Imperialismo Informal Militarizado – Dominación Económica.

Introducción.

Nos complace presentar en este espacio, a nuestros lectores, un segmento del estudio magistral “sobre el papel que juegan las grandes potencias en la construcción del orden político internacional” realizado por el catedrático argentino de la Universidad de Buenos Aires, Luciano Anzelini, que trata sobre Imperialismo Informal Militarizado en la República Dominicana, presentado como tesis de grado para optar por el doctorado, publicado en teseopress.com. En adición al contenido, bien estructurado y fundamentado con referencias de renombrados autores de este trabajo, nos permitimos agregar algunas observaciones o acotaciones puntuales, como es habitual en los artículos publicados en esta página, cuyo propósito es edificar al lector de la manera más amplia posible, analizando y poniendo en contexto la narrativa en torno a los hechos históricos relacionados con el expresidente dominicano Carlos F. Morales Languasco, que es nuestro objetivo fundamental.

Carlos Danilo Morales Miller Administrador

 Título: Imperialismo Informal Militarizado

Autor: Dr. Luciano Anzelini.

Capítulo: La Dominación Económica.

Sección: Control Financiero (3.1.)                                                                             

El endeudamiento externo constituye uno de los indicadores a través de los cuales se puede dimensionar la jerarquía económica que rige la relación entre un actor imperial y uno periférico. La subordinación financiera es, en efecto, una subdimensión de la dependencia económica y el endeudamiento externo representa uno de los elementos más importantes para medirla. En las páginas que siguen se describe la situación financiera que llevó a una relación de imperialismo informal entre los Estados Unidos y la República Dominicana. En ese marco general, el endeudamiento externo con Washington se verifica como un dato insoslayable de la realidad dominicana de principios del siglo XX. La materialización del carácter imperial informal del vínculo se concretó con el desplazamiento de los acreedores de origen europeo. La ausencia de rivalidad interimperial –rasgo distintivo del imperialismo informal– se fue consolidando a medida que la deuda externa dominicana se concentró en los Estados Unidos.

Como se ha descrito en el capítulo anterior, la historia de sometimiento de la República Dominicana tiene antecedentes que exceden el periodo de estudio de este trabajo. En lo que hace a la deuda externa, el antecedente que suelen tomar los historiadores es el denominado empréstito con la Hartmont & Co. de Londres en 1869. Suele ser sindicado como el origen de una larga historia de endeudamiento que, con breves excepciones, se ha mantenido hasta el presente.

3.1.1. Antecedentes:

Tras algunos intentos por ceder el territorio de la República Dominicana a los Estados Unidos (Herrera 2009: 33-37), el gobierno de Buenaventura Báez concertó en 1869 un préstamo de 420.000 libras esterlinas (dos millones de dólares) con la empresa Hartmont & Co. de Londres. Los intentos de Báez por obtener empréstitos tanto en los Estados Unidos como en Europa se habían iniciado a través de Abraham Jesurum, director de la casa bancaria homónima en Curazao. Jesurum no logró concretar la operación, pero su asociado Adolphe Mendes (encargado de negocios dominicano en Francia) pudo contactar a Edward Hartmont, con quien se inició lo que César Herrera describió como “la más colosal estafa de que ha sido víctima el Estado dominicano” (Herrera 2009: 33). El “empréstito Hartmont” implicaba que el gobierno se obligaba a reembolsar 1.472.500 libras esterlinas y que se comprometía a saldar la deuda en un plazo de 25 años a un interés del 6 por ciento anual (*). Como garantía, Báez hipotecó las recaudaciones aduaneras y ciertos bienes nacionales, entre ellos las minas carboníferas y los bosques de la península de Samaná. El préstamo ofrece un primer indicio de lo que posteriormente sería la materialización del imperialismo informal estadounidense. A pesar de la conocida orientación pronorteamericana de Báez, la noticia de la operación generó recelos en Washington. En el entorno del presidente Ulysses Grant se interpretó el artículo 9° del contrato –que abría las puertas a una eventual ocupación europea del territorio dominicano– como un avance sobre la doctrina Monroe (de la Rosa 1969: 34).

El affaire Hartmont anticipó, por un lado, el papel que desempeñarían los “colaboradores periféricos” en el imperialismo informal. El empréstito mostró a gobernantes completamente condescendientes con el capital extranjero y convencidos de que la República Dominicana no tenía destino si no ataba su derrotero al de una potencia imperial. El segundo dato relevante es que exhibió una reacción estadounidense –expresada por el rechazo de Grant a la cláusula que abría la puerta a una eventual anexión territorial europea de Santo Domingo– que buscaba despejar cualquier rivalidad inter imperial. El lapso de 40 años que separa a Hartmont de la primera década del siglo XX es el periodo en el que Washington desplazó todo desafío a su predominio económico en la República Dominicana. Fue la etapa de consolidación del imperialismo informal bajo la modalidad de “libre comercio”.

(*) El empréstito Hartmont fue una completa estafa. Suscrito por la suma de 420,00 libras esterlinas, de las que serían deducidas 100,000 libras que Hartmont & Co. recibiría, por concepto de comisión, como compensación por desembolsos y riesgos. De manera que el Gobierno dominicano sólo recibiría 320,000 libras esterlinas. En cambio, la República Dominicana tendría que devolver, en un plazo de 25 años, la cantidad de 1,472,500 libras esterlinas”. De las 320,000 libras a desembolsar, Hartmont & Co. entregaría al firmar el empréstito, la suma inicial de 50,000 libras y el resto en cuotas durante los ocho meses subsiguientes. Pero el Gobierno dominicano recibió, como único desembolso las 50,000 libras esterlinas iniciales, porque las cuotas mensuales restantes nunca se efectuaron. Ref.: La Moneda, la Banca y las Finanzas en la República Dominicana; Julio C. Estrella, 122. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

Ulises Heureaux siguió el mismo camino de Báez en materia de endeudamiento externo (Cruz Sánchez 2014: 13-14). Con el peso de Hartmont sobre sus espaldas, envió a su socio Eugenio Generoso de Marchena a gestionar un empréstito a Europa, que finalmente se concretó en julio de 1888 con la Casa Westendorp & Co. de Amsterdam. El monto ascendía a 770.000 libras esterlinas al 6 por ciento de interés anual y un plazo de pago de 30 años. Un porcentaje se destinaría a saldar parte de la deuda del empréstito Hartmont. Como producto del acuerdo, Heureaux hipotecó hasta el 30 por ciento de los ingresos aduaneros. Por su parte, la Westendorp designó agentes fiscales en Santo Domingo encargados de hacer las retenciones y de entregar a los funcionarios locales los montos correspondientes. El esquema de control financiero de la Westendorp se sofisticó con la creación de la Caja General de Recaudación (La Régie) como órgano responsable de administrar los fondos (de la Rosa 1969: 40; Moya Pons 1977: 402-403).

Una segunda operación con la Westendorp fue aprobada por el Congreso en septiembre de 1890. El monto ascendía a 900.000 libras esterlinas, al 6 por ciento anual y pagadero en 50 años (Franco Pichardo 2007: 149). Las crónicas coinciden en que nunca se supo a ciencia cierta cuánto dinero recibió el gobierno. De lo que no caben dudas es del incumplimiento en cuanto al objetivo del préstamo: la construcción del ferrocarril Puerto Plata-Santiago, tarea que debió ser afrontada a través de la suscripción de nuevos empréstitos (de la Rosa 1969: 41). La espiral consistente en consolidar deudas y tomar nuevos préstamos adquiría los rasgos de un fenómeno estructural.

En 1892 una compañía estadounidense, la Santo Domingo Improvement Company, adquirió las acreencias de la Westendorp. Ello ocurrió cuando los conflictos entre la financiera holandesa y el gobierno dominicano habían llegado a un punto de tensión tal que la compañía se negó a conceder un nuevo préstamo a Heureaux (Cruz Sánchez 2014: 14). La Westendorp informó a sus clientes en Europa del incumplimiento del gobierno dominicano, que a esa altura ya había hecho uso de un porcentaje de las rentas aduaneras que excedía lo convenido en los empréstitos de 1888 y 1890 (de la Rosa 1969: 90-91; Herrera 2009: 80). El desembarco de la Improvement representó un punto de inflexión. Los negociadores norteamericanos convencieron a Heureaux, quien en un exceso de condescendencia periférica garantizó el manejo de las aduanas locales a los funcionarios estadounidenses (de la Rosa 1969: 92). Para ello, Heureaux se garantizó que una comisión de “abogados notables” respaldara la legalidad del traspaso efectuado por los banqueros holandeses al consorcio estadounidense (Herrera 2009: 85-86). Con el desplazamiento de la Westendorp quedó concretado finalmente el control económico de Washington sobre Santo Domingo, lo que redujo notoriamente las posibilidades de disputas interimperiales (de la Rosa 1969; Moya Pons 1977: 408: 89; 92).

(*) En principio Heureaux estuvo reacio a aceptar la transacción entre la San Domingo Improvement Co. y la Westendorp, pero accedió luego de entrevistarse con directivos de la primera y obtener un nuevo empréstito por valor de US$1,250,000. El Acuerdo se firmó el 28 de enero de 1893. Ref.: La Moneda, La Banca y Las Finanzas en la República Dominicana, Julio C. Estrella:131. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El desplazamiento de los intereses europeos de la República Dominicana quedó de manifiesto en un conflicto que enfrentó a Heureaux con el gobierno de Francia. Los intereses galos –de este origen habían sido los principales accionistas de la Westendorp y las primeras inversiones en líneas telegráficas y cable submarinos– sufrieron un enorme revés con el affaire del Banco Nacional de Santo Domingo. Se trataba de una institución muy importante, que se había creado en julio de 1889 tras una gestión de Eugenio Generoso de Marchena, quien facilitó una concesión del gobierno dominicano a la entidad financiera Credit Mobilier. Con un capital inicial de dos millones de dólares, el banco había funcionado con relativa eficiencia entre 1889 y 1893 (de la Rosa 1969: 78; Cruz Sánchez 2014: 16-17). Sin embargo, las crecientes diferencias entre Heureaux y su ex socio de Marchena –resultado de sus miradas divergentes respecto de las potencias a las que debía atar su destino la República Dominicana– llevaron a la crisis de la entidad financiera, la que se vio afectada por la decisión de Heureaux de otorgar toda clase de ventajas a los capitales norteamericanos. A pesar de la resistencia presentada por de Marchena –quien era gerente del Banco Nacional–, la historia culminó con la bancarrota de la entidad, la ruptura de relaciones diplomáticas con Francia el avance cada vez más sostenido de los intereses estadounidenses y el apresamiento –y posterior fusilamiento– de de Marchena (de la Rosa 1969: 89; Cruz Sánchez 2014: 17-18). Antonio de la Rosa recuerda que “las relaciones diplomáticas entre los dos países fueron reanudadas poco después; pero el banco francés de Santo Domingo no tardó en desaparecer. Fue reemplazado por un banco americano” (de la Rosa 1969: 89). En efecto, Heureaux inició las gestiones para conseguir un arreglo con los accionistas franceses del Credit Mobilier, dueños del Banco Nacional. En esas tratativas, actuando en tándem con los funcionarios dominicanos, intervino Charles M. Wells, presidente de la sociedad The Improvement & Finance Co., subsidiaria de la Santo Domingo Improvement Company. En septiembre de 1895 el diferendo se zanjó como correspondía a los nuevos tiempos que corrían en la República Dominicana: renunció en París el Consejo Directivo del Banco y en su lugar asumió una nueva junta, encabezada por Wells. Los capitales estadounidenses habían ganado la partida.

Luego del affaire del Banco Nacional, una sucesión de operaciones de la Santo Domingo Improvement Company durante el gobierno de Heureaux resultó determinante para la afectación de los intereses europeos a fines del siglo XIX; y para la consolidación del dominio financiero norteamericano a principios del siglo XX. Las operaciones de la Improvement con el gobierno dominicano generaron, por la vía de conversiones y consolidaciones, la acumulación de una inmensa deuda externa (Herrera 2009: 81). El primer contrato con la compañía estadounidense fijaba, según recuerda César Herrera, “una nueva emisión de bonos, por la suma de 1.250.000 dólares oro norteamericanos, para cubrir la deuda interior de la República que ascendía a 659.000 pesos mexicanos” (2009: 86). Era la maniobra inicial de una serie de movimientos que acentuarían la dependencia financiera de la República Dominicana. Por otra parte, el Congreso aprobó el 23 de marzo de 1893 una ley que legitimaba el acuerdo, a la vez que materializaba una fraudulenta conversión. La norma fijaba que los bonos emitidos al 6 por ciento de los empréstitos de 1888 y 1890 serían canjeados por obligaciones oro al 4 por ciento. Esto significaba que dos préstamos que originalmente ascendían a 1.650.000 libras esterlinas, se transformaban en obligaciones por 2.035.000 libras esterlinas (de la Rosa 1969: 61; Herrera 2009: 87). Inmediatamente se suscribió otro préstamo con el representante de la Improvement, Den Tex Bondt, por 225.000 pesos corrientes, destinado a la compra de armas y a cubrir gastos extraordinarios de guerra (Franco Pichardo 2007: 151).

Las operaciones ruinosas del gobierno de Heureaux con la Santo Domingo Improvement Company continuaron en los años siguientes. El gobierno impulsó en abril de 1894 una ley por la que se elevaba el monto de la emisión de un año atrás –las denominadas “debentures oro”– a los 2.500.000 dólares oro norteamericanos (Herrera 2009: 89). Este creciente endeudamiento con agentes financieros de los Estados Unidos tenía lugar en un contexto de crisis económica amplificada por los cambios que atravesaba la economía imperial. Como señala Franco Pichardo: “La economía dominicana se encontraba padeciendo una tremenda inflación que tenía sus orígenes en los cambios monetarios que se registraban en los Estados Unidos, donde el patrón oro se impuso y las monedas de plata, que eran de mayor circulación en la República Dominicana, fueron devaluadas” (Franco Pichardo 2007: 151). En mayo de 1895, Heureaux firmó otros dos contratos con Smith Weed, nuevo presidente de la Improvement. El primero, público y refrendado por el Congreso dominicano, pactaba la emisión de bonos por 1.750.000 pesos oro. El segundo, de carácter secreto, consolidaba las emisiones previas de debentures junto con la última emisión, a un interés del 4 por ciento anual. Simultáneamente, se convenía con la compañía estadounidense otro de los grandes fraudes montados por colaboradores periféricos y aventureros imperiales: un préstamo de la Improvement para la reconstrucción del ferrocarril de Puerto Plata a Bajabonico (Herrera 2009: 90-91).

La penetración de la Improvement llegó a tal nivel de control financiero durante el gobierno de Heureaux que le fue necesario sofisticar sus maniobras por medio de empresas subsidiarias. De este modo, nacieron compañías como la Santo Domingo Finance Co. y la Santo Domingo Railways Co., constituidas bajo las leyes del estado de Nueva Jersey. Ulises Hereaux y la Improvement llevaron a cabo una serie de maniobras que sedimentaron los rasgos estructurales del imperialismo informal estadounidense. En un contexto de penuria financiera, el presidente dominicano hizo suya una propuesta de los directivos de la Improvement. El denominado “Plan Improvement” implicaba –además de una nueva conversión y consolidación de la deuda en favor de los intereses norteamericanos– un golpe letal a los intereses europeos (Herrera 2009: 95). Su concreción tuvo lugar en agosto de 1897, cuando el Congreso aprobó una ley que consolidó la deuda exterior de la República Dominicana “bajo el supuesto interés de unificar las deudas de la República en un solo paquete, pero con el claro objetivo de aumentar la deuda extranjera con la Santo Domingo Improvement y sus firmas asociadas” (Franco Pichardo 2007: 152).

Algunas particularidades de esta ley merecen ser descritas, dado que establecían un grado superlativo de dominación financiera de los Estados Unidos. En primer término, las tareas de conversión y consolidación correrían por cuenta de la subsidiaria Santo Domingo Finance Co., que fijó en 4.236.750 libras esterlinas el monto de los bonos a ser emitidos (Herrera 2009: 96). Esto permitiría, eventualmente, hacer frente al pago de los tenedores de bonos y otros compromisos que el Estado mantenía en Europa, incluida una serie de indemnizaciones a ciudadanos franceses por daños materiales (*). Por otra parte, la ley ponía todas las rentas en manos de la Improvement y sus satélites, a la vez que habilitaba a la Caja de Recaudación –manejada por funcionarios del conglomerado norteamericano– a remesar, como primera medida, “la proporción mensual de intereses y amortizaciones” a la Improvement y sus socios. Adicionalmente, en una clara orientación que fortalecía el imperialismo informal, la norma excluía a los gobiernos europeos como receptores de derechos relacionados con esta operación. Los historiadores del periodo concuerdan en señalar que, además de profundizar la dominación financiera estadounidense, la ley de reconversión de la deuda de 1897 constituyó un ultraje a la soberanía dominicana. Los cambios de denominaciones –mecanismo reiterado de modo sistemático a lo largo de la década de 1890– y el incumplimiento por parte de los especuladores estadounidenses fueron las dos caras de un proceso que no podía culminar de otro modo más que con un Estado dominicano en bancarrota (Franco Pichardo 2007: 154; Herrera 2009: 100).

El 26 de julio de 1899, el dictador Heureaux fue abatido a balazos en las calles de Moca. Su legado fue el de un abnegado colaborador periférico. Durante su presidencia se consolidó la dominación financiera norteamericana, y se desplazó definitivamente la influencia europea. Es Antonio de la Rosa, autor del mejor trabajo sobre el imperialismo financiero norteamericano en Santo Domingo, quien retrató con agudeza la herencia de Lilís:

“El general Heureaux […] dejaba a su país […] bajo el yugo de la Santo Domingo Improvement and Co. La liquidación de un pasivo tan elevado, junto a otras circunstancias, entre las cuales se cuenta la cesión hecha a las Compañías americanas de los derechos y acciones de un grupo de capitalistas europeos sobre las aduanas dominicanas, fue una de las principales causas del establecimiento del control americano en Santo Domingo” (de la Rosa 1969: 64).

(*) En principio, el imperialismo norteamericano era ejercido por las vías empresarial y diplomática. Cuando buques de guerra franceses bloquearon el puerto de Santo Domingo, en reclamo del pago de 280,000 francos por la muerte de dos ciudadanos franceses, asesinados durante la gestión de Heureaux (Boismare y Caccavelli), ocasión en que acudió a Santo Domingo un buque de guerra norteamericano que supuestamente realizaba estudios oceanográficos en áreas aledañas a la costa noreste de la isla Española. Aunque la presencia de dicho buque hizo modificar en algo la actitud de los buques franceses, el pago reclamado fue hecho gracias a una recolecta realizada entre los residentes de la ciudad. Luego de la firma del Protocolo de Enero de 1903, fue cuando el imperialismo norteamericano adquirió visos legales para intervenir directamente en la República Dominicana. Poco después hicieron presencia permanente, en los puertos aduaneros dominicanos, los buques de guerra de los Estados Unidos. Ref.: La República Dominicana; Ramón Marrero Aristy: 271, Tomo II. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

3.1.2. La entrada en el siglo XX

Tras la etapa de abierta condescendencia de Heureaux, que permitió al imperialismo informal echar sólidas raíces en la República Dominicana, tuvo lugar un breve periodo de búsqueda de autonomía financiera por parte de Juan Isidro Jimenes (Cruz Sánchez 2014: 24). Las aduanas dominicanas se encontraban completamente maniobradas por la Improvement, situación que Jimenes intentó modificar.Tras las idas y vueltas de un controvertido contrato en abril de 1900, el presidente tomó la decisión en 1901 de suspender a la Caja General de Recaudación en sus funciones de receptoría (Gaceta Oficial, 1901). Esto significaba que el gobierno de Santo Domingo buscaría –para hacer frente a su deuda externa– entenderse directamente con los acreedores europeos. Éstos, por su parte, ya habían empezado a manifestarse en favor de una intervención militar de sus gobiernos de origen para forzar el cobro de sus acreencias (*).

Esta decisión de relativa impronta autonómica implicó un antes y un después en el proceso de solidificación del imperialismo informal. Los hechos que se desencadenaron ocasionaron un creciente protagonismo del gobierno estadounidense, trascendiendo los mecanismos desplegados hasta allí centrados en el accionar privado de los financistas norteamericanos. La Improvement denunció la resolución ejecutiva de Jimenes, por considerarla lesiva para sus intereses y solicitó la intervención directa del gobierno estadounidense (Herrera 2009: 18). La República Dominicana se encontraba frente a una encrucijada en dos escenarios (el estadounidense y el europeo), a los que decidió enfrentar a través de una delicada misión de su ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Henríquez y Carvajal (*). El objetivo era, sucesivamente, llegar a acuerdos con los directivos de la compañía norteamericana que ejercía la dominación financiera en Santo Domingo; y con los tenedores europeos de bonos que habían sido perjudicados con el afianzamiento del imperialismo informal estadounidense (Herrera 2009: 119-120).

Las gestiones de Henríquez en los Estados Unidos y en Europa parecieron, inicialmente, llegar a buen puerto (Franco Pichardo 2007: 205). Tras sucesivas entrevistas con el subsecretario de Estado Hill, Henríquez alcanzó el 25 de marzo un principio de acuerdo con el conglomerado Improvement, por el que Santo Domingo obtenía algunas concesiones.[14] Luego se dirigió a Europa, en donde selló un trato con los acreedores en Bélgica y en Francia. Suscripto en junio de 1901, y articulado con los alcances del acuerdo con las compañías estadounidenses, el contrato con los europeos venía a completar lo que parecía una gran gestión. Sin embargo, pese a los términos relativamente favorables, el acuerdo colectivo con la Improvement y sus subsidiarias fue objeto de un amplio rechazo en la sociedad dominicana (*). No así la negociación con los belgas y con los franceses, que había recogido una aceptación mayoritaria entre los dirigentes y la sociedad civil. Como resultado, el Congreso dominicano ratificó el contrato con los europeos y rechazó el convenio con la Improvement y sus empresas satélites (Franco Pichardo 2007: 205).

(*) Obsérvese que las negociaciones de don Francisco Henríquez y Carvajal, eran con las compañías o grupos financieros extranjeros privados, no con los gobiernos. El rechazo a las negociaciones por parte del Congreso se debió al revanchismo intransigente de los horacistas, quienes impidieron que la deuda de la Improvement fuera reducida a la mitad. Henríquez y Carvajal se perfilaba como un posible candidato para las elecciones que deberían celebrarse en noviembre de 1903 y el éxito de su gestión, en el extranjero, le conferían méritos que no convenían al vicepresidente Horacio Vásquez, líder de esa facción política, que también era aspirante a la presidencia de la República. Más que moverse al ritmo de la opinión pública, al gobierno no le quedó otro recurso que exigir la rendición de cuentas a la San Domingo Improvement, que era el tema que esgrimía la bancada opositora mayoritaria (horacista), para rechazar tan ventajosa oportunidad para las finanzas dominicanas. Ref.: Historia Dominicana, Ramón Marrero Aristy; 278-279, Tomo II. (C.D.M.M.)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El gobierno de Jimenes buscó moverse al ritmo de la opinión pública y del Parlamento, presionando a la Improvement para que se allanase a una rendición de cuentas. La respuesta de la compañía fue un fiel reflejo del imperialismo informal: no sólo emitió un duro mensaje a través de su vicepresidente John Abbot –enfatizando los supuestos perjuicios sufridos a raíz de la incautación de las recaudaciones en enero de 1901–, sino que reclamó la intervención del Departamento de Estado para proteger sus intereses (Herrera 2009: 127). La polémica en torno al contrato con la Improvement fue la antesala de la caída del gobierno de Jimenes. En abril de 1902, una conspiración encabezada por el vicepresidente Horacio Vásquez desplazó al primer mandatario. Esto facilitó las condiciones para la intervención cada vez más extendida de los Estados Unidos (de la Rosa 1969: 105-106). En ese marco, se presentó en Santo Domingo William Powell (ministro plenipotenciario en Haití y encargado de negocios ante la República Dominicana) acompañado por Abbott. Era el momento indicado para que el actor imperial forjase un acuerdo aún más lesivo para los intereses dominicanos.[17] Las negociaciones se extendieron hasta principios de 1903, cuando Powell y Juan Francisco Sánchez (ministro de Relaciones Exteriores dominicano) firmaron un acuerdo que resultó aún más pernicioso para Santo Domingo (Herrera 2009: 129). El dato sobresaliente del denominado Protocolo de 1903 era que se suscribía, no ya con banqueros particulares, sino con el propio gobierno de los Estados Unidos (*).

* El presidente Vásquez fue derrocado por Alejandro Woss y Gil un mes y medio después de firmarse el Protocolo de enero de 1903. En las elecciones de junio, de ese mismo año, Woss y Gil se convirtió en Presidente Constitucional. El 15 de septiembre el Encargado de Negocios norteamericano, William F. Powell, le solicitó al ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Manuel de Jesús Galván, el nombramiento de los jueces del Tribunal Arbitral conforme al Art. 1 de dicho Protocolo. El ministro Galván le respondió que el Protocolo, además de su deficiencia jurídica había sido suscrito por un gobierno incompetente (de facto), razón que obligaban al Gobierno Constitucional a someter ese instrumento a la consideración del Congreso, lo que fue rechazado por el señor Powell. El 24 de octubre surgió en Puerto Plata la revolución de La Unión y en pocos días la Capital estaba sitiada. Fue esta oportunidad la que aprovecho el señor Powell para mantener sus exigencias y declarar la suspensión de las relaciones entre ambos gobiernos, dejando entrever que el gobierno norteamericano podía pasar a vías de hecho. Tal amenaza hizo reaccionar al presidente Woss y Gil, quién procedió de inmediato a reconocer el referido Protocolo, designando el 14 de noviembre al propio ministro Galván como juez del Tribunal Arbitral que se establecería en Washington, quien partió de inmediato. Además, procedió a designar al tercer árbitro de entre los jueces de la Corte de Circuito de New York, ya que había transcurrido el plazo para que éste fuera elegido de mutuo acuerdo entre ambos gobiernos, como estaba estipulado en el Protocolo. La Revolución de La Unión, con Carlos F. Morales Languasco como Presidente Provisional, asumió el Poder el 25 de noviembre de 1903. Este gobierno solicitó su reconocimiento a todo el Cuerpo Consular establecido en Santo Domingo, sin que obtuviera respuesta de la legación norteamericana. La misma exigencia que William Powell hizo al Presidente Woss y Gil también le fue hecha a Morales, como condición para que su gobierno fuera reconocido por el de los Estados Unidos. Luego de aceptar los términos del Protocolo de 1903 fue reconocido el 20 de enero de 1904, aunque hay quienes sostienen con extraña ingenuidad, que Morales “se decidió” por un acuerdo financiero lesivo para la República Dominicana, como si se hubiera tratado de alguna decisión personal, por un acuerdo diferente.  Ref.: La República Dominicana: Ramón Marrero Aristy. 293, Tomo II. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El nuevo instrumento establecía que el gobierno dominicano debía pagar al estadounidense la suma de 4.500.000 dólares por los reclamos efectuados por los financistas privados. Asimismo, estipulaba que las condiciones para el pago serían establecidas por una Comisión de Arbitraje compuesta por tres miembros: uno designado por el gobierno dominicano, otro por el norteamericano y un tercero seleccionado por Santo Domingo entre los miembros de la Suprema Corte de Justicia o de la Corte del Circuito de Apelación de los Estados Unidos. Dos de los tres jueces eran estadounidenses, lo que daba cuenta de la concepción de la “ecuanimidad” en un contexto de imperialismo informal (Herrera 2009: 129). La Comisión de Arbitraje emitió su fallo el 14 de julio de 1904 durante la presidencia de Carlos Morales. Conocido como el “laudo arbitral de 1904”, conminaba al gobierno dominicano a pagar a la Improvement 37.500 dólares mensuales durante dos años y 41.666 dólares por mes a partir de entonces (Gleijeses 2011: 25). Los intereses se fijaban a una tasa del 4 por ciento anual. Washington quedaba autorizado, por otra parte, para designar un agente financiero en la República Dominicana, con atribuciones para incautar las aduanas en caso de que las sumas convenidas no fuesen recibidas a término. El Protocolo de 1903 y el laudo arbitral de 1904 constituyen dos evidencias del carácter estructural que adquiría el imperialismo de libre comercio estadounidense.

El gobierno norteamericano, a través de su ministro Dawson, designó a su agente financiero en Santo Domingo. Se trataba, ni más ni menos, que de John Abbott de la Santo Domingo Improvement Company. El 21 de septiembre, dado que el gobierno dominicano no daba cumplimiento al primer pago, Abbott reclamó la entrega de la aduana de Puerto Plata (Herrera 2009: 135). Tras una negativa inicial, la presión de Dawson –con abierto respaldo de Washington– obligó al gobierno de Morales a ceder (Gleijeses 2011: 25). Sin embargo, cuando todo parecía encaminado a una resolución del diferendo en el sentido prescrito por el laudo, una nueva crisis política –producto de la guerra civil que atravesaba el país – impidió su implementación (Franco Pichardo 2007: 208). A esta compleja situación debe sumarse el contexto externo de pujas interimperiales entre los Estados Unidos y las potencias europeas, que terminó con la imposición estadounidense del “Corolario Roosevelt a la doctrina Monroe”. Esto significaba que en el mare nostrum que constituía el Caribe para los Estados Unidos no se repetirían eventos como los ocurridos en Venezuela en 1902 (*), cuando Washington se había mostrado prescindente ante el despliegue de los buques de guerra alemanes, italianos y británicos.

(*) Hay quienes han tildado a Morales de entreguista por el asunto de la administración de las aduanas por una potencia extranjera, consecuencia de un acuerdo que firmaron otros, como si en el punto en que estaban las cosas él hubiera podido obrar diferente a lo que mandaban las circunstancias, no obstante aquello haber resultado, a la postre, beneficioso para encausar tanto el sistema financiero como el orden político de la nación.

Observación: Algunos de esos buques de guerra europeos que participaron en el bloqueo a Venezuela durante el conflicto venezolano, relativo al empréstito del Ferrocarril Alemán, llegaron amenazantes a R.D. con intenciones de tomar las aduanas para cobrarse las deudas de sus connacionales por cuenta propia. En este asunto intervino como mediador Estados Unidos y el conflicto se resolvió con un acuerdo en Washington. En esa ocasión, en 1904, la República dominicana estuvo sitiada por diez (10) buques de guerra europeos, en adición a otros cinco o seis cruceros norteamericanos. (CDMM).

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

El 30 de diciembre de 1904, el secretario de Estado John Hay instruyó al ministro Dawson para que explorara las posibilidades de que Washington se hiciera cargo del cobro directo de los impuestos de aduana; y llevara adelante una “distribución equitativa” entre el gobierno dominicano y sus acreedores (*). Luego de sucesivas entrevistas, Dawson recabó la respuesta positiva del gobierno de Morales. Según Piero Gleijeses: “No fue una decisión libre y espontánea, sino la decisión de atarse a un solo país como alternativa al desmembramiento” (Gleijeses 2011: 28). La operación para poner en manos de los Estados Unidos las aduanas fue comandada por el comodoro de Marina Albert Dillingham. Fue la punta de lanza de un objetivo más grande: sellar un acuerdo general sobre la deuda externa dominicana. Luego de las negociaciones de rigor, el 20 de enero de 1905 fue firmado un primer documento, que trajo aparejadas algunas de las prácticas características del imperialismo informal. Allí se estipulaba que el gobierno estadounidense se haría cargo de todas las recaudaciones aduaneras, que en aquel momento ascendían a los dos millones de dólares. El 45 por ciento se destinaría a los gastos de la administración pública, mientras que el saldo –descontado el costo de la cobranza– iría a manos de los acreedores (Herrera 2009: 139). Como reconocía Dawson en sus informes, el plan consistía en alcanzar “la superintendencia real sobre todos los asuntos administrativos” (cit. en Gleijeses 2011: 28), exhibiendo que el verdadero propósito de los negociadores estadounidenses era “replicar el sistema de administración de los británicos en Egipto” (Knight 1928: 28).

(*) Este recurso fue adoptado en virtud de que los términos de la Sentencia del Tribunal Arbitral (Laudo) se referían exclusivamente a la deuda pendiente con la San Domingo Improvement, representada por los Estados Unidos y no incluía la deuda pendiente con los acreedores europeos, que era mucho mayor que la de la compañía norteamericana, por cuanto la Convención que iba a derivar del Laudo no los incluía, lo que motivó que la Convención del 20 de enero de 1905 fuera reformulada y suscrita dos semanas después, el  7 de febrero. En esa oportunidad el gobierno dominicano propuso que todas las aduanas fueran manejadas provisionalmente por personal dominicano, hasta tanto se definiera la Convención, pero los europeos rechazaron esa propuesta y exigieron que fueran los norteamericanos quienes estuvieran a cargo. Ref.: Historia Dominicana, Ramón Marrero Aristy, 307; Tomo II. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

Tras un ida y vuelta de versiones del documento suscripto el 20 de enero (Herrera 2009: 141-142), el 7 de febrero se firmó el denominado Protocolo de 1905. El proceso para llegar a este convenio no estuvo exento de cortas intervenciones militares por parte de Washington (Franco Pichardo 2007: 209). Finalmente se alcanzó un texto ad referéndum, dado que los órganos legislativos de ambos países aún no lo habían refrendado. La naturaleza imperial informal del Protocolo quedaba en evidencia en el texto remitido el 15 de febrero de 1905 por el presidente Theodore Roosevelt al Senado estadounidense (de la Rosa 1969: 129-132). El áspero debate suscitado en ese recinto tornó necesaria una salida que permitiese la aplicación práctica de lo convenido (*). A sugerencia de Roosevelt, el presidente Morales emitió una resolución ejecutiva el 31 de marzo de 1905 que estipulaba, en términos generales, lo prescrito en el Protocolo de 1905. A esta solución transitoria se la conoció como “Modus Vivendi”, en esencia un arreglo temporal de partes hasta tanto el Senado estadounidense aprobase el Protocolo definitivo. El esquema duró más de dos años y conservó todos los aspectos fundamentales de los textos anteriores. El gobierno dominicano debía designar un receptor general de aduanas, el que surgiría de una propuesta del presidente de los Estados Unidos. Las sumas recaudadas se distribuirían así: un 45 por ciento para atender los gastos del presupuesto (incluyendo los sueldos de los empleados aduaneros); y el remanente, destinado al pago a los acreedores, sería depositado en un banco de Nueva York, “quedando en depósito a beneficio de todos los acreedores de la República […] sin poder ser retirado antes de que el Congreso dominicano y el Senado de los Estados Unidos hayan determinado sobre la convención pendiente” (de la Rosa 1969: 139-140; Herrera 2009: 145-146).

* El congreso de Estados Unidos cerró su período de sesiones sin aprobar la Convención y debido a las presiones que mantenían los buques de guerra europeos, ésta fue puesta en vigor de manera administrativa, lo que se conoció como el Modus Vivendi. (CDMM)

Continúa “Imperialismo Informal Militarizado”:

Si bien todo lo anterior da cuenta de una inocultable proyección de los Estados Unidos sobre la República Dominicana en materia de dominación financiera, existe un aspecto que Antonio de la Rosa trabaja en detalle y que resulta clave para comprender la consolidación del imperialismo informal. Al analizar el “Modus Vivendi”, el investigador haitiano explica el proceso de renegociación y reducción de la deuda encarado bajo instrucciones de Washington. Como consecuencia de esa operación, los acreedores aceptaron las condiciones ofrecidas, lo que implicó un desendeudamiento respecto de los valores previos (de la Rosa 1969: 144-149). Sin embargo, no se trataba del avance hacia la autonomía financiera, sino todo lo contrario. Se preparaba el terreno para una mayor dominación norteamericana, la que tendría lugar por medio de la compra de la deuda de los acreedores europeos. La disputa interimperial quedaría desarticulada y los Estados Unidos, por medio de nuevos empréstitos, conseguirían que el gobierno dominicano consolidase sus acreencias en un único acreedor: el propio gobierno de Washington.

En abril de 1905 fue enviado por Theodore Roosevelt a la República Dominicana el experto financiero Jacob Hollander, quien había desempeñado otras misiones en la región designado por el entonces presidente William McKinley. Por ejemplo, había asumido la responsabilidad del Tesoro de Puerto Rico, estado cedido a los Estados Unidos tras el tratado de París de 1898. A Hollander se le encomendó una investigación de la deuda dominicana, que conllevaba una revisión de las cuentas de la propia Santo Domingo Improvement Company (Herrera 2009: 147). La conclusión a la que arribó es que la deuda dominicana ascendía a unos 40 millones de dólares. Ante este panorama, y con el objetivo de profundizar la dominación financiera, Roosevelt y Hollander forjaron una estrategia que se consumó a través de un ajuste general de la deuda de Santo Domingo y de una nueva Convención. En este marco, conviene señalar que el “problema dominicano”, en la mirada del presidente estadounidense y de su asesor financiero, comprendía tres objetivos fundamentales: i) lograr que una entidad financiera estadounidense prestara a Santo Domingo unos 20 millones de dólares; ii) utilizar parte de ese monto en la compra de las acreencias en manos europeas, a los efectos de consolidar la deuda únicamente en Washington; y iii) reducir la deuda dominicana, tanto la externa como la interna, bajo la premisa de que una buena parte de ella había sido contraída de modo fraudulento (Franco Pichardo 2007: 214-215). En breve, se trataba de alcanzar una fuerte reducción del capital nominal de la deuda, a la vez que de acentuar la dependencia financiera respecto de los Estados Unidos.

En junio de 1906, el gobierno dominicano otorgó plenos poderes a su ministro de Hacienda, Federico Velázquez, para negociar un amplio acuerdo con los Estados Unidos, empresa para la cual se contrató al profesor Hollander. Éste fue decisivo para la implementación del denominado “plan de ajuste”, suscripto en Washington el 11 de septiembre de 1906. La reducción de la deuda, por acción del “plan de ajuste”, se ubicó en el orden del 60 por ciento. Luego de esa quita, las acreencias ascendían a 17 millones de dólares (de la Rosa 1969: 151). Desde luego, no habría posibilidades de dar cumplimiento al esquema previsto si no se contaba con un nuevo préstamo para hacer frente a los pagos. En consecuencia, Velázquez, a través de las gestiones de Hollander, entró en contacto con los banqueros Kuhn, Loeb & Co, de Nueva York. La casa neoyorquina –en otro dato que explicita el contexto de imperialismo informal en que se llevaba adelante la negociación– exigía como condición que el gobierno de los Estados Unidos garantizara la operación a través de un acuerdo directo con Santo Domingo. El empréstito debía ser liquidado en 50 años, no podía redimirse antes de los diez, se establecía un interés del 5 por ciento anual, y se fijaba que los cobros y la amortización debían hacerse a través de agentes financieros estadounidenses (de la Rosa 1969: 151; Franco Pichardo 2007: 215).

La garantía que reclamaban los financistas norteamericanos finalmente se alcanzó, aditándose un nuevo engranaje a la cadena del imperialismo informal: la “Convención Domínico-Americana de 1907”, suscripta el 8 de febrero por los ministros Dawson (por los Estados Unidos) y Tejera y Velázquez (por la República Dominicana). En este instrumento quedaban sancionados el “Plan de Ajuste” –vehículo para el desendeudamiento con los acreedores europeos y nacionales– y las especificaciones del préstamo de 20 millones de dólares con los banqueros neoyorquinos. La dependencia financiera con el actor imperial se consolidaba, a través de un proceso de reducción, conversión y unificación en un solo centro financiero (Velázquez Mainardi 1994: 21). La Convención establecía, en su primer artículo, que el presidente estadounidense debía nombrar al receptor general y al resto de los empleados de las aduanas dominicanas, los que debían ser ciudadanos estadounidenses. Allí se fijaba cómo serían distribuidos los valores recaudados, que en primer lugar debían destinarse a cubrir los gastos del servicio de aduanas y, luego, a pagar los intereses de la deuda (de la Rosa 1969: 152). También se designaba un ciudadano estadounidense como Director General de Obras Públicas, a los efectos de controlar las inversiones y los gastos en esta materia (Muto 2014: 41). La tónica imperial se mantenía en los artículos siguientes. En el segundo se estipulaba que “el gobierno de los Estados Unidos dará al receptor general y a sus auxiliares la protección que estime necesaria”. El tercero incidía en la cuestión del endeudamiento. Allí se establecía que “hasta que la República Dominicana no hubiera pagado la totalidad de los bonos del empréstito no podría aumentar su deuda pública ni modificar su tarifa aduanera sin el consentimiento del Presidente de los Estados Unidos” (de la Rosa 1969: 152). Para ser obligatoria, la convención debía ser refrendada por las instancias legislativas de ambos países. En esta oportunidad, a diferencia de lo sucedido con el Protocolo de 1905, la aprobación fue expeditiva. En el senado estadounidense el tratamiento se llevó a cabo en tiempo récord, recibiendo sanción el 25 de febrero de 1907. En la República Dominicana, como era previsible por el grado de control financiero que conllevaba, el texto fue objeto de grandes debates en la prensa y en el Congreso. Éste último lo aprobó el 3 de mayo; el 19 de junio lo ratificó el presidente Cáceres; y Theodore Roosevelt hizo lo propio tres días después. Las ratificaciones fueron canjeadas en Washington el 8 de julio de 1907. Se consumaba así un nuevo capítulo del proceso de dominación financiera de Washington sobre Santo Domingo.

Llegado este punto, es posible advertir que el periodo que se extiende desde el “empréstito Hartmont” –en un contexto de rivalidad interimperial entre los Estados Unidos y las potencias europeas– hasta la “Convención Domínico-Americana” de 1907 constituye una etapa clave para esta investigación. Supone el pasaje de una clásica “área de influencia” –con las pujas entre diversos actores imperiales– a un imperio informal bajo la modalidad de libre comercio. Si se compara la situación inicial de endeudamiento externo (Hartmont) con el plan de ajuste incorporado a la Convención de 1907, surgen dos datos relevantes: por un lado, la deuda externa –aún con el proceso de quita que la había reducido a la mitad– era significativamente mayor en 1907 que en 1869; y por el otro, como producto del proceso de conversión y consolidación de esa deuda, en 1907 la dependencia financiera dominicana se concentraba en un único actor imperial (los Estados Unidos) en lugar de con diversas casas europeas.

De acuerdo a Martínez Moya (2014: 367), al momento del empréstito Hartmont la deuda externa dominicana ascendía a 1.996.604,40 dólares (9,56 por ciento del PBI). Casi cuatro décadas después, luego del plan de ajuste implementado por instrucciones de Washington, el stock de pasivos de la deuda externa global se ubicaba en los 20 millones de dólares, es decir, un 900 por ciento más en términos nominales que en 1869 (21,85 por ciento del PBI). En base a estos resultados, se buscaba exhibir el modelo montado en la República Dominicana como un ejemplo exitoso y replicable en otros países. Según la semblanza efectuada por Dana Munro: “al defender su diplomacia del dólar en América Central y el Caribe [el secretario de Estado Fhilander Chase] Knox señalaba, con insistencia, a la República Dominicana como ejemplo de los beneficios que otorgaba una receptoría de aduanas estadounidense” (Munro 1964: 259).

Tabla N° 4. Deuda externa como porcentaje del PBI (1869-1947)

Fuente: Martínez Moya (2014: 367-371)

La década de 1910 fue trágica para la República Dominicana. El asesinato en noviembre de 1911 del presidente Ramón Cáceres dio paso a una etapa tortuosa, marcada por una intervención cada vez más sostenida de los Estados Unidos en los asuntos internos. Luego del breve periodo de Eladio Victoria –quien renunció asediado por el gobierno de William H. Taft–, asumió la presidencia provisional el obispo de Santo Domingo, Adolfo Nouel. A tan sólo dos semanas de su toma de posesión, Nouel impulsó en diciembre de 1912 la contratación de un préstamo por 1.500.000 dólares con un interés del 7 por ciento anual. El Congreso autorizó el endeudamiento para hacer frente a las consecuencias de la guerra civil, lo que condujo posteriormente a un nuevo empréstito con el National City Bank of New York (Herrera 2009: 172). El contrato definitivo fue suscripto dos meses después, en febrero de 1913, tras una nota de autorización del gobierno estadounidense. En efecto, todo nuevo endeudamiento requería –de acuerdo a lo estipulado por la Convención de 1907– de la expresa autorización de Washington.

Las hipotecas continuaron con el sucesor de Nouel, José Bordas Valdez. Al igual que el prelado, Bordas debió hacer frente al peso de los sueldos atrasados y a las reclamaciones contra el Estado, de modo que inició tratativas para obtener un nuevo préstamo de los Estados Unidos. En esta oportunidad las exigencias del actor imperial se llevaron al límite. El Departamento de Estado conminó a Santo Domingo a designar un experto financiero estadounidense, en condiciones de ejercer el absoluto control de las finanzas dominicanas (Franco Pichardo 2007: 222). El 20 de marzo, el canciller Eliseo Grullón fue instruido a solicitar formalmente esa designación, aprobada por el presidente Woodrow Wilson en junio de 1914. El gobierno dominicano se aseguraba así un crédito de 1.650.000 dólares a través de la Guaranty Trust Company de Nueva York, que aliviaba temporalmente las arcas fiscales, pero profundizaba a niveles insospechados la dominación financiera. Ya no se trataba sólo de una deuda externa creciente y en manos de un único actor imperial, sino que se agregaba la designación, en territorio periférico, de un experto con “facultades de control y supervisión en la vida financiera del Estado” (Herrera 2009: 176).

Entre 1916 y 1924 tuvo lugar la única experiencia de imperialismo formal norteamericano en la República Dominicana. ¿Qué se puede señalar del fenómeno del endeudamiento externo durante esta etapa? En primer lugar, a causa del contexto bélico internacional, los primeros cuatro años de la ocupación permanecieron “fuera del radar” del Departamento de Estado (Franco Pichardo 2007: 232). Esto generó que el ritmo y el volumen de los empréstitos, una vez asegurado el control interno, se redujeran sensiblemente. También la bonanza de los precios de exportación de los productos dominicanos generó cierto alivio. Como consecuencia, se dio una mejora en los ingresos aduaneros que llevó a los marines a emprender una serie de proyectos de infraestructura. Sin embargo, en estos emprendimientos radica la explicación de la siguiente fase del endeudamiento dominicano –abierta a partir de 1920–, cuyo objetivo fue concluir las obras iniciadas. El Gobernador Militar, almirante Thomas Snowden, consiguió en junio de 1921 la autorización del secretario de Estado, Charles E. Hughes, para el otorgamiento de un crédito por 2.500.000 pesos oro, con un interés del 8 por ciento anual y vencimiento en 1925. Para ello se emitieron bonos a través de la casa financiera Equitable Trust Company de Nueva York. Un camino similar emprendió el sucesor de Snowden, contraalmirante Samuel S. Robinson, quien desde su asunción bregó por nuevos créditos. El 23 de enero de 1922, Washington autorizó la emisión de un primer título de deuda por 450.000 pesos oro, amortizable a los cinco años con interés del 7 por ciento anual (Herrera 2009: 200). En marzo de ese año, se permitió a los jefes militares efectuar una nueva emisión. En esta oportunidad, Robinson planteó como necesaria la concreción de un nuevo empréstito para “continuar el programa de obras públicas e instrucción pública, y la organización y adiestramiento de una fuerza militar dominicana suficiente para mantener el orden de la República sin la ayuda de las fuerzas militares de los Estados Unidos” (cit. en Herrera 2009: 200-201). El Plan Hughes-Peynado fue el instrumento que sentó las bases para el fin de la ocupación. Allí se legitimó la actuación del gobierno militar, poniendo fin a la etapa específicamente colonial de la intervención de los Estados Unidos. En lo relativo a la deuda externa como indicador de dominación financiera, el plan de evacuación validaba por completo las emisiones de deuda y los empréstitos tomados entre los años 1918 y 1922.

Al iniciar su administración Horacio Vásquez, tras el gobierno provisional de Juan Vicini, la situación financiera continuaba siendo traumática (Franco Pichardo 2007: 244). A poco de asumir, y a contramano de su retórica nacionalista[34], Vásquez acudió al Congreso para que éste lo autorizara a emitir bonos por 2.500.000 dólares, con un interés del 5,5 por ciento anual. La resolución que aprobó el pedido se amparaba en una orden ejecutiva del gobierno de ocupación, por lo que se infería que la nueva administración se concebía como continuadora legal de la etapa colonial. El empréstito fue suscripto, como no podía ser de otra manera, con una casa financiera norteamericana: el banco de inversiones Lee, Higginson & Company de Boston. Parte de esos fondos fueron destinados a compensar a inversionistas norteamericanos que habían accionado legalmente contra la República Dominicana (Herrera 2009: 204). A esta altura, la deuda externa ascendía a 13.534.276 dólares (Martínez Moya 2014: 364) y se hallaba concentrada en acreedores estadounidenses. Los nuevos empréstitos –luego de la desaceleración que siguió al proceso de ajuste de 1907– implicaban una revigorización de la espiral del endeudamiento (Muto 2014: 44).

Hacia fines de 1924, Vásquez alcanzó un nuevo acuerdo con Washington para la firma de una convención que reemplazaría a la de 1907. El nuevo documento replicaba mayormente el articulado del suscripto dos décadas antes, sin mayores beneficios para la República Dominicana (Herrera 2009: 205; Cruz Sánchez 2014: 35). En efecto, la Convención de 1924 prolongó de modo palmario el control financiero de Washington sobre Santo Domingo. Firmada ad-referéndum el 27 de diciembre tras la sanción del Congreso dominicano, fue ratificada por los Estados Unidos el 26 de abril de 1925. El nuevo contrato permitía, con la autorización estadounidense, que Santo Domingo emitiese deuda hasta la suma de 25 millones de dólares, a través del mecanismo de consolidación de las emisiones pendientes (Herrera 2009: 205). El papel autorizante de los Estados Unidos en todo nuevo endeudamiento se hallaba en línea con la cláusula III de la Convención de 1907, cuyas prescripciones se mantenían inalteradas.  A pesar de una relativa mejora de la economía, el gobierno agotó rápidamente los fondos para gastos corrientes y obras públicas provenientes del empréstito de 1924 (Franco Pichardo 2007: 246), por lo que debió recurrir nuevamente al endeudamiento externo. Tras un contrapunto inicial con los Estados Unidos respecto del monto y modo de ejecución de un nuevo préstamo (Herrera 2009: 207), el Congreso aprobó la Ley N° 562, del 11 de diciembre de 1926, que autorizaba al Poder Ejecutivo a emitir bonos por 10 millones de dólares. Ese monto finalmente fue dividido en dos partidas, a un interés del 5,5 por ciento anual, que fueron negociadas en 1926 y 1928 a través de los banqueros Lee, Higginson & Co.. La deuda pública, es decir, el conjunto de deudas mantenidas por el Estado frente a particulares y otros países, ascendía en 1928 a los 20 millones de dólares (Herrera 2009: 209). Casi la totalidad correspondía a acreencias externas, que según Martínez Moya se ubicaban en los 19.215.476 dólares (2014: 365). En los cuatro años que habían pasado desde el fin de la ocupación militar, la deuda exterior se había incrementado en un 42 por ciento, siempre con prestamistas de los Estados Unidos.

La etapa final del gobierno de Vásquez estuvo marcada por un conjunto de medidas seriamente restrictivas de su soberanía económico-financiera. En un contexto de aguda crisis económica, agravado por la Gran Depresión de 1929[37], la República Dominicana recibió la “Misión Dawes”, encabezada por el ex vicepresidente norteamericano Charles Dawes (de Jesús Reyes 2012a). La visita del ex funcionario, acompañado por asesores financieros y banqueros norteamericanos, era producto de una recomendación de Sumner Welles al presidente Vásquez para que una comisión técnica examinara la situación dominicana y trazara un plan de reformas, que incluía la adopción del modelo administrativo-fiscal estadounidense (Franco Pichardo 2007: 247).

 Fin del contenido de la presente sección de “Imperialismo Informal Militarizado” del Dr. Luciano Anzelini.

Comentario final de este blog sobre el asunto:

La intervención imperial norteamericana en la República Dominicana, a principios del siglo XX, ocurrió como consecuencia del desorden político y financiero que existió desde la misma fundación de la República, aumentando en el aspecto financiero durante los gobiernos de Ulises Heureauxse, continuando  durante el período posterior a la caída de Heureaux, en el que se repetían sucesivamente las revoluciones y cambios de gobiernos en tiempos muy breves, así como la necesidad de contratar empréstitos uno tras otro, debido precisamente a la inestabilidad política y el desorden financiero existente. La intervención de los norteamericanos en las aduanas dominicanas comenzó teóricamente con el Protocolo de enero de 1903, suscrito durante el segundo gobierno provisional de Horacio Vásquez con el gobierno de los Estados Unidos, puesto que en su primer artículo se convenía que la República Dominicana pagaría al gobierno de los Estados Unidos la deuda pendiente con la compañía norteamericana (de capital privado) San Domingo Improvement Co., con la finalidad de establecer la forma de pago y las garantías, que eran las aduanas dominicanas (las existentes y las que se establecieran posteriormente al Acuerdo). Ese artículo también convenía crear un Tribunal Arbitral que sesionaría en Washington, que estaría compuesto por dos jueces norteamericanos y uno dominicano, quienes determinarían todo lo concerniente al pago de la deuda, hasta finiquitarla.

Tan negativa fue la intervención de las aduanas por una potencia extranjera, con la soberanía dominicana mediatizada, y es lamentable admitirlo, como beneficiosa para el ordenamiento político y económico de la República, ya que como fue demostrado en la práctica, los resultados del Modus Vivendi fueron positivos y las revoluciones se redujeron, debido a que ya los líderes regionales donde había puertos aduaneros no podían medrar para esos fines. Pocos días después de ser derrocado el presidente Morales, el presidente Cáceres, quien lo sucedió, escribió al Congreso en febrero de 1906 refiriéndose a los resultados del Modus Vivendi de 1905, “sin poder evitar el rendir un inconfesado reconocimiento a su derrocado antecesor, escribió al Congreso expresándole que por primera vez en la historia de las administraciones dominicanas, y como consecuencia del Modus Vivendi, un año fiscal había sido cerrado sin anotar déficit. El Orden, dijo, ha sucedido al caos. Durante el último año nuestros ingresos han cubierto los gastos previstos en la Ley de Presupuesto, y el 31 de diciembre de 1905 los depósitos en el National City Bank de New York, montaban a $815,000 en oro, suma destinada al pago de los intereses y a la amortización de nuestra deuda”. Ref.: La República Dominicana; Ramón Marrero Aristy. 313, Tomo II.

Durante casi seis años de su mandato el presidente Cáceres mantuvo la estabilidad política con mano fuerte. Después ocurrió su magnicidio, y se renovaron las luchas por el poder volviendo la nación de nuevo el caos, hasta que sobrevino la intervención militar de los Estados Unidos en 1916, trayendo consigo la pérdida absoluta de la soberanía por espacio de ocho años, y no mediatizada como era la intervención administrativa de las aduanas. (CDMM)

Algunos artículos en este blog vinculados a este tema:

  1. Protocolo de enero de 1903. Génesis de la Intervención norteamericana.
  2. Informe del Encargado de Negocios de E.U. en R.D. al Secretario de Estado (03/12/1903)
  3. Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad.
  4. Informe Sobre la República Dominicana del Subsecretario Loomis al Secretario de Estado.
  5. Antecedentes de la Primera Intervención Norteamericana del Siglo XX.
  6. Laudo Arbitral de 1904
  7. Convención de 1905.
  8. Beneficios del Modus Vivendi en el Primer Año de su Aplicación.

Informe Sobre la República Dominicana del Subsecretario Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John M. Hay (1904).

   Introducción

El trabajo que presentamos a continuación es un informe remitido por el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John M. Hay, en el que hace sus observaciones respecto a la convulsa situación política que encontró en la República Dominicana durante su visita en marzo de 1904. Es preciso señalar que, a la fecha de este informe, el Gobierno Provisional de la revolución de La Unión, encabezado por Carlos F. Morales Languasco tenía cuatro meses en el Poder, lo que se logró con el apoyo de las facciones políticas antagónicas de horacistas y jimenistas; hacía más o menos tres meses de que ambos bandos se hubieran distanciado e iniciaran la guerra que se conoció como “La Desunión”; y algo menos de un mes que el gobierno de Morales fuera reconocido por el de los Estados Unidos. Dicho informe contiene varios anexos, uno del Encargado de Negocios norteamericano William F. Powell, otro del Agente Consular norteamericano en San Pedro de Macorís, E. C Reed, y otro del empresario azucarero WM. L Bass, de la misma provincia. Tanto en lo que informa el Subsecretario Loomis, como en cada uno de los anexos, se puede apreciar la magnitud de los intereses que entonces tenían empresarios norteamericanos en la República Dominicana, así como las acciones de presión que exigían a su gobierno para protegerlos.

El 8 de enero de 1904 el Gobierno Provisional había enviado a Washington a su Secretario de Relaciones Exteriores, Juan Francisco Sánchez, con la propuesta de un “Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad”, que ni siquiera fue tomado en consideración por el gobierno norteamericano, porque contenía algunos puntos que los Estados Unidos deberían conceder, que eran  convenientes o ventajosos para la República Dominicana, mientras que desde noviembre se encontraban deliberando en Washington los jueces del Tribunal Arbitral, sobre el pago de la deuda pendiente con la San Domingo Improvement (representada por el gobierno de los Estados Unidos), que determinaría la forma de pago, garantías e intereses, bajo los términos del Protocolo del 31 de enero de 1903, que solamente contemplaba obligaciones para la República Dominicana y por tanto mucho más conveniente para ellos.

Nota: Tanto el Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad, como el Protocolo del 31 de enero de 1903, se encuentran publicados en este blog.

                                             Carlos Danilo Morales Miller

                                                       (CDMM)

Enlace (Link) del Informe:

Fuente: Centro Roosevelt. https://www.theodorerooseveltcenter.org/digital-library/o49951/?fbclid=IwY2xjawRN_dpleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBJRjdZTktLTDlZYmdoc0RNc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHk51txHedn13vCmZir8bJpaxXtc88Y5__9PVaxR6Tq9oy7RnH6KXN5RxeBMm_aem_qEPBfd4AOZj8XyK8GjWTKg

Informe remitido por el Subsecretario de Estado de los Estados Unidos Francis B. Loomis, al Secretario de Estado John Milton Hay sobre la situación política en la República Dominicana en marzo de 1904, con relación a su reciente viaje a dicha nación.

                Memorandum para el Secretario de Estado sobre la República Dominicana.                              

Condiciones Actuales Observadas Durante una Visita Reciente- Situación Financiera- Notas Históricas-Intereses Estadounidenses- Algunas Sugerencias.

19 de marzo de 1904.

La República Dominicana se acerca, de hecho, si no ha alcanzado ya, a un estado de anarquía. El Gobierno Provisional de Morales controla solo las ciudades que ocupan sus fuerzas. Su gobierno probablemente se está fortaleciendo, pero no domina el país y no puede garantizar la seguridad de la vida ni de la propiedad fuera de las seis u ocho ciudades principales y sus alrededores.

Durante semanas, bandas de merodeadores, a menudo sin lealtad a ninguna causa, ni a ningún líder, salvo algún pequeño jefe guerrillero, han tomado posiciones en las inmediaciones de la capital y han disparado andanadas con sus Mauser contra las calles y las casas con efectos fatales Hasta mediados de febrero, la ciudad de Santo Domingo estuvo sitiada y lo ha estado durante gran parte de los últimos tres meses. Durante este periodo, la casa del Encargado de Negocios estadounidense, en las afueras de la ciudad, fue alcanzada por veinte proyectiles. Casi a diario, personas resultan heridas o muertas en las calles de la ciudad por guerrilleros que disparan desde la densa maleza al otro lado del río (*). Nuestros buques de guerra han sido atacados en más de una ocasión con artillería y fusiles. Un suboficial murió y un soldado raso recibió un disparo de Mauser en el sombrero. El Encargado de Negocios estadounidense afirma que el asesinato fue deliberado y se llevó a cabo por orden de uno de los líderes insurgentes, cuyo nombre conoce. Un vapor estadounidense, que una lancha de la armada escoltaba hasta su muelle, en Santo Domingo, fue alcanzado por más de veinte balas de fusil disparadas por la facción de Jiménez.

Nota: (*) Se refiere al lugar de Pajarito (hoy Villa Duarte) y a los hechos ocurridos el 1 de febrero de 1904, cuando el sargento J.C.Johnston, jefe de máquinas de la cañonera USS Yankee, entonces surta en el puerto de Santo Domingo, fue herido de muerte mientras caminaba por el muelle, de un disparo realizado desde ese lugar por rebeldes jimenistas al mando de Nicolás Arias (a) Manasa, lo que derivó en el bombardeo al caserío de Pajarito el día 11 de ese mismo mes, por los buques de guerra norteamericanos USS Newark y USS Columbia, generado por los acontecimientos que cita. (CDMM).

Continúa el Informe:

Las grandes plantaciones de caña de azúcar a 24 kilómetros río arriba de Santo Domingo Domi City, han sufrido grandes daños por los saqueos y los disparos indiscriminados por parte de los seguidores de Jiménez y, en cierta medida, por parte de las fuerzas gubernamentales, aunque estas últimas se proponen compensar todas las pérdidas que han causado.

Los grandes e importantes intereses estadounidenses en San Pedro Macorís y sus alrededores han sufrido grandes daños al ser llevados al teatro de operaciones para la lucha y el saqueo por bandas itinerantes. Los estadounidenses han invertido en esta zona algo más de 6.000.000 de dólares solo en la industria azucarera. Se estima que el total de las inversiones estadounidenses importantes y activas en la República Dominicana ascienden a unos 20.000.000 de dólares.

Encontramos a San Pedro de Macorís, a unas 40 millas al este de la Capital, en la costa, en manos de un líder insurgente, que se aferra resueltamente a ella con el propósito de apropiarse de los ingresos aduaneros. Lo que le ha reportado unos 30.000 dólares en los últimos diez días. El general Morales se propone capturar este lugar y, en los combates que se producirán, es probable que los intereses extranjeros sufran graves pérdidas. El punto que más impresiona al observador es que el llamado movimiento revolucionario encabezado por Jimenes ya no está controlado por él. No está controlado por nadie Actualmente, la actividad guerrillera la llevan a cabo en gran medida líderes independientes que no rinden lealtad a nadie y saquean el país a su antojo, y que, aparentemente solo persiguen dos objetivos: primero, vivir sin trabajar; segundo, apoderarse, si es posible, de una aduana para disponer de sus ingresos. Las frecuentes y a veces sangrientas guerras civiles en la República Dominicana no son el resultado de una honesta diferencia de opinión, ni de un conflicto de ideas, ni de la defensa o afirmación de algún principio de política gubernamental, sino luchas sórdidas y sin escrúpulos por el privilegio de controlar las aduanas y disponer de sus ingresos. (*) El país está en gran parte en manos de bandidos políticos desesperadamente egoístas e irresponsables. Muchos de estos líderes guerrilleros no son más que salvajes, en lo que respecta a sus ideas sobre los derechos de propiedad y los derechos de los más débiles.

(*) El líder político y militar jimenista que en ese momento ocupaba la gobernación en San Pedro de Macorís era el general Demetrio Rodríguez, quien posteriormente a la toma del Poder de la coalición formada por jimenistas y horacistas el 25 de noviembre de 1903, conocida como “La Unión”, fue designado por el presidente Morales en ese cargo. Luego de la ruptura de ambas facciones, conocida como “La Desunión”, se desató la guerra a partir del 15 de diciembre de 1903 y, el general Rodríguez, que entonces tenía 37 años de edad, era leal a su líder el expresidente Juan Isidro Jimenes, era un joven honorable, gozaba de un prestigio bien ganado y no es cierto que fuera un bandido. (CDMM).

Continúa el Informe:

Este país ha disfrutado de la llamada independencia durante unos sesenta años. Durante ese período, los diversos gobiernos han recaudado en total más de 100.000.000 de dólares, y no hay nada que demuestre que ni siquiera una vigésima parte de esta cantidad se haya gastado en beneficio de la República o del pueblo, ni en mejoras públicas de ningún tipo. Se puede buscar en vano por toda la isla veinte millas de buenas carreteras, equipos sanitarios modernos y adecuados, edificios apropiados para fines educativos o cualquier cosa que haga que la vida valga más la pena. Esta enorme suma de dinero que se le ha quitado al pueblo se ha destinado a usos individuales o se ha desperdiciado en una guerra civil antipatriótica y egoísta.

En Puerto Plata, donde pasé una noche en tierra, esperaban un ataque temprano de bandas guerrilleras, que entonces estaban a no menos de 5 kilómetros de la ciudad. Me advirtieron que probablemente tendría que salir de mi habitación durante la noche e ir al sótano para escapar del fuego de las balas de Mauser. Esta es una de las ciudades más importantes del país, y desde ella parte un ferrocarril hacia Santiago, la principal ciudad comercial de la República. Esta línea férrea, de 96 kilómetros de longitud, es propiedad de ciudadanos estadounidenses y está operada por ellos.

Puerto Plata es la residencia del presidente Morales. Realicé averiguaciones minuciosas sobre él a través de diversas fuentes y descubrí que se le considera un hombre inteligente y bienintencionado, de quien se cree que es honesto, tanto en su vida pública como privada. Tuve una larga conversación con su principal partidario militar, el general Céspesdes, gobernador de Puerto Plata, un joven serio y enérgico que cree implícitamente en el patriotismo de Morales y en su capacidad para mantenerse en el poder. El encargado de negocios estadounidense en la ciudad de Santo Domingo comparte esta opinión sobre el general Morales. Encontré en Puerto Plata a varios ciudadanos estadounidenses sumamente bien informados e inteligentes.

En Sosúa se encuentra la gran plantación de banano de la United Fruit Company, que comprende unas 20.000 acres, una cuarta parte de las cuales está cultivada y produce fruta. Esta gran finca tiene su propio servicio ferroviario y emplea a 600 hombres. Recientemente se han librado dos batallas en allí y el gerente, el Sr. Wetmore, me dijo que tuvo que esconder a su familia en una choza en el bosque durante varios días. Las balas volaban densamente alrededor de su casa.

En la ciudad de Santo Domingo, debido a que había habido combates por la mañana y a que se suponía que los insurgentes ocupaban el bosque al otro lado del estrecho río frente a la capital, no se consideró seguro ni prudente desembarcar.

CONTROL EXTRANJERO DE ADUANAS.

He escuchado la cuestión del futuro de la República Dominicana discutida por hombres de todas las clases. La gente conservadora, propietaria e industriosa del país, independientemente de su nacionalidad, tanto extranjeros como nativos, habla seriamente y con evidente favor de la anexión a los Estados Unidos. El general Morales y los políticos que lo siguen sugieren, con mucha fuerza, que se aseguraría una paz de carácter permanente si la administración de las aduanas del país fuera asumida por el Gobierno de los Estados Unidos. La administración extranjera de las aduanas pondría fin a la lucha por el control de las aduanas por parte de los nativos, por la buena razón de que eliminaría el incentivo al conflicto, y por la razón adicional de que haría imposible la importación de armas. Si los Estados Unidos controlaran las aduanas allí no habría nada por lo que luchar para los revolucionarios. El sector agrícola de la población probablemente lo favorecería, y todas las clases, creo, salvo el pequeño contingente de mercenarios políticos militares que no tienen nada que perder y mucho que ganar manteniendo un estado de anarquía en el país.

Si el Gobierno de la República Dominicana cediera la administración de su departamento fiscal a los Estados Unidos, se vería liberado de la necesidad de luchar por las aduanas y podría concentrar todas sus energías militares en mantener la paz en el interior. El general Morales está dispuesto e incluso desea llegar a un acuerdo de este tipo con este país y, en relación con ello, darnos un arrendamiento a largo plazo de la bahía de Samaná, por el cual esperaría recibir una contraprestación en efectivo (*). Probablemente se conformaría con 100.000 dólares en efectivo y 150.000 dólares pagados en media docena de cuotas anuales. Morales también aceptaría que supervisáramos los gastos públicos Los ingresos de la aduana deberían ser más que suficientes durante el primer año para pagar el presupuesto anual del Gobierno y los intereses de toda la deuda. Cualquier superávit restante debería destinarse de inmediato a la construcción de carreteras y autopistas, lo que daría empleo a muchas de las personas que actualmente participan en la revolución. Según fuentes muy competentes, los soldados rasos estarían encantados de ganar 75 centavos al día en la construcción de carreteras, y los oficiales tendrían empleo como supervisores y encargados del control horario. La construcción de buenas carreteras es una de las necesidades más apremiantes del país.

(*) La Propuesta hecha por el presidente Morales, a los Estados Unidos, estaba contenida en el “Proyecto de Acuerdo de Paz, Amistad y Reciprocidad” con el que fue enviado a Washington el ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez el 8 de enero de 1904, que como hemos referido anteriormente fue rechazado por el gobierno de los Estados Unidos, en razón de que contemplaba  algunas ventajas comerciales y financieras que deberían conceder a la República Dominicana, mientras que el Laudo Arbitral, apéndice del Protocolo de enero de 1903, que entonces se estaba discutiendo en Washington, les permitía lograr sus propósitos imperiales de intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana sin tener que ceder nada a cambio. Dicho Proyecto de Tratado está publicado de manera íntegra en este blog. (CDMM)

Continúa el Informe:

La República Dominicana es, en mi opinión y en la de quienes la conocen mejor que yo, el lugar más atractivo, fértil y saludable de todas las islas del Caribe. Posee una maravillosa diversidad de clima, suelo y altitud, adaptada a la producción de todo tipo de frutas, verduras, granos y pastos. Produce excelente ganado. Las altitudes varían desde el nivel del mar hasta alturas de más de 3000 metros. Es un país excepcionalmente bien regado. Cuenta con un número suficiente de buenos puertos y un clima, especialmente a lo largo de la costa norte, ideal. La belleza del paisaje es insuperable.

SITUACIÓN FINANCIERA. –

Al considerar la situación actual en la República Dominicana y las posibilidades de complicaciones internacionales al respecto, uno de los elementos más importantes a tener en cuenta es el de las deudas y reclamaciones externas.

La deuda pública de la República Dominicana actualmente en circulación es la siguiente:

Bonos unificados al 4 por ciento y recuperación de cónsules franco-estadounidenses (4 %) ……………………………………… 1,148,600

Obligaciones Or de St. Domingue, 2 3/4 %…………..………..2,736,750

Monto total de la deuda dominicana………………………………3,885,350

Las «obligaciones Or de St. Domingue», 2 3/4 %, se mantienen principalmente en Bélgica, digamos, por un monto de £2,000,000. Un número considerable se mantiene en Holanda, cantidades dispersas en Alemania y Francia, y alrededor de £25,000 en Inglaterra.

De las 1.148.600 £ en bonos y títulos al 4%, entre 825.000 £ y 850.000 $ se encuentran en Estados Unidos e Inglaterra; el resto en Francia. Del monto mantenido en Inglaterra y Estados Unidos, no más de 150.000 £ las poseen en Inglaterra; el resto, alrededor de 700.000 £, las poseen en Estados Unidos, pero una parte considerable está pignorada a acreedores en Inglaterra.

Los bonos poseídos en América son los de la Compañía de Mejoras de Santo Domingo y sus aliados, y aquellos bonos que están pignorados en Inglaterra pertenecen a amigos de esa compañía, con muy pocas excepciones. Todos los bonos mantenidos en Inglaterra, ya sean de propiedad privada o solo pignorados, están representados por el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros, que actúan en total armonía con la Compañía de Mejoras. El endeudamiento total de la República Dominicana no será inferior a 35.000.000 de dólares.

En cuanto a la disposición de los tenedores de bonos fuera de los Estados Unidos y la actitud y las probables intenciones de sus gobiernos, cabe mencionar los siguientes hechos:

En diciembre de 1901, el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros, en Londres, solicitó al Gobierno británico que instruyera a Lord Pauncefote para que se comunicara con el Gobierno de los Estados Unidos con el objetivo de emprender acciones conjuntas, a fin de presionar al Gobierno dominicano para que llegara a un acuerdo inmediato con la Compañía de Mejoras de Santo Domingo (*), en virtud del cual los derechos de los tenedores de bonos ingleses, a quienes la compañía representaba, estarían adecuadamente protegidos. Se entendió que el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros tomó esta medida creyendo que el Gobierno de los Estados Unidos, como se demostró, estaba dispuesto a tomar las medidas adecuadas en nombre de sus ciudadanos; pero también se entiende que el consejo habría pedido al Gobierno británico que protegiera los intereses de los súbditos británicos de forma independiente, en caso de que los Estados Unidos no hubieran actuado. (*)Compañía de Mejoras de Santo Domingo = San Domingo Improvement & Co.).

A principios de 1902, el cónsul británico en Santo Domingo recibió instrucciones de su Gobierno para cooperar con el encargado de negocios de los Estados Unidos, y el cónsul comunicó una copia del contenido de estas instrucciones al Gobierno dominicano. Como resultado de la interposición de los Estados Unidos, a la que siguió una larga negociación, se concluyó un Protocolo entre los dos Gobiernos el 31 de enero de 1903, en virtud del cual se resolvieron las reclamaciones de la San Domingo Improvement Company y sus aliados por la suma de 4.500.000 dólares, a pagar en cuotas anuales, cuyo monto se determinaría mediante arbitraje. Se ha organizado la junta de arbitraje, pero todas las sumas mensuales que el Gobierno dominicano acordó pagar mientras se resolvía el arbitraje permanecen impagas, excepto la primera, que correspondía a enero de 1903. Desde la firma del protocolo del 31 de enero de 1903, el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros ha confiado en el éxito de la interposición de los Estados Unidos (*). La actitud del consejo permanece inalterada.

Los intereses de los tenedores de bonos en el continente europeo están representados por dos asociaciones. Una de ellas es la Asociación para la Protección de los Tenedores de Valores Públicos (Comité de Défense des Porteurs de Rentes Dominicaines), con sede en Amberes y una sucursal en Bruselas. De esta asociación existe un comité especial dedicado a los intereses de los tenedores de valores dominicanos.                                                                                                                                                       

(*) Nos resulta un tanto extraño el argumento de la interacción que cita, entre Estados Unidos y el Consejo de Tenedores de Bonos Extranjeros respecto a la deuda dominicana, en razón de que los términos del Protocolo de enero de 1903 no contemplaban, en absoluto, otros intereses que no fueran los de la compañía norteamericana San Domingo Improvement, representada por el propio Estado norteamericano, como fue acordado en el Art. 1 del Protocolo y, en consecuencia, en los términos de la Sentencia, o Laudo, que emitieran los jueces del Tribunal Arbitral el 14 de julio de 1904. (CDMM)

Continúa el Informe:

La otra asociación se conoce como la Asociación Nacional de Tenedores Franceses de Valores Extranjeros (Association Nationale des Porteurs Français de Valeurs Étrangères), y también tiene un comité encargado de los intereses de los tenedores franceses de deuda dominicana

Estas asociaciones, que representan los bonos del 2 3/4 por ciento y los bonos del 4 por ciento que se mantenían en Francia, celebraron, en junio de 1901, un contrato con el Gobierno dominicano, en virtud del cual aceptaron, en lugar de la garantía general, una garantía especial, durante la vigencia del contrato, del 15 por ciento de los ingresos dominicanos, equivalente a no menos de 300.000 dólares anuales, garantizada especialmente con los ingresos aduaneros de la ciudad de Santo Domingo y, en caso de necesidad, con los de Macorís, y ningún otro. Se pagaron sumas considerables en virtud de este contrato, aunque de forma irregular. El interés y la disposición del Gobierno francés en el asunto quedaron patentes en junio pasado, cuando el embajador francés en Washington, el día 8 de ese mes, dirigió al Secretario de Estado una nota, adjunta como Anexo B, en la que se llamaba oficialmente la atención sobre los intereses de los ciudadanos franceses en virtud del contrato franco-belga de 1901 y se reservaban sus derechos en virtud de dicho contrato tratado frente a cualquier posible laudo que pudiera dictarse en virtud del protocolo entre los Estados Unidos y la República Dominicana del 31 de enero de 1903.

INTERVENCIÓN FRANCESA.

Más tarde, en septiembre del año pasado, el encargado de negocios francés en Santo Domingo intervino con éxito para desviar temporalmente los fondos que se estaban pagando por la deuda flotante interna al pago de las sumas adeudadas en virtud del contrato franco-belga de 1901. También cabe señalar que, en virtud del contrato, los tenedores de bonos franceses y belgas tienen representantes especiales en Santo Domingo con importantes poderes respecto a las aduanas; y fue en apoyo de las demandas de dichos representantes que intervino el encargado de negocios francés.

Aquí se puede prestar especial atención a una circular, cuya traducción se adjunta como Anexo C, emitida por la Asociación de Tenedores Franceses el 12 de febrero de 1903. Parece que, a petición de dicha asociación, el Ministro de Relaciones Exteriores francés, reconociendo y apoyando el contrato franco-belga de 1901, autorizó a un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Sr. Maurice Charpentier, a aceptar el cargo de delegado en virtud de dicho contrato para los tenedores de bonos franceses. Todavía se encuentra en Santo Domingo actuando como tal delegado.

En su circular # 626, del 29 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el Sr. Renoz, el Encargado de Negocios belga, lo había visitado para averiguar si no podían ponerse de acuerdo en algún plan que garantizara el pago a los acreedores extranjeros. El Sr. Renoz afirmó que los pagos adeudados a los tenedores de bonos belgas en virtud del contrato de 1901 estaban atrasados ​​por un monto superior a $500,000, y que, si bien Bélgica no podía exigir físicamente el pago, podría, si contaba con el apoyo moral de los Estados Unidos, obtener lo que se le debía. Por lo tanto, propuso que las naciones acreedoras propusieran al Gobierno dominicano hacerse cargo de las aduanas y recaudar y administrar los ingresos. Su plan era que esto se hiciera mediante una comisión internacional, en la que Estados Unidos, Francia y Bélgica estarían representados cada uno por un miembro. Cuando el Sr. Powell preguntó cómo se llevaría a cabo la administración de aduanas, el Sr. Renoz respondió que la fuerza oficial podría permanecer como estaba, pero que se le podría exigir que presentara informes a la Comisión en lugar de al Gobierno dominicano. El Sr. Powell expresó la opinión de que tal arreglo no sería satisfactorio, ya que no evitaría la malversación; que todo el personal del servicio de aduanas tendría que ser cambiado; y que para asegurar un servicio eficaz el jefe de cada puerto tendría que ser nombrado por la Comisión y debería ser extranjero. El Sr. Renoz respondió que los detalles podrían arreglarse fácilmente si Estados Unidos daba su consentimiento al plan. Al concluir su conferencia, cada ministro declaró que pondría el asunto en conocimiento de su Gobierno.

Sin embargo, cabe observar que las posibilidades de complicaciones tempranas en la República Dominicana no se limitan en absoluto a los intereses de los tenedores de bonos. Las condiciones de desorden que han prevalecido durante los últimos tres años han dado lugar a reclamaciones muy extensas por parte de ciudadanos y súbditos de diversas potencias extranjeras. La mayoría de estas reclamaciones se liquidaron en junio de 1902, y luego se financiaron mediante dos contratos, por los cuales los acreedores, como garantía especial para el pago de sus demandas, fueron facultados directamente para cobrar el 10 por ciento de los ingresos. Las reclamaciones extranjeras así financiadas fueron las siguientes:

Ciudadanos italianos:………….. $1.613.023,61

Ciudadanos alemanes: …………….$485,655,81 

Ciudadanos estadounidenses……$396,944.81

Ciudadanos puertorriqueños…….$78,845,23

Ciudadanos holandeses……………….$13.590,60

Ciudadanos ingleses………………………$23.131,85

Además de las reclamaciones anteriores, también existe una reclamación por $196,534, en la que se combinan intereses alemanes, y españoles garantizados, cuyos medios de pago son proporcionados por un acuerdo internacional entre los cónsules alemán y español, por una parte, y el Gobierno dominicano, por la otra.

Existen, además, otras reclamaciones liquidadas y no liquidadas, estadounidenses y extranjeras, que ascienden a sumas considerables. Algunas de ellas ya han sido liquidadas, entre las que se encuentran reclamaciones de súbditos italianos por un monto de 379.312,78 dólares.

CONDICIONES ACTUALES.

Entre las deudas liquidadas y no liquidadas, hay préstamos contraídos por Gobiernos y préstamos contraídos por revolucionarios, esta última clase legitimada por los prestatarios cuando éstos lograron el poder y se convirtieron en Gobierno. Los préstamos a los Gobiernos a menudo se han obtenido con el propósito de resistir o sofocar intentos revolucionarios. Una cierta parte, quizás mucho menos de la mitad, se ha contraído para fines totalmente legítimos. Cabe señalar también que un porcentaje muy elevado, tanto de las deudas flotantes liquidadas como de las no liquidadas, se compone de intereses acumulados, que a veces alcanzan el 1 1/2 o incluso el 2 por ciento mensual, capitalizados mensualmente, llegando, con comisiones y bonificaciones, en muchos casos a igualar el efectivo realmente entregado.

Como ejemplo de la situación financiera y la gestión actuales, cabe mencionar que, desde el 1 de mayo de 1900 hasta el 31 de mayo de 1903, se asignaron en el presupuesto, calculados en función de los ingresos y la paz: para la agricultura, 15.240 dólares, destinados íntegramente a salarios; para la instrucción pública, 101.749 dólares; para obras públicas, 69.793 dólares; y para fines bélicos, 1.183.202 dólares. No se previeron asignaciones para la contingencia de una guerra o revolución. Las sumas adicionales gastadas para sofocar revoluciones son conjeturales, ya que no se han publicado cuentas excepto para el período del 1 de mayo de 1902 al 31 de marzo de 1903. Las cuentas de este período muestran un ingreso de $1,700,576 y un gasto para «fines de guerra» de $241,206, para «dos revoluciones» de $138,113 y para «gastos extraordinarios», cuya naturaleza no se especifica, de $271,507. Suponiendo que los $241,206 para «fines de guerra» sean sumas asignadas por el presupuesto, los gastos «revolucionarios» y «extraordinarios», no previstos en el presupuesto, ascendieron a $409,620, que sin duda se sufragaron desviando los fondos asignados a la deuda externa, cuyo pago cayó en desuso.

Entre las recientes demandas extranjeras, también se encuentran las reclamaciones francesas acumuladas por daños reiterados, durante las diversas revoluciones en la República Dominicana desde 1899, a las líneas telegráficas propiedad de The French Cable Company. El embajador francés notificó estas demandas a Estados Unidos en su nota del 8 de junio.

Todas las reclamaciones aquí mencionadas, tanto liquidadas como ilíquidas, han surgido desde la creación de la deuda garantizada. Cabe señalar que prácticamente todos los grandes intereses industriales y comerciales del país, a diferencia de la agricultura elemental, son propiedad de extranjeros o están controlados por ellos. Las plantaciones de azúcar son propiedad de estadounidenses e italianos. Las extensas plantaciones de banano son propiedad de estadounidenses. De los dos ferrocarriles terminados, uno es propiedad de súbditos británicos, mientras que el otro es operado bajo un contrato de arrendamiento a largo plazo por una compañía estadounidense, aliada de la San Domingo Improvement Company, de Nueva York. Otro ferrocarril está en construcción por una compañía estadounidense. La exportación de maderas está principalmente en manos de estadounidenses. Los campos petrolíferos de Azua están siendo desarrollados por una compañía estadounidense. Los privilegios portuarios de tres de los principales puertos son propiedad de extranjeros: estadounidenses e italianos. Cuatro grandes casas comerciales son propiedad de alemanes o están controladas por ellos, y una por italianos.

Nota: Este párrafo, que se refiere a las cuantiosas posesiones, negocios e intereses de compañías extranjeras en la República Dominicana de la época, reflejan el motivo y la persistencia de los Estados Unidos por intervenir en los asuntos políticos y financieros dominicanos, tal como solicita de manera amplia y clara en la carta que dirigiera al Encargado de Negocios norteamericano William F. Powell, el señor WM. L. BASS en diciembre de 1903, como se puede apreciar más adelante en este informe (Anexo A) . (CDMM)

Contnúa el Informe:

SANTO DOMINGO: HISTORIA Y ALGUNOS ACONTECIMIENTOS RECIENTES.

El término español Santo Domingo, o la forma inglesa San Domingo, ahora se aplica generalmente a aquella parte de la antigua isla de La Española que está comprendida dentro de la República Dominicana, el resto de la isla estaba ocupada por la República de Haití. En 1822, la gente de la parte oriental, o española, de la isla fue sometida por la gente de la parte occidental, o francesa, llamada haitiana; pero en 1844, los primeros reafirmaron su independencia y establecieron un gobierno bajo el título de República Dominicana.

En diciembre de 1844, la República Dominicana, que entonces todavía estaba en guerra con Haití, envió un agente, Señor Caminero, a los Estados Unidos para solicitar el reconocimiento de su independencia. Al año siguiente, el Sr. John Hogan, de Nueva York, fue enviado como comisionado especial para realizar una investigación e informar sobre la cuestión de si se debía reconocer al gobierno dominicano. El informe del Sr. Hogan fue en general favorable al reconocimiento, pero éste no se concedió; y posteriormente, en 1849 y 1850, los Gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña intervinieron conjuntamente, con el propósito de poner fin a la guerra entre los haitianos y los dominicanos, sobre la base de la independencia de éstos últimos.

La independencia de la República Dominicana se estableció, pero Estados Unidos no entabló relaciones diplomáticas formales con el Gobierno hasta 1862. Mientras tanto, Estados Unidos había manifestado de diversas maneras un interés especial en la República Dominicana. En 1854, el Capitán (posteriormente General) George B. McClellan fue enviado por la Secretaría de Guerra para examinar los puertos del país, con miras al establecimiento de una estación de abastecimiento de carbón. Informó que los mejores puertos de la República eran los de la Bahía de Samaná, Manzanillo y Ocoa. Recomendó encarecidamente la adquisición de la Bahía de Samaná, junto con toda la península y los cayos adyacentes, si fuera posible. La bahía de Samaná está, como informó el Capitán McClellan, casi directamente en la ruta de los buques que utilizan el paso de la Mona, la vía oriental más importante hacia el Mar Caribe, cuya importancia se verá enormemente incrementada por la apertura de un canal entre el Atlántico y el Pacífico en Panamá.

El 5 de octubre de 1854 se firmó en la ciudad de Santo Domingo un tratado entre los Estados Unidos y la República Dominicana, pero posteriormente fue enmendado por el Congreso Dominicano y no se intercambiaron las ratificaciones. Durante las negociaciones, los plenipotenciarios dominicanos acordaron insertar un artículo con el propósito de otorgar una estación de abastecimiento de carbón a los Estados Unidos en la bahía de Samaná, pero posteriormente fueron inducidos a omitirlo debido a la oposición de los representantes de ciertas potencias europeas. El 5 de octubre de 1855, el Sr. Marcy, Secretario de Estado, dio instrucciones a un agente especial de los Estados Unidos para negociar un nuevo tratado y, si fuera posible, para inducir al Gobierno dominicano a aceptar dicho artículo, ya que sus representantes se habían retirado en las negociaciones anteriores.

En 1861, el Gobierno de España, aprovechando la situación en los Estados Unidos (*), reanexionó Santo Domingo. Estados Unidos protestó enérgicamente contra este acto, pero dadas las circunstancias, la protesta fue desestimada. Los dominicanos, sin embargo, se opusieron a la acción de España y la resistieron, y en su resistencia fueron ayudados por Haití. En abril de 1865, el español Cortés promulgó una ley para el abandono de Santo Domingo, y esta ley fue firmada por la Reina de España el 30 de ese mes.franco-estadounidenses. (*) Se refiere a la guerra civil, o de Secesión, en Estados Unidos iniciada en abril de 1861. (CDMM)

Los acontecimientos ocurridos en Santo Domingo, junto con la experiencia durante la guerra civil de las graves desventajas derivadas de la falta de instalaciones navales, llevaron al Sr. Seward en 1866 a renovar el esfuerzo por establecer una base naval en Santo Domingo. Con ese fin, instruyó al Sr. F. W. Seward, Subsecretario de Estado, el 17 de diciembre de 1866, para que viajara a ese país como enviado especial con plenos poderes para concluir un convenio con la República Dominicana para la cesión o arrendamiento del territorio requerido a los Estados Unidos. Se esperaba que la cesión, de realizarse, fuera bajo plena soberanía; pero si esto no se pudiera efectuar, se indicó que se aceptaría un arrendamiento por un plazo de treinta años. En sus instrucciones del 17 de diciembre de 1866, el Sr. Seward dijo:

“Durante la administración del general Pierce se ofreció arrendar tierras en la bahía de Samaná como estación de carbón para buques de pasajeros y de guerra, y se envió a un ingeniero del ejército en un buque de guerra para seleccionar un sitio. Desafortunadamente, el estudio se realizó prematuramente antes de que se hubiera llegado a un acuerdo con ese gobierno sobre el tema. El deseo de los Estados Unidos se dio a conocer a los representantes de algunos estados extranjeros en esa región, quienes tuvieron suficiente influencia como para frustrar nuestros planes. La reciente intervención de España en la República Dominicana tuvo como motivo la envidia hacia nuestros deseos de una base naval en Samaná. No se podía esperar que la propuesta que ahora se está considerando tuviera éxito, a menos que se observara cautela, secreto y diligencia al llevarla a cabo… El vicealmirante Porter de la Armada lo acompañará”.

El Sr. F. W. Seward, al llegar a Santo Domingo, entabló relaciones con las autoridades dominicanas y discutió con ellas las propuestas que estaba autorizado a hacer, pero no se llegó a ninguna conclusión. El Sr. Seward pronto regresó a los Estados Unidos y sus poderes fueron transferidos al Sr. Smith, agente comercial de los Estados Unidos en la ciudad de Santo Domingo.

En 1868, el presidente Báez y su ministro confidencial, el Sr. Félix Delmonte, propusieron confidencialmente al Sr. Smith, en esencia, que, en vista de la situación existente entonces en Santo Domingo, el Presidente de los Estados Unidos publicara inmediatamente una declaración que pusiera a la República Dominicana bajo la protección de Estados Unidos, y debería enviar buques de guerra para tomar posesión de las bahías de Samaná y Manzanillo y de cualquier otro punto que la estrategia militar pudiera indicar. El Sr. Seward respondió que el Presidente no se consideraba facultado para tomar tal medida, pero que el tema era muy importante y se sometería al Congreso en la próxima sesión.

PRIMERAS CONVERSACIONES SOBRE LA ANEXIÓN.

El tema se presentó al Congreso en el mensaje anual del Presidente del 9 de diciembre de 1868, en los siguientes términos:

Una política nacional integral parecería sancionar la adquisición e incorporación a nuestra Unión Federal de las diversas comunidades continentales e insulares adyacentes tan pronto como pueda hacerse pacíficamente, legalmente y sin ninguna violación de la justicia, la fe o el honor nacionales. La posesión o el control extranjero de estas comunidades ha obstaculizado hasta ahora el crecimiento y perjudicado la influencia de Estados Unidos. Una revolución crónica y la anarquía allí serían igualmente perjudiciales Pronto será necesario que este Gobierno preste ayuda efectiva a la solución de los problemas políticos y sociales que las dos Repúblicas de la isla de Santo Domingo mantienen constantemente ante el mundo, y que ahora se manifiestan con mayor claridad que nunca en la isla de Cuba. Este asunto se somete a su consideración con mayor urgencia porque estoy convencido de que ha llegado el momento en que incluso una medida tan directa como la propuesta de anexión de las dos Repúblicas de la isla de Santo Domingo no solo contaría con el consentimiento de los interesados, sino que también satisfaría a todas las demás naciones extranjeras.

En una carta al Sr. Banks, de la Cámara de Representantes, el 29 de enero de 1869, el Sr. Seward dijo que la opinión expresada por el Presidente de que las Repúblicas de Haití y Santo Domingo no estaban desprevenidas ante una propuesta directa de anexión, se infirió de la naturaleza de las propuestas que se habían recibido de la República Dominicana antes de la reunión del Congreso, pero que en el transcurso de la semana en curso había llegado de la República Dominicana una propuesta fidedigna y confidencial para la anexión inmediata; que esta propuesta renunciaba a todas las estipulaciones preliminares y se dirigía simplemente a la discreción y amistad de los Estados Unidos; y que un agente de la República Dominicana esperaba la acción del Gobierno.

A esta correspondencia le siguió la presentación por parte del Sr. Orth en la Cámara de Representantes de una resolución conjunta para la admisión de la República Dominicana, a solicitud de su pueblo y gobierno, en la Unión como Territorio de los Estados Unidos, con miras a su eventual condición de estado. La resolución no fue acompañada de un informe, pero el Sr. Orth dijo que «contaba con la aprobación de una amplia mayoría del Comité de Asuntos Exteriores». Tras insistir en la cuestión anterior, la resolución fue archivada por una votación de 110 a 63.

En julio de 1869, el presidente Grant envió al general Babcock a Santo Domingo para obtener información. El general Babcock, quien portaba instrucciones al respecto del Sr. Fish, zarpó de Nueva York el 17 de julio de 1869. El 4 de septiembre firmó con el Sr. Gautier, secretario de Estado dominicano, un protocolo que contenía ciertos artículos que servirían de base para un tratado de anexión definitivo. Posteriormente, el general Babcock regresó a los Estados Unidos. El 16 de noviembre de 1869, recibió instrucciones de regresar a Santo Domingo con un borrador de tratado de anexión y también de un convenio para el arrendamiento de la bahía de Samaná. El tratado y el convenio debían ser concluidos por el Sr. Perry, agente comercial de los Estados Unidos en la ciudad de Santo Domingo, quien actuaría bajo el consejo del general Babcock. Tanto el tratado como la convención se firmaron el 29 de noviembre de 1869. Se comunicaron al Senado el 10 de enero de 1870. El tratado de anexión, al someterse a votación, no logró obtener la mayoría de dos tercios requerida. La votación fue de 28 a 28. La convención también fracasó.

En su mensaje anual del 5 de diciembre de 1870, el presidente Grant, refiriéndose al fracaso del tratado, dijo que en ese momento estaba completamente convencido de que los mejores intereses del país, tanto comerciales como materiales, exigían su ratificación, y que la reflexión posterior lo había confirmado en esta opinión.

Mediante una resolución conjunta del Congreso aprobada el 12 de enero de 1871, el presidente Grant nombró una comisión para que se dirigiera a Santo Domingo e informara sobre su situación política y social, así como sobre la disposición de la población respecto a la cuestión de la anexión. Los miembros de la comisión fueron Benjamin F. Wade, de Ohio; Andrew D. White, de Nueva York; y Samuel G. Howe, de Massachusetts. La comisión visitó la isla, examinó sus recursos y, en su informe, respaldó la política recomendada por el presidente Grant. Al comunicar el informe al Congreso, el presidente Grant, refiriéndose a ciertas características personales de la oposición que habían llevado al fracaso del tratado, dijo:

“El mero rechazo por parte del Senado de un tratado negociado por el Presidente solo indica una diferencia de opinión entre distintos departamentos del Gobierno, sin afectar el carácter ni herir el orgullo de ninguno. Pero cuando dicho rechazo se produce simultáneamente con acusaciones abiertas de corrupción por parte del Presidente, o de sus empleados, el caso es diferente. En efecto, en tal caso, el honor de la nación exige una investigación. Esto se ha logrado mediante el informe de los comisionados, que se adjunta, y que vindica plenamente la pureza de los motivos y las acciones de quienes representaron a los Estados Unidos en la negociación. Y ahora mi tarea ha terminado, y con ella finaliza toda preocupación personal sobre el tema”.

Se entendió que estas declaraciones del Presidente se referían a un discurso pronunciado por el Sr. Sumner cuando la resolución para el nombramiento de la comisión estaba pendiente ante el Senado. El Presidente Grant no instó más al Congreso a la anexión de la República Dominicana; pero en su último mensaje anual del 5 de diciembre de 1876, reiteró su adhesión a las opiniones sobre las que había actuado originalmente y que había presentado al Congreso en 1870 y 1871.

Se entiende que ciertas negociaciones se llevaron a cabo a través del Sr. Durham, encargado de negocios estadounidense, en 1892, para la adquisición de la Bahía de Samaná por parte de los Estados Unidos, pero hay pocos registros de ellas en el Departamento.

REVOLUCIONES.

No es necesario entrar en los detalles de las revoluciones que han tenido lugar en la República Dominicana desde el establecimiento de su independencia Para comprender la situación actual, basta con remontarse a 1898. En mayo de ese año, una expedición partió de Estados Unidos a bordo del vapor Fanita, supuestamente con insurgentes cubanos a bordo. Dado que Estados Unidos se encontraba entonces en guerra con España, se entiende que la expedición contó con el apoyo y la ayuda activa del Gobierno de Estados Unidos para el propósito mencionado. Sin embargo, la expedición no llegó a Cuba. Su comandante nominal, el «Capitán Rodríguez», resultó ser el Sr. J. I. Jimenes, dominicano, y su destino, el puerto de Montecristi, en la República Dominicana. Jimenes estaba asociado con el general Agustín Morales. Desembarcaron en Montecristi, donde la mayoría fueron fusilados (*). El propio Jimenes escapó y huyó. Posteriormente, Jimenes reanudó sus planes revolucionarios; y el 26 de julio de 1899, el presidente Heureaux fue asesinado. Pocos días después, el Sr. Ramón Cáceres, quien lo había asesinado, y el general Horacio Vásquez, actuando con otras personas, iniciaron una revolución. La revolución se extendió por el interior de la isla, y el 29 de agosto de 1899, el general Vásquez fue proclamado por un comité de ciudadanos como Presidente de un Gobierno Provisional en Santiago. Tras el asesinato de Heureaux, el Vicepresidente Figuereo había asumido la Presidencia del Gobierno regular en la ciudad de Santo Domingo; pero el 30 de agosto de 1899, renunció, y al día siguiente los miembros del Gabinete abandonaron sus cargos. Las fuerzas del general Vásquez entraron en la capital el 5 de septiembre, y entonces se convirtió en jefe de un Gobierno Provisional, que posteriormente fue reconocido por potencias extranjeras.

(*) Los expedicionarios no fueron fusilados. Algunos fueron heridos en combate durante la retirada del muelle hasta el Fanita, como Agustín, que fue herido de muerte mientras se retiraba en un bote. Se dice que después que Agustín Morales resultara herido en la cabeza, el bote regreso al muelle donde pidió agua por la sed que le producía el sangrado, y que la bebió teñida de su propia sangre que caía de su cabeza. (CDMM)

Continúa el Informe:

El Gobierno del general Vásquez continuó hasta el 20 de noviembre de 1899, cuando Señor J. I. Jimenes lo sucedió como Presidente «Constitucional» o Electivo, con el general Vásquez como Vicepresidente. El Señor Cáceres fue nombrado gobernador de Santiago.

El gobierno de Jimenes duró hasta el 2 de mayo de 1902, cuando, tras una dura lucha, fue derrocado como resultado de una revolución encabezada por el general Vásquez, vicepresidente, quien luego se convirtió en presidente de otro gobierno provisional.

En octubre de 1902, comenzaron a producirse levantamientos locales, que continuaron hasta marzo de 1903, cuando se inició un movimiento revolucionario independiente en la Capital bajo el liderazgo del general Alejandro Woss y Gil, quien, el 18 de abril de 1903, se convirtió en presidente de un nuevo gobierno provisional. Antes de que tuviera lugar esta revolución, el general Vásquez había convocado elecciones, pero la revolución impidió que se celebraran. El general Woss y Gil, tras su instalación, también convocó elecciones, y a su debido tiempo fue elegido presidente constitucional para sucederse a sí mismo como presidente provisional.

Entre las causas de la revolución contra el general Vásquez, según lo narrado por el Sr. Powell, encargado de negocios estadounidense, en un despacho del 14 de enero de 1903, se encontraba la negativa del general Vásquez, quien parecía deseoso de mejorar la situación del país y evitar el saqueo generalizado de fondos públicos, a continuar con los estipendios mensuales de varios hombres denominados «jefes» en sus distritos, quienes no ocupaban ningún cargo público ni realizaban ningún trabajo público, pero de quienes, además de mantener informado al Presidente sobre cualquier descontento que prevaleciera en sus secciones, se esperaba, en caso de insurrección, que reunieran a sus amigos y lucharan del lado del Presidente. Esta práctica, según el Sr. Powell, se originó con el general Heureaux y alcanzó durante su administración un desarrollo anormal, de modo que había varios cientos de estos hombres a su servicio. La práctica había sido continuada en gran medida por Jimenes. El general Vásquez no intentó restringirla, si no abolirla.

ACONTECIMIENTOS POSTERIORES.

El 31 de agosto de 1903, el Secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno del General Wos y Gil presentó al Congreso Dominicano un proyecto para la neutralización de las aguas territoriales de la República y el establecimiento de puertos francos en Samaná y Manzanillo. La esencia de este proyecto, cuyo diseño declarado era impedir la adquisición de privilegios especiales por parte de cualquier nación, era la siguiente:

1. Decretar sin demora la neutralización absoluta de las aguas, bahías, puertos y atracaderos de la República Dominicana, con excepción del derecho a defender la costa con las fuerzas terrestres y navales de la República en caso de ataque o agresión extranjera.

2. Declarar que las bahías de Samaná y Manzanillo sean, en sus partes exteriores, zonas de libre acceso, abiertas a los buques de todas las naciones comerciales, reservándose el Gobierno las partes interiores para el establecimiento de reglamentos aduaneros.

3. Declarar que la República Dominicana construiría muelles, diques fijos o flotantes, astilleros, almacenes y demás estructuras necesarias y adecuadas para el fondeo, reparación, atraque y tráfico de embarcaciones en las aguas de las dos bahías antes mencionadas, y organizaría servicios administrativos en ellas por una compensación moderada.

4. Autorizar al Poder Ejecutivo a realizar las negociaciones y operaciones financieras necesarias para obtener mediante un préstamo los fondos para tales fines.

5. Como garantía para el pago de este préstamo, aplicar, entre otras cosas, los probables ingresos de los contratos de uso y disfrute pacífico de los balnearios en cuestión, así como los ingresos derivados de las concesiones de ubicaciones en sus costas para fines comerciales e industriales.

Como consecuencia de la protesta del Sr. Powell, el encargado de negocios estadounidense en la ciudad de Santo Domingo, este proyecto fue retirado del Congreso.

El 26 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el gobernador de Puerto Plata, el Sr. Carlos F. Morales, se había pronunciado en contra del Gobierno del General Woss y Gil, y que ese distrito estaba nuevamente en insurrección. El movimiento, dijo el Sr. Powell, parecía estar a favor de Jimenes, el antiguo Presidente, y si tuviera éxito no traería la paz al país, ya que el partido de Vásquez no lo aceptaría como Presidente ni a Jimenes ni a ninguna persona nombrada por él, ni Jiménez aceptaría a Vásquez ni a un miembro de su partido. Había entonces tres partidos: el partido de Woss y Gil, o Gobierno, el partido de Jimenes y el partido de Vásquez. El General Deschamps, el Vicepresidente, al enterarse del movimiento revolucionario, había salido de Santiago para Puerto Plata (*).

(*) La información de que el vicepresidente Deschamps salió de Santiago para Puerto Plata es errónea, ya que se fue al exilio por Montecristi. Así también lo refiere erróneamente Sumner Welles, en La Viña de Naboth, agregando que el vicepresidente había sido apresado por Morales al llegar a Puerto Plata, lo que fue desmentido por el señor Manfredo Moore, traductor de dicha obra, en una nota a pie de página de la misma, como testigo de excepción que fue, lo que manifestó en los términos siguientes:

“Es inexacto ese dato. El Vicepresidente Deschamps no fue reducido a prisión; él se embarcó en Monte Cristi para el extranjero. El Traductor era Secretario del Vicepresidente Deschamps y lo acompañó hasta Navarrete en el viaje hacia Monte Cristi”. N. del T. (La Viña de Naboth, Pág. 73, Tomo II).   (CDMM)

Continúa el Informe:

El 30 de octubre de 1903, el Sr. Powell informó que el Gobierno, inmediatamente después del estallido de la insurrección en Puerto Plata, envió sus dos buques de guerra a ese lugar con tropas, bajo el mando del Ministro de Guerra. A su llegada, el Ministro de Guerra exigió la rendición del lugar bajo pena de bombardeo. Permaneció allí dos días y luego partió hacia la bahía de Samaná sin haber ejecutado su amenaza. El único resultado de su visita fue que impidió que el vapor Cherokee de la Clyde, así como un vapor cubano, entraran en Puerto Plata o Samaná, después de que se disparara un tiro delante de la proa de cada buque como advertencia para que no entraran (*). En ese momento se estaban levantando barricadas en las entradas de la ciudad de Santo Domingo, donde se esperaba un ataque. El 4 de noviembre de 1903, el Sr. Powell informó que la posición del Gobierno de Woss y Gil se estaba debilitando, pero que la situación no mejoraría si los insurgentes ganaban, ya que en cuatro meses habría otra revolución, por la misma razón que había provocado la existente: el deseo de obtener el control de los ingresos aduaneros.

*Nota: Este informe del señor Powell desmiente las conjeturas que sostienen algunos, de que los norteamericanos ayudaron a Morales a tomar el Poder. La cañonera Independencia, con el ministro de Guerra y Marina del gobierno de Alejandro Woss y Gil a bordo, estableció un bloqueo naval al puerto de Puerto Plata el 28 de noviembre de 1903, cuatro días después de declararse la revolución de La Union en dicha ciudad, impidiendo que buque alguno entrara al puerto. Así también consta en los registros de The Week´s Progress de Nueva York, el 14 de noviembre del mismo año (Pág.462), sobre el reportaje del periódico “The Summary”, de New York, del 30 de octubre de 1903. (Ver en este blog: Bloqueo Naval a Puerto Plata).  De manera que en los alrededores de Puerto Plata no había un buque de guerra norteamericano que pudiera actuar a favor de Morales, amén de que su gobierno no fue reconocido por los Estados Unidos, sino hasta el 20 de enero de 1904, casi dos meses después. La acción del Independencia evitando que el buque mercante norteamericano Cherokee tuviera que seguir ruta sin poder entrar a puerto, a cumplir su cometido, produjo tal disgusto al señor Powell, quien de inmediato solicitó el envío a Puerto Plata de dos buques de guerra norteamericanos para evitar que ese tipo de acciones se repitieran y afectaran sus intereses. (CDMM)

Continúa el Informe:

El 6 de noviembre de 1903, el Sr. Powell informó que Macorís, donde había grandes intereses estadounidenses, había sido bombardeada por un buque de guerra dominicano. El 7 de noviembre, los insurgentes llegaron a la ciudad de Santo Domingo y comenzaron un ataque con proyectiles.

El 11 de noviembre, el Sr. Powell informó que había dos buques de guerra alemanes en la ciudad de Santo Domingo: el Panther y el Gaselle, y que se esperaba la llegada inmediata de un buque italiano y uno francés.

El 25 de noviembre, después de repetidos ataques, la ciudad de Santo Domingo se rindió a los revolucionarios bajo el liderazgo de Morales. Los guardias colocados por las fuerzas navales extranjeras alrededor de las legaciones y consulados de sus gobiernos fueron retirados. Se acordó que se celebrarían elecciones presidenciales; pero el Sr. Powell expresó la opinión de que, si Jimenes era elegido, estallaría otra revolución dentro de los tres meses posteriores a su toma de posesión, y que lo mismo sucedería si se eligiera a un partisano fuerte del general Vásquez. Si se eligiera a un nuevo hombre que contara con el apoyo de todas las facciones, podría mantener la paz si lograba mejorar la situación financiera; pero si no lo lograba, se produciría otra revolución (*). La revolución actual, dijo el Sr. Powell, le había costado al país casi 700.000 dólares, y el nuevo Gobierno encontró una tesorería vacía, con todos los recursos del país hipotecados y sin medios para obtener fondos. «Tal como están las cosas hoy», dijo, «el país está en bancarrota viral, y esta condición, como he declarado en una comunicación anterior al Departamento, implica un peligro para nuestro Gobierno, ya que los acreedores extranjeros exigirán el pago de sus reclamaciones, demanda que será impuesta por los cañones de buques de guerra extranjeros. Al mismo tiempo, nuestros ciudadanos harán una demanda similar. Este es el grave peligro que nos enfrenta, y requerirá la más sabia habilidad política para evitarlo.»

(*) El Encargado de Negocios norteamericano estaba muy bien enterado de las diferencias tan profundas que mantenían las facciones jimenistas y horacistas. Tanto así, que ni Morales, quien había logrado conciliar ambos bandos para la toma del Poder, podía determinar el rumbo que podían tomar las cosas. (CDMM)

DISTURBIOS RENOVADOS,

El 4 de diciembre de 1903, el Sr. Powell informó que la situación política seguía siendo inestable. El Gobierno Provisional de Morales tenía el control total, pero había señales de agitación. Los partidarios de Jimenes deseaban elegirlo como presidente, mientras que los partidarios del general Vásquez parecían favorecer al general Morales, aunque este había sido anteriormente un revolucionario seguidor de Jimenes. Desde la llegada del nuevo gobierno, se habían producido disturbios en Montecristi, Samaná, La Vega, Azua y Barahona, pero habían sido sofocados. En todos esos lugares había muchos partidarios de Jimenes. El gobierno había emitido un decreto declarando que todas las garantías quedaban suspendidas y que los ingresos aduaneros debían pagarse en efectivo. Los comerciantes se habían opuesto y habían notificado al gobierno que, si se aplicaba este decreto, no importarían ninguna mercancía. Era probable que se llegara a un acuerdo.

Hubo muchos disparos en las calles por la noche, en los que murieron muchas personas, por lo que era peligroso salir después del anochecer.

El 12 de diciembre, el Sr. Powell informó que Jimenes estaba en Montecristi con varios de sus seguidores, y que se suponía que en pocos días organizaría otra revolución (1). Morales se estaba preparando para el conflicto. El 15 de diciembre el Sr. Powell escribió que un miembro del Gobierno había preguntado si los Estados Unidos le prestarían o adelantarían dinero (2). Él había respondido que el Gobierno de los Estados Unidos no podía adelantar dinero sin el consentimiento del Congreso, y que por lo tanto sería inútil apelar a él.

*Notas: (1) El 8 de diciembre Morales hizo el Decreto que fijaba las elecciones para mediados de enero de 1904, el 12 de diciembre los jimenistas anunciaron sus candidaturas: Jimenes a la Presidencia y Miguel Andrés Pichardo a la Vicepresidencia. El 14 de diciembre Cáceres ofreció la candidatura presidencial de los horacistas a Morales y, al día siguiente, cuando los jimenistas se enteraron de que Morales había aceptado, se levantaron en armas y la guerra se extendió por todo el territorio nacional.

(2) Esa información nos parece muy extraña, ¿adelantar dinero de qué y cómo? El gobierno norteamericano no prestaba dinero, además de que no había reconocido el gobierno provisional sino hasta 40 días después (el 20 de diciembre de 1904). (CDMM)

Continúa el Informe:

La situación en la República Dominicana en diciembre de 1903 se describe vívidamente en una carta dirigida por un ciudadano estadounidense, el Sr. W. L. Bass, el mayor plantador de azúcar de San Pedro de Macorís, al Sr. Powell el 12 de ese mes, y comunicada por el Sr. Powell al Departamento de Estado con su número 688, del 14 de diciembre pasado. Una copia de esta carta se adjunta como Anexo A.

El 15 de diciembre de 1903, el Sr. Powell informó que la República Dominicana estaba en medio de otra revolución, que prometía ser seria. Anteriormente había expresado la opinión de que una revolución era inminente, pero no creía que ocurriría antes de marzo. El nuevo intento fue iniciado por amigos de Sr. Jimenes, el partido de Vásquez se unió a Morales para resistir. Se había producido una pelea en Santiago, donde varios miembros del partido de Jimenes murieron Se había intentado secuestrar al general Morales, presidente del Gobierno Provisional, pero había fracasado. Se habían realizado arrestos y la situación era crítica. Posteriormente, el general Rodríguez, gobernador de Macorís, se pronunció a favor de Jimenes. Los seguidores de Morales en ese lugar tomaron las armas para obligar al gobernador a marcharse. El Sr. Powell afirma que hay grandes inversiones estadounidenses en plantaciones de caña de azúcar en Macorís, que ascienden a 500.000 dólares. Se dice que la gente de los alrededores de Macorís se pasó de Morales a Jimenes porque las fuerzas del primero se quedaron sin municiones. Condiciones similares de desorden han continuado existiendo y han surgido continuamente preguntas sobre bloqueos, bombardeos y otras medidas militares.

LAS ADUANADAS.

Desde mi regreso a Washington, he recibido la siguiente carta del Sr. Powell:

LEGACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS, Ciudad de Santo Domingo, R. D., 5 de marzo de 1904.

Honorable FRANCIS B. LOOMIS,

Subsecretario de Estado, Washington, D. C.

SEÑOR: Desde mi entrevista informal con usted en el Mayflower, he obtenido rápidamente una estimación aproximada del costo de llevar a cabo la administración del servicio de aduanas.

INGRESOS DE ADUANAS

En la actualidad no se pueden proporcionar cifras auténticas sobre cuáles han sido los ingresos aduaneros del año pasado, pero según las cifras disponibles, durante el último año de la Compañía de Mejoras, bajo la dirección del Honorable J. T. Abbott, los ingresos aduaneros fueron mayores que los de cualquier período anterior o posterior, acercándose a los 2.500.000 dólares. Esto se debió principalmente a la gestión judicial y a la reducción de personal instituidas por el Juez Abbott, aunque en ese momento había muchos funcionarios con salarios elevados, lo cual, si el mismo servicio pasara a estar bajo el control de nuestro Gobierno, no habría ocurrido.

ARANCELES

En primer lugar, sugeriría una nueva regulación arancelaria. La actual se estableció hace varios años y se basó en la moneda en uso en ese entonces, que era casi exclusivamente papel moneda. Ésta tarifa podría soportar fácilmente una reducción del 20 por ciento de sus cifras actuales y generar ingresos mucho mayores, y mediante un estricto control de las importaciones, los ingresos aduaneros en pocos años aumentarían de, digamos, $2,000,000 a $4,500,000 0 $5,500,000. Con una tarifa reducida, habría un mayor consumo de bienes, y como estas personas compran casi exclusivamente en nuestro mercado, nosotros seríamos los beneficiados y con una ley aduanera estricta que regule todas las importaciones, se acabaría todo el contrabando que actualmente se produce En este sentido, sería prudente eliminar todos los aranceles de exportación, ya que sería un incentivo para estimular a la gente a participar activamente en actividades agrícolas, cuyo objetivo sería el fin de todas las revoluciones en el interior. Esta medida aumentaría los productos agrícolas, que encontrarían su mercado en los Estados Unidos y que también significaría un aumento de las compras en nuestro mercado. Este es un lado del caso.

El otro lado es que sería imposible para cualquier persona insatisfecha, o ambiciosa, iniciar una revolución; se eliminaría lo que se conoce como los jefes, o pequeños jefes, a los que el Gobierno tiene que pagar constantemente cada año para mantenerlos tranquilos. Bajo esta nueva condición, todo esto desaparecerá y, dentro de dos o tres años, habrá un cambio marcado en todos los aspectos, tanto en el Gobierno como en la gente. El costo que le correspondería al Gobierno, que se cargaría a la recaudación de 57,000 dólares, posiblemente un poco más, y se recaudará de la siguiente manera:

Descripción.                                                        Un mes   Un año  Dos años.

                        Santo Domingo y Puerto Plata.

Director de aduanas……………..……………….$300      $3,600       $7,200

Subdirector………………………..……… .…..$125      $1,500      $3,000

Intérprete…….…………………..……………..$100      $1,200        $2,400 

7 empleados………………….………………….$  75       $6,300       $12,600

2 vigilantes…………………………………… …$  60       $1,440        $2,880

3 obreros…………………………………………$  40       $1,440        $2,880

Gastos misceláneos…………………………………………….$     20        $     40

                              Sánchez y Macorís.

Director…………………………………………..$200       $2,400        $4,800

Subdirector……………………………………….$100       $1,200        $3,400

Intérprete……….…………………….. ……. …$ 75        $  900        $1,800

2 empleados……………………………..……. $ 60        $1,440       $2,880

Vigilante…………………………………………$ 50         $   600        $1,200    

2 obreros………………………………………. $ 30          $ 720        $1,440

                          Samaná, Montecristi y Azua

Director………………………………….……….. $ 75         $  900        $1,800

3 subdirectores……….……………………………. $ 60         $  720        $2,160

3 intérpretes………………………………………..$ 60          $  720        $2,160

3 empleados……………………………………………….$ 50          $  600        $1,800

3 vigilantes…………………………………………..$ 40         $  480        $1,440

3 obreros…………………………………………$ 30         $  360        $1,180

Los puertos de Santo Domingo, Puerto Plata, Sánchez y Macorís pueden denominarse puertos dadores, es decir, los ingresos recibidos por ellos son tales que los hacen los principales puertos del país, mientras que los puertos de Montecristi, Samaná y Azua son conocidos como puertos receptores, es decir, los ingresos recibidos no son suficientes para mantener al Gobierno en esos lugares, el Gobierno tiene que suplir la deficiencia. Sugiero en este sentido que se cierren los puertos de Romana y Barahona. El primero se utiliza para exportar petróleo crudo; el segundo, madera, etc. Pero ambos lugares son utilizados principalmente por quienes intentan evadir el pago de aranceles.

Durante el tiempo en que la Compañía de Mejoras controló los ingresos aduaneros, sus gastos para funcionarios fueron de 30.000 dólares; para otros empleados, alrededor de 45.000 dólares; o, en total, alrededor de 75.000 dólares. Con el cronograma anterior, habría un ahorro de 18.000 dólares. Al dar estas cifras, las estoy haciendo de manera que quienes tienen la mayor responsabilidad reciban salarios remunerativos, ya que el costo de vida aquí se calcula sobre una base de oro y es mucho más alto que en los Estados Unidos.

PRESUPUESTO

Afirmé que el presupuesto durante la Administración Vásquez era de aproximadamente 2.000.000 de dólares; desde entonces he sabido que era de 1.600.000 dólares. Esto podría reducirse en 100.000 dólares, ya que el Gobierno no tendría que pagar a los jefes que ya he mencionado; no tendría que mantener un gran ejército permanente, ni mantener una armada, ya que, en primer lugar, en las ciudades se podría organizar una fuerza policial fuerte; en los distritos rurales, una guardia rural, como en Cuba, para mantener el orden y reprimir todos los intentos de revolución.

Como habría un buque de guerra estacionado en los principales puertos, no tendrían necesidad de una armada propia en cada lugar donde haya una aduana, durante los primeros uno o dos años se tendría que estacionar una guardia marina de unos 100 hombres o 700 en total. Esto solo tendría que mantenerse por un tiempo limitado hasta que el Gobierno controlara la situación y la gente se familiarizara con el cambio de esos asuntos (*).

(*) Esta correspondencia del Encargado de Negocios norteamericano, al Subsecretario de Estado Loomis, fechada el 5 de marzo de 1904, ofrecen una perspectiva de sus pretensiones en los asuntos dominicanos, que tenían como base legal los términos del Protocolo de enero de 1903, bajo los cuales se encontraban deliberando en Washington, desde mediados de noviembre, los jueces del Tribunal Arbitral, cuya Sentencia se pronunció cuatro meses después, el 14 de julio de 1904. (CDMM)

Continúa el Informe:

MEJORAS.

Bajo esta nueva condición, la emigración se dirigiría aquí, se construirían caminos entre las ciudades del interior y los ferrocarriles conectarían todas las partes de la República. Esto por sí solo desarrollaría los ricos recursos del país, como su valiosa madera; abriría los depósitos minerales del país en una medida que en la actualidad no se puede imaginar, y restauraría la República a la condición de sus primeros días cuando estaba bajo el control de España.

La mayor parte de esta riqueza mineral permanece sin descubrir y sin desarrollar; todo lo que se necesita es un gobierno estable que invite y no disuada al capital. Los pozos petrolíferos de la República se encuentran entre los mejores del mundo, pero han permanecido en estado natural simplemente porque nadie se siente seguro para invertir capital en su desarrollo en un país donde la revolución está al borde del abismo.

PAGO DEL DESTINO NACIONAL

Como ya les he dicho, es nuestro deber proteger a estas personas, nos guste o no; es una obligación que nos agobia a diario. Si no lo hacemos, algún país, cuando menos lo esperemos o cuando menos preparados estemos para resistir, impugnará nuestro derecho. Los gobiernos extranjeros no resistirán mucho más las súplicas de sus ciudadanos para el pago de las deudas ya aceptadas y que el Gobierno se ha comprometido a pagar en un plazo determinado, pero que no ha podido cumplir debido a la inestabilidad de la situación, que empeora constantemente año tras año. Este gobierno probablemente logrará establecerse, pero solo pasará un breve tiempo antes de que se produzca otra revolución para derrocar al Gobierno, motivado por los ingresos procedentes de alguna aduana o de algún jefe descontento que piense que el Gobierno no le ha pagado lo suficiente por su apoyo. Esto ocurrirá con seguridad a menos que intervengamos en los términos que les he indicado.

Además, tenemos un deber para con nuestros propios ciudadanos. En la actualidad, hemos enviado dos casos a arbitraje. En unos meses se emitirá una decisión, y en la situación actual del país no hay dinero ni siquiera para comenzar un pago parcial. También existen reclamaciones del mismo tipo de otros gobiernos que son anteriores al nuestro. Por lo tanto, es nuestro deber, perdónenme al decirlo, asegurarnos de que nuestros ciudadanos reciban su pago y, al mismo tiempo, preservar la dignidad nacional. Las reclamaciones, como usted sabe, ascienden a 6.000.000 de dólares o más: a la Compañía de Mejoras, 4.500.000 dólares; a la Sucesión De Sala: cantidad pendiente fuera de arbitraje, 500.000 dólares; en arbitraje, 300.900 dólares; al Sr. Puente, casi 800.000 dólares; y al Sr. Ros, una suma casi igual de grande.

Si el asunto se aborda según las líneas sugeridas, con unos ingresos aduaneros de 3.000.000 ο 4.000.000 de dólares y un presupuesto de 1.500.000 dólares, bajo la sabia gestión de nuestro Gobierno, en quince años se pagaría la deuda nacional, y en ese tiempo habríamos puesto orden en un estado desordenado y, al mismo tiempo, con un gasto mínimo para nuestro Gobierno. Durante este tiempo habremos consolidado la unión de este pueblo con nosotros, estableciendo nuestra autoridad en esta República y fortaleciendo las defensas nacionales de nuestro país, lo cual debería ser uno de nuestros primeros deberes.

RECLAMACIONES ACTUALIZADAS

Debido a las diversas revoluciones, existen muchas reclamaciones que deben considerarse, algunas de las cuales deben ser responsabilizadas por el Gobierno actual; otras, por gobiernos anteriores; y otras, nuevamente, que provienen puramente del saqueo y la destrucción de propiedades durante el conflicto actual. Muchas de estas reclamaciones son por sumas totalmente desproporcionadas con respecto a las pérdidas sufridas. Todas estas reclamaciones deben ser examinadas minuciosamente antes de realizar el pago; lo que sea justo debe ser entregado al reclamante, y esto solo puede ser determinado a través de una comisión imparcial. El Presidente me ha asegurado que está dispuesto a arrendar las bahías de Samaná y Manzanillo a nuestro Gobierno por el tiempo que nuestro Gobierno determine; que la cantidad a pagar debe ser retenida para pagar a los acreedores de la República. Además, quiere que los Estados Unidos administren sus aduanas.

W. F. POWELL.

Nota: El texto íntegro del “Proyecto de Acuerdo de Paz, Amistad y Reciprocidad” llevado por el ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez a Washington, con todas las propuestas hechas por gobierno dominicano al de los Estados Unidos, puede encontrarse en este blog. (CDMM)

Continúa el Informe:

HECHOS SIGNIFICATIVOS.

En febrero de 1904, el general Morales, presidente provisional, envió al general Sánchez, su ministro de Relaciones Exteriores, a Washington para hacer una oferta de arrendamiento de la bahía de Samaná a los Estados Unidos y sugerir que el Gobierno de los Estados Unidos asumiera algún tipo de protectorado sobre la República Dominicana. Las propuestas del general Sánchez no recibieron ningún apoyo. En este sentido, el siguiente telegrama del Sr. Powell, fechado el 18 de marzo, puede ser de considerable interés:

Se informa que el presidente de Haití ha enviado comisionados al presidente Morales para pedirle que rompa todas las relaciones con los Estados Unidos, amenazando con brindar asistencia activa a Jimenes en caso de negativo. El presidente haitiano desea que Morales se reúna con él en la bahía de Manzanillo.

El comandante del Hartford, con fecha de marzo, escribió al Departamento de Marina lo siguiente:

“Llegué a Montecristi el domingo y me reuní con Jimenes, quien desea la paz y sugiere que Estados Unidos intervenga para asegurarla. Para establecer relaciones similares a las que Cuba tiene con nosotros bajo la enmienda Platt. No considera necesario desembarcar una fuerza armada, sino un comisionado para transmitir nuestra determinación de asegurar elecciones justas”.

El contralmirante W. C. Wise, comandante del Escuadrón de Entrenamiento del Atlántico, que ha estado en aguas dominicanas durante varias semanas, refiriéndose a la conversación que tuvo con Jimenes en Montecristi, dice:

“Me aseguró que estaba de todo corazón a favor de cualquier acción mediante la cual se pudiera traer la paz a su país. Dijo que el presidente de Haití se había ofrecido recientemente a arbitrar, lo cual aceptó, y que la misma oferta se le había enviado a Morales; que había dos facciones amargamente hostiles entre sí, y que la única solución al asunto era que nuestro Gobierno interviniera y asegurara elecciones generales, nombrando gobernadores temporales en las provincias. Le expresé la absoluta necesidad de que nuestros intereses y todos los intereses extranjeros debían ser protegidos”.

El almirante Wise añade:

“Sin duda, ha llegado el momento en que nuestro Gobierno debe tomar medidas muy decididas en este asunto. En este sentido, deseo declarar que creo que la situación en la República Dominicana puede mantenerse bajo control y el statu quo puede conservarse, con la debida protección a los intereses estadounidenses por el momento, si el comandante Dillingham, del Detroit, se pusiera a cargo de esas aguas con quizás dos buques más pequeños para ayudarlo”.

Ha dedicado mucha reflexión y atención a los asuntos dominicanos, y su actuación en Puerto Plata y otros puntos donde ha tenido que tratar con ambas facciones armadas se ha caracterizado por el juicio, la justicia, la firmeza y la discreción. Me parece que es el hombre idóneo para el puesto. Creo que mi opinión es compartida por otros que lo conocen y que han tenido motivos para observar su trabajo en aguas dominicanas.

Adjunto una copia de una carta enviada por el capitán Dillingham, del Detroit, cuyo original fue encontrado en la Casa de Gobierno de Santo Domingo después de que Jiménez escapara y las fuerzas de Morales tomaran posesión, el 20 de enero. Está firmada por uno de los principales líderes de Jimenes:

Cuartel General del Gobierno Civil y Militar,

Montecristi, 18 de enero de 1904.

Juan I. Jimenes,

Jefe Supremo de la Revolución, Santiago.

Estimado don Juan:

He recibido su comunicación del 14 del presente mes y he tomado en consideración todos los puntos tratados en ella.

Estoy plenamente informado de todo lo que ha sucedido en Puerto Plata, y no debemos permitir que nos engañen, ni los estadounidenses ni nadie más; primero se debe permitir que el país perezca.

Envíen cañones a Puerto Plata y ordenen que la ciudad sea cañoneada, y distribuyan a sus hombres más valientes y desesperados a lo largo de las carreteras que se acercan a la ciudad. Para nosotros, esto es una cuestión de vida o muerte, y debemos continuar la lucha con fe, y no pierdas la esperanza. Haz tus arreglos de tal manera que te permitan esperar la llegada de municiones, que será muy pronto, y entonces veremos qué tan rápido las cosas dan otro giro.

Después de haber recapturado Puerto Plata, no debes mostrar consideración por nadie, y en cuanto a extranjeros como Charles Loinaz, a pesar de los cónsules y los estadounidenses, deben ser desterrados del país y nunca se les debe permitir regresar. Fortalece tu posición tanto como sea posible en Santiago y toma medidas enérgicas contra cualquiera que ponga obstáculos en tu camino. Me haré responsable de esta parte del país. Infunde ánimo a tus hombres y motívalos a luchar con voluntad y determinación, porque esto les ayuda mucho.

En ningún caso debemos permitir que el enemigo nos venza, ya que bien sabes cuál sería nuestro destino entre ellos. No tendríamos absolutamente ninguna garantía, como se te ha dicho claramente en tus comunicaciones personales, y es mucho mejor para nosotros morir luchando que tener que rendirnos. Prepara tu artillería para cañonear al enemigo si avanzan hacia ti. Ordena al fuerte de Puerto Plata que cañonee la ciudad y mira si puedes enviar a un hombre para interrumpir el cable para que no puedan comunicarse con las Islas Turcas.

Envía una fuerza por el camino de Pale Quemade y, en combinación con el fuerte, ataca al enemigo dentro de la ciudad.

Instruye a Andrés (Navarro) para que impulse activamente el cañoneo de la ciudad de Santo Domingo y dile que se mantenga firme, ya que los asuntos de hoy más que nunca necesitan una actitud decidida y resuelta, por lo que debe impulsar el asedio de la ciudad e intentar tomarla lo más rápido posible. Lo que se necesita es apuntar los cañones a todos los puntos de la ciudad; esto aterroriza al enemigo y hace que los cónsules y las familias privadas supliquen la rendición.

No pierdas la esperanza, pero usa tu cerebro. Ordena a tu gente que cuando el enemigo se acerque solo disparen salvas a quemarropa. Diles en el Fuerte de Puerto Plata que se mantengan firmes.

Ofrezca a las tropas que atacan Puerto Plata la licencia para saquear, y verá con qué gusto y satisfacción lo seguirán.

No pierda la fe ni por un solo momento, y siga adelante.

Siempre su amigo,

Firmado)

DESIDERIO ARIAS

Se llama la atención sobre la carta anterior debido a sus expresiones con respecto a los estadounidenses, los cónsules extranjeros y otros extranjeros.

Observación: Debajo de la carta del general Arias, el subsecretario Loomis llama la atención en lo que respecta a la mención de “extranjeros y norteamericanos”, pero éste en realidad se refería a comerciantes extranjeros residentes en Puerto Plata que habían colaborado con Morales desde el inicio de la revolución de La Unión que, como ya hemos visto, en su momento, en Puerto Plata no había fuerzas militares estadounidenses, y como se puede observar en el propio informe, los norteamericanos no tenían ningún interés de ayudarlo. (CDMM)

Continúa el Informe:

OTRA CARTA.

Una carta tardía del agente consular Reed de los Estados Unidos en San Pedro de Macorís arroja luz sobre las condiciones existentes en la República Dominicana. Con fecha del 21 de febrero de 1904, el Sr. E. C. Reed escribe:

“El viernes 19 de febrero, alrededor de las 5 p. m., la cañonera dominicana Presidente, con su buque auxiliar, el vapor costero Estrella, ancló frente a este puerto, aparentemente transportando un buen número de tropas. A las 9 p. m., el secretario del consejo municipal me visitó con una carta dirigida a los funcionarios consulares extranjeros residentes en este lugar, del comandante de la expedición a bordo del Presidente, el Sr. Román, Ministro del Interior del Gobierno Provisional, en la que nos informaba que había exigido la rendición de esta ciudad al general insurgente D. Rodríguez, y que en caso de que este se negara a su demanda, concedería seis horas de gracia para la evacuación de los no combatientes antes de comenzar a bombardear la ciudad. Solicitó nuestros buenos oficios ante el general Rodríguez para persuadirlo de que accediera a su demanda y así evitar cualquier derramamiento de sangre innecesario, etc.

“Como era imposible evacuar a todos los no combatientes durante seis horas de oscuridad, los funcionarios consulares de las diferentes nacionalidades residentes aquí acordaron solicitar una prórroga hasta el mediodía del sábado 20 para sacar a la gente de la ciudad, ya que el general Rodríguez se negó a cumplir con la solicitud del ministro. No dejé de señalarle al general Rodríguez que esta no era una ciudad fortificada y que un bombardeo a corta distancia por parte de la cañonera Presidente causaría una gran pérdida de vidas y bienes, especialmente a los extranjeros pacíficos, que comprendían dos tercios de los habitantes de este lugar; pero él fue sordo a todos los argumentos y súplicas y la carta fue enviada al comandante de la expedición, quien respondió que toda la prórroga que concedería era hasta el sábado 20 a las 8 a. m.

“A las 7:30 a. m. la mayor parte de la gente había abandonado la ciudad para ir al campo, y el Presidente y la Estrella entraron al puerto, donde anclaron a unos 1500 metros del muelle, y a las 8 a. m. en punto abrieron fuego contra la ciudad con cañones grandes y fusiles. Aunque el fuego de los cañones grandes y las armas pequeñas fue muy rápido —ciertamente más de cinco disparos por minuto durante tres horas— el daño fue pequeño, ya que aparentemente todos los disparos de los cañones grandes pasaron por encima de la ciudad hacia el campo; y cuando a las 11 a. m. el Estrella, repleto de hombres y con dos botes también llenos de hombres a remolque, zarpó hacia el muelle de la aduana para asaltar la ciudad. El comandante de la cañonera no había logrado despejar la zona de desembarco ni ajustar el alcance de sus cañones para proteger a sus tropas. Al llegar al final del muelle, los insurgentes se toparon con sus sólidas filas, que no solo impidieron el desembarco, sino que masacraron a los hombres en los botes como si fueran ovejas en un corral. Si bien el Estrella manejó su cañón de proa con gran eficacia, la falta de apoyo de los cañones del Presidente hizo que el intento de desembarco fracasara. En menos de diez minutos, la mitad de la fuerza de asalto había muerto, y el Estrella tuvo que regresar rápidamente para salvar a los supervivientes, sin que ningún soldado lograra desembarcar.

“Observando todo esto muy de cerca con unos potentes prismáticos marinos desde la veranda de mi casa, no pude evitar preguntarme por la estupidez del hombre al mando de la cañonera por no haber lanzado un solo proyectil frente a sus hombres para protegerlos. La Estrella, a su regreso a la cañonera, primero salió del puerto para deshacerse de los muertos, y a su regreso a la cañonera tomó a los heridos a bordo y navegó hacia la ciudad de Santo Domingo, continuando la cañonera el bombardeo hasta el atardecer, cuando se acordó un armisticio entre las fuerzas opuestas por tres horas, supuestamente para que los hombres descansaran, pero en realidad para permitir que el general Rodríguez recibiera un cañón pesado, que había solicitado la noche anterior. Por supuesto, es difícil obtener las cifras exactas de las pérdidas en ambos bandos, pero en una estimación moderada, el grupo asaltante debió haber perdido entre treinta y cuarenta hombres y los insurgentes entre veinticinco y treinta; entre estos últimos se encontraba el general insurgente Herrera, que recibió un disparo en la cabeza.

“El bombardeo del Presidente, completamente inútil, duró desde las 11 p. m. durante toda la noche, hasta las 7 a. m. del domingo 31, cuando el comandante de la cañonera, sin duda observando a los insurgentes ocupados en el montaje de un cañón pesado, abandonó su fondeadero y se dirigió mar adentro, cesando el fuego. Sin exagerar, ciertamente se dispararon durante las veintiún horas del enfrentamiento más de 10.000 tiros de todas las armas, pero el fuego fue terriblemente indiscriminado. Mi propia casa, aunque completamente fuera del alcance del fuego, fue alcanzada tres veces, al igual que muchas otras en esta punta, completamente fuera del alcance del fuego.

“Por supuesto, considerando la gran cantidad de munición gastada y la duración del fuego de ambos bandos, los daños son pequeños y en la ciudad recaen principalmente sobre la gente pobre. Del campo, donde se concentraron la mayoría de los disparos de los grandes cañones, todavía no he tenido noticias.

“En conclusión, me permito decir que esta guerra civil comenzó en octubre de 1903, y esta pequeña ciudad, no fortificada, y de la cual la mayoría de los habitantes son extranjeros, ha sido tomada y retomada tres veces ya y bombardeada dos veces desde entonces, siempre con pérdida de vidas y para gran desventaja y angustia de los ciudadanos estadounidenses, que poseen propiedades por un valor de entre seis y siete millones de dólares en un radio de dos millas de esta ciudad, y creo que es bastante duro que estas personas queden a merced de un general insurgente irresponsable, que lucha por un hombre que, por lo que puedo saber, ha abandonado la lucha y ha huido.

Me despido, etc.,

E. C. REED, Agente Consular de los Estados Unidos *

CONCLUSIÓN.

Puede ser necesario considerar, en el futuro, la cuestión del control de las aduanas. Esto podría hacerse en las condiciones actuales sin la ayuda del Ejército de los Estados Unidos, pero sería necesario mantener una guardia marina en cada puerto de entrada durante varios meses.

Sin embargo, es importante crear de inmediato un puesto diplomático independiente en la ciudad de Santo Domingo y ponerlo a cargo de un hombre discreto, experimentado y capaz. El Sr. Powell es necesario en Haití y creo que ha estado demasiado tiempo en la República Dominicana, aunque no pretendo que esta observación sea una reflexión sobre su conducta oficial o personal.

Observación: Es obvio que de esta recomendación surgió la designación de un Ministro, o Embajador norteamericano para la República Dominicana, ya que hasta el momento solo había un Encargado de Negocios, posición que desempeñaba William F. Powell, en adición a la de Ministro en Haití. En julio de 1904, luego de que el Tribunal Arbitral fallara, fue designado por primera vez un Ministro para República Dominicana, designación que recayó en Thomas L. Dawson. (CDMM)

Continúa el Informe.

Carta del Sr. Bass al Sr. Powell.

San Pedro de Macorís,

República Dominicana, diciembre de 1903.

SEÑOR: Permítame presentarle para su urgente y seria consideración las ideas aquí expresadas.

Este país se encuentra en vísperas de una lucha desesperada y sangrienta, y existe un peligro inminente no solo para los intereses de la propiedad, sino también para la seguridad personal, ya que hay un gran número de personas en los archivos de los desesperados líderes del partido.

No deseo ser considerado un alarmista, pero usted admitirá que mi larga residencia, mis extensas inversiones y mi estrecho contacto con todas las clases de los nativos, así como con el muy limitado elemento extranjero aquí, me brindan los medios para adquirir un conocimiento definitivo de las condiciones reales de este país. Usted, como ministro de los Estados Unidos, acaba de pasar por lo que puede haberle parecido una parodia de la guerra. Se trataba simplemente de la facción del Gobierno atrincherada en la ciudad y asediada a distancia durante casi un mes, prácticamente sin bajas. Los sitiadores tenían un único propósito: derrocar al Gobierno. Representaban una unidad temporal de facciones descontentas, que podían ponerse de acuerdo fácilmente en un curso de acción: con el pretexto de salvar al país, era necesario primero derrocar al Gobierno y luego decidir qué facción usurparía el control de las aduanas del país. La primera parte del programa se ha llevado a cabo, pero la segunda aún está por completarse.

El Gobierno ha sido derrocado y un supuesto Gobierno provisional ha tomado el control, y desafortunadamente este Gobierno provisional no está compuesto por ninguna facción lo suficientemente fuerte como para retener el poder contra, no la facción recién derrocada (el Gobierno Constitucional de los últimos tres meses), sino el resto de las facciones cuyos diversos líderes no pudieron llegar a la escena lo suficientemente pronto como para impedir que el hombre que encabezó el último levantamiento se asegurara el control inmediato de la capital bajo el disfraz de Presidente del Gobierno Provisional, que no es más que el mismo grupo que constituyó el Gobierno Revolucionario antes de la caída del último Gobierno bajo el General Gil. Los líderes destituidos proponen no esperar el resultado de ninguna supuesta elección popular, sino hacer que el control del Presidente Provisional sea un asunto muy breve. En otras palabras, el peligro inminente es que ahora se propongan luchar por quién será el Presidente Provisional; Los que están en el poder planean que Estados Unidos reconozca al Gobierno Provisional, como lo hizo durante el régimen del general Vásquez, y los demás reconocen que si Estados Unidos reconoce al Gobierno Provisional con su Presidente Provisional, las llamadas elecciones se retrasarán y sus perspectivas de tomar el control se volverán más remotas. Cualquier paso diplomático en este momento que tienda al reconocimiento del Gobierno Provisional por parte de Estados Unidos solo tiende a inflamar a los candidatos en espera y precipitar un levantamiento. La industria azucarera apenas está comenzando la cosecha y no podrá operar si se inicia una contienda fratricida durante los próximos meses, digamos, tres. El mundo no tiene idea de lo que los intereses estadounidenses en este país han tenido que pasar en los últimos años:

1. Estuvo el largo régimen del difunto presidente Heureaux;

2. El breve mandato del general Jiménez, quien reunió un Congreso durante su mandato, fue derrocado y ahora es candidato a la presidencia, ya sea electa o provisional;

3. Estuvo el breve mandato del general Horacio Vásquez, bajo cuyo nombre una poderosa facción respalda a ciertos candidatos para el control del país;

4. Estuvo el breve mandato del general A. Wos y Gil, cuya administración acaba de ser derrocada; y

5. Ahora está el actual Presidente Provisional, quien es candidato a la presidencia electiva o de otro tipo, y cuenta con un apoyo muy poderoso.

Hay al menos seis candidatos en el campo, que pueden formar tres parejas para Presidente y Vicepresidente, y forman, o encabezan, tres facciones distintas además de la facción recién depuesta. Ningún líder de facción puede unirse. Se espera un asunto a tres bandas y sangriento.

(a) Una facción controla la capital y este pacífico puerto industrial (Macorís) está encabezada por el Presidente Provisional, quien tiene todas las armas y municiones en la capital y cuenta con el apoyo de un amplio séquito, al que el patrocinio inmediato, aunque reconocido como temporal, naturalmente favorece.

(b) Existe la facción conocida como los seguidores del Gobierno que precedió al último derrocado. Se les conoce como los horacistas, aunque el propio general Horacio Vásquez está enfermo y ya no es capaz de entrar en acción. Este grupo se opone al general Jimenes, cuyo Gobierno fue derrocado recientemente y, al mismo tiempo, no se puede reconciliar con ninguna retención de poder por parte del Gobierno Provisional existente.

(c) Están los jimenistas regulares, o seguidores del general Jimenes. Esta es una facción poderosa. Declara abiertamente que, si Jimenes no se asegura la Presidencia, entrarán inmediatamente en acción. Esta facción se jacta de estar poderosamente armada y se encuentra en la parte noroeste del país, conocida como el distrito de Montecristi. Los líderes y lugartenientes de las diversas facciones son hombres decididos, y sus seguidores están bien armados con armas y municiones modernas, distribuidas generosamente tanto por el gobierno anterior como por los líderes del reciente levantamiento, y que no fueron recogidas antes de la disolución de las diversas fuerzas por el Gobierno Provisional existente. Como nadie pagaba a las tropas, a cada hombre no se le podía negar el permiso para llevarse su rifle a casa, junto con toda la munición que pudiera llevar. Estos rifles no son armas anticuadas, sino Remingtons, carabinas Mauser y Remington-Mausers (el arma más reciente introducida en estos países, que es una carabina Remington que lleva un cartucho Mauser regular). Los poseedores de estas armas están listos para entrar en acción en cualquier momento y están eufóricos por el reciente triunfo de haber derrocado al Gobierno. No les interesa ninguna otra idea que no sea haber demostrado que pueden derrocar al Gobierno, y están listos y esperando para probar que pueden repetir la hazaña cuando se les requiera. En este momento no se preocupan por el trabajo, sino que descansan tras la reciente campaña y esperan volver al campo de batalla; saben bien que hay varios candidatos a la Presidencia y que pronto serán llamados a entrar en acción. Si ustedes, desde fuera, preguntan qué compensación obtienen, puedo afirmar con toda sinceridad: la oportunidad de adquirir un título militar superior al que acaban de obtener; por ejemplo, una campaña de derrocamiento del Gobierno otorga el grado de capitán; dos, el de coronel; tres, el de comandante; y cuatro, el de general.

El último intento de derrocar al gobierno limitó sus operaciones a:

(a) Asediar y disparar contra el fuerte de Puerto Plata.

(b) Asediar y disparar contra el fuerte de la ciudad interior de Santiago.

(c) Asediar y disparar contra el puerto marítimo y la capital (Ciudad de Santo Domingo).

(d) El bombardeo de Macorís, después de su abandono por el buque de guerra del Gobierno.

En cada caso, el Gobierno se rindió y las pérdidas fueron leves. En el resto del país no hubo indicios de disturbios y todo permaneció en un estado de paz y orden absolutos, debido a que simplemente estaban ocupados en derrocar al Gobierno y aún no habían comenzado la tarea de elegir un Presidente; porque en este país, como saben, el Presidente y sus amigos constituyen el Gobierno.

Con toda seriedad, deseo comunicarles que hay muchas razones para esperar, no mensualmente, ni semanalmente, sino diariamente, que de media docena de localidades dispersas surgirán a la vez bandas armadas, cada una encabezada por su jefe local, y cada una vitoreando a alguna facción y al mismo tiempo dedicada a lo que consideran una tarea fácil: el derrocamiento del Gobierno Provisional, pues a estas personas les es indiferente si se trata de un Gobierno Provisional o Constitucional el que se va a derrocar. Cuando dos de estas bandas se encuentran, habrá problemas, y los problemas no se limitarán a una sola localidad. Las bandas armadas deben saquear; el saqueo provoca el pillaje; el pillaje, el incendio y el asesinato a todos los que se cruzan en su camino. Para demostrar que quienquiera que sea el gobernador de este distrito no puede mantener el orden, se prenden fuegos a los campos de caña de azúcar de las diversas fincas (cinco veces la semana pasada en una finca cercana a aquí); y mientras escribo, me llega la noticia de que los campos de una compañía agrícola estadounidense, en otra finca, fueron incendiados, pero afortunadamente los daños fueron mínimos.

La situación financiera de este país es, como saben, de una bancarrota desesperada; por lo tanto, quienquiera que en el futuro logre agregar su nombre a la lista de presidentes, provisionales o constitucionales, no va a obtener ingresos suficientes para sufragar los gastos ordinarios de mantener la ley y el orden y de pacificar a sus seguidores, y mucho menos para satisfacer las deudas públicas, y todos los seguidores insatisfechos se unirán rápidamente a la gran masa de aquellos listos para ser liderados para demostrar una vez más que pueden derrocar a cualquier gobierno.

Durante el reciente movimiento para derrocar al Gobierno, las potencias extranjeras tardaron en disponer de buques de guerra para preservar el orden. No fue hasta que usted y los demás representantes diplomáticos estuvieron atrapados durante días en la capital que los acontecimientos, sin estar controlados en absoluto por ninguna disposición adoptada con antelación, permitieron el tendido de cables para los buques de guerra. ¿No fue acaso una visita fortuita de un buque de guerra francés al puerto de Santo Domingo lo que hizo posible la comunicación con el resto del mundo y trajo primero los buques alemanes desde Santo Tomás y, finalmente, los buques de guerra estadounidenses?

Entiendo perfectamente que el Gobierno de los Estados Unidos no puede enviar un buque de guerra a este país con tan solo una hora de aviso, y que uno tarda varios días en llegar una vez que parte; pero este país es realmente pequeño, y lo que un nativo puede hacer en cuatro días es precisamente lo que se debe evitar. El gobierno anterior, mediante su decreto de bloqueo, interfirió con la navegación alemana y estadounidense, y posteriormente se dispuso de buques de guerra para escoltar a los respectivos vapores de ambas naciones. En el próximo conflicto no habrá ninguna cuestión de bloqueo y, en consecuencia, no habrá una necesidad aparente de protección, pero el autor y muchos otros albergan ideas completamente contrarias. Existe un grave peligro inminente, aunque el problema real aún está por venir.

Sabes que el único medio de comunicación por cable desde la capital al mundo exterior es mediante un telégrafo terrestre que cruza el país y está a merced de cualquier persona a través de los bosques sin caminos. Cuando tenga lugar el próximo levantamiento, los del interior cortarán rápidamente los cables.

Lo que es, en mi humilde opinión, y compartido por todos los que tienen intereses aquí con quienes he conversado recientemente, lo más necesario de inmediato es que Estados Unidos, u otra potencia o combinación de potencias, mantenga al menos tres buques de guerra en la costa de este volcán político hasta que el estado actual de caos real se haya enderezado. La mera presencia de estos buques de guerra bastaría para prevenir una guerra fratricida activa; porque, como se ha dicho, el posible estallido no es una revolución que opere contra un gobierno establecido, sino que será una contienda de facciones sobre qué partido de tres o más, por la fuerza de las armas, se asegurará el control. En la actualidad, los líderes de las diversas facciones claman a viva voz por la armonía, la unión y la paz. La paz es, después del dinero, lo único que se desea; Porque es, a la vista de los propios nativos, casi inalcanzable. Un buque de guerra debería estar estacionado en Puerto Plata. Desde allí podría controlar ese importante puerto marítimo, la ciudad vecina de Santiago y el cercano puerto de Montecristi.

Un buque de guerra debería estar estacionado en la cabecera de la Bahía de Samaná, en el puerto de Sánchez. Esta es la salida del ferrocarril que va desde el puerto, valle arriba hacia el oeste, hacia el interior.

Un buque de guerra debería estar estacionado en la capital, Santo Domingo, para vigilar Azua, la ciudad y el cercano puerto de Macorís. Este último puerto tiene más de 5.000.000 de dólares de capital estadounidense invertido en plantaciones de azúcar a una distancia de 16 kilómetros del puerto y cuenta con muchos residentes estadounidenses. Estas inversiones requieren orden para su preservación y paz para su funcionamiento.

El autor es muy consciente de que Estados Unidos no tiene intención de anexar esta República; pero debe saber que los diversos líderes de las facciones se aprovechan de los sentimientos de sus seguidores y mantienen un fuerte sentimiento antiestadounidense, peligroso tanto para la vida como para la propiedad en un momento de levantamiento como el que se experimenta a diario. En este asunto de incitar sentimientos antiestadounidenses, los comerciantes residentes europeos no están exentos de ejercer su influencia silenciosa y constante, ya que los frecuentes cambios de gobierno brindan oportunidades para préstamos exorbitantes y descuentos en los aranceles aduaneros.

No existe una «enmienda Platt» para Santo Domingo. No hay nada que impulse a los nativos a dudar antes de seguir sus impulsos más destructivos y sanguinarios. Usted sabe bien que el buque de guerra del gobierno constitucionalmente establecido bombardeó deliberadamente esta ciudad portuaria indefensa de Macorís con solo dos horas y media de aviso y sin ningún intento de desembarcar fuerzas ni antes ni después del bombardeo; además de que si no se produjeron más daños, se debió únicamente a la mala puntería de la cañonera. Esto no disminuye en absoluto la afrenta cometida contra una comunidad civilizada, y se entiende por los nativos que los representantes de las potencias extranjeras no reprocharon ni reprocharon al gobierno que lo hizo, ni a su sucesor, el provisional. Por el contrario, se sabe que el incidente se consideró a la ligera, ya que los daños fueron leves y no se sacrificaron vidas humanas. Los estadounidenses aquí están convencidos de que usted está familiarizado en gran medida con lo expresado anteriormente, y actualmente están muy preocupados por las perspectivas.

Dos preguntas los confrontan:

1. ¿Merecen los agentes de vanguardia del comercio y la industria estadounidenses en este país una protección personal y patrimonial oportuna, o pierden todo derecho a una protección adecuada cuando invierten su capital en un país cercano, aunque extranjero?

2. ¿Deben sacrificarse primero dichos estadounidenses y sus intereses para garantizar el envío de buques de guerra a estas costas para presentar reclamaciones contra un país en bancarrota en interés de los herederos de los sacrificados y los cesionarios de empresas arruinadas?

El momento actual no es el momento para considerar diplomáticamente si el Gobierno Provisional va a reconocer alguna reclamación pecuniaria y a idear medios para su resolución. Tampoco es el momento de considerar ideas relativas a la adquisición de la Bahía de Samaná por parte del Gobierno de los Estados Unidos para anticipar cualquier designio europeo. La restauración y el mantenimiento inmediatos del orden son la consideración primordial; pues todos los intentos de cobrar reclamaciones extranjeras que aumentan diariamente son infructuosos si no se permite que la industria y el comercio continúen y no se permite que las aduanas (la única fuente de ingresos públicos, así como los impulsos de la contienda política) generen ingresos.

Ahora es el momento de ubicar al menos tres buques de guerra en la costa y anunciar a las facciones contendientes que, aunque no existe la enmienda Platt, ante el primer uso indiscriminado de armas de fuego, el orden será mantenido por la fuerza extranjera hasta que los nativos hayan decidido qué candidato será el Presidente y qué facción controlará el Gobierno, y que, mientras tanto, se debe permitir que las industrias modernas continúen operando y que la vida y la propiedad sean respetadas. Muchos de los nativos líderes que pueden permitírselo se están preparando para abandonar el país, mientras que otros que no están en esas circunstancias confiesan que el país ha llegado a esa etapa en la que «el país es ingobernable».

Sobre usted, señor Ministro, recae una enorme responsabilidad en este momento. Como representante diplomático de los Estados Unidos, muchos de cuyos ciudadanos tienen grandes inversiones de capital aquí, sus familias y empleados estadounidenses, se espera que tome las precauciones necesarias para evitar un derramamiento de sangre innecesario entre los nativos y quizás entre elementos extranjeros.

El presente le es presentado respetuosamente con toda seriedad y respeto. Si alguna expresión puede interpretarse como una falta de respeto u ofensa, esa no ha sido mi intención y le ruego que la pase por alto.

Un peligro muy grave amenaza mis grandes intereses en este país. Si se produce el brote, las plantaciones de azúcar no se podrán cosechar. Si no se cosechan, habrá muchos estadounidenses arruinados, ya que ninguna plantación de azúcar podrá volver a operar con un reclamo contra este Gobierno como su capital de trabajo.

Una vez que se produzca el brote, la llegada de buques de guerra no nos servirá de nada; habremos sido arruinados en la tierra de Mañana por la demora extranjera.

Atentamente,

WM. L. BASS.

Al Honorable WM. F. POWELL, Ministro de los Estados Unidos,

Ciudad de Santo Domingo.

ANEXO B. [Traducción.]

EMBAJADA DE LA REPÚBLICA FRANCESA EN LOS ESTADOS UNIDOS,

Washington, 8 de junio de 1903

Señor SECRETARIO DE ESTADO: Mi Gobierno, habiendo recibido comunicación del acuerdo firmado el 31 de enero pasado en Santo Domingo entre el Gobierno de los Estados Unidos y el de la República Dominicana, con el propósito de someter a arbitraje ciertas cuestiones relativas al pago, por este último país, de una suma en liquidación del reclamo de la San Domingo Improvement Company, de Nueva York, ha tenido que considerar las consecuencias que podrían resultar de dicho acuerdo en relación con los derechos preexistentes de los tenedores franceses de valores dominicanos.

Ellos, junto con los tenedores belgas, de hecho, han concluido con la República Dominicana un convenio, con fecha del 3 de junio de 1901, en virtud del cual los derechos de aduana recaudados en los puertos de Santo Domingo y Macorís se reservan expresamente como garantía del pago de la deuda externa dominicana

El Gobierno dominicano ha enajenado, a favor de los tenedores de bonos franceses, esa parte de sus ingresos, y por lo tanto dicha parte no puede desviarse de su destino original a favor de otros acreedores. Para disipar cualquier malentendido sobre este punto y evitar toda dificultad, he recibido instrucciones de recordar al Gobierno Federal la existencia de un convenio, firmado hace dos años, que sanciona los derechos que tienen los tenedores franceses de valores dominicanos sobre los ingresos aduaneros de los puertos de Santo Domingo y Macorís.

Debo añadir, a efectos prácticos, que, aparte del monto adeudado a los tenedores franceses de los valores dominicanos, existen otras reclamaciones de indemnización, en particular las presentadas por la Compagnie Française des Cables Telégraphiques, por las pérdidas que sufrió a causa de los acontecimientos revolucionarios, especialmente los de 1899-1902, que son tales, tanto por su origen como por su antigüedad, que requieren una pronta resolución. Las partes interesadas han tomado medidas a tal efecto con el Gobierno de la República Dominicana

Me complace aceptar, etc.,

Jusserand

ANEXO C.

Asociación Nacional de Titulares Franceses de Valores Extranjeros,

5 Rue Gaillon.

Comité de Defensa de los Titulares de Bonos Dominicanos.

París, 1 de febrero de 1903.

El cupón que vence en abril de 1902, de la deuda exterior dominicana con sello, está a punto de ser pagado por el Crédito Lyonnais, a razón de 3,85 francos por bono de 20 libras, según el anuncio que se realiza a continuación.

Creemos que será útil dar a los tenedores de bonos algunas explicaciones sobre la demora en este pago y sobre los hechos que han ocurrido desde la aprobación por el Congreso Dominicano del acuerdo concluido en París y Amberes, en el mes de junio de 1901, entre el delegado del Gobierno Dominicano y los representantes de los tenedores de bonos. Cuando ese acuerdo se hizo ejecutable, la Asociación Nacional se encargó del nombramiento del agente francés en Santo Domingo. La importancia de la elección a realizar era aún mayor porque había que organizar un «control» financiero sobre bases completamente nuevas.

A nuestra solicitud, el Ministro de Relaciones Exteriores estuvo dispuesto a autorizar a un funcionario de su Departamento, el Sr. Maurice Charpentier, a aceptar el cargo de delegado de los tenedores franceses, y el Sr. Charpentier, habiendo ejercido sucesivamente las funciones de canciller y vicecónsul en Santo Domingo, estaba bien cualificado para inspirar confianza. Se trasladó a su puesto en Santo Domingo en el mes de abril pasado.

En ese momento, el Gobierno dominicano aún no había realizado ninguna remesa al agente general belga, quien había estado actuando desde el mes de noviembre.

La revolución que derrocó al presidente Jiménez en el mes de mayo, llevando al poder al general Vásquez, fue una razón o un pretexto para que el Gobierno de Santo Domingo retrasara la ejecución de sus compromisos, y fue solo a principios de julio de 1902 que los primeros recibos de los agentes de los tenedores de bonos se depositaron en los bancos de Europa.

Las remesas del Gobierno se realizaron después con extrema lentitud, ya sea debido a los acontecimientos políticos de los que la República Dominicana ha sido escenario y que tuvieron un efecto inmediato en la situación financiera, o debido a las incesantes dificultades que han rodeado a los agentes en la ejecución de su tarea.

Debemos referirnos en particular a un incidente importante cuya resolución aún está en suspenso.

El 21 de junio pasado, el Ministro de Hacienda promulgó un decreto por cuyos términos otorgó a la deuda interna un «apartado», o garantía privilegiada del 5 por ciento, a cobrar sobre el monto de los aranceles en la capital. Esta medida constituyó una violación formal del acuerdo de 19ot, que otorgaba a los tenedores de la deuda externa la totalidad de los aranceles producidos por el puerto de la ciudad de Santo Domingo, con la única reserva de los «apartados» creados antes de que se realizara el acuerdo (art. 2). La Asociación Nacional, de acuerdo con el comité de Amberes, dirigió inmediatamente una protesta conjunta al Gobierno dominicano contra esta violación de sus derechos.

El Gobierno dominicano nos propuso entonces que nos sometiéramos a arbitraje, lo cual rechazamos, creyendo que una infracción tan flagrante de los fundamentos de nuestro contrato no podía dar lugar a ninguna cuestión de interpretación sobre la cual pudiera celebrarse un arbitraje

El ministro tuvo que ceder ante las pruebas y prometió retirar su decreto. En caso de que no se haga con prontitud, de acuerdo con esa promesa cuyo cumplimiento aún esperamos, la Asociación Nacional no dejará de renovar su reclamo solicitando intervención diplomática.

El total de las remesas recibidas por los agentes de los tenedores de bonos desde el 1 de octubre de 1901 hasta el 30 de noviembre de 1902 ascendió a 125.056 dólares, mientras que, según los términos del acuerdo, las remesas deberían haber alcanzado un mínimo de 350.000 dólares (1.800.000 francos) durante ese período de catorce meses.

El 30 de noviembre pasado, en los bancos de Europa, a crédito de la cuenta del cupón de abril de 1902, había una suma de 113.392 dólares, que había producido 573.870 francos Por lo tanto, en ese momento faltaban más de 150.000 francos para que se pudiera iniciar el pago, y se preveían nuevos retrasos. Habiendo el Gobierno dominicano propuesto entonces a los comités transferir al crédito del cupón de abril de 1902 las sumas depositadas en Europa para la compra (reembolso) de los cupones atrasados, digamos, unos 110.000 francos, los comités pensaron, en vista del retraso cada vez mayor en el pago de las remesas, que era en interés de los tenedores de bonos aceptar esa propuesta para acelerar la distribución del cupón; pero se estipuló formalmente que los fondos para la adquisición de los cupones atrasados ​​se obtendrían nuevamente de los primeros ingresos que llegaran después de este pago del cupón.

Hemos estimado que el monto mínimo de las remesas semestrales, según los términos del acuerdo, es de $145,000 (dado que los gastos de la agencia en Santo Domingo están en mora durante medio año), por lo que podemos tomar como base para la distribución una suma de 725,000 francos, que corresponde a $145,000 al tipo de cambio de 5 francos.

Tan pronto como los depósitos en los bancos europeos encargados del servicio de la deuda alcanzaron esta cifra, los comités acordaron con el agente financiero del Gobierno dominicano en Europa y con estos bancos proceder al pago del cupón, cuyo monto, después de deducir los gastos de la operación, se fijó en 3.85 francos.

Las últimas noticias que hemos recibido no nos permiten contar con la regularidad de los pagos por parte del Gobierno dominicano; por lo tanto, los agentes tendrán que redoblar sus esfuerzos para asegurar la ejecución del acuerdo de 1901. Los tenedores de bonos pueden estar seguros de que la Asociación Nacional defenderá sus derechos y apoyará a sus representantes en el cumplimiento de su tarea con todos los medios a su alcance.

Acepte la seguridad de nuestra distinguida consideración.

(Por la Asociación) TONY CHAUVIN,

                                                   Director.

                                 ——————————————————-

AGENCIA FINANCIERA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA EN EUROPA, (Servicio de la Deuda Unificada Exterior – Sellada 1901)

El cupón N.° 16 de los bonos del antiguo préstamo dominicano, del 2 3/4 (4 % diferido), y el cupón N.° 17 del antiguo préstamo dominicano, franco-estadounidense reclamado por los cónsules, serán pagaderos a partir del 9 de febrero de 1903, a razón de 3,85 francos para los bonos de £20  y 19,25 francos para los bonos de £100.

En el Credit Lyonnais, Boulevard des Italiens, París.

En el Crédito Lyonnais, 40 Lombard Street, Londres, E. C.

En el Banque d’Anvers, Amberes.

En el Banque de Paris, et de Pays Bas, Bruselas y Amsterdam.

LUCAS T. GIBBS,

Agente Fiscal del Gobierno Dominicano en Europa.