Introducción:
El presente relato está contenido en un reportaje del diario The Yorksville Enquirer, de Carolina del Sur, E.U., publicado el 21 de marzo de 1911, bajo el título: «Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI», con el objetivo de informar sobre las condiciones convulsas en que vivía la República Dominicana en esa época, y de manera específica, de las actividades revolucionarias que realizaba el expresidente Carlos F. Morales Languasco, quien se encontraba exiliado en la isla danesa de Saint Thomas desde 1906, cuando fue derrocado por el mismo gobierno en el poder. En los días de la publicación, el gobierno dominicano presidido por Cáceres se encontraba en su punto más bajo de popularidad en todo su mandato, por varias causas. La Ley de Estampillas que fijaba impuestos a la producción de ron y de alcoholes, que proliferaba en todo el territorio nacional, fue puesta en vigor en julio de 1910. También el Plan de Ajuste sobre las reclamaciones de viejas deudas pendientes con comerciantes y prestamistas, que venían desde la administración de Heureaux, cuyos intereses se vieron mermados significativamente con esta medida del gobierno, sumado a las diferencias que en esos días se habían desbordado entre el gobierno de Cáceres y su primo Horacio Vásquez, al que se sumaban numerosos horacistas inconformes, entre los que se encontraba el fogoso y temerario ex ministro de Guerra y Marina y ex Comandante de Armas de la Capital, general Luís Tejera, quien estaba disgustado con Cáceres porque designó a Alfredo Victoria como jefe del Ejército y no a él, ya que supuestamente, en unos documentos relativos a los planes revolucionarios de Morales, que fueron encontrados cuando éste fue detenido por las autoridades en Puerto Rico, incluía a Tejera entre los participantes. Amén del malestar que hacía poco más de tres años mantenían los pobladores de la región Noroeste por las devastaciones realizadas por Cáceres con la llamada “Pacificación de la Línea Noroeste” que destruyó la ganadería, la agricultura y numerosas viviendas en la región. Tales circunstancias ofrecían el momento más propicio que podía encontrar Morales Languasco para su expedición revolucionaria, pero no la pudo llevar a cabo de inmediato por los inconvenientes que afrontó con las autoridades puertorriqueñas, que fueron advertidas de sus propósitos y procedieron a apresarlo, viéndose impedido de realizar la expedición hasta principios de diciembre de 1911, que fracasó en su momento ya que luego de breves combates fueron capturados por la tropas del gobierno.
The Yorkville Enquirer (El Investigador de Yorksville).
21 de marzo de 1911, Carolina del Sur, E.U.
Título: Los Problemas de Santo Domingo. Un País Todavía en el Siglo XVI.
Que Santo Domingo esté en una de sus revoluciones periódicas lo indica la actividad del expresidente Carlos F. Morales y sus amigos en el exilio. Un cablegrama informa que Morales se encuentra en Cuba, donde se dice que está ultimando los preparativos para la introducción subrepticia de armas y municiones en Santo Domingo. Sus amigos afirman que está bien provisto de fondos y que su equipo es el mejor que jamás haya estado al mando de un jefe revolucionario de Santo Domingo.Morales llegó a San Juan desde la isla danesa de Saint Thomas en el transatlántico francés Quebec el 4 de diciembre pasado. Se dice que su llegada obedeció a una citación de sus agentes, quienes habían tramitado un préstamo aquí, y su presencia era necesaria para finalizar su negociación. Durante su corta estancia aquí, se afirma que obtuvo de ricos hombres de negocios con intereses en Santo Domingo, promesas de más de 50,000 dólares, y se llevó consigo la mayor parte de esa suma al partir.
Morales no guarda secreto de su misión aquí. Realizó audiencias abiertas para sus amigos y seguidores en el hotel Inglaterra, donde se alojó, y no fue tarea difícil para los emisarios del cónsul general dominicano Medina, seguir sus movimientos. Desde su partida, el cónsul Medina se ha asegurado de que se hayan recibido y remitido más sumas. Se afirma que Morales aseguró a sus seguidores que el gobierno de Estados Unidos está a favor de su regreso al poder y no mostrará ninguna actividad indebida para obstaculizar sus planes, pero se cree que esto lo dijo con miras a aumentar el ánimo de aquellos partidarios suyos que dudaban del éxito. Se dice que un buen yate de vapor forma parte del equipo revolucionario y que un antiguo ex almirante de Santo Domingo asumirá el mando.
Que el gobierno de Santo Domingo da crédito a esta declaración es obvio por el arresto del ex almirante Catrain al intentar salir en secreto de Santo Domingo. Catrain, quien es un hombre prominente en la política de Santo Domingo y un líder famoso, fue almirante de la flota durante el mandato presidencial de Morales. Cuando este último fue depuesto en 1906, Catrain se apoderó de la cañonera Independencia y, uniéndose a los partidarios de Morales en Montecristi, atacó Puerto Plata, Samaná y Sánchez, pero se vio obligado a rendirse tras un breve escarceo. Acompañó a Morales al exilio, donde permaneció hasta que una amnistía le permitió regresar a Santo Domingo. El 16 de enero subió a bordo del buque alemán que estaba en el puerto de la ciudad de Santo Domingo y se dice que se escondió con la intención de escapar del país. Las autoridades de Santo Domingo, que estaban informadas de los movimientos de Morales, habían estado vigilando a Catrain creyendo que era el oficial que Morales pretendía que guiara su yate, lo sacaron del buque y lo pusieron bajo confinamiento.
El gobierno de Santo Domingo es fuerte y está preparado para resistir de manera firme el ataque de Morales, y el ministro de Finanzas, Velásquez, siempre atento se mantiene informado por sus numerosos espías de los movimientos de Morales y sus amigos. Sin embargo, Morales ha elegido un momento propicio para su empresa contra la administración de Cáceres, de la que fue presidente anteriormente, y conoce sus puntos débiles.
Cada gobierno de Santo Domingo gobierna con una minoría. Esto se debe a la naturaleza peculiar de la política del país. Los políticos de Santo Domingo, por regla general, no difieren en cuanto a principios y políticas. No apoyan principios, sino individuos, y su política es invariablemente la misma: ocupar el cargo. Los esfuerzos de quienes están fuera del poder son para llegar al poder, con el único objetivo de obtener puestos lucrativos, independientemente de su idoneidad moral o intelectual, y como los presidentes son puestos en la silla por las fuerzas armadas de sus amigos, se ven obligados a ceder a las demandas de los más poderosos de esos amigos. Naturalmente, no hay suficientes puestos para todos los aspirantes, los desafortunados se desilusionan de inmediato y buscan un líder que satisfaga sus ambiciones. Así una mayoría se reduce rápidamente a una minoría, que solo puede mantenerse a flote con medidas severas.
El gobierno de Cáceres lleva cuatro años en el poder y sus partidarios han caído gradualmente. Aquellos que no han recibido un nombramiento se han enojado; el fracaso de algunos funcionarios para ascender tan alto como deseaban, en detrimento de sus compañeros, los ha vuelto hoscos. Además de esto, el gobierno se ha visto obligado en varias ocasiones a castigar a los funcionarios que han abusado demasiado flagrantemente de su autoridad, y estos se encuentran entre los opositores más virulentos del gobierno. Todos se unen a los enemigos naturales del gobierno (miembros de otros gobiernos caídos que no fueron ejecutados, encarcelados o exiliados) y, junto con los que están en el exilio y en prisión, intrigan y conspiran para derrocar el orden establecido. En circunstancias tan difíciles, la paz, el orden y el cumplimiento de las obligaciones nacionales e internacionales en Santo Domingo han sido asegurados hasta ahora por la indiscutible capacidad y fuerza de Federico Velásquez, ministro de Hacienda y Comercio de la República. El presidente Cáceres se siente más a gusto en el campo de batalla o en las partes agrícolas, a las que actualmente dedica la mayor parte de su atención, que a los asuntos de estado más complejos, y sobre Velásquez confía casi exclusivamente la ardua tarea de guiar a la república a través de sus numerosas dificultades.
Como la mayoría de los líderes fuertes y resueltos en comunidades semi organizadas, Velásquez es cordialmente odiado y temido en todo Santo Domingo, y sus enemigos han hecho grandes esfuerzos para causar una ruptura entre el presidente Cáceres y él, pero Cáceres es muy consciente de que la retirada de Velázquez sería seguida rápidamente por su propia caída, ya que se necesitan cualidades especiales de las que él carece para hacer frente a los espíritus feroces y ambiciosos que lo rodean. Por otro lado, Velásquez mantiene sometidas a las facciones enemigas, frena la ambición codiciosa de los miembros influyentes de su propio partido, se asegura de que se cumplan las obligaciones nacionales y preserva las arcas del estado de su agotamiento.
Sin embargo, hay que decir en justicia de Morales, que el actual programa administrativo de Santo Domingo, que ha funcionado con tanto éxito, fue planeado y ejecutado en parte por él mismo antes de su caída. Fue él quien, al convertirse en presidente, en virtud de la terriblemente complicada situación financiera de la república con sus acreedores nacionales y extranjeros, estableció el Modus Vivendi, precursor de la Convención dominico-americana, que puso el servicio de aduanas bajo el control estadounidense, asegurando así unos ingresos permanentes suficientes no solo para cubrir las necesidades del gobierno, sino también para garantizar y pagar la deuda nacional, y en el momento que fue destituido la Convención dominico-americana ya se estaba tratando. Por lo tanto, la administración actual, en lo que respecta a su política exterior, no se ha desviado del rumbo trazado por Morales. Nunca, hasta que Morales llegó a la presidencia, un presidente se había atrevido a poner impuestos al pueblo más allá del pago de los derechos aduanales, y el terrible Heureaux incluso tembló cuando se sugirió tal plan y se negó a considerarlo. Pero Morales estaba decidido a obligar a su pueblo a seguir los caminos de la civilización y creó el departamento de Rentas Internas, lo que ha supuesto un aumento sustancial de los ingresos del gobierno, y su administración fue estrictamente honesta. Su último medio mes de salario como presidente de la República le fue enviado mientras estaba exiliado en Puerto Rico (ojo) según se afirma, por las mismas personas que lo depusieron, y este es el primer caso de este tipo en la historia de Santo Domingo, que da crédito a la honestidad tanto de Morales como de la administración de Cáceres que le pagó.
En un país cuyo pueblo rápidamente atribuye a sus gobernantes las peores acciones y motivos, ya sean conocidos o supuestos, ni siquiera sus enemigos más acérrimos acusan a Morales de malversar o malgastar el dinero público, y los hombres de mentalidad liberal lo reconocen como un hombre audaz, valiente e inteligente y un gobernante que salvó a la república de la ruina financiera total. Ciertamente fue culpable de muchos errores, pero son errores de gobernantes despóticos, y Santo Domingo nunca ha tolerado un gobierno constitucional. La república no ha alcanzado la etapa de cultura necesaria para aceptar y apoyar un gobierno constitucional liberal solo después de que las masas hayan sido sacadas de la degradación del analfabetismo y aprendan a vivir como un pueblo civilizado.
Ni una quinta parte de la república, con un área de casi 20,000 millas cuadradas, está bajo cultivo. El interior es tan inaccesible al comercio como el centro de áfrica, y esta hermosa y maravillosamente fértil tierra, de todos los lugares el que más amó Colón y la cuna de la civilización americana, ya que la primera universidad del Nuevo Mundo se estableció en Santo Domingo, vive actualmente en el siglo XVI. ¿Es de extrañar, en estas circunstancias, que la pequeña república sea presa de los peores males que azotaron a Europa durante esa época? Santo Domingo, sin duda, necesita un gobernante despótico con la determinación de hacerla progresar, un hombre del tipo de Porfirio Díaz, que haga por ella lo que Díaz ha hecho por México. No se puede suponer si Morales es capaz de hacer eso o no. Su mandato fue demasiado corto para permitir una apreciación a favor o en contra, pero su paso estuvo marcado por un progreso innegable.
Se desconocen los planes de Morales, sean cuales sean, si logra llegar a la presidencia, pero a menos que pueda mejorar materialmente la administración actual no estaría justificado que llevara la guerra civil a su país. Sin embargo, todavía está muy lejos de la silla y el camino hacia ella es accidentado y sangriento. Se dice que juró alcanzarla o perecer en el intento, pero se teme que la actual administración, si se ve llevada al extremo, se valga de la cláusula de la Convención dominico-americana, una cláusula insertada por el propio Morales con miras a su propia seguridad en ese momento, que establece que si el gobierno de Santo Domingo se ve tan amenazado por la guerra que ponga en peligro el cumplimiento de sus compromisos con sus acreedores extranjeros, el presidente puede solicitar apoyo de los Estados Unidos. Si el presidente Cáceres recurre a este expediente y Estados Unidos responde a la petición, no habría esperanza para Morales. Sin embargo, los sabiondos opinan que la administración no lo hará ya que no solo aceleraría su propio derrocamiento, sino que podría involucrar a la república en una guerra con Estados Unidos, ya que los dominicanos probablemente unirían fuerzas contra las tropas estadounidenses como un enemigo común. Esto es difícil de dudar, pues los dominicanos están tan irritados por la proximidad de las fuerzas estadounidenses que, recientemente, cuando la administración prestó la bahía de Samaná para las maniobras de la flota del Atlántico de los Estados Unidos que se llevarían a cabo en marzo próximo. La gente, temiendo una jugada sucia, es decir, que la bahía hubiera sido cedida definitivamente a Estados Unidos, se quejó tan enérgicamente que el gobierno de Santo Domingo se alegró de tener un pretexto para desviar la atención del tema ya que las explicaciones eran inútiles y solo tendían a confirmar la absurda creencia. El pretexto era este: El gobierno dominicano había ordenado que se abriera un camino ancho a través del bosque en territorio dominicano cerca de la frontera con Haití para que la guardia fronteriza pudiera impedir el contrabando de manera efectiva. El territorio por el que discurre la línea ha sido terreno en disputa durante mucho tiempo, tanto Haití como Santo Domingo reclaman su propiedad, aunque éste último está en posesión. Las autoridades haitianas protestaron contra la apertura del camino y en la refriega subsiguiente murió un estadounidense del servicio de aduanas de Santo Domingo. El gobierno dominicano anunció de inmediato que los haitianos estaban a punto de invadir Santo Domingo, envió tropas a la frontera y llamó a todos los ciudadanos a prepararse para el servicio activo. Por supuesto, los haitianos no pretendían nada por el estilo, pero la artimaña no solo distrajo la atención efectiva del pueblo sobre la cuestión de la bahía de Samaná, sino que hizo que muchos de aquellos hasta entonces hostiles a los estadounidenses expresaran la esperanza de que, en caso de ser atacados por las fuerzas haitianas se pudiera obtener ayuda de Estados Unidos para hacer retroceder a los invasores. La administración se anotó un triunfo adicional. Durante algún tiempo se había prohibido la importación de armas y municiones, incluso se habían prohibido las escopetas; sin embargo, había mucha gente que tenía rifles escondidos y los esfuerzos del gobierno por desarmar eficazmente a los civiles habían fracasado.
Esto era una fuente de molestia y peligro para el gobierno, ya que tales armas se podían usar en caso de una revolución. Al convocar a los ciudadanos a prepararse para el servicio activo contra los haitianos, el gobierno les pidió que entregaran las armas para limpiarlas y repararlas. Las armas cayeron fácilmente con la trampa, se apresuraron a entregar sus rifles, ansiosos por conseguir rifles nuevos. El gobierno se rio con picardía para disgusto de los incautos. No entregó armas nuevas ni reparó las viejas. Por tanto, si Morales hiciera un desembarco en Santo Domingo, podría descubrir que necesita más rifles de los que había calculado proporcionar. Mientras tanto, las cosas están cuidadosamente vigiladas y el gobierno ha tomado todas las precauciones para mantenerlo fuera. Sin embargo, si es lo suficientemente inteligente y afortunado como para efectuar un desembarco con un gran suministro de armas y municiones, su acorazado está bien tripulado y equipado, y Estados Unidos no participa en el juego, se cree que las cosas le irán mal al gobierno.
(Boston Transcript).