gobernante indiscutible de Santo Domingo hasta la actualidad. Pero no confiaba en nadie, persistía en intentar administrar las finanzas sin asistencia responsable y competente, no comprendía la necesidad de la contabilidad, era insensatamente pródigo en sus regalos a sus amigos, gastaba grandes sumas en sus vicios personales y, lo peor de todo, comparaba con confianza su propia astucia financiera con la astucia experta de los prestamistas profesionales. El resultado fue que, abrumado por las exigencias de los dominicanos a los que subsidiaba, pidió prestado dinero del extranjero en condiciones desventajosas, al vencimiento de los intereses, emitió nuevos bonos, se asoció con concesionarios y comerciantes, y se hundió cada vez más en el atolladero financiero, hasta que para 1898 la deuda nominal superó los veinte millones de dólares, y no sabía a dónde acudir para conseguir un dólar de dinero contante y sonante.

Pero el daño había sido más profundo que la mera acumulación de esta deuda, desproporcionada como era para la población y la riqueza del país. Miles de los ciudadanos más educados, talentosos, valientes y enérgicos del país se habían desmoralizado por el sistema de pensiones. Se les había inculcado la idea de que el gobierno les debía la vida, y habían perdido en gran medida la capacidad y el deseo de emprender negocios. Por otro lado, los trece años de paz y la aplicación implacable de las leyes penales habían mejorado enormemente la situación de las clases agrícolas y comerciales. Las industrias, azucarera, del cacao, del tabaco y ganadera habían prosperado, y la población y la riqueza habían aumentado. Pero las clases cultas y militares siempre resentían amargamente la tiranía de Heureaux, y finalmente, en 1898, una fallida y ruinosa emisión de papel moneda le hizo perder la confianza y el apoyo de los campesinos ignorantes pero laboriosos. Síntomas de rebelión aparecieron simultáneamente en muchas partes de la República, y cuando el 26 de julio de 1899 fue baleado por un popular dominicano al que estaba a punto de arrestar, el país despertó como de una pesadilla. Horacio Vásquez, cabeza de una familia adinerada y extendida en las provincias de Moca y Santiago, y Juan Jimenes, un acaudalado comerciante de Montecristi, eran los dos hombres más populares y prominentes de la República y, como tales, señalados como los líderes de la revolución que estalló de inmediato. El partido que Heureaux había construido con tanto esmero gracias a sus subsidios se desmoronó sin apenas resistencia. El vicepresidente se rindió sin oponer resistencia cuando Vásquez apareció a las puertas de la capital; este último fue declarado Presidente Provisional, y cuando Jimenes llegó unas semanas después, se acordó que este último sería presidente y él vicepresidente. Jimenes comenzó a arrasar. Los empleados y ministros de Heureaux fueron reemplazados por jóvenes que, aunque inteligentes, patriotas y entusiastas, carecían de experiencia en asuntos gubernamentales. El país era próspero, con grandes exportaciones e importaciones, el nuevo gobierno eliminó la lista de pensiones. Repudió las obligaciones de Heureaux con los acreedores extranjeros y expulsó a los agentes fiscales extranjeros que Heureaux se había visto obligado a aceptar para obtener préstamos en el exterior. Por lo tanto, el nuevo gobierno se encontró en plena posesión de grandes ingresos. Pero en lugar de reservar escrupulosamente una cantidad suficiente para cubrir los intereses de los acreedores, debido a la deuda externa, despilfarró sus ingresos de mil maneras. Pronto se organizó una nueva lista de pensiones para satisfacer los clamores de los amigos de Jimenes, y poco después surgieron desacuerdos entre sus partidarios y los horacistas, como se llamaba a los seguidores de Vásquez.

Los horacistas se rebelaron y en 1902 lograron derrocar a Jimenes. El gobierno que instauraron intentó suprimir los abusos fiscales surgidos en los diversos puertos y comprendió la necesidad de prever sus obligaciones internacionales; pero era demasiado débil para lo primero y demasiado pobre para lo segundo. Se vio obligado a vivir al día con préstamos usureros a corto plazo y firmó contratos con comerciantes importadores que les permitían importar mercancías con aranceles inferiores a los legales. Las autoridades locales hicieron lo que quisieron, y aunque el gobierno central actuó en general con honestidad y altruismo, no pudo controlar a sus subordinados ni disponer de los ingresos nominales del país. A los pocos meses, los jimenistas resurgieron en Montecristi y otras provincias, y el gobierno de Vásquez agotó sus recursos en infructuosos intentos por sofocar la rebelión. En marzo de 1903, mientras el presidente se encontraba ausente en campaña, varias personas confinadas en el castillo de Santo Domingo corrompieron a sus carceleros, se unieron a la guarnición y tomaron posesión de la Capital. El general Woss y Gil, quien había sido presidente muchos años antes, fue persuadido a aceptar la presidencia. Vásquez regresó rápidamente con una fuerza considerable y sitió la ciudad, pero la aniquilación de una columna atacante al mando del general Cordero lo desmoralizó por completo y huyó a Cuba. Woss y Gil obtuvo fácilmente del país exhausto un reconocimiento nominal de su supremacía, pero no logró un control real de los ingresos, y se presentaron cargos de corrupción contra sus ministros. En septiembre de 1903, el país estaba nuevamente listo para la revuelta. Se pactó una tregua contra el enemigo común entre jimenistas y horacistas. Carlos Morales, uno de los jefes jimenistas más jóvenes, pero más capaces, dirigió una expedición triunfal desde Montecristi; Mientras que Ramón Cáceres, el horacista más popular, cooperó con él desde el norte. Los gobernadores partidarios de Woss y Gil fueron expulsados sucesivamente de toda la isla, excepto de Santo Domingo. Y esa ciudad pronto fue sitiada por las fuerzas conjuntas. Tras una resistencia desesperada, Woss y Gill se vio obligado a rendirse. Pero La Unión había sido meramente temporal, y resultó imposible conciliar las envidias de los dos partidos vencedores. Se había llegado a un acuerdo según el cual la cuestión de la presidencia se decidiría mediante elecciones, pero como las elecciones en Santo Domingo siempre se desarrollan según los deseos de los funcionarios en el poder, fue imposible ponerse de acuerdo sobre quién sería el presidente provisional. El partido horacista no tenía ningún candidato competente ni deseoso de ocupar el cargo y decidió que prefería a Morales sobre Jimenes. En consecuencia, se forjó una alianza entre Morales y los horacistas, y el primero se declaró presidente provisional en diciembre de 1903.

Observación: Morales era presidente provisional del Gobierno de La Unión (unión de horacistas y jimenistas) desde el 25 de noviembre de 1903. El 8 de diciembre emitió un Decreto fijando las elecciones para los días 15 y 16 de enero de 1904. Dos o tres días después, Juan Isidro Jimenes lanzó su candidatura a la presidencia, con Miguel Andrés Pichardo para la vicepresidencia. El 14 de diciembre Morales aceptó la candidatura presidencial ofrecida por los horacistas, quienes habían derrocado a Jimenes un año y medio antes y, al conocer la noticia, los jimenistas se levantaron en armas y sobrevino La Desunión.

Mientras tanto, los gobernadores jimenistas habían logrado instalarse en la mayoría de las provincias del norte y el oeste (1), y Morales fue inmediatamente atacado por sus fuerzas en la capital. Respondió enviando tropas por mar a los puertos del norte, y pronto logró apoderarse de todos ellos excepto Montecristi; mientras que Cáceres y Guayubín recuperaron las grandes ciudades del interior de Santiago, Moca y La Vega. Estos éxitos fueron seguidos por el reconocimiento del Gobierno de Morales por parte de las potencias extranjeras.

(1) Esos gobernadores jimenistas habían sido designados por el presidente Morales cuando asumió el Poder, en función de la alianza de ambas facciones, pues él también era jimenista.

Buques de guerra extranjeros acudieron rápidamente al escenario del combate en la ciudad de Santo Domingo. Entre ellos se encontraba el USS Yankee (1). El 1 de febrero, una de sus lanchas de vapor fue atacada a tiros por los revolucionarios en la margen izquierda del río, donde murió el maquinista Johnson. Unos días después, el vapor correo estadounidense New York fue atacado a tiros por los mismos revolucionarios. Siendo evidente la incapacidad del gobierno dominicano para evitar tales atropellos, el capitán Wainwright, del Newark, obligó, aunque sin derramamiento de sangre, a los revolucionarios a retirarse de la posición desde la que amenazaban la libre comunicación del puerto. El presidente Morales, tras regresar de su exitosa expedición al norte, atacó enérgicamente a los sitiadores y los derrotó. Una parte se retiró al este, a Macorís, ciudad que no fue sometida hasta marzo, mientras que el resto se dispersó o huyó a las provincias de Montecristi y Azua. Allí se mantuvieron, a pesar de todos los esfuerzos de Morales y sus generales, durante abril y mayo.

Observación: (1) Los buques de guerra, que refiere, fueron solicitados por William F. Powell, Encargado de Negocios de Estados Unidos, luego de que el buque norteamericano Cherokee, de la línea Clyde, fuera impedido de entrar a descargar a Puerto Plata por el crucero Independencia, en poder del gobierno de Woss y Gil, que mantuvo el puerto bloqueado desde el 28 de octubre de 1903, luego de que se declarara la Revolución de La Unión el 24 de ese mismo mes, en Puerto Plata. En la ocasión también se le impidió entrar al puerto al buque-correo cubano María Herrera, que llevaba carga y pasajeros para Puerto Plata. (ver en este blog el artículo: «Bloqueo Naval a Puerto Plata. 28/10/1903»). Otra decena de buques de guerra europeos (alemanes, ingleses, franceses e italianos) hicieron presencia en aguas dominicanas, reclamando el pago de las acreencias de sus connacionales y amenazando con tomar las aduanas por la fuerza, después que el Tribunal Arbitral emitiera el Laudo, que no los incluía en los acuerdos de pago.

Acontecimientos inmediatamente anteriores a la negociación del tratado y a la promulgación del Modus Vivendi.

A finales de mayo de 1904, tras nueve meses de guerra civil, durante los cuales cada ciudad y pueblo del país fue tomado y reconquistado, y cada provincia se convirtió en escenario de derramamiento de sangre, incendios y saqueos, los opositores al gobierno de Morales se vieron obligados por puro agotamiento a cesar sus operaciones agresivas. Todo el país estaba harto de lucha y anarquía. Incluso los revolucionarios y políticos profesionales, que constituyen como máximo el 5% de la población, con pocas excepciones, deseaban un respiro, y las clases agrícolas y comerciales clamaban por la paz. Los pequeños agricultores se vieron obligados a huir de sus hogares para escapar del reclutamiento; ganado, caballos, mulas e incluso cerdos y aves de corral fueron aniquilados por las pequeñas bandas armadas al mando de jefes independientes que recorrían la isla en todas direcciones. Pero lo que más hacía desesperanzadoras las perspectivas del partido revolucionario era el hecho de que cinco de las ocho aduanas estaban seguras en manos de Morales y sus aliados horacistas, y no podían ser recuperadas por los jimenistas mientras el Presidente controlara las dos cañoneras que le permitían transportar tropas para el rápido refuerzo de los puntos amenazados.

Pero por desesperada que fuera la situación del bando revolucionario, la del gobierno no era mucho mejor. Los revolucionarios aún controlaban las provincias de Montecristi, Azua y Barahona, y aunque Morales había concentrado todos sus recursos en una invasión de la primera, los sangrientos combates que se libraron allí durante abril y mayo no habían dado resultados decisivos. Demetrio y Arias parecían tan inexpugnables en Montecristi como Morales en la Capital y en Macorís, Cáceres en Moca y en Santiago, Guayubín en La Vega y en Sánchez, y Céspedes en Puerto Plata. A pesar de sus éxitos militares, el gobierno de Morales atravesaba graves dificultades financieras. En los cinco años de guerra civil casi continua que se había prolongado desde la muerte del presidente Heureaux, el gobierno central había perdido todo control efectivo sobre los funcionarios subordinados, tanto fiscales como militares y civiles.

Esa pequeña proporción de los ingresos nominales que realmente estaban a su disposición había sido hipotecada y rehipotecada a prestamistas locales por adelantos realizados a tasas increíblemente usureras, bajo la presión de las necesidades de la guerra. Prácticamente el único método por el cual Morales o los gobernadores provinciales que cooperaban con él podían obtener dinero en efectivo, era ceder a algún comerciante el derecho a cobrar los ingresos en un puerto determinado, u otorgar a algún importador un importante descuento en los aranceles legales.

Dada la situación de las partes en conflicto, no era extraño que ambas decidieran que era más prudente llegar a un acuerdo. El comandante Dillingham, del USS Detroit, se encontraba entonces en aguas dominicanas con el propósito de proteger vidas y propiedades estadounidenses, y gozaba de la confianza de ambas partes. Fue en una conferencia a bordo de su barco que se acordó y firmó un acuerdo de paz. Según sus términos, los jefes jimenistas, entonces en el poder en Montecristi y en Azua, fueron reconocidos por Morales como autoridades legales de esas provincias, y a cambio, lo reconocieron como presidente. Este acuerdo entró en vigor en junio y en poco tiempo restableció la paz en el país consternado. Las bandas independientes de merodeadores pronto se desintegraron; muchos de los revolucionarios más persistentes que no habían logrado obtener puestos ni salarios bajo el nuevo acuerdo se exiliaron, y el grueso de las tropas de ambos bandos abandonó gustosamente el tedioso servicio al que habían sido obligados contra su voluntad. Los trabajadores de las grandes plantaciones regresaron de sus escondites y los pequeños agricultores reanudaron la agricultura sencilla, que en esa fértil isla proporciona con tanta facilidad los pocos artículos de primera necesidad que requiere el dominicano promedio. Pero pronto se hizo evidente que el acuerdo no garantizaba el mantenimiento permanente de la paz. Los jimenistas exiliados y sus aliados estaban decididos a reanudar el conflicto tan pronto como pudieran reunir nuevos recursos o surgieran desacuerdos entre sus oponentes vencedores. De hecho, el acuerdo dejó a la provincia de Montecristi prácticamente independiente. Morales temía que el gobernador Arias permitiera la llegada de los exiliados a Monte Christi, y que ese puerto y los ingresos de su aduana se utilizaran como base para una nueva rebelión. Por otro lado, Arias temía que Morales solo estuviera esperando una oportunidad favorable para desposeerlo. Un peligro aún más grave, pero menos probable, amenazaba al gobierno de Morales: las intrigas constantes dentro del partido horacista buscaban expulsarlo y poner en su lugar a un horacista de pura cepa.

Detrás de ambas inquietudes estaba la cuestión de la deuda externa y la actitud que al respecto adoptarían los gobiernos francés, belga, alemán, español, italiano y estadounidense. El contrato de 1901 con los tenedores de bonos franceses y belgas, aunque liberal con el gobierno dominicano, no había sido cumplido por éste. Jimenes, Vásquez, Woss y Gil y Morales habían incumplido sucesivamente los pagos previstos en él. Este contrato otorgó a dichos acreedores una hipoteca específica sobre los ingresos de los puertos de Santo Domingo y Macorís, y el gobierno de Morales temía y esperaba constantemente que se presentara una demanda por la posesión de esas aduanas. Esto habría sido ruinoso, ya que los recursos de estos mismos puertos eran los únicos de los que dependía.

El gobierno central podía confiar en el pago de sus gastos, ya que los ingresos de todos los demás puertos eran absorbidos por sus propias localidades. Por lo tanto, en cierto sentido, la administración de Morales existía solo por la paciencia de los gobiernos francés y belga. En julio de 1903, los gobiernos alemán, español e italiano habían exigido al gobierno de Woss y Gil que firmara protocolos en los que acordaba pagar sumas mensuales específicas. En mayo de 1904, el gobierno italiano había declarado que había llegado el momento de insistir en un acuerdo definitivo, y se firmó un nuevo conjunto de protocolos hipotecando el 10 por ciento de los ingresos totales de todos los puertos y creando un gravamen específico sobre el puerto de Samaná. En julio de 1904, llegó la decisión de los árbitros designados para determinar cómo se debían pagar los $4,500,000 que el gobierno de Vásquez había acordado que se debían a la Compañía de Mejoras de Santo Domingo (1). Su Laudo exigía pagos mensuales superiores a $40,000 y, en su defecto, disponía que la aduana de Puerto Plata se cediera a un representante estadounidense, además de otorgar un gravamen específico, pero subsidiario, igualmente ejecutable en los puertos de Monte Christi, Sánchez y Samaná. En septiembre, el gobierno de Morales no pudo pagar el plazo y, en consecuencia, el 17 de octubre de 1904, se vio obligado a entregar la aduana de Puerto Plata. (1) Se refiere al Protocolo de Enero de 1903 suscrito por el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos en representación de la San Domingo Improvement Co., que tuvo como resultado el Laudo Arbitral en julio de 1904.

Con los ingresos de Puerto Plata se habían pagado los gastos administrativos no solo de esa ciudad, sino también de las importantes provincias interiores de Santiago y Moca, y estos gastos se vieron repentinamente abrumados por los ingresos ya sobrecargados de los puertos del sur. El gobierno solicitó a la Compañía de Mejoras de Santo Domingo una prórroga, que le fue concedida durante dos semanas, durante las cuales el gobierno realizó esfuerzos desesperados por obtener suficientes ingresos para cubrir los presupuestos del norte de los puertos que aún permanecían en su poder. Los representantes franceses y belgas protestaron enérgicamente contra el desvío de los ingresos de Santo Domingo y Macorís, sobre los que tenían derecho prioritario, alegando que el efecto neto de la adjudicación de la Compañía de Mejoras era privarlos de cualquier esperanza razonable de obtener beneficios. Mientras tanto, los ingresos de Santo Domingo, Macorís y Sánchez, los principales puertos que permanecían en manos del gobierno, estaban disminuyendo, porque las autoridades de Montecristi permitían las importaciones a través de ese puerto a tarifas inferiores a las legales.

La Compañía de Mejoras de Santo Domingo ofreció garantizar que el gobierno recibiera $30,000 mensuales de los ingresos de todos los puertos del norte, siempre que el gobierno se los entregara. En su desesperada situación, el presidente Morales se inclinó a aceptar, pensando que podría obtener una garantía similar de los representantes de los demás acreedores extranjeros con respecto a los puertos del sur, garantizando así unos ingresos pequeños pero seguros. Sin embargo, tras una cuidadosa consideración, la oferta fue rechazada debido a la profunda desconfianza que la mayoría de los dominicanos sentían hacia la Compañía de Mejoras de Santo Domingo, sentimiento que se había agravado por la negativa de la Compañía de Mejoras a hacer más concesiones en octubre. Durante un tiempo, la política de inacción prevaleció, y los asesores financieros de Morales parecían inclinados a esperar resultados, pensando que nada peor les podía pasar. Pero la reflexión y el debate los convencieron de que la situación no era desesperada si se conseguía convencer a Estados Unidos de prestar su ayuda amistosa. La crisis llegó en diciembre con la información cierta de que las autoridades de Montecristi no pudieron ser persuadidas a dejar de actuar en su propio beneficio, y dado el vencimiento del plazo establecido por los protocolos italianos y la última promesa dada a los tenedores de bonos franceses y belgas para el inicio de los pagos mensuales, estos últimos habían accedido en junio a esperar hasta noviembre, pero no más.

A principios de año, el presidente Morales preguntó al ministro estadounidense si Estados Unidos estaría dispuesto a actuar como síndico, encargándose de la recaudación de los ingresos y de la determinación del monto de las deudas. El Departamento de Estado manifestó su disposición a discutir el asunto, y se iniciaron negociaciones que culminaron en el tratado del 7 de febrero de 1905 (1). Cuando el público dominicano se enteró de que se estaban llevando a cabo negociaciones, los enemigos del gobierno difundieron diligentemente la noticia de que se contemplaba la anexión. Se desató una oleada de protestas y la revolución estuvo a punto de estallar en la propia capital. Para apaciguar la incomprensión pública, el presidente Morales se vio obligado a publicar el borrador preliminar de lo que realmente se estaba considerando. La indignación pública se calmó de inmediato, y mientras el tratado propuesto se debatía acaloradamente, se acallaron los rumores sobre la revolución. (1) La Convención de 1905.

Pero aunque un peligro desapareció así, otro surgió de inmediato. Dado que, según los términos del tratado, el Gobierno dominicano renunciaba a todo control sobre sus ingresos, ya no estaba en condiciones de obtener anticipos hipotecando los mismos por adelantado. Los ingresos aduaneros en Santo Domingo no se recaudan en efectivo, sino en pagarés con vencimiento hasta a sesenta días. Todos estos, que estaban venciendo, ya habían sido hipotecados. Los prestamistas no harían anticipos sobre los que se les otorgaban por la llegada de cargamentos, ya que se esperaba que el derecho a cobrarlos pasara momentáneamente al representante de los Estados Unidos tras la ratificación del tratado. Esta dificultad, al principio, parecía insoluble, pero se resolvió felizmente gracias a la acción de un comerciante puertorriqueño que operaba en Santo Domingo, quien firmó un contrato mediante el cual se comprometía a adelantar $75,000 mensuales para necesidades administrativas, con la garantía de la entrega de los pagarés recibidos en todos los puertos, excepto en los dos que estaban en posesión de la Compañía de Mejoras de Santo Domingo. Tenía la justa confianza de que, en caso de ratificación, se le permitiría reembolsarse sus anticipos.

Este acuerdo ofreció la ventaja adicional de centralizar y facilitar las cobranzas. El Sr. Michelena se negó a aceptar de los comerciantes antiguas obligaciones del gobierno para el pago de dichos pagarés, y durante febrero y marzo logró recaudar una suma neta mensual mucho mayor de la que los propios funcionarios gubernamentales jamás habían podido obtener. De hecho, las cobranzas ascendieron a un monto considerablemente mayor que los anticipos, y este excedente se retuvo, con el consentimiento del Gobierno dominicano, en manos del Sr. Michelena como fondo para cubrir los gastos administrativos durante el intervalo entre la ratificación prevista de la convención y el momento en que los pagarés emitidos posteriormente comenzaran a vencer.

Alrededor del 10 de marzo llegó a Santo Domingo un buque de guerra italiano, cuyo capitán tenía órdenes de tomar las medidas que considerara adecuadas para asegurar la observancia del protocolo domínico-italiano; pero al enterarse de que el gobierno dominicano se esforzaba seriamente por pagar sus deudas y ratificaría la convención, expresó su satisfacción por la protección de los derechos italianos y partió hacia Jamaica. El 19 de marzo se recibió un telegrama en Santo Domingo anunciando que el Senado de los Estados Unidos había rechazado el tratado. Inmediatamente se celebraron reuniones con los opositores del gobierno y se enviaron mensajes a los revolucionarios de toda la República. Parecía seguro que una revolución formidable estallaría de inmediato. Al día siguiente, sin embargo, llegó la noticia correcta: el Senado simplemente había suspendido sus sesiones y el tratado aún estaba pendiente de ratificación. La agitación se calmó, pero la ansiedad se reavivó con el regreso del buque de guerra italiano. Sin vacilación ni demora, el gobierno anunció a los acreedores que haría todo lo que estuviera a su alcance que le sugirieran y que estaba dispuesto a destinar el 55% de sus ingresos a su pago. Inmediatamente se hizo evidente que los acreedores estarían satisfechos con tal cantidad, e incluso dispuestos a esperar indefinidamente el pago efectivo, siempre que se les garantizara que los ingresos se recaudarían honestamente y que la parte correspondiente a los acreedores se pondría en manos seguras. En consecuencia, el Gobierno dominicano presentó al ministro estadounidense un borrador de una propuesta de modus vivendi, que, tras algunas modificaciones, fue presentado al Presidente de los Estados Unidos, quien lo aceptó. Un examen de sus disposiciones, creo, demostrará que fue una consecuencia natural e inevitable del contrato de Michelena, y que constituye un paso más en la escalera que conduce de la desesperanzada confusión financiera de años pasados al orden, la seguridad, la economía y la prosperidad que razonablemente cabe esperar del tratado en curso.

Respetuosamente presentado.

Thomas C. Dawson.

La Política de la Pólvora Debe Parar. (Gunpowder Politics Must Stop).

«Gunpowder Politics Must Stop», es el título de un artículo que publicó la revista «Collier’s Weekly Magazine» de New York, en su edición del 5 de marzo de 1904 sobre los conflictos políticos de la época y de la injerencia de Estados Unidos en la República Dominicana con motivo de la deuda que tenía pendiente con la compañía norteamericana San Domingo Improvement Co., de la que el gobierno de los Estados Unidos pasó a ser representante en virtud del Protocolo de enero de 1903. También se refiere al incidente ocurrido en Pajarito (Villa Duarte) el 11 de febrero de 1904, al que los norteamericanos denominaron “Santo Domingo Affair”. Este interesante artículo fue localizado en los archivos de la citada revista por el amigo Jorge Serraty, quien también participó en la traducción al castellano.  

Texto del artículo:

“Los intereses estadounidenses deben ser protegidos en la pequeña y conflictiva Santo Domingo, que no puede cuidar de sí misma. El anuncio de una fuente aparentemente autorizada de que Estados Unidos probablemente intervendrá en los asuntos de Santo Domingo, sumida en la anarquía, vendría como un rayo de sol a través de cielos oscuros para aquellos que tienen grandes intereses comerciales en ese país de continua insurrección.

Observación: En la época había, en la República Dominicana, importantes inversiones e intereses de inversionistas estadounidenses, principalmente en la industria azucarera establecida en San Pedro de Macorís. Además, a esa fecha (5 de marzo de 1904) ya se encontraba deliberando en Washington, un Jurado constituido por tres jueces en virtud del Artículo I del “Protocolo de Enero de 1903”, suscrito por el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos el 31 de enero de ese año, con la finalidad de establecer plazos, cuotas y garantías para el pago de la deuda que el Gobierno dominicano tenía pendiente con la compañía norteamericana San Domingo Improvement Co., representada por el gobierno de los Estados Unidos. El fallo de dicho Jurado (Tribunal Arbitral) fue emitido (Laudo Arbitral) el 14 de julio de 1904.

Continúa en artículo:

“Los mejores elementos de los dominicanos -es decir, aquellos que no se dejan llevar por la política de la pólvora de su país- han buscado durante mucho tiempo la influencia benéfica de la injerencia norteamericana en los asuntos de la República, y la seguridad de las vidas y propiedades norteamericanas, que exige acciones drásticas. Por tanto, ha sido un orgullo para el dominicano que, cualquiera que fuese la condición de su país, siempre se respetaron las vidas y los bienes de los extranjeros. Pero esto ya no es así, como lo han demostrado los acontecimientos recientes. Los revolucionarios, bajo el mando del general Juan Isidro Jimenes, han cometido recientemente muchos actos evidentes contra los intereses norteamericanos, algunos de los cuáles fueron el asesinato del maquinista Johnston de la cañonera Yankee, el tiroteo contra el vapor New York de la línea Clyde, y el robo y matanza de ganado en el rancho de la compañía Bartram de Nueva York.

Observación: A finales del siglo XIX y principios del XX, los hermanos Bartram (Bartram Brothers), junto con Hugh Kelly & Co., fueron figuras clave en el desarrollo y consolidación de la industria azucarera dominicana, especialmente en San Pedro de Macorís, financiando proyectos de desarrollo en el transporte de la caña, así como en otras áreas. Durante la década de 1890, el Ingenio Consuelo recibió las primeras locomotoras y vagones, y se construyó el primer tramo de vía férrea. Esto marcó un período de expansión y modernización para la industria azucarera en la región, impulsada por la inversión extranjera. En resumen, Bartram Brothers fue una importante empresa estadounidense que invirtió en la industria azucarera dominicana, particularmente en el Ingenio Consuelo, contribuyendo significativamente a su desarrollo y expansión en ese período (IA). En 1910 la compañía Bartram Brothers adquirió el ingenio Consuelo y lo vendió a la compañía Cuban Dominican Sugar en 1920.

Continúa el artículo:

“El gobierno de Morales está prácticamente en quiebra y, a pesar de su declarada intención de proteger el comercio y la propiedad de extranjeros, es materialmente incapaz de cumplir con esta obligación primordial del gobierno. Aunque los insurrectos están dispersos por todo el país, y el general Jimenes está en Montecristi, que está muy lejos de Santo Domingo, la Capital, la mayor amenaza proviene de las fuerzas rebeldes en El Pajarito, que está directamente al otro lado de la bahía de la ciudad de Santo Domingo (1). La reconocida desesperanza de su causa probablemente los ha llevado a su actual actitud desesperada. Se ha insinuado que sus ataques a los intereses estadounidenses se han realizado con vistas a obtener resultados tales como la intervención de los Estados Unidos. Sin embargo, esta teoría es poco razonable ya que nada podrían ganar con esa acción en vista del reconocimiento oficial del Presidente Morales por parte del Departamento de Estado. (2)

Observaciones:

1-El gobierno y los partidarios de Juan Isidro Jimenes estaban en guerra desde el 15 de diciembre de 1903, cuando los jimenistas, que eran parte del Gobierno Provisional de “La Unión”, rompieron sus vínculos y se levantaron en armas.

2-Aunque Morales asumió la Presidencia el 25 de noviembre de 1903, su gobierno no fue reconocido por el gobierno norteamericano sino hasta el 20 de enero de 1904 (56 días después de asumir la Presidencia y 20 días antes del bombardeo a Pajarito), luego de que aceptara los términos del Protocolo de Enero de 1903, suscrito en esa fecha por el gobierno Provisional de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos, sobre el cual ya se deliberaba en Washington desde mediados de noviembre, donde un Jurado de tres jueces, dos de los cuáles habían sido designados por el gobierno de Woss y Gil, cuando éste fue intimidado por el Encargado de Negocios norteamericano, William F. Powell, con romper relaciones e intervenir el país militarmente si no aceptaba los términos del Protocolo firmado por Vásquez en enero de 1903.

Continúa el artículo:

“Por otra parte, sin cuestionar las buenas intenciones y la integridad del Gobierno de Morales, es evidente que éste no está en condiciones de salvaguardar las vidas de los estadounidenses que viven dentro de su territorio. Pero la primera preocupación de un gobierno dominicano, cuando es asediado por rebeldes, es su autoprotección. Así sucede en el presente caso. Con dificultades financieras y mal equipado, el ejército del presidente Morales se ve limitado en su ámbito de operaciones a la Capital, pues de su resistencia contra el enemigo depende su permanencia en el cargo. El ataque al vapor New York por parte de los insurrectos podría explicarse por el hecho de que en su último viaje hacia el sur transportaba armas y municiones para el Gobierno. Los alborotadores probablemente intentaron apoderarse del preciado cargamento de este vapor.

Observación: El presente artículo fue publicado por la revista semanal Collier´s, de Nueva York, el 5 de marzo de 1904. Los términos contenidos en éste fueron evaluados veintidós días después del bombardeo de los buques norteamericanos en Pajarito, pero en el momento de la acción se entendía que era una acción militar de los Estados Unidos contra la República Dominicana, ya que dichos buques hicieron presencia en aguas dominicanas para escarmentar por la muerte del maquinista del Yankee, pero el incidente ocurrió cuando algunos disparos de los revolucionarios, que se encontraban en la meseta alta de Pajarito, hicieron impacto en el buque mercante New York, que en la ocasión estaba siendo custodiado hacia el puerto de Santo Domingo por una lancha del USS Columbia, la cual también fue alcanzado por algunos disparos, reaccionando con el desembarco de marinos y el bombardeo del área donde se encontraban los atacantes, como se puede apreciar en el informe “Santo Domingo Affair”, que puede  encontrarse en la web.

Texto original del artículo en la revista “Collier’s Weekly Magazine” del 5 de marzo de 1904..

Fotos del funeral del maquinista J.C. Johnston, de la cañonera norteamericana “Yankee”.

Traducción de la nota al pie de la foto: “FUNERAL DEL MAQUINISTA J. C. JOHNSTON, U. S. N., MUERTO POR INSURGENTES EN SANTO DOMINGO».

“Mientras la cañonera del U.S.N. (U.S. Navy) «Yankee» estadounidense, de la Escuadra del Caribe, estaba estacionada en el muelle de Santo Domingo, fue atacada a tiros por un grupo de revolucionarios, y el ingeniero J. C. Johnston murió. Este es solo uno de los muchos crímenes por los que los Departamentos de Estado y de la Marina están a punto de pedir cuentas al Gobierno y al pueblo de Santo Domingo. Al funeral del maquinista Johnston, celebrado en tierra, asistieron los oficiales y soldados de la escuadra estadounidense, así como las autoridades civiles y militares de Santo Domingo”.

Texto al pie de la foto: “UN TERCIO DE LA MARINA DOMINICANA. La flota de Santo Domingo consiste en tres pequeñas cañoneras. Esta es una de ellas, la “Presidente”. La colina detrás es Pajarito, desde donde dispararon y mataron el ingeniero del crucero americano “Yankee”.

Informe Wainwright Sobre el Conflicto de Santo Domingo (Santo Domingo Affair)..

El presente artículo, publicado el 26 de febrero de 1904 por el ALLEGANCY COUNTY REPORTER, de Wellsville, New York, un periódico de 8 páginas, ofrece una noticia a dos columnas con el título: “LANDING OF MARINES” (Desembarco de Marines) y el reporte del Capitán Richard Wainwright, del USS Newark, sobre el «Conflicto de Santo Domingo» (íntegro), sobre los acontecimientos ocurridos entre el 1 y el 11 de febrero de 1904, cuando los buques de guerra U.S.S. Columbia y U.S.S. Newark, de los Estados Unidos, hicieron presencia en aguas dominicanas los días 8 y 10, respectivamente, luego de que el sargento J. C. Johnston, jefe de máquinas de la cañonera norteamericana “Yankee”, muriera el 1 de febrero víctima de disparos realizados por revolucionarios contrarios al gobierno que estaban apostados en la orilla Este del río Ozama, en el lugar de “Pajarito”, conocido hoy como “Villa Duarte”.

En la ocasión, fuerzas militares de dichos buques desembarcaron y bombardearon el lugar donde estaban los revolucionarios, luego de que éstos dispararan sobre el buque mercante “New York”, que conducía carga hacia el puerto de Santo Domingo mientras era escoltado por una lancha del U.S.S. Columbia por la ría del Ozama. El informe también da cuenta de los reclamos hechos al Gobierno dominicano por el Capitán Wainwright, por haberle hecho disparos de advertencia al mismo buque “New York” cuando trataba de entrar a Montecristi, mientras el puerto se encontraba bloqueado por el crucero “Independencia” del Gobierno, así como por haber apresado dos revolucionarios que se encontraban escondidos en una finca del Agente Consular norteamericano.

A continuación, el informe:

Desembarco de Infantes de Marina.

– El Capitán Wainwright informa sobre los disturbios en Santo Domingo.

– La hija y el cuñado del Agente Consular estadounidense resultaron heridos por disparos  directos.

– Insurgentes bombardeados y obligados a retirarse al interior.

– Morales violó el asilo.

Washington. 25 de febrero (1904). Se hizo público el informe del Capitán Richard Wainwright, al mando del Newark, sobre su reciente reconocimiento de Santo Domingo. A su llegada a Sánchez, el Capitán Wainwright descubrió que la hija y el cuñado del agente consular estadounidense habían resultado heridos por la misma bala de los combates. Escribió una carta al gobierno y a los comandantes insurgentes protestando contra nuevos disparos en las calles o hacia las casas de los habitantes y, para hacer efectiva su protesta, desembarcó a infantes de marina y una compañía de chaquetas azules, quienes se apostaron en una tienda de artículos generales durante la noche del 8 de febrero. La noche transcurrió sin ningún ataque. Al día siguiente, el Montgomery llegó y desembarcó marines para relevar a las fuerzas en tierra. Sobre el tiroteo contra el vapor estadounidense New York, por parte de las fuerzas insurgentes mientras descargaba, el capitán Wainwright afirma haber sabido que el agente consular estadounidense en Samaná alegó que el presidente Morales había violado el asilo concedido por nuestra agencia consular a dos hombres. El general Morales subió a bordo del Newark y declaró que había sacado a los hombres de una granja en las afueras del pueblo, perteneciente al agente consular, pero no del consulado. Se le advirtió que respetara la bandera estadounidense. Morales también le informó a Wainwright que había cerrado Montecristi y Macorís, y le aconsejó que tuviera cuidado al interferir con el comercio estadounidense o extranjero. El capitán Wainwright relata entonces cómo al buque New York, de la Clyde, no se le permitió desembarcar carga en Montecristi, cómo Morales disparó contra su barcaza (1), y cómo el Newark procedió a Santo Domingo, donde el New York llegó posteriormente.

1-El crucero Independencia, en poder del Gobierno, mantuvo bloqueado el puerto de Montecristi después que los jimenistas se levantaron en armas a mediados de diciembre de 1903, pues allí operaban las fuerzas más importantes de esa facción. El buque mercante New York, de la compañía norteamericana Clyde, que llevaba carga para el comercio de Montecristi, tuvo la intención de entrar al puerto, pero desistió luego de que el Independencia hiciera algunos disparos de advertencia.

El informe continúa:

«El capitán Miller (del Columbia), entonces en Santo Domingo, había llegado a un acuerdo escrito con los comandantes generales de ambas fuerzas para que no se disparara en ese lado de la ciudad mientras el New York estuviera en el muelle. Precediendo al New York, también con bandera estadounidense, los insurgentes de la orilla Este del río dispararon contra el New York y la lancha del vapor del Columbia. Tras consultar con el capitán Miller y seguir sus instrucciones, me desplacé a una posición justo enfrente al río y bombardeé la orilla Este para repeler hacia el interior a todos los insurgentes de la zona, preparando el terreno para el desembarco de un batallón compuesto por la fuerza de desembarco del Columbia y del Newark. En un pequeño poblado a unos ochocientos metros, en el interior (1), se encontraron los insurgentes en un número considerable, bajo el mando del general José Tiburzier (2). Se le advirtió al general que retirara sus fuerzas de inmediato al interior, lejos de la orilla Este del río, y que no volviera a disparar contra el pueblo desde ese lado. Firmó otro acuerdo escrito al efecto y de inmediato reunió fuerzas e hizo marchar a sus hombres hacia el interior.

1-De acuerdo con lo que hemos tratado, sobre el tema, ese poblado a 800 metros al Este de la orilla del río Ozama, a que se refiere, es La Cruz de Mendoza.

2-Es posible que se refiera al general Tiburcio, aunque el líder de esos revolucionarios era Nicolás Arias (a) Manasa.