El presente discurso, del Presidente Morales Languasco, correspondió a la rendición de cuentas del Gobierno ante el Congreso de la República el 27 de febrero de 1905. El tema palpitante, en ese momento, era la agobiante deuda pública que tenía la Nación con acreedores extranjeros que no aceptaban seguir postergando su pago. El Laudo Arbitral dictado en julio de 1904, consecuencia del Protocolo de enero de 1903 que firmó el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos, para el pago de las acreencias de la compañía San Domingo Improvement, generaron una Convención que acordaba el pago de toda la deuda externa que, antes de ser aprobada por los congresos de ambos países, hubo que poner en vigor el 1 de marzo de 1905, lo que se conoce como el Modus Vivendi, debido a presiones de algunas potencias europeas que amenazaban con tomar las aduanas dominicanas para cobrarse las deudas pendientes de la República con sus connacionales. A continuación el discurso:
PRESIDENTE MORALES LANGUASCO
DISCURSO ASAMBLEA-CONGRESO 1905
CIUDADANOS DIPUTADOS:
Iniciáis vuestra labor legislativa al amparo de la paz cimentada en el imperio efectivo de la ley, y por ello me congratulo con vosotros, saludando alborozado esta asamblea, llamada a contribuir, con sus luces y patriotismo, a la solución de los arduos problemas que pesan sobre la república.
Me ha tocado, Honorables Representantes del pueblo, presidir los destinos del país en los momentos más graves y solemnes de su Historia; pero en medio de las ruinas con que han señalado su paso las discordias civiles, no ha desmayado mi fe en el porvenir de la Patria, que aspiro á ver engrandecida siempre por el dominio absoluto de su soberanía, por la práctica de las instituciones y por la eficacia de un régimen político que se inspire en la majestad de la ley, y no en la divisa personalista de caducas banderías.
Para dar cumplido término a esos propósitos; para constituir sobre base inquebrantable, el Gobierno civil del pueblo y para el pueblo, es ya indispensable la organización de partidos verdaderamente doctrinarios; que sean institución complementaria del Estado, y que, por el debate y no por el encumbramiento de los hombres, lleven a las alturas del Poder las corrientes de la opinión nacional; de forma que el prestigio de los Gobiernos se vincule, no en las personalidades que lo constituyen, sino en las doctrinas que ya en lo político, ora en lo económico, realicen los hombres a quienes el voto popular ha confiado la dirección de la cosa pública.
Junto a las huestes disciplinadas de los partidos doctrinarios, y como su órgano legítimo y natural, la inviolabilidad de la prensa, para la cuál, Ciudadanos Diputados, os pido la abrogación de la Ley de Imprenta de fecha 3 de junio de 1899.
La prensa no debe tener trabas. La prensa, Honorables Representantes del pueblo, debe ser libre como el pensamiento. Hora es ya de que se consagren sus fueros eminentes, poniéndola hoy y para siempre, al abrigo de toda tendencia arbitraria, y no consintiendo jamás que se le opongan otros valladares que los que determina el derecho común, como garantía de orden social.
Yo pido para mi Gobierno la intervención eficaz y severa de la prensa. Tengo para mí que la oposición razonada y doctrinaria es la base más firme en que descansa la democracia representativa. Si el periodismo se inspira en elevados móviles de bien público, seré el primero en inclinarme ante él; si, por desgracia encausa sus rumbos por vías descaminadas, llevará en sus extravíos el merecido anatema. Pero el Poder Público debe dejarle la mayor latitud y rodearle de toda suerte de garantías. El error, por más que se prodigue en formas de seductor artificio, se desvanece al cabo; y solo queda en pié la verdad, despojada de pasiones miserables, como base única para edificar el juicio de los contemporáneos y la sanción suprema de la Historia.
Habré de insistir siempre en la organización de esas dos fuerzas: la de los partidos políticos y de la inviolabilidad de la prensa, como factores ambos de la democracia representativa y de la mayor suma de bienestar posible para la sociedad.
Es obra de construcción y no de continuación la del actual momento.
El carácter nacional tan fecundo en todo linaje de virtudes, no debe permanecer aferrado al rutinarismo político, tributario siempre de las ideas del pasado.
De mí sé afirmar y del Gobierno que tengo la honra de presidir, que nuestra mayor gloria y nuestra más legítima y vehemente aspiración será ver implantadas en nuestro medio social las saludables reformas que, en otros países, han contribuido en el desenvolvimiento de su prosperidad y de su progreso.
Nuestra labor en el ejercicio gubernativo de que vengo á rendiros cuenta, ha sido más bien de preparación, de acopio, de energía, de estudio (parte no se lee bien pág. # 5). Y no podría ser de otra suerte. Apenas si hemos tenido tiempo para fijar los rumbos de la Administración, iniciando un plan de Gobierno fecundo por la eficacia de sus resultados.
INTERIOR Y POLICÍA.
La paz reina inquebrantable en todo el país. No es, como en pasados tiempos, el resultado de una imposición arbitraria, sino el efecto natural y espontáneo del respeto á todos los derechos y de la consagración práctica de las garantías constitucionales.
Un movimiento insurreccional que estalló en el mes de Octubre último en el Distrito de Barahona, no revistió más carácter que el de mera alteración local del orden, acogiéndose sus jefes a las garantías ofrecidas por el Gobierno, deseoso de restablecer siempre el imperio de la paz, sin necesidad de acudir á medidas extremas, antes bien empeñado en sumar voluntades por la persuasión que inclinados á castigar con inflexible severidad á los que, obcecados por la pasión o por el error, se lanzan torpemente a la revuelta.
Un elevado ejemplo de respeto á la ley y de alta moralidad pública ha sido el del actual Gobierno, en lo que respecta á la responsabilidad de los funcionarios dependientes del Poder Ejecutivo. Sindicados algunos Jefes Comunales de haber cometidos actos contrarios á la ley, no vaciló en suspenderlos en sus funciones, mientras se investigaban los hechos, dando con ello el más elocuente testimonio de su respeto á los sagrados fueros de la ciudadanía.
En la Memoria presentada por el subsecretario de Estado, en funciones, veréis las reformas apuntadas por ese Departamento, y sobre las cuales llamo poderosamente vuestra atención ciudadanos diputados.
Una de las necesidades más urgentes, y a las que es forzoso atender cuanto antes, es la que se refiere á la salubridad pública, procurando con medidas adecuadas, obtener la más rigurosa higiene, a fin de ayudar eficazmente las favorables condiciones del medio, de modo que, así como en lo intelectual, tengamos siempre en lo físico un pueblo sano y vigoroso.
Otro punto, de capital importancia, es el que se refiere á la creación de la Guardia Rural. Esta institución, organizada eficazmente, habrá de ser el más firme apoyo de la paz pública y el paso más avanzado en la realización del Gobierno Civil.
RELACIONES EXTERIORES.
Ardua labor la de la Cancillería Dominicana en lo que se refiere á la solución de los múltiples problemas que han absorbido, por completo, la atención de ese Despacho. Ha sido, puede decirse, de persistente lucha, en el afán patriótico de librar á la República de graves complicaciones internacionales de naciones que reclaman incesantemente sus intereses y procurando mantener con las demás Naciones los vínculos de la más estrecha cordialidad.
El Laudo Arbitral, en el caso de la República Dominicana con la Improvement Company y sus consortes, mereció á nuestro Gobierno las más fundadas impugnaciones ante la Cancillería de Washington. El Gobierno que presido juzgó que los árbitros no se habían mantenido dentro de los límites del mandato, y como su capacidad se derivaba fundamentalmente de éste, al excederse del poder conferido caía la sentencia en uno de los casos excepcionales previstos, en materia de arbitraje, por el Derecho Público Exterior. Empeñose eficazmente en ello, y mientras encaminaba sus gestiones en tal sentido, fue celebrada la Convención de fecha 20 de Enero último, ampliada con el acta adicional de fecha 7 del corriente mes.
Esta Convención y la mencionada acta adicional, son la consecuencia inmediata, por una parte, de los errores administrativos cometidos por Gobiernos anteriores, y de la necesidad urgente de atender á perentorios reclamos ejercitados por acreedores extranjeros.
Es llegado el momento de declarar solemnemente ante vosotros, Honorables Representantes del Pueblo, y desde este augusto recinto, ante la faz del país, que soy y seré en toda circunstancia, el más celoso guardián de la Independencia Nacional; y que no habrá medio alguno que haga vacilar mi entereza cuando se trate de la integridad del territorio y de la autonomía política de la República.
El Convenio es obra de la necesidad, y el modo de llegar a un acuerdo que ponga al país en capacidad de resolver el problema de su Deuda.
Al someterlo a vuestra alta aprobación confío en que vuestro patriotismo, ahondado en el cúmulo de circunstancias que han traído la República a su actual estado, sabrá inspirarse en la realidad del medio ambiente. Sólo es fecundo el patriotismo que se desenvuelve en obras de utilidad práctica, y no el que, so color de lisonjear á las multitudes, precipita a la República á graves, inevitables conflictos. El valor cívico no consiste en provocar acontecimientos, sino en rectificar el pasado a fuerza de virtudes, de cordura y de persistente dedicación á hacer inviolable la nacionalidad por el prestigio de su crédito y por el desarrollo de su vida de civilización y de cultura.
Os lo repito, Ciudadanos Diputados; en la hora grave, en la hora solemne de la República, estaré en mi puesto, manteniendo, sin mancilla, el pundonor nacional.
El Gobierno ha tenido especial empeño en cultivar con esmero las más cordiales relaciones de amistad con las demás Naciones.
Tanto la República de los Estados Unidos de América, como la República de Cuba, han elevado a la categoría de Ministro Residente la primera, y de Encargado de Negocios la segunda, sus respectivas representaciones, y ello nos muestra el deseo de estrechar ambos Estados con el nuestro, cada día más los vínculos existentes de mutua cordialidad.
Es anhelo vehemente del Poder Ejecutivo abrir á nuestra juventud ilustrada los horizontes de la carrera diplomática y consular, a fin de que el país, con tan meritoria representación en el exterior, consolide los lazos que le unen á las naciones amigas, y merced á la expansión de las ideas, sea realmente conocido en todos los órganos de su vida interna.
Deseoso el Gobierno de conservar siempre la más estrecha harmonía entre el Poder Secular y la Santa Sede, ha recibido con profundo beneplácito la elección recaída en Monseñor Nouel, varón lleno de doctrina y de virtudes, como Co-adjutor del dignísimo Arzobispo de Santo Domingo, el sabio mitrado Monseñor de Meriño, que ha sabido mantener, con el esplendor de la fé, el depósito venerado de las creencias del pueblo Dominicano.
HACIENDA Y COMERCIO.
El problema vital de la República es el problema económico. Toda la vida del Estado se concentra en él. Los expedientes á que, en materia fiscal, han pagado tributo casi nuestros Gobiernos todos, han sido la causa fundamental del estado en que se halla la Hacienda Pública. No han podido llevar á cabo casi nunca un plan verdaderamente científico, sino que se han concentrado en el statu quo, y en vez de ir directamente á una solución radical, han buscado no más los medios de conjurar una situación conflictiva de momento.
Lo primero que hizo el Gobierno que presido fue darse cuenta exacta de los compromisos que pesan sobre la República y hacer un reflexivo estudio de sus ingresos y egresos a fin de establecer su acertada distribución, y acomodarse a una Ley de Presupuesto de acuerdo con las condiciones precarias del Tesoro Nacional.
La cifra á que asciende la Deuda de la República es de $ 33,000,000 de pesos oro, más o menos.
No es un guarismo abrumador si se compara con el de otras Naciones, y sobre todo si se tiene en cuenta que en nuestro país todo está por hacer, y que la producción base de la riqueza pública, no ha recibido aún el impulso vigoroso que hay menester. Urge, pues, ayudar á ésta con leyes sabias y bienhechoras adecuadas á nuestro medio social y cónsonas con los más avanzados principios económicos. Los pueblos productores son los que mayor grado de prosperidad alcanzan, y nosotros hemos sido favorecidos por la naturaleza, con un suelo exuberante, pródigo de todo tipo de riquezas. Del seno de ellas habremos de sacar nuestra redención económica y la ventura y grandeza de la Patria.
En la Memoria presentada por el Ciudadano Ministro, hallaréis, Honorables Representantes, los detalles de la ardua labor realizada en esos Despachos, encaminada á restaurar el crédito de la República en el exterior por medio de medidas inspiradas en el más elevado patriotismo y en el alto espíritu de moral administrativa que preside al manejo de las rentas nacionales. Fijaos en este dato que nos releva de todo encomio: de Julio del pasado año a la fecha que alcanzamos, la República ha pagado esta enorme suma, dentro, desde luego, de su capacitad rentística: poco menos de medio millón de pesos.
JUSTICIA E INSTRUCCIÓN PÚBLICA.
Desconsolador es el cuadro que presenta el Ciudadano Ministro al reseñar la labor Judicial efectuada durante su ejercicio. Las causas remontan á la época de la creación de la República. Desde entonces, por lo mismo que no permanecieron al frente del Poder los hombres del derecho, los fundadores de la nacionalidad, comenzaron los efectos de un malestar grande y hondo.
La función ejecutiva la ejercieron los afortunados en los campos de la guerra, los que nunca creyeron en la consolidación de la República.
De ahí que el Ministerio augusto de la Justicia no se viera rodeado de aquel prestigio tan indispensable para llenar la altísima misión social que le estaba encomendada. De ahí que en la sucesión de los días hayan ido tomando raigambre viciosas prácticas que el actual Ministro, con honradez plausible, además de señalarlas pone empeño en desterrarlas.
No es hoy el Ministerio de Justicia una oficina consagrada a escribir comunicaciones a funcionarios del orden judicial sin un propósito trascendente, sino colaborador tesonero en la obra de reformas que se propone el actual Gobierno.
Podéis estudiar en esta voluminosa meditada Memoria los orígenes del mal que el patriotismo reflexivo advirtió en todos los momentos de nuestra tormentosa historia.
No como ensayo, no por espíritu de una pueril satisfacción, sino como el logro de un ideal perseguido cuando el Poder Ejecutivo se ha encontrado con capacidad suficiente para ello, o en condiciones para llamar la atención a otras de las funciones de poder, castigó severamente a los que delinquieron, o pidió la aplicación de la ley para cuantos la merecieron.
Lamentable es á todas luces la desorganización que se nota en este importante ramo de la administración. Raros son los Tribunales que cumplen con toda cabalidad la función social a la que están obligados. A las veces no es por falta de idoneidad en los encargados de administrar justicia. No. Obedece ello a innúmeras concausas, atribuibles las unas, al medio; las otras, á la falta de concurso de los demás poderes.
Esta Memoria no se ha ceñido á meros detalles de lo hecho, sino que entra de lleno á indicar lo que se debe hacer. Cuatro proyectos de capital importancia se os someterán y sobre los cuales llamo vuestra cuidadosa atención. Refiérense dichos proyectos de Decreto á dejar establecido, una vez que transcurran los plazos legales para las declaraciones de nacimiento, prescritas en el Artículo 55 del Código Civil, sea necesaria una sentencia para poder inscribirlas, el uno; á extender la sanción del Artículo 346 del Código Penal á los padres y jefes de la casa donde tenga efecto el alumbramiento, el otro; y los demás á la reglamentación de las condiciones en que se concederá la autorización de que trata el Artículo13 del Código Civil para la fijación del domicilio, y determinar, finalmente, un plazo fatal de dos años á los postulantes para la presentación de examen recapitulatorio ante el Instituto Profesional.
La Instrucción Pública no ha podido escapar á las consecuencias del estado de anarquía que abarcó todos los órganos de la vida nacional.
Gobiernos inescrupulosos y Municipios sin aptitudes bastantes para dar cima, ó siquiera para ver de reorganizar la Instrucción, poco ó nada hicieron en tal sentido.
Y la obra de los Billini y de los Hostos, y de otros más modestos cultores de la inteligencia, por falta de calor, de estímulos generosos, y de eficaz ayuda, á punto estuvo de que desapareciera. Sin embargo, del Instituto Nacional, todos los años escolares salen profesionales que darán (dos o tres palabras ilegibles) establecimientos docentes contribuyen á propagar la cultura, ensanchando sus programas, y acercándose cada vez más á los procedimientos pedagógicos que han hecho de los Estados Unidos, de Suiza y de casi todos los países del Norte los mejores preparados, y por tanto, los más aptos para la civilización.
Apunta el Ciudadano Ministro algunas reformas, entre otras, la modificación de la actual Ley General de Estudios, por exigirlo así la perentoria necesidad de crear un nuevo órgano que dé mayor impulso á la Instrucción Pública en la República.
FOMENTO Y OBRAS PÚBLICAS.
Si es cierto que se han llevado a cabo algunas obras de utilidad regional y nacional, la Memoria circunstanciada del Ministro del ramo, dice de lo deficiente de lo deficiente de las mismas. Lo exiguo de las cantidades presupuestadas para esas obras, no podía responder al interés patriótico que movió al Poder Ejecutivo á iniciarlas. A raíz de la terminación (no se lee bien) de la República el Gobierno Provisional que precedió inmediatamente al que viene hoy á rendir cuenta de su gestión, pensó en dotar al Cuerpo Legislador de un local adecuado á los fines de su alta representación; y el Poder Judicial y nuestro primer Instituto docente, ocuparán edificios compatibles con sus elevadas misiones respectivas en una sociedad que aspira á organizarse convenientemente.
Los informes producidos por la mayoría de los Inspectores Generales de Agricultura, demuestran patente y claramente que se hace indispensable votar una suma que sirva para realizar obras con un plan rigurosamente científico. Esos mismos informes revelan que sólo abriendo caminos ó mejorando los que existen, los productos de nuestra agricultura, que adquiere cada día mayor crecimiento, encontrarán vías fáciles para su transporte o conducción.
Toca otro punto de vital interés nacional la Memoria en referencia, y consiste en recientes acuerdos del Poder Ejecutivo al declarar la caducidad de varias concesiones por incumplimiento de sus cláusulas en el plazo prescrito, y, además, con el propósito de evitar que se haga objeto de especulación lo que, de otro modo, proporcionaría al Estado ventajas incalculables, rechazó muchas solicitudes, poniendo así coto á pretensiones inaceptables.
Empero, y no obstante la dedicación del Secretario de Estado, en este Departamento, no ha sido posible llevar á término la creación de una Escuela Agronómica en la que se formaran los agricultores de lo porvenir, ni una Escuela de Artes y Oficios, ya establecidas en todos los países que se preocupan por el adelanto positivo de sus habitantes; ni el Gobierno se ha encontrado en aptitud de prestar todo su concurso á la iniciativa individual, tan necesaria en pueblos que carecen del espíritu corporativo, ni nada, por último, que se aparte de la rutina tradicional.
GUERRA Y MARINA.
Con el fuerte anhelo de los que ven en los institutos Armados la mejor y más segura garantía de la integridad del territorio, el ciudadano Ministro de Guerra y Marina, militar de ejecutorias probadas, pundonoroso y leal, después de dar cuenta del desastroso estado de nuestro Ejército que en dos años de cruenta lucha estuvo siempre arma al hombro, indica reformas inspiradas en la ciencia militar contemporánea.
Identificado con el poder Ejecutivo, encamina sus propósitos al de éste, que consiste, Honorables Representantes, á sólo conservar sendos batallones en las dos plazas fuertes de la República: la Capital y Puerto Plata; pero busca como sus demás compañeros de Gabinete que la ley de conscripción no sea como hasta ahora un instrumento utilizable por algunas autoridades inferiores para ejercitar venganzas, ó para cometer peculado, o, por último, para no aplicarla con estricta equidad y justicia. Aboga el Ciudadano Ministro, por la creación de una ley orgánica del Ejército; porque la instrucción del soldado sea efectiva; porque la disciplina la adquiera el militar no por temor al castigo ni por subordinación servil al superior, sino por convencimiento de que es un centinela de las instituciones y el más obligado á defender los fueros de la nacionalidad.
Aunque por razones comprensibles nuestra Armada, que ha prestado servicios eminentes en días muy recientes, no ha podido aumentarse, el Poder Ejecutivo, haciendo sacrificios, destinó una suma relativamente considerable para el arreglo completo del Crucero “Independencia”. De hoy en adelante la República contará con un buque de inmejorables condiciones para cualesquiera contingencias que pudiesen sobrevenir.
CORREOS Y TELÉGRAFOS.
En los pueblos de intensa vida comercial, allí donde la riqueza toma vuelos asombrosos, la institución de Correos es mirada por el Estado con solícito interés. El cambio de la correspondencia, indica, de modo cierto, la prosperidad de una nación. Y la República, no obstante el estado convulsionario, consecuencia de sucesivas revoluciones, en que ha vivido en estos últimos años, ha demostrado que á favor de una paz estable hubiera alcanzado duplicar sus fuentes de riqueza.
Copiosa, rica de datos, es la Memoria que presenta el Ciudadano Ministro del ramo. Con la cooperación inteligente del Administrador General de Correos, ha podido introducirse notables mejoras en ese servicio. Y tanto en lo que hace relación al servicio interior como el que se refiere al internacional, se ha llegado á este resultado: el correo de la República responde á las necesidades del público.
No es posible decir otro tanto respecto al servicio de telégrafos. La misma Memoria pone de manifiesto las causas del deplorable estado de las líneas. Aprovechóse el desorden, corolario indispensable de las luchas civiles, para lo que lo que costara tantos sacrificios se destruyera en un solo día.
Vosotros veréis en la Memoria que se os somete, lo que se ha hecho en el sentido de aumentar lo que gobiernos que gozaron de una mayor tranquilidad, iniciaron para el bien de la República. Veréis allí también los esfuerzos que con singular energía ha intentado el Ciudadano Ministro y el patriótico celo con que en presencia de reclamaciones injustificadas, defendió los sagrados intereses de la patria.
Tales son las cuestiones que comprenden las Memorias de los que han venido compartiendo conmigo la difícil función ejecutiva. Iniciativas, orientaciones, cuanto á cada uno de los Secretarios de Estado correspondió plantear en el Gabinete, encontró en mí un sostenedor infatigable, un verdadero coadyuvador de su propósito y pensamiento-
En toda circunstancia me ceñí al precepto constitucional y jamás fui obstáculo al implantamiento de una reforma saludable, o a la elaboración, ó á la elaboración de un proyecto merecedor de vuestra aprobación.
CONCLUSIÓN.
Habéis escuchado toda la verdad del estado político, social y económico en que encontré el país al asumir la dirección de sus destinos. Nunca, he de insistir en ello, experimenté desmayos, ni mis energías se quebrantaron. Tuve siempre fé en su resurrección, porque siempre vi en el pueblo de Febrero y Agosto, patriotismo sobrancero para persuadirse de que sólo en la práctica de las virtudes cívicas y con el empeño de acrecentar la obra de nuestros progenitores se lograría le redención de la República. Pero ésta tendrá éxito completo cuando todos nos convenzamos de que urge abandonar el empirismo en todas las manifestaciones de nuestra vida pública, y sean una realidad nacional cuantas reformas se efectúen de acuerdo con nuestro medio, á fin de que no resulten meros fenómenos galvánicos.
La República requiere nacionalizarse, esto es que al Gobierno de la misma concurran cuantas capacidades, cuantas fuerzas vivas é influyentes ella exija para su cabal desenvolvimiento. Desde todas las esferas de la actividad social, como desde las de la actividad política, el pueblo dominicano debe contribuir al esplendor de la patria.
¡Todo está por hacerse, Honorables Representantes! Mas ello no se obtiene dictando leyes desde el periódico oficial, las más de las veces inadecuadas al propósito que las inspirara, sino que sean resultante de las necesidades imperiosamente exigidas por la Comunidad Nacional. La misma legislación civil que rige actualmente en la República – creada para otro pueblo de civilización y de cultura superiores – no respondió cuando su localización á nuestra entonces embrionaria sociabilidad.
De ahí que exista en mí la firme creencia de que con excepción de aquellos dos grandes movimientos nacionales que dieron por resultado la Independencia y la Restauración, nada se ha realizado en la República que demuestre una profunda transformación en nuestras costumbres político-sociales.
Hoy me alienta la esperanza de que merced á un reflexivo estudio a nuestra procelosa historia, todos los organismos que integran el Gobierno del País se hallan en aptitud de emprender reformas reclamadas por la ya más estrecha vida de relaciones que sostiene la República con los demás países del Orbe, y por esa otra ley que impulsa á los pueblos á no quedarse rezagados en el ascensional camino del progreso y de la civilización.
Frente á los fracasos, debe surgir el alto pensamiento de una reforma de conducta. Frente al desastre es necesario oponer la resistente voluntad. Frente al pesimismo ha de aparecer la fé confortadora.
El Gobierno que presido, he de repetirlo, que busca su apoyo en la opinión bien encaminada y patrioticamente dirigida, anhela reformas esenciales en nuestra vida orgánica. Sin perder de vista el grado de cultura alcanzado, la República requiere una Constitución que responda á las finalidades de un Estado moderno; que sus cánones no los dicte solamente el interés político; que á semejanza de los Estados Unidos de América, sólo reciba enmiendas, á medida que aumenta la población, ó que los intereses de todo orden se ensanchen ó dilaten.
Los Ayuntamientos, que son arterias complementarias del Estado, como organismo vivo de la Común, ya que sus funciones son esencialmente populares, deben gozar de la más absoluta descentralización; por que acaso son ellos los que más contribuyen á las grandezas de las Naciones.
La acción tutelar del Estado no se limita exclusivamente a conservar el Orden Público y á imponer la paz; más trascendental su misión, va á las entrañas mismas del País para obtener estos inapreciables bienes; buscar hasta conseguir la mejor forma de tributación y adecuadamente distribuirla; fomentar por todos los medios la instrucción pública, base primordial de los pueblos libres; ayudar a la agricultura, que nunca tuvo las necesarias garantías para su desarrollo; dictar medidas sobre saneamiento de las ciudades, a fin de que la mortalidad no tenga las pavorosas proporciones de que dan cuenta nuestras incompletas estadísticas; sustituir, ya que nuestras relaciones son de completa cordialidad con los demás pueblos, el Ejército con policías que en campos y ciudades contribuyan al mantenimiento del orden y sean apoyo eficaz de los que trabajan, y solamente conservar aquellas indispensables fuerzas de mar y tierra compatibles con nuestros escasos recursos; y, por último dictar leyes generales que sean valladar insuperable á los monopolios, definitivamente condenados por la ciencia.
Con las reformas señaladas y con la instauración de nuevas leyes, se conseguirá el fin supremo de la democracia representativa: la República por todos y para todos.
¡Honorables Representantes!
La comodidad del silencio sirvió muchas veces para ocultar las dolencias nacionales. Los hombres que están hoy al frente de la República no podían sin hacer traición á honradísimas convicciones, dejar de decir cuál es nuestra verdadera situación. Entiendo que es así como se cumple el deber de los mandatarios.
Concluyo, Honorables Representantes del Pueblo, pidiendo al Supremo Hacedor que os inspire en vuestras graves deliberaciones.
MORALES L.
Santo Domingo: Febrero de 1905.
Carlos Danilo Morales Miller (Email: carlosdanilomorales@gmail.com)