Affaire J. Fco. Sánchez–Ml. de Js. Galván por el Laudo Arbitral de 1904.

Introducción.

Ofrecemos a nuestros lectores en este espacio, un episodio algo extraño de la historia dominicana relativo al intercambio de correspondencias ocurrido en mayo de 1904, entre el entonces ministro de Relaciones Exteriores dominicano Juan Francisco Sánchez y el Árbitro dominicano actuante en las deliberaciones del Tribunal Arbitral, creado en virtud del Protocolo de Enero de 1903 para los fines de establecer la forma de pago y las garantías concernientes a la deuda pendiente del Estado dominicano con la compañía norteamericana San Domingo Improvement Co., ocasión en la que el ministro Sánchez cuestionó a Manuel de Js. Galván respecto a su desempeño y calidad como Árbitro en el Tribunal Arbitral, dos meses antes de que este órgano internacional colegiado emitiera su sentencia el 14 de julio de 1904.

En la primera parte hacemos un breve relato sobre el proceso mediante el cual se obtuvieron los empréstitos que generaron la deuda que dieron pie, tanto al Protocolo de enero de 1903, como a su apéndice y consecuencia inmediata, el Laudo Arbitral, con la finalidad de edificar al lector respecto al contexto del asunto de que se trata. Luego continuamos con las peticiones y respuestas contenidas en las correspondencias suscritas por los funcionarios precedentemente citados, con algunos comentarios puntuales nuestros sobre el contenido.

Carlos Danilo Morales Miller – Administrador.

Los Empréstitos y la Deuda.                                         

A raíz de contratarse el primer empréstito, en agosto de 1888, por el gobierno de Ulises Heureaux con la compañía holandesa Westendorp & Co. por 770,000 libras esterlinas que comprometía las aduanas dominicanas como garantía, se estableció además la Caja General de Recaudación de Aduanas, “La Regie”, que intervenía las rentas aduaneras poniéndolas bajo el control de dicha compañía mientras durara el contrato. Con la creación de “La Regie” se comprometía aún más la soberanía nacional, porque además de administrar las aduanas dominicanas una entidad extranjera, se designaba al propio rey de Holanda como árbitro, sin apelación, para resolver las divergencias contractuales que surgieran entre el Gobierno Dominicano y la citada compañía holandesa.

El 8 de abril de 1892 se creó en Estados Unidos la empresa San Domingo Improvement Co. en el Estado de New Jersey, que luego adquirió todos los derechos y obligaciones de la Westendorp & Co. generados por los empréstitos suscritos en 1888 y en 1890, incluyendo la Caja General de Recaudación de Aduanas, “La Regie”. La transacción entre ambas compañías fue notificada al Gobierno dominicano el 2 de agosto de 1892 y, en principio, el traspaso fue rechazado por el gobierno dominicano, pero luego de una entrevista entre directivos de la San Domingo Improvement Co. con el Presidente Heureaux, en la que acordaron un nuevo empréstito, se pusieron de acuerdo.

Un año y medio después del magnicidio de Ulises Heureaux, durante el Gobierno Constitucional de Juan Isidro Jimenes, el presidente emitió una Resolución el 10 de enero de 1901 eliminando, o suspendiendo en sus funciones de administrar las aduanas dominicanas, a la compañía norteamericana San Domingo Improvement & Co., volviendo al control del Estado dominicano. Posteriormente el doctor Francisco Henríquez y Carvajal, ministro de Relaciones Exteriores, fue enviado a Estados Unidos y a Europa con instrucciones de negociar algunos acuerdos financieros que permitieran reducir la deuda y de obtener facilidades de pago más favorables con los acreedores. Las gestiones exitosas del ministro Henríquez y Carvajal culminaron el 5 de marzo de 1901 logrando que la San Domingo Improvement aceptara reducir la deuda del Estado dominicano de $4,500,000 a $2,500,000. Luego, el 3 de junio obtuvo un acuerdo con los tenedores de bonos europeos, acreedores de $18,800,000 de la deuda pública dominicana, que permitía el pago anual de capital e intereses en cuotas más cómodas.

Pero esos acuerdos obtenidos mediante la gestión del Dr. Henríquez y Carvajal, que además de beneficiar de manera importante las finanzas a la República Dominicana, también realzaban su figura y fueron rechazados en el Congreso, por el grupo mayoritario horacista, porque el ministro Henríquez y Carvajal se proyectaba como un posible candidato presidencial, a lo que también aspiraba el vicepresidente Horacio Vásquez. Sin embargo, luego de que los horacistas rechazaran los acuerdos precedentemente citados, el 26 de abril de 1902 se levantaron en armas y derrocaron al presidente Juan Isidro Jimenes, para luego firmar un acuerdo sin ninguna ventaja para la República Dominicana, que por el contrario era más lesivo y comprometedor para la soberanía nacional, porque aceptaba al gobierno de Estados Unidos como representante de compañía norteamericana San Domingo Improvement.

El Protocolo de Enero de 1903.

El 31 de enero de 1903 el gobierno de Horacio Vásquez suscribió un Protocolo con el gobierno de Estados Unidos, para el pago de la deuda pendiente con la compañía San Domingo Improvement Co., que había sido contraída por el anterior gobierno de Juan Isidro Jimenes al comprar los activos de esa compañía e 10 de enero de 1901. El gobierno de Estados Unidos hizo gestiones diplomáticas para que los reclamos de esa compañía fueran satisfechos y, en las negociaciones con el gobierno de Vásquez, encontró una oportunidad que hacía tiempo buscaba, intervenir de manera directa en los asuntos internos de la República Dominicana. El ministro de Hacienda y Comercio, Emiliano Tejera, fue la persona designada por el Presidente Vásquez para concertar las negociaciones que culminaron con ese Acuerdo con el Encargado de Negocios norteamericano William F. Powell, quien lo firmó juntamente con el Ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez.

Habría que suponer que quienes participaron en ese Acuerdo no se percataron, o pecaron de ingenuos, pues cometieron el peor error posible al aceptar que el compromiso de una deuda pendiente con una compañía privada pasara a ser representada por una potencia militar como los Estados Unidos, ya que incluyeron en el Artículo I, del Protocolo, la frase “el Gobierno Dominicano le pagará al Gobierno de los Estados Unidos”. No debería ser difícil de entender que a partir de entonces el gobierno de Estados Unidos sería el representante legal de la compañía norteamericana ante el Estado dominicano,  además de aceptar el arbitraje de un Tribunal que por circunstancias posteriores de la inestabilidad política dominicana, estaría conformado por dos jueces norteamericanos y uno dominicano, pues como se acordó que cada gobierno elegiría un juez y el tercero sería escogido entre ambos, en un plazo de sesenta días luego de la firma del Protocolo, pero que si por alguna circunstancia vencía ese plazo, correspondería al gobierno dominicano elegirlo de entre los miembros de la Suprema Corte de los Estados Unidos o de las Cortes de Apelaciones de Circuito, como en efecto ocurrió posteriormente.

Casi dos meses después de la firma de ese Tratado fue derrocado el gobierno de Horacio Vásquez por un movimiento revolucionario conocido como la “Revolución de los Presos”, en el que varios de sus principales propulsores provenían de las filas jimenistas pero, como Juan Isidro Jimenes no se encontraba en el país se escogió como Presidente Provisional al abogado ex lilisista Alejandro Woss y Gil, quien dispuso elecciones en junio de 1903 con la única participación de su candidatura. El 1 de agosto se juramentó Alejandro Woss y Gil como Presidente Constitucional, designando a Manuel de Jesús Galván como ministro de Relaciones Exteriores.

Poco tiempo después el Encargado de Negocios norteamericano para República Dominicana, William F. Powell, quien residía en Haití donde también ejercía funciones de Ministro, llegó a Santo Domingo suplicando con mucha cortesía al presidente Woss y Gil, el reconocimiento de su gobierno al Acuerdo firmado el 31 de enero de ese mismo año entre el gobierno de Vásquez y el de Estados Unidos.

Asesorado por su ministro de Relaciones Exteriores Manuel de Jesús Galván, Woss y Gil le manifestó a Powell su negativa a reconocer la validez del Protocolo, bajo el alegato de que éste había sido suscrito por un gobierno de facto y que, por demás, no había sido validado por el Congreso de la República. Entonces el señor Powell quien sabía que contaba con el respaldo de su gobierno, solicitó mediante correspondencia al ministro Galván, le expusiera con claridad si el gobierno dominicano pretendía desconocer el convenio firmado el 31 de enero de 1903, desestimando la súplica del Gobierno norteamericano respecto a la designación de los árbitros. La respuesta del Gobierno dominicano se retrasó unas semanas, aparentemente dando tiempo a tratar de convencer al señor Powell de ciertos inconvenientes que afrontaba el Gobierno de Woss y Gil. Hasta que el 24 de octubre surgió la revuelta de La Unión, en Puerto Plata, ocasión que aprovechó el Encargado de Negocios norteamericano para renovar sus exigencias, declarando la suspensión de relaciones entre el gobierno de Estados Unidos con el de la República Dominicana. Ante aquella circunstancia al Presidente Woss y Gil no le quedó otro recurso que acceder de inmediato, procediendo a designar como árbitro del Tribunal que realizaría sus oficios en Washington, a su propio Canciller Manuel de Jesús Galván, el 14 de noviembre de 1903, teniendo que nombrar, además, al tercer árbitro de dicho Tribunal de entre los de las Cortes de Apelaciones de Circuitos de los Estados Unidos, según lo acordado en el Art. 1 del Protocolo, como hemos señalado anteriormente.

Las instrucciones recibidas por Manuel de Jesús Galván, como Árbitro, reflejaban lo difícil de la situación de la República con el color que estaban tomando las cosas relativas al pago de la deuda, según uno de los párrafos de dicho documento que decía, citamos:

“La suspensión de relaciones a que llegó el Gobierno americano en la discusión del asunto que motiva este Arbitraje, denota el grande interés y la mucha importancia que el mismo Gobierno americano cifra en el éxito del juicio arbitral. Debemos reconocerlo así, comprendiendo que, de esa medida extrema de la suspensión de relaciones, los Estados Unidos no hubieran demorado en pasar a vías de hecho funestas para la Independencia o para la integridad territorial de la República. Esta consideración apremiante impulsó al Poder Ejecutivo a ceder ante la perentoria exigencia de aceptar la ejecución del Protocolo citado, nombrando inmediatamente a nuestro árbitro”. Fin de la cita. (La República Dominicana- Ramón Marrero Aristy, página No. 293).

El triunfo de la Revolución de La Unión, iniciada en Puerto Plata el 24 de octubre de 1903, produjo el ascenso de Carlos F. Morales Languasco a la Presidencia Provisional de la República el 25 de noviembre de ese mismo año. Para esa última fecha los árbitros del Tribunal Arbitral, conformado en virtud del Protocolo de Enero de 1903, se encontraban deliberando en Washington. El 2 de diciembre, una semana después de asumir el cargo, el presidente Morales se dirigió al ministro Plenipotenciario de Haití, Decano del Cuerpo Diplomático y Consular acreditado en Santo Domingo, mediante la Circular No.189, solicitando el reconocimiento de los países que ellos representaban. El 9 de diciembre el Encargado de Negocios de Estados Unidos, William F. Powell, remitió al ministro de Relaciones Exteriores Miguel A. Machado, una comunicación (No.218) en la que condicionaba el reconocimiento del Gobierno a que éste aceptara “reconocer los convenios pactados anteriormente con los Estados Unidos”. Aunque no lo citaba de manera específica, se refería al Protocolo de Enero de 1903.

El ministro Machado respondió al señor Powell el 13 de diciembre, mediante la comunicación No. 199, solicitando “la cortesía de VS se sirva determinar los contratos o convenios pactados anteriormente con el Gobierno de los Estados Unidos de América que VS pide sean atendidos por el actual Gobierno Provisional de la República Dominicana”. (Doc.: AGN. Ministro de Relaciones Exteriores. Libro de Acta No. 54 de 1903).

Luego de que el expresidente Juan Isidro Jimenes presentara su candidatura el 12 de diciembre, con miras a las elecciones fijadas para los días 30 y 31 de enero de 1904, el 14 de diciembre la facción horacista ofreció al presidente Morales la candidatura presidencial, pero, al enterarse la facción jimenista de que éste había aceptado, se levantaron en armas y sobrevino la guerra de La Desunión. Algunos días después, tal como hizo el expresidente Alejandro Woss y Gil, el Gobierno Provisional de Morales también se vio en la necesidad de reconocer los términos del Protocolo de Enero de 1903, que era la exigencia del Encargado de Negocios de Estados Unidos y, el 19 de enero de 1904 remitió una nota al Gobierno Dominicano con el No. 436, comunicándole su reconocimiento.

Aunque algunos historiógrafos refieren que Morales aceptó “un acuerdo financiero lesivo a los intereses de la Nación” como si se tratara de algo diferente a lo que en su oportunidad también tuvo que aceptar el presidente Woss y Gil tras las amenazas del Encargado de Negocios norteamericano, o como si fuera algo tan sencillo que pudiera ser objeto de su libre elección, o ser evadido con una simple decisión suya. Así como algún otro dice que “Morales pudo obtener de inmediato el “apoyo” de los Estados Unidos a cambio de su aceptación de las exigencias que le hizo el Encargado de Negocios de los Estados Unidos respecto a los acuerdos a que habían llegado sus predecesores” (se refiere al «apoyo», no el reconocimiento de su gobierno, que era lo que estaba solicitando, tal como hizo ante los demás países acreditados en Santo Domingo).

El Laudo Arbitral de 1904 – Cruce de Correspondencias.

Los jueces terminaron sus labores en Washington y el Tribunal Arbitral falló el 14 julio de 1904, tomando por sorpresa al Gobierno que apenas unos días antes había acordado un armisticio con los caudillos de la Línea Noroeste para terminar la guerra que se había extendido por seis meses. Pero, de manera insólita, el Ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez reaccionó acusando un desconocimiento total sobre el asunto por los reclamos que hizo al Árbitro actuante Manuel de Jesús Galván, representante de la República Dominicana ante el Tribunal Arbitral. Los reclamos de Juan Francisco Sánchez se fundamentaron en el derecho internacional y cuestionaban las proporciones de las decisiones adoptadas por los jueces en el referido Laudo, así como las facultades del Árbitro dominicano para comprometer la Hacienda Nacional, y hasta su propia designación para representar a la República Dominicana ante dicho Tribunal. Veamos:

La carta de ministro de Relaciones Exteriores decía al final: “podría decirse que el Tribunal ha fallado ultra petita (*) con respecto a lo que la misma Compañía había considerado como suficiente para sus intereses. En efecto, los acreedores belgas y franceses, poseedores de una acreencia que se eleva a dieciocho millones, perciben una anualidad de trescientos mil pesos ¿Cómo se explicaría que, para cubrir una deuda de cuatro millones y medio, o sea una cuarta parte de aquella suma, se exijan quinientos mil pesos?”  (* Más de lo solicitado).

Continúa la misiva del ministro Sánchez diciendo: “Por lo que hace a la capacidad jurídica de usted para comprometer la Hacienda Nacional en el pago de los créditos particulares necesarios para el buen desempeño de su misión, permítame que le diga que en este Despacho no obra ninguna copia de poderes ni de instrucciones conferidas a Ud. en ese sentido y de ahí que este Ministerio creyera que nadie estaba facultado para el asunto. Ud. sería muy amable si me suministrara una copia legalizada de esos poderes por el próximo correo.

Mientras tanto quedo de Ud. como siempre con toda mi consideración.  Juan Fco. Sánchez”.

Cosa increíble que el Ministro de Relaciones Exteriores, Juan Francisco Sánchez, estuviera al margen de un problema tan serio y se dirigiera a Manuel de Jesús Galván, quien fuera designado por el anterior Gobierno de Alejandro Woss y Gil como Árbitro para los fines del Laudo que surgió como consecuencia del Protocolo del 31 de enero de 1903, que el mismo Sánchez había suscrito con el Gobierno de los Estados Unidos en representación del presidente Horacio Vásquez, cuando entonces ocupaba la misma posición, así como que lo recriminara por permitir que las decisiones de ese Tribunal no estuvieran acorde con lo que él creía equitativo en la distribución de las cuotas a pagar.

El Laudo se producía como consecuencia directa del Protocolo que él mismo suscribió y no incluía ninguna otra deuda que no fuera la que correspondía a la San Domingo Improvement, por lo que no había razón para que las cuotas establecidas por el Tribunal Arbitral, para el pago de los compromisos con dicha compañía, guardaran proporción alguna con la deuda que existía con los tenedores de bonos belgas y franceses. Juan Francisco Sánchez suscribió ese Protocolo que establecía, en el Artículo I, que los tres árbitros de ese Tribunal serían nombrados, uno por el Presidente de los Estados Unidos, uno por el Presidente de la República Dominicana, y el tercero por ambos Presidentes conjuntamente; pero, en caso de que el tercer árbitro no hubiese sido designado dentro del plazo de sesenta días desde la fecha de la firma del Tratado, entonces el Gobierno dominicano debería elegirlo de entre los miembros de la Suprema Corte de los Estados Unidos o de las Cortes de Apelaciones de Circuito. Que era lo mismo que decir que un árbitro sería designado por el Presidente dominicano y dos por el Presidente de Estados Unidos, por cuanto todos los fallos del Tribunal Arbitral estarían decididos por mayoría a favor de ese Gobierno, independientemente de la fuerza de los argumentos y de las pruebas presentadas. ¿O acaso pensaba el ministro Sánchez, como opinan algunos historiógrafos, exculpándolo de manera ingenua e indulgente, que lo que él había firmado con los Estados Unidos en representación del Gobierno dominicano, era un simple acuerdo de pago sin importancia?

¿Desconocía el Ministro, además, que hubiera una designación que facultara al señor Galván para las funciones que desempeñaba, o que hubiera alguien autorizado para actuar en el asunto? Nunca, en ningún tratado de historia he visto una crítica sobre esta actitud desorientada e insólita del ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez.

La indulgencia de nuestros historiógrafos, por lo general, se inclinan hacia algunos favorecidos, como en este caso corresponde al General Horacio Vásquez, a Emiliano Tejera y al Lic. Juan Francisco Sánchez, responsables de la negociación y firma de ese Protocolo que sentó las bases legales para que el gobierno de los Estados Unidos interviniera de manera directa en los asuntos de la República Dominicana afectando la soberanía nacional, mientras que Manuel de Jesús Galván ha sido censurado por el hecho de haber fungido como representante en un tribunal cuya composición desventajosa fue acordada por aquellos que antes hemos citado, como también ha ocurrido con Morales Languasco, a quien el destino le reservó la difícil tarea de aplicar los correctivos para resolver esos inconvenientes (la deuda, el Protocolo y el Laudo) que él no creó. Como también hay algún que otro historiógrafo que diga que Morales Languasco “suscribió” el Laudo Arbitral, facultad única y exclusiva de los jueces actuantes, sólo porque la Sentencia de dicho Tribunal ocurrió dentro de su gestión administrativa.

A continuación, transcribimos algunos párrafos de la extensa carta que remitiera el Lic. Manuel de Jesús Galván al ministro Sánchez, como respuesta magistral a los reclamos contenidos en su misiva. (De las memorias del Archivo General de la Nación).

Señor Don Juan Francisco Sánchez, Ministro de Relaciones Exteriores.

Señor Ministro:

“Por su atenta carta oficial fecha 2 del mes corriente, me comunica Ud. la impresión desfavorable que ha causado en su ánimo y en el del Poder Ejecutivo de que es Ud. digno órgano, la sentencia arbitral recaída en las materias que el acuerdo internacional del 31 de Enero de 1903 dejó encomendadas a la decisión de los Jueces árbitros al arreglar las reclamaciones de la San Domingo Improvement Company contra el Gobierno Dominicano de la República.

Concibo perfectamente el disgusto con que según se lee en el segundo párrafo de la mencionada carta oficial de Ud. ha recibido el Consejo de Gobierno.

El asunto en sí y desde sus orígenes, no podía ni puede producir otra sensación en cuantos dominicanos conservan el santo anhelo de ver a su patria ordenada y próspera. Contraer deudas enormes y acrecentarlas incesantemente por las situaciones de fuerzas y las revueltas destructoras, es evidente que debía conducirnos al término fatal y duro de “pagar o reventar”. De aquí el Protocolo del 31 de Enero de 1903, y su consecuencia natural e inmediata, el Laudo Arbitral del 14 de julio de 1904”.

“Ni injusticia, ni mucho menos “crueldad” entraña esa decisión de un Tribunal ajeno del todo a las sugestiones de la pasión o el interés político. Suponiendo lo peor, con la triste lógica del dementado partidarismo a que debe su ruina la sociedad dominicana; que el infrascrito hubiera querido posponer sus deberes de juez imparcial a resentimientos y afectos que le fueren personales; aun así, la deliberación arbitral estaba debidamente inmunizada contra toda predisposición injusta o maligna con la buena y la imponente respetabilidad de los dos eminentes patricios Señores Gray y Carlisle, que con el árbitro Dominicano, componían la Comisión arbitral, y los cuales, con el ánimo exento de las sensaciones depresivas de nuestra atmósfera política, en plena posesión de un juicio sereno y las superiores facultades de experimentados estadistas, fueron a la deliberación arbitral ya provistos del previo y minucioso estudio de los documentos y argumentos producidos por las dos partes contendientes, y enrayaron la discusión, punto por punto, pruebas y lápiz en mano, dentro de los límites del derecho estricto y las obligaciones mutuas ya preestablecidas por los términos del Protocolo que era causa y objeto a la vez, del arbitraje internacional en acción”.

“Y por lo mismo, aun cuando no cupiera –que no cabía- en los propósitos del Árbitro Dominicano, el deseo de lucirse, como por allá decimos, ante la opinión de los suyos (que no sé cuáles son) o aun cuando quisiera obedecer al impulso ya más razonable de las aspiraciones manifestadas por Ud. en su favorecida comunicación de fecha 23 de mayo último, acerca de la fijación de cuota anual de pago y de tipo de interés imputable a la deuda, todo esfuerzo dirigido a reducir una y otra hasta el extremo indicado por el actual Gobierno Dominicano había de estrellarse forzosamente en las prescripciones del convenido Protocolo que son ya “cosa juzgada,” como Ud. mismo las ha calificado acertadamente; y en los argumentos derivados de los hechos posteriores a aquellas estipulaciones.”

También dice la carta más adelante: (Memorias del Archivo General de la Nación. Pág. 150)

“La imparcialidad de los Árbitros quedará de relieve a los ojos de cuantos sean capaces de comparar los pedimentos de las conclusiones del Gobierno Americano, con las decisiones correlativas del Laudo Arbitral. Se habrá de reconocer que, en diferencias resultantes, las hay de mayor importancia en el sentido de cercenar lo pedido, en la medida compatible con la capacidad económica, y la independencia orgánica de la Hacienda Pública Dominicana.

Solamente deseo que Ud., con más espacio del que supone la fecha de expedición de la carta oficial a que vengo refiriéndome, juzgue por sí mismo y aprecie en lo que valen las indicadas referencias.

Me complazco, para concluir, en remitir a Ud., adjuntas, copias certificadas por el cónsul Señor Joubert, de los documentos y autorizaciones con que fue provisto al nombrárseme Árbitro por el Gobierno Dominicano en Noviembre de 1903. Verá Ud. en esas copias que no solamente se me autorizó a operar sobre el crédito de la República en el extranjero en calidad de Agente Fiscal, sino que al remitírseme el nombramiento se me comunicó que el Ministro interino de Relaciones Exteriores y de Hacienda, que para los gastos honorarios de mi Comisión Arbitral se asignaba una cantidad alzada, en consideración a las eventualidades imprevistas y á duración indefinida de la Comisión que se me encomendó en los difíciles momentos que precedieron a la caída de aquel Gobierno Constitucional”.

Nota: La última parte de la extensa comunicación del señor Galván se refiere exclusivamente a algunas consideraciones en reclamo al pago de sus honorarios, así como de las comisiones pendientes por concepto de servicios profesionales contratados y prestados por una firma norteamericana de abogados para la defensa de la República ante la Comisión Arbitral, y termina diciendo:

“Acepte Ud., Señor Ministro, la renovada sincera expresión de mis sentimientos de consideración distinguida”.

(firmado) Manuel  De Jesús Galván

Nota: Los textos íntegros, tanto del Protocolo del 31 de Enero de 1903, como del Laudo Arbitral del 14 de Julio de 1904, puede el lector encontrarlos en este blog.

Carlos Danilo Morales Miller – Administrador.

Bibliografía:

  • Diccionario Biográfico Histórico Dominicano 1821-1930. (Rufino Martínez).
  • La Moneda La Banca y las Finanzas en la República Dominicana. (Julio C. Estrella).
  • Las Finanzas Dominicanas- De Hartmont a Trujillo. (César A. Herrera)
  • Origen y Proyecciones del Protectoralismo Dominicano. (Estrella Betances de Pujadas)
  • La República Dominicana. (Ramón Marrero Aristy).
  • Resumen de Historia Patria. (Bernardo Pichardo).
  • Manual de Historia Dominicana. (Frank Moya Pons)

Entrevista con el General Alejandro Woss y Gil, Ex-Presidente de la República Dominicana.

Introducción.

El contenido de este importante documento histórico, que presentamos en este espacio, nos llegó a modo de colaboración del portal HistoriaRD-Serraty. Se trata del texto relativo a una entrevista que realizara un reportero del periódico La Correspondencia, de Puerto Rico, al Ex Presidente de la República Dominicana general Alejandro Woss y Gil, el día 30 de noviembre de 1903, luego de su llegada a esa isla tras su derrocamiento.

Los términos expuestos por el general Woss y Gil, en esta entrevista que transcribimos de manera íntegra, nos permiten comprobar algunos aspectos de la historia dominicana que en ocasiones han sido tergiversados, en algunos casos de manera interesada.

Con la finalidad de aclarar algunos de esos aspectos, haremos nuestro comentario debajo, a continuación de la entrevista, citando las bases documentales que sostienen nuestros argumentos.

Carlos Danilo Morales Miller (Administrador)

Enlace: https://www.loc.gov/resource/sn91099747/1903-11-30/ed-1/?dl=page&q=una+entrevista+gil&sp=2&st=image&r=-0.015,-0.021,0.54,0.797,0

Texto de la Entrevista:

La Correspondencia de Puerto Rico. 30 de noviembre de 1903.

 Entrevista con el General Alejandro Woss y Gil, Ex-Presidente de la República Dominicana.

La causa primordial de los sucesos de Santo Domingo ha sido una cuestión económica.


–No hubo, que él conozca, contraste internacional alguno para apoyar ningún gobierno.

–La entrevista de nuestro reportero en el día de ayer, con el señor General don Alejandro Woss y Gil, Ex-Presidente de la República de Santo Domingo, fue muy satisfactoria.

–Nuestro reportero le preguntó por las causas del movimiento revolucionario que ha ocasionado su retirada del poder; y él le manifestó:

–Que obedecía el movimiento a los naturales descontentos de un país que no puede, y sin embargo quiere, resolver el problema económico, en breve instante.

-Su permanencia en el poder fue corta, apenas seis meses, y no pudo hacer nada conforme a su voluntad.

-Ha habido precipitaciones, que no pueden justificarse, sino por causas de personal impaciencia.

-La oposición hubiera podido conseguir todos sus propósitos por medios constitucionales, sin ir a la guerra armada.

-Su gobierno fue liberal, sin que puedan atribuírsele actos de desdoro, y jamás dio pábulo a pasiones de rencor, ni de persecución sistemática, ni de represión política.

No hay, que él conozca, contrato internacional alguno que envuelva el reconocimiento de un gobierno allí; esto no tiene principio alguno, ni base de orden moral. El protocolo firmado con los Estados Unidos en los tiempos de Horacio Vásquez fue reconocido por el gobierno que acaba de caer cuando fue necesario atender a las exigencias del ministro Powell.

Como Presidente caído, él no puede precisar su actitud política presente, que depende de la actitud que adopten los que asumen hoy la dirección de los asuntos públicos. Pero él no siente agravios de nadie; sus amigos estuvieron hasta última hora a su lado.

La ciudad capituló, como ha dicho un periódico local, dignamente, pues lo mismo los oposicionistas que su gobierno deseaban evitar derramamiento de sangre y perturbaciones sociales. Era lo más patriótico y así se hizo.

Piensa pasar una temporada en Puerto Rico. Le ha agradado mucho ésta ciudad y sus contornos, que le recuerdan una población europea, de las más alegres y pintorescas.

Desea, dijo finalmente, la paz en su Patria y es su pesar que las revoluciones de la política actual no se hayan verificado bajo la influencia constitucional, sin sangre, sin dar espectáculos de desolación al mundo civilizado que fija sus ojos en América.

No conoce el Gabinete que hoy dirija la acción pública en Santo Domingo, sin que pueda suponer qué compatriota suba a la primera magistratura nacional.

Tal fue la conferencia celebrada en el hotel «Inglaterra», con el señor Woss y Gil, que es un caballero correctísimo y muy ilustrado. Sus dotes son reconocidos por sus compatriotas y tenemos el honor de reconocerlos también. Le acompaña el Secretario de Hacienda señor José Brache, que es un afable caballero.

(Fin de la entrevista)

Nuestro Comentario:

En esta interesante entrevista el Ex Presidente Woss y Gil expone de manera clara y espontánea que el movimiento revolucionario de La Unión, que dio al traste con su gobierno, no tuvo respaldo internacional ni ayuda de alguna potencia extranjera. La ayuda militar de los norteamericanos a Morales, para su ascenso al Poder, es un mito o falsa aseveración que se ha replicado de manera poco seria e irresponsable en la historiografía dominicana como un postulado, llegando a convertirse en leyenda urbana ya que nunca se ha citado, o identificado, alguna unidad militar naval o terrestre de los Estados Unidos, que participara a su favor durante la campaña hacia la toma del Poder.

La revolución de La Unión comenzó en Puerto Plata el 24 de octubre de 1903 y el día 28 llegó al antepuerto el crucero Independencia, con instrucciones del gobierno de Woss y Gil de establecer un bloqueo naval para evitar que a los revolucionarios les llagara alguna ayuda, o refuerzos militares,  por la vía marítima.

Varios reportajes de la prensa norteamericana de entonces, publicados días después sobre el asunto por los periódicos “The Week´s Progress” y “The Summary”, ambos de New York, así como por “The Herald and Presbyter” de Cincinnati, informaron que el bloqueo naval dispuesto por el gobierno de Woss y Gil impidió la entrada al puerto, a cumplir los objetivos de sus viajes, tanto al buque cubano María Herrera, procedente de La Habana, como al buque norteamericano Cherokee, de la línea Clay, procedente de Montecristi. Ambos buques tenían en su ruta habitual entrar a Puerto Plata a llevar pasajeros, carga y el correo. (Ver en este portal: Bloqueo Naval a Puerto Plata 28/10/1903).

La acción del crucero Independencia, que impidió entrar al puerto de Puerto Plata al buque de bandera norteamericana Cherokee, ocasionó tal enfado en el Encargado de Negocios estadounidense William Powell, que elevó una protesta ante el gobierno dominicano y solicitó a su gobierno el envío de buques de guerra para proteger sus intereses, los que poco después llegaron a los puertos aduaneros dominicanos amparados en los términos del Protocolo firmado el 31 de enero de ese mismo año, entre el gobierno provisional de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos, respecto a la deuda pendiente con la San Domingo Improvement Co. (Ver reportaje de «The Week´s Progress» de New York sobre lo precedentemente citado, incluido en el artículo «Bloqueo Naval a Puerto Plata», en este portal)

Este es un testimonio fehaciente de que en los días en que se inició la revolución de La Unión, y posteriores, en las costas de Puerto Plata no había un buque de guerra que pudiera intervenir a favor de ninguna de las partes, ni siquiera para evitar que el Cherokee, de bandera estadounidense, fuera impedido de entrar al puerto para cumplir con el objetivo normal de su viaje. Además, según consta en el documento de fecha 20 de enero de 1904, del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana, que reposa en el Archivo General de la Nación (Libro No. 54 de 1905, página 301), se hace constar que el gobierno de los Estados Unidos reconoció el Gobierno Provisional de Morales Languasco el día 19 de enero de 1904, dos meses después de asumir el Poder (el 25 de noviembre de 1903). ¿Podría explicarse con algún sentido de lógica razonable, que un gobierno de una potencia geopolítica interviniera militarmente a favor de un grupo político, luego gobierno, de una nación que no hubiera reconocido?

Invitamos al lector a sacar sus conclusiones sobre lo aquí expuesto, así como a realizar sus propias investigaciones.

Carlos Danilo Morales Miller  

Morales – El Roosevelt de Santo Domingo (1905).

Nos complace exponer a nuestros lectores, en este espacio, un artículo publicado en la portal «HistoriaRD-Serraty.com» administrada por el investigador dominicano radicado en New York, Jorge Serraty que, aunque bastante extenso, ofrece una lectura muy edificante, igual que los comentarios y observaciones de su administrador. Este artículo escrito por el reportero especial Rutherford Corbin, de la revista Leslie´s Weekly Magazine de New York, publicado en mayo de 1905 con el título supra indicado, es relativo a la gestión del expresidente dominicano Carlos F. Morales Languasco en esa época. Agradecemos al señor Serraty su anuencia a nuestra solicitud para tomar el presente artículo de su página y publicarlo de manera íntegra en la nuestra, por la importancia de su contenido para el propósito de este portal. A continuación el contenido íntegro del artículo.

Carlos Danilo Morales Miller (Administrador).

TÍTULO: Morales – El Roosevelt de Santo Domingo (1905).

Introducción:

Éste reportaje publicado en abril de 1905 ofrece un singular retrato del presidente Carlos F. Morales Languasco en uno de los períodos más convulsos de la historia dominicana. Rutherford Corbin, su autor, lo compara desde el propio título con el presidente Theodore Roosevelt y destaca su carácter reformista, su energía política y la capacidad que demostró para abrirse camino entre las revoluciones, alianzas y constantes luchas por el poder que siguieron a la muerte de Ulises Heureaux. El artículo recorre la trayectoria de Morales desde su juventud y exilio hasta su ascenso a la Presidencia, y resalta especialmente su empeño por poner fín a los años de guerra y establecer una paz permanente.

Aquí se reconocen las enormes dificultades bajo las cuales gobernaba y el valor de sus esfuerzos por encaminar al país hacia una mayor estabilidad. Al mismo tiempo, el corresponsal elogia abiertamente sus cualidades personales y políticas, destacando el prestigio y la eficiencia que había alcanzado en medio de circunstancias extraordinariamente adversas, por lo que el texto en sí constituye un valioso testimonio contemporáneo sobre la figura de Morales y sobre la compleja realidad política de la República Dominicana a principios del siglo XX.

Jorge Serraty


Morales— The Roosevelt of Santo Domingo

By Rutherford Corbin, special correspondent for the American press.

PRESIDENTE CARLOS MORALES, EL HÁBIL GOBERNANTE DE LA REPÚBLICA DE SANTO DOMINGO. — T. C. Muller.

FUERZA MILITAR DEL GOBIERNO DE SANTO DOMINGO.

ANTIGUAS FORTIFICACIONES Y LOS TIPOS DE TROPAS QUE PERMITEN AL PRESIDENTE MORALES MANTENERSE EN EL PODER.

Fotografiado por nuestro fotógrafo de planta, T. C. Muller, durante una visita reciente a Santo Domingo.


SANTO DOMINGO, 10 de abril de 1905.

Cuando le dije al presidente Morales que, si escribía sobre él, lo haría bajo el título que aparece arriba, se mostró encantado y así me lo manifestó. Ya le habían hablado antes de la semejanza entre el señor Roosevelt y él mismo, y nada le produce mayor satisfacción de que se mencione ésto, pues es un gran admirador de las características del presidente de los Estados Unidos y ha estudiado detenidamente su trayectoria. Cada uno de los dos hombres a los que me refiero llegó repentinamente a ocupar un lugar destacado en la vida política de su país y cada uno de ellos “dio la talla” hasta un punto completamente inesperado para sus enemigos y como una agradable sorpresa para sus amigos. Para ser dominicano, Morales es incluso más partidario de la “reforma” y de la “vida política intensa” que Roosevelt entre los americanos. Acusado de haber recurrido a todos los medios —incluso a todos los delitos contemplados en el código— para obtener su posición, ha anunciado que la abandonará al terminar el presente período. Lo que dicen sus opositores, primero en el campo de batalla y ahora en el terreno de las intrigas, no es muy diferente de lo que podría haberse escuchado en ciertos otros lugares hace aproximadamente un año. En Santo Domingo, un sector está ahora con el Presidente aunque estuvo contra él en el campo de batalla, y sus propios antiguos partidarios se muestran a veces tan poco entusiasmados con la distribución de los beneficios del poder que, entre los políticos, se le llama “un hombre sin partido”.

PALACIO DE GOBIERNO EN LA CIUDAD DE SANTO DOMINGO. — T. C. Muller.

Su vida familiar, hasta donde puede saberse, contrasta agradablemente con la que suele encontrarse entre los dominicanos que alcanzan poder y prosperidad. Nació hace unos treinta y ocho años, de padres acomodados, aunque ni influyentes ni ricos. Se consideró una gran fortuna que pudiera ingresar al sacerdocio, y se pensaba que éso era prácticamente todo a lo que tenía derecho a aspirar. Se enamoró de una joven y abandonó el sacerdocio para casarse con ella. Muchos hombres de su condición hacen justamente lo contrario. Posteriormente, Ulises Heureaux, el Presidente, a quien llamaban “Lilí” como diminutivo, lo exilió por supuestas intrigas políticas, y sospecho que su posición se había vuelto más o menos insoportable para él. Se marchó a Venezuela. Llegó el día en que Mon Cáceres disparó contra “Lilí” en la ciudad de Moca, y aquel 26 de julio de 1899 puso fin a sus diecisiete años de gobierno férreo y dió comienzo a la primera de seis revoluciones que habrían de prolongarse durante siete años. Al final de ellas, aquel joven exsacerdote, que había regresado al país, estaba destinado a convertirse en el segundo verdadero gobernante que el país había tenido en un cuarto de siglo, aunque mediante métodos muy diferentes de los empleados por el anterior.

ANTIGUOS CUARTELES QUE ALBERGAN A LAS TROPAS QUE SOSTIENEN AL GOBIERNO.

Contar la trayectoria posterior de Morales parece casi imposible sin relatar primero la historia de las seis revoluciones y la posición que él ocupó entre quienes participaron en ellas. Las relaciones entre los distintos líderes, unos con otros, en aquel trágico juego, solamente pueden compararse con la posición de los jugadores en una partida de euchre por rondas. Uno tiene muchos compañeros diferentes, y cualquiera de ellos puede convertirse igualmente en enemigo. En medio de una confusión aparentemente irremediable de egoísmos, al principio parece imposible distinguir otro motivo más amplio para luchar que llegar al poder y sacar al otro del medio. Pero a medida que avanzan las guerras aparece, sin embargo, otro motivo. Hay quienes desean la paz y están dispuestos a unirse incluso con sus enemigos más recientes para conseguirla. Morales pasó a formar parte de éste grupo. Hoy afirma que el objetivo más elevado de su administración es establecer, durante su período de cuatro años, una paz permanente.

. CENTINELA VIGILANDO LA ENTRADA DE LOS CUARTELES.

. SOLDADOS DEL EJÉRCITO DEL PRESIDENTE MORALES REALIZANDO EJERCICIOS MILITARES EN EL PATIO DE ARMAS.

Obtuvo su primer cargo político poco después de regresar del exilio, cuando Jimenes lo escogió para servir como diputado por el distrito de Puerto Plata. En 1902, cuando Jimenes rompió con Horacio Vásquez, quien había sido su principal partidario contra “Lilí”, Morales mantuvo la ciudad de Puerto Plata en manos de las fuerzas rebeldes hasta el 3 de mayo, algunos días después de que Horacio hubiera entrado triunfalmente en la capital y Jimenes hubiera huido. Uno de los primeros actos del gobierno de Horacio Vásquez fué encarcelar a Morales, alegando que, como gobernador de Puerto Plata, había malversado unos diez mil dólares (1). Con la ayuda de un ciudadano americano nacido en Cuba, llamado José Puente, escapó después de haber permanecido dos meses en prisión sin juicio, y logró llegar a Turks Island, la más cercana de las islas británicas de las Bahamas.

En octubre de 1902, el gobernador Navarro, de Monte Cristi, inició una revolución a favor de Jimenes. Morales regresó al país y, después de la captura de Navarro, encabezó la revolución contra Horacio en el norte. Navarro escapó de la prisión de Santo Domingo y tomó la ciudad, proclamando a Woss y Gil como Presidente, mientras Horacio había ido a combatir contra Morales. Jimenes, que se encontraba en New York en ése momento, naturalmente se sintió decepcionado cuando, después de que la revolución triunfara, ésta declaró Presidente a Woss y Gil. El desgobierno de Woss y Gil, la eficiencia y el prestigio personal de Morales y el descontento de Jimenes se convirtieron en los principales factores del último —aunque probablemente no el último— acto del drama de las revoluciones.

. EL DETERIORADO CASTILLO DE SANTIAGO, QUE PRÓXIMAMENTE SERÁ CONVERTIDO EN MUSEO.

. AGENTES DE LA LEY EN LA CAPITAL DOMINICANA.

El 24 de octubre de 1903, Morales, después de haber reunido a los mejores elementos tanto del partido de Jimenes, del cual se había convertido en líder, como del partido de Horacio, antiguos enemigos de Jimenes, inició la guerra contra Woss y Gil. Prácticamente tenía a toda la isla de su lado y se proclamó triunfalmente Presidente provisional en Santiago el 28 de octubre de 1903. Horacio Vásquez estaba exiliado en Cuba; Mon Cáceres, su sucesor natural al frente de aquel partido, llegó a la isla con Jimenes el 6 de noviembre, sólo para descubrir que Morales ya había tomado para sí la Presidencia. Santo Domingo fue tomada y Woss y Gil enviado al exilio. Morales se preparó para celebrar elecciones presidenciales el 15 de diciembre. Había dejado a Mon Cáceres, completamente ganado para su causa mediante la promesa de la vicepresidencia, al mando en el norte (2). Jimenes y Navarro descubrieron que habían quedado fuera, y durante la semana de las elecciones iniciaron una revolución abierta que estuvo muy cerca de triunfar.

De no haber sido por el propio Morales, que recorría la isla en los dos pequeños yates que componían la marina y que, de esa manera, “neutralizaba fuerzas superiores mediante una mayor movilidad de las fuerzas”, los revolucionarios habrían vencido. Puerto Plata, la metrópoli de la costa norte, cayó en enero de 1904. Jimenes huyó a Saint Thomas. Los jimenistas, bajo el mando de Demetrio Rodríguez y Navarro, perdieron todas sus esperanzas de éxito cuando uno de sus disparos mató a un marine estadounidense. El 14 de febrero, Céspedes, uno de los generales de Morales, tomó Santiago. Guayubín expulsó a Rodríguez de Macorís. Se celebraron elecciones, en muchos lugares bajo la vigilancia de soldados, y en La Vega mientras se libraba una batalla en los suburbios, el 19 de mayo. El comandante Dillingham, de nuestra Marina, llegó y se estableció la paz. Morales y Mon Cáceres fueron investidos como Presidente y Vicepresidente el 19 de julio de 1904.

Hoy existe un descontento apenas disimulado contra Morales y contra los americanos. Es seguro que, si retiráramos nuestros buques, comenzaría una revolución en favor de los partidos de Horacio y Jimenes, que quedaron excluidos del poder. Debe recordarse que durante años ambos lucharon entre sí con la mayor amargura; que Morales, anteriormente perteneciente a uno de ellos, obtuvo su cargo mediante la unión de ambos; que cualquier cosa que conceda a uno constituye una ofensa para el otro, y que, cuando se aparta de sus filas, resulta una ofensa para los dos; que Jiménes, ahora exiliado más allá del canal de la Mona, en Ponce, Puerto Rico, lo odia y conspira contra él. Horacio se ha retirado y quiere la paz, según dice. Mon Cáceres es el Vicepresidente.

Cómo resultaría una revolución dirigida por cualquiera de los otros líderes, es imposible saberlo. Hay muchos que intentarían encabezar una si nuestros buques de guerra fueran retirados, y quizá lo hagan a pesar de todo. Morales sabe que está trabajando con fuego en un molino de pólvora; y es precisamente por eso que lo que ha conseguido tiene un valor mucho mayor del que de otro modo podríamos atribuirle. Está trabajando en medio de un gran peligro y contra enormes obstáculos, y lo que su país le debe por una administración que está llevando al gobierno hacia condiciones decentes, por el próximo arreglo de las obligaciones nacionales a través de los Estados Unidos y, sobre todo, por la paz, debe ser valorado en consecuencia. Es el gobernante más limpio y más inteligente de las repúblicas del Caribe.

En persona, el presidente Morales es de tez clara y tiene solamente un ligero rastro de sangre más oscura. Es de constitución bastante robusta y extraordinariamente limpio. Siempre viste trajes de dril blanco, y nunca el uniforme militar. La fotografía que aparece aquí es la mejor que se le ha tomado.


Observaciones:

1- Es preciso señalar un posible error del autor, cuando señala que Morales fue hecho preso por los horacistas acusado de malversar 10,000 dólares como gobernador de Puerto Plata, ya que a la caída de Jimenes , en 1902, el gobernador de Puerto Plata era Eugenio Deschamps, mientras que Morales era diputado por el municipio de Sánchez y, como puertoplateño, estaría de manera casual en ésa ciudad cuando asumió la defensa de esa plaza, hasta que los horacistas consumaron la toma del Poder. Posiblemente ésa sería la causa, pues no fue sino hasta marzo de 1903 cuando Morales ocupó la gobernación de Puerto Plata, en el gobierno de Alejandro Woss y Gil.

2- Nos llama la atención el argumento de que Morales «Había dejado a Mon Cáceres, completamente ganado para su causa mediante la promesa de la vicepresidencia» , puesto que Morales, aunque era el Presidente Provisional, no contaba con un partido político que lo respaldara en unas elecciones. Fué Cáceres quien le ofreció a Morales la candidatura presidencial de los horacistas, días después que que Jimenes lanzara la suya con Miguel Andrés Pichardo como Vicepresidente.


Comentario Final.

Como se puede apreciar, éste artículo es uno de los testimonios contemporáneos más reveladores sobre el expresidente dominicano Morales Languasco. La comparación resulta especialmente significativa por las circunstancias controversiales que rodearon la llegada de ambos al Poder y por las reformas eficaces que posteriormente impulsaron desde el gobierno. El propio reportaje destaca a Morales como “el gobernante más limpio e inteligente de todas las repúblicas del Caribe”, una apreciación extraordinariamente favorable para un mandatario dominicano de aquella época, lo que contrasta profundamente con la imagen que posteriormente quedó de él.

Paradójicamente, Carlos Morales Languasco es uno de los personajes que ha sido poco estudiado y muy maltratado por la historiografía dominicana. Parte de ésa incomprensión está relacionada con la propia forma en que llegó al poder. Morales encabezó un movimiento que logró reunir a jimenistas y horacistas, antiguos adversarios políticos, con la finalidad de desplazar al presidente Woss y Gil, quien era adversario de ambas facciones, y precisamente esa alianza terminó colocándolo en una posición sumamente difícil. Al quedar en medio de las rivalidades, contradicciones y luchas internas de las fuerzas que habían contribuido a su ascenso, Morales terminó enfrentándose a antiguos aliados y a distintos sectores que disputaban el control de la República. Las circunstancias de su gobierno y su posterior caída contribuyeron a que su figura quedara atrapada entre las versiones enfrentadas de las ácidas corrientes políticas de aquella época.

Con el paso del tiempo, ésa compleja trayectoria fue reducida a una interpretación mucho más simple: Morales pasó a ser recordado principalmente como el gobernante que supuestamente llegó al poder con ayuda de los Estados Unidos y que posteriormente “entregó” las aduanas dominicanas. Sin embargo, cuando los acontecimientos se reconstruyen en su debido orden y se examina la documentación de la época, ésa interpretación resulta improbable.

La crisis financiera y el problema de las aduanas eran anteriores a su gobierno. El Protocolo firmado el 31 de enero de 1903 entre el gobierno de Horacio Vásquez y el de los Estados Unidos, ya había comprometido al país en medio de las reclamaciones relativas a la deuda dominicana con la San Domingo Improvement Company. Tras la caída de Vásquez en abril de ése mismo año, el nuevo presidente Alejandro Woss y Gil intentó desconocer el Acuerdo provocando una nueva crisis con Washington, a tal punto que se vio obligado a reconocerlo y a designar los jueces que contemplaba dicho Acuerdo. Cuando Morales llegó a la Presidencia, heredó, por tanto, un conflicto que ya estaba bastante avanzado. Su gobierno fué reconocido por el de los Estados Unidos dos meses después de asumir el Gobierno Provisional.

La situación tampoco era exclusivamente con los Estados Unidos, también había una deuda con acreedores Europeos. Desde el Empréstito Hartmont, los acuerdos relacionados con la Westendorp durante el gobierno de Ulises Heureaux, y posteriormente con la San Domingo Improvement Company, los intereses extranjeros ya tenían participación en la administración de las aduanas mediante la Caja General de Recaudaciones (La Regie). Al mismo tiempo, Alemania, Italia, Francia, Holanda y otras potencias llevaban años reclamando el pago de sus deudas y habían enviado buques de guerra a aguas dominicanas para gestionar el pago de sus intereses. La República se encontraba así frente a una crisis internacional que parecía desembocar en una intervención extranjera inminente.

En ese escenario, Morales gestionó eficazmente la puesta en marcha preliminar del acuerdo con los Estados Unidos, mediante una medida administrativa llamada Modus Vivendi, ante la presión ejercida por las potencias extranjeras. La reorganización de las aduanas permitió destinar el 45 % de las recaudaciones al Tesoro dominicano y reservar el 55 % para el pago de los acreedores. Los efectos fueron importantes e inmediatos; el Estado comenzó a disponer de recursos con mayor regularidad y pudo pagar de manera más estable a sus empleados. Además, al quedar las aduanas fuera del control de los caudillos, se eliminó una de las principales fuentes de financiamiento de las revoluciones, pues ya no podían apoderarse de ésos ingresos para comprar armas, reclutar hombres y sostener nuevas guerras civiles. Según las cifras y apreciaciones de la época, el programa permitió que al finalizar 1905 la República alcanzara un resultado financiero excepcional, sin el déficit que había caracterizado a la República desde su fundación, además de que se acumuló una suma importante en un banco de New York para iniciar el pago de la deuda..

Todo esto ocurrió mientras Morales gobernaba una República debilitada por años de revoluciones, inestabilidad política, deudas y fuertes presiones internacionales. A la vez, los Estados Unidos estaban desarrollando una política exterior más activa en el Caribe bajo el Corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe, dentro de un contexto marcado también por la importancia estratégica de la región y la construcción del Canal de Panamá. La presión sobre la República Dominicana formaba parte, por tanto, de una transformación geopolítica mucho más amplia y no de una política creada exclusivamente para someterla.

La obra de Morales tampoco se limitó a las finanzas. Durante su administración se impulsó la educación Pública y la expansión de las líneas de telecomunicaciones para conectar distintas regiones del país y se fortaleció la autoridad estatal mediante la creación del primer cuerpo castrense organizado que fué la Guardia Rural.

También organizó en Monte Cristi un cuerpo de carabineros escogidos, preparado especialmente para combatir el contrabando y ejercer un mayor control sobre la frontera. A éstos esfuerzos se sumó su empeño por proyectar al país en el ámbito internacional: con considerable esfuerzo y preparación, hizo concurrir a la República Dominicana a la Exposición de Lieja, en Bélgica, celebrada en 1905, donde el país obtuvo 60 recompensas. Éste resultado fue presentado como una muestra de que la República Dominicana podía situarse, en determinados ámbitos, a la altura de algunos pueblos del viejo continente, entre ellos Grecia, que no alcanzaron el mismo promedio de recompensas en aquella exposición.

Este punto es fundamental para comprender el período posterior llevado a cabo por su vicepresidente Cáceres. El buen gobierno que se le atribuye a Ramón Cáceres y los años de relativa paz y progreso económico que siguieron hasta su muerte, el 18 de noviembre de 1911, no surgieron completamente de la nada, Cáceres consolidó y desarrolló planes de Gobierno que Morales había comenzado a establecer mediante la reorganización financiera del Estado y el debilitamiento de las fuentes económicas de las revoluciones.

Revisar la figura de Carlos Morales Languasco no significa negar sus errores ni presentarlo como un gobernante perfecto. Significa juzgarlo dentro de las circunstancias reales de su tiempo. Recibió un país financieramente comprometido, políticamente inestable y sometido a las presiones de varias potencias extranjeras, y tuvo que tomar decisiones en medio de una crisis que no había creado. Su administración dejó, además, importantes bases financieras, educativas, administrativas y de comunicación sobre las cuales otros gobiernos pudieron posteriormente construir.

Por ello, la figura de Morales merece ser reconsiderada más allá de la etiqueta de “entreguista” que la tradición histórica le ha atribuido. La evidencia de su época permite observar a un hombre mucho más complejo de lo que la imagen tradicional ha querido mostrar. Fue un intelectual para su tiempo, formado desde muy temprana edad en el sacerdocio y con una sólida preparación eclesiástica. Hablaba con fluidez varios idiomas, entre ellos el inglés y el francés, y poseía un carácter firme y decidido. Le correspondió desenvolverse en uno de los períodos más difíciles y convulsos de la historia dominicana, circunstancias que marcaron profundamente su trayectoria y su actuación pública. Quizás la mayor injusticia cometida con su memoria haya sido juzgarlo principalmente por las consecuencias de una crisis que él no creó, pero que enfrentó decididamente..

Jorge Serraty

Imperialismo Informal Militarizado – Dominación Económica.

Introducción.

Carlos Danilo Morales Miller Administrador

Nos complace presentar en este espacio, a nuestros lectores, un segmento del estudio magistral “sobre el papel que juegan las grandes potencias en la construcción del orden político internacional” realizado por el catedrático argentino de la Universidad de Buenos Aires, Luciano Anzelini, que trata sobre Imperialismo Informal Militarizado en la República Dominicana, presentado como tesis de grado para optar por el doctorado, publicado en teseopress.com. En adición al contenido, bien estructurado y fundamentado con referencias de renombrados autores, de este trabajo, nos permitimos agregar algunas observaciones o acotaciones puntuales, como es habitual en los artículos publicados en esta página, cuyo propósito es edificar al lector de la manera más amplia posible, analizando y poniendo en contexto la narrativa en torno a los hechos históricos relacionados con el expresidente dominicano Carlos F. Morales Languasco, que es nuestro objetivo fundamental.

 Título: Imperialismo Informal Militarizado

Autor: Dr. Luciano Anzelini.

Capítulo: La Dominación Económica.

Sección: Control Financiero (3.1.)                                                                             

El endeudamiento externo constituye uno de los indicadores a través de los cuales se puede dimensionar la jerarquía económica que rige la relación entre un actor imperial y uno periférico. La subordinación financiera es, en efecto, una subdimensión de la dependencia económica y el endeudamiento externo representa uno de los elementos más importantes para medirla. En las páginas que siguen se describe la situación financiera que llevó a una relación de imperialismo informal entre los Estados Unidos y la República Dominicana. En ese marco general, el endeudamiento externo con Washington se verifica como un dato insoslayable de la realidad dominicana de principios del siglo XX. La materialización del carácter imperial informal del vínculo se concretó con el desplazamiento de los acreedores de origen europeo. La ausencia de rivalidad interimperial –rasgo distintivo del imperialismo informal– se fue consolidando a medida que la deuda externa dominicana se concentró en los Estados Unidos.

Como se ha descrito en el capítulo anterior, la historia de sometimiento de la República Dominicana tiene antecedentes que exceden el periodo de estudio de este trabajo. En lo que hace a la deuda externa, el antecedente que suelen tomar los historiadores es el denominado empréstito con la Hartmont & Co. de Londres en 1869. Suele ser sindicado como el origen de una larga historia de endeudamiento que, con breves excepciones, se ha mantenido hasta el presente.

3.1.1. Antecedentes:

Tras algunos intentos por ceder el territorio de la República Dominicana a los Estados Unidos (Herrera 2009: 33-37), el gobierno de Buenaventura Báez concertó en 1869 un préstamo de 420.000 libras esterlinas (dos millones de dólares) con la empresa Hartmont & Co. de Londres. Los intentos de Báez por obtener empréstitos tanto en los Estados Unidos como en Europa se habían iniciado a través de Abraham Jesurum, director de la casa bancaria homónima en Curazao. Jesurum no logró concretar la operación, pero su asociado Adolphe Mendes (encargado de negocios dominicano en Francia) pudo contactar a Edward Hartmont, con quien se inició lo que César Herrera describió como “la más colosal estafa de que ha sido víctima el Estado dominicano” (Herrera 2009: 33). El “empréstito Hartmont” implicaba que el gobierno se obligaba a reembolsar 1.472.500 libras esterlinas y que se comprometía a saldar la deuda en un plazo de 25 años a un interés del 6 por ciento anual (*). Como garantía, Báez hipotecó las recaudaciones aduaneras y ciertos bienes nacionales, entre ellos las minas carboníferas y los bosques de la península de Samaná. El préstamo ofrece un primer indicio de lo que posteriormente sería la materialización del imperialismo informal estadounidense. A pesar de la conocida orientación pronorteamericana de Báez, la noticia de la operación generó recelos en Washington. En el entorno del presidente Ulysses Grant se interpretó el artículo 9° del contrato –que abría las puertas a una eventual ocupación europea del territorio dominicano– como un avance sobre la doctrina Monroe (de la Rosa 1969: 34).

El affaire Hartmont anticipó, por un lado, el papel que desempeñarían los “colaboradores periféricos” en el imperialismo informal. El empréstito mostró a gobernantes completamente condescendientes con el capital extranjero y convencidos de que la República Dominicana no tenía destino si no ataba su derrotero al de una potencia imperial. El segundo dato relevante es que exhibió una reacción estadounidense –expresada por el rechazo de Grant a la cláusula que abría la puerta a una eventual anexión territorial europea de Santo Domingo– que buscaba despejar cualquier rivalidad inter imperial. El lapso de 40 años que separa a Hartmont de la primera década del siglo XX es el periodo en el que Washington desplazó todo desafío a su predominio económico en la República Dominicana. Fue la etapa de consolidación del imperialismo informal bajo la modalidad de “libre comercio”.

(*) El empréstito Hartmont fue una completa estafa. Suscrito por la suma de 420,00 libras esterlinas, de las que serían deducidas 100,000 libras que Hartmont & Co. recibiría, por concepto de comisión, como compensación por desembolsos y riesgos. De manera que el Gobierno dominicano sólo recibiría 320,000 libras esterlinas. En cambio, la República Dominicana tendría que devolver, en un plazo de 25 años, la cantidad de 1,472,500 libras esterlinas”. De las 320,000 libras a desembolsar, Hartmont & Co. entregaría al firmar el empréstito, la suma inicial de 50,000 libras y el resto en cuotas durante los ocho meses subsiguientes. Pero el Gobierno dominicano recibió, como único desembolso las 50,000 libras esterlinas iniciales, porque las cuotas mensuales restantes nunca se efectuaron. Ref.: La Moneda, la Banca y las Finanzas en la República Dominicana; Julio C. Estrella, 122. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

Ulises Heureaux siguió el mismo camino de Báez en materia de endeudamiento externo (Cruz Sánchez 2014: 13-14). Con el peso de Hartmont sobre sus espaldas, envió a su socio Eugenio Generoso de Marchena a gestionar un empréstito a Europa, que finalmente se concretó en julio de 1888 con la Casa Westendorp & Co. de Amsterdam. El monto ascendía a 770.000 libras esterlinas al 6 por ciento de interés anual y un plazo de pago de 30 años. Un porcentaje se destinaría a saldar parte de la deuda del empréstito Hartmont. Como producto del acuerdo, Heureaux hipotecó hasta el 30 por ciento de los ingresos aduaneros. Por su parte, la Westendorp designó agentes fiscales en Santo Domingo encargados de hacer las retenciones y de entregar a los funcionarios locales los montos correspondientes. El esquema de control financiero de la Westendorp se sofisticó con la creación de la Caja General de Recaudación (La Régie) como órgano responsable de administrar los fondos (de la Rosa 1969: 40; Moya Pons 1977: 402-403).

Una segunda operación con la Westendorp fue aprobada por el Congreso en septiembre de 1890. El monto ascendía a 900.000 libras esterlinas, al 6 por ciento anual y pagadero en 50 años (Franco Pichardo 2007: 149). Las crónicas coinciden en que nunca se supo a ciencia cierta cuánto dinero recibió el gobierno. De lo que no caben dudas es del incumplimiento en cuanto al objetivo del préstamo: la construcción del ferrocarril Puerto Plata-Santiago, tarea que debió ser afrontada a través de la suscripción de nuevos empréstitos (de la Rosa 1969: 41). La espiral consistente en consolidar deudas y tomar nuevos préstamos adquiría los rasgos de un fenómeno estructural.

En 1892 una compañía estadounidense, la Santo Domingo Improvement Company, adquirió las acreencias de la Westendorp. Ello ocurrió cuando los conflictos entre la financiera holandesa y el gobierno dominicano habían llegado a un punto de tensión tal que la compañía se negó a conceder un nuevo préstamo a Heureaux (Cruz Sánchez 2014: 14). La Westendorp informó a sus clientes en Europa del incumplimiento del gobierno dominicano, que a esa altura ya había hecho uso de un porcentaje de las rentas aduaneras que excedía lo convenido en los empréstitos de 1888 y 1890 (de la Rosa 1969: 90-91; Herrera 2009: 80). El desembarco de la Improvement representó un punto de inflexión. Los negociadores norteamericanos convencieron a Heureaux, quien en un exceso de condescendencia periférica garantizó el manejo de las aduanas locales a los funcionarios estadounidenses (de la Rosa 1969: 92). Para ello, Heureaux se garantizó que una comisión de “abogados notables” respaldara la legalidad del traspaso efectuado por los banqueros holandeses al consorcio estadounidense (Herrera 2009: 85-86). Con el desplazamiento de la Westendorp quedó concretado finalmente el control económico de Washington sobre Santo Domingo, lo que redujo notoriamente las posibilidades de disputas interimperiales (de la Rosa 1969; Moya Pons 1977: 408: 89; 92).

(*) En principio Heureaux estuvo reacio a aceptar la transacción entre la San Domingo Improvement Co. y la Westendorp, pero accedió luego de entrevistarse con directivos de la primera y obtener un nuevo empréstito por valor de US$1,250,000. El Acuerdo se firmó el 28 de enero de 1893. Ref.: La Moneda, La Banca y Las Finanzas en la República Dominicana, Julio C. Estrella:131. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El desplazamiento de los intereses europeos de la República Dominicana quedó de manifiesto en un conflicto que enfrentó a Heureaux con el gobierno de Francia. Los intereses galos –de este origen habían sido los principales accionistas de la Westendorp y las primeras inversiones en líneas telegráficas y cable submarinos– sufrieron un enorme revés con el affaire del Banco Nacional de Santo Domingo. Se trataba de una institución muy importante, que se había creado en julio de 1889 tras una gestión de Eugenio Generoso de Marchena, quien facilitó una concesión del gobierno dominicano a la entidad financiera Credit Mobilier. Con un capital inicial de dos millones de dólares, el banco había funcionado con relativa eficiencia entre 1889 y 1893 (de la Rosa 1969: 78; Cruz Sánchez 2014: 16-17). Sin embargo, las crecientes diferencias entre Heureaux y su ex socio de Marchena –resultado de sus miradas divergentes respecto de las potencias a las que debía atar su destino la República Dominicana– llevaron a la crisis de la entidad financiera, la que se vio afectada por la decisión de Heureaux de otorgar toda clase de ventajas a los capitales norteamericanos. A pesar de la resistencia presentada por de Marchena –quien era gerente del Banco Nacional–, la historia culminó con la bancarrota de la entidad, la ruptura de relaciones diplomáticas con Francia el avance cada vez más sostenido de los intereses estadounidenses y el apresamiento –y posterior fusilamiento– de de Marchena (de la Rosa 1969: 89; Cruz Sánchez 2014: 17-18). Antonio de la Rosa recuerda que “las relaciones diplomáticas entre los dos países fueron reanudadas poco después; pero el banco francés de Santo Domingo no tardó en desaparecer. Fue reemplazado por un banco americano” (de la Rosa 1969: 89). En efecto, Heureaux inició las gestiones para conseguir un arreglo con los accionistas franceses del Credit Mobilier, dueños del Banco Nacional. En esas tratativas, actuando en tándem con los funcionarios dominicanos, intervino Charles M. Wells, presidente de la sociedad The Improvement & Finance Co., subsidiaria de la Santo Domingo Improvement Company. En septiembre de 1895 el diferendo se zanjó como correspondía a los nuevos tiempos que corrían en la República Dominicana: renunció en París el Consejo Directivo del Banco y en su lugar asumió una nueva junta, encabezada por Wells. Los capitales estadounidenses habían ganado la partida.

Luego del affaire del Banco Nacional, una sucesión de operaciones de la Santo Domingo Improvement Company durante el gobierno de Heureaux resultó determinante para la afectación de los intereses europeos a fines del siglo XIX; y para la consolidación del dominio financiero norteamericano a principios del siglo XX. Las operaciones de la Improvement con el gobierno dominicano generaron, por la vía de conversiones y consolidaciones, la acumulación de una inmensa deuda externa (Herrera 2009: 81). El primer contrato con la compañía estadounidense fijaba, según recuerda César Herrera, “una nueva emisión de bonos, por la suma de 1.250.000 dólares oro norteamericanos, para cubrir la deuda interior de la República que ascendía a 659.000 pesos mexicanos” (2009: 86). Era la maniobra inicial de una serie de movimientos que acentuarían la dependencia financiera de la República Dominicana. Por otra parte, el Congreso aprobó el 23 de marzo de 1893 una ley que legitimaba el acuerdo, a la vez que materializaba una fraudulenta conversión. La norma fijaba que los bonos emitidos al 6 por ciento de los empréstitos de 1888 y 1890 serían canjeados por obligaciones oro al 4 por ciento. Esto significaba que dos préstamos que originalmente ascendían a 1.650.000 libras esterlinas, se transformaban en obligaciones por 2.035.000 libras esterlinas (de la Rosa 1969: 61; Herrera 2009: 87). Inmediatamente se suscribió otro préstamo con el representante de la Improvement, Den Tex Bondt, por 225.000 pesos corrientes, destinado a la compra de armas y a cubrir gastos extraordinarios de guerra (Franco Pichardo 2007: 151).

Las operaciones ruinosas del gobierno de Heureaux con la Santo Domingo Improvement Company continuaron en los años siguientes. El gobierno impulsó en abril de 1894 una ley por la que se elevaba el monto de la emisión de un año atrás –las denominadas “debentures oro”– a los 2.500.000 dólares oro norteamericanos (Herrera 2009: 89). Este creciente endeudamiento con agentes financieros de los Estados Unidos tenía lugar en un contexto de crisis económica amplificada por los cambios que atravesaba la economía imperial. Como señala Franco Pichardo: “La economía dominicana se encontraba padeciendo una tremenda inflación que tenía sus orígenes en los cambios monetarios que se registraban en los Estados Unidos, donde el patrón oro se impuso y las monedas de plata, que eran de mayor circulación en la República Dominicana, fueron devaluadas” (Franco Pichardo 2007: 151). En mayo de 1895, Heureaux firmó otros dos contratos con Smith Weed, nuevo presidente de la Improvement. El primero, público y refrendado por el Congreso dominicano, pactaba la emisión de bonos por 1.750.000 pesos oro. El segundo, de carácter secreto, consolidaba las emisiones previas de debentures junto con la última emisión, a un interés del 4 por ciento anual. Simultáneamente, se convenía con la compañía estadounidense otro de los grandes fraudes montados por colaboradores periféricos y aventureros imperiales: un préstamo de la Improvement para la reconstrucción del ferrocarril de Puerto Plata a Bajabonico (Herrera 2009: 90-91).

La penetración de la Improvement llegó a tal nivel de control financiero durante el gobierno de Heureaux que le fue necesario sofisticar sus maniobras por medio de empresas subsidiarias. De este modo, nacieron compañías como la Santo Domingo Finance Co. y la Santo Domingo Railways Co., constituidas bajo las leyes del estado de Nueva Jersey. Ulises Hereaux y la Improvement llevaron a cabo una serie de maniobras que sedimentaron los rasgos estructurales del imperialismo informal estadounidense. En un contexto de penuria financiera, el presidente dominicano hizo suya una propuesta de los directivos de la Improvement. El denominado “Plan Improvement” implicaba –además de una nueva conversión y consolidación de la deuda en favor de los intereses norteamericanos– un golpe letal a los intereses europeos (Herrera 2009: 95). Su concreción tuvo lugar en agosto de 1897, cuando el Congreso aprobó una ley que consolidó la deuda exterior de la República Dominicana “bajo el supuesto interés de unificar las deudas de la República en un solo paquete, pero con el claro objetivo de aumentar la deuda extranjera con la Santo Domingo Improvement y sus firmas asociadas” (Franco Pichardo 2007: 152).

Algunas particularidades de esta ley merecen ser descritas, dado que establecían un grado superlativo de dominación financiera de los Estados Unidos. En primer término, las tareas de conversión y consolidación correrían por cuenta de la subsidiaria Santo Domingo Finance Co., que fijó en 4.236.750 libras esterlinas el monto de los bonos a ser emitidos (Herrera 2009: 96). Esto permitiría, eventualmente, hacer frente al pago de los tenedores de bonos y otros compromisos que el Estado mantenía en Europa, incluida una serie de indemnizaciones a ciudadanos franceses por daños materiales (*). Por otra parte, la ley ponía todas las rentas en manos de la Improvement y sus satélites, a la vez que habilitaba a la Caja de Recaudación –manejada por funcionarios del conglomerado norteamericano– a remesar, como primera medida, “la proporción mensual de intereses y amortizaciones” a la Improvement y sus socios. Adicionalmente, en una clara orientación que fortalecía el imperialismo informal, la norma excluía a los gobiernos europeos como receptores de derechos relacionados con esta operación. Los historiadores del periodo concuerdan en señalar que, además de profundizar la dominación financiera estadounidense, la ley de reconversión de la deuda de 1897 constituyó un ultraje a la soberanía dominicana. Los cambios de denominaciones –mecanismo reiterado de modo sistemático a lo largo de la década de 1890– y el incumplimiento por parte de los especuladores estadounidenses fueron las dos caras de un proceso que no podía culminar de otro modo más que con un Estado dominicano en bancarrota (Franco Pichardo 2007: 154; Herrera 2009: 100).

El 26 de julio de 1899, el dictador Heureaux fue abatido a balazos en las calles de Moca. Su legado fue el de un abnegado colaborador periférico. Durante su presidencia se consolidó la dominación financiera norteamericana, y se desplazó definitivamente la influencia europea. Es Antonio de la Rosa, autor del mejor trabajo sobre el imperialismo financiero norteamericano en Santo Domingo, quien retrató con agudeza la herencia de Lilís:

“El general Heureaux […] dejaba a su país […] bajo el yugo de la Santo Domingo Improvement and Co. La liquidación de un pasivo tan elevado, junto a otras circunstancias, entre las cuales se cuenta la cesión hecha a las Compañías americanas de los derechos y acciones de un grupo de capitalistas europeos sobre las aduanas dominicanas, fue una de las principales causas del establecimiento del control americano en Santo Domingo” (de la Rosa 1969: 64).

(*) En principio, el imperialismo norteamericano era ejercido por las vías empresarial y diplomática. Cuando buques de guerra franceses bloquearon el puerto de Santo Domingo, en reclamo del pago de 280,000 francos por la muerte de dos ciudadanos franceses, asesinados durante la gestión de Heureaux (Boismare y Caccavelli), ocasión en que acudió a Santo Domingo un buque de guerra norteamericano que supuestamente realizaba estudios oceanográficos en áreas aledañas a la costa noreste de la isla Española. Aunque la presencia de dicho buque hizo modificar en algo la actitud de los buques franceses, el pago reclamado fue hecho gracias a una recolecta realizada entre los residentes de la ciudad. Luego de la firma del Protocolo de Enero de 1903, fue cuando el imperialismo norteamericano adquirió visos legales para intervenir directamente en la República Dominicana. Poco después hicieron presencia permanente, en los puertos aduaneros dominicanos, los buques de guerra de los Estados Unidos. Ref.: La República Dominicana; Ramón Marrero Aristy: 271, Tomo II. (CDMM)

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3.1.2. La entrada en el siglo XX

Tras la etapa de abierta condescendencia de Heureaux, que permitió al imperialismo informal echar sólidas raíces en la República Dominicana, tuvo lugar un breve periodo de búsqueda de autonomía financiera por parte de Juan Isidro Jimenes (Cruz Sánchez 2014: 24). Las aduanas dominicanas se encontraban completamente maniobradas por la Improvement, situación que Jimenes intentó modificar.Tras las idas y vueltas de un controvertido contrato en abril de 1900, el presidente tomó la decisión en 1901 de suspender a la Caja General de Recaudación en sus funciones de receptoría (Gaceta Oficial, 1901). Esto significaba que el gobierno de Santo Domingo buscaría –para hacer frente a su deuda externa– entenderse directamente con los acreedores europeos. Éstos, por su parte, ya habían empezado a manifestarse en favor de una intervención militar de sus gobiernos de origen para forzar el cobro de sus acreencias (*).

Esta decisión de relativa impronta autonómica implicó un antes y un después en el proceso de solidificación del imperialismo informal. Los hechos que se desencadenaron ocasionaron un creciente protagonismo del gobierno estadounidense, trascendiendo los mecanismos desplegados hasta allí centrados en el accionar privado de los financistas norteamericanos. La Improvement denunció la resolución ejecutiva de Jimenes, por considerarla lesiva para sus intereses y solicitó la intervención directa del gobierno estadounidense (Herrera 2009: 18). La República Dominicana se encontraba frente a una encrucijada en dos escenarios (el estadounidense y el europeo), a los que decidió enfrentar a través de una delicada misión de su ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Henríquez y Carvajal (*). El objetivo era, sucesivamente, llegar a acuerdos con los directivos de la compañía norteamericana que ejercía la dominación financiera en Santo Domingo; y con los tenedores europeos de bonos que habían sido perjudicados con el afianzamiento del imperialismo informal estadounidense (Herrera 2009: 119-120).

Las gestiones de Henríquez en los Estados Unidos y en Europa parecieron, inicialmente, llegar a buen puerto (Franco Pichardo 2007: 205). Tras sucesivas entrevistas con el subsecretario de Estado Hill, Henríquez alcanzó el 25 de marzo un principio de acuerdo con el conglomerado Improvement, por el que Santo Domingo obtenía algunas concesiones.[14] Luego se dirigió a Europa, en donde selló un trato con los acreedores en Bélgica y en Francia. Suscripto en junio de 1901, y articulado con los alcances del acuerdo con las compañías estadounidenses, el contrato con los europeos venía a completar lo que parecía una gran gestión. Sin embargo, pese a los términos relativamente favorables, el acuerdo colectivo con la Improvement y sus subsidiarias fue objeto de un amplio rechazo en la sociedad dominicana (*). No así la negociación con los belgas y con los franceses, que había recogido una aceptación mayoritaria entre los dirigentes y la sociedad civil. Como resultado, el Congreso dominicano ratificó el contrato con los europeos y rechazó el convenio con la Improvement y sus empresas satélites (Franco Pichardo 2007: 205).

(*) Obsérvese que las negociaciones de don Francisco Henríquez y Carvajal, eran con las compañías o grupos financieros extranjeros privados, no con los gobiernos. El rechazo a las negociaciones por parte del Congreso se debió al revanchismo intransigente de los horacistas, quienes impidieron que la deuda de la Improvement fuera reducida a la mitad. Henríquez y Carvajal se perfilaba como un posible candidato para las elecciones que deberían celebrarse en noviembre de 1903 y el éxito de su gestión, en el extranjero, le conferían méritos que no convenían al vicepresidente Horacio Vásquez, líder de esa facción política, que también era aspirante a la presidencia de la República. Más que moverse al ritmo de la opinión pública, al gobierno no le quedó otro recurso que exigir la rendición de cuentas a la San Domingo Improvement, que era el tema que esgrimía la bancada opositora mayoritaria (horacista), para rechazar tan ventajosa oportunidad para las finanzas dominicanas. Ref.: Historia Dominicana, Ramón Marrero Aristy; 278-279, Tomo II. (C.D.M.M.)

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El gobierno de Jimenes buscó moverse al ritmo de la opinión pública y del Parlamento, presionando a la Improvement para que se allanase a una rendición de cuentas. La respuesta de la compañía fue un fiel reflejo del imperialismo informal: no sólo emitió un duro mensaje a través de su vicepresidente John Abbot –enfatizando los supuestos perjuicios sufridos a raíz de la incautación de las recaudaciones en enero de 1901–, sino que reclamó la intervención del Departamento de Estado para proteger sus intereses (Herrera 2009: 127). La polémica en torno al contrato con la Improvement fue la antesala de la caída del gobierno de Jimenes. En abril de 1902, una conspiración encabezada por el vicepresidente Horacio Vásquez desplazó al primer mandatario. Esto facilitó las condiciones para la intervención cada vez más extendida de los Estados Unidos (de la Rosa 1969: 105-106). En ese marco, se presentó en Santo Domingo William Powell (ministro plenipotenciario en Haití y encargado de negocios ante la República Dominicana) acompañado por Abbott. Era el momento indicado para que el actor imperial forjase un acuerdo aún más lesivo para los intereses dominicanos.[17] Las negociaciones se extendieron hasta principios de 1903, cuando Powell y Juan Francisco Sánchez (ministro de Relaciones Exteriores dominicano) firmaron un acuerdo que resultó aún más pernicioso para Santo Domingo (Herrera 2009: 129). El dato sobresaliente del denominado Protocolo de 1903 era que se suscribía, no ya con banqueros particulares, sino con el propio gobierno de los Estados Unidos (*).

* El presidente Vásquez fue derrocado por Alejandro Woss y Gil un mes y medio después de firmarse el Protocolo de enero de 1903. En las elecciones de junio, de ese mismo año, Woss y Gil se convirtió en Presidente Constitucional. El 15 de septiembre el Encargado de Negocios norteamericano, William F. Powell, le solicitó al ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Manuel de Jesús Galván, el nombramiento de los jueces del Tribunal Arbitral conforme al Art. 1 de dicho Protocolo. El ministro Galván le respondió que el Protocolo, además de su deficiencia jurídica había sido suscrito por un gobierno incompetente (de facto), razón que obligaban al Gobierno Constitucional a someter ese instrumento a la consideración del Congreso, lo que fue rechazado por el señor Powell. El 24 de octubre surgió en Puerto Plata la revolución de La Unión y en pocos días la Capital estaba sitiada. Fue esta oportunidad la que aprovecho el señor Powell para mantener sus exigencias y declarar la suspensión de las relaciones entre ambos gobiernos, dejando entrever que el gobierno norteamericano podía pasar a vías de hecho. Tal amenaza hizo reaccionar al presidente Woss y Gil, quién procedió de inmediato a reconocer el referido Protocolo, designando el 14 de noviembre al propio ministro Galván como juez del Tribunal Arbitral que se establecería en Washington, quien partió de inmediato. Además, procedió a designar al tercer árbitro de entre los jueces de la Corte de Circuito de New York, ya que había transcurrido el plazo para que éste fuera elegido de mutuo acuerdo entre ambos gobiernos, como estaba estipulado en el Protocolo. La Revolución de La Unión, con Carlos F. Morales Languasco como Presidente Provisional, asumió el Poder el 25 de noviembre de 1903. Este gobierno solicitó su reconocimiento a todo el Cuerpo Consular establecido en Santo Domingo, sin que obtuviera respuesta de la legación norteamericana. La misma exigencia que William Powell hizo al Presidente Woss y Gil también le fue hecha a Morales, como condición para que su gobierno fuera reconocido por el de los Estados Unidos. Luego de aceptar los términos del Protocolo de 1903 fue reconocido el 20 de enero de 1904, aunque hay quienes sostienen con extraña ingenuidad, que Morales “se decidió” por un acuerdo financiero lesivo para la República Dominicana, como si se hubiera tratado de alguna decisión personal, por un acuerdo diferente.  Ref.: La República Dominicana: Ramón Marrero Aristy. 293, Tomo II. (CDMM)

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El nuevo instrumento establecía que el gobierno dominicano debía pagar al estadounidense la suma de 4.500.000 dólares por los reclamos efectuados por los financistas privados. Asimismo, estipulaba que las condiciones para el pago serían establecidas por una Comisión de Arbitraje compuesta por tres miembros: uno designado por el gobierno dominicano, otro por el norteamericano y un tercero seleccionado por Santo Domingo entre los miembros de la Suprema Corte de Justicia o de la Corte del Circuito de Apelación de los Estados Unidos. Dos de los tres jueces eran estadounidenses, lo que daba cuenta de la concepción de la “ecuanimidad” en un contexto de imperialismo informal (Herrera 2009: 129). La Comisión de Arbitraje emitió su fallo el 14 de julio de 1904 durante la presidencia de Carlos Morales. Conocido como el “laudo arbitral de 1904”, conminaba al gobierno dominicano a pagar a la Improvement 37.500 dólares mensuales durante dos años y 41.666 dólares por mes a partir de entonces (Gleijeses 2011: 25). Los intereses se fijaban a una tasa del 4 por ciento anual. Washington quedaba autorizado, por otra parte, para designar un agente financiero en la República Dominicana, con atribuciones para incautar las aduanas en caso de que las sumas convenidas no fuesen recibidas a término. El Protocolo de 1903 y el laudo arbitral de 1904 constituyen dos evidencias del carácter estructural que adquiría el imperialismo de libre comercio estadounidense.

El gobierno norteamericano, a través de su ministro Dawson, designó a su agente financiero en Santo Domingo. Se trataba, ni más ni menos, que de John Abbott de la Santo Domingo Improvement Company. El 21 de septiembre, dado que el gobierno dominicano no daba cumplimiento al primer pago, Abbott reclamó la entrega de la aduana de Puerto Plata (Herrera 2009: 135). Tras una negativa inicial, la presión de Dawson –con abierto respaldo de Washington– obligó al gobierno de Morales a ceder (Gleijeses 2011: 25). Sin embargo, cuando todo parecía encaminado a una resolución del diferendo en el sentido prescrito por el laudo, una nueva crisis política –producto de la guerra civil que atravesaba el país – impidió su implementación (Franco Pichardo 2007: 208). A esta compleja situación debe sumarse el contexto externo de pujas interimperiales entre los Estados Unidos y las potencias europeas, que terminó con la imposición estadounidense del “Corolario Roosevelt a la doctrina Monroe”. Esto significaba que en el mare nostrum que constituía el Caribe para los Estados Unidos no se repetirían eventos como los ocurridos en Venezuela en 1902 (*), cuando Washington se había mostrado prescindente ante el despliegue de los buques de guerra alemanes, italianos y británicos.

(*) Hay quienes han tildado a Morales de entreguista por el asunto de la administración de las aduanas por una potencia extranjera, consecuencia de un acuerdo que firmaron otros, como si en el punto en que estaban las cosas él hubiera podido obrar diferente a lo que mandaban las circunstancias, no obstante aquello haber resultado, a la postre, beneficioso para encausar tanto el sistema financiero como el orden político de la nación.

Observación: Algunos de esos buques de guerra europeos que participaron en el bloqueo a Venezuela durante el conflicto venezolano, relativo al empréstito del Ferrocarril Alemán, llegaron amenazantes a R.D. con intenciones de tomar las aduanas para cobrarse las deudas de sus connacionales por cuenta propia. En este asunto intervino como mediador Estados Unidos y el conflicto se resolvió con un acuerdo en Washington. En esa ocasión, en 1904, la República dominicana estuvo sitiada por diez (10) buques de guerra europeos, en adición a otros cinco o seis cruceros norteamericanos. (CDMM).

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El 30 de diciembre de 1904, el secretario de Estado John Hay instruyó al ministro Dawson para que explorara las posibilidades de que Washington se hiciera cargo del cobro directo de los impuestos de aduana; y llevara adelante una “distribución equitativa” entre el gobierno dominicano y sus acreedores (*). Luego de sucesivas entrevistas, Dawson recabó la respuesta positiva del gobierno de Morales. Según Piero Gleijeses: “No fue una decisión libre y espontánea, sino la decisión de atarse a un solo país como alternativa al desmembramiento” (Gleijeses 2011: 28). La operación para poner en manos de los Estados Unidos las aduanas fue comandada por el comodoro de Marina Albert Dillingham. Fue la punta de lanza de un objetivo más grande: sellar un acuerdo general sobre la deuda externa dominicana. Luego de las negociaciones de rigor, el 20 de enero de 1905 fue firmado un primer documento, que trajo aparejadas algunas de las prácticas características del imperialismo informal. Allí se estipulaba que el gobierno estadounidense se haría cargo de todas las recaudaciones aduaneras, que en aquel momento ascendían a los dos millones de dólares. El 45 por ciento se destinaría a los gastos de la administración pública, mientras que el saldo –descontado el costo de la cobranza– iría a manos de los acreedores (Herrera 2009: 139). Como reconocía Dawson en sus informes, el plan consistía en alcanzar “la superintendencia real sobre todos los asuntos administrativos” (cit. en Gleijeses 2011: 28), exhibiendo que el verdadero propósito de los negociadores estadounidenses era “replicar el sistema de administración de los británicos en Egipto” (Knight 1928: 28).

(*) Este recurso fue adoptado en virtud de que los términos de la Sentencia del Tribunal Arbitral (Laudo) se referían exclusivamente a la deuda pendiente con la San Domingo Improvement, representada por los Estados Unidos y no incluía la deuda pendiente con los acreedores europeos, que era mucho mayor que la de la compañía norteamericana, por cuanto la Convención que iba a derivar del Laudo no los incluía, lo que motivó que la Convención del 20 de enero de 1905 fuera reformulada y suscrita dos semanas después, el  7 de febrero. En esa oportunidad el gobierno dominicano propuso que todas las aduanas fueran manejadas provisionalmente por personal dominicano, hasta tanto se definiera la Convención, pero los europeos rechazaron esa propuesta y exigieron que fueran los norteamericanos quienes estuvieran a cargo. Ref.: Historia Dominicana, Ramón Marrero Aristy, 307; Tomo II. (CDMM)

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Tras un ida y vuelta de versiones del documento suscripto el 20 de enero (Herrera 2009: 141-142), el 7 de febrero se firmó el denominado Protocolo de 1905. El proceso para llegar a este convenio no estuvo exento de cortas intervenciones militares por parte de Washington (Franco Pichardo 2007: 209). Finalmente se alcanzó un texto ad referéndum, dado que los órganos legislativos de ambos países aún no lo habían refrendado. La naturaleza imperial informal del Protocolo quedaba en evidencia en el texto remitido el 15 de febrero de 1905 por el presidente Theodore Roosevelt al Senado estadounidense (de la Rosa 1969: 129-132). El áspero debate suscitado en ese recinto tornó necesaria una salida que permitiese la aplicación práctica de lo convenido (*). A sugerencia de Roosevelt, el presidente Morales emitió una resolución ejecutiva el 31 de marzo de 1905 que estipulaba, en términos generales, lo prescrito en el Protocolo de 1905. A esta solución transitoria se la conoció como “Modus Vivendi”, en esencia un arreglo temporal de partes hasta tanto el Senado estadounidense aprobase el Protocolo definitivo. El esquema duró más de dos años y conservó todos los aspectos fundamentales de los textos anteriores. El gobierno dominicano debía designar un receptor general de aduanas, el que surgiría de una propuesta del presidente de los Estados Unidos. Las sumas recaudadas se distribuirían así: un 45 por ciento para atender los gastos del presupuesto (incluyendo los sueldos de los empleados aduaneros); y el remanente, destinado al pago a los acreedores, sería depositado en un banco de Nueva York, “quedando en depósito a beneficio de todos los acreedores de la República […] sin poder ser retirado antes de que el Congreso dominicano y el Senado de los Estados Unidos hayan determinado sobre la convención pendiente” (de la Rosa 1969: 139-140; Herrera 2009: 145-146).

* El congreso de Estados Unidos cerró su período de sesiones sin aprobar la Convención y debido a las presiones que mantenían los buques de guerra europeos, ésta fue puesta en vigor de manera administrativa, lo que se conoció como el Modus Vivendi. (CDMM)

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Si bien todo lo anterior da cuenta de una inocultable proyección de los Estados Unidos sobre la República Dominicana en materia de dominación financiera, existe un aspecto que Antonio de la Rosa trabaja en detalle y que resulta clave para comprender la consolidación del imperialismo informal. Al analizar el “Modus Vivendi”, el investigador haitiano explica el proceso de renegociación y reducción de la deuda encarado bajo instrucciones de Washington. Como consecuencia de esa operación, los acreedores aceptaron las condiciones ofrecidas, lo que implicó un desendeudamiento respecto de los valores previos (de la Rosa 1969: 144-149). Sin embargo, no se trataba del avance hacia la autonomía financiera, sino todo lo contrario. Se preparaba el terreno para una mayor dominación norteamericana, la que tendría lugar por medio de la compra de la deuda de los acreedores europeos. La disputa interimperial quedaría desarticulada y los Estados Unidos, por medio de nuevos empréstitos, conseguirían que el gobierno dominicano consolidase sus acreencias en un único acreedor: el propio gobierno de Washington.

En abril de 1905 fue enviado por Theodore Roosevelt a la República Dominicana el experto financiero Jacob Hollander, quien había desempeñado otras misiones en la región designado por el entonces presidente William McKinley. Por ejemplo, había asumido la responsabilidad del Tesoro de Puerto Rico, estado cedido a los Estados Unidos tras el tratado de París de 1898. A Hollander se le encomendó una investigación de la deuda dominicana, que conllevaba una revisión de las cuentas de la propia Santo Domingo Improvement Company (Herrera 2009: 147). La conclusión a la que arribó es que la deuda dominicana ascendía a unos 40 millones de dólares. Ante este panorama, y con el objetivo de profundizar la dominación financiera, Roosevelt y Hollander forjaron una estrategia que se consumó a través de un ajuste general de la deuda de Santo Domingo y de una nueva Convención. En este marco, conviene señalar que el “problema dominicano”, en la mirada del presidente estadounidense y de su asesor financiero, comprendía tres objetivos fundamentales: i) lograr que una entidad financiera estadounidense prestara a Santo Domingo unos 20 millones de dólares; ii) utilizar parte de ese monto en la compra de las acreencias en manos europeas, a los efectos de consolidar la deuda únicamente en Washington; y iii) reducir la deuda dominicana, tanto la externa como la interna, bajo la premisa de que una buena parte de ella había sido contraída de modo fraudulento (Franco Pichardo 2007: 214-215). En breve, se trataba de alcanzar una fuerte reducción del capital nominal de la deuda, a la vez que de acentuar la dependencia financiera respecto de los Estados Unidos.

En junio de 1906, el gobierno dominicano otorgó plenos poderes a su ministro de Hacienda, Federico Velázquez, para negociar un amplio acuerdo con los Estados Unidos, empresa para la cual se contrató al profesor Hollander. Éste fue decisivo para la implementación del denominado “plan de ajuste”, suscripto en Washington el 11 de septiembre de 1906. La reducción de la deuda, por acción del “plan de ajuste”, se ubicó en el orden del 60 por ciento. Luego de esa quita, las acreencias ascendían a 17 millones de dólares (de la Rosa 1969: 151). Desde luego, no habría posibilidades de dar cumplimiento al esquema previsto si no se contaba con un nuevo préstamo para hacer frente a los pagos. En consecuencia, Velázquez, a través de las gestiones de Hollander, entró en contacto con los banqueros Kuhn, Loeb & Co, de Nueva York. La casa neoyorquina –en otro dato que explicita el contexto de imperialismo informal en que se llevaba adelante la negociación– exigía como condición que el gobierno de los Estados Unidos garantizara la operación a través de un acuerdo directo con Santo Domingo. El empréstito debía ser liquidado en 50 años, no podía redimirse antes de los diez, se establecía un interés del 5 por ciento anual, y se fijaba que los cobros y la amortización debían hacerse a través de agentes financieros estadounidenses (de la Rosa 1969: 151; Franco Pichardo 2007: 215).

La garantía que reclamaban los financistas norteamericanos finalmente se alcanzó, aditándose un nuevo engranaje a la cadena del imperialismo informal: la “Convención Domínico-Americana de 1907”, suscripta el 8 de febrero por los ministros Dawson (por los Estados Unidos) y Tejera y Velázquez (por la República Dominicana). En este instrumento quedaban sancionados el “Plan de Ajuste” –vehículo para el desendeudamiento con los acreedores europeos y nacionales– y las especificaciones del préstamo de 20 millones de dólares con los banqueros neoyorquinos. La dependencia financiera con el actor imperial se consolidaba, a través de un proceso de reducción, conversión y unificación en un solo centro financiero (Velázquez Mainardi 1994: 21). La Convención establecía, en su primer artículo, que el presidente estadounidense debía nombrar al receptor general y al resto de los empleados de las aduanas dominicanas, los que debían ser ciudadanos estadounidenses. Allí se fijaba cómo serían distribuidos los valores recaudados, que en primer lugar debían destinarse a cubrir los gastos del servicio de aduanas y, luego, a pagar los intereses de la deuda (de la Rosa 1969: 152). También se designaba un ciudadano estadounidense como Director General de Obras Públicas, a los efectos de controlar las inversiones y los gastos en esta materia (Muto 2014: 41). La tónica imperial se mantenía en los artículos siguientes. En el segundo se estipulaba que “el gobierno de los Estados Unidos dará al receptor general y a sus auxiliares la protección que estime necesaria”. El tercero incidía en la cuestión del endeudamiento. Allí se establecía que “hasta que la República Dominicana no hubiera pagado la totalidad de los bonos del empréstito no podría aumentar su deuda pública ni modificar su tarifa aduanera sin el consentimiento del Presidente de los Estados Unidos” (de la Rosa 1969: 152). Para ser obligatoria, la convención debía ser refrendada por las instancias legislativas de ambos países. En esta oportunidad, a diferencia de lo sucedido con el Protocolo de 1905, la aprobación fue expeditiva. En el senado estadounidense el tratamiento se llevó a cabo en tiempo récord, recibiendo sanción el 25 de febrero de 1907. En la República Dominicana, como era previsible por el grado de control financiero que conllevaba, el texto fue objeto de grandes debates en la prensa y en el Congreso. Éste último lo aprobó el 3 de mayo; el 19 de junio lo ratificó el presidente Cáceres; y Theodore Roosevelt hizo lo propio tres días después. Las ratificaciones fueron canjeadas en Washington el 8 de julio de 1907. Se consumaba así un nuevo capítulo del proceso de dominación financiera de Washington sobre Santo Domingo.

Llegado este punto, es posible advertir que el periodo que se extiende desde el “empréstito Hartmont” –en un contexto de rivalidad interimperial entre los Estados Unidos y las potencias europeas– hasta la “Convención Domínico-Americana” de 1907 constituye una etapa clave para esta investigación. Supone el pasaje de una clásica “área de influencia” –con las pujas entre diversos actores imperiales– a un imperio informal bajo la modalidad de libre comercio. Si se compara la situación inicial de endeudamiento externo (Hartmont) con el plan de ajuste incorporado a la Convención de 1907, surgen dos datos relevantes: por un lado, la deuda externa –aún con el proceso de quita que la había reducido a la mitad– era significativamente mayor en 1907 que en 1869; y por el otro, como producto del proceso de conversión y consolidación de esa deuda, en 1907 la dependencia financiera dominicana se concentraba en un único actor imperial (los Estados Unidos) en lugar de con diversas casas europeas.

De acuerdo a Martínez Moya (2014: 367), al momento del empréstito Hartmont la deuda externa dominicana ascendía a 1.996.604,40 dólares (9,56 por ciento del PBI). Casi cuatro décadas después, luego del plan de ajuste implementado por instrucciones de Washington, el stock de pasivos de la deuda externa global se ubicaba en los 20 millones de dólares, es decir, un 900 por ciento más en términos nominales que en 1869 (21,85 por ciento del PBI). En base a estos resultados, se buscaba exhibir el modelo montado en la República Dominicana como un ejemplo exitoso y replicable en otros países. Según la semblanza efectuada por Dana Munro: “al defender su diplomacia del dólar en América Central y el Caribe [el secretario de Estado Fhilander Chase] Knox señalaba, con insistencia, a la República Dominicana como ejemplo de los beneficios que otorgaba una receptoría de aduanas estadounidense” (Munro 1964: 259).

Tabla N° 4. Deuda externa como porcentaje del PBI (1869-1947)

Fuente: Martínez Moya (2014: 367-371)

La década de 1910 fue trágica para la República Dominicana. El asesinato en noviembre de 1911 del presidente Ramón Cáceres dio paso a una etapa tortuosa, marcada por una intervención cada vez más sostenida de los Estados Unidos en los asuntos internos. Luego del breve periodo de Eladio Victoria –quien renunció asediado por el gobierno de William H. Taft–, asumió la presidencia provisional el obispo de Santo Domingo, Adolfo Nouel. A tan sólo dos semanas de su toma de posesión, Nouel impulsó en diciembre de 1912 la contratación de un préstamo por 1.500.000 dólares con un interés del 7 por ciento anual. El Congreso autorizó el endeudamiento para hacer frente a las consecuencias de la guerra civil, lo que condujo posteriormente a un nuevo empréstito con el National City Bank of New York (Herrera 2009: 172). El contrato definitivo fue suscripto dos meses después, en febrero de 1913, tras una nota de autorización del gobierno estadounidense. En efecto, todo nuevo endeudamiento requería –de acuerdo a lo estipulado por la Convención de 1907– de la expresa autorización de Washington.

Las hipotecas continuaron con el sucesor de Nouel, José Bordas Valdez. Al igual que el prelado, Bordas debió hacer frente al peso de los sueldos atrasados y a las reclamaciones contra el Estado, de modo que inició tratativas para obtener un nuevo préstamo de los Estados Unidos. En esta oportunidad las exigencias del actor imperial se llevaron al límite. El Departamento de Estado conminó a Santo Domingo a designar un experto financiero estadounidense, en condiciones de ejercer el absoluto control de las finanzas dominicanas (Franco Pichardo 2007: 222). El 20 de marzo, el canciller Eliseo Grullón fue instruido a solicitar formalmente esa designación, aprobada por el presidente Woodrow Wilson en junio de 1914. El gobierno dominicano se aseguraba así un crédito de 1.650.000 dólares a través de la Guaranty Trust Company de Nueva York, que aliviaba temporalmente las arcas fiscales, pero profundizaba a niveles insospechados la dominación financiera. Ya no se trataba sólo de una deuda externa creciente y en manos de un único actor imperial, sino que se agregaba la designación, en territorio periférico, de un experto con “facultades de control y supervisión en la vida financiera del Estado” (Herrera 2009: 176).

Entre 1916 y 1924 tuvo lugar la única experiencia de imperialismo formal norteamericano en la República Dominicana. ¿Qué se puede señalar del fenómeno del endeudamiento externo durante esta etapa? En primer lugar, a causa del contexto bélico internacional, los primeros cuatro años de la ocupación permanecieron “fuera del radar” del Departamento de Estado (Franco Pichardo 2007: 232). Esto generó que el ritmo y el volumen de los empréstitos, una vez asegurado el control interno, se redujeran sensiblemente. También la bonanza de los precios de exportación de los productos dominicanos generó cierto alivio. Como consecuencia, se dio una mejora en los ingresos aduaneros que llevó a los marines a emprender una serie de proyectos de infraestructura. Sin embargo, en estos emprendimientos radica la explicación de la siguiente fase del endeudamiento dominicano –abierta a partir de 1920–, cuyo objetivo fue concluir las obras iniciadas. El Gobernador Militar, almirante Thomas Snowden, consiguió en junio de 1921 la autorización del secretario de Estado, Charles E. Hughes, para el otorgamiento de un crédito por 2.500.000 pesos oro, con un interés del 8 por ciento anual y vencimiento en 1925. Para ello se emitieron bonos a través de la casa financiera Equitable Trust Company de Nueva York. Un camino similar emprendió el sucesor de Snowden, contraalmirante Samuel S. Robinson, quien desde su asunción bregó por nuevos créditos. El 23 de enero de 1922, Washington autorizó la emisión de un primer título de deuda por 450.000 pesos oro, amortizable a los cinco años con interés del 7 por ciento anual (Herrera 2009: 200). En marzo de ese año, se permitió a los jefes militares efectuar una nueva emisión. En esta oportunidad, Robinson planteó como necesaria la concreción de un nuevo empréstito para “continuar el programa de obras públicas e instrucción pública, y la organización y adiestramiento de una fuerza militar dominicana suficiente para mantener el orden de la República sin la ayuda de las fuerzas militares de los Estados Unidos” (cit. en Herrera 2009: 200-201). El Plan Hughes-Peynado fue el instrumento que sentó las bases para el fin de la ocupación. Allí se legitimó la actuación del gobierno militar, poniendo fin a la etapa específicamente colonial de la intervención de los Estados Unidos. En lo relativo a la deuda externa como indicador de dominación financiera, el plan de evacuación validaba por completo las emisiones de deuda y los empréstitos tomados entre los años 1918 y 1922.

Al iniciar su administración Horacio Vásquez, tras el gobierno provisional de Juan Vicini, la situación financiera continuaba siendo traumática (Franco Pichardo 2007: 244). A poco de asumir, y a contramano de su retórica nacionalista[34], Vásquez acudió al Congreso para que éste lo autorizara a emitir bonos por 2.500.000 dólares, con un interés del 5,5 por ciento anual. La resolución que aprobó el pedido se amparaba en una orden ejecutiva del gobierno de ocupación, por lo que se infería que la nueva administración se concebía como continuadora legal de la etapa colonial. El empréstito fue suscripto, como no podía ser de otra manera, con una casa financiera norteamericana: el banco de inversiones Lee, Higginson & Company de Boston. Parte de esos fondos fueron destinados a compensar a inversionistas norteamericanos que habían accionado legalmente contra la República Dominicana (Herrera 2009: 204). A esta altura, la deuda externa ascendía a 13.534.276 dólares (Martínez Moya 2014: 364) y se hallaba concentrada en acreedores estadounidenses. Los nuevos empréstitos –luego de la desaceleración que siguió al proceso de ajuste de 1907– implicaban una revigorización de la espiral del endeudamiento (Muto 2014: 44).

Hacia fines de 1924, Vásquez alcanzó un nuevo acuerdo con Washington para la firma de una convención que reemplazaría a la de 1907. El nuevo documento replicaba mayormente el articulado del suscripto dos décadas antes, sin mayores beneficios para la República Dominicana (Herrera 2009: 205; Cruz Sánchez 2014: 35). En efecto, la Convención de 1924 prolongó de modo palmario el control financiero de Washington sobre Santo Domingo. Firmada ad-referéndum el 27 de diciembre tras la sanción del Congreso dominicano, fue ratificada por los Estados Unidos el 26 de abril de 1925. El nuevo contrato permitía, con la autorización estadounidense, que Santo Domingo emitiese deuda hasta la suma de 25 millones de dólares, a través del mecanismo de consolidación de las emisiones pendientes (Herrera 2009: 205). El papel autorizante de los Estados Unidos en todo nuevo endeudamiento se hallaba en línea con la cláusula III de la Convención de 1907, cuyas prescripciones se mantenían inalteradas.  A pesar de una relativa mejora de la economía, el gobierno agotó rápidamente los fondos para gastos corrientes y obras públicas provenientes del empréstito de 1924 (Franco Pichardo 2007: 246), por lo que debió recurrir nuevamente al endeudamiento externo. Tras un contrapunto inicial con los Estados Unidos respecto del monto y modo de ejecución de un nuevo préstamo (Herrera 2009: 207), el Congreso aprobó la Ley N° 562, del 11 de diciembre de 1926, que autorizaba al Poder Ejecutivo a emitir bonos por 10 millones de dólares. Ese monto finalmente fue dividido en dos partidas, a un interés del 5,5 por ciento anual, que fueron negociadas en 1926 y 1928 a través de los banqueros Lee, Higginson & Co.. La deuda pública, es decir, el conjunto de deudas mantenidas por el Estado frente a particulares y otros países, ascendía en 1928 a los 20 millones de dólares (Herrera 2009: 209). Casi la totalidad correspondía a acreencias externas, que según Martínez Moya se ubicaban en los 19.215.476 dólares (2014: 365). En los cuatro años que habían pasado desde el fin de la ocupación militar, la deuda exterior se había incrementado en un 42 por ciento, siempre con prestamistas de los Estados Unidos.

La etapa final del gobierno de Vásquez estuvo marcada por un conjunto de medidas seriamente restrictivas de su soberanía económico-financiera. En un contexto de aguda crisis económica, agravado por la Gran Depresión de 1929[37], la República Dominicana recibió la “Misión Dawes”, encabezada por el ex vicepresidente norteamericano Charles Dawes (de Jesús Reyes 2012a). La visita del ex funcionario, acompañado por asesores financieros y banqueros norteamericanos, era producto de una recomendación de Sumner Welles al presidente Vásquez para que una comisión técnica examinara la situación dominicana y trazara un plan de reformas, que incluía la adopción del modelo administrativo-fiscal estadounidense (Franco Pichardo 2007: 247).

 Fin del contenido de la presente sección de “Imperialismo Informal Militarizado” del Dr. Luciano Anzelini.

Comentario final de este blog sobre el asunto:

La intervención imperial norteamericana en la República Dominicana, a principios del siglo XX, ocurrió como consecuencia del desorden político y financiero que existió desde la misma fundación de la República, aumentando en el aspecto financiero durante los gobiernos de Ulises Heureauxse, continuando  durante el período posterior a la caída de Heureaux, en el que se repetían sucesivamente las revoluciones y cambios de gobiernos en tiempos muy breves, así como la necesidad de contratar empréstitos uno tras otro, debido precisamente a la inestabilidad política y el desorden financiero existente. La intervención de los norteamericanos en las aduanas dominicanas comenzó teóricamente con el Protocolo de enero de 1903, suscrito durante el segundo gobierno provisional de Horacio Vásquez con el gobierno de los Estados Unidos, puesto que en su primer artículo se convenía que la República Dominicana pagaría al gobierno de los Estados Unidos la deuda pendiente con la compañía norteamericana (de capital privado) San Domingo Improvement Co., con la finalidad de establecer la forma de pago y las garantías, que eran las aduanas dominicanas (las existentes y las que se establecieran posteriormente al Acuerdo). Ese artículo también convenía crear un Tribunal Arbitral que sesionaría en Washington, que estaría compuesto por dos jueces norteamericanos y uno dominicano, quienes determinarían todo lo concerniente al pago de la deuda, hasta finiquitarla.

Tan negativa fue la intervención de las aduanas por una potencia extranjera, con la soberanía dominicana mediatizada, y es lamentable admitirlo, como beneficiosa para el ordenamiento político y económico de la República, ya que como fue demostrado en la práctica, los resultados del Modus Vivendi fueron positivos y las revoluciones se redujeron, debido a que ya los líderes regionales donde había puertos aduaneros no podían medrar para esos fines. Pocos días después de ser derrocado el presidente Morales, el presidente Cáceres, quien lo sucedió, escribió al Congreso en febrero de 1906 refiriéndose a los resultados del Modus Vivendi de 1905, “sin poder evitar el rendir un inconfesado reconocimiento a su derrocado antecesor, escribió al Congreso expresándole que por primera vez en la historia de las administraciones dominicanas, y como consecuencia del Modus Vivendi, un año fiscal había sido cerrado sin anotar déficit. El Orden, dijo, ha sucedido al caos. Durante el último año nuestros ingresos han cubierto los gastos previstos en la Ley de Presupuesto, y el 31 de diciembre de 1905 los depósitos en el National City Bank de New York, montaban a $815,000 en oro, suma destinada al pago de los intereses y a la amortización de nuestra deuda”. Ref.: La República Dominicana; Ramón Marrero Aristy. 313, Tomo II.

Durante casi seis años de su mandato el presidente Cáceres mantuvo la estabilidad política con mano fuerte. Después ocurrió su magnicidio, y se renovaron las luchas por el poder volviendo la nación de nuevo el caos, hasta que sobrevino la intervención militar de los Estados Unidos en 1916, trayendo consigo la pérdida absoluta de la soberanía por espacio de ocho años, y no mediatizada como era la intervención administrativa de las aduanas. (CDMM)

Algunos artículos en este blog vinculados a este tema:

  1. Protocolo de enero de 1903. Génesis de la Intervención norteamericana.
  2. Informe del Encargado de Negocios de E.U. en R.D. al Secretario de Estado (03/12/1903)
  3. Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad.
  4. Informe Sobre la República Dominicana del Subsecretario Loomis al Secretario de Estado.
  5. Antecedentes de la Primera Intervención Norteamericana del Siglo XX.
  6. Laudo Arbitral de 1904
  7. Convención de 1905.
  8. Beneficios del Modus Vivendi en el Primer Año de su Aplicación.

Informe Sobre la República Dominicana del Subsecretario Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John M. Hay (1904).

   Introducción

El trabajo que presentamos a continuación es un informe remitido por el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John M. Hay, en el que hace sus observaciones respecto a la convulsa situación política que encontró en la República Dominicana durante su visita en marzo de 1904. Es preciso señalar que, a la fecha de este informe, el Gobierno Provisional de la revolución de La Unión, encabezado por Carlos F. Morales Languasco tenía cuatro meses en el Poder, lo que se logró con el apoyo de las facciones políticas antagónicas de horacistas y jimenistas; hacía más o menos tres meses de que ambos bandos se hubieran distanciado e iniciaran la guerra que se conoció como “La Desunión”; y algo menos de un mes que el gobierno de Morales fuera reconocido por el de los Estados Unidos. Dicho informe contiene varios anexos, uno del Encargado de Negocios norteamericano William F. Powell, otro del Agente Consular norteamericano en San Pedro de Macorís, E. C Reed, y otro del empresario azucarero WM. L Bass, de la misma provincia. Tanto en lo que informa el Subsecretario Loomis, como en cada uno de los anexos, se puede apreciar la magnitud de los intereses que entonces tenían empresarios norteamericanos en la República Dominicana, así como las acciones de presión que exigían a su gobierno para protegerlos.

El 8 de enero de 1904 el Gobierno Provisional había enviado a Washington a su Secretario de Relaciones Exteriores, Juan Francisco Sánchez, con la propuesta de un “Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad”, que ni siquiera fue tomado en consideración por el gobierno norteamericano, porque contenía algunos puntos que los Estados Unidos deberían conceder, que eran  convenientes o ventajosos para la República Dominicana, mientras que desde noviembre se encontraban deliberando en Washington los jueces del Tribunal Arbitral, sobre el pago de la deuda pendiente con la San Domingo Improvement (representada por el gobierno de los Estados Unidos), que determinaría la forma de pago, garantías e intereses, bajo los términos del Protocolo del 31 de enero de 1903, que solamente contemplaba obligaciones para la República Dominicana y por tanto mucho más conveniente para ellos.

Nota: Tanto el Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad, como el Protocolo del 31 de enero de 1903, se encuentran publicados en este blog.

                                             Carlos Danilo Morales Miller

                                                       (CDMM)

Enlace (Link) del Informe:

Fuente: Centro Roosevelt. https://www.theodorerooseveltcenter.org/digital-library/o49951/?fbclid=IwY2xjawRN_dpleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBJRjdZTktLTDlZYmdoc0RNc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHk51txHedn13vCmZir8bJpaxXtc88Y5__9PVaxR6Tq9oy7RnH6KXN5RxeBMm_aem_qEPBfd4AOZj8XyK8GjWTKg

Informe remitido por el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John Milton Hay sobre la situación política en la República Dominicana en marzo de 1904, con relación a su reciente viaje a dicha nación.

                Memorandum para el Secretario de Estado sobre la República Dominicana.                              

Condiciones Actuales Observadas Durante una Visita Reciente- Situación Financiera- Notas Históricas-Intereses Estadounidenses- Algunas Sugerencias.

19 de marzo de 1904.

La República Dominicana se acerca, de hecho, si no ha alcanzado ya, a un estado de anarquía. El Gobierno Provisional de Morales controla solo las ciudades que ocupan sus fuerzas. Su gobierno probablemente se está fortaleciendo, pero no domina el país y no puede garantizar la seguridad de la vida ni de la propiedad fuera de las seis u ocho ciudades principales y sus alrededores.

Durante semanas, bandas de merodeadores, a menudo sin lealtad a ninguna causa, ni a ningún líder, salvo algún pequeño jefe guerrillero, han tomado posiciones en las inmediaciones de la capital y han disparado andanadas con sus Mauser contra las calles y las casas con efectos fatales Hasta mediados de febrero, la ciudad de Santo Domingo estuvo sitiada y lo ha estado durante gran parte de los últimos tres meses. Durante este periodo, la casa del Encargado de Negocios estadounidense, en las afueras de la ciudad, fue alcanzada por veinte proyectiles. Casi a diario, personas resultan heridas o muertas en las calles de la ciudad por guerrilleros que disparan desde la densa maleza al otro lado del río (*). Nuestros buques de guerra han sido atacados en más de una ocasión con artillería y fusiles. Un suboficial murió y un soldado raso recibió un disparo de Mauser en el sombrero. El Encargado de Negocios estadounidense afirma que el asesinato fue deliberado y se llevó a cabo por orden de uno de los líderes insurgentes, cuyo nombre conoce. Un vapor estadounidense, que una lancha de la armada escoltaba hasta su muelle, en Santo Domingo, fue alcanzado por más de veinte balas de fusil disparadas por la facción de Jiménez.

Nota: (*) Se refiere al lugar de Pajarito (hoy Villa Duarte) y a los hechos ocurridos el 1 de febrero de 1904, cuando el sargento J.C.Johnston, jefe de máquinas de la cañonera USS Yankee, entonces surta en el puerto de Santo Domingo, fue herido de muerte mientras caminaba por el muelle, de un disparo realizado desde ese lugar por rebeldes jimenistas al mando de Nicolás Arias (a) Manasa, lo que derivó en el bombardeo al caserío de Pajarito el día 11 de ese mismo mes, por los buques de guerra norteamericanos USS Newark y USS Columbia, generado por los acontecimientos que cita. (CDMM).

Continúa el Informe:

Las grandes plantaciones de caña de azúcar a 24 kilómetros río arriba de Santo Domingo Domi City, han sufrido grandes daños por los saqueos y los disparos indiscriminados por parte de los seguidores de Jiménez y, en cierta medida, por parte de las fuerzas gubernamentales, aunque estas últimas se proponen compensar todas las pérdidas que han causado.

Los grandes e importantes intereses estadounidenses en San Pedro Macorís y sus alrededores han sufrido grandes daños al ser llevados al teatro de operaciones para la lucha y el saqueo por bandas itinerantes. Los estadounidenses han invertido en esta zona algo más de 6.000.000 de dólares solo en la industria azucarera. Se estima que el total de las inversiones estadounidenses importantes y activas en la República Dominicana ascienden a unos 20.000.000 de dólares.

Encontramos a San Pedro de Macorís, a unas 40 millas al este de la Capital, en la costa, en manos de un líder insurgente, que se aferra resueltamente a ella con el propósito de apropiarse de los ingresos aduaneros. Lo que le ha reportado unos 30.000 dólares en los últimos diez días. El general Morales se propone capturar este lugar y, en los combates que se producirán, es probable que los intereses extranjeros sufran graves pérdidas. El punto que más impresiona al observador es que el llamado movimiento revolucionario encabezado por Jimenes ya no está controlado por él. No está controlado por nadie Actualmente, la actividad guerrillera la llevan a cabo en gran medida líderes independientes que no rinden lealtad a nadie y saquean el país a su antojo, y que, aparentemente solo persiguen dos objetivos: primero, vivir sin trabajar; segundo, apoderarse, si es posible, de una aduana para disponer de sus ingresos. Las frecuentes y a veces sangrientas guerras civiles en la República Dominicana no son el resultado de una honesta diferencia de opinión, ni de un conflicto de ideas, ni de la defensa o afirmación de algún principio de política gubernamental, sino luchas sórdidas y sin escrúpulos por el privilegio de controlar las aduanas y disponer de sus ingresos. (*) El país está en gran parte en manos de bandidos políticos desesperadamente egoístas e irresponsables. Muchos de estos líderes guerrilleros no son más que salvajes, en lo que respecta a sus ideas sobre los derechos de propiedad y los derechos de los más débiles.

(*) El líder político y militar jimenista que en ese momento ocupaba la gobernación en San Pedro de Macorís era el general Demetrio Rodríguez, quien posteriormente a la toma del Poder de la coalición formada por jimenistas y horacistas el 25 de noviembre de 1903, conocida como “La Unión”, fue designado por el presidente Morales en ese cargo. Luego de la ruptura de ambas facciones, conocida como “La Desunión”, se desató la guerra a partir del 15 de diciembre de 1903 y, el general Rodríguez, que entonces tenía 37 años de edad, era leal a su líder el expresidente Juan Isidro Jimenes, era un joven honorable, gozaba de un prestigio bien ganado y no es cierto que fuera un bandido. (CDMM).

Continúa el Informe:

Este país ha disfrutado de la llamada independencia durante unos sesenta años. Durante ese período, los diversos gobiernos han recaudado en total más de 100.000.000 de dólares, y no hay nada que demuestre que ni siquiera una vigésima parte de esta cantidad se haya gastado en beneficio de la República o del pueblo, ni en mejoras públicas de ningún tipo. Se puede buscar en vano por toda la isla veinte millas de buenas carreteras, equipos sanitarios modernos y adecuados, edificios apropiados para fines educativos o cualquier cosa que haga que la vida valga más la pena. Esta enorme suma de dinero que se le ha quitado al pueblo se ha destinado a usos individuales o se ha desperdiciado en una guerra civil antipatriótica y egoísta.

En Puerto Plata, donde pasé una noche en tierra, esperaban un ataque temprano de bandas guerrilleras, que entonces estaban a no menos de 5 kilómetros de la ciudad. Me advirtieron que probablemente tendría que salir de mi habitación durante la noche e ir al sótano para escapar del fuego de las balas de Mauser. Esta es una de las ciudades más importantes del país, y desde ella parte un ferrocarril hacia Santiago, la principal ciudad comercial de la República. Esta línea férrea, de 96 kilómetros de longitud, es propiedad de ciudadanos estadounidenses y está operada por ellos.

Puerto Plata es la residencia del presidente Morales. Realicé averiguaciones minuciosas sobre él a través de diversas fuentes y descubrí que se le considera un hombre inteligente y bienintencionado, de quien se cree que es honesto, tanto en su vida pública como privada. Tuve una larga conversación con su principal partidario militar, el general Céspesdes, gobernador de Puerto Plata, un joven serio y enérgico que cree implícitamente en el patriotismo de Morales y en su capacidad para mantenerse en el poder. El encargado de negocios estadounidense en la ciudad de Santo Domingo comparte esta opinión sobre el general Morales. Encontré en Puerto Plata a varios ciudadanos estadounidenses sumamente bien informados e inteligentes.

En Sosúa se encuentra la gran plantación de banano de la United Fruit Company, que comprende unas 20.000 acres, una cuarta parte de las cuales está cultivada y produce fruta. Esta gran finca tiene su propio servicio ferroviario y emplea a 600 hombres. Recientemente se han librado dos batallas en allí y el gerente, el Sr. Wetmore, me dijo que tuvo que esconder a su familia en una choza en el bosque durante varios días. Las balas volaban densamente alrededor de su casa.

En la ciudad de Santo Domingo, debido a que había habido combates por la mañana y a que se suponía que los insurgentes ocupaban el bosque al otro lado del estrecho río frente a la capital, no se consideró seguro ni prudente desembarcar.

CONTROL EXTRANJERO DE ADUANAS.

He escuchado la cuestión del futuro de la República Dominicana discutida por hombres de todas las clases. La gente conservadora, propietaria e industriosa del país, independientemente de su nacionalidad, tanto extranjeros como nativos, habla seriamente y con evidente favor de la anexión a los Estados Unidos. El general Morales y los políticos que lo siguen sugieren, con mucha fuerza, que se aseguraría una paz de carácter permanente si la administración de las aduanas del país fuera asumida por el Gobierno de los Estados Unidos. La administración extranjera de las aduanas pondría fin a la lucha por el control de las aduanas por parte de los nativos, por la buena razón de que eliminaría el incentivo al conflicto, y por la razón adicional de que haría imposible la importación de armas. Si los Estados Unidos controlaran las aduanas allí no habría nada por lo que luchar para los revolucionarios. El sector agrícola de la población probablemente lo favorecería, y todas las clases, creo, salvo el pequeño contingente de mercenarios políticos militares que no tienen nada que perder y mucho que ganar manteniendo un estado de anarquía en el país.

Si el Gobierno de la República Dominicana cediera la administración de su departamento fiscal a los Estados Unidos, se vería liberado de la necesidad de luchar por las aduanas y podría concentrar todas sus energías militares en mantener la paz en el interior. El general Morales está dispuesto e incluso desea llegar a un acuerdo de este tipo con este país y, en relación con ello, darnos un arrendamiento a largo plazo de la bahía de Samaná, por el cual esperaría recibir una contraprestación en efectivo (*). Probablemente se conformaría con 100.000 dólares en efectivo y 150.000 dólares pagados en media docena de cuotas anuales. Morales también aceptaría que supervisáramos los gastos públicos Los ingresos de la aduana deberían ser más que suficientes durante el primer año para pagar el presupuesto anual del Gobierno y los intereses de toda la deuda. Cualquier superávit restante debería destinarse de inmediato a la construcción de carreteras y autopistas, lo que daría empleo a muchas de las personas que actualmente participan en la revolución. Según fuentes muy competentes, los soldados rasos estarían encantados de ganar 75 centavos al día en la construcción de carreteras, y los oficiales tendrían empleo como supervisores y encargados del control horario. La construcción de buenas carreteras es una de las necesidades más apremiantes del país.

(*) La Propuesta hecha por el presidente Morales, a los Estados Unidos, estaba contenida en el “Proyecto de Acuerdo de Paz, Amistad y Reciprocidad” con el que fue enviado a Washington el ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez el 8 de enero de 1904, que como hemos referido anteriormente fue rechazado por el gobierno de los Estados Unidos, en razón de que contemplaba  algunas ventajas comerciales y financieras que deberían conceder a la República Dominicana, mientras que el Laudo Arbitral, apéndice del Protocolo de enero de 1903, que entonces se estaba discutiendo en Washington, les permitía lograr sus propósitos imperiales de intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana sin tener que ceder nada a cambio. Dicho Proyecto de Tratado está publicado de manera íntegra en este blog. (CDMM)

Continúa el Informe:

La República Dominicana es, en mi opinión y en la de quienes la conocen mejor que yo, el lugar más atractivo, fértil y saludable de todas las islas del Caribe. Posee una maravillosa diversidad de clima, suelo y altitud, adaptada a la producción de todo tipo de frutas, verduras, granos y pastos. Produce excelente ganado. Las altitudes varían desde el nivel del mar hasta alturas de más de 3000 metros. Es un país excepcionalmente bien regado. Cuenta con un número suficiente de buenos puertos y un clima, especialmente a lo largo de la costa norte, ideal. La belleza del paisaje es insuperable.

SITUACIÓN FINANCIERA. –

Al considerar la situación actual en la República Dominicana y las posibilidades de complicaciones internacionales al respecto, uno de los elementos más importantes a tener en cuenta es el de las deudas y reclamaciones externas.

La deuda pública de la República Dominicana actualmente en circulación es la siguiente:

Bonos unificados al 4 por ciento y recuperación de cónsules franco-estadounidenses (4 %) ……………………………………… 1,148,600

Obligaciones Or de St. Domingue, 2 3/4 %…………..………..2,736,750

Monto total de la deuda dominicana………………………………3,885,350

Las «obligaciones Or de St. Domingue», 2 3/4 %, se mantienen principalmente en Bélgica, digamos, por un monto de £2,000,000. Un número considerable se mantiene en Holanda, cantidades dispersas en Alemania y Francia, y alrededor de £25,000 en Inglaterra.

De las 1.148.600 £ en bonos y títulos al 4%, entre 825.000 £ y 850.000 $ se encuentran en Estados Unidos e Inglaterra; el resto en Francia. Del monto mantenido en Inglaterra y Estados Unidos, no más de 150.000 £ las poseen en Inglaterra; el resto, alrededor de 700.000 £, las poseen en Estados Unidos, pero una parte considerable está pignorada a acreedores en Inglaterra.

Los bonos poseídos en América son los de la Compañía de Mejoras de Santo Domingo y sus aliados, y aquellos bonos que están pignorados en Inglaterra pertenecen a amigos de esa compañía, con muy pocas excepciones. Todos los bonos mantenidos en Inglaterra, ya sean de propiedad privada o solo pignorados, están representados por el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros, que actúan en total armonía con la Compañía de Mejoras. El endeudamiento total de la República Dominicana no será inferior a 35.000.000 de dólares.

En cuanto a la disposición de los tenedores de bonos fuera de los Estados Unidos y la actitud y las probables intenciones de sus gobiernos, cabe mencionar los siguientes hechos:

En diciembre de 1901, el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros, en Londres, solicitó al Gobierno británico que instruyera a Lord Pauncefote para que se comunicara con el Gobierno de los Estados Unidos con el objetivo de emprender acciones conjuntas, a fin de presionar al Gobierno dominicano para que llegara a un acuerdo inmediato con la Compañía de Mejoras de Santo Domingo (*), en virtud del cual los derechos de los tenedores de bonos ingleses, a quienes la compañía representaba, estarían adecuadamente protegidos. Se entendió que el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros tomó esta medida creyendo que el Gobierno de los Estados Unidos, como se demostró, estaba dispuesto a tomar las medidas adecuadas en nombre de sus ciudadanos; pero también se entiende que el consejo habría pedido al Gobierno británico que protegiera los intereses de los súbditos británicos de forma independiente, en caso de que los Estados Unidos no hubieran actuado. (*)Compañía de Mejoras de Santo Domingo = San Domingo Improvement & Co.).

A principios de 1902, el cónsul británico en Santo Domingo recibió instrucciones de su Gobierno para cooperar con el encargado de negocios de los Estados Unidos, y el cónsul comunicó una copia del contenido de estas instrucciones al Gobierno dominicano. Como resultado de la interposición de los Estados Unidos, a la que siguió una larga negociación, se concluyó un Protocolo entre los dos Gobiernos el 31 de enero de 1903, en virtud del cual se resolvieron las reclamaciones de la San Domingo Improvement Company y sus aliados por la suma de 4.500.000 dólares, a pagar en cuotas anuales, cuyo monto se determinaría mediante arbitraje. Se ha organizado la junta de arbitraje, pero todas las sumas mensuales que el Gobierno dominicano acordó pagar mientras se resolvía el arbitraje permanecen impagas, excepto la primera, que correspondía a enero de 1903. Desde la firma del protocolo del 31 de enero de 1903, el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros ha confiado en el éxito de la interposición de los Estados Unidos (*). La actitud del consejo permanece inalterada.

Los intereses de los tenedores de bonos en el continente europeo están representados por dos asociaciones. Una de ellas es la Asociación para la Protección de los Tenedores de Valores Públicos (Comité de Défense des Porteurs de Rentes Dominicaines), con sede en Amberes y una sucursal en Bruselas. De esta asociación existe un comité especial dedicado a los intereses de los tenedores de valores dominicanos.                                                                                                                                                       

(*) Nos resulta un tanto extraño el argumento de la interacción que cita, entre Estados Unidos y el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros respecto a la deuda dominicana, en razón de que los términos del Protocolo de enero de 1903 no contemplaban, en absoluto, otros intereses que no fueran los de la compañía norteamericana San Domingo Improvement, representada por el propio Estado norteamericano, como fue acordado en el Art. 1 del Protocolo y, en consecuencia, en los términos de la Sentencia, o Laudo, que emitieran los jueces del Tribunal Arbitral el 14 de julio de 1904. (CDMM)

Continúa el Informe:

La otra asociación se conoce como la Asociación Nacional de Tenedores Franceses de Valores Extranjeros (Association Nationale des Porteurs Français de Valeurs Étrangères), y también tiene un comité encargado de los intereses de los tenedores franceses de deuda dominicana

Estas asociaciones, que representan los bonos del 2 3/4 por ciento y los bonos del 4 por ciento que se mantenían en Francia, celebraron, en junio de 1901, un contrato con el Gobierno dominicano, en virtud del cual aceptaron, en lugar de la garantía general, una garantía especial, durante la vigencia del contrato, del 15 por ciento de los ingresos dominicanos, equivalente a no menos de 300.000 dólares anuales, garantizada especialmente con los ingresos aduaneros de la ciudad de Santo Domingo y, en caso de necesidad, con los de Macorís, y ningún otro. Se pagaron sumas considerables en virtud de este contrato, aunque de forma irregular. El interés y la disposición del Gobierno francés en el asunto quedaron patentes en junio pasado, cuando el embajador francés en Washington, el día 8 de ese mes, dirigió al Secretario de Estado una nota, adjunta como Anexo B, en la que se llamaba oficialmente la atención sobre los intereses de los ciudadanos franceses en virtud del contrato franco-belga de 1901 y se reservaban sus derechos en virtud de dicho contrato tratado frente a cualquier posible laudo que pudiera dictarse en virtud del protocolo entre los Estados Unidos y la República Dominicana del 31 de enero de 1903.

INTERVENCIÓN FRANCESA.

Más tarde, en septiembre del año pasado, el encargado de negocios francés en Santo Domingo intervino con éxito para desviar temporalmente los fondos que se estaban pagando por la deuda flotante interna al pago de las sumas adeudadas en virtud del contrato franco-belga de 1901. También cabe señalar que, en virtud del contrato, los tenedores de bonos franceses y belgas tienen representantes especiales en Santo Domingo con importantes poderes respecto a las aduanas; y fue en apoyo de las demandas de dichos representantes que intervino el encargado de negocios francés.

Aquí se puede prestar especial atención a una circular, cuya traducción se adjunta como Anexo C, emitida por la Asociación de Tenedores Franceses el 12 de febrero de 1903. Parece que, a petición de dicha asociación, el Ministro de Relaciones Exteriores francés, reconociendo y apoyando el contrato franco-belga de 1901, autorizó a un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Sr. Maurice Charpentier, a aceptar el cargo de delegado en virtud de dicho contrato para los tenedores de bonos franceses. Todavía se encuentra en Santo Domingo actuando como tal delegado.

En su circular # 626, del 29 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el Sr. Renoz, el Encargado de Negocios belga, lo había visitado para averiguar si no podían ponerse de acuerdo en algún plan que garantizara el pago a los acreedores extranjeros. El Sr. Renoz afirmó que los pagos adeudados a los tenedores de bonos belgas en virtud del contrato de 1901 estaban atrasados ​​por un monto superior a $500,000, y que, si bien Bélgica no podía exigir físicamente el pago, podría, si contaba con el apoyo moral de los Estados Unidos, obtener lo que se le debía. Por lo tanto, propuso que las naciones acreedoras propusieran al Gobierno dominicano hacerse cargo de las aduanas y recaudar y administrar los ingresos. Su plan era que esto se hiciera mediante una comisión internacional, en la que Estados Unidos, Francia y Bélgica estarían representados cada uno por un miembro. Cuando el Sr. Powell preguntó cómo se llevaría a cabo la administración de aduanas, el Sr. Renoz respondió que la fuerza oficial podría permanecer como estaba, pero que se le podría exigir que presentara informes a la Comisión en lugar de al Gobierno dominicano. El Sr. Powell expresó la opinión de que tal arreglo no sería satisfactorio, ya que no evitaría la malversación; que todo el personal del servicio de aduanas tendría que ser cambiado; y que para asegurar un servicio eficaz el jefe de cada puerto tendría que ser nombrado por la Comisión y debería ser extranjero. El Sr. Renoz respondió que los detalles podrían arreglarse fácilmente si Estados Unidos daba su consentimiento al plan. Al concluir su conferencia, cada ministro declaró que pondría el asunto en conocimiento de su Gobierno.

Sin embargo, cabe observar que las posibilidades de complicaciones tempranas en la República Dominicana no se limitan en absoluto a los intereses de los tenedores de bonos. Las condiciones de desorden que han prevalecido durante los últimos tres años han dado lugar a reclamaciones muy extensas por parte de ciudadanos y súbditos de diversas potencias extranjeras. La mayoría de estas reclamaciones se liquidaron en junio de 1902, y luego se financiaron mediante dos contratos, por los cuales los acreedores, como garantía especial para el pago de sus demandas, fueron facultados directamente para cobrar el 10 por ciento de los ingresos. Las reclamaciones extranjeras así financiadas fueron las siguientes:

Ciudadanos italianos:………….. $1.613.023,61

Ciudadanos alemanes: …………….$485,655,81 

Ciudadanos estadounidenses……$396,944.81

Ciudadanos puertorriqueños…….$78,845,23

Ciudadanos holandeses……………….$13.590,60

Ciudadanos ingleses………………………$23.131,85

Además de las reclamaciones anteriores, también existe una reclamación por $196,534, en la que se combinan intereses alemanes, y españoles garantizados, cuyos medios de pago son proporcionados por un acuerdo internacional entre los cónsules alemán y español, por una parte, y el Gobierno dominicano, por la otra.

Existen, además, otras reclamaciones liquidadas y no liquidadas, estadounidenses y extranjeras, que ascienden a sumas considerables. Algunas de ellas ya han sido liquidadas, entre las que se encuentran reclamaciones de súbditos italianos por un monto de 379.312,78 dólares.

CONDICIONES ACTUALES.

Entre las deudas liquidadas y no liquidadas, hay préstamos contraídos por Gobiernos y préstamos contraídos por revolucionarios, esta última clase legitimada por los prestatarios cuando éstos lograron el poder y se convirtieron en Gobierno. Los préstamos a los Gobiernos a menudo se han obtenido con el propósito de resistir o sofocar intentos revolucionarios. Una cierta parte, quizás mucho menos de la mitad, se ha contraído para fines totalmente legítimos. Cabe señalar también que un porcentaje muy elevado, tanto de las deudas flotantes liquidadas como de las no liquidadas, se compone de intereses acumulados, que a veces alcanzan el 1 1/2 o incluso el 2 por ciento mensual, capitalizados mensualmente, llegando, con comisiones y bonificaciones, en muchos casos a igualar el efectivo realmente entregado.

Como ejemplo de la situación financiera y la gestión actuales, cabe mencionar que, desde el 1 de mayo de 1900 hasta el 31 de mayo de 1903, se asignaron en el presupuesto, calculados en función de los ingresos y la paz: para la agricultura, 15.240 dólares, destinados íntegramente a salarios; para la instrucción pública, 101.749 dólares; para obras públicas, 69.793 dólares; y para fines bélicos, 1.183.202 dólares. No se previeron asignaciones para la contingencia de una guerra o revolución. Las sumas adicionales gastadas para sofocar revoluciones son conjeturales, ya que no se han publicado cuentas excepto para el período del 1 de mayo de 1902 al 31 de marzo de 1903. Las cuentas de este período muestran un ingreso de $1,700,576 y un gasto para «fines de guerra» de $241,206, para «dos revoluciones» de $138,113 y para «gastos extraordinarios», cuya naturaleza no se especifica, de $271,507. Suponiendo que los $241,206 para «fines de guerra» sean sumas asignadas por el presupuesto, los gastos «revolucionarios» y «extraordinarios», no previstos en el presupuesto, ascendieron a $409,620, que sin duda se sufragaron desviando los fondos asignados a la deuda externa, cuyo pago cayó en desuso.

Entre las recientes demandas extranjeras, también se encuentran las reclamaciones francesas acumuladas por daños reiterados, durante las diversas revoluciones en la República Dominicana desde 1899, a las líneas telegráficas propiedad de The French Cable Company. El embajador francés notificó estas demandas a Estados Unidos en su nota del 8 de junio.

Todas las reclamaciones aquí mencionadas, tanto liquidadas como ilíquidas, han surgido desde la creación de la deuda garantizada. Cabe señalar que prácticamente todos los grandes intereses industriales y comerciales del país, a diferencia de la agricultura elemental, son propiedad de extranjeros o están controlados por ellos. Las plantaciones de azúcar son propiedad de estadounidenses e italianos. Las extensas plantaciones de banano son propiedad de estadounidenses. De los dos ferrocarriles terminados, uno es propiedad de súbditos británicos, mientras que el otro es operado bajo un contrato de arrendamiento a largo plazo por una compañía estadounidense, aliada de la San Domingo Improvement Company, de Nueva York. Otro ferrocarril está en construcción por una compañía estadounidense. La exportación de maderas está principalmente en manos de estadounidenses. Los campos petrolíferos de Azua están siendo desarrollados por una compañía estadounidense. Los privilegios portuarios de tres de los principales puertos son propiedad de extranjeros: estadounidenses e italianos. Cuatro grandes casas comerciales son propiedad de alemanes o están controladas por ellos, y una por italianos.

Nota: Este párrafo, que se refiere a las cuantiosas posesiones, negocios e intereses de compañías extranjeras en la República Dominicana de la época, reflejan el motivo y la persistencia de los Estados Unidos por intervenir en los asuntos políticos y financieros dominicanos, tal como solicita de manera amplia y clara en la carta que dirigiera al Encargado de Negocios norteamericano William F. Powell, el señor WM. L. BASS en diciembre de 1903, como se puede apreciar más adelante en este informe (Anexo A) . (CDMM)

Contnúa el Informe:

SANTO DOMINGO: HISTORIA Y ALGUNOS ACONTECIMIENTOS RECIENTES.

El término español Santo Domingo, o la forma inglesa San Domingo, ahora se aplica generalmente a aquella parte de la antigua isla de La Española que está comprendida dentro de la República Dominicana, el resto de la isla estaba ocupada por la República de Haití. En 1822, la gente de la parte oriental, o española, de la isla fue sometida por la gente de la parte occidental, o francesa, llamada haitiana; pero en 1844, los primeros reafirmaron su independencia y establecieron un gobierno bajo el título de República Dominicana.

En diciembre de 1844, la República Dominicana, que entonces todavía estaba en guerra con Haití, envió un agente, Señor Caminero, a los Estados Unidos para solicitar el reconocimiento de su independencia. Al año siguiente, el Sr. John Hogan, de Nueva York, fue enviado como comisionado especial para realizar una investigación e informar sobre la cuestión de si se debía reconocer al gobierno dominicano. El informe del Sr. Hogan fue en general favorable al reconocimiento, pero éste no se concedió; y posteriormente, en 1849 y 1850, los Gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña intervinieron conjuntamente, con el propósito de poner fin a la guerra entre los haitianos y los dominicanos, sobre la base de la independencia de éstos últimos.

La independencia de la República Dominicana se estableció, pero Estados Unidos no entabló relaciones diplomáticas formales con el Gobierno hasta 1862. Mientras tanto, Estados Unidos había manifestado de diversas maneras un interés especial en la República Dominicana. En 1854, el Capitán (posteriormente General) George B. McClellan fue enviado por la Secretaría de Guerra para examinar los puertos del país, con miras al establecimiento de una estación de abastecimiento de carbón. Informó que los mejores puertos de la República eran los de la Bahía de Samaná, Manzanillo y Ocoa. Recomendó encarecidamente la adquisición de la Bahía de Samaná, junto con toda la península y los cayos adyacentes, si fuera posible. La bahía de Samaná está, como informó el Capitán McClellan, casi directamente en la ruta de los buques que utilizan el paso de la Mona, la vía oriental más importante hacia el Mar Caribe, cuya importancia se verá enormemente incrementada por la apertura de un canal entre el Atlántico y el Pacífico en Panamá.

El 5 de octubre de 1854 se firmó en la ciudad de Santo Domingo un tratado entre los Estados Unidos y la República Dominicana, pero posteriormente fue enmendado por el Congreso Dominicano y no se intercambiaron las ratificaciones. Durante las negociaciones, los plenipotenciarios dominicanos acordaron insertar un artículo con el propósito de otorgar una estación de abastecimiento de carbón a los Estados Unidos en la bahía de Samaná, pero posteriormente fueron inducidos a omitirlo debido a la oposición de los representantes de ciertas potencias europeas. El 5 de octubre de 1855, el Sr. Marcy, Secretario de Estado, dio instrucciones a un agente especial de los Estados Unidos para negociar un nuevo tratado y, si fuera posible, para inducir al Gobierno dominicano a aceptar dicho artículo, ya que sus representantes se habían retirado en las negociaciones anteriores.

En 1861, el Gobierno de España, aprovechando la situación en los Estados Unidos (*), reanexionó Santo Domingo. Estados Unidos protestó enérgicamente contra este acto, pero dadas las circunstancias, la protesta fue desestimada. Los dominicanos, sin embargo, se opusieron a la acción de España y la resistieron, y en su resistencia fueron ayudados por Haití. En abril de 1865, el español Cortés promulgó una ley para el abandono de Santo Domingo, y esta ley fue firmada por la Reina de España el 30 de ese mes.franco-estadounidenses. (*) Se refiere a la guerra civil, o de Secesión, en Estados Unidos iniciada en abril de 1861. (CDMM)

Los acontecimientos ocurridos en Santo Domingo, junto con la experiencia durante la guerra civil de las graves desventajas derivadas de la falta de instalaciones navales, llevaron al Sr. Seward en 1866 a renovar el esfuerzo por establecer una base naval en Santo Domingo. Con ese fin, instruyó al Sr. F. W. Seward, Subsecretario de Estado, el 17 de diciembre de 1866, para que viajara a ese país como enviado especial con plenos poderes para concluir un convenio con la República Dominicana para la cesión o arrendamiento del territorio requerido a los Estados Unidos. Se esperaba que la cesión, de realizarse, fuera bajo plena soberanía; pero si esto no se pudiera efectuar, se indicó que se aceptaría un arrendamiento por un plazo de treinta años. En sus instrucciones del 17 de diciembre de 1866, el Sr. Seward dijo:

“Durante la administración del general Pierce se ofreció arrendar tierras en la bahía de Samaná como estación de carbón para buques de pasajeros y de guerra, y se envió a un ingeniero del ejército en un buque de guerra para seleccionar un sitio. Desafortunadamente, el estudio se realizó prematuramente antes de que se hubiera llegado a un acuerdo con ese gobierno sobre el tema. El deseo de los Estados Unidos se dio a conocer a los representantes de algunos estados extranjeros en esa región, quienes tuvieron suficiente influencia como para frustrar nuestros planes. La reciente intervención de España en la República Dominicana tuvo como motivo la envidia hacia nuestros deseos de una base naval en Samaná. No se podía esperar que la propuesta que ahora se está considerando tuviera éxito, a menos que se observara cautela, secreto y diligencia al llevarla a cabo… El vicealmirante Porter de la Armada lo acompañará”.

El Sr. F. W. Seward, al llegar a Santo Domingo, entabló relaciones con las autoridades dominicanas y discutió con ellas las propuestas que estaba autorizado a hacer, pero no se llegó a ninguna conclusión. El Sr. Seward pronto regresó a los Estados Unidos y sus poderes fueron transferidos al Sr. Smith, agente comercial de los Estados Unidos en la ciudad de Santo Domingo.

En 1868, el presidente Báez y su ministro confidencial, el Sr. Félix Delmonte, propusieron confidencialmente al Sr. Smith, en esencia, que, en vista de la situación existente entonces en Santo Domingo, el Presidente de los Estados Unidos publicara inmediatamente una declaración que pusiera a la República Dominicana bajo la protección de Estados Unidos, y debería enviar buques de guerra para tomar posesión de las bahías de Samaná y Manzanillo y de cualquier otro punto que la estrategia militar pudiera indicar. El Sr. Seward respondió que el Presidente no se consideraba facultado para tomar tal medida, pero que el tema era muy importante y se sometería al Congreso en la próxima sesión.

PRIMERAS CONVERSACIONES SOBRE LA ANEXIÓN.

El tema se presentó al Congreso en el mensaje anual del Presidente del 9 de diciembre de 1868, en los siguientes términos:

Una política nacional integral parecería sancionar la adquisición e incorporación a nuestra Unión Federal de las diversas comunidades continentales e insulares adyacentes tan pronto como pueda hacerse pacíficamente, legalmente y sin ninguna violación de la justicia, la fe o el honor nacionales. La posesión o el control extranjero de estas comunidades ha obstaculizado hasta ahora el crecimiento y perjudicado la influencia de Estados Unidos. Una revolución crónica y la anarquía allí serían igualmente perjudiciales Pronto será necesario que este Gobierno preste ayuda efectiva a la solución de los problemas políticos y sociales que las dos Repúblicas de la isla de Santo Domingo mantienen constantemente ante el mundo, y que ahora se manifiestan con mayor claridad que nunca en la isla de Cuba. Este asunto se somete a su consideración con mayor urgencia porque estoy convencido de que ha llegado el momento en que incluso una medida tan directa como la propuesta de anexión de las dos Repúblicas de la isla de Santo Domingo no solo contaría con el consentimiento de los interesados, sino que también satisfaría a todas las demás naciones extranjeras.

En una carta al Sr. Banks, de la Cámara de Representantes, el 29 de enero de 1869, el Sr. Seward dijo que la opinión expresada por el Presidente de que las Repúblicas de Haití y Santo Domingo no estaban desprevenidas ante una propuesta directa de anexión, se infirió de la naturaleza de las propuestas que se habían recibido de la República Dominicana antes de la reunión del Congreso, pero que en el transcurso de la semana en curso había llegado de la República Dominicana una propuesta fidedigna y confidencial para la anexión inmediata; que esta propuesta renunciaba a todas las estipulaciones preliminares y se dirigía simplemente a la discreción y amistad de los Estados Unidos; y que un agente de la República Dominicana esperaba la acción del Gobierno.

A esta correspondencia le siguió la presentación por parte del Sr. Orth en la Cámara de Representantes de una resolución conjunta para la admisión de la República Dominicana, a solicitud de su pueblo y gobierno, en la Unión como Territorio de los Estados Unidos, con miras a su eventual condición de estado. La resolución no fue acompañada de un informe, pero el Sr. Orth dijo que «contaba con la aprobación de una amplia mayoría del Comité de Asuntos Exteriores». Tras insistir en la cuestión anterior, la resolución fue archivada por una votación de 110 a 63.

En julio de 1869, el presidente Grant envió al general Babcock a Santo Domingo para obtener información. El general Babcock, quien portaba instrucciones al respecto del Sr. Fish, zarpó de Nueva York el 17 de julio de 1869. El 4 de septiembre firmó con el Sr. Gautier, secretario de Estado dominicano, un protocolo que contenía ciertos artículos que servirían de base para un tratado de anexión definitivo. Posteriormente, el general Babcock regresó a los Estados Unidos. El 16 de noviembre de 1869, recibió instrucciones de regresar a Santo Domingo con un borrador de tratado de anexión y también de un convenio para el arrendamiento de la bahía de Samaná. El tratado y el convenio debían ser concluidos por el Sr. Perry, agente comercial de los Estados Unidos en la ciudad de Santo Domingo, quien actuaría bajo el consejo del general Babcock. Tanto el tratado como la convención se firmaron el 29 de noviembre de 1869. Se comunicaron al Senado el 10 de enero de 1870. El tratado de anexión, al someterse a votación, no logró obtener la mayoría de dos tercios requerida. La votación fue de 28 a 28. La convención también fracasó.

En su mensaje anual del 5 de diciembre de 1870, el presidente Grant, refiriéndose al fracaso del tratado, dijo que en ese momento estaba completamente convencido de que los mejores intereses del país, tanto comerciales como materiales, exigían su ratificación, y que la reflexión posterior lo había confirmado en esta opinión.

Mediante una resolución conjunta del Congreso aprobada el 12 de enero de 1871, el presidente Grant nombró una comisión para que se dirigiera a Santo Domingo e informara sobre su situación política y social, así como sobre la disposición de la población respecto a la cuestión de la anexión. Los miembros de la comisión fueron Benjamin F. Wade, de Ohio; Andrew D. White, de Nueva York; y Samuel G. Howe, de Massachusetts. La comisión visitó la isla, examinó sus recursos y, en su informe, respaldó la política recomendada por el presidente Grant. Al comunicar el informe al Congreso, el presidente Grant, refiriéndose a ciertas características personales de la oposición que habían llevado al fracaso del tratado, dijo:

“El mero rechazo por parte del Senado de un tratado negociado por el Presidente solo indica una diferencia de opinión entre distintos departamentos del Gobierno, sin afectar el carácter ni herir el orgullo de ninguno. Pero cuando dicho rechazo se produce simultáneamente con acusaciones abiertas de corrupción por parte del Presidente, o de sus empleados, el caso es diferente. En efecto, en tal caso, el honor de la nación exige una investigación. Esto se ha logrado mediante el informe de los comisionados, que se adjunta, y que vindica plenamente la pureza de los motivos y las acciones de quienes representaron a los Estados Unidos en la negociación. Y ahora mi tarea ha terminado, y con ella finaliza toda preocupación personal sobre el tema”.

Se entendió que estas declaraciones del Presidente se referían a un discurso pronunciado por el Sr. Sumner cuando la resolución para el nombramiento de la comisión estaba pendiente ante el Senado. El Presidente Grant no instó más al Congreso a la anexión de la República Dominicana; pero en su último mensaje anual del 5 de diciembre de 1876, reiteró su adhesión a las opiniones sobre las que había actuado originalmente y que había presentado al Congreso en 1870 y 1871.

Se entiende que ciertas negociaciones se llevaron a cabo a través del Sr. Durham, encargado de negocios estadounidense, en 1892, para la adquisición de la Bahía de Samaná por parte de los Estados Unidos, pero hay pocos registros de ellas en el Departamento.

REVOLUCIONES.

No es necesario entrar en los detalles de las revoluciones que han tenido lugar en la República Dominicana desde el establecimiento de su independencia Para comprender la situación actual, basta con remontarse a 1898. En mayo de ese año, una expedición partió de Estados Unidos a bordo del vapor Fanita, supuestamente con insurgentes cubanos a bordo. Dado que Estados Unidos se encontraba entonces en guerra con España, se entiende que la expedición contó con el apoyo y la ayuda activa del Gobierno de Estados Unidos para el propósito mencionado. Sin embargo, la expedición no llegó a Cuba. Su comandante nominal, el «Capitán Rodríguez», resultó ser el Sr. J. I. Jimenes, dominicano, y su destino, el puerto de Montecristi, en la República Dominicana. Jimenes estaba asociado con el general Agustín Morales. Desembarcaron en Montecristi, donde la mayoría fueron fusilados (*). El propio Jimenes escapó y huyó. Posteriormente, Jimenes reanudó sus planes revolucionarios; y el 26 de julio de 1899, el presidente Heureaux fue asesinado. Pocos días después, el Sr. Ramón Cáceres, quien lo había asesinado, y el general Horacio Vásquez, actuando con otras personas, iniciaron una revolución. La revolución se extendió por el interior de la isla, y el 29 de agosto de 1899, el general Vásquez fue proclamado por un comité de ciudadanos como Presidente de un Gobierno Provisional en Santiago. Tras el asesinato de Heureaux, el Vicepresidente Figuereo había asumido la Presidencia del Gobierno regular en la ciudad de Santo Domingo; pero el 30 de agosto de 1899, renunció, y al día siguiente los miembros del Gabinete abandonaron sus cargos. Las fuerzas del general Vásquez entraron en la capital el 5 de septiembre, y entonces se convirtió en jefe de un Gobierno Provisional, que posteriormente fue reconocido por potencias extranjeras.

(*) Los expedicionarios no fueron fusilados. Algunos fueron heridos en combate durante la retirada del muelle hasta el Fanita, como Agustín, que fue herido de muerte mientras se retiraba en un bote. Se dice que después que Agustín Morales resultara herido en la cabeza, el bote regreso al muelle donde pidió agua por la sed que le producía el sangrado, y que la bebió teñida de su propia sangre que caía de su cabeza. (CDMM)

Continúa el Informe:

El Gobierno del general Vásquez continuó hasta el 20 de noviembre de 1899, cuando Señor J. I. Jimenes lo sucedió como Presidente «Constitucional» o Electivo, con el general Vásquez como Vicepresidente. El Señor Cáceres fue nombrado gobernador de Santiago.

El gobierno de Jimenes duró hasta el 2 de mayo de 1902, cuando, tras una dura lucha, fue derrocado como resultado de una revolución encabezada por el general Vásquez, vicepresidente, quien luego se convirtió en presidente de otro gobierno provisional.

En octubre de 1902, comenzaron a producirse levantamientos locales, que continuaron hasta marzo de 1903, cuando se inició un movimiento revolucionario independiente en la Capital bajo el liderazgo del general Alejandro Woss y Gil, quien, el 18 de abril de 1903, se convirtió en presidente de un nuevo gobierno provisional. Antes de que tuviera lugar esta revolución, el general Vásquez había convocado elecciones, pero la revolución impidió que se celebraran. El general Woss y Gil, tras su instalación, también convocó elecciones, y a su debido tiempo fue elegido presidente constitucional para sucederse a sí mismo como presidente provisional.

Entre las causas de la revolución contra el general Vásquez, según lo narrado por el Sr. Powell, encargado de negocios estadounidense, en un despacho del 14 de enero de 1903, se encontraba la negativa del general Vásquez, quien parecía deseoso de mejorar la situación del país y evitar el saqueo generalizado de fondos públicos, a continuar con los estipendios mensuales de varios hombres denominados «jefes» en sus distritos, quienes no ocupaban ningún cargo público ni realizaban ningún trabajo público, pero de quienes, además de mantener informado al Presidente sobre cualquier descontento que prevaleciera en sus secciones, se esperaba, en caso de insurrección, que reunieran a sus amigos y lucharan del lado del Presidente. Esta práctica, según el Sr. Powell, se originó con el general Heureaux y alcanzó durante su administración un desarrollo anormal, de modo que había varios cientos de estos hombres a su servicio. La práctica había sido continuada en gran medida por Jimenes. El general Vásquez no intentó restringirla, si no abolirla.

ACONTECIMIENTOS POSTERIORES.

El 31 de agosto de 1903, el Secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno del General Wos y Gil presentó al Congreso Dominicano un proyecto para la neutralización de las aguas territoriales de la República y el establecimiento de puertos francos en Samaná y Manzanillo. La esencia de este proyecto, cuyo diseño declarado era impedir la adquisición de privilegios especiales por parte de cualquier nación, era la siguiente:

1. Decretar sin demora la neutralización absoluta de las aguas, bahías, puertos y atracaderos de la República Dominicana, con excepción del derecho a defender la costa con las fuerzas terrestres y navales de la República en caso de ataque o agresión extranjera.

2. Declarar que las bahías de Samaná y Manzanillo sean, en sus partes exteriores, zonas de libre acceso, abiertas a los buques de todas las naciones comerciales, reservándose el Gobierno las partes interiores para el establecimiento de reglamentos aduaneros.

3. Declarar que la República Dominicana construiría muelles, diques fijos o flotantes, astilleros, almacenes y demás estructuras necesarias y adecuadas para el fondeo, reparación, atraque y tráfico de embarcaciones en las aguas de las dos bahías antes mencionadas, y organizaría servicios administrativos en ellas por una compensación moderada.

4. Autorizar al Poder Ejecutivo a realizar las negociaciones y operaciones financieras necesarias para obtener mediante un préstamo los fondos para tales fines.

5. Como garantía para el pago de este préstamo, aplicar, entre otras cosas, los probables ingresos de los contratos de uso y disfrute pacífico de los balnearios en cuestión, así como los ingresos derivados de las concesiones de ubicaciones en sus costas para fines comerciales e industriales.

Como consecuencia de la protesta del Sr. Powell, el encargado de negocios estadounidense en la ciudad de Santo Domingo, este proyecto fue retirado del Congreso.

El 26 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el gobernador de Puerto Plata, el Sr. Carlos F. Morales, se había pronunciado en contra del Gobierno del General Woss y Gil, y que ese distrito estaba nuevamente en insurrección. El movimiento, dijo el Sr. Powell, parecía estar a favor de Jimenes, el antiguo Presidente, y si tuviera éxito no traería la paz al país, ya que el partido de Vásquez no lo aceptaría como Presidente ni a Jimenes ni a ninguna persona nombrada por él, ni Jiménez aceptaría a Vásquez ni a un miembro de su partido. Había entonces tres partidos: el partido de Woss y Gil, o Gobierno, el partido de Jimenes y el partido de Vásquez. El General Deschamps, el Vicepresidente, al enterarse del movimiento revolucionario, había salido de Santiago para Puerto Plata (*).

(*) La información de que el vicepresidente Deschamps salió de Santiago para Puerto Plata es errónea, ya que se fue al exilio por Montecristi. Así también lo refiere erróneamente Sumner Welles, en La Viña de Naboth, agregando que el vicepresidente había sido apresado por Morales al llegar a Puerto Plata, lo que fue desmentido por el señor Manfredo Moore, traductor de dicha obra, en una nota a pie de página de la misma, como testigo de excepción que fue, lo que manifestó en los términos siguientes:

“Es inexacto ese dato. El Vicepresidente Deschamps no fue reducido a prisión; él se embarcó en Monte Cristi para el extranjero. El Traductor era Secretario del Vicepresidente Deschamps y lo acompañó hasta Navarrete en el viaje hacia Monte Cristi”. N. del T. (La Viña de Naboth, Pág. 73, Tomo II).   (CDMM)

Continúa el Informe:

El 30 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el Gobierno, inmediatamente después del estallido de la insurrección en Puerto Plata, envió sus dos buques de guerra a ese lugar con tropas, bajo el mando del Ministro de Guerra. A su llegada, el Ministro de Guerra exigió la rendición del lugar bajo pena de bombardeo. Permaneció allí dos días y luego partió hacia la bahía de Samaná sin haber ejecutado su amenaza. El único resultado de su visita fue que impidió que el vapor Cherokee de la Clyde, así como un vapor cubano, entraran en Puerto Plata o Samaná, después de que se disparara un tiro delante de la proa de cada buque como advertencia para que no entraran (*). En ese momento se estaban levantando barricadas en las entradas de la ciudad de Santo Domingo, donde se esperaba un ataque. El 4 de noviembre de 1903, el Sr. Powell informó que la posición del Gobierno de Woss y Gil se estaba debilitando, pero que la situación no mejoraría si los insurgentes ganaban, ya que en cuatro meses habría otra revolución, por la misma razón que había provocado la existente: el deseo de obtener el control de los ingresos aduaneros.

*Nota: Este informe del señor Powell desmiente las conjeturas que sostienen algunos, de que los norteamericanos ayudaron a Morales a tomar el Poder. La cañonera Independencia, con el ministro de Guerra y Marina del gobierno de Alejandro Woss y Gil a bordo, estableció un bloqueo naval al puerto de Puerto Plata el 28 de noviembre de 1903, cuatro días después de declararse la revolución de La Union en dicha ciudad, impidiendo que buque alguno entrara al puerto. Así también consta en los registros de The Week´s Progress de Nueva York, el 14 de noviembre del mismo año (Pág.462), sobre el reportaje del periódico “The Summary”, de New York, del 30 de octubre de 1903. (Ver en este blog: Bloqueo Naval a Puerto Plata).  De manera que en los alrededores de Puerto Plata no había un buque de guerra norteamericano que pudiera actuar a favor de Morales, amén de que su gobierno no fue reconocido por los Estados Unidos, sino hasta el 20 de enero de 1904, casi dos meses después. La acción del Independencia evitando que el buque mercante norteamericano Cherokee tuviera que seguir ruta sin poder entrar a puerto, a cumplir su cometido, produjo tal disgusto al señor Powell, quien de inmediato solicitó el envío a Puerto Plata de dos buques de guerra norteamericanos para evitar que ese tipo de acciones se repitieran y afectaran sus intereses. (CDMM)

Continúa el Informe:

El 6 de noviembre de 1903, el Sr. Powell informó que Macorís, donde había grandes intereses estadounidenses, había sido bombardeada por un buque de guerra dominicano. El 7 de noviembre, los insurgentes llegaron a la ciudad de Santo Domingo y comenzaron un ataque con proyectiles.

El 11 de noviembre, el Sr. Powell informó que había dos buques de guerra alemanes en la ciudad de Santo Domingo: el Panther y el Gaselle, y que se esperaba la llegada inmediata de un buque italiano y uno francés.

El 25 de noviembre, después de repetidos ataques, la ciudad de Santo Domingo se rindió a los revolucionarios bajo el liderazgo de Morales. Los guardias colocados por las fuerzas navales extranjeras alrededor de las legaciones y consulados de sus gobiernos fueron retirados. Se acordó que se celebrarían elecciones presidenciales; pero el Sr. Powell expresó la opinión de que, si Jimenes era elegido, estallaría otra revolución dentro de los tres meses posteriores a su toma de posesión, y que lo mismo sucedería si se eligiera a un partisano fuerte del general Vásquez. Si se eligiera a un nuevo hombre que contara con el apoyo de todas las facciones, podría mantener la paz si lograba mejorar la situación financiera; pero si no lo lograba, se produciría otra revolución (*). La revolución actual, dijo el Sr. Powell, le había costado al país casi 700.000 dólares, y el nuevo Gobierno encontró una tesorería vacía, con todos los recursos del país hipotecados y sin medios para obtener fondos. «Tal como están las cosas hoy», dijo, «el país está en bancarrota viral, y esta condición, como he declarado en una comunicación anterior al Departamento, implica un peligro para nuestro Gobierno, ya que los acreedores extranjeros exigirán el pago de sus reclamaciones, demanda que será impuesta por los cañones de buques de guerra extranjeros. Al mismo tiempo, nuestros ciudadanos harán una demanda similar. Este es el grave peligro que nos enfrenta, y requerirá la más sabia habilidad política para evitarlo.»

(*) El Encargado de Negocios norteamericano estaba muy bien enterado de las diferencias tan profundas que mantenían las facciones jimenistas y horacistas. Tanto así, que ni Morales, quien había logrado conciliar ambos bandos para la toma del Poder, podía determinar el rumbo que podían tomar las cosas. (CDMM)

DISTURBIOS RENOVADOS,

El 4 de diciembre de 1903, el Sr. Powell informó que la situación política seguía siendo inestable. El Gobierno Provisional de Morales tenía el control total, pero había señales de agitación. Los partidarios de Jimenes deseaban elegirlo como presidente, mientras que los partidarios del general Vásquez parecían favorecer al general Morales, aunque este había sido anteriormente un revolucionario seguidor de Jimenes. Desde la llegada del nuevo gobierno, se habían producido disturbios en Montecristi, Samaná, La Vega, Azua y Barahona, pero habían sido sofocados. En todos esos lugares había muchos partidarios de Jimenes. El gobierno había emitido un decreto declarando que todas las garantías quedaban suspendidas y que los ingresos aduaneros debían pagarse en efectivo. Los comerciantes se habían opuesto y habían notificado al gobierno que, si se aplicaba este decreto, no importarían ninguna mercancía. Era probable que se llegara a un acuerdo.

Hubo muchos disparos en las calles por la noche, en los que murieron muchas personas, por lo que era peligroso salir después del anochecer.

El 12 de diciembre, el Sr. Powell informó que Jimenes estaba en Montecristi con varios de sus seguidores, y que se suponía que en pocos días organizaría otra revolución (1). Morales se estaba preparando para el conflicto. El 15 de diciembre el Sr. Powell escribió que un miembro del Gobierno había preguntado si los Estados Unidos le prestarían o adelantarían dinero (2). Él había respondido que el Gobierno de los Estados Unidos no podía adelantar dinero sin el consentimiento del Congreso, y que por lo tanto sería inútil apelar a él.

*Notas: (1) El 8 de diciembre Morales hizo el Decreto que fijaba las elecciones para mediados de enero de 1904, el 12 de diciembre los jimenistas anunciaron sus candidaturas: Jimenes a la Presidencia y Miguel Andrés Pichardo a la Vicepresidencia. El 14 de diciembre Cáceres ofreció la candidatura presidencial de los horacistas a Morales y, al día siguiente, cuando los jimenistas se enteraron de que Morales había aceptado, se levantaron en armas y la guerra se extendió por todo el territorio nacional.

(2) Esa información nos parece muy extraña, ¿adelantar dinero de qué y cómo? El gobierno norteamericano no prestaba dinero, además de que no había reconocido el gobierno provisional sino hasta 40 días después (el 20 de diciembre de 1904). (CDMM)

Continúa el Informe:

La situación en la República Dominicana en diciembre de 1903 se describe vívidamente en una carta dirigida por un ciudadano estadounidense, el Sr. W. L. Bass, el mayor plantador de azúcar de San Pedro de Macorís, al Sr. Powell el 12 de ese mes, y comunicada por el Sr. Powell al Departamento de Estado con su número 688, del 14 de diciembre pasado. Una copia de esta carta se adjunta como Anexo A.

El 15 de diciembre de 1903, el Sr. Powell informó que la República Dominicana estaba en medio de otra revolución, que prometía ser seria. Anteriormente había expresado la opinión de que una revolución era inminente, pero no creía que ocurriría antes de marzo. El nuevo intento fue iniciado por amigos de Sr. Jimenes, el partido de Vásquez se unió a Morales para resistir. Se había producido una pelea en Santiago, donde varios miembros del partido de Jimenes murieron Se había intentado secuestrar al general Morales, presidente del Gobierno Provisional, pero había fracasado. Se habían realizado arrestos y la situación era crítica. Posteriormente, el general Rodríguez, gobernador de Macorís, se pronunció a favor de Jimenes. Los seguidores de Morales en ese lugar tomaron las armas para obligar al gobernador a marcharse. El Sr. Powell afirma que hay grandes inversiones estadounidenses en plantaciones de caña de azúcar en Macorís, que ascienden a 500.000 dólares. Se dice que la gente de los alrededores de Macorís se pasó de Morales a Jimenes porque las fuerzas del primero se quedaron sin municiones. Condiciones similares de desorden han continuado existiendo y han surgido continuamente preguntas sobre bloqueos, bombardeos y otras medidas militares.

LAS ADUANADAS.

Desde mi regreso a Washington, he recibido la siguiente carta del Sr. Powell:

LEGACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS, Ciudad de Santo Domingo, R. D., 5 de marzo de 1904.

Honorable FRANCIS B. LOOMIS,

Subsecretario de Estado, Washington, D. C.

SEÑOR: Desde mi entrevista informal con usted en el Mayflower, he obtenido rápidamente una estimación aproximada del costo de llevar a cabo la administración del servicio de aduanas.

INGRESOS DE ADUANAS

En la actualidad no se pueden proporcionar cifras auténticas sobre cuáles han sido los ingresos aduaneros del año pasado, pero según las cifras disponibles, durante el último año de la Compañía de Mejoras, bajo la dirección del Honorable J. T. Abbott, los ingresos aduaneros fueron mayores que los de cualquier período anterior o posterior, acercándose a los 2.500.000 dólares. Esto se debió principalmente a la gestión judicial y a la reducción de personal instituidas por el Juez Abbott, aunque en ese momento había muchos funcionarios con salarios elevados, lo cual, si el mismo servicio pasara a estar bajo el control de nuestro Gobierno, no habría ocurrido.

ARANCELES

En primer lugar, sugeriría una nueva regulación arancelaria. La actual se estableció hace varios años y se basó en la moneda en uso en ese entonces, que era casi exclusivamente papel moneda. Ésta tarifa podría soportar fácilmente una reducción del 20 por ciento de sus cifras actuales y generar ingresos mucho mayores, y mediante un estricto control de las importaciones, los ingresos aduaneros en pocos años aumentarían de, digamos, $2,000,000 a $4,500,000 0 $5,500,000. Con una tarifa reducida, habría un mayor consumo de bienes, y como estas personas compran casi exclusivamente en nuestro mercado, nosotros seríamos los beneficiados y con una ley aduanera estricta que regule todas las importaciones, se acabaría todo el contrabando que actualmente se produce En este sentido, sería prudente eliminar todos los aranceles de exportación, ya que sería un incentivo para estimular a la gente a participar activamente en actividades agrícolas, cuyo objetivo sería el fin de todas las revoluciones en el interior. Esta medida aumentaría los productos agrícolas, que encontrarían su mercado en los Estados Unidos y que también significaría un aumento de las compras en nuestro mercado. Este es un lado del caso.

El otro lado es que sería imposible para cualquier persona insatisfecha, o ambiciosa, iniciar una revolución; se eliminaría lo que se conoce como los jefes, o pequeños jefes, a los que el Gobierno tiene que pagar constantemente cada año para mantenerlos tranquilos. Bajo esta nueva condición, todo esto desaparecerá y, dentro de dos o tres años, habrá un cambio marcado en todos los aspectos, tanto en el Gobierno como en la gente. El costo que le correspondería al Gobierno, que se cargaría a la recaudación de 57,000 dólares, posiblemente un poco más, y se recaudará de la siguiente manera:

Descripción.                                                        Un mes   Un año  Dos años.

                        Santo Domingo y Puerto Plata.

Director de aduanas……………..……………….$300      $3,600       $7,200

Subdirector………………………..……… .…..$125      $1,500      $3,000

Intérprete…….…………………..……………..$100      $1,200        $2,400 

7 empleados………………….………………….$  75       $6,300       $12,600

2 vigilantes…………………………………… …$  60       $1,440        $2,880

3 obreros…………………………………………$  40       $1,440        $2,880

Gastos misceláneos…………………………………………….$     20        $     40

                              Sánchez y Macorís.

Director…………………………………………..$200       $2,400        $4,800

Subdirector……………………………………….$100       $1,200        $3,400

Intérprete……….…………………….. ……. …$ 75        $  900        $1,800

2 empleados……………………………..……. $ 60        $1,440       $2,880

Vigilante…………………………………………$ 50         $   600        $1,200    

2 obreros………………………………………. $ 30          $ 720        $1,440

                          Samaná, Montecristi y Azua

Director………………………………….……….. $ 75         $  900        $1,800

3 subdirectores……….……………………………. $ 60         $  720        $2,160

3 intérpretes………………………………………..$ 60          $  720        $2,160

3 empleados……………………………………………….$ 50          $  600        $1,800

3 vigilantes…………………………………………..$ 40         $  480        $1,440

3 obreros…………………………………………$ 30         $  360        $1,180

Los puertos de Santo Domingo, Puerto Plata, Sánchez y Macorís pueden denominarse puertos dadores, es decir, los ingresos recibidos por ellos son tales que los hacen los principales puertos del país, mientras que los puertos de Montecristi, Samaná y Azua son conocidos como puertos receptores, es decir, los ingresos recibidos no son suficientes para mantener al Gobierno en esos lugares, el Gobierno tiene que suplir la deficiencia. Sugiero en este sentido que se cierren los puertos de Romana y Barahona. El primero se utiliza para exportar petróleo crudo; el segundo, madera, etc. Pero ambos lugares son utilizados principalmente por quienes intentan evadir el pago de aranceles.

Durante el tiempo en que la Compañía de Mejoras controló los ingresos aduaneros, sus gastos para funcionarios fueron de 30.000 dólares; para otros empleados, alrededor de 45.000 dólares; o, en total, alrededor de 75.000 dólares. Con el cronograma anterior, habría un ahorro de 18.000 dólares. Al dar estas cifras, las estoy haciendo de manera que quienes tienen la mayor responsabilidad reciban salarios remunerativos, ya que el costo de vida aquí se calcula sobre una base de oro y es mucho más alto que en los Estados Unidos.

PRESUPUESTO

Afirmé que el presupuesto durante la Administración Vásquez era de aproximadamente 2.000.000 de dólares; desde entonces he sabido que era de 1.600.000 dólares. Esto podría reducirse en 100.000 dólares, ya que el Gobierno no tendría que pagar a los jefes que ya he mencionado; no tendría que mantener un gran ejército permanente, ni mantener una armada, ya que, en primer lugar, en las ciudades se podría organizar una fuerza policial fuerte; en los distritos rurales, una guardia rural, como en Cuba, para mantener el orden y reprimir todos los intentos de revolución.

Como habría un buque de guerra estacionado en los principales puertos, no tendrían necesidad de una armada propia en cada lugar donde haya una aduana, durante los primeros uno o dos años se tendría que estacionar una guardia marina de unos 100 hombres o 700 en total. Esto solo tendría que mantenerse por un tiempo limitado hasta que el Gobierno controlara la situación y la gente se familiarizara con el cambio de esos asuntos (*).

(*) Esta correspondencia del Encargado de Negocios norteamericano, al Subsecretario de Estado Loomis, fechada el 5 de marzo de 1904, ofrecen una perspectiva de sus pretensiones en los asuntos dominicanos, que tenían como base legal los términos del Protocolo de enero de 1903, bajo los cuales se encontraban deliberando en Washington, desde mediados de noviembre, los jueces del Tribunal Arbitral, cuya Sentencia se pronunció cuatro meses después, el 14 de julio de 1904. (CDMM)

Continúa el Informe:

MEJORAS.

Bajo esta nueva condición, la emigración se dirigiría aquí, se construirían caminos entre las ciudades del interior y los ferrocarriles conectarían todas las partes de la República. Esto por sí solo desarrollaría los ricos recursos del país, como su valiosa madera; abriría los depósitos minerales del país en una medida que en la actualidad no se puede imaginar, y restauraría la República a la condición de sus primeros días cuando estaba bajo el control de España.

La mayor parte de esta riqueza mineral permanece sin descubrir y sin desarrollar; todo lo que se necesita es un gobierno estable que invite y no disuada al capital. Los pozos petrolíferos de la República se encuentran entre los mejores del mundo, pero han permanecido en estado natural simplemente porque nadie se siente seguro para invertir capital en su desarrollo en un país donde la revolución está al borde del abismo.

PAGO DEL DESTINO NACIONAL

Como ya les he dicho, es nuestro deber proteger a estas personas, nos guste o no; es una obligación que nos agobia a diario. Si no lo hacemos, algún país, cuando menos lo esperemos o cuando menos preparados estemos para resistir, impugnará nuestro derecho. Los gobiernos extranjeros no resistirán mucho más las súplicas de sus ciudadanos para el pago de las deudas ya aceptadas y que el Gobierno se ha comprometido a pagar en un plazo determinado, pero que no ha podido cumplir debido a la inestabilidad de la situación, que empeora constantemente año tras año. Este gobierno probablemente logrará establecerse, pero solo pasará un breve tiempo antes de que se produzca otra revolución para derrocar al Gobierno, motivado por los ingresos procedentes de alguna aduana o de algún jefe descontento que piense que el Gobierno no le ha pagado lo suficiente por su apoyo. Esto ocurrirá con seguridad a menos que intervengamos en los términos que les he indicado.

Además, tenemos un deber para con nuestros propios ciudadanos. En la actualidad, hemos enviado dos casos a arbitraje. En unos meses se emitirá una decisión, y en la situación actual del país no hay dinero ni siquiera para comenzar un pago parcial. También existen reclamaciones del mismo tipo de otros gobiernos que son anteriores al nuestro. Por lo tanto, es nuestro deber, perdónenme al decirlo, asegurarnos de que nuestros ciudadanos reciban su pago y, al mismo tiempo, preservar la dignidad nacional. Las reclamaciones, como usted sabe, ascienden a 6.000.000 de dólares o más: a la Compañía de Mejoras, 4.500.000 dólares; a la Sucesión De Sala: cantidad pendiente fuera de arbitraje, 500.000 dólares; en arbitraje, 300.900 dólares; al Sr. Puente, casi 800.000 dólares; y al Sr. Ros, una suma casi igual de grande.

Si el asunto se aborda según las líneas sugeridas, con unos ingresos aduaneros de 3.000.000 ο 4.000.000 de dólares y un presupuesto de 1.500.000 dólares, bajo la sabia gestión de nuestro Gobierno, en quince años se pagaría la deuda nacional, y en ese tiempo habríamos puesto orden en un estado desordenado y, al mismo tiempo, con un gasto mínimo para nuestro Gobierno. Durante este tiempo habremos consolidado la unión de este pueblo con nosotros, estableciendo nuestra autoridad en esta República y fortaleciendo las defensas nacionales de nuestro país, lo cual debería ser uno de nuestros primeros deberes.

RECLAMACIONES ACTUALIZADAS

Debido a las diversas revoluciones, existen muchas reclamaciones que deben considerarse, algunas de las cuales deben ser responsabilizadas por el Gobierno actual; otras, por gobiernos anteriores; y otras, nuevamente, que provienen puramente del saqueo y la destrucción de propiedades durante el conflicto actual. Muchas de estas reclamaciones son por sumas totalmente desproporcionadas con respecto a las pérdidas sufridas. Todas estas reclamaciones deben ser examinadas minuciosamente antes de realizar el pago; lo que sea justo debe ser entregado al reclamante, y esto solo puede ser determinado a través de una comisión imparcial. El Presidente me ha asegurado que está dispuesto a arrendar las bahías de Samaná y Manzanillo a nuestro Gobierno por el tiempo que nuestro Gobierno determine; que la cantidad a pagar debe ser retenida para pagar a los acreedores de la República. Además, quiere que los Estados Unidos administren sus aduanas.

W. F. POWELL.

Nota: El texto íntegro del “Proyecto de Acuerdo de Paz, Amistad y Reciprocidad” llevado por el ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez a Washington, con todas las propuestas hechas por gobierno dominicano al de los Estados Unidos, puede encontrarse en este blog. (CDMM)

Continúa el Informe:

HECHOS SIGNIFICATIVOS.

En febrero de 1904, el general Morales, presidente provisional, envió al general Sánchez, su ministro de Relaciones Exteriores, a Washington para hacer una oferta de arrendamiento de la bahía de Samaná a los Estados Unidos y sugerir que el Gobierno de los Estados Unidos asumiera algún tipo de protectorado sobre la República Dominicana. Las propuestas del general Sánchez no recibieron ningún apoyo. En este sentido, el siguiente telegrama del Sr. Powell, fechado el 18 de marzo, puede ser de considerable interés:

Se informa que el presidente de Haití ha enviado comisionados al presidente Morales para pedirle que rompa todas las relaciones con los Estados Unidos, amenazando con brindar asistencia activa a Jimenes en caso de negativo. El presidente haitiano desea que Morales se reúna con él en la bahía de Manzanillo.

El comandante del Hartford, con fecha de marzo, escribió al Departamento de Marina lo siguiente:

“Llegué a Montecristi el domingo y me reuní con Jimenes, quien desea la paz y sugiere que Estados Unidos intervenga para asegurarla. Para establecer relaciones similares a las que Cuba tiene con nosotros bajo la enmienda Platt. No considera necesario desembarcar una fuerza armada, sino un comisionado para transmitir nuestra determinación de asegurar elecciones justas”.

El contralmirante W. C. Wise, comandante del Escuadrón de Entrenamiento del Atlántico, que ha estado en aguas dominicanas durante varias semanas, refiriéndose a la conversación que tuvo con Jimenes en Montecristi, dice:

“Me aseguró que estaba de todo corazón a favor de cualquier acción mediante la cual se pudiera traer la paz a su país. Dijo que el presidente de Haití se había ofrecido recientemente a arbitrar, lo cual aceptó, y que la misma oferta se le había enviado a Morales; que había dos facciones amargamente hostiles entre sí, y que la única solución al asunto era que nuestro Gobierno interviniera y asegurara elecciones generales, nombrando gobernadores temporales en las provincias. Le expresé la absoluta necesidad de que nuestros intereses y todos los intereses extranjeros debían ser protegidos”.

El almirante Wise añade:

“Sin duda, ha llegado el momento en que nuestro Gobierno debe tomar medidas muy decididas en este asunto. En este sentido, deseo declarar que creo que la situación en la República Dominicana puede mantenerse bajo control y el statu quo puede conservarse, con la debida protección a los intereses estadounidenses por el momento, si el comandante Dillingham, del Detroit, se pusiera a cargo de esas aguas con quizás dos buques más pequeños para ayudarlo”.

Ha dedicado mucha reflexión y atención a los asuntos dominicanos, y su actuación en Puerto Plata y otros puntos donde ha tenido que tratar con ambas facciones armadas se ha caracterizado por el juicio, la justicia, la firmeza y la discreción. Me parece que es el hombre idóneo para el puesto. Creo que mi opinión es compartida por otros que lo conocen y que han tenido motivos para observar su trabajo en aguas dominicanas.

Adjunto una copia de una carta enviada por el capitán Dillingham, del Detroit, cuyo original fue encontrado en la Casa de Gobierno de Santo Domingo después de que Jiménez escapara y las fuerzas de Morales tomaran posesión, el 20 de enero. Está firmada por uno de los principales líderes de Jimenes:

Cuartel General del Gobierno Civil y Militar,

Montecristi, 18 de enero de 1904.

Juan I. Jimenes,

Jefe Supremo de la Revolución, Santiago.

Estimado don Juan:

He recibido su comunicación del 14 del presente mes y he tomado en consideración todos los puntos tratados en ella.

Estoy plenamente informado de todo lo que ha sucedido en Puerto Plata, y no debemos permitir que nos engañen, ni los estadounidenses ni nadie más; primero se debe permitir que el país perezca.

Envíen cañones a Puerto Plata y ordenen que la ciudad sea cañoneada, y distribuyan a sus hombres más valientes y desesperados a lo largo de las carreteras que se acercan a la ciudad. Para nosotros, esto es una cuestión de vida o muerte, y debemos continuar la lucha con fe, y no pierdas la esperanza. Haz tus arreglos de tal manera que te permitan esperar la llegada de municiones, que será muy pronto, y entonces veremos qué tan rápido las cosas dan otro giro.

Después de haber recapturado Puerto Plata, no debes mostrar consideración por nadie, y en cuanto a extranjeros como Charles Loinaz, a pesar de los cónsules y los estadounidenses, deben ser desterrados del país y nunca se les debe permitir regresar. Fortalece tu posición tanto como sea posible en Santiago y toma medidas enérgicas contra cualquiera que ponga obstáculos en tu camino. Me haré responsable de esta parte del país. Infunde ánimo a tus hombres y motívalos a luchar con voluntad y determinación, porque esto les ayuda mucho.

En ningún caso debemos permitir que el enemigo nos venza, ya que bien sabes cuál sería nuestro destino entre ellos. No tendríamos absolutamente ninguna garantía, como se te ha dicho claramente en tus comunicaciones personales, y es mucho mejor para nosotros morir luchando que tener que rendirnos. Prepara tu artillería para cañonear al enemigo si avanzan hacia ti. Ordena al fuerte de Puerto Plata que cañonee la ciudad y mira si puedes enviar a un hombre para interrumpir el cable para que no puedan comunicarse con las Islas Turcas.

Envía una fuerza por el camino de Pale Quemade y, en combinación con el fuerte, ataca al enemigo dentro de la ciudad.

Instruye a Andrés (Navarro) para que impulse activamente el cañoneo de la ciudad de Santo Domingo y dile que se mantenga firme, ya que los asuntos de hoy más que nunca necesitan una actitud decidida y resuelta, por lo que debe impulsar el asedio de la ciudad e intentar tomarla lo más rápido posible. Lo que se necesita es apuntar los cañones a todos los puntos de la ciudad; esto aterroriza al enemigo y hace que los cónsules y las familias privadas supliquen la rendición.

No pierdas la esperanza, pero usa tu cerebro. Ordena a tu gente que cuando el enemigo se acerque solo disparen salvas a quemarropa. Diles en el Fuerte de Puerto Plata que se mantengan firmes.

Ofrezca a las tropas que atacan Puerto Plata la licencia para saquear, y verá con qué gusto y satisfacción lo seguirán.

No pierda la fe ni por un solo momento, y siga adelante.

Siempre su amigo,

Firmado)

DESIDERIO ARIAS

Se llama la atención sobre la carta anterior debido a sus expresiones con respecto a los estadounidenses, los cónsules extranjeros y otros extranjeros.

Observación: Debajo de la carta del general Arias, el subsecretario Loomis llama la atención en lo que respecta a la mención de “extranjeros y norteamericanos”, pero éste en realidad se refería a comerciantes extranjeros residentes en Puerto Plata que habían colaborado con Morales desde el inicio de la revolución de La Unión que, como ya hemos visto, en su momento, en Puerto Plata no había fuerzas militares estadounidenses, y como se puede observar en el propio informe, los norteamericanos no tenían ningún interés de ayudarlo. (CDMM)

Continúa el Informe:

OTRA CARTA.

Una carta tardía del agente consular Reed de los Estados Unidos en San Pedro de Macorís arroja luz sobre las condiciones existentes en la República Dominicana. Con fecha del 21 de febrero de 1904, el Sr. E. C. Reed escribe:

“El viernes 19 de febrero, alrededor de las 5 p. m., la cañonera dominicana Presidente, con su buque auxiliar, el vapor costero Estrella, ancló frente a este puerto, aparentemente transportando un buen número de tropas. A las 9 p. m., el secretario del consejo municipal me visitó con una carta dirigida a los funcionarios consulares extranjeros residentes en este lugar, del comandante de la expedición a bordo del Presidente, el Sr. Román, Ministro del Interior del Gobierno Provisional, en la que nos informaba que había exigido la rendición de esta ciudad al general insurgente D. Rodríguez, y que en caso de que este se negara a su demanda, concedería seis horas de gracia para la evacuación de los no combatientes antes de comenzar a bombardear la ciudad. Solicitó nuestros buenos oficios ante el general Rodríguez para persuadirlo de que accediera a su demanda y así evitar cualquier derramamiento de sangre innecesario, etc.

“Como era imposible evacuar a todos los no combatientes durante seis horas de oscuridad, los funcionarios consulares de las diferentes nacionalidades residentes aquí acordaron solicitar una prórroga hasta el mediodía del sábado 20 para sacar a la gente de la ciudad, ya que el general Rodríguez se negó a cumplir con la solicitud del ministro. No dejé de señalarle al general Rodríguez que esta no era una ciudad fortificada y que un bombardeo a corta distancia por parte de la cañonera Presidente causaría una gran pérdida de vidas y bienes, especialmente a los extranjeros pacíficos, que comprendían dos tercios de los habitantes de este lugar; pero él fue sordo a todos los argumentos y súplicas y la carta fue enviada al comandante de la expedición, quien respondió que toda la prórroga que concedería era hasta el sábado 20 a las 8 a. m.

“A las 7:30 a. m. la mayor parte de la gente había abandonado la ciudad para ir al campo, y el Presidente y la Estrella entraron al puerto, donde anclaron a unos 1500 metros del muelle, y a las 8 a. m. en punto abrieron fuego contra la ciudad con cañones grandes y fusiles. Aunque el fuego de los cañones grandes y las armas pequeñas fue muy rápido —ciertamente más de cinco disparos por minuto durante tres horas— el daño fue pequeño, ya que aparentemente todos los disparos de los cañones grandes pasaron por encima de la ciudad hacia el campo; y cuando a las 11 a. m. el Estrella, repleto de hombres y con dos botes también llenos de hombres a remolque, zarpó hacia el muelle de la aduana para asaltar la ciudad. El comandante de la cañonera no había logrado despejar la zona de desembarco ni ajustar el alcance de sus cañones para proteger a sus tropas. Al llegar al final del muelle, los insurgentes se toparon con sus sólidas filas, que no solo impidieron el desembarco, sino que masacraron a los hombres en los botes como si fueran ovejas en un corral. Si bien el Estrella manejó su cañón de proa con gran eficacia, la falta de apoyo de los cañones del Presidente hizo que el intento de desembarco fracasara. En menos de diez minutos, la mitad de la fuerza de asalto había muerto, y el Estrella tuvo que regresar rápidamente para salvar a los supervivientes, sin que ningún soldado lograra desembarcar.

“Observando todo esto muy de cerca con unos potentes prismáticos marinos desde la veranda de mi casa, no pude evitar preguntarme por la estupidez del hombre al mando de la cañonera por no haber lanzado un solo proyectil frente a sus hombres para protegerlos. La Estrella, a su regreso a la cañonera, primero salió del puerto para deshacerse de los muertos, y a su regreso a la cañonera tomó a los heridos a bordo y navegó hacia la ciudad de Santo Domingo, continuando la cañonera el bombardeo hasta el atardecer, cuando se acordó un armisticio entre las fuerzas opuestas por tres horas, supuestamente para que los hombres descansaran, pero en realidad para permitir que el general Rodríguez recibiera un cañón pesado, que había solicitado la noche anterior. Por supuesto, es difícil obtener las cifras exactas de las pérdidas en ambos bandos, pero en una estimación moderada, el grupo asaltante debió haber perdido entre treinta y cuarenta hombres y los insurgentes entre veinticinco y treinta; entre estos últimos se encontraba el general insurgente Herrera, que recibió un disparo en la cabeza.

“El bombardeo del Presidente, completamente inútil, duró desde las 11 p. m. durante toda la noche, hasta las 7 a. m. del domingo 31, cuando el comandante de la cañonera, sin duda observando a los insurgentes ocupados en el montaje de un cañón pesado, abandonó su fondeadero y se dirigió mar adentro, cesando el fuego. Sin exagerar, ciertamente se dispararon durante las veintiún horas del enfrentamiento más de 10.000 tiros de todas las armas, pero el fuego fue terriblemente indiscriminado. Mi propia casa, aunque completamente fuera del alcance del fuego, fue alcanzada tres veces, al igual que muchas otras en esta punta, completamente fuera del alcance del fuego.

“Por supuesto, considerando la gran cantidad de munición gastada y la duración del fuego de ambos bandos, los daños son pequeños y en la ciudad recaen principalmente sobre la gente pobre. Del campo, donde se concentraron la mayoría de los disparos de los grandes cañones, todavía no he tenido noticias.

“En conclusión, me permito decir que esta guerra civil comenzó en octubre de 1903, y esta pequeña ciudad, no fortificada, y de la cual la mayoría de los habitantes son extranjeros, ha sido tomada y retomada tres veces ya y bombardeada dos veces desde entonces, siempre con pérdida de vidas y para gran desventaja y angustia de los ciudadanos estadounidenses, que poseen propiedades por un valor de entre seis y siete millones de dólares en un radio de dos millas de esta ciudad, y creo que es bastante duro que estas personas queden a merced de un general insurgente irresponsable, que lucha por un hombre que, por lo que puedo saber, ha abandonado la lucha y ha huido.

Me despido, etc.,

E. C. REED, Agente Consular de los Estados Unidos *

CONCLUSIÓN.

Puede ser necesario considerar, en el futuro, la cuestión del control de las aduanas. Esto podría hacerse en las condiciones actuales sin la ayuda del Ejército de los Estados Unidos, pero sería necesario mantener una guardia marina en cada puerto de entrada durante varios meses.

Sin embargo, es importante crear de inmediato un puesto diplomático independiente en la ciudad de Santo Domingo y ponerlo a cargo de un hombre discreto, experimentado y capaz. El Sr. Powell es necesario en Haití y creo que ha estado demasiado tiempo en la República Dominicana, aunque no pretendo que esta observación sea una reflexión sobre su conducta oficial o personal.

Observación: Es obvio que de esta recomendación surgió la designación de un Ministro, o Embajador norteamericano para la República Dominicana, ya que hasta el momento solo había un Encargado de Negocios, posición que desempeñaba William F. Powell, en adición a la de Ministro en Haití. En julio de 1904, luego de que el Tribunal Arbitral fallara, fue designado por primera vez un Ministro para República Dominicana, designación que recayó en Thomas L. Dawson. (CDMM)

Continúa el Informe.

Carta del Sr. Bass al Sr. Powell.

San Pedro de Macorís,

República Dominicana, diciembre de 1903.

SEÑOR: Permítame presentarle para su urgente y seria consideración las ideas aquí expresadas.

Este país se encuentra en vísperas de una lucha desesperada y sangrienta, y existe un peligro inminente no solo para los intereses de la propiedad, sino también para la seguridad personal, ya que hay un gran número de personas en los archivos de los desesperados líderes del partido.

No deseo ser considerado un alarmista, pero usted admitirá que mi larga residencia, mis extensas inversiones y mi estrecho contacto con todas las clases de los nativos, así como con el muy limitado elemento extranjero aquí, me brindan los medios para adquirir un conocimiento definitivo de las condiciones reales de este país. Usted, como ministro de los Estados Unidos, acaba de pasar por lo que puede haberle parecido una parodia de la guerra. Se trataba simplemente de la facción del Gobierno atrincherada en la ciudad y asediada a distancia durante casi un mes, prácticamente sin bajas. Los sitiadores tenían un único propósito: derrocar al Gobierno. Representaban una unidad temporal de facciones descontentas, que podían ponerse de acuerdo fácilmente en un curso de acción: con el pretexto de salvar al país, era necesario primero derrocar al Gobierno y luego decidir qué facción usurparía el control de las aduanas del país. La primera parte del programa se ha llevado a cabo, pero la segunda aún está por completarse.

El Gobierno ha sido derrocado y un supuesto Gobierno provisional ha tomado el control, y desafortunadamente este Gobierno provisional no está compuesto por ninguna facción lo suficientemente fuerte como para retener el poder contra, no la facción recién derrocada (el Gobierno Constitucional de los últimos tres meses), sino el resto de las facciones cuyos diversos líderes no pudieron llegar a la escena lo suficientemente pronto como para impedir que el hombre que encabezó el último levantamiento se asegurara el control inmediato de la capital bajo el disfraz de Presidente del Gobierno Provisional, que no es más que el mismo grupo que constituyó el Gobierno Revolucionario antes de la caída del último Gobierno bajo el General Gil. Los líderes destituidos proponen no esperar el resultado de ninguna supuesta elección popular, sino hacer que el control del Presidente Provisional sea un asunto muy breve. En otras palabras, el peligro inminente es que ahora se propongan luchar por quién será el Presidente Provisional; Los que están en el poder planean que Estados Unidos reconozca al Gobierno Provisional, como lo hizo durante el régimen del general Vásquez, y los demás reconocen que si Estados Unidos reconoce al Gobierno Provisional con su Presidente Provisional, las llamadas elecciones se retrasarán y sus perspectivas de tomar el control se volverán más remotas. Cualquier paso diplomático en este momento que tienda al reconocimiento del Gobierno Provisional por parte de Estados Unidos solo tiende a inflamar a los candidatos en espera y precipitar un levantamiento. La industria azucarera apenas está comenzando la cosecha y no podrá operar si se inicia una contienda fratricida durante los próximos meses, digamos, tres. El mundo no tiene idea de lo que los intereses estadounidenses en este país han tenido que pasar en los últimos años:

1. Estuvo el largo régimen del difunto presidente Heureaux;

2. El breve mandato del general Jiménez, quien reunió un Congreso durante su mandato, fue derrocado y ahora es candidato a la presidencia, ya sea electa o provisional;

3. Estuvo el breve mandato del general Horacio Vásquez, bajo cuyo nombre una poderosa facción respalda a ciertos candidatos para el control del país;

4. Estuvo el breve mandato del general A. Wos y Gil, cuya administración acaba de ser derrocada; y

5. Ahora está el actual Presidente Provisional, quien es candidato a la presidencia electiva o de otro tipo, y cuenta con un apoyo muy poderoso.

Hay al menos seis candidatos en el campo, que pueden formar tres parejas para Presidente y Vicepresidente, y forman, o encabezan, tres facciones distintas además de la facción recién depuesta. Ningún líder de facción puede unirse. Se espera un asunto a tres bandas y sangriento.

(a) Una facción controla la capital y este pacífico puerto industrial (Macorís) está encabezada por el Presidente Provisional, quien tiene todas las armas y municiones en la capital y cuenta con el apoyo de un amplio séquito, al que el patrocinio inmediato, aunque reconocido como temporal, naturalmente favorece.

(b) Existe la facción conocida como los seguidores del Gobierno que precedió al último derrocado. Se les conoce como los horacistas, aunque el propio general Horacio Vásquez está enfermo y ya no es capaz de entrar en acción. Este grupo se opone al general Jimenes, cuyo Gobierno fue derrocado recientemente y, al mismo tiempo, no se puede reconciliar con ninguna retención de poder por parte del Gobierno Provisional existente.

(c) Están los jimenistas regulares, o seguidores del general Jimenes. Esta es una facción poderosa. Declara abiertamente que, si Jimenes no se asegura la Presidencia, entrarán inmediatamente en acción. Esta facción se jacta de estar poderosamente armada y se encuentra en la parte noroeste del país, conocida como el distrito de Montecristi. Los líderes y lugartenientes de las diversas facciones son hombres decididos, y sus seguidores están bien armados con armas y municiones modernas, distribuidas generosamente tanto por el gobierno anterior como por los líderes del reciente levantamiento, y que no fueron recogidas antes de la disolución de las diversas fuerzas por el Gobierno Provisional existente. Como nadie pagaba a las tropas, a cada hombre no se le podía negar el permiso para llevarse su rifle a casa, junto con toda la munición que pudiera llevar. Estos rifles no son armas anticuadas, sino Remingtons, carabinas Mauser y Remington-Mausers (el arma más reciente introducida en estos países, que es una carabina Remington que lleva un cartucho Mauser regular). Los poseedores de estas armas están listos para entrar en acción en cualquier momento y están eufóricos por el reciente triunfo de haber derrocado al Gobierno. No les interesa ninguna otra idea que no sea haber demostrado que pueden derrocar al Gobierno, y están listos y esperando para probar que pueden repetir la hazaña cuando se les requiera. En este momento no se preocupan por el trabajo, sino que descansan tras la reciente campaña y esperan volver al campo de batalla; saben bien que hay varios candidatos a la Presidencia y que pronto serán llamados a entrar en acción. Si ustedes, desde fuera, preguntan qué compensación obtienen, puedo afirmar con toda sinceridad: la oportunidad de adquirir un título militar superior al que acaban de obtener; por ejemplo, una campaña de derrocamiento del Gobierno otorga el grado de capitán; dos, el de coronel; tres, el de comandante; y cuatro, el de general.

El último intento de derrocar al gobierno limitó sus operaciones a:

(a) Asediar y disparar contra el fuerte de Puerto Plata.

(b) Asediar y disparar contra el fuerte de la ciudad interior de Santiago.

(c) Asediar y disparar contra el puerto marítimo y la capital (Ciudad de Santo Domingo).

(d) El bombardeo de Macorís, después de su abandono por el buque de guerra del Gobierno.

En cada caso, el Gobierno se rindió y las pérdidas fueron leves. En el resto del país no hubo indicios de disturbios y todo permaneció en un estado de paz y orden absolutos, debido a que simplemente estaban ocupados en derrocar al Gobierno y aún no habían comenzado la tarea de elegir un Presidente; porque en este país, como saben, el Presidente y sus amigos constituyen el Gobierno.

Con toda seriedad, deseo comunicarles que hay muchas razones para esperar, no mensualmente, ni semanalmente, sino diariamente, que de media docena de localidades dispersas surgirán a la vez bandas armadas, cada una encabezada por su jefe local, y cada una vitoreando a alguna facción y al mismo tiempo dedicada a lo que consideran una tarea fácil: el derrocamiento del Gobierno Provisional, pues a estas personas les es indiferente si se trata de un Gobierno Provisional o Constitucional el que se va a derrocar. Cuando dos de estas bandas se encuentran, habrá problemas, y los problemas no se limitarán a una sola localidad. Las bandas armadas deben saquear; el saqueo provoca el pillaje; el pillaje, el incendio y el asesinato a todos los que se cruzan en su camino. Para demostrar que quienquiera que sea el gobernador de este distrito no puede mantener el orden, se prenden fuegos a los campos de caña de azúcar de las diversas fincas (cinco veces la semana pasada en una finca cercana a aquí); y mientras escribo, me llega la noticia de que los campos de una compañía agrícola estadounidense, en otra finca, fueron incendiados, pero afortunadamente los daños fueron mínimos.

La situación financiera de este país es, como saben, de una bancarrota desesperada; por lo tanto, quienquiera que en el futuro logre agregar su nombre a la lista de presidentes, provisionales o constitucionales, no va a obtener ingresos suficientes para sufragar los gastos ordinarios de mantener la ley y el orden y de pacificar a sus seguidores, y mucho menos para satisfacer las deudas públicas, y todos los seguidores insatisfechos se unirán rápidamente a la gran masa de aquellos listos para ser liderados para demostrar una vez más que pueden derrocar a cualquier gobierno.

Durante el reciente movimiento para derrocar al Gobierno, las potencias extranjeras tardaron en disponer de buques de guerra para preservar el orden. No fue hasta que usted y los demás representantes diplomáticos estuvieron atrapados durante días en la capital que los acontecimientos, sin estar controlados en absoluto por ninguna disposición adoptada con antelación, permitieron el tendido de cables para los buques de guerra. ¿No fue acaso una visita fortuita de un buque de guerra francés al puerto de Santo Domingo lo que hizo posible la comunicación con el resto del mundo y trajo primero los buques alemanes desde Santo Tomás y, finalmente, los buques de guerra estadounidenses?

Entiendo perfectamente que el Gobierno de los Estados Unidos no puede enviar un buque de guerra a este país con tan solo una hora de aviso, y que uno tarda varios días en llegar una vez que parte; pero este país es realmente pequeño, y lo que un nativo puede hacer en cuatro días es precisamente lo que se debe evitar. El gobierno anterior, mediante su decreto de bloqueo, interfirió con la navegación alemana y estadounidense, y posteriormente se dispuso de buques de guerra para escoltar a los respectivos vapores de ambas naciones. En el próximo conflicto no habrá ninguna cuestión de bloqueo y, en consecuencia, no habrá una necesidad aparente de protección, pero el autor y muchos otros albergan ideas completamente contrarias. Existe un grave peligro inminente, aunque el problema real aún está por venir.

Sabes que el único medio de comunicación por cable desde la capital al mundo exterior es mediante un telégrafo terrestre que cruza el país y está a merced de cualquier persona a través de los bosques sin caminos. Cuando tenga lugar el próximo levantamiento, los del interior cortarán rápidamente los cables.

Lo que es, en mi humilde opinión, y compartido por todos los que tienen intereses aquí con quienes he conversado recientemente, lo más necesario de inmediato es que Estados Unidos, u otra potencia o combinación de potencias, mantenga al menos tres buques de guerra en la costa de este volcán político hasta que el estado actual de caos real se haya enderezado. La mera presencia de estos buques de guerra bastaría para prevenir una guerra fratricida activa; porque, como se ha dicho, el posible estallido no es una revolución que opere contra un gobierno establecido, sino que será una contienda de facciones sobre qué partido de tres o más, por la fuerza de las armas, se asegurará el control. En la actualidad, los líderes de las diversas facciones claman a viva voz por la armonía, la unión y la paz. La paz es, después del dinero, lo único que se desea; Porque es, a la vista de los propios nativos, casi inalcanzable. Un buque de guerra debería estar estacionado en Puerto Plata. Desde allí podría controlar ese importante puerto marítimo, la ciudad vecina de Santiago y el cercano puerto de Montecristi.

Un buque de guerra debería estar estacionado en la cabecera de la Bahía de Samaná, en el puerto de Sánchez. Esta es la salida del ferrocarril que va desde el puerto, valle arriba hacia el oeste, hacia el interior.

Un buque de guerra debería estar estacionado en la capital, Santo Domingo, para vigilar Azua, la ciudad y el cercano puerto de Macorís. Este último puerto tiene más de 5.000.000 de dólares de capital estadounidense invertido en plantaciones de azúcar a una distancia de 16 kilómetros del puerto y cuenta con muchos residentes estadounidenses. Estas inversiones requieren orden para su preservación y paz para su funcionamiento.

El autor es muy consciente de que Estados Unidos no tiene intención de anexar esta República; pero debe saber que los diversos líderes de las facciones se aprovechan de los sentimientos de sus seguidores y mantienen un fuerte sentimiento antiestadounidense, peligroso tanto para la vida como para la propiedad en un momento de levantamiento como el que se experimenta a diario. En este asunto de incitar sentimientos antiestadounidenses, los comerciantes residentes europeos no están exentos de ejercer su influencia silenciosa y constante, ya que los frecuentes cambios de gobierno brindan oportunidades para préstamos exorbitantes y descuentos en los aranceles aduaneros.

No existe una «enmienda Platt» para Santo Domingo. No hay nada que impulse a los nativos a dudar antes de seguir sus impulsos más destructivos y sanguinarios. Usted sabe bien que el buque de guerra del gobierno constitucionalmente establecido bombardeó deliberadamente esta ciudad portuaria indefensa de Macorís con solo dos horas y media de aviso y sin ningún intento de desembarcar fuerzas ni antes ni después del bombardeo; además de que si no se produjeron más daños, se debió únicamente a la mala puntería de la cañonera. Esto no disminuye en absoluto la afrenta cometida contra una comunidad civilizada, y se entiende por los nativos que los representantes de las potencias extranjeras no reprocharon ni reprocharon al gobierno que lo hizo, ni a su sucesor, el provisional. Por el contrario, se sabe que el incidente se consideró a la ligera, ya que los daños fueron leves y no se sacrificaron vidas humanas. Los estadounidenses aquí están convencidos de que usted está familiarizado en gran medida con lo expresado anteriormente, y actualmente están muy preocupados por las perspectivas.

Dos preguntas los confrontan:

1. ¿Merecen los agentes de vanguardia del comercio y la industria estadounidenses en este país una protección personal y patrimonial oportuna, o pierden todo derecho a una protección adecuada cuando invierten su capital en un país cercano, aunque extranjero?

2. ¿Deben sacrificarse primero dichos estadounidenses y sus intereses para garantizar el envío de buques de guerra a estas costas para presentar reclamaciones contra un país en bancarrota en interés de los herederos de los sacrificados y los cesionarios de empresas arruinadas?

El momento actual no es el momento para considerar diplomáticamente si el Gobierno Provisional va a reconocer alguna reclamación pecuniaria y a idear medios para su resolución. Tampoco es el momento de considerar ideas relativas a la adquisición de la Bahía de Samaná por parte del Gobierno de los Estados Unidos para anticipar cualquier designio europeo. La restauración y el mantenimiento inmediatos del orden son la consideración primordial; pues todos los intentos de cobrar reclamaciones extranjeras que aumentan diariamente son infructuosos si no se permite que la industria y el comercio continúen y no se permite que las aduanas (la única fuente de ingresos públicos, así como los impulsos de la contienda política) generen ingresos.

Ahora es el momento de ubicar al menos tres buques de guerra en la costa y anunciar a las facciones contendientes que, aunque no existe la enmienda Platt, ante el primer uso indiscriminado de armas de fuego, el orden será mantenido por la fuerza extranjera hasta que los nativos hayan decidido qué candidato será el Presidente y qué facción controlará el Gobierno, y que, mientras tanto, se debe permitir que las industrias modernas continúen operando y que la vida y la propiedad sean respetadas. Muchos de los nativos líderes que pueden permitírselo se están preparando para abandonar el país, mientras que otros que no están en esas circunstancias confiesan que el país ha llegado a esa etapa en la que «el país es ingobernable».

Sobre usted, señor Ministro, recae una enorme responsabilidad en este momento. Como representante diplomático de los Estados Unidos, muchos de cuyos ciudadanos tienen grandes inversiones de capital aquí, sus familias y empleados estadounidenses, se espera que tome las precauciones necesarias para evitar un derramamiento de sangre innecesario entre los nativos y quizás entre elementos extranjeros.

El presente le es presentado respetuosamente con toda seriedad y respeto. Si alguna expresión puede interpretarse como una falta de respeto u ofensa, esa no ha sido mi intención y le ruego que la pase por alto.

Un peligro muy grave amenaza mis grandes intereses en este país. Si se produce el brote, las plantaciones de azúcar no se podrán cosechar. Si no se cosechan, habrá muchos estadounidenses arruinados, ya que ninguna plantación de azúcar podrá volver a operar con un reclamo contra este Gobierno como su capital de trabajo.

Una vez que se produzca el brote, la llegada de buques de guerra no nos servirá de nada; habremos sido arruinados en la tierra de Mañana por la demora extranjera.

Atentamente,

WM. L. BASS.

Al Honorable WM. F. POWELL, Ministro de los Estados Unidos,

Ciudad de Santo Domingo.

ANEXO B. [Traducción.]

EMBAJADA DE LA REPÚBLICA FRANCESA EN LOS ESTADOS UNIDOS,

Washington, 8 de junio de 1903

Señor SECRETARIO DE ESTADO: Mi Gobierno, habiendo recibido comunicación del acuerdo firmado el 31 de enero pasado en Santo Domingo entre el Gobierno de los Estados Unidos y el de la República Dominicana, con el propósito de someter a arbitraje ciertas cuestiones relativas al pago, por este último país, de una suma en liquidación del reclamo de la San Domingo Improvement Company, de Nueva York, ha tenido que considerar las consecuencias que podrían resultar de dicho acuerdo en relación con los derechos preexistentes de los tenedores franceses de valores dominicanos.

Ellos, junto con los tenedores belgas, de hecho, han concluido con la República Dominicana un convenio, con fecha del 3 de junio de 1901, en virtud del cual los derechos de aduana recaudados en los puertos de Santo Domingo y Macorís se reservan expresamente como garantía del pago de la deuda externa dominicana

El Gobierno dominicano ha enajenado, a favor de los tenedores de bonos franceses, esa parte de sus ingresos, y por lo tanto dicha parte no puede desviarse de su destino original a favor de otros acreedores. Para disipar cualquier malentendido sobre este punto y evitar toda dificultad, he recibido instrucciones de recordar al Gobierno Federal la existencia de un convenio, firmado hace dos años, que sanciona los derechos que tienen los tenedores franceses de valores dominicanos sobre los ingresos aduaneros de los puertos de Santo Domingo y Macorís.

Debo añadir, a efectos prácticos, que, aparte del monto adeudado a los tenedores franceses de los valores dominicanos, existen otras reclamaciones de indemnización, en particular las presentadas por la Compagnie Française des Cables Telégraphiques, por las pérdidas que sufrió a causa de los acontecimientos revolucionarios, especialmente los de 1899-1902, que son tales, tanto por su origen como por su antigüedad, que requieren una pronta resolución. Las partes interesadas han tomado medidas a tal efecto con el Gobierno de la República Dominicana

Me complace aceptar, etc.,

Jusserand

ANEXO C.

Asociación Nacional de Titulares Franceses de Valores Extranjeros,

5 Rue Gaillon.

Comité de Defensa de los Titulares de Bonos Dominicanos.

París, 1 de febrero de 1903.

El cupón que vence en abril de 1902, de la deuda exterior dominicana con sello, está a punto de ser pagado por el Crédito Lyonnais, a razón de 3,85 francos por bono de 20 libras, según el anuncio que se realiza a continuación.

Creemos que será útil dar a los tenedores de bonos algunas explicaciones sobre la demora en este pago y sobre los hechos que han ocurrido desde la aprobación por el Congreso Dominicano del acuerdo concluido en París y Amberes, en el mes de junio de 1901, entre el delegado del Gobierno Dominicano y los representantes de los tenedores de bonos. Cuando ese acuerdo se hizo ejecutable, la Asociación Nacional se encargó del nombramiento del agente francés en Santo Domingo. La importancia de la elección a realizar era aún mayor porque había que organizar un «control» financiero sobre bases completamente nuevas.

A nuestra solicitud, el Ministro de Relaciones Exteriores estuvo dispuesto a autorizar a un funcionario de su Departamento, el Sr. Maurice Charpentier, a aceptar el cargo de delegado de los tenedores franceses, y el Sr. Charpentier, habiendo ejercido sucesivamente las funciones de canciller y vicecónsul en Santo Domingo, estaba bien cualificado para inspirar confianza. Se trasladó a su puesto en Santo Domingo en el mes de abril pasado.

En ese momento, el Gobierno dominicano aún no había realizado ninguna remesa al agente general belga, quien había estado actuando desde el mes de noviembre.

La revolución que derrocó al presidente Jiménez en el mes de mayo, llevando al poder al general Vásquez, fue una razón o un pretexto para que el Gobierno de Santo Domingo retrasara la ejecución de sus compromisos, y fue solo a principios de julio de 1902 que los primeros recibos de los agentes de los tenedores de bonos se depositaron en los bancos de Europa.

Las remesas del Gobierno se realizaron después con extrema lentitud, ya sea debido a los acontecimientos políticos de los que la República Dominicana ha sido escenario y que tuvieron un efecto inmediato en la situación financiera, o debido a las incesantes dificultades que han rodeado a los agentes en la ejecución de su tarea.

Debemos referirnos en particular a un incidente importante cuya resolución aún está en suspenso.

El 21 de junio pasado, el Ministro de Hacienda promulgó un decreto por cuyos términos otorgó a la deuda interna un «apartado», o garantía privilegiada del 5 por ciento, a cobrar sobre el monto de los aranceles en la capital. Esta medida constituyó una violación formal del acuerdo de 19ot, que otorgaba a los tenedores de la deuda externa la totalidad de los aranceles producidos por el puerto de la ciudad de Santo Domingo, con la única reserva de los «apartados» creados antes de que se realizara el acuerdo (art. 2). La Asociación Nacional, de acuerdo con el comité de Amberes, dirigió inmediatamente una protesta conjunta al Gobierno dominicano contra esta violación de sus derechos.

El Gobierno dominicano nos propuso entonces que nos sometiéramos a arbitraje, lo cual rechazamos, creyendo que una infracción tan flagrante de los fundamentos de nuestro contrato no podía dar lugar a ninguna cuestión de interpretación sobre la cual pudiera celebrarse un arbitraje

El ministro tuvo que ceder ante las pruebas y prometió retirar su decreto. En caso de que no se haga con prontitud, de acuerdo con esa promesa cuyo cumplimiento aún esperamos, la Asociación Nacional no dejará de renovar su reclamo solicitando intervención diplomática.

El total de las remesas recibidas por los agentes de los tenedores de bonos desde el 1 de octubre de 1901 hasta el 30 de noviembre de 1902 ascendió a 125.056 dólares, mientras que, según los términos del acuerdo, las remesas deberían haber alcanzado un mínimo de 350.000 dólares (1.800.000 francos) durante ese período de catorce meses.

El 30 de noviembre pasado, en los bancos de Europa, a crédito de la cuenta del cupón de abril de 1902, había una suma de 113.392 dólares, que había producido 573.870 francos Por lo tanto, en ese momento faltaban más de 150.000 francos para que se pudiera iniciar el pago, y se preveían nuevos retrasos. Habiendo el Gobierno dominicano propuesto entonces a los comités transferir al crédito del cupón de abril de 1902 las sumas depositadas en Europa para la compra (reembolso) de los cupones atrasados, digamos, unos 110.000 francos, los comités pensaron, en vista del retraso cada vez mayor en el pago de las remesas, que era en interés de los tenedores de bonos aceptar esa propuesta para acelerar la distribución del cupón; pero se estipuló formalmente que los fondos para la adquisición de los cupones atrasados ​​se obtendrían nuevamente de los primeros ingresos que llegaran después de este pago del cupón.

Hemos estimado que el monto mínimo de las remesas semestrales, según los términos del acuerdo, es de $145,000 (dado que los gastos de la agencia en Santo Domingo están en mora durante medio año), por lo que podemos tomar como base para la distribución una suma de 725,000 francos, que corresponde a $145,000 al tipo de cambio de 5 francos.

Tan pronto como los depósitos en los bancos europeos encargados del servicio de la deuda alcanzaron esta cifra, los comités acordaron con el agente financiero del Gobierno dominicano en Europa y con estos bancos proceder al pago del cupón, cuyo monto, después de deducir los gastos de la operación, se fijó en 3.85 francos.

Las últimas noticias que hemos recibido no nos permiten contar con la regularidad de los pagos por parte del Gobierno dominicano; por lo tanto, los agentes tendrán que redoblar sus esfuerzos para asegurar la ejecución del acuerdo de 1901. Los tenedores de bonos pueden estar seguros de que la Asociación Nacional defenderá sus derechos y apoyará a sus representantes en el cumplimiento de su tarea con todos los medios a su alcance.

Acepte la seguridad de nuestra distinguida consideración.

(Por la Asociación) TONY CHAUVIN,

                                                   Director.

                                 ——————————————————-

AGENCIA FINANCIERA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA EN EUROPA, (Servicio de la Deuda Unificada Exterior – Sellada 1901)

El cupón N.° 16 de los bonos del antiguo préstamo dominicano, del 2 3/4 (4 % diferido), y el cupón N.° 17 del antiguo préstamo dominicano, franco-estadounidense reclamado por los cónsules, serán pagaderos a partir del 9 de febrero de 1903, a razón de 3,85 francos para los bonos de £20  y 19,25 francos para los bonos de £100.

En el Credit Lyonnais, Boulevard des Italiens, París.

En el Crédito Lyonnais, 40 Lombard Street, Londres, E. C.

En el Banque d’Anvers, Amberes.

En el Banque de Paris, et de Pays Bas, Bruselas y Amsterdam.

LUCAS T. GIBBS,

Agente Fiscal del Gobierno Dominicano en Europa.

Destruyó Villa Duarte y fue Condecorado. (Análisis y Réplica).

Introducción:

A propósito de leyendas urbanas y cuentos de camino en la historia dominicana, el título corresponde a una versión recreada de manera libre sobre el bombardeo a Pajarito (Villa Duarte), relativa a un episodio ocurrido en Santo Domingo el 11 de febrero de 1904, que ha sido escrita bajo el título que encabeza este artículo, también copiada en términos idénticos por otro autor y que, en consecuencia, contiene los mismos errores. Otros la han copiado en las redes en los mismos términos y con escasa diferencia, bajo el título: “La Primera Intervención Militar Norteamericana en R. D”, como de su autoría.

Contexto de los hechos:

Apenas un mes y medio después de iniciarse la guerra de La Desunión, durante el Gobierno Provisional de Carlos F. Morales Languasco, ocurrió que disidentes del Gobierno que mantenían sitiada la Capital, el 1 de febrero de 1904 dispararon e hirieron de muerte, mientras caminaba por el muelle, al sargento norteamericano J. G. Johnston, maquinista del buque de Guerra “Yankee” que se encontraba atracado en el puerto. 

Observación: A partir de la firma del «Protocolo de Enero de 1903», suscrito entre el gobierno provisional de Horacio Vásquez y el de Estados Unidos, hubo presencia de buques de guerra norteamericanos en los puertos aduaneros dominicanos amparados en los términos de dicho Acuerdo.

Una semana después de aquel episodio llegaron a Santo Domingo los cruceros USS Columbia (el 8 de febrero), bajo el mando del capitán James M. Miller y el USS Newark comandado por Richard Wainwright (el 10 de febrero). Al día siguiente (11), mientras una lancha despachada por el Columbia custodiaba el buque mercante New York, de la compañía norteamericana Clyde, hacia el muelle por la ría del Ozama, los revolucionarios volvieron a disparar desde el sitio de Pajarito (Villa Duarte) hacia dichas naves, creando un conflicto que, como respuesta inmediata, derivó en un bombardeo combinado de los precitados cruceros sobre el lugar desde donde los rebeldes habían disparado.

Luego del bombardeo los marines norteamericanos desembarcaron y dispararon en Pajarito (no se reportaron víctimas mortales). Luego regresaron a sus buques pocas horas después, mientras que los revolucionarios se habían retirado (a caballo) hacia la Cruz de Mendoza, distante a unos cuatro (4) kilómetros del lugar.

Como veremos, hay autores, exponentes de esa cultura de hacer malabares con algunos episodios de la historia, recreando los hechos a su manera, escribiendo sobre cualquier rumor o artículo ligero que hayan leído, sin hacer las mínimas investigaciones de rigor, como queriendo convertir la historia en leyenda urbana o en cuento de camino. 

Como ejemplo vamos a citar dos artículos escritos sobre el tema “Bombardeo a Pajarito”, que es conocido en inglés en la web como “Santo Domingo Affair”, el primero escrito por José́ C. Novas el 20 de septiembre de 2011 con el titulo: “Destruyó a Villa Duarte y fue condecorado” y, el segundo, escrito por el periodista Santiago Estrella Veloz el 2 de mayo de 2012, aproximadamente ocho meses después, que es similar textualmente al primero en un 80%; y en un 100% respecto a los errores, que señalamos numerados entre paréntesis, con las respectivas observaciones al final del artículo, (ambos artículos se encuentran en las redes).

                                                     La Administración.

A continuación el artículo en cuestión:

“Destruyó Villa Duarte y fue condecorado”.

Martes 20 de septiembre de 2011. Por José C. Novas (El autor es comunicador e historiador. Reside en EEUU.) 

Es un populoso sector de la capital dominicana al Este del río Ozama se denomina Villa Duarte en honor al fundador de la República Juan Pablo Duarte, originalmente le llamaban Pajarito; desde los tiempos coloniales sus colinas fueron testigo de proezas patrióticas o desmanes de los imperios, que con sus lanzas, en ocasiones herían el corazón de la ciudad de Santo Domingo, primada de América. 

Una de esas lamentables acciones ocurrió en el 11 de Febrero de 1904 cuando Villa Duarte fue atacada por el buque de guerra de Estados Unidos «USS Olympia»(1) que penetró la desembocadura del río Ozama y bombardeó varias horas la zona mientras trescientos marines desembarcaron y violaron la soberanía, causando destrucción y decenas de muertos. La razón del ataque fue la muerte del soldado norteamericano J. G. Johnson, que siguiendo órdenes superiores, condujo el remolcador de guerra «USS Yankee» a la ría del Ozama en misión de protección de un barco comercial de su país (2). 

Era entonces Presidente de la República, Carlos Morales Languasco y la capital llevaba dos meses en estado de sitio, debido a las diferencias entre horacistas y jimenistas, después que se unieron para llevarlo el poder, los bolos le exigían al gobernante su cuota en el gobierno (3). El cerco produjo una escasez tal en la capital, que el Presidente Morales solicitó a las fuerzas navales de Estados Unidos intervenir para descargar provisiones a fin de suplir la población (4); los jimenistas atrincherados en Pajarito abrieron fuego contra el «USS Yankee» y mataron al operador Johnson (5). 

La reacción no se hizo esperar, el vicealmirante Charles Sigsbee (6), comandante de la flota naval en aguas dominicanas, ordenó al capitán James V. Miller del «USS Olympia»(7) bombardear sobre Villa Duarte, mientras el «Newark» y el «Columbia» se acercaron a la costa produciéndose el desembarco; los marines atacaron a los rebeldes, que huyeron en estampida, los revoltosos fueron perseguidos hasta el municipio de Guerra (8), donde fue capturado uno de sus comandantes, el general jimenista Nicolás Arias (Manasa) que fue ejecutado en aquel municipio. 

Por estas acciones el vicealmirante Charles Sigsbee fue objeto de grandes reconocimientos por la administración Morales, que lo condecoró y luego fue el invitado de honor a los festejos del día de la Independencia Nacional el 27 de Febrero 1904 (9). Para derramar la copa, el vicealmirante fue llevado a la Catedral Primada a escuchar un responso en honor al prócer Francisco del Rosario Sánchez, cuyos restos fueron traídos desde San Juan de la Maguana y depositados en la Catedral por disposición del gobierno (10). Me imagino como habrían saltado los huesos del héroe dentro de aquella tumba, si los muertos supieran de lo que son capaces los vivos, a nombre del entreguismo y la sumisión.

(Fin del articulo). 

Nuestras observaciones: 

(1) El crucero Olympia no se encontraba en Santo Domingo en esa fecha (11 de febrero de 1904). Los cruceros que participaron en esa acción fueron el USS Columbia, comandado por James M. Miller, que llego el día 8 de febrero al puerto de Santo Domingo; y el USS Newark, que llegó el día 10, comandado por el capitán Richard Wainwright, quien tenía entonces funciones interinas como comandante de la Escuadra del Atlántico Sur, también citada como «Flota del Caribe». Ambos buques habían sido enviados a Santo Domingo para hacer un escarmiento por la muerte del sargento Johnston diez días antes, el 1 de febrero. El USS Newark estaba a cargo del comandante de la referida flota por ser el buque insignia de esa división naval de los Estados Unidos. Aunque el lugar donde se encontraban los rebeldes fue bombardeado por ambos buques y luego hubo disparos de armas livianas, no se reportaron víctimas mortales.

(2) El autor dice que “la razón del ataque fue la muerte del soldado norteamericano J. G. Johnson, que siguiendo órdenes superiores, condujo el remolcador de guerra «USS Yankee» a la ría del Ozama en misión de protección de un barco comercial de su país”. Sin embargo, el sargento norteamericano Johnston, jefe de máquina de la cañonera «USS Yankee», fue herido de muerte por una bala disparada por los mismos rebeldes, desde pajarito, diez días antes mientras caminaba por el muelle el 1 de febrero de 1904. Una lancha con tripulantes del USS Columbia era la unidad naval que el día 11 de febrero navegaba por la ría del Ozama escoltando hacia el muelle al buque mercante New York, cuando los rebeldes les dispararon desde Pajarito provocando la reacción de los cruceros pesados norteamericanos USS Columbia y USS Newark (en la acción no participó la cañonera USS Yankee). El «Informe Wainwright» suscrito por el capitán Richard Wainwright, quien comandaba el USS Newark por ser entonces el comandante (interino) de la Flota del Atlántico Sur, fue el reporte oficial sobre el Conflicto de Santo Domingo (Santo Domingo Affair), el cual fue publicado el 26 de febrero de 1904 por el periódico «Allegancy County Reporter» de Wellsville, New York, como noticia a dos columnas con el título: «Landing Of Marines» (Desembarco de Marinos). El informe Wainwright se encuentra íntegro en este blog (incluida la imagen original del periódico en inglés).

(3) El 11 de febrero de 1904 los bolos (jimenistas) no exigían una cuota de poder al Presidente, desde mediados de diciembre de 1903 se habían levantado en armas contra el gobierno del movimiento de La Unión (presidido provisionalmente por Morales) del que hasta entonces ellos habían formado parte y querían derrocarlo, al enterarse de que los horacistas habían decidido postular a Morales para la Presidencia de la República con miras a las elecciones que habían sido fijadas para los días 16 y 17 del mes de enero de 1904, después de que Juan Isidro Jimenes hubiera anunciado su candidatura. Desde entonces hubo guerra en todo el país y mantenían bajo asedio la ciudad de Santo Domingo.

(4) El Gobierno de Morales no solicitó ayuda a las fuerzas navales de los Estados Unidos, todo lo contrario, en fecha 21 de enero de 1904 el ministro de Relaciones Exteriores dominicano remitió una comunicación al Encargado de Negocios de los Estados Unidos en respuesta a una nota que éste le había enviado (No. 425), en la que informaba que los buques mercantes norteamericanos serían custodiados hacia el puerto por marinos del buque de guerra USS Newport, a lo que dicho ministro respondió que el Gobierno declinaba el ofrecimiento de que militares norteamericanos custodiaran los buques mercantes que se dirigieran por la ría del Ozama hacia el muelle, a la vez que le informaba que el Gobierno disponía de personal para custodiar los buques mercantes que entraran al puerto. Dicha comunicación reposa en el Archivo General de la Nación con la referencia: “AGN. Ministerio de Relaciones Exteriores. Libro No. 54 de 1905. pág. 278”, (Ver Documentos del Gobierno de Carlos F. Morales Languasco, Pag. # 36). Luego, ¿Cómo se explica que tras esa negativa, días después el Gobierno solicitara a las fuerzas navales de Estados Unidos intervenir para que sus buques de guerra custodiaran los mercantes por la ría hacia el puerto? 

(5) El autor sostiene y manifiesta una confusión importante sobre los hechos, cuando dice que “los jimenistas atrincherados en Pajarito abrieron fuego contra el «USS Yankee» y mataron al operador Johnson”, agregando que la reacción inmediata de los buques de guerra norteamericanos no se hizo esperar ordenando el bombardeo, como si la muerte del sargento Johnston, del USS Yankee (1 de febrero) y los disparos hechos por los revolucionarios al mercante New York y a la lancha del USS Columbia, que lo custodiaba (no al USS Yankee), que generaron el bombardeo a Pajarito (11 de febrero), hubieran ocurrido el mismo día.

(6) Para la fecha del incidente (11-02-1904) el contralmirante Charles D. Sigsbee prestaba servicios en Filadelfia donde dirigía los astilleros de “League Island Navy Yard”. Había sido designado en esa posición en julio de 1903, donde sirvió́ durante un año, allí́ fue ascendido al rango de Contralmirante en agosto de ese mismo año. En la ocasión del bombardeo a Pajarito, el Jefe (interino) de la Flota del Caribe y capitán del USS Newark, era el Comodoro Richard Wainwright (ver el “Informe Wainwright sobre el Santo Domingo Affair”). El nombre del Contralmirante Charles Sigsbee aparece en República Dominicana en julio de 1904, luego del fallo del Tribunal Arbitral que se conoce como el «Laudo Arbitral», consecuencia del Protocolo de enero de 1903 suscrito por el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos. 

(7) James M. Miller comandaba el USS Columbia; el USS Olympia no estaba presente en ese escenario. (Ver “El Asunto de Santo Domingo», o «Santo Domingo Affair 1904”).

(8) Los rebeldes (a caballo) no fueron perseguidos por los invasores (a pie) hasta el municipio de Guerra, como tampoco Nicolás Arias (a) Manasa fue fusilado por los norteamericanos en el poblado de Guerra. Manasa no murió en esa fecha, ni en ese lugar. Dicho poblado se encuentra a más de 20 kilómetros de Pajarito y las acciones en tierra, de los norteamericanos, solo se limitaron al bombardeo y desembarco en la ribera del río, en Pajarito. Las acciones tuvieron efecto entre las 3:45 y las 5:30 p.m. y a las 9:00 p.m. los norteamericanos habían regresado a sus respectivas naves. 

Un documento que reposa en el Archivo General de la Nación, con la referencia: “AGN. Ministerio de Relaciones Exteriores. L-147-148 E-3. Telegramas de Los Llanos en 1904”; da cuenta de que el Presidente Morales fue informado, por telegrama, de que el señor Nicolás Arias (a) “Manasa” había sido capturado en San José́ de los Llanos, común de San Pedro de Macorís, y fusilado sumariamente por orden del General Cirilo de los Santos (a) Guayubín, en fecha 25 de marzo de 1904. 

(9) El vicealmirante Charles Sigsbee y Thomas Cleland Dawson fueron designados por el presidente de los Estados Unidos luego de que el Tribunal Arbitral emitiera, el 14 de julio de 1904, la Sentencia conocida como el “Laudo Arbitral”. El primero como comandante de la Flota del Atlántico Sur y el segundo como Ministro Residente en la República Dominicana. El historiógrafo Bernardo Pichardo (contemporáneo de esa época), quien entonces se desempeñaba como ministro de Correos y Telégrafos, refiere en su “Resumen de Historia Patria”, que ambos funcionarios llegaron juntos y que su recibimiento “resultó por demás solemne el doble acto en el cual el funcionario diplomático presentó sus credenciales, por revestir también los caracteres de recepción para el Jefe de la escuadra Norteamericana”. (Pag, 283 del citado tratado de historia).

Luego, ni Thomas C. Dawson, ni Charles D. Sigsbee estaban en la República Dominicana el 11 de febrero de 1904. No se explica cómo Sigsbee pudo ser reconocido y condecorado por el Gobierno de Morales el 27 de febrero de 1904, por haber bombardeado a Pajarito cinco meses antes de llegar a la República Dominicana y, por haber fusilado a Nicolás Arias (a) “Manasa” en el sitio de Guerra (próximo a Santo Domingo) un mes y medio antes de que éste fuera fusilado por el general Cirilo de los Santos (a) «Guayubín» en San José de los Llanos, común de San Pedro de Macorís, distante a más de treinta (30) kilómetros del poblado de Guerra.

(10) El autor del artículo ubica al vicealmirante Sigsbee el 27 de febrero de 1904 en Santo Domingo, donde supuestamente fue condecorado, y dice que “fue llevado a la Catedral Primada a escuchar un responso en honor al prócer Francisco del Rosario Sánchez, cuyos restos fueron traídos desde San Juan de la Maguana y depositados en la Catedral por disposición del gobierno”.

En los tratados de historia conocidos podemos comprobar que los restos del patricio Francisco del Rosario Sánchez fueron exhumados en el cementerio de San Juan de la Maguana y llevados a la Catedral, en Santo Domingo, por disposición del presidente Ignacio María González en el año de 1875.

Santo Domingo, La Cuna de las Revoluciones”. Por Sigmund Krausz (junio de 1904).

Introducción:

El presente artículo es un reportaje escrito en julio de 1904 por el connotado periodista y fotógrafo de la época Sigmund Krausz en la famosa revista «The World Today», en el que narra para el público norteamericano sobre la inestable situación política que vivía la República Dominicana en esos días, y lo difícil que resultaba establecer la realidad de lo que ocurría sobre este tema, debido a que algunos periodistas norteamericanos se valían de enciclopedias y de archivos viejos para hacer sus publicaciones en periódicos, o en revistas de los Estados Unidos sin haber estado nunca en territorio dominicano. En iguales términos se refiere a las fuentes locales que podían opinar o escribir sobre el asunto con certeza, pero que por lo general se trataba de personas interesadas o inclinadas a ciertas corrientes políticas, entre los que se pueden incluir algunos de nuestros historiógrafos que en ocasiones han sesgado sus escritos al narrar los hechos, o los han sacado de contexto, para favorecer algunas tendencias por influencias políticas, y en algunos casos hasta por vínculos familiares, que han perpetuado errores y lagunas en nuestra historia hasta nuestros días. Un ejemplo de este planteamiento es el caso extremo de «La Viña de Naboth», del escritor norteamericano Sumner Welles, que se escribió para exaltar la figura del general Horacio Vásquez, quien es el Naboth de la obra. Para mayor información al respecto el lector puede acceder, en este blog, al artículo “La Viña de Naboth, Sumner Welles y Horacio Vásquez”.

Anexo: Artículo original de los archivos de la Universidad de Michigan.

(Ver en este blog la entrevista hecha al presidente Morales Languasco por Sigmund Krausz en marzo de 1904,, publicada en The New York Times con el título: «Morales el Actual Jefe de la República de Santo Domingo»).

A continuación, el reportaje completo traducido al castellano:

Sería una tarea difícil separar la verdad sobre las condiciones actuales en Santo Domingo de la masa de declaraciones erróneas, exageraciones y falsedades absolutas que han llenado las columnas de periódicos y revistas en los Estados Unidos desde que los últimos disturbios en la infeliz isla han llamado la atención del gobierno y del público estadounidenses una vez más sobre la condición inestable de los asuntos dominicanos y sobre las responsabilidades que implica la defensa de la Doctrina Monroe.

Gran parte del material impreso ha sido aportado por escritores que evidentemente habían recopilado su material de fuentes enciclopédicas y entrevistas con exiliados dominicanos en este país, pero que nunca habían visto la isla. Otros artículos fueron escritos por nativos y estaban matizados según si el autor era partidario de Woss y Gil, Jiménez o Morales. Los informes de Santo Domingo han sido contradictorios y poco fiables, e incluso en las islas vecinas de Puerto Rico y Cuba, el estado real de las cosas solo se puede adivinar. Durante mi última estancia en Puerto Rico, antes de ir a Santo Domingo, intenté extraer algo de verdad de varias entrevistas con hombres que se suponía estaban completamente familiarizados con las condiciones dominicanas, pero esto también resultó ser una tarea difícil. Los hombres entrevistados tenían demasiados intereses comerciales en juego como para expresarse abiertamente, o estaban demasiado influenciados por el partidismo político como para dar una opinión imparcial de las condiciones prevalecientes.

Así, el ex cónsul de Woss y Gil, el señor Félix Matos Bernier, en San Juan, no veía nada prometedor para el futuro de Santo Domingo con la llegada del régimen de Morales. Pensaba que toda la población estaba en contra del jefe del gobierno provisional, quien se había instalado en el poder gracias a sus éxitos militares temporales, y pronosticaba el regreso definitivo al poder del general Jiménez, su predecesor, quien a principios de abril había partido de San Juan hacia Nueva York con la probable intención de reabastecer sus agotados arsenales de armas y municiones. Cuando le llamé la atención al señor Bernier sobre la determinación del gobierno de Estados Unidos de impedir la exportación de material bélico de Estados Unidos a Santo Domingo, pensó que podría obtenerse en otras partes, y que el Tío Sam se beneficiaría más poniéndose del lado de Jiménez que del de Morales. En cuanto al reconocimiento del gobierno de Morales por parte de Estados Unidos, tras la visita del subsecretario de Estado, Francis B. Loomis, a Santo Domingo, el señor Bernier expresó la opinión de que la visita de este último había sido demasiado breve para que su informe fuera de algún valor. En cuanto a la cuestión de la anexión, el pueblo de Santo Domingo, si Estados Unidos llegara a contemplarla, olvidaría toda lucha partidista y se uniría en el esfuerzo de resistir por la fuerza cualquier intento de ese tipo. En este esfuerzo, Bernier estaba seguro de que la república haitiana se uniría, ya que la anexión de la parte oriental de la isla por cualquier gran potencia pondría en peligro su propia independencia.

El señor Miguel S-, un influyente comerciante con intereses en Santo Domingo, se expresó prácticamente de la misma manera, aunque en términos más reservados, mientras que otros hombres, supuestamente igualmente familiarizados con los asuntos dominicanos, tenían opiniones diametralmente opuestas a las de los señores Bernier y S-, y vieron en la llegada de Morales la salvación de la desafortunada isla. Fue sólo después de mi desembarco en San Pedro de Macorís, puerto desde el cual procedí a la Capital, la ciudad de Santo Domingo, que pude, mediante un estudio personal más cercano y la información obtenida de fuentes nativas y extranjeras de todo tipo, desentrañar el laberinto de opiniones y declaraciones contradictorias y acercarme a la condición real de los asuntos políticos, sociales y económicos actuales de la república.

Después de disfrutar, o más bien sufrir, desde 1844, cuando se proclamó formalmente la república, una sucesión de innumerables dictaduras militares, presidencias y gobiernos provisionales, parece que, en la actualidad, las perspectivas de una paz duradera y un gobierno estable son mejores que en cualquier otro momento anterior. Esta favorable situación se ha producido en parte porque los ciudadanos de la república, con la excepción de los perturbadores profesionales que han orquestado las últimas ocho o diez revoluciones desde el asesinato del presidente Heureaux en 1899, están profundamente cansados del continuo estado de inquietud que impide la más mínima posibilidad de desarrollo comercial y agrícola (el crecimiento industrial ni siquiera está a la vista), y en parte porque Estados Unidos ha mostrado, por fin, cierta determinación para detener las condiciones que, al final, estarían destinadas a involucrar a este gobierno en serias dificultades con alguna potencia europea

Un augurio favorable se justifica además por el hecho de que el jefe del actual gobierno provisional, Carlos F. Morales, es un hombre fuerte y patriota que, en una entrevista personal conmigo, expresó su determinación de dar al país la paz duradera que tanto necesita. Su posición se ve muy fortalecida por el reconocimiento de su gobierno por parte de los Estados Unidos; y lo más probable es que Jiménez, Woss y Gil o cualquier otro general que pudiera contemplar una nueva revolución en Santo Domingo, dadas las circunstancias, reconozca la inutilidad de tal esfuerzo antes de embarcarse en una empresa que el Tío Sam no tolerará.

Dadas las circunstancias, Estados Unidos no tiene necesidad de acudir en apoyo del actual y reconocido gobierno dominicano desembarcando infantes de marina en la isla, y el informe de que esto se haya hecho fue una patraña. Toda la evidencia de la interferencia militar estadounidense, si es que puede llamarse así, es la presencia de la cañonera Detroit, que vi anclada pacíficamente frente al puerto de la ciudad de Santo Domingo. Es de esperar que estas condiciones no cambien materialmente y que Morales pueda preservar la paz que se ha comprado con mucho derramamiento de sangre. Esto lo pondría en posición de ejecutar su programa de administrar honesta y económicamente los asuntos financieros de su país para comenzar a satisfacer las demandas más apremiantes de los gobiernos extranjeros con los que está endeudado por sumas que ascienden a 25 millones de dólares. La inauguración de esta política tendería a eliminar las complicaciones que ahora amenazan con afectar la independencia de Santo Domingo e impedir la posibilidad de que Estados Unidos desembarque tropas y se haga cargo de sus aduanas.

Por lo que he visto y aprendido, esta última emergencia seguramente sería seguida por serios problemas, ya que la población de la República Dominicana se inclina a considerar tal método de interferencia como precursor de la anexión. Si bien el gobierno dominicano puede no verlo de la misma manera, ciertamente proporcionaría a líderes ambiciosos e insatisfechos un buen pretexto para iniciar nuevas revoluciones. El Encargado de Negocios, el Sr. Powell, quien expresa su antigüedad en Santo Domingo no por años, sino por una cronología de revoluciones, de las cuales ha visto cinco en el país al que está acreditado y tres en Haití, cree que el gobierno actual está destinado a ser estable y que, de ser necesario un protectorado de los Estados Unidos con un trato similar al de Cuba. Las únicas personas en Santo Domingo que acogerían con satisfacción una anexión a los Estados Unidos son los propietarios de plantaciones y comerciantes exportadores extranjeros, y, tal vez, algunos grandes terratenientes nativos cuyas propiedades ganarían enormemente valor con ello. Pero consideran a Morales un hombre capaz y creen, al menos, en la sinceridad de sus promesas, que, de cumplirse, también tenderían a aumentar materialmente su seguridad y prosperidad.

Nota: *Según los últimos acontecimientos, la paz finalmente se ha logrado con la rendición a Morales de las últimas tropas revolucionarias cerca de Montecristi. Este resultado favorable es el resultado de la mediación, por parte del comandante del Detroit, entre las partes en conflicto. EL EDITOR.

Infinitamente peor que las actuales condiciones políticas de Santo Domingo es el estado social y económico en el que vive su gente, y se necesitarán décadas de buen gobierno para mejorar este triste estado de cosas. El país, uno de los más bellos de las Antillas, ha sido devastado, abandonado y despoblado. Inmensas extensiones de tierra fértil en los interiores están en barbecho, los edificios de las plantaciones se derrumban, de las cosechas solo se obtiene lo absolutamente necesario, e incluso los pueblos, con la excepción de San Pedro de Macorís, que es nuevo, parecen tan ruinosos como si siglos hubieran pasado sobre ellos sin un intento de reparación o limpieza.

En muchos casos, se ha permitido que los puertos de la isla se llenen; los muelles y almacenes se están pudriendo, y donde hace un siglo, o dos, docenas de barcos mercantes ricamente cargados flotaban y descargaban valiosos cargamentos, hoy solo se pueden ver unas pocas goletas viejas tirando de sus anclas.

Viajar por el interior es casi imposible. Solo hay un par de pequeños ferrocarriles; uno bajo control estadounidense de Santiago a Porto Plata, y otro, inglés, de Sánchez a La Vega. Las pocas carreteras que antiguamente atravesaban el país han desaparecido, cubiertas de matorrales y bosques. Durante muchos años, senderos estrechos, transitables solo para animales de silla, han formado las comunicaciones en el interior; el número de ganado y caballos ha ido disminuyendo constantemente, y parece que estos últimos, especialmente, se están volviendo más escasos, ya que los novillos de monta son muy evidentes en los distritos rurales.

En la propia ciudad de Santo Domingo, con la excepción de la plaza, donde se encuentran la antigua catedral y la hermosa estatua de Colón, las huellas de los numerosos bombardeos que ha sufrido la ciudad son visibles en muchas calles, y la capital parece desierta. No hay señales de actividad comercial, y una gran refinería de azúcar en la orilla opuesta del río Ozama, así como una cervecería estadounidense en las afueras de la ciudad, han sido abandonadas. Hay algunas huellas de carros, deformadas y oxidadas, en las calles, pero los carros de caballos que, según una leyenda, una vez pasaron por encima de ellas, han desaparecido, nadie parece saber dónde. El dinero de la república está tan devaluado que un dólar dominicano, del que se dice que contiene trazas de plata, solo se acepta por veinte centavos en moneda estadounidense, que es corriente en toda la isla.

En cuanto a la afirmación de algunos escritores de que la población mestiza de Santo Domingo siente un profundo odio racial contra los blancos, y que los viajeros de raza caucásica están expuestas a insultos y peligros en el interior de la isla, en mi opinión, todas esas afirmaciones son extremadamente exageradas. En mi experiencia, todos los dominicanos con los que he tenido contacto personal han sido sumamente educados y serviciales, y si bien es cierto que esta experiencia se ha limitado casi exclusivamente a una mejor clase de nativos y que mi conocimiento de las condiciones en los distritos rurales se ha obtenido en gran medida de información diversa, puedo afirmar con seguridad que las condiciones de viaje en la isla, aparte de las incomodidades físicas, y en lo que respecta a la seguridad real, no son peores que en cualquiera de las otras islas de las Indias Occidentales. Por otro lado, me han dicho, no solo los residentes extranjeros de la república, sino los propios nativos, que la moralidad de la población deja mucho que desear y que el trabajo misionero en esta dirección podría lograr mucho bien Es bastante común que los dominicanos vivan en concubinato durante años y formen familias antes de recurrir a los sacramentos de la iglesia con el fin de legalizar la descendencia. Tal concubinato, como lo llaman los franceses, no va seguido del ostracismo social ni siquiera de la pérdida de prestigio social.

Un tema delicado de conversación con un dominicano es el vudú, y la reticencia de todas las clases a dar información sobre este punto lleva a creer que hay verdad en las horribles historias sobre la supervivencia del culto fetichista en los distritos más remotos de Santo Domingo que han sido relatadas por escritores recientes. Sin embargo, me inclino a dudar de que el vudú, incluso entre las clases más ignorantes y degradadas de la población rural, adopte alguna vez la forma de sacrificios humanos y canibalismo, como se ha afirmado con frecuencia, aunque no estoy dispuesto a negar absolutamente la posibilidad de tal ocurrencia esporádica cuando el fanatismo religioso entre los degenerados, en ciertas ocasiones, se convierte en un frenesí salvaje.

En cuanto a la población de Santo Domingo, todas las estimaciones con respecto a las cifras se basan simplemente en conjeturas. Nunca se ha realizado un censo oficial por parte de ninguno de los gobiernos, pero no parece haber duda de que no solo no se ha producido ningún aumento en muchos años, sino que el número de habitantes se ha reducido constantemente durante un período de combates que costó muchos hombres. Cualquier estimación entre 300,000 y 600,000 puede ser correcta.

Los medios de comunicación hacia y desde Santo Domingo son, en la actualidad, extremadamente limitados. A menos que se utilicen veleros o vapores tramp, uno depende casi por completo de un solo vapor de la línea Herrera, el Julia, que realiza un viaje de ida y vuelta mensual entre La Habana y San Juan, Puerto Rico. Esta línea de vapores, que tiene un monopolio práctico en lo que respecta a los puertos de Santo Domingo, cobra precios escandalosos por transporte, a cambio del cual los pasajeros tienen el privilegio de comer alimentos remojados en ajo, ser atendidos por mayordomos que apestan a ajo, dormir en literas y caminar sobre cubiertas impregnadas de olor a ajo y ganado.

En vista de la considerable exportación de azúcar de las plantaciones de propiedad extranjera, que todavía asciende a unas cincuenta mil toneladas al año, me parece que el establecimiento de un servicio periódico de vapores de carga con alojamiento para pasajeros entre puertos estadounidenses y dominicanos debería resultar rentable.

Anexo: Copias de las páginas originales del reportaje «The World Today Magazine».

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Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI.

Introducción:

El presente relato está contenido en un reportaje del diario The Yorksville Enquirer, de Carolina del Sur, E.U., publicado el 21 de marzo de 1911, bajo el título: «Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI», con el objetivo de informar sobre las condiciones convulsas en que vivía la República Dominicana en esa época, y de manera específica, de las actividades revolucionarias que realizaba el expresidente Carlos F. Morales Languasco, quien se encontraba exiliado en la isla danesa de Saint Thomas desde 1906, cuando fue derrocado por el mismo gobierno en el poder. En los días de la publicación, el gobierno dominicano presidido por Cáceres se encontraba en su punto más bajo de popularidad en todo su mandato, por varias causas. La Ley de Estampillas que fijaba impuestos a la producción de ron y de alcoholes, que proliferaba en todo el territorio nacional, fue puesta en vigor en julio de 1910. También el Plan de Ajuste sobre las reclamaciones de viejas deudas pendientes con comerciantes y prestamistas, que venían desde la administración de Heureaux, cuyos intereses se vieron mermados significativamente con esta medida del gobierno, sumado a las diferencias que en esos días se habían desbordado entre el gobierno de Cáceres y su primo Horacio Vásquez, al que se sumaban numerosos horacistas inconformes, entre los que se encontraba el fogoso y temerario ex ministro de Guerra y Marina y ex Comandante de Armas de la Capital, general Luís Tejera, quien estaba disgustado con Cáceres porque designó a Alfredo Victoria como jefe del Ejército y no a él, ya que supuestamente, en unos documentos relativos a los planes revolucionarios de Morales, que fueron encontrados cuando éste fue detenido por las autoridades en Puerto Rico, incluía a Tejera entre los participantes. Amén del malestar que hacía poco más de tres años mantenían los pobladores de la región Noroeste por las devastaciones realizadas por Cáceres con la llamada “Pacificación de la Línea Noroeste” que destruyó la ganadería, la agricultura y numerosas viviendas en la región. Tales circunstancias ofrecían el momento más  propicio que podía encontrar Morales Languasco para su expedición revolucionaria, pero no la  pudo llevar a cabo de inmediato por los inconvenientes que afrontó con las autoridades puertorriqueñas, que fueron advertidas de sus propósitos y procedieron a apresarlo, viéndose impedido de realizar la expedición hasta principios de diciembre de 1911, que fracasó en su momento ya que luego de breves combates fueron capturados por la tropas del gobierno.

The Yorkville Enquirer (El Investigador de Yorksville).

21 de marzo de 1911, Carolina del Sur, E.U.

Título: Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI.

Que Santo Domingo esté en una de sus revoluciones periódicas lo indica la actividad del expresidente Carlos F. Morales y sus amigos en el exilio. Un cablegrama informa que Morales se encuentra en Cuba, donde se dice que está ultimando los preparativos para la introducción subrepticia de armas y municiones en Santo Domingo. Sus amigos afirman que está bien provisto de fondos y que su equipo es el mejor que jamás haya estado al mando de un jefe revolucionario de Santo Domingo.Morales llegó a San Juan desde la isla danesa de Saint Thomas en el transatlántico francés Quebec el 4 de diciembre pasado. Se dice que su llegada obedeció a una citación de sus agentes, quienes habían tramitado un préstamo aquí, y su presencia era necesaria para finalizar su negociación. Durante su corta estancia aquí, se afirma que obtuvo de ricos hombres de negocios con intereses en Santo Domingo, promesas de más de 50,000 dólares, y se llevó consigo la mayor parte de esa suma al partir.

Morales no guarda secreto de su misión aquí. Realizó audiencias abiertas para sus amigos y seguidores en el hotel Inglaterra, donde se alojó, y no fue tarea difícil para los emisarios del cónsul general dominicano Medina, seguir sus movimientos. Desde su partida, el cónsul Medina se ha asegurado de que se hayan recibido y remitido más sumas. Se afirma que Morales aseguró a sus seguidores que el gobierno de Estados Unidos está a favor de su regreso al poder y no mostrará ninguna actividad indebida para obstaculizar sus planes, pero se cree que esto lo dijo con miras a aumentar el ánimo de aquellos partidarios suyos que dudaban del éxito. Se dice que un buen yate de vapor forma parte del equipo revolucionario y que un antiguo ex almirante de Santo Domingo asumirá el mando.

Que el gobierno de Santo Domingo da crédito a esta declaración es obvio por el arresto del ex almirante Catrain al intentar salir en secreto de Santo Domingo. Catrain, quien es un hombre prominente en la política de Santo Domingo y un líder famoso, fue almirante de la flota durante el mandato presidencial de Morales. Cuando este último fue depuesto en 1906, Catrain se apoderó de la cañonera Independencia y, uniéndose a los partidarios de Morales en Montecristi, atacó Puerto Plata, Samaná y Sánchez, pero se vio obligado a rendirse tras un breve escarceo. Acompañó a Morales al exilio, donde permaneció hasta que una amnistía le permitió regresar a Santo Domingo. El 16 de enero subió a bordo del buque alemán que estaba en el puerto de la ciudad de Santo Domingo y se dice que se escondió con la intención de escapar del país. Las autoridades de Santo Domingo, que estaban informadas de los movimientos de Morales, habían estado vigilando a Catrain creyendo que era el oficial que Morales pretendía que guiara su yate, lo sacaron del buque y lo pusieron bajo confinamiento.

El gobierno de Santo Domingo es fuerte y está preparado para resistir de manera firme el ataque de Morales, y el ministro de Finanzas, Velásquez, siempre atento se mantiene informado por sus numerosos espías de los movimientos de Morales y sus amigos. Sin embargo, Morales ha elegido un momento propicio para su empresa contra la administración de Cáceres, de la que fue presidente anteriormente, y conoce sus puntos débiles.

Cada gobierno de Santo Domingo gobierna con una minoría. Esto se debe a la naturaleza peculiar de la política del país. Los políticos de Santo Domingo, por regla general, no difieren en cuanto a principios y políticas. No apoyan principios, sino individuos, y su política es invariablemente la misma: ocupar el cargo. Los esfuerzos de quienes están fuera del poder son para llegar al poder, con el único objetivo de obtener puestos lucrativos, independientemente de su idoneidad moral o intelectual, y como los presidentes son puestos en la silla por las fuerzas armadas de sus amigos, se ven obligados a ceder a las demandas de los más poderosos de esos amigos. Naturalmente, no hay suficientes puestos para todos los aspirantes, los desafortunados se desilusionan de inmediato y buscan un líder que satisfaga sus ambiciones. Así una mayoría se reduce rápidamente a una minoría, que solo puede mantenerse a flote con medidas severas.

El gobierno de Cáceres lleva cuatro años en el poder y sus partidarios han caído gradualmente. Aquellos que no han recibido un nombramiento se han enojado; el fracaso de algunos funcionarios para ascender tan alto como deseaban, en detrimento de sus compañeros, los ha vuelto hoscos. Además de esto, el gobierno se ha visto obligado en varias ocasiones a castigar a los funcionarios que han abusado demasiado flagrantemente de su autoridad, y estos se encuentran entre los opositores más virulentos del gobierno. Todos se unen a los enemigos naturales del gobierno (miembros de otros gobiernos caídos que no fueron ejecutados, encarcelados o exiliados) y, junto con los que están en el exilio y en prisión, intrigan y conspiran para derrocar el orden establecido. En circunstancias tan difíciles, la paz, el orden y el cumplimiento de las obligaciones nacionales e internacionales en Santo Domingo han sido asegurados hasta ahora por la indiscutible capacidad y fuerza de Federico Velásquez, ministro de Hacienda y Comercio de la República. El presidente Cáceres se siente más a gusto en el campo de batalla o en las partes agrícolas, a las que actualmente dedica la mayor parte de su atención, que a los asuntos de estado más complejos, y sobre Velásquez confía casi exclusivamente la ardua tarea de guiar a la república a través de sus numerosas dificultades.

Como la mayoría de los líderes fuertes y resueltos en comunidades semi organizadas, Velásquez es cordialmente odiado y temido en todo Santo Domingo, y sus enemigos han hecho grandes esfuerzos para causar una ruptura entre el presidente Cáceres y él, pero Cáceres es muy consciente de que la retirada de Velázquez sería seguida rápidamente por su propia caída, ya que se necesitan cualidades especiales de las que él carece para hacer frente a los espíritus feroces y ambiciosos que lo rodean. Por otro lado, Velásquez mantiene sometidas a las facciones enemigas, frena la ambición codiciosa de los miembros influyentes de su propio partido, se asegura de que se cumplan las obligaciones nacionales y preserva las arcas del estado de su agotamiento.

Sin embargo, hay que decir en justicia de Morales, que el actual programa administrativo de Santo Domingo, que ha funcionado con tanto éxito, fue planeado y ejecutado en parte por él mismo antes de su caída. Fue él quien, al convertirse en presidente, en virtud de la terriblemente complicada situación financiera de la república con sus acreedores nacionales y extranjeros, estableció el Modus Vivendi, precursor de la Convención dominico-americana, que puso el servicio de aduanas bajo el control estadounidense, asegurando así unos ingresos permanentes suficientes no solo para cubrir las necesidades del gobierno, sino también para garantizar y pagar la deuda nacional, y en el momento que fue destituido la Convención dominico-americana ya se estaba tratando. Por lo tanto, la administración actual, en lo que respecta a su política exterior, no se ha desviado del rumbo trazado por Morales. Nunca, hasta que Morales llegó a la presidencia, un presidente se había atrevido a poner impuestos al pueblo más allá del pago de los derechos aduanales, y el terrible Heureaux incluso tembló cuando se sugirió tal plan y se negó a considerarlo. Pero Morales estaba decidido a obligar a su pueblo a seguir los caminos de la civilización y creó el departamento de Rentas Internas, lo que ha supuesto un aumento sustancial de los ingresos del gobierno, y su administración fue estrictamente honesta. Su último medio mes de salario como presidente de la República le fue enviado mientras estaba exiliado en Puerto Rico (ojo) según se afirma, por las mismas personas que lo depusieron, y este es el primer caso de este tipo en la historia de Santo Domingo, que da crédito a la honestidad tanto de Morales como de la administración de Cáceres que le pagó.

En un país cuyo pueblo rápidamente atribuye a sus gobernantes las peores acciones y motivos, ya sean conocidos o supuestos, ni siquiera sus enemigos más acérrimos acusan a Morales de malversar o malgastar el dinero público, y los hombres de mentalidad liberal lo reconocen como un hombre audaz, valiente e inteligente y un gobernante que salvó a la república de la ruina financiera total. Ciertamente fue culpable de muchos errores, pero son errores de gobernantes despóticos, y Santo Domingo nunca ha tolerado un gobierno constitucional. La república no ha alcanzado la etapa de cultura necesaria para aceptar y apoyar un gobierno constitucional liberal solo después de que las masas hayan sido sacadas de la degradación del analfabetismo y aprendan a vivir como un pueblo civilizado.

Ni una quinta parte de la república, con un área de casi 20,000 millas cuadradas, está bajo cultivo. El interior es tan inaccesible al comercio como el centro de áfrica, y esta hermosa y maravillosamente fértil tierra, de todos los lugares el que más amó Colón y la cuna de la civilización americana, ya que la primera universidad del Nuevo Mundo se estableció en Santo Domingo, vive actualmente en el siglo XVI. ¿Es de extrañar, en estas circunstancias, que la pequeña república sea presa de los peores males que azotaron a Europa durante esa época? Santo Domingo, sin duda, necesita un gobernante despótico con la determinación de hacerla progresar, un hombre del tipo de Porfirio Díaz, que haga por ella lo que Díaz ha hecho por México. No se puede suponer si Morales es capaz de hacer eso o no. Su mandato fue demasiado corto para permitir una apreciación a favor o en contra, pero su paso estuvo marcado por un progreso innegable.

Se desconocen los planes de Morales, sean cuales sean, si logra llegar a la presidencia, pero a menos que pueda mejorar materialmente la administración actual no estaría justificado que llevara la guerra civil a su país. Sin embargo, todavía está muy lejos de la silla y el camino hacia ella es accidentado y sangriento. Se dice que juró alcanzarla o perecer en el intento, pero se teme que la actual administración, si se ve llevada al extremo, se valga de la cláusula de la Convención dominico-americana, una cláusula insertada por el propio Morales con miras a su propia seguridad en ese momento, que establece que si el gobierno de Santo Domingo se ve tan amenazado por la guerra que ponga en peligro el cumplimiento de sus compromisos con sus acreedores extranjeros, el presidente puede solicitar apoyo de los Estados Unidos. Si el presidente Cáceres recurre a este expediente y Estados Unidos responde a la petición, no habría esperanza para Morales. Sin embargo, los sabiondos opinan que la administración no lo hará ya que no solo aceleraría su propio derrocamiento, sino que podría involucrar a la república en una guerra con Estados Unidos, ya que los dominicanos probablemente unirían fuerzas contra las tropas estadounidenses como un enemigo común. Esto es difícil de dudar, pues los dominicanos están tan irritados por la proximidad de las fuerzas estadounidenses que, recientemente, cuando la administración prestó la bahía de Samaná para las maniobras de la flota del Atlántico de los Estados Unidos que se llevarían a cabo en marzo próximo. La gente, temiendo una jugada sucia, es decir, que la bahía hubiera sido cedida definitivamente a Estados Unidos, se quejó tan enérgicamente que el gobierno de Santo Domingo se alegró de tener un pretexto para desviar la atención del tema ya que las explicaciones eran inútiles y solo tendían a confirmar la absurda creencia. El pretexto era este: El gobierno dominicano había ordenado que se abriera un camino ancho a través del bosque en territorio dominicano cerca de la frontera con Haití para que la guardia fronteriza pudiera impedir el contrabando de manera efectiva. El territorio por el que discurre la línea ha sido terreno en disputa durante mucho tiempo, tanto Haití como Santo Domingo reclaman su propiedad, aunque éste último está en posesión. Las autoridades haitianas protestaron contra la apertura del camino y en la refriega subsiguiente murió un estadounidense del servicio de aduanas de Santo Domingo. El gobierno dominicano anunció de inmediato que los haitianos estaban a punto de invadir Santo Domingo, envió tropas a la frontera y llamó a todos los ciudadanos a prepararse para el servicio activo. Por supuesto, los haitianos no pretendían nada por el estilo, pero la artimaña no solo distrajo la atención efectiva del pueblo sobre la cuestión de la bahía de Samaná, sino que hizo que muchos de aquellos hasta entonces hostiles a los estadounidenses expresaran la esperanza de que, en caso de ser atacados por las fuerzas haitianas se pudiera obtener ayuda de Estados Unidos para hacer retroceder a los invasores. La administración se anotó un triunfo adicional. Durante algún tiempo se había prohibido la importación de armas y municiones, incluso se habían prohibido las escopetas; sin embargo, había mucha gente que tenía rifles escondidos y los esfuerzos del gobierno por desarmar eficazmente a los civiles habían fracasado.

Esto era una fuente de molestia y peligro para el gobierno, ya que tales armas se podían usar en caso de una revolución. Al convocar a los ciudadanos a prepararse para el servicio activo contra los haitianos, el gobierno les pidió que entregaran las armas para limpiarlas y repararlas. Las armas cayeron fácilmente con la trampa, se apresuraron a entregar sus rifles, ansiosos por conseguir rifles nuevos. El gobierno se rio con picardía para disgusto de los incautos. No entregó armas nuevas ni reparó las viejas. Por tanto, si Morales hiciera un desembarco en Santo Domingo, podría descubrir que necesita más rifles de los que había calculado proporcionar. Mientras tanto, las cosas están cuidadosamente vigiladas y el gobierno ha tomado todas las precauciones para mantenerlo fuera. Sin embargo, si es lo suficientemente inteligente y afortunado como para efectuar un desembarco con un gran suministro de armas y municiones, su acorazado está bien tripulado y equipado, y Estados Unidos no participa en el juego, se cree que las cosas le irán mal al gobierno.

(Boston Transcript).

“Carlos Morales Languasco”- «Estampas de mi Pueblo». Autor: Sebastián Rodríguez Lora.

Introducción.

El doctor Sebastián Rodríguez Lora (Chanito), fue un notable intelectual puertoplateño que nació en 1911 y murió en 2004. Escritor con fina prosa que, en su libro Estampas de mi Pueblo, describió las peculiaridades de no pocos personajes destacados de su ciudad natal. En este espacio incluimos la estampa relativa al expresidente Carlos F. Morales Languasco, a quien describe en sus rasgos personales de un modo magistral, con los colores propios de su estilo, aunque aborda grosso modo pasajes de la historia, de tal manera que exige del lector un conocimiento vasto del tema para tener una buena comprensión. En este sentido hacemos algunas aclaraciones puntuales sobre unos planteamientos históricos que son inexactos.  

A Continuación, el texto íntegro.

Carlos Morales Languasco

«Una placa de bronce traída de París con sus restos mortales, en un modesto mausoleo del cementerio de mi pueblo, marca el sitio donde descansan para siempre, inmóviles los alabes del espíritu, Carlos Felipe Morales Languasco, expresidente y exministro plenipotenciario y enviado extraordinario de la República ante Francia, España, Italia, Suiza y Portugal. Podando el doble nombre de pila –que suena a corredores de casa real- en vida se le llamo escuetamente, con exageración epónima, Morales Languasco.

«Y d’emblee tropezamos con un paradojismo radical de este puertoplateño. Hombre tallado en bloque, sin soldaduras, sustantivo en tercera potencia, llevó engastada en su personalidad unas cualidades epitéticas contradictorias, que son adjetivación substantivada y lo pintan de cuerpo entero. Obstinado, frenético, turbulento, jovial e histórico, duro de piel en la hora del triunfo y de la adversidad, altruista, magnánimo, condecorado con la virtud de sus defectos, cualidades que, valga la coincidencia, se dan siempre en el gran político. Y, sobre todo, lo cual ya es demasiado: fue una cabeza clara, de la cual, apartándose de Gautier, y contra la política paralítica de su tiempo, se saco la convicción –cabo polar de su conciencia- de que hacer una nación dominicana no era una utopía, y que solo era posible hacerla desde y con el Estado como instrumento. Su fórmula ideal era sencilla: trabajo, apoliticidad de fines, pulcra honradez administrativa. Estas tres cosas funcionaron con Morales Languasco como un engranaje biológico.       

«Por de pronto, fue conspirador a nativitate. Debajo de la sotana que le impusieron sus padres como camisa de fuerza se revolvió, cual fiera enjaulada, el conspirador.  Miembro de la bizarra generación puertoplateña del 86, la vestidura talar le sirvió de embozo y armadura para conspirar contra Lilís.  Y con sotana y todo se fue al destierro para seguir conspirando.  Muerto Lilís, volvió al país y se dedicó full time a la política, que era su vocación y su pasión.  Dejó el curato por la curul de diputado.  El país vivía en crisis, en rigor mortis. El albaceato constitucional de Wenceslao Figuereo no funcionó, como funcionó solo precariamente el gobierno provisorio de Horacio Vázquez. Unas elecciones trajeron la “primavera moral” de Juan Isidro Jimenes, con Horacio Vásquez como caballo de troya vicepresidencial, que pronto gobernó espuriamente como secuela del 26 de abril del año dos, hasta que el Cabo Millo y Demetrio Rodríguez le arreglaron cuentas sietemesinas. Morales Languasco está a la expectativa, con la engañosa calma de un jugador de póker. Vino al poder, por carambola, Alejandro Woss y Gil, que no era bolo, y se le confirma la magistratura en unas elecciones que no complacieron ni a los bolos ni a coludos. Morales Languasco cree llegado el momento, y desde la gobernación encabeza en su pueblo la revolución unionista, hecha con los unos y los otros, en extraña simbiosis incompatible. Los amigos lo acusan –con razón- de inclinarse a los enemigos, puro andamiaje, e intentan inútilmente una contrarrevolución. Y por fin llega al poder el titán puertoplateño, pero llega sólo, con un caballo de troya en las entrañas. Esta vez el caballo de troya es Mon Cáceres, su vice, nacido naturalmente para el mando, y que no le perdona a Morales Languasco el pecado original de su bolismo. Y se dio el caso de un presidente que no presidía, a quien los miembros del gabinete no obedecían, y que era de hecho un prisionero de palacio. Entonces Morales Languasco ensayó la obra maestra de prestidigitación de nuestra historia política: fraguó una insurrección contra su propio gobierno, que muere con Demetrio Rodríguez precisamente donde había comenzado la revolución unionista. Con una pierna rota fue apresado en Haina (1), obligado a renunciar y puesto a bordo de un buque de guerra norteamericano que lo llevó al exilio, al Saint Thomas de su ancestro.

«Allí conspira incesantemente -y, cabe agregar, con mala fortuna siempre- El desterrado, apremiado por la falta de recursos, distribuye billetes de nuestra lotería, mientras espera que llegue la hora del “gordo” político. Un día desembarca, “con su habitual desparpajo”, en su pueblo natal, y va directamente a Estancia Nueva a visitar a su antiguo vicepresidente -su caballo de troya- Mon Cáceres, jefe del gobierno. La visita fue breve e infructuosa, Mon Cáceres estaba demasiado ocupado realizando el programa político de Morales Languasco -realizándolo literalmente, punto por punto, que es un asunto en el cual nuestros historiógrafos no han reparado nunca- para interesarse por la suerte del autor de ese programa. Y vuelve al destierro. El año 1909, el del terrible temporal de San Severo, venía como miembro de una expedición para sumarse a un efímero levantamiento hibrido de bolos y coludos recortados. Un mal tiempo arroja el barco a las costas haitianas, y las autoridades expulsan sumariamente a los aventureros (2). El año 1912 organizó otra expedición revolucionaria y desembarcó en El Seybo. Nuestras expediciones han sido siempre crónicas de aborto. Apenas desembarcado es hecho prisionero y se le mantiene en prisión hasta la caída de los Victoria. Es un preso privilegiado, pues la comida le llegaba directamente de la mesa presidencial de Eladio Victoria, uno de los únicos ministros que le fueron leales durante su ejercicio del poder. Poco después, cansado de su estéril odisea, acepta una representación diplomática en Europa.

«Se ha dicho que como político le faltó escrupulosidad. Pero esta virtud casera -en el sentido primario del vocablo- son las chinas que se le meten al político en el zapato y le obligan a andar como en volandas. Y la política, que es el arte supremo de lo concreto, exige pies en tierra y no deja tiempo para ser escrupuloso. Lo que habría que decir es que Morales Languasco tuvo el coraje y la honestidad de suscitar los grandes problemas de la nación, sin contentarse con afrontar solo los que le salían al paso. Y eso es una virtud máxima del político. Así formuló el primer programa completo de reorganización política y administrativa que tuvo el país, y que Mon Cáceres trató de realizar.

«¿Inconsecuente? Así le llama Rufino Martínez, olvidando que para el político que lo sea de verdad los medios son puro andamiaje. El político que pone la proa a un punto cardinal de su albedrío y no cambia nunca el rumbo, y que por lealtad a eso que se llama convicción no es capaz de rectificar una táctica ineficaz y ensayar otras, es poco más que un diletante. Con las hojas de servicios de todos los diletantes que ha habido en nuestra política no se llenaría media página de historia. En cambio, Morales Languasco llena él sólo muchas páginas, y hay muchas más en blanco que le están reservadas para llenarlas cuando su figura de “pura sangre” político sea estudiada y conocida a fondo.

Cuando empezó su vía crucis de gobernante, nuestro genial Pepe Mora, incisivo y delicioso, le aplicó a Morales Languasco una parábola del evangelio criollo: “Carlos -le dijo- a ti te ha pasado como al muchacho de campo que casaron con una muchacha hermosa y rica, y no bien acabó la boda lo mandaron a dormir solo en la cocina”. Es que Morales Languasco quiso de un solo golpe hacer la revolución y anticiparse a la contrarrevolución: lo primero con los guerrilleros a quienes luego repudió y quiso extirpar de raíz, y lo segundo gobernando con enemigos como freno. Fue su gran utopía, una utopía de espíritu magnánimo.

«El sentido del humor, que no le abandonó jamás, fue uno de los ingredientes de su intenso carisma personal. Sabía, como Shakespeare, que la vida es consustancial farsa, y la aprovechó para los fines, muy serios y respetables, de su política. Me contó mi padre que una vez él y un grupo de jóvenes puertoplateños fueron a visitar a Morales Languasco a su casa de familia en la calle El Fuerte, en sus días de gobernador. El visitado estaba tomando un baño de inmersión, largo y moroso, y con su habitual desparpajo los mandó a pasar y los recibió in púribus, sin más indumentaria que su piel de paquidermo político. Y saltando de una cosa en otra, siempre con su habitual desparpajo, les hizo notar la magnitud de sus esferoides genesíacos, preguntándoles si aquello no sería omen de una predestinación presidencial. Debajo de esa anécdota late un profundo conocimiento de los misterios de la política, pues cuentan que Julio César y Mirabeau, incomparables prototipos de político, destacaban por pareja cualidad. Y es prodigioso que una observación tal se le ocurra, en un pueblito de nada, de un país de nada, a un hombre salido de los claustros que no había sido ni espectador en los grandes escenarios políticos del mundo.

«De diplomático, allá en las capitales europeas, entrando y saliendo con su habitual desparpajo, de impecable frac y chistera, en las cancillerías y los palacios de gobierno, siguió probablemente conspirando, solo que sus sueños de conspirador los trenzaba con tenues ovillos de estrellas, mansa y luminosamente utópicos. Como tenía que ser -su carácter gótico, de impulso vertical, desafió siempre la ley gravedad de su destino- fue el primer dominicano que trepó a las nubes en las alas de un avión, como había sobrevolado tantas veces sobre la sórdida incomprensión que amargó sus días en la tierra. Y como era natural, murió fulminado por un ataque apopléjico. Llevaba en el cauce de su alma un torrente fiero e impetuoso que un día forzó las murallas de sus arterias para encontrar la definitiva libertad, el íntimo sí mismo que apenas pudo ser. 

Fin de la Estampa.

Observaciones:

1-Morales no fue capturado en Haina. Llego por sus propios medios a la Legación americana acompañado de Enrique Jimenes, quien lealmente estuvo a su lado luego de que sufriera la fractura de la tibia de su pierna derecha al caer por un barranco a orillas del río Haina. (Ver en este blog “Escapada por la Vida”, en la que el propio Morales narra al periodista E. H. F. Dottin, de la revista Wide World Magazine, al llegar a Puerto Rico, las adversidades que vivió por aquel inconveniente.)

2-Morales salió desde Saint Thomas el día 11 de mayo de 1907 en el buque alemán Ascania, mientras los espías al servicio del gobierno dominicano informaban que él había salido hacia New York en el buque inglés “Trinidad”, de la Quebec Line, así como otras conjeturas de que había salido hacia Puerto Rico en la balandra inglesa “Frame”, o con destino a Islas Turcas. Lo cierto fue que Morales embarcó en el buque alemán “Ascania” con destino a Haití haciendo escala en Puerto Plata, donde las autoridades solicitaron al capitán su entrega, lo que fue denegado. El «Ascania» llegó a Puerto Príncipe, Haití, el 23 de mayo y, al salir del barco Morales fue apresado y reembarcado al día siguiente por el gobierno haitiano en el primer buque a zarpar, que resultó ser el “Príncipe Guillermo II”, holandés, que tenía a New York como destino. El 31 de mayo llegó a New York, donde fue entrevistado por la prensa al día siguiente. (Ver en este blog el reportaje “Morales en apuros” sobre una entrevista publicada por el diario The Evening Star, de Washignton D. C. sobre este tema).

Morales en Apuros. (Morales on the Jump). Entrevista a Morales Languasco en New York el 1/06/1907.

Introducción:

El expresidente Carlos F. Morales Languasco salió el 11 de mayo de 1907 de Saint Thomas, donde vivía exiliado, hacia Haití en el buque alemán «Ascania», con el propósito de entrevistarse con el entonces presidente haitiano Pierre Nord Alexis y de encontrarse con algunos dominicanos adversarios del gobierno, que se habían trasladado a Haití luego de las acciones del gobierno de Cáceres para la pacificación de la Línea Noroeste y del fracaso de la expedición armada, por Luperón, del jimenista Enrique Jimenes. Los servicios de espionaje de Cáceres que daban seguimiento a los pasos de Morales en Saint Thomas, publicaron en un panfleto con pretensiones de periódico llamado “The Bulletín”, que éste había embarcado hacia New York en el buque inglés “Trinidad” de la “Quebec Line”, con el propósito de retirar los fondos depositados por el Servicio de Aduanas de la República Dominicana en el National City Bank de New York, lo que era materialmente imposible, por dos razones: 1- Los fondos no eran depositados por el gobierno dominicano, por lo que ni el mismo gobierno podía retirarlos. Y 2- Los fondos estaban especializados únicamente para el pago de la deuda dominicana a acreedores norteamericanos y europeos, de acuerdo al Modus Vivendi.

En la ocasión el Ascania tenía en su itinerario una escala en Puerto Plata, donde las autoridades trataron apresar a Morales, pero el capitán del buque no accedió a tal solicitud. Luego llegó el 23 de mayo a Puerto Príncipe, Haití, donde fue apresado tan pronto desembarcó por las autoridades haitianas a petición del gobierno dominicano y, al día siguiente fue puesto a bordo del primer buque que zarpara, que resultó ser el “Príncipe Guillermo II”, de bandera holandesa, cuyo destino era la ciudad de New York, a donde llegó el 31 de mayo.

Del Periódico The Evening Star, de Washington D,C, Estados Unidos de América.

-Título del Artículo: “Morales en Apuros” (Morales on the Jump).

-Enlace con la página del periódico “The Evening Star” de Washington D.C. de fecha 1 de junio de 1907 que contiene el artículo original de la entrevista en Nueva York.:

  • Subtítulos:

Un Día en Haití y Luego Embarcado.

Regresa a Saint Thomas.

Expresidente de Santo Domingo ansioso por Encontrarse con su Familia.

No Desea Más Revoluciones.

Hace Algunos Comentarios Sobre el Presidente Roosevelt y sus Políticas.

A continuación, el texto completo de la Nota de Prensa traducido al castellano.

Sábado 1 de junio de 1907.

New York, 1 de junio. El expresidente Carlos F. Morales de Santo Domingo llegó a esta ciudad ayer por la mañana en el vapor Príncipe Guillermo II, procedente de las Indias Occidentales, como visitante involuntario a los Estados Unidos. Exiliado de su país natal, fue deportado de Haití el 24 de mayo en el primer vapor que llegó. Resultó ser el Príncipe Guillermo II, con destino a Nueva York. El expresidente Morales partirá hoy en el vapor Coamo hacia Puerto Rico y espera tomar un vapor allí para establecerse temporalmente en Saint Thomas, en las Indias Occidentales Danesas, donde reside su familia. El Sr. Morales declaró ayer a un periodista en sus habitaciones del Hotel América que había ido a Puerto Príncipe, Haití, únicamente por asuntos privados. Al desembarcar, se le informó que estaba arrestado, ya que Santo Domingo y Haití habían llegado a un acuerdo por el cual Haití no daría asilo a delincuentes políticos en Santo Domingo. Fue escoltado al palacio del gobernador y se le hizo sentir cómodo, aunque protestó por su arresto.

Con Uniformes Llamativos.

«Les dije», dijo el Sr. Morales, «que mejor preferiría ir a un hotel y que serían bienvenidos si ponen un guardia allí para vigilarme, pero no lo hicieron. Fueron muy corteses, es decir, para Haití. Me acompañaron al vapor al día siguiente, no con soldados, sino con generales con uniformes elegantes; en Haití les gustan los uniformes llamativos. Y así estoy aquí, contento de volver a ver Nueva York, pues estuve aquí en 1899 durante varios meses para una operación quirúrgica, pero eso fue antes de que me dedicara a la política. Quiero llegar con mi familia a Saint Thomas lo antes posible, así que zarparé mañana hacia Puerto Rico.

El presidente Morales es un hombre apuesto, que habla inglés con cierta dificultad, pero correctamente, excepto en la pronunciación. Solo tiene cuarenta años. Fue educado íntegramente en su propio país, y su profesión es abogado, aunque tras finalizar sus estudios fue sacerdote durante unos años y luego decidió dedicarse a la política. Se convirtió en diputado, luego en gobernador y luego en presidente provisional, cuando reunió a su alrededor las influencias que expulsaron al presidente Woss y Gil de su cargo en 1903. Posteriormente, tuvo una lucha triangular con Woss y Gil y el expresidente Jimenes, quien también es un exiliado en Puerto Rico, y fue elegido presidente.

Algunas Acusaciones Graves.

Cuando el presidente Morales emitió un decreto de amnistía, muchos de sus enemigos regresaron. De alguna manera misteriosa, se le acusa de haber ejecutado a no menos de 200 de sus antiguos enemigos. Sus amigos niegan que haya sido cómplice de estos asesinatos. Ayer se negó a hablar del asunto. Jimenes pronto inició una revolución contra él, uno de los cientos que Santo Domingo ha tenido que soportar, y encerró a Morales en la capital. Jimenes finalmente triunfó y huyó a Puerto Rico. (Observación: Este relato parece referirse a la guerra de La Desunión).

Tuvo que Escapar.

Todo transcurrió sin contratiempos durante un tiempo y Morales firmó el convenio con este país, mediante el cual Estados Unidos asumió el control de las aduanas y acordó pagar las deudas que Santo Domingo tenía con Bélgica, Francia, Italia y otros países, así como la reclamación de 4.500.000 dólares que tenía la Compañía de Mejoras de Santo Domingo de Nueva Jersey. Entonces el gabinete de Morales se alzó contra él y se vio obligado a huir. Su caballo tropezó, se cayó y se rompió una pierna. Fue llevado a la legación estadounidense, y aunque la ley prohíbe a cualquier presidente dominicano salir del país sin permiso del Congreso, se reconoció que ya se encontraba en suelo estadounidense y se le permitió ir a Puerto Rico. Vivió allí varios meses y luego se fue a Saint Thomas, donde permaneció hasta principios de este mes, cuando cometió el error de ir a Haití, según dice, por asuntos privados. Luego se encontró camino a Nueva York. El Sr. Morales habló abiertamente ayer sobre su país, sus amigos y enemigos, dijo.

Solo Desea Paz.

“Solo deseo paz para mi país. Nunca volveré a iniciar una revolución. Cuando se conceda la amnistía, regresaré con gusto y caminaré humildemente como un ciudadano que ama a su país. No tengo ambiciones políticas. No digo que si mis conciudadanos desean mis servicios en algún cargo municipal o de menor importancia, deba declinarlos. No quiero volver a ser presidente. Mi administración fue un fracaso porque el pueblo no pudo seguir mis planes. Estamos prácticamente en una etapa inicial. Necesitamos paz. Sería un crimen perturbar el país de nuevo con sangre derramada. Si iniciara una revolución, todos los vagabundos se alzarían y me seguirían. Entonces, si ganara, tendría que proporcionarles trabajo y empleo. Estaría peor que antes y mi país también. No, he terminado con las revoluciones y con la lucha por el poder político.

“El presidente Cáceres, quien fue vicepresidente bajo mi mando, está manejando los asuntos con honestidad. De eso no hay duda. Es un soldado valiente. No es un hombre capaz, sino uno que se deja llevar por la corriente. Me sucedió, no porque él mismo estuviera en la conspiración —no digo que lo estuviera—, sino porque resultó ser el siguiente en la fila. Probablemente se presentará como candidato a la reelección en noviembre del año que viene. No sé qué se hará. Tiene mi misma edad.

La Revolución es Inútil.

“El expresidente Jimenes, que está en Puerto Rico, es como el conde de Chambord; cree que debe gobernar por derecho divino. No sé si iniciará una revolución. Es inútil iniciarla. Hay que tener dinero. No se puede conseguir dinero a menos que se controlen las aduanas. Eso no se puede hacer porque Estados Unidos las controla. Estamos bajo la esfera de Estados Unidos, como los planetas lo están bajo el sol. Las revoluciones nos traerán el descontento de este país, y no me es indiferente lo que eso significaría.”

El presidente Morales está especialmente resentido con la Compañía de Mejoras de Santo Domingo (1) y su reclamación de 4.500.000 dólares. “Esa compañía se constituyó en Nueva Jersey hace trece años”, dijo. “Su capital total era de 1.000 dólares.” Se organizó para mejorar las carreteras y desarrollar el país. No ha aportado ni un centavo al país. No entiendo cómo ha acumulado una reclamación de $4,500,000. Nunca nos ha rendido cuentas. Si le debemos dinero, queremos pagar, pero creemos que se nos debería permitir que se resuelva el asunto. (1) San Domingo Improvement Co.

“Este país ha reabierto a asuntos de reclamaciones y laudos con Haití, Venezuela y otros países. ¿Por qué no se ha vuelto a tratar este asunto? Me parece una vergüenza que su intrépido presidente, el Sr. Roosevelt, quien está en contra de los trusts, las malas corporaciones y similares, no permita que esto suceda y se permita ser cómplice de algo injusto. Nunca he conocido al Sr. Roosevelt. Por supuesto que lo admiro, pero me parece que ha cambiado un poco desde que comenzó su mandato actual.”

No es un Emperador.

El presidente Morales se encogió de hombros y continuó: Por supuesto que no es un emperador, y no quiero criticarlo ni a él ni a su país. Pero veo que está intentando imponer al Sr. Taft como su sucesor. Otro encogimiento de hombros. En mi país eso se consideraría una causa, pero no debo hablar de esos asuntos. Yo estaba a favor de que este país se hiciera cargo de nuestras aduanas. No estoy a favor del préstamo propuesto de 20.000.000 de dólares. Estoy de acuerdo con el comité de finanzas de nuestro congreso en que no es prudente. Ahora tenemos más de 2.000.000 de dólares ahorrados aquí en Nueva York. Cuando asumí el cargo, los ingresos de nuestro gobierno eran inferiores a 1.000.000 de dólares al año. Antes de mi destitución, ascendían a casi 3.000.000 de dólares al año. El presidente Woss y Gil, quien me precedió, intentó dirigir el gobierno como un deporte. Le prestó poca atención a la administración. Ahora dirige una fábrica de cigarros en Santiago de Cuba. Quería desarrollar la agricultura y pagar nuestras deudas. Creo que con los $2,000,000 y más que hemos ahorrado, un préstamo de $10,000,000 sería lo adecuado. Entonces tendríamos suficiente para pagarle al menos a Bélgica, y podríamos pagar lo que razonablemente debemos a la Compañía de Mejoras de Santo Domingo. Pero esa empresa huele mal. Como lees en ‘Hamlet’, hay algo turbio en Dinamarca. Tiene una reclamación válida de $4,500,000 contra nosotros. Debe haber tenido una lámpara de Aladino.

No soy Amigo de Jimenes. No; mi País solo quiere Paz.

Solo hay un pequeño disturbio allá abajo ahora; no es importante. No tengo ninguna mala palabra que decir a nadie, ni siquiera a Jimenes. No somos amigos, pero no le guardo rencor. Cuando se le preguntó si no temería por su seguridad personal en caso de regresar bajo amnistía, el presidente Morales respondió:

“No, no tengo miedo. Claro que tengo enemigos personales. Ante cualquiera que me ataque, tendría mi revólver. Quiero regresar y convertirme en un humilde ciudadano. Mis bienes no han sido confiscados. Nuestro país, como dijo una vez John Stuart Mill, es el lugar más hermoso del mundo. Lo amo profundamente. Con paz prosperaremos”. Pero quiero que quede claro: me opongo rotundamente a la anexión con Estados Unidos”. Por supuesto, si este país lo impusiera, estaríamos indefensos. Pero lucharía hasta el último recurso y estaría dispuesto a dar mi vida para evitar la pérdida de nuestra soberanía.

Tratamos a los extranjeros con consideración. Les permitimos poseer bienes raíces. No imponemos impuestos territoriales, aunque con el tiempo eso llegará. Podemos gravar a un agricultor con 20 dólares al año indirectamente, mientras que gravarlo con 1 dólar directamente iniciaría una revolución. Queremos capital extranjero. La mejor manera de conseguirlo es asegurar la paz. Mi país no debe temer que fomente problemas. He terminado.

Quiero Hechos.

Espero que hayamos superado esa etapa infantil y que de ahora en adelante disfrutemos de las bendiciones de la paz y la prosperidad que seguramente seguirán. Confío en las buenas intenciones de este país hacia nosotros y otros países, y creo en su labor en favor de la humanidad. Por eso espero que no nos imponga esa reclamación de 4.500.000 dólares a la Compañía de Mejoras de Santo Domingo hasta que se conozcan todos los hechos. Seguramente el gran Sr. Roosevelt se encargará de que se haga justicia. Así lo espero.

El presidente Morales recibió pocas visitas ayer. Le comunicó al cónsul general Fiallo que le gustaría que lo visitara. El Sr. Fiallo no había llamado hasta anoche. “Es mi amigo personal”, dijo el Sr. Morales, “y puede que se sienta delicado al llamar en vista de mi exilio”. El presidente Morales salió anoche, pero no dejó noticias de adónde iba. Por la tarde insinuó que le gustaría visitar Coney Island.

Fin del artículo.