La San Domingo Improvement Co.-

La San Domingo Improvement Co. fue una empresa creada en los Estados Unidos el 8 de abril de 1892, de conformidad con las leyes del Estado de New Jersey, que luego tendría una incidencia capital en los asuntos financieros de la República Dominicana.

Esta compañía fue creada acorde con los propósitos de hegemonía geopolítica que, en la época, los Estados Unidos pretendían establecer en el Caribe. El presidente de la San Domingo Improvement Co., Smith M. Weed, era un demócrata importante de Nueva York muy amigo de Grover Cleveland, (Presidente de Estados Unidos en los períodos 1885-89 y 1893-97). Cuando se creó la compañía en 1892, Smith M. Weed obtuvo las garantías personales del presidente Benjamin Harrison y del Secretario de Estado James G. Blaine de que Washington respaldaba su plan para intervenir en las finanzas relativas a las recaudaciones aduaneras de la República Dominicana que entonces estaba en poder de la firma holandesa Westendorp.

Así fue como, desde el inicio de sus operaciones en la República Dominicana, la San Domingo Improvement Co. adquirió todos los derechos y obligaciones de la Westendorp Co., generados por los empréstitos de 1888 y 1890. También adquirió los derechos del contratista original para la construcción del ferrocarril Puerto Plata-Santiago, Dr. C. J. Den Tex Bont.

La transacción entre ambas compañías, San Domingo Improvement y Westendorp, fue notificada al Gobierno dominicano el 2 de agosto de 1892 y, en principio, el traspaso fue rechazado por el gobierno dominicano, pero luego de una entrevista entre directivos de la San Domingo Improvement Co. con el Presidente Heureaux, se pusieron de acuerdo. Entonces se acordó un nuevo empréstito por valor de US$1,250,000 y se firmó el contrato el 28 de enero de 1893. Se crearon, además, dos compañías filiales de la San Domingo Improvement Co. con la finalidad de separar las operaciones financieras (a cargo de la “San Domingo Fínance Co.”), de las operaciones del ferrocarril (con la “San Domingo Railways Co.”).

Desde 1893 a 1899, la Improvement Company y su presidente Smith M. Weed controlaron las recaudaciones de las aduanas dominicanas mediante un organismo creado anteriormente para esos fines por la compañía Westendorp, conocido como la Caja de Recaudación “La Regie”. Durante esos seis años la Improvement, representada en la República Dominicana por su principal ejecutivo, John T. Abbot, realizo sus operaciones en contubernio con el presidente Heureaux tomando prestados unos $ 30 millones mediante la venta de bonos dominicanos en Europa llevando a la República a la ruina financiera.

La Ley de Conversión de 1897.-

En el año de 1897 el Gobierno no encontraba quién le prestara, mientras que la economía nacional seguía en franco deterioro y se hacían muchas emisiones monetarias por medio del Banco Nacional que había sido creado mediante un tratado con la Sociedad de Crédito Mobiliar de París en 1889, pero que luego funcionó como una agencia particular del Gobierno realizando operaciones a su conveniencia.

Mediante esta Ley se consolidaba toda la deuda pública y se capitalizaban los intereses adeudados; se autorizaba una nueva emisión de bonos ascendente a 4,236,750 libras esterlinas y se designaba a la San Domingo Finance Co. (filial de la San Domingo Improvement) para manejar el empréstito. Así quedaron afectadas todas las rentas aduaneras y otros fondos especializados, siempre bajo el control de la Caja de Recaudación “La Regie”. A la muerte del Presidente Heureaux la deuda pública del Estado dominicano ascendía a un monto de $34,083,706; de los cuales $23,957,078 correspondían a la deuda exterior; y $10,126,628, a la deuda pública interna.

Período posterior a Heureaux.

Luego de la muerte del Presidente Heureaux, el 26 de julio de 1899, las finanzas dominicanas, que habían sido objeto de todo tipo de manejo inescrupuloso, venían de mal en peor y no podían presentar un panorama más desesperante.

Gobierno Constitucional de Juan Isidro Jimenes.

El Gobierno del Presidente Jimenes comenzó sus ejecutorias en medio de las mayores precariedades económicas y, en una ocasión, hubo un bloqueo de los puertos dominicanos decretado por dos buques de guerra franceses, como reclamo compulsivo de una deuda que la República tenía pendiente con dos súbditos de esa nación, que tuvo que ser pagada mediante recolecta entre los ciudadanos de la Capital.

Posteriormente, el incumplimiento de los compromisos contraídos por la República fue generando presiones por parte de las potencias que representaban a los acreedores extranjeros de la deuda y, en 1901, el Presidente Juan Isidro Jimenes envió al Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Francisco Henríquez y Carvajal, a los Estados Unidos y a Europa, a los fines de negociar un arreglo financiero sobre la deuda pública, logrando un acuerdo de pago que reducía y consolidaba toda la deuda en más o menos la mitad de lo que se había establecido. Este acuerdo, considerado como el mejor que pudo haber logrado el Gobierno, fue rechazado en el Congreso Nacional como consecuencia del revanchismo político existente entre los partidarios del General Horacio Vásquez y del Presidente Juan Isidro Jimenes, aunque el primero era el Vicepresidente de la República y Delegado del Gobierno en el Cibao. Las pugnas entre el Vicepresidente y el Presidente se irían profundizando por los rumores de que el Presidente tenía preferencias por otras personas, y no por el Vicepresidente Vásquez, para la candidatura presidencial en las siguientes elecciones que debían celebrarse a fines de 1904. Además de que el Vicepresidente trataba de imponer su criterio al Presidente sobre cuáles medidas debía tomar y cómo las debía implementar en el ejercicio de su gestión administrativa.

Segundo Gobierno Provisional de Horacio Vásquez. Firma del Protocolo de 1903 con el Gobierno de los Estados Unidos.

Las divergencias entre ambos mandatarios llegaron a tal extremo que el 26 de abril de 1902 el General Horacio Vásquez, Vicepresidente y Delegado del Gobierno en el Cibao, se levantó en armas y derrocó el Gobierno Constitucional del Presidente Juan Isidro Jimenes.

Luego del derrocamiento del Presidente Jimenes, el Presidente Provisional Horacio Vásquez trató de negociar con la San Domingo Improvement para que esta compañía norteamericana se retirara del país, concertando un acuerdo de pago por concepto de sus propiedades, para lo cual, dicha compañía debía presentar una relación de sus cuentas para su aprobación en el Congreso Nacional. Pero el desorden financiero con que había operado esta compañía, en contubernio con el dictador Ulises Heureaux, hacía imposible concretar ese pedido y la San Domingo Improvement Co., creada bajo las leyes del Estado de Nueva Jersey, apeló al Gobierno de los Estados Unidos para que interviniera a su favor. A tal efecto, William F. Powell, Encargado de Negocios de los Estados Unidos, se puso en contacto con el Gobierno Provisional del General Horacio Vásquez y logró que éste suscribiera un Protocolo, o acuerdo diplomático, con los Estados Unidos, que sentaba las bases para la compra de las propiedades que tenía la San Domingo Improvement en la República Dominicana, lo que sería determinado por un Tribunal Arbitral compuesto por tres árbitros (uno dominicano y dos norteamericanos), pero el pago debía hacerse directamente al Gobierno de los Estados Unidos en lugar de hacerse a la propia compañía, lo que se conoce como el “Protocolo del 31 de enero de 1903”.

En este Protocolo se aceptaba y reconocía al Gobierno de los Estados Unidos como representante de los acreedores de la deuda que tenía el Estado dominicano con la compañía norteamericana San Domingo Improvement, ya que planteaba de manera precisa (Art. 1) que “El Gobierno dominicano pagará al Gobierno de los Estados Unidos”, quedando así establecidas las bases legales que permitían a esa poderosa nación intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana. De modo que, de ahí en adelante, los asuntos relativos a la deuda con esa compañía comercial serían tratados directamente con el Gobierno de los Estados Unidos de América y no con la San Domingo Improvement Co.

El Protocolo de enero de 1903, también establecía de manera precisa, en su Artículo I, que se conformaría un Tribunal Arbitral que operaría en la ciudad de Washington, que estaría compuesto por tres jueces, dos norteamericanos y uno dominicano. O sea, una elección mayoritaria de los jueces de manera ventajosa para los acreedores, representados por Estados Unidos, que serían quienes determinarían la forma de pago, y las garantías, que como en todos los empréstitos tomados por la República a través de la historia, serían las fuentes primordiales de recaudación impositiva de la Nación, las aduanas dominicanas, las que estuvieran establecidas y las que se establecieran con posterioridad en las geo referencias correspondientes al territorio de la República, así como que las decisiones que tomaran los jueces en ese Tribunal Arbitral serían concluyentes y finales, o inapelables. Algunos autores refieren, de manera errónea, que el Protocolo de enero de 1903 fue suscrito entre el Gobierno dominicano y la San Domingo Improvement. Como puede verse en el texto del citado Protocolo, éste fue suscrito por los gobiernos de la República Dominicana con el de los Estados Unidos para el pago de las acreencias de esa compañía norteamericana, la cual no estaba facultada a participar en la elección de los árbitros como tampoco en las deliberaciones. (Ver texto íntegro del «Protocolo de 1903» en otro espacio de este blog).

Gobierno de Alejandro Woss y Gil.

A fines de abril de ese mismo año, casi tres meses después de suscribirse el Protocolo del 31 de enero, fue derrocado el Presidente Horacio Vásquez y asumió la Presidencia el General Alejandro Woss y Gil. Acto seguido el Encargado de Negocios Powell se hizo presente ante el Gobierno y reclamó al nuevo Presidente el reconocimiento del referido Protocolo. El Presidente trató de desconocerlo planteando al Encargado de Negocios norteamericano que ese instrumento había sido firmado por un gobierno de facto y que carecía de validez porque, además, no había sido sancionado por el Congreso Nacional. En la ocasión William F. Powell exigió al Presidente Woss y Gil el reconocimiento del referido Protocolo so pena de que los Estados Unidos rompieran relaciones con la República Dominicana y pasaran a vías de hecho, lo que significaba que procederían a intervenir el país militarmente.  Ante tal “sugerencia” el Presidente Woss y Gil se apresuró a aceptar el reconocimiento del acuerdo firmado el 31 de enero y, para cumplir con el mandato de dicho Protocolo que establecía la designación de un árbitro para representar a la República Dominicana en aquel Tribunal Arbitral, nombró para esos fines al entonces Canciller de la República, el escritor y abogado Manuel de Jesús Galván (autor de la celebrada novela dominicana “Enriquillo”).

Como el Protocolo establecía que cada gobierno designaría un árbitro y un tercero sería elegido de mutuo acuerdo, a más tardar dos meses después de su firma, luego de ese plazo el tercer árbitro debería ser escogido por el Gobierno dominicano entre los jueces de la Corte de Apelación de los Estados Unidos, por lo que también correspondió a Woss y Gil la elección de ese otro árbitro, ya que habían transcurrido más de ocho meses desde la firma del citado Protocolo.

El 24 de octubre de 1903 surgió en Puerto Plata un movimiento revolucionario encabezado por Carlos F. Morales Languasco, conocido como “La Unión” por integrarlo partidarios de Juan Isidro Jimenes (jimenistas) y de Horacio Vásquez (horacistas), asumiendo Morales Languasco la Presidencia Provisional de manera oficial el 25 de noviembre del mismo año. Aunque hay quienes dicen que los norteamericanos ayudaron a Morales Languasco a llegar al Poder, lo cierto es que el Gobierno Provisional presidido por éste no fue reconocido por el de los Estados Unidos hasta el 19 de enero de 1904 (dos meses después de ascender a la Presidencia). Otros dicen que fue reconocido después de aceptar algunas «exigencias financieras», que no fueron otras que las mismas exigidas al Gobierno de Woss y Gil cuando nombró los árbitros del Tribunal Arbitral, la aceptación de los términos del Protocolo de enero de 1903 suscrito por el Presidente Vásquez con los Estados Unidos.

El 14 de julio de 1904 fue dictado, por el Tribunal Arbitral, el Laudo que se venía gestando en Washington como consecuencia y mandato del Protocolo del 31 de enero de 1903 que, como su apéndice, establecía las normativas para el pago de la deuda que tenía pendiente el Estado dominicano con la San Domingo Improvement Co., entonces representada por el Gobierno de los Estados Unidos, cuyas garantías, según establecía el Protocolo y cada uno de los empréstitos que habían originado la deuda, eran las aduanas dominicanas.

Aunque al referirse al Laudo Arbitral de 1904 algunos escritores lo señalan maliciosamente como un acuerdo firmado por el Presidente Morales con los Estados Unidos, es preciso señalar que dicho Laudo no fue suscrito por los gobiernos; pues como una consecuencia directa del Protocolo de enero de 1903, dicho Laudo no requería más firmas que las de los jueces designados para dirimir el conflicto de la deuda externa, como se había acordado en el citado Protocolo. Es más, el Gobierno de Morales Languasco se manifestó en desacuerdo con los términos del Laudo, cuando fue emitido, su desdicha fue que dicho instrumento fue concluido, por el Tribunal Arbitral, cuando él ejercía la Presidencia de la República.

Es necesario señalar que los compromisos contraídos por la República Dominicana con los Estados Unidos de América, en el Protocolo de enero de 1903 y, en consecuencia, en el Laudo Arbitral, se referían exclusivamente a la deuda pendiente con la Santo Domingo Improvement Co. aunque, además, la República también tenía pendiente una deuda con los tenedores de bonos europeos, que era superior a la contraída con la compañía norteamericana. Como consecuencia del retraso en el cumplimiento de los compromisos financieros, por parte del Estado dominicano, y de la inestabilidad política existente, los tenedores de bonos europeos apelaron a sus respectivas naciones con el fin de que intercedieran para el cobro de sus acreencias. Llegó un momento, a finales de 1904 y principios de 1905, en que la República Dominicana fue objeto del más formidable asedio naval que en esos tiempos hubiera sufrido algún país pequeño en el caribe o en América Latina, por parte de fuerzas extranjeras, ocasión en la que estuvo rodeada por 15 barcos de guerra de las cinco potencias más poderosas del mundo, las que estaban dispuestas a ocupar militarmente las aduanas dominicanas con la finalidad de cobrarse por cuenta propia las acreencias de sus súbditos.  Hay que destacar que, para la época, las fuerzas militares organizadas de la República Dominicana consistían en dos buques de guerra medianamente armados, los cañoneros Independencia y Presidente, ambos tripulados por no más de cincuenta hombres, cada uno. Mientras que la fuerza militar de tierra estaba conformada por unos setecientos (700) miembros de la recién creada Guardia Rural, que estaban distribuidos en toda la geografía Nacional. Algunos de los buques de guerra europeos que habían llegado para sumarse al asedio de la República Dominicana, en la segunda mitad del año 1904 y en la primera de 1905, venían de participar un año y medio antes (diciembre de 1902) en el bloqueo de los puertos venezolanos por un conflicto muy similar al dominicano. Esos buques de guerra del Imperio Alemán exigían el pago inmediato de las deudas contraídas por Venezuela con algunas compañías alemanas, que involucraban la construcción de un ferrocarril (el ferrocarril alemán).

El Modus Vivendi.-.

Algunos autores se refieren al Modus Vivendi como una medida administrativa aislada, o como una decisión caprichosa del Presidente Morales para satisfacer su deseo de poner en manos de los Estados Unidos el control de las aduanas dominicanas (¿?), como si los efectos del Protocolo de 1903 y de su apéndice, el Laudo Arbitral de 1904, hubieran quedado suspendidos en el tiempo o se hubieran olvidado. Con la firma del Protocolo de enero de 1903 a los Estados Unidos se le otorgó el derecho de intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana, lo que hicieron con rigor en los años subsiguientes.

Ese Protocolo produjo el Laudo Arbitral de julio de 1904 y éste, a su vez, generó la Convención de 1905, la cual fue puesta en vigor de manera administrativa por el Presidente Morales como solución para evitar un desorden de proporciones insospechadas, como el que suponía que los buques de guerra de las potencias extranjeras, que entonces asediaban a la República, tomaran las aduanas dominicanas por la fuerza, de manera desordenada y sin la participación del Gobierno en los beneficios impositivos que éstas generaban. Todos estos instrumentos estuvieron vinculados en un proceso que devino en el Modus Vivendi, en la Convención de febrero de 1907 y, posteriormente, en la intervención militar norteamericana de 1916.

Carlos Danilo Morales Miller      (Email: carlosdanilomorales@gmail.com)

Beneficios Obtenidos por el Modus Vivendi en el Primer Año de su Aplicación en la República Dominicana. (1 de abril de 1905 al 31 de marzo de 1906).

Introducción de la administración del blog.-

El informe que ofrecemos en este espacio, fue elaborado por el Coronel de los Estados Unidos George R. Colton, quien se desempeñó como Contralor y Receptor General de las aduanas dominicanas en virtud del acuerdo financiero provisional conocido como “Modus Vivendi”, puesto en vigor mediante Decreto por el Presidente Carlos F. Morales Languasco, acorde con los términos de la Convención Dominico – Americana de febrero de 1905, que no había sido sancionada por el Congreso de los Estados Unidos y, ante la presión que ejercían varias potencias europeas sobre la República Dominicana, para el pago de las acreencias de sus connacionales ($16.8 MM), en momentos en que el territorio nacional estaba rodeado por diez (10) buques de guerra europeos que amenazaban con ocupar las aduanas para cobrarse por cuenta propia los valores adeudados por la República a los tenedores de bonos de sus respectivas naciones.

En la época había, además, cinco (5) cruceros norteamericanos que, alternándose, estaban presentes de manera permanente en los puertos dominicanos desde la firma del Protocolo del 31 de enero de 1903, entre el gobierno Provisional de Horacio Vásquez y el de los Estados Unidos para el pago de las propiedades e intereses que la compañía norteamericana San Domingo Improvement tenía en la República Dominicana por un valor estimado de 4,5 MM. Pero dicho Protocolo establecía, en su Artículo 1, que el Gobierno dominicano pagaría la referida suma al Gobierno de los Estados Unidos (no a la San Domingo Improvement Co.), a la vez que acordaba la creación de un Tribunal Arbitral, que haría sus deliberaciones y fallaría en Washington, para fijar la forma de pago y las garantías hasta saldar la deuda. google-site-verification: google484dba8e3e1cf805.html

Poco tiempo después de la firma del Protocolo, el 23 de marzo de 1903, fue derrocado el Presidente Vásquez por la Revolución de los Presos y correspondió al nuevo Presidente, Alejandro Woss y Gil, designar a dos de los tres jueces del referido Tribunal.

El 25 de noviembre de 1903 la Revolución de La Unión, encabezada por Carlos F. Morales Languasco, derrocó al Presidente Woss y Gil y el fallo del Tribunal Arbitral fue dictado en Washington el 14 de julio de 1904, el cual es conocido como el “Laudo Arbitral de 1904”. Para poner en ejecución los términos de ese Laudo (que se refería de manera exclusiva a las acreencias de la San Domingo Improvement Co.) era necesario suscribir una Convención que fuera sancionada por los congresos de las naciones involucradas y firmada por sus respectivos presidentes. Pero para ello hubo varios inconvenientes; en enero de 1905 se preparó una Convención, que fue enviada al Congreso de los Estados Unidos siendo rechazada por considerar que se trataba de un protectorado para la República Dominicana, por otra parte, las potencias europeas aumentaban presión a sus demandas en razón de que esa Convención excluía a sus acreedores y el Ministro Residente de los Estados Unidos en la República Dominicana informó a su Presidente que los términos de esa Convención no eran aplicables, en la práctica, por la falta de control que el Gobierno dominicano mantenía sobre las aduanas, las cuales operaban en un completo desorden como expone el que fuera Contralor y Receptor George R. Colton en el informe que nos ocupa.

El 7 de febrero se preparó otra Convención en términos diferentes, que fue enviada al Congreso norteamericano, pero éste cerró su período legislativo sin conocer la pieza. Mientras tanto aumentaba la presión de los europeos, especialmente por parte de los alemanes, quienes estaban presentes con cuatro cruceros que habían participado en el bloqueo de los puertos de Venezuela, a fines de 1902, por un asunto similar al de República Dominicana, “La deuda del Ferrocarril Alemán”, que fue subsanado con un Protocolo firmado en Washington en febrero de 1903 por las partes beligerantes, mientras Estados Unidos actuaba como mediador. Esos cruceros alemanes mantenían la amenaza de ocupar militarmente las aduanas dominicanas y no aceptaban prórrogas ni otra fórmula que no fuera la administración de las aduanas por una persona designada por el Presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, no obstante esta cadena de acuerdos y litigios internacionales que tienen origen en el Protocolo del 31 de enero de 1903 y su apéndice inmediato, el Laudo Arbitral, en adición a la incesante y creciente presión de los acreedores europeos que dejaban al Presidente Morales sin alternativas que le permitieran maniobrar de alguna manera diferente, que fuera favorable para evitar que las aduanas fueran ocupadas de manera desordenada, fue la razón por lo que se vio en la necesidad de poner en vigor, por Decreto, los términos de la Convención del 7 de febrero de 1905, que es lo que se conoce como el “Modus Vivendi, aunque algunos dicen simplemente, de manera axiomática y mendaz, que el Presidente Morales “se decidió por un arreglo financiero que enajenaba las aduanas dominicanas”, así como otros dicen que esas medidas estaban en sus planes desde que llegó a la Presidencia de la República, como si se hubiera tratado de un capricho suyo y hubiera sido posible evadir las obligaciones relativas al proceso que comenzó con el Protocolo de enero de 1903 y sus consecuencias, que otorgaron base legal a los Estados Unidos para intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana, aunque al final los resultados del Modus Vivendi fueron positivos.

             Carlos Danilo Morales Miller     (Email: carlosdanilomorales@gmail.com) 

Informe de George R. Colton, Contralor y Receptor General de las aduanas dominicanas con el título:

«Examen de la Organización y Transacciones de la Recepción de las Aduanas de Santo Domingo Durante el Primer Año de su Funcionamiento (abril 1, al 31 de marzo de 1906), Con Exposiciones y Observaciones Colaterales».

(Traducción libre al castellano de su versión original en inglés.)

 

Oficina del Controlador y Receptor General,

Santo Domingo, D.R., marzo de 1906.

La administración de Aduana de Santo Domingo se organizó a petición de la República Dominicana con el propósito combinado de asegurar el mantenimiento de la Independencia Nacional, suprimir los incentivos a la revolución interna y proteger a los acreedores, recaudar ingresos y segregar fondos para el pago de las deudas. El hecho de que haya logrado su compromiso financiero durante el primer año de sus operaciones se demuestra por el hecho de que se recaudaron en efectivo más ingresos de los que se ha informado que habían sido recaudados durante cualquiera de los años anteriores en la historia del país, sólo se recibieron en efectivo billetes y otras evidencias de endeudamiento en pago de derechos aduaneros, y cuando las importaciones fueron estimuladas por el hecho de que los acreedores sólo podían recaudar en aduanas mediante órdenes que vendían con descuento, reduciendo así el derecho al comprador y al Importador, aunque las declaraciones aduaneras no lo indicaban. Se recibieron dos millones y medio de ingresos aduaneros, de los cuales se pagaron los gastos del Gobierno y aproximadamente un millón y un cuarto se depositaron en fideicomiso para la seguridad de los acreedores y la amortización de la deuda pública, lo que contrasta notablemente con los resultados de las operaciones aduaneras cuando, teniendo el control de la totalidad de los ingresos de la República, el Gobierno no sólo ha sido incapaz de pagar sus gastos corrientes.

La deuda se incrementó a una tasa promedio de casi un millón de dólares al año desde que se obtuvo la independencia (*) en 1865. Las transacciones de los últimos doce meses han resultado por lo tanto en la primera parada en el camino a la insolvencia, y comenzar en la dirección contraria, lo que ha sido experimentado por la República. En lugar de un millón detrás, es un millón y más por delante – una diferencia de dos millones de los débitos al lado del crédito. (*) La Restauración. (CDM)

Efecto Político del Modus Vivendi.

El efecto que el presente sistema de gestión de los ingresos aduaneros ha ejercido sobre las condiciones del País se explica con bastante amplitud en los informes anuales del Hon. Emiliano Tejera, Ministro de Relaciones Exteriores, y el Excmo. Federico Velásquez, Ministro de Hacienda y Comercio. El primero dice, en parte:

“El resultado beneficioso de esta disposición, tanto política como económicamente, se demuestra por el fracaso de la última revolución, etc. El día vendrá cuando se apreciará el valor completo de la convención del 7 de febrero y el modus vivendi, ambos acuerdos son los resultados deliberados del más puro y más concienzudo patriotismo”.

Y el segundo:

“Gracias a esta oportuna medida, el país entró de inmediato en un período de relativa facilidad, mientras que la fuente que siempre alimentaba las perturbaciones se volvía estéril por el hecho de que las aduanas estaban fuera del alcance de los partidos revolucionarios, demostrado por el fracaso de la última revolución poderosa, que sin duda se habría extendido por todo el país, llenándola de sangre, de luto y de lágrimas, y desolando de nuevo sus aldeas y campos si no hubiera sido por la única y principal circunstancia que la Fuente que había proporcionado prosélitos y recursos habían fracasado, y por la que ellos (los revolucionarios) están ahora suspirando desesperación”.

Estos informes son de interés general y están tan claramente señaladas las condiciones que se dan en la República, así como la actitud del Gobierno y del pueblo sustancial del país, que se invita a prestar especial atención a los extractos ampliados de los mismos, adjuntos como Anexos R y S.

Nadie que conozca los hechos puede dudar de que los puertos de Santo Domingo habrían sido ocupados antes por las potencias extranjeras, y que la disolución de la nación como Estado independiente habría sido cumplida, o inminente, por la violencia interna y la injerencia extranjera, si los Estados Unidos no hubieran tenido en cuenta la solicitud del gobierno dominicano al que prestó la asistencia oportuna requerida. Para apreciar lo desesperado de la crisis de los asuntos nacionales, en el momento de su solicitud, hay que tener en cuenta los tormentosos acontecimientos que se habían combinado para lograrlo, la estrechez financiera y política a la que se había visto reducida la República, lo que resultaba deplorable para la moral de su gente. Que los ciudadanos patriotas del país tuvieran justa causa de alarma puede verse en la tendencia de los acontecimientos, como lo demuestra el memorándum histórico adjunto que prueba que tiene un interés adicional por el hecho de que se extrae de las obras del Distinguido autor dominicano, José Gabriel García.

Organización.

La sentencia fue establecida en cumplimiento del decreto del Gobierno Dominicano (Anexo A) del 31 de marzo de 1905; El Presidente de los Estados Unidos habiendo cumplido la solicitud del Gobierno dominicano nombrando a un banco de Nueva York como depositario de los fondos a ser segregados, y sugiriendo el nombre de una persona para actuar como Receptor. El Decreto del 31 de marzo de 1905 (el Modus Vivendi) entró en vigencia al día siguiente y, aunque el receptor y su personal no llegaron a Santo Domingo hasta el 20 de abril, los ingresos habían sido manejados desde principios del mes de abril de tal manera que fue posible iniciar los registros de la administración fiscal a dicha fecha. Se tomó posesión formal y control de las diversas aduanas en los puertos de entrada por mar tan pronto como los medios de transporte lo permitieron. Los avisos correspondientes (Anexo B) se publicaron en consecuencia, y se enviaron por correo a los representantes extranjeros residentes. De acuerdo con el Gobierno dominicano, el jefe de los funcionarios dominicanos de aduanas en cada puerto de entrada fue nombrado Receptor Delegado, en la forma que se muestra en el Anexo C, y proporcionó el respaldo personal necesario para el fiel cumplimiento de los deberes y la contabilidad de todos los ingresos recibidos; teniendo, al mismo tiempo, un aumento del 20 por ciento en su salario como compensación por la responsabilidad adicional y los deberes requeridos. Los funcionarios dominicanos que así se convirtieron en parte de la administración fiscal son, por regla general, hombres brillantes y activos, ansiosos por la reforma del servicio, y han cooperado con sistematizar el trabajo. Los extractos de sus informes anuales se adjuntan como Anexo O y muestran las condiciones locales en los diferentes puertos, así como la actitud de estos funcionarios dominicanos a favor de la situación actual. La Oficina Administrativa Central, en la que se realizan todos los informes y en la que se auditan todas las cuentas, se organizó en la ciudad de Santo Domingo, Capital de la República, con un personal de trabajo, al principio, además del receptor, de dos norteamericanos, tres dominicanos y un británico, siendo éste residente de Santo Domingo y empleado como traductor. Además de este personal, le fue asignada a un estadounidense la función de Contralor Adjunto, a otro como auditor itinerante, y a otro como contralor encargado de las aduanas en la frontera terrestre. Desde que se realizó la primera organización, el personal de la oficina se ha incrementado, a medida que el trabajo se ha ido desarrollando, con la adición de dos estadounidenses y un dominicano y, el personal exterior, por tres estadounidenses asignados a la frontera haitiana. Por orden del honorable Secretario de Guerra de los Estados Unidos, a través del cual se puso en vigor la orden del Presidente del 28 de marzo de 1905, los empleados estadounidenses fueron seleccionados por el Receptor con referencia sólo a su integridad y aptitud para realizar las tareas requeridas. Aquellos que estaban comprometidos eran, en el momento en que llegaron a Santo Domingo, miembros de la sociedad civil estadounidense de servicio en Filipinas con licencia o permiso concedido por la cortesía del Coronel C. R. Edwards, de la Oficina de Asuntos Insulares para ese fin; Y es debido al hecho de que eran hombres capaces y experimentados que no tardarían mucho en captar el complicado trabajo que les esperaba. El personal y la organización actual de la administración fiscal se muestran por las pruebas documentales E, F y G.

Condición Anterior del Servicio.

Si bien había algunas cosas que debían encomendarse a la administración de aduanas de la República -principalmente el pago anticipado, la manipulación y la entrega de las cargas- estaba muy lejos de proporcionar un medio eficaz para asegurar los ingresos. El servicio no tenía cabeza; cada colector evaluaba los aranceles bajo un arancel más intrincado, según su propia interpretación, sin referencia a ninguna autoridad superior u otro puerto, e incluso los tipos de aranceles cobrados diferían en los distintos puertos. Las leyes arancelarias se difundían a través de boletines oficiales publicados a intervalos desde 1867, unos cincuenta en número, y nunca habían sido unificados. Por lo tanto, existía un estado de confusión que apenas se puede describir, pero que aparentemente fue aceptado como sin remedio. El Gobierno Central había sido tan frecuentemente derrocado en el pasado que nadie permanecía el tiempo suficiente para familiarizarse con las leyes o necesidades del servicio; No se habían emitido reglamentos para llevar a cabo las leyes de ingresos y, por lo tanto, los colectores locales, incapaces de obtener las resoluciones o instrucciones, se vieron obligados a actuar enteramente según su propio criterio. No había prácticamente ningún sistema de contabilidad. Los colectores debían mostrar la cantidad de derechos «producidos» por cada carga entrante, pero el sistema parece ser obsoleto; Y como los importadores tenían derecho de diez a sesenta días, según la cantidad, para pagar sus obligaciones, era muy difícil determinar si eran o no pagados y el dinero entregado. Sólo se mantuvieron registros vagos de los dineros reales recibidos por el Gobierno Central, y todos los informes hasta ahora realizados sobre los ingresos aduaneros representan los importes que deberían haber sido percibidos en el caso de que los derechos fuesen evaluados honestamente, pero en ningún caso las transacciones reales en efectivo.

A la confusión producida por estos métodos se suma el sistema de manejo de los dineros recibidos, que no fueron cobrados por los funcionarios de aduanas, sino por los «administradores de finanzas» de los diversos distritos, que también recibieron otros ingresos del Gobierno y, en lugar de remitirlos  al Tesoro Central, los pagaron en los distritos donde fueron recogidos bajo confusas instrucciones del Gobierno Central y de los gobernadores locales; de modo que, en realidad, prácticamente ninguno de los ingresos aduaneros llegó al Tesoro de la República.

Otro medio por el cual se habían disminuido los ingresos en efectivo fue el sistema de crédito en boga. Los importadores, permitiéndoles de diez a sesenta días después de haber recibido su mercancía para pagar las correspondientes obligaciones, se aprovecharon de las dificultades financieras del Gobierno para descontar sus propias obligaciones y, mediante pequeñas sumas de dinero, se liberaron del pago futuro de cantidades mucho más grandes que representaban sus deberes legales. Estas transacciones fueron tan numerosas que se organizó una asociación de comerciantes bajo el nombre de «Junta de Crédito», y durante años se dedicó a comprar las obligaciones de los importadores del Gobierno, incluso las suyas, a tasas que oscilaban entre el 3 y el 10 por ciento al mes, compuesto cada sesenta días, más una comisión, o adelanto, en pequeñas cantidades de efectivo a cambio de grandes pedidos por cobrar en las aduanas como efectivo en la liquidación de los derechos. Aunque la ley prevé inspecciones de aduanas por parte de representantes del Gobierno Central, no se hacía.

Los gobernadores locales reclamaron el control exclusivo de todos los oficiales de distritos. En conjunto, habría sido difícil haber adoptado un sistema o prácticas a seguir mejor calculadas para invitar al fraude o promover transacciones deshonestas.

En vista de estas condiciones, no es especialmente sorprendente que no quedara nada por mostrar de los cuarenta y tantos millones de ingresos (Anexo K) desde 1867, o que, con un sistema similar, o falta de sistema, al tratar las finanzas generales del país, debería haber contraído una deuda pública que se aproximara a treinta y cinco millones durante el mismo período. Ineficiencia, en esta materia, producto de promover revoluciones, las cuales, a su vez, destruyeron por su frecuencia cualquier posibilidad de mejorar las condiciones, y ayudaron a disipar los ingresos y los dineros prestados. La deuda y el resultado de las operaciones financieras de la República al 1 ° de abril de 1905, se muestran en el Anexo M y en el cuadro complementario con el Anexo O.

Nuevo Sistema Inaugurado.

Al esforzarse por remediar las condiciones expuestas, se convirtió en el primer deber de la administración fiscal establecer un sistema que asegurara la recaudación de acuerdo a las funciones previstas por la Ley y la entrega en la Oficina Central de los fondos recibidos en los ocho puertos de mar y los tres de entrada por tierra. Afortunadamente, la legislación aduanera exige que los manifiestos consulares y las facturas que se hicieron (aunque nunca antes se habían utilizado para ese fin) se basaran en las cuentas de ingresos, siendo cada representante adjunto responsable de los derechos legales sobre todas las mercancías importadas o que se demostrara haber sido importadas con esos documentos. Las normas aduaneras necesarias fueron adaptadas, impresas en español y puestas en uso. Estas normas se hicieron tan simples como fue posible, y aunque no eran absolutamente necesarias para hacer el trabajo, sesenta y ocho estaban en uso al final del año.

Los reglamentos para la administración de las aduanas y la clasificación de las mercancías se hicieron multilingües, en español e inglés, en forma de documentos administrativos, circulares y cartas circulares, de las cuales treinta y ocho de las primeras, y veinticinco de las últimas, habían sido emitidas durante el año. Las leyes de ingresos aduaneros y las listas de aranceles se unificaron y fueron publicadas en un volumen por la administración fiscal, en inglés, que fue seguida de una publicación similar en español, que sirvió para facilitar la clasificación apropiada y más uniforme de las importaciones de mercancías.

Revisión de Cuentas.

Además del trabajo administrativo ordinario que recae naturalmente en la Oficina Central de la Administración fiscal, se comprometió y ha trabajado, por lo general, realizado por un departamento separado, auditando todos los ingresos, así como otras cuentas relacionadas con el servicio, requiriendo de los receptores adjuntos, en los diversos puertos, informes mensuales, cuentas y muestras de mercancías importadas. Además de esto, las cuentas de los diferentes puertos de entrada por mar se verifican sobre el terreno al menos una vez al mes por un inspector itinerante.

Estadística.

Se han establecido registros estadísticos permanentes del comercio de la República, y todos los trabajos relacionados con su formación se han realizado en la Oficina Central. Dos resúmenes del comercio han sido publicados en forma de panfleto y otros en los periódicos locales.

En adelante se propone la publicación de resúmenes semestrales, con el siguiente informe que abarcará todo el período comprendido entre el 1 de abril de 1905 al 1 de julio de 1906. Los informes relativos al comercio de la República, publicados por la administración fiscal, contienen los primeros datos comprensivos y confiables del tipo recopilado, y desde que se han distribuido el Gobierno dominicano ha establecido una Oficina de Estadística, cuyas compilaciones, en lo que respecta a las estadísticas comerciales, se basan en informaciones reunidas bajo la dirección de la administración fiscal.

Concentración de Ingresos Recaudados.

Se encontró una seria dificultad en el manejo y en la concentración de los fondos recaudados en los once puertos de entrada por separado. Al no existir un banco de la República, era necesario crear algún medio para recibir y enviar los fondos a la Central en la Capital. El señor Santiago Michelena, un hombre de negocios importante que tenía cierta experiencia vinculada a firmas prominentes de todo el país, se interesó y prestó las facilidades bancarias necesarias por las cuales los receptores delegados pudieron depositar sus fondos con sus agentes en los varios puertos de entrada y recibieron borradores en su oficina en Santo Domingo, que remitieron al receptor general. Estos proyectos se depositaron entonces en la oficina principal del señor Michelena en la capital.

Cada dólar recaudado en cada puerto de entrada ha sido remitido de esta manera, y todos los desembolsos, incluso de los salarios de los empleados de aduanas más bajos en las estaciones remotas, se hacen con vales y pagados mediante cheques separados emitidos desde la Oficina Central para enviar al destinatario. Así, por primera vez, los ingresos aduaneros de la República llegaron a un depositario central y se distribuyeron de tal manera que permitiera al Gobierno conocer con exactitud sus transacciones en efectivo y que todos los fondos gastados hubieran llegado a su destino. Cuentas detalladas de todos los recibos y desembolsos han sido proporcionados al Gobierno de la República Dominicana al cierre de las operaciones de cada mes.

Lucha en la Recaudación por Tierra.

Una de las cuestiones más serias a tratar es el contrabando a través de la frontera terrestre de Haití. La frontera entre las dos repúblicas se extiende a través de una región montañosa y desértica salvaje, desde la bahía de Manzanillo, al norte, hasta Perdenales, en la costa sur, con una distancia de unos 150 kilómetros; Y mientras que las aduanas habían sido establecidas a lo largo de la línea en las ciudades de Dajabón, Comendador y Tierra Nueva, las leyes de ingresos no se aplicaron, y no se hicieron informes de éstas a la oficina del Gobierno Central. El Comité de Finanzas del Congreso se quejó de esto en su informe anual presentado en julio de 1905, diciendo, en parte:

“Estas aduanas en la frontera nunca han seguido la ley establecida para la evaluación y recaudación de los derechos. Por esta razón, la reorganización de estas oficinas se hace imprescindible, ya que todos los habitantes deben ser gravados por igual”.

La aplicación más rígida de las leyes aduaneras en la costa, que siguió a la organización de la administración fiscal, dio lugar a un aumento del contrabando en la frontera hasta tal punto que era evidente que los ingresos se verían seriamente afectados a menos que se aplicara algún remedio. La cuestión de la frontera era antigua para el Gobierno, que prácticamente había abandonado desesperado por todos los intentos para suprimir el contrabando.

Aduanas y Protección de Fronteras.

Sin embargo, se prometió apoyo a cualquier intento de la administración fiscal en esa dirección, y finalmente se dispuso organizar un cuerpo de hombres compuesto de (120) ciudadanos dominicanos, que sería conocido como » la guardia de la aduana fronteriza», que debía estar bajo el control de la administración fiscal y al mando inmediato de un americano encargado de las actividades en la frontera. Estos hombres actuarían en la doble capacidad de policías y de oficiales en las aduanas fronterizas. Por tanto, los salarios serían pagados con cargo a los ingresos aduaneros antes de la división. Los guardias, la mitad de los cuales estaban montados, estaban estacionados a lo largo de la frontera en septiembre y, a petición del gobierno dominicano, los delegados norteamericanos fueron nombrados para las tres aduanas fronterizas con el deber de inspeccionar la guardia. El intento de hacer cumplir la ley en esa región salvaje fue una innovación, y causó un considerable antagonismo. Un representante americano de la administración fiscal fue herido y robado por proscritos antes de llegar a su puesto, y varios ataques fueron hechos contra los miembros dominicanos de la guardia; Pero se organizaron para quedarse, y los resultados, desde el punto de vista de los ingresos, han sido más satisfactorios, como lo demuestra el hecho de que los ingresos de las actividades costeras, al ser reducido el contrabando fronterizo, han aumentado en gran medida, especialmente en las aduanas de Azua, Puerto Plata y Monte Christi. Se estima conservadoramente que al menos $ 200,000 se ha incrementado a los ingresos por este medio durante los últimos nueve meses.

El mérito en la medida de éxito que se ha alcanzado en el trabajo fronterizo se debe en gran manera a los esfuerzos intrépidos y persistentes de los americanos que la tuvieron directamente a cargo y que han trabajado incesantemente, en medio de los peligros y las molestias de una región salvaje, para obtener resultados que no habían sido esperados.

La organización y gastos del personal de las aduanas y de la guardia fronteriza son mostradas en los Anexos F, G, H y Tabla 7 del Anexo D.,

 Equipo.

Por el sistema empleado, el servicio aduanero y los puertos de entrada de la República están bastante bien equipados, salvo en materia de transporte por agua, para la cual no se ha hecho ninguna provisión; y ello se debe a que se efectúa un considerable contrabando a lo largo de la costa por medio de pequeños buques que comercian con islas adyacentes. Este comercio produce grandes ganancias a los contrabandistas, que compran los cargamentos en el grupo de libre comercio turco británico, en St. Thomas, o en la isla holandesa de Curazao, donde los derechos son sólo 2 por ciento ad valorem, y los venden en Santo Domingo, donde los derechos son más del 70 por ciento del valor.

Para detener este comercio ilícito, así como para impedir la introducción no autorizada de armas y municiones, se requieren tres pequeños cortadores de ingresos. El Gobierno posee sus propios edificios de oficinas en cada puerto, y la fuerza de trabajo, que comprende la organización aduanera, que es conocida como «la guardia de la aduana fronteriza», que debía estar bajo el control de la administración fiscal y al mando inmediato de un americano encargado de las operaciones en la frontera.

 Gastos.

Los gastos totales del año, debidamente cargados como costo de recaudación de los ingresos aduaneros, sobre la base de los elementos incluidos en la determinación del costo de recaudación en los Estados Unidos, ascendieron a $ 97,405.99, o sea el 3,09% de los ingresos brutos. Otros gastos, incluidos los gastos de viaje a los Estados Unidos y desde los Estados Unidos, tras transferencias de fondos a Nueva York después de la recaudación, etc., ascendieron a 12.915,63 dólares, con lo que el total de todos los gastos se pagó del 55% según los términos del decreto de 31 de marzo de 1905, 110.331,99 dólares, o digamos, el 4,4 por ciento de los ingresos, un porcentaje todavía considerablemente inferior al del costo promedio de recaudación en los Estados Unidos.

Para comparación, los siguientes porcentajes se citan a partir de 1903: San Francisco, 6 %; Baltimore, 5,2 %; Hawai, 8,9 %; Puerto Rico, 6,7 %; Y Alaska, 9,9 %. En vista de los pequeños ingresos de la República, y la necesidad de mantener algunos puertos en los cuales los ingresos no son suficientes para pagar el costo de mantenimiento, el costo promedio general de la recaudación ha sido notablemente bajo, de hecho, para cubrir los gastos legales de un servicio bien organizado y totalmente equipado. Entre los gastos adicionales que deberán afrontarse en el futuro se encuentran los de un transporte adecuado por agua, incluyendo lanchas portuarias y botes de embarque, que son muy necesarios. El gasto de la guardia fronteriza, organizada bajo la supervisión de la administración fiscal, se trata como el gasto de tales guardias (Inspectores) como en los Estados Unidos, totalmente separado de cualquier puerto, y no está incluido como un elemento en la determinación del costo de recaudación. El gasto de esta organización se paga a partir de los ingresos brutos antes de la distribución, y de esa manera dividido entre el Gobierno y el fondo fiduciario. Los detalles de todos los ingresos aduaneros recibidos por esta oficina, y gastos pagados por los mismos, se exponen en los Cuadros 1 al 10 del Anexo D.

Total de Recibos y Gastos de la República.

El total de entradas en efectivo de la República, de todas las fuentes durante el año calendario 1905 fue de $ 2,427,802.20, de los cuales $ 2,163,997.15 representaron las recaudaciones de aduanas y $ 263,804.75 de ingresos internos, detallados junto con los gastos del año.

En el Anexo L., como ingresos internos recaudados eran, en gran medida, los impuestos que se imponían a los alcoholes y a las estampillas que debían colocarse en ciertos artículos importados, por leyes promulgadas a fines de 1904, que no entraron en vigor hasta el 1 de enero de 1905, El mecanismo necesario para llevarlas a cabo no fue, y todavía no ha sido provisto, los montos mostrados no representan los resultados esperados ni los que deberían haberse obtenido si las leyes hubieran sido debidamente aplicadas. El Gobierno estima que con la mejora en el sistema de recaudación establecido recientemente estos impuestos rendirán $400,000 durante el presente año. Si se aplican correctamente y los recibos son contabilizados, probablemente exceda de medio millón.

Resumen del Comercio.

El valor agregado del comercio exterior de la República durante el año fiscal de 1905 ascendió a aproximadamente diez millones de dólares, siendo la suma exacta, como se muestra en los documentos de aduanas, $ 9,992,361. El valor de las importaciones, sin incluir la moneda, fue de $ 2.736.828 dólares, frente a las exportaciones valoradas en $ 6.880.890 dólares, lo que demuestra que el valor de los productos nativos vendidos a países extranjeros ha sido más del doble que el de la mercancía adquirida en el extranjero y las operaciones del año se habían traducido relativamente en un equilibrio con relación al comercio a favor de la República de $ 4.144.062 dólares. En el valor total del comercio, pero no en el valor de las importaciones y exportaciones, se incluyen $359.435 dólares de oro, plata y papel moneda importados de los Estados Unidos y $15.208 dólares exportados al mismo país. Las deducciones de estos hechos, con respecto a los negocios del año, parece más satisfactorio, lo que indica que, si bien prácticamente un millón de dólares había sido depositado en el exterior durante el año, para su uso en la amortización de la deuda pública, el monto había sido el intercambio resultante de las ventas de productos excedentes del país; No se había requerido ningún envío de divisas por esa cuenta y se había mantenido un crédito extranjero superior a dos millones y medio. Sin embargo, esta última inferencia debe calificarse hasta cierto punto en consideración del hecho de que la industria azucarera de la República, que ya representa aproximadamente la mitad del valor de las exportaciones, es en gran parte propiedad y financiada del exterior. El comercio exterior se llevó a cabo principalmente con los Estados Unidos, Alemania, Francia y Gran Bretaña, en el orden de importancia relativa. El comercio con los Estados Unidos ascendió a $ 6,445,346, o el 65% del total, representando las importaciones recibidas de ese país por valor de $ 1,961,075 y las exportaciones facturadas a $ 4,484,271. Así, los Estados Unidos compraron el 65% de todos los productos nativos exportados y suministraron el 59% de la mercancía importada durante el año.

El 17% del comercio se destinó a Alemania. El 2% a Francia y el 4,5% a Gran Bretaña, siendo este último el único país mencionado, cuyas ventas a la República fueron mayores que las que le compró. El resto del comercio, en proporciones menores, se dividió entre Italia, España, Bélgica, Cuba, Puerto Rico y «todos los demás países», como lo demuestran las estadísticas.

El 80% de los valores de importación fueron proporcionados, en el orden indicado, por manufacturas de algodón, manufacturas de hierro y acero, arroz, aceites, provisiones, conservas de pescado, manufacturas de madera, fábricas de cuero, manufacturas de fibras vegetales, sombreros y gorras, productos químicos y drogas, licores de malta e implementos agrícolas, mientras que el resto se componía de productos muy diversos, según se desglosan, o figuran, bajo el epígrafe de «todos los demás artículos».

Las manufacturas de algodón facturadas en $ 218,000 también fueron recibidas de los Estados Unidos y $ 190,074 de Gran Bretaña, mientras que Alemania, Francia, España e Italia proporcionaron $ 69,450, $ 36,707, $ 19,742, y $ 14.591, respectivamente. El 71% del hierro y del acero, valorados en $ 287.381 dólares, provino de los Estados Unidos, y el resto se suministró principalmente, en el orden indicado, por Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica. De los productos de pan importados por un valor de $ 232.049, el 99.9 % provenía de los Estados Unidos y consistía principalmente en harina de trigo, de los cuales 41.413 barriles fueron recibidos, facturados por $ 209.823. Se recibieron diez millones de libras de arroz, valoradas en $ 201.329, 5.913.424 libras provenientes de Alemania, 2.203,707 libras de Gran Bretaña, 1.532.319 libras de los Estados Unidos y 271.517 libras de Francia. Se importaron aceites por valor de $ 155.934, de los cuales los Estados Unidos suministraron el 95%; Mientras que las provisiones, incluidas las carnes y los productos lácteos, se dividieron igualmente entre ese país y Alemania, el primero suministró las carnes y el segundo los productos lácteos. Prácticamente todos los pescados secos ordinarios, consistentes principalmente en bacalao, valorados en $ 109.455, fueron importados de los Estados Unidos; países europeos suministraron pequeñas cantidades de clases de delicatessen, por un valor total de $ 4,679. Los Estados Unidos también suministraron la mayor proporción de productos químicos y drogas, jabón, azúcar refinada y confecciones, verduras, vehículos, manufacturas de madera, cuero y papel; mientras que los utensilios agrícolas eran suministrados en proporciones casi iguales por ese país y Alemania, Francia aportó una proporción considerable de los productos químicos y medicamentos, y todo lo demás, incluido el valor de los vinos, licores y aguardientes suministrados. Gran Bretaña proporcionó los mayores valores en manufacturas de fibras vegetales, e Italia en sombreros y gorras.

 Las principales exportaciones, de valor relativo en el orden mencionado, eran azúcar, granos de cacao, hojas de tabaco, bananos, café, maderas duras, cueros y pieles y cera de abejas. Los envíos de azúcar de 105.972.400 libras, valorados en $ 3.292.470, representan sustancialmente la cosecha de 1905, y, con excepción de 1.359.799 libras, que se distribuyeron principalmente entre Alemania y Gran Bretaña, fueron enteramente a los Estados Unidos. Este producto, que fue vendido con un buen beneficio al productor, fue casi la mitad del valor total de las exportaciones del año. Los envíos totales de granos de cacao, que también fue una cosecha rentable, ascendieron a 28.836.364 libras, facturadas en $ 2,211,873, siendo consignados como sigue: A Alemania, 11,840,612 libras; A Francia, 8,981,591 libras; A los Estados Unidos, 7.816.441 libras; Y al Reino Unido, 197.720 libras. La hoja del tabaco que sumaba 11.510.762 libras, valorada en $ 480.487, fue exportada a Alemania que tomaba 5.890.665 libras, los Estados Unidos 3.719.458 libras, y Francia 1.900.639 libras. La cera producida en la República ascendía a 470.922 libras, valorada en $ 94.669, de la cual Alemania compró 182.785 libras, Francia 152.550 libras y 111.462 libras fueron enviadas a los Estados Unidos. El valor agregado de pieles de vacuno y de cabra exportadas se situó en $ 111.075; los envíos a los Estados Unidos se facturaron en $ 63.714; a Alemania $ 24.278; y a Francia $ 21.591. Los bananos, de los cuales 514.000 racimos, valorados en $ 257.000, fueron enviados a los Estados Unidos; café, en la cantidad de 2.149.188 libras, con un valor de $ 156.963, enviado principalmente a Alemania, Francia y los Estados Unidos; y varios tipos de maderas duras tropicales, incluyendo caoba, lignum-vitae (1), y satinwood (2), con un valor total de $ 135.154, están entre las otras exportaciones importantes. Cocos, copra, colorantes, miel, gomas, resinas y fibras vegetales son también productos naturales del país, pero debido a la falta de demanda actualmente sólo se exportan en pequeñas cantidades. Obs.: (1) guayacán. (2) ébano. (CDM)

 El tonelaje total agregado de los ocho puertos de entrada de la República fue de 1.751.172 (toneladas registradas), lo que representa 1.544 entradas y permisos a buques extranjeros. De las importaciones totales, las cargas valoradas en $ 1,952,352, o el 63 % del valor de todas las importaciones, fueron traídas con fondos americanos; mientras que los valores de importación de $ 700.382 fueron entregados por alemanes, $ 208.990 por franceses, $ 93.945 por británicos, $ 88.621 por noruegos, y $ 51.975 por «todos los otros» shipsugs, y excedido.

En el comercio de exportación, los buques noruegos encabezan la lista de transportistas, habiendo recibido cargas valoradas en 1.827.426 dólares, o el 26,5 por ciento. Los buques estadounidenses fueron los siguientes, con mercancías facturadas en 1.692.741 dólares, o 24,5 %; Seguido por buques alemanes, con $ 1.574.134, o 22.8 %; Buques británicos, con 1.123.838 dólares, o el 16,3 %; Y buques franceses, con cargas valoradas en 367.072 dólares. Se contrataron buques italianos, dominicanos, holandeses, cubanos y otros, en el orden en que se designó el valor relativo de los cargamentos transportados al comercio exterior de la República. Los detalles del comercio exterior del país durante el año fiscal de 1905 se muestran en el Anexo I, adjunto.

Principales Productos.

Como se observa en el resumen anterior del comercio, los principales productos de la República son actualmente el azúcar, el cacao, el café y madera dura. El azúcar se ha producido en la isla desde el Siglo XV, con ganancias variables y pérdidas ocasionales, de acuerdo con los precios del mercado mundial (*), adaptándose especialmente el clima y el suelo a su producción. Actualmente se dedican 183,000 hectáreas de tierra, repartidas entre catorce fincas, a la producción de caña de azúcar y, probablemente, diez veces más hectáreas están disponibles en la República para usos similares. La producción anual desde 1885 ha variado de veinte a cincuenta mil toneladas. (*) Por la facilidad con que se puede fomentar o sustituir una plantación de caña, por su ciclo biológico, esas variables en los precios del mercado mundial, que generan ocasionales pérdidas o beneficios, son una constante todavía vigente. (CDM)

El azúcar producido se envía en estado crudo, ya que no hay refinería en la República y las calidades según la norma holandesa n° 16. El ochenta por ciento de la producción polariza 95 ° a 96 °; 12 por ciento, 81 ° a 83 °; Y el residuo (*) produce melaza de 42 °, que se utiliza en el país para la fabricación de ron. La cultura del cacao es de introducción más reciente y está siendo gradualmente extendido. El grano de cacao crece sobre un pequeño árbol que comienza a dar fruto cuatro años después de la siembra y alcanza su plena productividad en su octavo año, después de lo cual no se ha observado ningún límite en cuanto a la duración del tiempo que seguirá aportando la cantidad máxima de fruta. El árbol requiere una tierra profunda y rica, de la cual hay en abundancia en la República, por la extensión indefinida de su cultura las arboledas son pequeñas y son propiedad principalmente de dominicanos, aunque algunas grandes plantaciones iniciadas por extranjeros están empezando a producir. (*) Azúcares no cristalizables. (CDM)

El cacao fue producido para consumo local hasta 1888, y luego se inició la exportación incrementándose cada año. El primer registro fiable muestra que la exportación de 1891 fue de 1.000 toneladas, mientras que la exportación de 1905 ascendió a 12.873 toneladas, con un aumento de doce veces en quince años, además del gran número de árboles plantados, pero que aún no están en producción, junto con la atención que ahora se presta a la extensión de esta industria, garantiza la creencia de que el cacao se convertirá en el principal producto y el más rentable del país. Cada árbol de cacao se dice que produce una ganancia neta de 50 centavos por año a su dueño. Probablemente el único beneficio que el país ha recibido a bajo costo es el desarrollo de esta industria. Hasta que se puso en circulación la actual moneda degradada, hacia 1888, los habitantes estaban acostumbrados a recibir, por sus ganados y otros animales, el oro español que guardaban y enterraban, pero con el advenimiento del dólar de estaño barato y fluctuante que acompañaron las dificultades financieras de la época, que sacó el oro hasta entonces en circulación, cesó su acaparamiento y, siguiendo los consejos del presidente Heureaux, utilizaron los nuevos pesos para comprar la mano de obra necesaria para ampliar esta industria.

Otra condición que contribuyó a aumentar las plantaciones de cacao fue la caída general del precio del café, antes importante y rentable. Esta caída del precio fue tan desastrosa que por un tiempo los propietarios de las plantaciones de café se vieron obligados a abandonar sus arboledas y centraron su atención en otros productos. La exportación de café de este año asciende a 959 toneladas, lo que sin embargo producirá un buen beneficio, debido a la falta de cultivo en otros lugares. Las maderas duras, de las cuales hay una gran variedad y abundancia, incluyendo caoba, satinwood, y lignum-vitae, todavía se sacan para la exportación solamente de la manera más primitiva y se envían los troncos, no habiendo aserraderos adecuados en el país. El clima y el suelo de la República están especialmente adaptados a la agricultura y casi cualquier producto de las zonas tórrida o templada puede ser cultivado con éxito, aunque las papas, frijoles, cebollas y otras verduras, así como los cereales se obtienen en el extranjero y se venden a precios exorbitantes en los mercados locales. El precio local de las cebollas ordinarias es, por ejemplo, 15 centavos por libra, o digamos, $ 8 por bushel.

El Gobierno dominicano está deseoso de promover la agricultura y de acoger a los inmigrantes con suficiente capital para establecerse en la industria.

Ley de Tierras.

Para alentar los asentamientos reales, todas las tierras del Estado, sin reservas, fueron incluidas en un proyecto realizado por el Congreso, aprobado el 9 de junio de 1905, para el libre asentamiento. Esta ley establece que el colonizador deberá presentar una fianza de $ 2 por acre, condicionada a que mejore la tierra tomada, y se le devolverá un bono después que se hayan hecho ciertas mejoras sencillas especificadas. El colonizador recibe gratuitamente el uso de la tierra durante diez años y, posteriormente, se cobra un alquiler o un impuesto igual a 5 centavos por acre.

Historia del Arancel.

Los ingresos aduaneros, que han proporcionado el principal, y prácticamente el único medio de apoyo de la República, así como el principal incentivo a la revolución, han sido objeto de más legislación que cualquier otro interés nacional. Cientos de leyes han sido aprobadas, aumentando, disminuyendo y cambiando las tasas, proporcionando los tipos de dinero y documentos que se reciben en el pago de los derechos, y para la disposición de los ingresos, pero no hay regulaciones para la aplicación uniforme de la ley o decisiones arancelarias. Ha sido emitido el arancel original, según el cual todos los artículos importados mencionados debían pagar el 16 por ciento sobre los valores arbitrarios establecidos por el mismo y artículos no mencionados el 20 por ciento sobre sus valores estimados, fue publicado y promulgado en los días de la primera República por el General Santana, 29 de mayo de 1845. Este arancel, con muchas adiciones y cambios en cuanto a las tasas, ha continuado en vigor a través de la segunda ocupación española hasta el presente, cuando se comprueba que incluye cuatro tipos diferentes de funciones, a saber: «Aforo» (73,8% sobre los valores fijos); «Derechos fijos» (derechos específicos más 30 por ciento de sobretasa); «Ad valuo» (73,8 por ciento ad valorem); Y las tasas especiales ad valorem sobre joyas, piedras preciosas y los instrumentos musicales. Durante el segundo régimen español, se otorgó a los importadores la opción de pagar aranceles de acuerdo con la tarifa dominicana o los vigentes en Cuba o en Puerto Rico. Las leyes, decretos e incidentes más importantes que afectan la tarifa y las aduanas han mejorado la condición del servicio, resultante del trabajo del año, se debe en gran parte al hecho de que cada empleado norteamericano de la administración fiscal no sólo se ha entusiasmado en el desempeño de sus funciones, sino por su personal, que por su conducta se ha ganado el respeto y la confianza de aquellos por los que han sido llamados para ayudar y dirigir. La supervisión general del trabajo realizado por dicho personal ha sido una fuente de gran satisfacción para el suscrito y las dificultades encontradas ocasionalmente en el desempeño de las funciones de la administración fiscal han sido un interés añadido a los derechos impuestos.

Geoge R. Colton,

Controlador y Receptor General.

 

Biografía de Carlos F. Morales Languasco.

Versión: Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano, 1821-1930.                                            Autor: Rufino Martínez. (Pág. 332). Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

(Se incluyen nuestras observaciones y comentarios puntuales).

Morales Languasco, Carlos Felipe.

De Puerto Plata. Hermano de Agustín Francisco Morales Languasco. Espíritu vigoroso, de acción, no exento de la efervescencia dada por la levadura del talento. Obedeciendo a la disposición de sus padres, abrazó la carrera eclesiástica, para la cual no tenía vocación. Pero la sotana le sirvió de embozo para vivir bajo las garras de Heureaux, a quien necesariamente debía combatir, como quien había crecido bajo el influjo de la juventud que comenzó el 84 a dar razón de su calidad de fuerza nueva, luchadora y constructiva, y para el 88 tomaba camino del destierro. Un día al salir de la sacristía de la iglesia donde oficiaba, un individuo le cayó a tiros en plena calle de Puerto Plata. Salvó la vida refugiándose en la casa del Comandante de Armas Yopere. En el caso no parece que tuvo intervención el Presidente Heureaux. Se trataba de un asunto personal.

Pudo irse al exterior. Conspiró, y como los demás, luchó inútilmente. Desde Saint Thomas había ido a Cabo Haitiano, atendiendo al llamamiento para la Revolución de los Bimbines. Se vio en el caso de regresar antes de que pasara la trágica oleada de la tiranía. Muerto Heureaux, se entregó abiertamente a la política, la actividad a que lo llamaba su temperamento y la aspiración, desde que tuviera discernimiento, de ser Presidente de la República. (1)

Siendo Diputado al Congreso Nacional el año 1901 ahorcó los hábitos. En lo adelante no desaprovecha ocasión de preparar el logro de sus fines personales, desplegando dentro del partido jimenista, al cual pertenecía, una amplia actividad de política criolla, en extremo de irse a la manigua, cuando la insurrección de los siete meses en la Línea Noroeste (2). Se había fugado de la cárcel de Puerto Plata, logrando, vestido de marino, tomar una embarcación despachada para Islas Turcas.

Pasado el 23 de marzo, que dio al traste con el Gobierno Provisional de Horacio Vásquez el año 1903, ocupó Morales la Gobernación de Puerto Plata. Magnífica posición para tomar de un salto el solio presidencial. Caídos los adeptos de Horacio Vásquez y disgustada gran parte de los jimenistas, por estar el poder en manos de los supervivientes del régimen lilisiano, aunque entre ellos no faltaba un buen número de amigos de Juan Isidro Jimenes, el Gobernador Morales hábilmente laboraba para servir de factor principal en la conciliación de intereses jimenistas y horacistas. Se comunicó con quienes estaban fuera del país, y logrado su propósito de avenimiento le tocó presidir la coalición de los dos partidos llamada La Unión, contra el Gobierno de Alejandro Woss y Gil.

Estalló así en Puerto Plata el 24 de octubre de 1903 la revolución que derrocó aquel Gobierno un mes después. Ya en el Gobierno Provisional que se había formado, presidido por Morales, se notaba su preferencia por los horacistas, y al trasladarse a la Capital, procedió descaradamente repartiendo entre sus nuevos adictos las posiciones dominantes. Fue como un reto a los ex compañeros, que cerraron filas y alzaron el pendón de la revuelta. (3)

La mayor parte de la República se adhirió a la revolución, y el Gobierno en un principio parecía un pigmeo frente a un coloso. Sus principales puntos de acción eran: la Capital, sitiada; Sosúa, con Jesús María Céspedes enfrentado a la plaza de Puerto Plata; y por las lomas de Moca, Ramón Cáceres, perseguido. Morales no flaqueó un solo momento, estando en situación de tan improbable triunfo. Contaba con los vapores de guerra de la Marina Nacional, lo que le permitió reforzar con hombres y pertrechos a Sosúa, hasta que se consiguió rendir la plaza. Se vencía uno de los principales obstáculos. Luego era dominada la península de Samaná, tras cruda refriegas en Sánchez. En todo ello había estado presente Morales, impulsando el desarrollo de las operaciones. (4)

En la Capital, el bombardeo de un crucero norteamericano del campo revolucionario de Villa Duarte, quitaba a la ciudad la molestia del asedio (5). Santiago era tomada; en San Pedro de Macorís se peleaba duramente contra Demetrio Rodríguez, que, agotado de recursos, se abría paso al través de la Hilera Central hasta su zona de la Línea Noroeste, y para mayo de 1904 se libraban allí las últimas grandes peleas.

Para no tener que agotarse en debelar enteramente la revolución, celebraba un acuerdo con los últimos rebeldes, aceptando de ellos un Gobernador y un Delegado en el Distrito de Monte Cristy. Fue el 10 de junio; y siete días después iniciaba con carácter constitucional el período de su mando. Todo le había salido bien en apariencia, y comenzaba a gobernar según lo deseaba. Frente al problema de la deuda pública, que databa de años atrás, pero agravado entonces por las exigencias de acreedores extranjeros, apoyados por el Gobierno Norteamericano, se decidió por un acuerdo financiero que comprometía parte de la soberanía nacional. (6)

Dentro de su moral política, que perseguía el mando de cualquier manera, para organizar la nación dominicana y no para beneficio y placer de su persona, familia o amigos, nada mejor que las rentas aduaneras fuesen percibidas por un Agente que escogiera el Presidente de los Estados Unidos, el cual Agente sería una garantía cierta de la distribución de fondos entre los acreedores, así como de la parte que recibiría el Gobierno dominicano. Consiguientemente el poder exótico que haría respetar esa recaudación, apoyaría al Gobierno, lo que vendría a poner término a los asaltos del poder con los recursos de las aduanas (6 bis). No otro medio tuvo el mismo Morales para derrocar a Woss y Gil.

En febrero de 1905 se firmó la convención por representantes de nuestro Gobierno y el de los Estados Unidos. El acuerdo debía ser sancionado posteriormente por el Congreso Dominicano y el Senado Norteamericano. Luego dio el Presidente Morales el Decreto del Modus Vivendi, que entró en vigor a partir del primero de abril. Estipuló éste la distribución de las rentas aduaneras y la manera como se debía retener, en calidad de depósito, la parte correspondiente a los acreedores, y creó para ello la Receptoría General de Aduana, bajo la dirección de empleados norteamericanos.

Los individuos de temperamento e índole personal definidos, vigorosos hasta el punto de marcar un tono distintivo en el escenario de sus actividades, pueden prestarse a expresar o simbolizar el grado sumo de pasiones, virtudes o vicios. Carlos Morales en la política representó la inconsecuencia. Al partido suyo lo abandona para empinarse en las alturas del poder, y entregado al sostén que le da el bando contrario, que le sigue por conveniencia momentánea, acaba por verse solo, convertido en instrumento de los tenidos por nuevos compañeros. (7)

Casi es un prisionero de palacio, y se ve forzado a poner su firma en decretos y resoluciones repudiados por su conciencia. Le parece, sin embargo, aunque reconoce estar cayéndose por un precipicio en el cual debe finalizar su carrera de político, que es posible torcer el curso de los sucesos, siquiera sea valiéndose de otro asidero donde él mismo lo había hecho imposible.

Al simple tirador de tiros, al oficial, al guerrillero, y también al individuo puramente civil que le prestó algún servicio en trance de peligro; a todos, cuando se le acercan en demanda de alguna paga o merced, no es raro que lo despida con desfachatado gesto, en nombre de los “intereses sociales”, tan perjudicados por el desorden de la política. A los más, los manda a trabajar, ofreciéndoles implementos de agricultura. Manifiesta paladinamente un profundo desprecio por el guerrillero (general), “esa plaga social que es necesario extinguir a toda costa”. Con ellos y por ellos ha escalado la Presidencia, y por esa razón se sienten sumamente resentidos, ávidos de venganza. Pero él no lo ignora, y en vez de disimular, se aferra más a ella, y declara que no necesita más que el apoyo del Presidente de los Estados Unidos, Teodoro Roosevelt (8).

En el desprecio que hace de las ineludibles relaciones que crea al personaje en la vida pública, forma y levanta contra sí mismo la dolorosa reacción que es su mayor castigo. Los horacistas, que nunca fueron amigos de quien no perteneciese a su bando, no importaba el nexo formal de la alianza, le estrecharon gradualmente el círculo de acción, y cuando se vio en el punto asfixiante de ser cohibido para todo, desesperado, se decidió por buscar un refugio desde el cual reaccionar, acaso en forma de revolución, absurdo y ridículo recurso para él. Presidente de la República, despreciador de los tiradores de tiros, con la circunstancia de apelar ahora a los ex correligionarios. Determinó irse a Monte Cristy para reorganizar y dirigir desde allí la administración Pública. Contaba con la adhesión del Gobernador de Azua Justaquino Díaz, quien no llegó a decidirse. (9)

El vapor Independencia, de la Armada Nacional, cargado de pertrechos y prevenido para la empresa, ante el fracaso de los planes, fue llevado por su Comandante Francisco Catrain a Monte Cristy, donde lo recibió el Delegado del Gobierno Demetrio Rodríguez, que ya estaba de acuerdo con el Presidente. La noche del 24 de diciembre, año 1905, abandona Morales la ciudad de Santo Domingo, y se refugia en los bosques, inquieto con la oportunidad de embarcarse. Tras corta malandanza se fractura una pierna, pide garantía por mediación del Ministro Norteamericano, entra en la ciudad, recibido con un gesto irrisorio de la multitud, se asila en la Legación de los Estados Unidos, y a poco firma emocionado y con ojos arrasados, la dimisión como Presidente de la República. En coche, entablillada la pierna lesionada, con el acompañamiento de altos funcionarios y entre dos filas de la llamada Guardia Rural, instituida por él, desfila por una calle hasta ser puesto a bordo de un buque de guerra yanqui. La tripulación le hizo los honores de General. Momentos después le conducían a San Juan de Puerto Rico, Sucedió el mes de enero de 1906.

La cooperación indirecta de fuerzas navales norteamericanas donde quiera que las necesitó Morales no había faltado. Estuvieron presentes en Puerto Plata, enero de 1904, al atacar y ocupar Jesús María Céspedes la plaza; en la Capital, sitiada el mes siguiente; en Monte Cristy el mes de junio, cuando se firmó a bordo de un buque el pacto que puso término a la revolución; otra vez en 1905, días en que los horacistas no le permitían usar de su autoridad de Presidente. Y antes de salir para Puerto Rico, por mediación del Comandante de un buque surto en Puerto Plata, comunicaba cablegráficamente a Guelito Pichardo en Monte Cristy, que depusiera toda actitud de rebelión. (10)

El gran inconsecuente de la política criolla, no era, con todo, uno de tantos que van al poder a darse importancia, a disponerlo todo según su capricho y conveniencia personal, y a cabalgar orondos sobre los hombros del pueblo. Era un efectivo servidor de la sociedad. Concibe un programa de gobierno y le lleva a la práctica con el firme propósito de crearle a la colectividad una nueva faz de progreso material y cultural. Para los empleos públicos buscaba los hombres idóneos; a una caterva de guerrilleros sin empleos pero prendidos del presupuesto nacional, los fue llamando uno a uno para declararles que el “Estado no podía seguir manteniéndolos,,,” Todo empleado convicto de malversación de fondos o manejos inescrupulosos era inmediatamente destituido. (11)

Le preocupa el funcionamiento de la escuela, no de mentirillas, sino como quien tenía conciencia de lo que ese factor representaba para la evolución social. Tenía elevado concepto del maestro; gustaba de asistir a exámenes como oyente activo, y a los estudiantes sobresalientes les brindaba facilidades y ayuda económica, en forma de estímulo para seguir adelante. La administración de justicia, origen de tantos males y tan a menudo puesta al servicio de bajos intereses por la mayoría de los Presidentes, se desenvolvió con independencia. Las iniciativas de bien público las prohijaba. Los fondos del erario iban a su destino y la parte dedicada a obras públicas no se envolvía en los manejos particulares del Presidente y sus amigos. Le bastaba su sueldo, no por no necesitar más, sino por entender que honradamente no le tocaba un centavo más. (12)

En general, actuaba dentro de una diáfana moral administrativa. Le agradaba echarle en cara personalmente a un empleado su falta de honradez. Quería la cosa pública en manos de los mejores, no por políticos sino por aptos, en tanto que el pueblo trabajara, olvidado de los empleos, y sin dejar de leer. Por otra parte, no se le alteraron las maneras personales. Salía a la calle sin aparato oficial, y por donde quiera asomaba su silueta erguida, y en tono franco y jovial cambiaba saludos y palabras con todo el mundo. (13)

Desterrado, luego de arrojado de la Presidencia, carente de medios para regularizar la manutención de la familia, no tiene empacho en dedicarse a la ocupación de repartir billetes de la lotería entre determinado número de personas de Saint Thomas (14). Pasa el tiempo, no ve posibilidad de reintegrarse al país, y busca otros medios de subsistencia. El Presidente Cáceres, dio un decreto de amnistía que comprendió a todos los políticos desterrados. Un día del mes de agosto de 1908, desembarca Morales en Puerto Plata, con su habitual desparpajo. Visitó a Cáceres en su casa particular de Estancia Nueva, Moca. No pasó allí más de un día. La falta de asidero no le deja quedarse en el país y retorna al extranjero, declarando haber venido a una cuestión de familia.

Mientras tanto conspira, y como hay otros disgustados con el régimen imperante en la República, no le falta la oportunidad de una expedición revolucionaria. El año 1909, cuando precisamente ocurrió el gran temporal llamado de San Severo, el barco en el que venían los expedicionarios fue arrojado a las costas haitianas. Las autoridades expulsaron a los náufragos. Pretendían engrosar la Insurrección de esos días, nombrada de los recortados, por encabezarla rabudos descontentos del Presidente Cáceres, y en cuyas filas entraban principalmente bolos linieros. El temporal anegó todo el Valle del Cibao y en especial al suelo de Guayubín, donde estaba el cantón general, y, a la vez que ocasionó la pérdida de miles de ganados y también de vidas humanas, deshizo las partidas revolucionarias, las cuales empezaban ya a operar en campos de Santiago. Esa vez parece que la naturaleza quiso mediar en favor de la sociedad, que tenía paz y disfrutaba de los beneficios del trabajo.

A la muerte del Presidente Cáceres, organizó en Puerto Rico una expedición que desembarcó en las costas del Seybo a principio del año 1912. No tuvo tiempo de desarrollar campaña, pues a poco cayó prisionero. Conducido a Santo Domingo, a su llegada recibió en la Fortaleza Ozama la visita del Presidente Eladio Victoria, hombre sencillo y alma generosa, con presidencia y sin ella, que le fue a saludar como ex Presidente. A la vez reclamó consideración para el prisionero, y mientras duró el encarcelamiento, unos diez meses, le hizo llegar diariamente, y en forma obsequiosa, de lo servido en su mesa de Primer Magistrado, tal como si se tratara de un huésped de distinción. Victoria había sido uno de los únicos Ministros que en el año 1905 respetaron la autoridad del Presidente Morales.

En libertad quiso derivar algún partido de la confusión reinante por aquellos días, pero la desconfianza de los otros le dejaba solo. Finalmente aceptó el cargo de Enviado Extraordinario de la República ante las principales naciones europeas. No estaban extinguidos todavía sus propósitos de realizar un amplio y civilizado programa de reforma social desde la Presidencia de la República. Le sorprendió la muerte en París.

Los hermanos Agustín y Carlos Morales eran hijos de Agustín Morales e Isabel Languasco. Aunque de Saint Thomas aquel, y ésta puertoplateña, ambos apellidos, oriundos de la isla, fueron de los asimilados por el núcleo social Puertoplateño. (1868-1914).

 

Nuestras observaciones sobre la biografía de Carlos F. Morales Languasco, escrita por Rufino Martínez:

 (1) Es posible que al lector pueda parecerle un poco exagerado el señalamiento de que a un muchacho que ingresara muy joven a un seminario y luego hiciera vida sacerdotal hasta los 34 años, se le pudiera atribuir aspiraciones de ser Presidente de la República desde que tuviera discernimiento.

(2) El motivo de Morales Languasco, para participar en política, era el de mejorar las condiciones sociales de su pueblo como bien expresa el autor en los párrafos que señalamos con los números 11, 12, 13 y 14. Los logros de su Gobierno así lo confirman. Por demás, su interés personal debe considerarse que es el mismo al que tiene derecho todo el que participa en actividades políticas.

(3) De siete ministros designados por Morales en el Gabinete había tres jimenistas, más él (que era el Presidente) que provenía de esas mismas filas, los otros cuatro ministros eran horacistas. Otros jimenistas fueron designados como gobernadores en diferentes provincias, hasta que se levantaron en armas al conocer que Morales L., que no había sido tomado en cuenta por Juan Isidro Jimenes para la candidatura vicepresidencial de su partido, había aceptado la candidatura presidencial ofrecida por los horacistas. Luego de la insurrección fueron destituidos dos ministros, Miguel Andrés Pichardo (Interior y Policía), que ya había sido elegido por Jimenes para la candidatura vicepresidencial, y Manuel Arturo Machado (Relaciones Exteriores). Decir que al inicio de la revolución “se notaba la preferencia de Morales por los horacistas y que, al trasladarse a la Capital, procedió descaradamente repartiendo entre sus nuevos adictos las posiciones dominantes” puede parecer injusto. Precisamente, tomando como ejemplo estas dos posiciones, de los ministros destituidos luego de estallar La Desunión, Machado (Relaciones Exteriores) y Pichardo (Interior y Policía), puede apreciarse que eran de las de mayor importancia. Las otras eran las de Obras Públicas, Hacienda y Comercio, Justicia e instrucción Pública, Correos y Telégrafos y Guerra y Marina.

(4) En este párrafo, el autor, describe lo ardua y precaria que fue la lucha del Gobierno para mantenerse en el poder. Señala que el Presidente estuvo presente en todos los frentes con los barcos de la Armada Dominicana y que no flaqueó un solo momento. Aunque se entiende que, de haber sido ciertos los rumores de sus adversarios, hubiera sido mucho más fácil con el apoyo de alguna unidad naval o terrestre de los Estados Unidos, como sugiere el autor más adelante.

(5) Una verdad a medias también es una mentira a medias. Si bien esa acción favorecía de manera casual a los del Gobierno, lo cierto es que el motivo del bombardeo a Pajarito (Villa Duarte), que se explica detalladamente en otro espacio de este blog, obedeció a que los sitiadores habían herido de muerte al maquinista de un buque de guerra norteamericano y tirotearon otro barco mercante de esa nación mientras era escoltado hacia el muelle por un crucero, lo que originó el ataque a los rebeldes, pero el motivo no era favorecer al Gobierno. Los documentos del Departamento de Estado define ese incidente como un litigio internacional entre los Estados Unidos y República Dominicana. (ver en internet: The Santo Domingo Affair)

(6 y 6 bis.) Aunque el autor destaca que “perseguía el mando de cualquier manera, para organizar la nación dominicana y no para beneficio y placer de su persona, familia o amigos” así como resalta la “moral política del Presidente”, se refiere al asunto de las aduanas como un acuerdo que Morales Languasco decidió de manera casual o caprichosa, como que nada tuvo que ver el Protocolo de enero de 1903, ni el Laudo Arbitral de 1904, ni el asedio que mantenían sobre la República 15 buques de guerra de las cinco potencias más grandes del mundo con la finalidad de ocupar las aduanas. Luego se refiere a la Convención y al Modus Vivendi como si nada tuvieran que ver con todo lo anterior.

(7) La inconsecuencia que el autor le atribuye fue explicada en el comentario No. 3., además, la oposición tajante de Ramón Cáceres para que a Juan Isidro Jimenes se le entregara la Presidencia suponía una ruptura violenta de ambos bandos.

(8) El apoyo, que cita, de los norteamericanos, que nunca tuvo para sostenerse en el Gobierno, o para contrarrestar a sus adversarios. Es preciso señalar que, en esa época, luego de caer la dictadura de Ulises Heureaux, la prensa gozaba de mucha libertad, los medios estaban muy inclinados hacia las dos principales corrientes políticas y se echaban a correr muchos rumores. Los señalamientos que el autor presenta como defectos de inconsecuencia, de Morales Languasco, son presentados luego como virtudes en el párrafo que señalamos con el No. 11.

(9) Dice que “se decidió por buscar un refugio desde el cual reaccionar” y “Presidente despreciador de los tiradores de tiros, con la circunstancia de apelar ahora a los ex correligionarios”. El Presidente no gestionó el apoyo de los “tiradores de tiros”, Demetrio Rodríguez le había ofrecido su respaldo desde antes de la crisis del 6 de diciembre de 1905, mediante una nota escrita, respaldo al que Morales no había respondido. Llegaron las cosas a un extremo de acoso, por parte de sus enemigos dentro del mismo Gobierno, que decidió aceptar el apoyo ofrecido como refiere el mismo Rufino Martínez en el Diccionario Biográfico Histórico, en la biografía que escribe sobre Demetrio (Pág.429), que dice:

“Finalizaba el año 1905. El Presidente Morales acorralado en palacio, en peores condiciones que un preso de confianza, recibió la oferta del Delegado Demetrio Rodríguez de apoyarle contra sus opresores, si le enviaba refuerzos de armas. El crucero Presidente cargado de pertrechos debía arribar con el Presidente de la República a la jurisdicción del Delegado, pero llegó sin el mandatario, y en posesión Rodríguez de tales recursos, organizó seguido un movimiento revolucionario, destacando fuerzas sobre la plaza de Santiago, mientras él paso a operar sobre Puerto Plata”

(10) Este planteamiento, que nadie ha podido sostener, citando las unidades militares norteamericanas que lucharon en apoyo al Gobierno, y que es contradictorio al párrafo señalado con el número 4, no tiene asidero real.

 (11) En este sentido dice el puertoplateño Sebastián Rodríguez Lora, refiriéndose a Morales Languasco, en su libro “Estampas de mi Pueblo”, lo siguiente. Citamos:

“Su fórmula ideal era sencilla: trabajo, apoliticidad de fines, pulcra honradez administrativa. Estas tres cosas funcionaron con Morales Languasco como un engranaje biológico”. (Pág. 107)

(11) (12) (13) y (14) En estos cuatro párrafos se reconocen las virtudes más significativas que pueden atribuirse a un Presidente que sirve a su patria en las circunstancias más adversas, con acrisolada honestidad y con deseos de lograr las mejores condiciones de bienestar para su pueblo. Si la ambición que le atribuyen sus detractores era para hacer esas cosas…. ¡¡¡Qué bueno!!!

Carlos Danilo Morales Miller

(Email: carlosdanilomorales@gmail.com)

Contradicciones Relativas a un Mito. El apoyo de los norteamericanos al Gobierno de Morales Languasco.

Los opositores al Gobierno de Morales Languasco lanzaban frecuentemente rumores de que estaba, o de que él decía estar, apoyado militarmente por los norteamericanos. También algunos escritores han promovido esa especie. Uno de esos casos es la referencia que hace don Pedro Mir en su obra titulada “Las Raíces Dominicanas de la Doctrina de Monroe” (Pág. 85), cuando dice que el Presidente Morales deseaba la ayuda norteamericana porque había sido educado en los Estados Unidos (?), (confundiéndolo con otro Carlos Morales, ya que Carlos F. Morales Languasco nunca estudió ni residió en los Estados Unidos), y además agrega: “es sabido que su acción revolucionaria fue encaminada a defender intereses norteamericanos y que a consecuencia de la acción revolucionaria que lo derrocó, se acogió al asilo diplomático en el seno de la representación diplomática norteamericana en Santo Domingo”.

Nota: Si su acción revolucionaria (iniciada en octubre de 1903) fue encaminada a defender intereses norteamericanos, ¿cómo se explica que ese Gobierno fuera reconocido por el de los Estados Unidos tres meses después? (enero de 1904).

Otra fantasía, que en lugar de “rectificar” contribuye a confundir, es lo que reseña el doctor Apolinar Tejera en su libro “Rectificaciones Históricas” (Pág. 22) sobre los rumores que ponían a circular los opositores del Presidente Morales, cuando dice:

“1905, diciembre 6.- Ante las maniobras navales de buques de guerra de los Estados Unidos, los cuales pretendían desembarcar fuerzas para apoyar al Presidente Morales, el pueblo se alarma y asume una actitud amenazante. Grupos de ciudadanos de todas las clases sociales, en actitud patriótica, toman las armas y ofrecen sus servicios al Comandante Militar de la Plaza. El Padre Tejera acude a la Fortaleza.” Se refiere al incidente creado por el entonces Ministro de Guerra y Marina General Luís Tejera, adversario del Presidente y sobrino del autor, para marchar hacia el Palacio con un grupo de unos 40 oficiales bajo la conjetura que argumentó en ocasión en que los cruceros norteamericanos «USS Olimpia» y «USS Des Moines», que se aproximaron para intercambiar personal y provisiones, según él maniobraban para desembarcar con fines de proteger al Presidente. Para poner un ejemplo de lo que pudo ocurrir, si ése hubiera sido el propósito de los norteamericanos, bastaría con recordar la acción militar realizada anteriormente en Pajarito (Villa Duarte) en febrero de 1904.

El Padre Tejera, que cita, se trata de él mismo (el autor Apolinar Tejera) que fue ordenado sacerdote en 1888 y ahorcó los hábitos en 1907, poco después de ese episodio.

¿Y puede creer el lector que ese “grupo de ciudadanos de todas las clases sociales” que a principios de diciembre de 1905 asumieron una actitud amenazante ante las maniobras navales de “varios buques de guerra de los Estados Unidos”, que supuestamente “pretendían desembarcar fuerzas para apoyar al Presidente Morales”, hubiera servido de algo si ése hubiera sido el propósito de los norteamericanos, aunque el Padre Tejera estuviera de por medio? Debía parecer un tanto ingenuo pensar que un Presidente, respaldado por la mayor potencia militar del mundo, se viera impedido de gobernar como correspondía de acuerdo con la Constitución y el deseo de sus “protectores”, que estuviera vigilado por adversarios dentro del propio Gobierno y en su propia residencia, que luego tuviera que salir de la ciudad disimuladamente para evitar ser perseguido, en lugar de buscar refugio en uno de los buques de guerra norteamericanos surtos en el puerto de Santo Domingo y que, además, fuera perseguido por sus enemigos y estuviera a punto de ser asesinado, para terminar siendo derrocado sin el auxilio de sus poderosos protectores. Si luego del Presidente Morales encontrarse impedido físicamente, por la fractura de una pierna, apeló a la representación diplomática norteamericana para librarse de la persecución de sus opositores fue por entender que, al menos, serían neutrales ante el peligro que él corría de perder la vida.

Otro autor que se refiere a ese supuesto apoyo norteamericano es el biógrafo Rufino Martínez, cuando dice en su Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano 1821-1924, (Pág. 334), que: “la cooperación indirecta de fuerzas navales norteamericanas donde quiera que las necesitó Morales no había faltado”. Que “estuvieron presentes en Puerto Plata en 1904 (?) , al atacar y ocupar Jesús María Céspedes la Plaza (1); en la Capital sitiada el mes siguiente (se refiere al incidente de Pajarito) (2); en Monte Cristy el mes de junio, cuando se firmó a bordo de un buque el pacto que puso término a la revolución (3); otra vez en Santo Domingo, diciembre de 1905 (se refiere al incidente provocado por Luís Tejera), días en que los horacistas no le permitían usar de su autoridad de Presidente (4). Y antes de salir para Puerto Rico, por mediación del Comandante de un buque surto en Puerto Plata, comunicaba cablegráficamente a Guelito Pichardo, en Monte Cristy, que depusiera toda actitud de rebelión” (5).

Las observaciones que hemos señalado en el párrafo anterior son explicadas a continuación para que el lector las revise y saque sus propias conclusiones:

(1) El autor se contradice en dos párrafos diferentes de la misma biografía sobre el Presidente Morales (Pág. 333), en la que contrario a sus propias aseveraciones, dice sobre los mismos hechos:

“La mayor parte de la República se adhirió a la revolución (de La Desunión), y el Gobierno en un principio parecía un pigmeo frente a un coloso. Sus principales puntos de acción eran: la Capital, sitiada; Sosúa, con Jesús María Céspedes enfrentado a la plaza de Puerto Plata; y por las lomas de Moca, Ramón Cáceres, perseguido. Morales no flaqueó un solo momento, estando en situación de tan improbable triunfo. Contaba con los vapores de guerra de la Marina Nacional, lo que le permitió reforzar con hombres y pertrechos a Sosúa, hasta que se consiguió rendir la plaza”. Termina la cita.                    Nota: En esa oportunidad fue el bombardeo a Puerto Plata por el crucero «Independencia», comandado por el capitán Francisco Catrain, ocasión en que se encontraba a bordo el propio Presidente Morales.

No puede ser una cosa y la otra, debe ser una de las dos cosas. Además, no hay que ser un genio para preguntarse: ¿Cómo podía parecer un pigmeo un Gobierno que estuviera apoyado por la mayor potencia militar del mundo? ¿Cómo podía estar en situación de tan improbable triunfo? ¿La cooperación indirecta de los norteamericanos, donde quiera que las necesitó Morales, no había faltado? ¿Cómo se coopera indirectamente en una guerra? ¿Sin pelear? ¿Cuáles fueron las unidades navales que lo apoyaron? Porque en suelo dominicano no hubo unidades norteamericanas hasta 1916.

(2) Nadie puede citar, identificándola por su nombre, alguna unidad militar de los Estados Unidos que haya apoyado, por tierra o por mar, al Gobierno de Morales Languasco. Como ya hemos señalado, hay documentos que demuestran lo contrario, que el Presidente Morales se quejaba ante el Gobierno norteamericano por actividades que sus representantes, diplomáticos y militares, realizaban a favor de sus adversarios.

Como ya hemos citado y explicado anteriormente, en un artículo con el título: “Destruyó Villa Duarte y fue condecorado”, en la página 300, de “LA REPÚBLICA DOMINCANA” de Ramón Marrero Aristy , también hay referencias de que hubo un solo desembarco de militares norteamericanos en actitud bélica, en Pajarito.

Citamos de “La República Dominicana”, Ramón Marrero Aristy. (Pág. 300): “Los Combates y el cañoneo constante ponían un monótono y diario corolario de sangre al sitio de la capital, hasta que un incidente de otro género amenazó extender las complicaciones del conflicto, cuando los revolucionarios abrieron fuego sobre el vapor norteamericano New York de la compañía Clyde que portaba carga general para el comercio, poco después de haber sido muerto por una bala perdida el maquinista del vapor de guerra norteamericano Yankee mientras caminaba por el muelle.  “Ante el tiroteo al vapor de la Clyde, el buque de guerra Newark, también norteamericano y que se hallaba en el antepuerto, abrió fuego con sus cañones sobre el poblado de Villa Duarte, mientras despachaba lanchas de desembarco con pelotones de marinos armados de fusiles y ametralladoras, los que ocuparon aquel suburbio después de haber acribillado con sus armas automáticas las viviendas del caserío. “El Gobierno de Morales se vio precisado, para impedir nuevos incidentes de este género, a improvisar un muelle frente a La Cueva de las Golondrinas para realizar las operaciones de carga y descarga de los buques los días en que hubiera combates entre los defensores de La Fuerza y los sitiadores”. (LA REPÚBLICA DOMINCANA; Ramón Marrero Aristy, Pág. 300).  Si el bombardeo de los cruceros norteamericanos, sobre Pajarito, tenía el propósito de favorecer a Morales Languasco, ¿cómo se explica que éste dispusiera improvisar un muelle para evitar que los insurgentes provocaran otros incidentes que le beneficiaran?  En los documentos del Gobierno de los Estados Unidos, relativos al “Bombardeo a Pajarito”, conocido en inglés como “Santo Domingo Affair 1904”, se consignan como partes beligerantes a los Estados Unidos (representados por los comandantes de los buques de guerra norteamericanos) contra la República Dominicana (representada por los líderes Carlos F. Morales y Juan Isidro Jimenes).

(3) El documento que firmó el Gobierno, en junio de 1904 en Montecristi, con los líderes regionales Demetrio Rodríguez y Desiderio Arias, fue un armisticio de mutuo acuerdo para dar por terminada la guerra de la Desunión, no fue un acto en que los líderes de la región noroeste fueron conminados a firmarlo bajo presión, ni consistió en una acción bélica que favoreciera al Presidente Morales. Mediante la firma de ese acuerdo se les otorgaba el control de la citada región a los líderes Rodríguez y Arias a cambio de que depusieran las armas.

(4) Como hemos citado anteriormente, hubo un momento de crisis cuando, el 6 de diciembre de 1905, el Ministro de Guerra y Marina, General Luís Tejera, alegando rumores de desembarco de fuerzas militares de dos barcos de guerra norteamericanos que estaban en la ría del Ozama, próximo al muelle de la Capital, se presentó con una escolta al Palacio de Gobierno donde el Presidente Morales se encontraba reunido con el Ministro norteamericano Dawson y con el Vicepresidente Cáceres, para exigirle al Presidente la restitución en su cargo del Comandante de Armas de la Capital que acababa de ser destituido (ver: LA REPÚBLICA DOMINICANA de Ramón Marrero Aristy, Pág. 310 ).  En esa ocasión el General Tejera le manifestó en público, al Vicepresidente Cáceres, que ya tenía un plan terminado para asesinar al Presidente y que contaba con su respaldo.  El Ministro Residente de los Estados Unidos se enteró del incidente porque estaba en Palacio cuando ocurrió, pero no supo el motivo hasta días después (ver: páginas 299 y 305 del libro “Documentos del Gobierno de Carlos F. Morales Languasco 1903-1906” auspiciado por el Archivo General de la Nación).  El 9 diciembre el Ministro de Relaciones Exteriores (interino) Federico Velásquez, en adición a sus funciones de Ministro de Hacienda (Juan Francisco Sánchez se había asilado el día anterior luego de renunciar como Ministro de Relaciones Exteriores) le solicitó, mediante nota, una explicación al Ministro Residente Dawson de la operación de los cruceros norteamericanos en la ría del Ozama. En esa misma fecha el ministro Dawson le respondió extrañado por las conjeturas a que se refería el ministro Velázquez, lo que generó otra comunicación de éste, en fecha 14 de diciembre, en la que se excusaba y explicaba el origen de dichas conjeturas.

Los norteamericanos no llegaron en 1903 a República Dominicana a ayudar a nadie.

En 1903 los norteamericanos no llegaron a la República Dominicana a ayudar a nadie, su estrategia era la de mejorar su posicionamiento geopolítico en la región, para ello eligieron participar de manera directa en los asuntos dominicanos suplantando a la San Domingo Improvement en las negociaciones de los intereses que esta compañía norteamericana tenía en el país. El 31 de enero de 1903 el Gobierno Provisional de Horacio Vásquez firmó con los Estados Unidos el Protocolo en el que se reconocía a esa nación como la contraparte frente a la República Dominicana, en representación de los intereses que tenía en el país la San Domingo Improvement Co., aceptando que “el Gobierno dominicano pagaría al Gobierno de los Estados Unidos” la deuda pendiente con la citada compañía. Desde entonces no faltó la presencia de los imponentes buques de guerra norteamericanos en los puertos dominicanos. Días antes de cumplirse los tres meses de haber firmado dicho Protocolo, con los norteamericanos, Horacio Vásquez fue derrocado por una sorpresiva e improvisada revuelta conocida como la “Revolución de los Presos” (por el gran número de presos políticos y comunes que participaron en dicho movimiento), que terminó con la toma del Poder por parte de Alejandro Woss y Gil. Los norteamericanos no intervinieron en nada para evitar la caída de Vásquez.  Al ser abordado por el Encargado de Negocios norteamericano, el entonces Presidente Woss y Gil trató de desconocer el Acuerdo que había firmado Horacio Vásquez, alegando que éste había sido suscrito por un Gobierno de facto (Vásquez había derrocado el Gobierno Constitucional de Juan Isidro Jimenes, del cual él era Vicepresidente) y porque, además, dicho Acuerdo no había sido sancionado, o aprobado, por el Congreso de la República. Ante la intención del Presidente Woss y Gil de desconocer el citado Protocolo, el Encargado de Negocios norteamericano, William F. Powell, ripostó con la amenaza de romper relaciones y pasar a vías de hecho, lo que suponía una intervención armada que la República Dominicana no tendría con qué enfrentar, ni la menor oportunidad de superar. De inmediato el Presidente procedió a reconocer el acuerdo en cuestión, así como a nombrar dos de los tres árbitros que, como mandaba el Protocolo, compondrían un Tribunal Arbitral para determinar todo lo concerniente (forma de pago y garantías) al pago de la deuda. Poco después de nombrar los árbitros, que ya se encontraban en Washington deliberando, tomó el Poder la Revolución de la Unión, con Carlos F. Morales Languasco a la cabeza, dando al traste con el Gobierno de Alejandro Woss y Gil. Los Estados Unidos tampoco hicieron nada para evitar la caída de este Gobierno. Aunque hay quienes dicen que los norteamericanos ayudaron a Morales Languasco a llegar al poder, lo cierto es que Woss y Gil claudicó el 25 de noviembre de 1903 ante las fuerzas revolucionarias que hacía algunos días tenían sitiada la ciudad Capital, mientras que el Gobierno de los Estados Unidos reconoció al Gobierno de Morales el 19 de enero de 1904, luego de que éste aceptara reconocer el Protocolo de 1903 suscrito por Horacio Vásquez con los Estados Unidos (la misma exigencia hecha a Woss y Gil), casi dos meses después de Morales asumir oficialmente la Presidencia Provisional. El día 19 de junio de 1904 asumió Carlos F. Morales Languasco la Presidencia constitucionalmente y días después, 14 de julio de 1904, fue dictado el Laudo por los jueces del Tribunal Arbitral, como estipulaba el Protocolo de enero de 1903. En la medida en que iban mejorando las condiciones económicas del Gobierno, con los beneficios de las recaudaciones producto del Modus Vivendi aumentaban las conspiraciones para derrocar al Presidente, y el 12 de enero de 1906 se produjo oficialmente la renuncia y el derrocamiento de Morales Languasco, asumiendo la Presidencia el Vicepresidente Ramón Cáceres. En este otro caso tampoco los norteamericanos hicieron nada para evitar que fuera derrocado.

La Verdad.

Prueba fehaciente de lo que aquí planteamos es, que a luego de conocerse que el Presidente había salido de la Capital secretamente, para supuestamente reaccionar contra quienes se habían revelado a su autoridad y que, además, contaba con el crucero Independencia, el Canciller del gabinete golpista Emiliano Tejera escribió una comunicación solicitando ayuda al Ministro Residente norteamericano en fecha 30 de diciembre de 1905, para que los buques de guerra norteamericanos detuvieran al «Independencia» por encontrarse al servicio de los revolucionarios.

Dos días después, el 1 de enero de 1906, el ministro Tejera se dirigió nuevamente al Ministro Residente Dawson (correspondencia No. 295, Ref. AGN. Ministerio de Relaciones Exteriores, Libro No. 58 de Actas de 1904 a 1907) reclamándole por no haber intervenido, ya que con «una simple indicación de uno de los buques de guerra americanos surtos en Montecristi habría bastado para evitar la guerra». En esa comunicación agregaba que «La paz se conservaba en el País por el temor de que los Estados Unidos se mostraran hostiles a los que intentasen derribar las autoridades constituidas, ese era el freno de los revolucionarios». (Pero era él quien intentaba que actuaran contra el Presidente legalmente constituido, que supuestamente era un protegido de los americanos).

Más adelante, en otro párrafo de esa misma correspondencia al Ministro Residente norteamericano, Emiliano Tejera le pasaba factura cuando decía: «Porque es un error creer que los Gobiernos Dominicanos no cumplían sus compromisos exteriores e interiores porque no tenían voluntad para ello. Sí la tenían, mucho y muy decidida, intensa; especialmente el Gobierno de que formé parte en 1902». (Se refería al Gobierno de facto de Horacio Vásquez del cuál él fungía como Ministro de Hacienda, cuando fue encargado por el Presidente para negociar, con el Encargado de Negocios norteamericano William Powell, lo relativo a la deuda pendiente con la San Domingo Improvement Co. que terminó con el fatídico «Protocolo del 31 de enero de 1903).

Para señalar las únicas intenciones que tenía la presencia norteamericana en la República Dominicana, a principios del Siglo XX, basta con leer los términos la comunicación enviada por el Ministro Residente Dominicano en Washington, Emilio C. Joubert, al Canciller Emiliano Tejera en fecha 4 de enero de 1906  que transcribimos a continuación: (Ref. AGN. Ministerio de Relaciones Exteriores. L-0 Libro No.7) :

                                                                                                                             Washington, DC.                                                                                                                                    4 de enero de 1906

Señor Don Emiliano Tejera                                                                                                                  Ministro de Relaciones Exteriores,                                                                                                      Santo Domingo.

Ciudadano Ministro:

   En cuanto recibí su telegrama anunciándome que el Crucero Independencia se había pasado al enemigo, me dirigí al Departamento de Estado para obtener, como Ud. me indicaba, que el Gobierno Americano detuviera el Crucero, para evitar que con ese contingente los revolucionarios tomaran ánimo y se lanzaran a la guerra. Toda esa tarde y el día siguiente estuve luchando para inclinar al Departamento de Estado en el sentido de mi solicitud; pero después de muchas consultas con el Departamento de Marina, y con el Presidente que estaba en el campo, se resolvió mantener las órdenes anteriores que son las que yo mismo he pedido cuando la demostración de fuerza que hizo en la Capital el Almirante Bradford.

   El Departamento me manifestó, sin embargo, y me lo ha reiterado varias veces, que sería muy infortunado que el Gobierno entendiera que la actitud del Gobierno en estas circunstancias significara falta de simpatía con el partido que está en el poder. El Departamento de Estado entiende que ni al gabinete Dominicano ni al Americano le conviene que las fuerzas navales en Santo Domingo persigan al vapor Independencia si éste no comete actos contrarios a los intereses americanos o a la libre recaudación de las rentas de aduanas.

  Saludo a Ud. Ciudadano Ministro, muy atentamente.

                                                                        Emilio C. Joubert

 

Carlos Danilo Morales Miller  (Email: carlosdanilomorales@gmail.com)

 

 

Discurso completo del Presidente de la República Carlos F. Morales Languasco ante el Congreso para la presentación de las Memorias el 27 de febrero de 1905.

El presente discurso, del Presidente Morales Languasco, correspondió a la rendición de cuentas del Gobierno ante el Congreso de la República el 27 de febrero de 1905. El tema palpitante, en ese momento, era la agobiante deuda pública que tenía la Nación con acreedores extranjeros que no aceptaban seguir postergando su pago. El Laudo Arbitral dictado en julio de 1904, consecuencia del Protocolo de enero de 1903 que firmó el gobierno de Horacio Vásquez con el de los Estados Unidos, para el pago de las acreencias de la compañía San Domingo Improvement, generaron una Convención que acordaba el pago de toda la deuda externa que, antes de ser aprobada por los congresos de ambos países, hubo que poner en vigor el 1 de marzo de 1905, lo que se conoce como el Modus Vivendi, debido a presiones de algunas potencias europeas que amenazaban con tomar las aduanas dominicanas para cobrarse las deudas pendientes de la República con sus connacionales. A continuación el discurso:

                                      PRESIDENTE MORALES LANGUASCO

DISCURSO ASAMBLEA-CONGRESO 1905

 

CIUDADANOS DIPUTADOS:

Iniciáis vuestra labor legislativa al amparo de la paz cimentada en el imperio efectivo de la ley, y por ello me congratulo con vosotros, saludando alborozado esta asamblea, llamada a contribuir, con sus luces y patriotismo, a la solución de los arduos problemas que pesan sobre la república.

Me ha tocado, Honorables Representantes del pueblo, presidir los destinos del país en los momentos más graves y solemnes de su Historia; pero en medio de las ruinas con que han señalado su paso las discordias civiles, no ha desmayado mi fe en el porvenir de la Patria, que aspiro á ver engrandecida siempre por el dominio absoluto de su soberanía, por la práctica de las instituciones y por la eficacia de un régimen político que se inspire en la majestad de la ley, y no en la divisa personalista de caducas banderías.

Para dar cumplido término a esos propósitos; para constituir sobre base inquebrantable, el Gobierno civil del pueblo y para el pueblo, es ya indispensable la organización de partidos verdaderamente doctrinarios; que sean institución complementaria del Estado, y que, por el debate y no por el encumbramiento de los hombres, lleven a las alturas del Poder las corrientes de la opinión nacional; de forma que el prestigio de los Gobiernos se vincule, no en las personalidades que lo constituyen, sino en las doctrinas que ya en lo político, ora en lo económico, realicen los hombres a quienes el voto popular ha confiado la dirección de la cosa pública.

Junto a las huestes disciplinadas de los partidos doctrinarios, y como su órgano legítimo y natural, la inviolabilidad de la prensa, para la cuál, Ciudadanos Diputados, os pido la abrogación de la Ley de Imprenta de fecha 3 de junio de 1899.

La prensa no debe tener trabas. La prensa, Honorables Representantes del pueblo, debe ser libre como el pensamiento. Hora es ya de que se consagren sus fueros eminentes, poniéndola hoy y para siempre, al abrigo de toda tendencia arbitraria, y no consintiendo jamás que se le opongan otros valladares que los que determina el derecho común, como garantía de orden social.

Yo pido para mi Gobierno la intervención eficaz y severa de la prensa. Tengo para mí que la oposición razonada y doctrinaria es la base más firme en que descansa la democracia representativa. Si el periodismo se inspira en elevados móviles de bien público, seré el primero en inclinarme ante él; si, por desgracia encausa sus rumbos por vías descaminadas, llevará en sus extravíos el merecido anatema. Pero el Poder Público debe dejarle la mayor latitud y rodearle de toda suerte de garantías. El error, por más que se prodigue en formas de seductor artificio, se desvanece al cabo; y solo queda en pié la verdad, despojada de pasiones miserables, como base única para edificar el juicio de los contemporáneos y la sanción suprema de la Historia.

Habré de insistir siempre en la organización de esas dos fuerzas: la de los partidos políticos y de la inviolabilidad de la prensa, como factores ambos de la democracia representativa y de la mayor suma de bienestar posible para la sociedad.

Es obra de construcción y no de continuación la del actual momento.

El carácter nacional tan fecundo en todo linaje de virtudes, no debe permanecer aferrado al rutinarismo político, tributario siempre de las ideas del pasado.

De mí sé afirmar y del Gobierno que tengo la honra de presidir, que nuestra mayor gloria y nuestra más legítima y vehemente aspiración será ver implantadas en nuestro medio social las saludables reformas que, en otros países, han contribuido en el desenvolvimiento de su prosperidad y de su progreso.

Nuestra labor en el ejercicio gubernativo de que vengo á rendiros cuenta, ha sido más bien de preparación, de acopio, de energía, de estudio (parte no se lee bien pág. # 5). Y no podría ser de otra suerte. Apenas si hemos tenido tiempo para fijar los rumbos de la Administración, iniciando un plan de Gobierno fecundo por la eficacia de sus resultados.

INTERIOR Y POLICÍA.

La paz reina inquebrantable en todo el país. No es, como en pasados tiempos, el resultado de una imposición arbitraria, sino el efecto natural y espontáneo del respeto á todos los derechos y de la consagración práctica de las garantías constitucionales.

Un movimiento insurreccional que estalló en el mes de Octubre último en el Distrito de Barahona, no revistió más carácter que el de mera  alteración local del orden, acogiéndose sus jefes a las garantías ofrecidas por el Gobierno, deseoso de restablecer siempre el imperio de la paz, sin necesidad de acudir á medidas extremas, antes bien empeñado en sumar voluntades por la persuasión que inclinados á castigar con inflexible severidad á los que, obcecados por la pasión o por el error, se lanzan torpemente a la revuelta.

Un elevado ejemplo de respeto á la ley y de alta moralidad pública ha sido el del actual Gobierno, en lo que respecta á la responsabilidad de los funcionarios dependientes del Poder Ejecutivo. Sindicados algunos Jefes Comunales de haber cometidos actos contrarios á la ley, no vaciló en suspenderlos en sus funciones, mientras se investigaban los hechos, dando con ello el más elocuente testimonio de su respeto á los sagrados fueros de la ciudadanía.

En la Memoria presentada por el subsecretario de Estado, en funciones, veréis las reformas apuntadas por ese Departamento, y sobre las cuales llamo poderosamente vuestra atención ciudadanos diputados.

Una de las necesidades más urgentes, y a las que es forzoso atender cuanto antes, es la que se refiere á la salubridad pública, procurando con medidas adecuadas, obtener la más rigurosa higiene, a fin de ayudar eficazmente las favorables condiciones del medio, de modo que, así como en lo intelectual, tengamos siempre en lo físico un pueblo sano y vigoroso.

Otro punto, de capital importancia, es el que se refiere á la creación de la Guardia Rural. Esta institución, organizada eficazmente, habrá de ser el más firme apoyo de la paz pública y el paso más avanzado en la realización del Gobierno Civil.

RELACIONES EXTERIORES.

Ardua labor la de la Cancillería Dominicana en lo que se refiere á la solución de los múltiples problemas que han absorbido, por completo, la atención de ese Despacho. Ha sido, puede decirse, de persistente lucha, en el afán patriótico de librar á la República de graves complicaciones internacionales de naciones que reclaman incesantemente sus intereses y procurando mantener con las demás Naciones los vínculos de la más estrecha cordialidad.

El Laudo Arbitral, en el caso de la República Dominicana con la Improvement Company y sus consortes, mereció á nuestro Gobierno las más fundadas impugnaciones ante la Cancillería de Washington. El Gobierno que presido juzgó que los árbitros no se habían mantenido dentro de los límites del mandato, y como su capacidad se derivaba fundamentalmente de éste, al excederse del poder conferido caía la sentencia en uno de los casos excepcionales previstos, en materia de arbitraje, por el Derecho Público Exterior. Empeñose eficazmente en ello, y mientras encaminaba sus gestiones en tal sentido, fue celebrada la Convención de fecha 20 de Enero último, ampliada con el acta adicional de fecha 7 del corriente mes.

Esta Convención y la mencionada acta adicional, son la consecuencia inmediata, por una parte, de los errores administrativos cometidos por Gobiernos anteriores, y de la necesidad urgente de atender á perentorios reclamos ejercitados por acreedores extranjeros.

Es llegado el momento de declarar solemnemente ante vosotros, Honorables Representantes del Pueblo, y desde este augusto recinto, ante la faz del país, que soy y seré en toda circunstancia, el más celoso guardián de la Independencia Nacional; y que no habrá medio alguno que haga vacilar mi entereza cuando se trate de la integridad del territorio y de la autonomía política de la República.

El Convenio es obra de la necesidad, y el modo de llegar a un acuerdo que ponga al país en capacidad de resolver el problema de su Deuda.

Al someterlo a vuestra alta aprobación confío en que vuestro patriotismo, ahondado en el cúmulo de circunstancias que han traído la República a su actual estado, sabrá inspirarse en la realidad del medio ambiente. Sólo es fecundo el patriotismo que se desenvuelve en obras de utilidad práctica, y no el que, so color de lisonjear á las multitudes, precipita a la República á graves, inevitables conflictos. El valor cívico no consiste en provocar acontecimientos, sino en rectificar el pasado a fuerza de virtudes, de cordura y de persistente dedicación á hacer inviolable la nacionalidad por el prestigio de su crédito y por el desarrollo de su vida de civilización y de cultura.

Os lo repito, Ciudadanos Diputados; en la hora grave, en la hora solemne de la República, estaré en mi puesto, manteniendo, sin mancilla, el pundonor nacional.

El Gobierno ha tenido especial empeño en cultivar con esmero las más cordiales relaciones de amistad con las demás Naciones.

Tanto la República de los Estados Unidos de América, como la República de Cuba, han elevado a la categoría de Ministro Residente la primera, y de Encargado de Negocios la segunda, sus respectivas representaciones, y ello nos muestra el deseo de estrechar ambos Estados con el nuestro, cada día más los vínculos existentes de mutua cordialidad.

Es anhelo vehemente del Poder Ejecutivo abrir á nuestra juventud ilustrada los horizontes de la carrera diplomática y consular, a fin de que el país, con tan meritoria representación en el exterior, consolide los lazos que le unen á las naciones amigas, y merced á la expansión de las ideas, sea realmente conocido en todos los órganos de su vida interna.

Deseoso el Gobierno de conservar siempre la más estrecha harmonía entre el Poder Secular y la Santa Sede, ha recibido con profundo beneplácito la elección recaída en Monseñor Nouel, varón lleno de doctrina y de virtudes, como Co-adjutor del dignísimo Arzobispo de Santo Domingo, el sabio mitrado Monseñor de Meriño, que ha sabido mantener, con el esplendor de la fé, el depósito venerado de las creencias del pueblo Dominicano.

 

HACIENDA Y COMERCIO.

El problema vital de la República es el problema económico. Toda la vida del Estado se concentra en él. Los expedientes á que, en materia fiscal, han pagado tributo casi nuestros Gobiernos todos, han sido la causa fundamental del estado en que se halla la Hacienda Pública. No han podido llevar á cabo casi nunca un plan verdaderamente científico, sino que se han concentrado en el statu quo, y en vez de ir directamente á una solución radical, han buscado no más los medios de conjurar una situación conflictiva de momento.

Lo primero que hizo el Gobierno que presido fue darse cuenta exacta de los compromisos que pesan sobre la República y hacer un reflexivo estudio de sus ingresos y egresos a fin de establecer su acertada distribución, y acomodarse a una Ley de Presupuesto de acuerdo con las condiciones precarias del Tesoro Nacional.

La cifra á que asciende la Deuda de la República es de $ 33,000,000 de pesos oro, más o menos.

No es un guarismo abrumador si se compara con el de otras Naciones, y sobre todo si se tiene en cuenta que en nuestro país todo está por hacer, y que la producción base de la riqueza pública, no ha recibido aún el impulso vigoroso que hay menester. Urge, pues, ayudar á ésta con leyes sabias y bienhechoras adecuadas á nuestro medio social y cónsonas con los más avanzados principios económicos. Los pueblos productores son los que mayor grado de prosperidad alcanzan, y nosotros hemos sido favorecidos por la naturaleza, con un suelo exuberante, pródigo de todo tipo de riquezas. Del seno de ellas habremos de sacar nuestra redención económica y la ventura y grandeza de la Patria.

En la Memoria presentada por el Ciudadano Ministro, hallaréis, Honorables Representantes, los detalles de la ardua labor realizada en esos Despachos, encaminada á restaurar el crédito de la República en el exterior por medio de medidas inspiradas en el más elevado patriotismo y en el alto espíritu de moral administrativa que preside al manejo de las rentas nacionales. Fijaos en este dato que nos releva de todo encomio: de Julio del pasado año a la fecha que alcanzamos, la República ha pagado esta enorme suma, dentro, desde luego, de su capacitad rentística: poco menos de medio millón de pesos.

 

JUSTICIA E INSTRUCCIÓN PÚBLICA.

Desconsolador es el cuadro que presenta el Ciudadano Ministro al reseñar la labor Judicial efectuada durante su ejercicio. Las causas remontan á la época de la creación de la República. Desde entonces, por lo mismo que no permanecieron al frente del Poder los hombres del derecho, los fundadores de la nacionalidad, comenzaron los efectos de un malestar grande y hondo.

La función ejecutiva la ejercieron los afortunados en los campos de la guerra, los que nunca creyeron en la consolidación de la República.

De ahí que el Ministerio augusto de la Justicia no se viera rodeado de aquel prestigio tan indispensable para llenar la altísima misión social que le estaba encomendada. De ahí que en la sucesión de los días hayan ido tomando raigambre viciosas prácticas que el actual Ministro, con honradez plausible, además de señalarlas pone empeño en desterrarlas.

No es hoy el Ministerio de Justicia una oficina consagrada a escribir comunicaciones a funcionarios del orden judicial sin un propósito trascendente, sino colaborador tesonero en la obra de reformas que se propone el actual Gobierno.

Podéis estudiar en esta voluminosa meditada Memoria los orígenes del mal que el patriotismo reflexivo advirtió en todos los momentos de nuestra tormentosa historia.

No como ensayo, no por espíritu de una pueril satisfacción, sino como el logro de un ideal perseguido cuando el Poder Ejecutivo se ha encontrado con capacidad suficiente para ello, o en condiciones para llamar la atención a otras de las funciones de poder, castigó severamente a los que delinquieron, o pidió la aplicación de la ley para cuantos la merecieron.

Lamentable es á todas luces la desorganización que se nota en este importante ramo de la administración. Raros son los Tribunales que cumplen con toda cabalidad la función social a la que están obligados. A las veces no es por falta de idoneidad en los encargados de administrar justicia. No. Obedece ello a innúmeras concausas, atribuibles las unas, al medio; las otras, á la falta de concurso de los demás poderes.

Esta Memoria no se ha ceñido á meros detalles de lo hecho, sino que entra de lleno á indicar lo que se debe hacer. Cuatro proyectos de capital importancia se os someterán y sobre los cuales llamo vuestra cuidadosa atención. Refiérense dichos proyectos de Decreto á dejar establecido, una vez que transcurran los plazos legales para las declaraciones de nacimiento, prescritas en el Artículo 55 del Código Civil, sea necesaria una sentencia para poder inscribirlas, el uno; á extender la sanción del Artículo 346 del Código Penal á los padres y jefes de la casa donde tenga efecto el alumbramiento, el otro; y los demás á la reglamentación de las condiciones en que se concederá la autorización de que trata el Artículo13 del Código Civil para la fijación del domicilio, y determinar, finalmente, un plazo fatal de dos años á los postulantes para la presentación de examen recapitulatorio ante el Instituto Profesional.

La Instrucción Pública no ha podido escapar á las consecuencias del estado de anarquía que abarcó todos los órganos de la vida nacional.

Gobiernos inescrupulosos y Municipios sin aptitudes bastantes para dar cima, ó siquiera para ver de reorganizar la Instrucción, poco ó nada hicieron en tal sentido.

Y la obra de los Billini y de los Hostos, y de otros más modestos cultores de la inteligencia, por falta de calor, de estímulos generosos, y de eficaz ayuda, á punto estuvo de que desapareciera. Sin embargo, del Instituto Nacional, todos los años escolares salen profesionales que darán (dos o tres palabras ilegibles) establecimientos docentes contribuyen á propagar la cultura, ensanchando sus programas, y acercándose cada vez más á los procedimientos pedagógicos que han hecho de los Estados Unidos, de Suiza y de casi todos los países del Norte los mejores preparados, y por tanto, los más aptos para la civilización.

Apunta el Ciudadano Ministro algunas reformas, entre otras, la modificación de la actual Ley General de Estudios, por exigirlo así la perentoria necesidad de crear un nuevo órgano que dé mayor impulso á la Instrucción Pública en la República.

FOMENTO Y OBRAS PÚBLICAS.

Si es cierto que se han llevado a cabo algunas obras de utilidad regional y nacional, la Memoria circunstanciada del Ministro del ramo, dice de lo deficiente de lo deficiente de las mismas. Lo exiguo de las cantidades presupuestadas para esas obras, no podía responder al interés patriótico que movió al Poder Ejecutivo á iniciarlas. A raíz de la terminación (no se lee bien) de la República el Gobierno Provisional que precedió inmediatamente al que viene hoy á rendir cuenta de su gestión, pensó en dotar al Cuerpo Legislador de un local adecuado á los fines de su alta representación; y el Poder Judicial y nuestro primer Instituto docente, ocuparán edificios compatibles  con sus elevadas misiones respectivas en una sociedad que aspira á organizarse convenientemente.

Los informes producidos por la mayoría de los Inspectores Generales de Agricultura, demuestran patente y claramente que se hace indispensable votar una suma que sirva para realizar obras con un plan rigurosamente científico. Esos mismos informes revelan que sólo abriendo caminos ó mejorando los que existen, los productos de nuestra agricultura, que adquiere cada día mayor crecimiento, encontrarán vías fáciles para su transporte o conducción.

Toca otro punto de vital interés nacional la Memoria en referencia, y consiste en recientes acuerdos del Poder Ejecutivo al declarar la caducidad de varias concesiones por incumplimiento de sus cláusulas en el plazo prescrito, y, además, con el propósito de evitar que se haga objeto de especulación lo que, de otro modo, proporcionaría al Estado ventajas incalculables, rechazó muchas solicitudes, poniendo así coto á pretensiones inaceptables.

Empero, y no obstante la dedicación del Secretario de Estado, en este Departamento, no ha sido posible llevar á término la creación de una Escuela Agronómica en la que se formaran los agricultores de lo porvenir, ni una Escuela de Artes y Oficios, ya establecidas en todos los países que se preocupan por el adelanto positivo de sus habitantes; ni el Gobierno se ha encontrado en aptitud  de prestar todo su concurso á la iniciativa individual, tan necesaria en pueblos que carecen del espíritu corporativo, ni nada, por último, que se aparte de la rutina tradicional.

GUERRA Y MARINA.

Con el fuerte anhelo de los que ven en los institutos Armados la mejor y más segura garantía de la integridad del territorio, el ciudadano Ministro de Guerra y Marina, militar de ejecutorias probadas, pundonoroso y leal, después de dar cuenta del desastroso estado de nuestro Ejército que en dos años de cruenta lucha estuvo siempre arma al hombro, indica reformas inspiradas en la ciencia militar contemporánea.

Identificado con el poder Ejecutivo, encamina sus propósitos al de éste, que consiste, Honorables Representantes, á sólo conservar sendos batallones en las dos plazas fuertes de la República: la Capital y Puerto Plata; pero busca como sus demás compañeros de Gabinete que la ley de conscripción no sea como hasta ahora un instrumento utilizable por algunas autoridades inferiores para ejercitar venganzas, ó para cometer peculado, o, por último, para no aplicarla con estricta equidad y justicia. Aboga el Ciudadano Ministro, por la creación de una ley orgánica del Ejército; porque la instrucción del soldado sea efectiva; porque la disciplina la adquiera el militar no por temor al castigo ni por subordinación servil al superior, sino por convencimiento de que es un centinela de las instituciones y el más obligado á defender los fueros de la nacionalidad.

Aunque por razones comprensibles nuestra Armada, que ha prestado servicios eminentes en días muy recientes, no ha podido aumentarse, el Poder Ejecutivo, haciendo sacrificios, destinó una suma relativamente considerable para el arreglo completo del Crucero “Independencia”. De hoy en adelante la República contará con un buque de inmejorables condiciones para cualesquiera contingencias que pudiesen sobrevenir.

CORREOS Y TELÉGRAFOS.

En los pueblos de intensa vida comercial, allí donde la riqueza toma vuelos asombrosos, la institución de Correos es mirada por el Estado con solícito interés. El cambio de la correspondencia, indica, de modo cierto, la prosperidad de una nación. Y la República, no obstante el estado convulsionario, consecuencia de sucesivas revoluciones, en que ha vivido en estos últimos años, ha demostrado que á favor de una paz estable hubiera alcanzado duplicar sus fuentes de riqueza.

Copiosa, rica de datos, es la Memoria que presenta el Ciudadano Ministro del ramo. Con la cooperación inteligente del Administrador General de Correos, ha podido introducirse notables mejoras en ese servicio. Y tanto en lo que hace relación al servicio interior como el que se refiere al internacional, se ha llegado á este resultado: el correo de la República responde á las necesidades del público.

No es posible decir otro tanto respecto al servicio de telégrafos. La misma Memoria pone de manifiesto las causas del deplorable estado de las líneas. Aprovechóse el desorden, corolario indispensable de las luchas civiles, para lo que lo que costara tantos sacrificios se destruyera en un solo día.

Vosotros veréis en la Memoria que se os somete, lo que se ha hecho en el sentido de aumentar lo que gobiernos que gozaron de una mayor tranquilidad, iniciaron para el bien de la República. Veréis allí también los esfuerzos que con singular energía ha intentado el Ciudadano Ministro y el patriótico celo con que en presencia de reclamaciones injustificadas, defendió los sagrados intereses de la patria.

Tales son las cuestiones que comprenden las Memorias de los que han venido compartiendo conmigo la difícil función ejecutiva. Iniciativas, orientaciones, cuanto á cada uno de los Secretarios de Estado correspondió plantear en el Gabinete, encontró en mí un sostenedor infatigable, un verdadero coadyuvador de su propósito y pensamiento-

En toda circunstancia me ceñí al precepto constitucional y jamás fui obstáculo al implantamiento de una reforma saludable, o a la elaboración, ó á la elaboración de un proyecto merecedor de vuestra aprobación.

CONCLUSIÓN.

Habéis escuchado toda la verdad del estado político, social y económico en que encontré el país al asumir la dirección de sus destinos. Nunca, he de insistir en ello, experimenté desmayos, ni mis energías se quebrantaron. Tuve siempre fé en su resurrección, porque siempre vi en el pueblo de Febrero y Agosto, patriotismo sobrancero para persuadirse de que sólo en la práctica de las virtudes cívicas y con el empeño de acrecentar la obra de nuestros progenitores se lograría le redención de la República. Pero ésta tendrá éxito completo cuando todos nos convenzamos de que urge abandonar el empirismo en todas las manifestaciones de nuestra vida pública, y sean una realidad nacional cuantas reformas se efectúen de acuerdo con nuestro medio, á fin de que no resulten meros fenómenos galvánicos.

La República requiere nacionalizarse, esto es que al Gobierno de la misma concurran cuantas capacidades, cuantas fuerzas vivas é influyentes ella exija para su cabal desenvolvimiento. Desde todas las esferas de la actividad social, como desde las de la actividad política, el pueblo dominicano debe contribuir al esplendor de la patria.

¡Todo está por hacerse, Honorables Representantes! Mas ello no se obtiene dictando leyes desde el periódico oficial, las más de las veces inadecuadas al propósito que las inspirara, sino que sean resultante de las necesidades imperiosamente exigidas por la Comunidad Nacional. La misma legislación civil que rige actualmente en la República – creada para otro pueblo de civilización y de cultura superiores – no respondió cuando su localización á nuestra entonces embrionaria sociabilidad.

De ahí que exista en mí la firme creencia de que con excepción de aquellos dos grandes movimientos nacionales que dieron por resultado la Independencia y la Restauración, nada se ha realizado en la República que demuestre una profunda transformación en nuestras costumbres político-sociales.

Hoy me alienta la esperanza de que merced á un reflexivo estudio a nuestra procelosa historia, todos los organismos que integran el Gobierno del País se hallan en aptitud de emprender reformas reclamadas por la ya más estrecha vida de relaciones que sostiene la República con los demás países del Orbe, y por esa otra ley que impulsa á los pueblos á no quedarse rezagados en el ascensional camino del progreso y de la civilización.

Frente á los fracasos, debe surgir el alto pensamiento de una reforma de conducta. Frente al desastre es necesario oponer la resistente voluntad. Frente al pesimismo ha de aparecer la fé confortadora.

El Gobierno que presido, he de repetirlo, que busca su apoyo en la opinión bien encaminada y patrioticamente dirigida, anhela reformas esenciales en nuestra vida orgánica. Sin perder de vista el grado de cultura alcanzado, la República requiere una Constitución que responda á las finalidades de un Estado moderno; que sus cánones no los dicte solamente el interés político; que á semejanza de los Estados Unidos de América, sólo reciba enmiendas, á medida que aumenta la población, ó que los intereses de todo orden se ensanchen ó dilaten.

Los Ayuntamientos, que son arterias complementarias del Estado, como organismo vivo de la Común, ya que sus funciones son esencialmente populares, deben gozar de la más absoluta descentralización; por que acaso son ellos los que más contribuyen á las grandezas de las Naciones.

La acción tutelar del Estado no se limita exclusivamente a conservar el Orden Público y á imponer la paz; más trascendental su misión, va á las entrañas mismas del País para obtener estos inapreciables bienes; buscar hasta conseguir la mejor forma de tributación y adecuadamente distribuirla; fomentar por todos los medios la instrucción pública, base primordial de los pueblos libres; ayudar a la agricultura, que nunca tuvo las necesarias garantías para su desarrollo; dictar medidas sobre saneamiento de las ciudades, a fin de que la mortalidad no tenga las pavorosas proporciones de que dan cuenta nuestras incompletas estadísticas; sustituir, ya que nuestras relaciones son de completa cordialidad con los demás pueblos, el Ejército con policías que en campos y ciudades contribuyan al mantenimiento del orden y sean apoyo eficaz de los que trabajan, y solamente conservar aquellas indispensables fuerzas de mar y tierra compatibles con nuestros escasos recursos; y, por último dictar leyes generales que sean valladar insuperable á los monopolios, definitivamente condenados por la ciencia.

Con las reformas señaladas y con la instauración de nuevas leyes, se conseguirá el fin supremo de la democracia representativa: la República por todos y para todos.

¡Honorables Representantes!

La comodidad del silencio sirvió muchas veces para ocultar las dolencias nacionales. Los hombres que están hoy al frente de la República no podían sin hacer traición á honradísimas convicciones, dejar de decir cuál es nuestra verdadera situación. Entiendo que es así como se cumple el deber de los mandatarios.

Concluyo, Honorables Representantes del Pueblo, pidiendo al Supremo Hacedor que os inspire en vuestras graves deliberaciones.

                                                                            MORALES L.

Santo Domingo: Febrero de 1905.

 

Carlos Danilo Morales Miller  (Email: carlosdanilomorales@gmail.com)

 

 

Agustín Francisco Morales Languasco. (Datos Biográficos)

Agustín Francisco Morales Languasco.

Diccionario Histórico Biográfico-Rufino Martínez. (Pág.332)

MORALES, Agustín Francisco. Puertoplateño, hermano mayor de Carlos F. Morales Languasco. Nervio de la llamada juventud del 86. Como era de alto y membrudo, así tenía el espíritu de vigoroso, insuperado como resuelto, valeroso y tenaz combatiente de Heureaux, prometía el más gallardo producto de toda la gente moza representativa de los nobles y avanzados propósitos frente a la persistencia de la rutina torpe y vulgar en el manejo de la cosa pública. Carácter entero, asentado sobre la base diamantina del honor, no pudo ser arrastrado ni asimilado por la tiranía, y se fue al exilio el año 1888, no a dejar pasar el mal, sino a conspirar, viajando por las Antillas y el Continente, y sobrellevando con ecuanimidad todos los sacrificios anejos a tan ardua empresa. Unas veces la traición de un compañero, otras, la persecución artera de la tiranía le salieron al encuentro, hallándose siempre alerta e irreductible.

Para el Movimiento de los Bimbines fue el removedor de los obstáculos en la adquisición de recursos de guerra. De la Expedición del Fanita desembarcada en Monte Cristy la madrugada del 2 de junio de 1898, fue el principal hombre de armas. De los primeros combatientes de importancia contra la tiranía era el único en aquella jornada. Unos, muertos ya; otros, acogidos al salvoconducto del tirano; otros, envejecidos; otros, desalentados. Su espíritu convenía más que el del jefe a la postura trágica exigida por la empresa. Pero le faltaba pericia y el don de mando apropiados a un General. Tenía no poco de impulsivo, bien que le adornaban prendas caballerescas que sabía lucir en actuaciones puramente personales.

Pasados los primeros incidentes, el choque con la tropa bajada de la Fortaleza tuvo que ser desfavorable para los expedicionarios, que no habían podido allegar el contingente de hombres con que contaban. Peleando retiróse Agustín Morales al muelle, donde pudo, con unos pocos, ganar un bote, pero tardíamente, porque perseguido por los del Gobierno, no hubo tiempo o tino para bogar el remo hasta alejarse. No por eso dejó de seguir disparando, y malherido fue hecho prisionero en el bote. Llevado a la ciudad, apenas si le alcanzó la vida para pedir agua y bebería con la sangre que le manaba de una herida en el rostro.

Vida de rectitud, de esas capaces del bien y del mal, por ser dueñas de sí, pero a las cuales no es posible tildarlas por un solo acto de desvergüenza. La extinción de un tipo como él en aquella lucha mortal contra la tiranía, significaba más que un combatiente que caía: era un valor simbólico lo que representaba. Sobrepuesto a los intereses materiales, creadores del sosiego y las satisfacciones individuales, perseguía el triunfo de una idea, en cuya realización se cifraba la felicidad colectiva, la de los otros, como quien dice, y por ella dio en holocausto la propia existencia. (Diccionario Histórico Biográfico de Rufino Martínez; Página 332).

 

En auxilio de José Eugenio Kunhardt.

A continuación un fragmento de la biografía de José Eugenio Kundhardt que, en el Diccionario Histórico Biográfico, hace referencia de una acción en la que participó Agustín Morales Languasco. Citamos:

“José Eugenio Kundhardt ocupó puesto de vanguardia como provocador de las autoridades y osado desafiador del peligro. Durmiendo en patios, sótanos o soberados, perseguido de muerte, cualquiera noche salía de su escondite y sorprendía a los agentes de la fuerza pública en plena calle, haciéndoles pasar un mal rato, o parapetado en una esquina promovía una espantosa alarma.

«El año 88 tuvieron esas andanzas su momento culminante; el choque de los jóvenes disidentes del gobierno local sería de mayor significación que el del 86. Antes de lo ocurrido el 88 sucedió que hecho preso Kunhardt, le conducía una tarde un pelotón de gente armada camino de las afueras a pasarlo por las armas. Luperón, desde una ventana de su casa le alcanza a ver cuando le llevan, y sospecha de su pronta muerte. Agustín Morales, ignorante de cuanto está pasando, se halla parado en una esquina. No bien le reconoce Luperón, le vocifera, reclamándole, como «joven valeroso» ir a salvar al compañero que sería fusilado. Agustín, resuelto y arrogante, cruza calles, acorta la distancia por entre patios, y llega a la vista de quienes custodian a su compañero. Da un grito de intimación mientras apunta con su revólver. Dispara y cae un hombre herido; cae otro; Agustín sigue disparando; hay una confusión y tiros en todo sentido, y Kunhardt se escapa”.  Termina la cita.

(Fragmento de la biografía de José Eugenio Kundhardt, Diccionario Histórico Biográfico de Rufino Martínez; Página 255).

 

Actividades independentistas de Agustín Morales en Puerto Rico.

Dirección web: https://www.google.com.do/search?biw=935&bih=642&q=historia+militar+de+puerto+rico+negroni&oq=Historia+Militar+de+Puerto+Rico&gs_

Agustín F. Morales Languasco realizó actividades revolucionarias en Puerto Rico, participando activamente en una importante acción separatista de la isla conocida como la  “Intentona de Yauco” en 1897.

Héctor Andrés Negroni dice textualmente lo siguiente, en su tratado sobre Historia Militar de Puerto Rico (Págs. 306 y 307), citamos:

“En 1897 tuvo lugar el último intento serio de revolución separatista en Puerto Rico. Este intento ha pasado a nuestra historia con los nombres de “Motín de Yauco”, “Intentona de Yauco”, «Levantamiento de Yauco” y “Revolución de San Pedro”.

“Este movimiento revolucionario es, en nuestra opinión, el segundo de mayor importancia en Puerto Rico, y después del “Grito de Lares” debe ser considerado como el de mayor importancia.

“El intento formaba parte de un plan mayor ideado por la Junta Revolucionaria de Puerto Rico a instancias del rico hacendado yaucano Antonio Mattei Lluveras, el General dominicano Agustín F. Morales, Manuel Catalá, Juan Roig, Gerardo Forrest Vélez, Guillermo Velazco, Eduardo Lugo Viñas, Félix Matos Bernier, Tomás Carrión, Fidel Vélez, Juan Nazario, los hermanos cubanos Manuel y José Budet Rivera, junto a numerosos conspiradores de pueblos adyacentes (40:92). Según Corretger, este levantamiento formaba parte del plan dirigido por Betances, organizado por Méndez Martínez, y comandado por el General Juan Rius Rivera, puertorriqueño (26:35).

“De acurdo al plan, Antonio Mattei Lluveras, gracias a su calidad de rico hacendado de caña, logró obtener 30,000 machetes que serían repartidos a los revolucionarios. Entretanto, los hermanos cubanos Budet Rivera establecieron un campo de entrenamiento en la finca perteneciente a Guillermo Velazco localizada en el Barrio Susúa Arriba de Yauco. Gerardo Forrest Vélez y el dominicano Agustín F. Morales se dedicaban a hacer campaña de propaganda por la isla en busca de apoyo. Como parte del plan general, se obtuvo el apoyo del revolucionario cubano Tomás Estrada Palma, quien prometió su ayuda financiera así como 500 rifles y 500,000 cartuchos. Otro revolucionario, Francisco Javier Cisneros ofreció su vapor para conducir 200 hombres de invasión más los pertrechos de invasión al mando del General Agustín F. Morales. La expedición estaba señalada a partir de principios del mes de diciembre de 1897. Como podemos ver, estos preparativos habían sido hechos tomando en cuenta las lecciones del desastre de Lares.

“Desgraciadamente para el movimiento, el plan fue delatado por una indiscreción de uno de los apalabrados llegando a oídos del Gobernador y Capitán General de Puerto Rico por medio del alcalde de Yauco, Francisco Lluch Barreras. Al tenerse noticias de la delación, Fidel Vélez decidió adelantar la fecha del golpe sin consultar ni coordinar su movimiento con ninguno de los otros cabecillas. Varios de los apalabrados se pronunciaron en contra del adelantamiento pero los argumentos no lograron convencer a Fidel Vélez y los suyos. Volvíamos a lo de Lares y con tales antecedentes el movimiento estaba destinado al fracaso.

“Cerca de las diez de la noche del 24 de marzo de 1897 un grupo de entre 60 y 70 hombres mandados por Fidel Vélez emprendió la marcha desde su campamento en Susúa Arriba hacia el pueblo de Yauco. Habían acordado atacar el pueblo con el propósito de asaltar el Cuartel de la Guardia Civil y apoderarse de las armas allí almacenadas. Las autoridades españolas estaban al tanto de los movimientos y tomaron posiciones defensivas cerca del viejo cementerio del pueblo, por donde tendrían que pasar los revolucionarios. La emboscada trabajó y el grupo de Vélez fue recibido con una lluvia de balas por la avanzada de infantería y los guardias civiles. Luego del tiroteo, los revolucionarios emprendieron una retirada campal y ya pata la mañana siguiente eran perseguidos por los montes por tropas del Batallón Patria, que había estado alerta “.

La Viña de Naboth, Sumner Welles y Horacio Vásquez.

Se incluye una transcripción parcial del libro “MEMORANDUM RELATIVO A LA INTERVENCIÓN DEL SEÑOR BENJAMÍN SUMNER WELLES EN LA REPÚBLICA DOMINICANA”.

Benjamín Sumner Welles, autor de La Viña de Naboth, era de nacionalidad norteamericana. Llegó a la República Dominicana, como diplomático, el 28 de julio de 1922 cuando fue designado Comisionado del Presidente de los Estados Unidos, con la misión de observar e informar a dicho Presidente durante la etapa final de la ocupación militar norteamericana.

Cuando se publicó La Viña de Naboth, que ha sido el tratado más influyente sobre historia dominicana, su importancia consistió en ser una obra detallada y bien estructurada cronológicamente sobre una etapa de la historia dominicana, cuando hasta el momento de su publicación sólo se habían escrito un par de resúmenes sobre la materia y, como refiere su autor en el primer párrafo de la bibliografía de dicha obra, le fue posible escribirla gracias a la gran cantidad de material inédito que le fue facilitado, cuando dice textualmente, cita:

“El autor de este libro no habría podido escribirlo, si no hubiese contado con suficiente material inédito. Si se exceptúa la publicación de vez en cuando de artículos sobre puntos históricos, y si se exceptúa también la historia de don Manuel Ubaldo Gómez, la de don Bernardo Pichardo y algún otro sumario, se puede afirmar que la literatura histórica dominicana carece de una obra detallada que abarque los acontecimientos de los últimos tiempos”. (La Viña de Naboth, Pág.469, Tomo II)

El cuarto párrafo de la misma bibliografía dice:

“Me es imposible expresar la extensión de mi obligación de agradecimiento a Su Excelencia, el General Horacio Vásquez, Presidente de la República Dominicana, por su ayuda personal, facilitándome información detallada de su participación en la historia de su país durante los últimos cuarenta años, en que le ha tocado un papel tan importante. Me ha concedido generosamente su tiempo y su atención, aunque se ha esforzado en refrenarse de modo que su información no tenga el colorido del interés personal, cuando trata de hombres y sucesos que han actuado como él en dirigir los destinos de la República en los últimos años del siglo XIX y en los primeros del siglo XX.” (Pág.469, Tomo II)

Como el mismo Welles reconoce, en esa bibliografía, la mayor parte del material inédito que utilizó para escribir ese tratado, sobre historia dominicana, le fueron servidas por el Presidente Horacio Vásquez, quien nunca tuvo afinidad con el Presidente Morales Languasco, lo que ha sido de una influencia importante para que éste haya sido proyectado de la manera más negativa, como el responsable de poner la soberanía nacional en manos de los Estados Unidos de América, lo que realmente tuvo su origen y razón en el Protocolo del 31 de enero de 1903, firmado durante el Gobierno Provisional del propio Horacio Vásquez, acuerdo al que Welles se refiere de manera muy vaga como un simple acuerdo de pago «con fines de mejorar la agricultura» (¿?), asunto no contemplado en el Protocolo que incluye como anexo, como tampoco refiere hasta qué punto se comprometió con este acuerdo la soberanía nacional.

La Viña de Naboth, en sus narraciones influenciadas por el principal colaborador del autor, ha sido utilizada como fuente primaria de información de muchos historiógrafos y, en consecuencia, ha contribuido considerablemente a perpetuar muchas de las falsedades que sobre Morales Languasco se han escrito en dicho tratado, tergiversando así esa parte de la Historia Dominicana.

Un ejemplo de lo que planteamos es lo que refiere La Viña de Naboth sobre el proyecto de «Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad», propuesto por el Gobierno Provisional de Morales Languasco al de los Estados Unidos el 8 de enero de 1904. Dice que el referido Proyecto de Tratado proponía que Estados Unidos «asumiera la dirección del fisco en la República Dominicana como garantía de los pagos anuales sobre la deuda extranjera de la Nación». (Ver: La Viña de Naboth, Pág. 79, Tomo II). Lo que es falso, ya que el referido proyecto de Tratado ponía como principal condición, en el artículo 1, la «Garantía de la Independencia Dominicana y soberanía de su territorio por el Gobierno de los EE.UU. durante el tiempo del Tratado», y el artículo 6 decía textualmente lo siguiente:

Art. 6. “Se concederá así mismo a los EE.UU. el permiso para establecer faros en las costas dominicanas, debiendo la República Dominicana conservar la soberanía sobre estos puntos y el derecho de percibir y utilizar los impuestos que se cobren a los buques que hagan el tráfico en dichas costas, lo mismo que todo impuesto aduanero o fiscal que se devengue según las leyes del País por las aduanas y demás oficinas nacionales existentes o que se creen en las bahías y puertos de Samaná y Manzanillo”.

Observación: El texto completo del proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad, puede verse en el blog: carlosmoraleslanguasco.com .

Sobre Benjamín Sumner Welles, autor de La Viña de Naboth.

Para mayor ilustración de lo que planteamos, a continuación transcribimos una parte del libro “Memorándum Relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana”, presumiblemente escrito por el intelectual Julio Ortega Frier, con el título: “Mediante iniciativas propias”. Citamos:

C- Mediante iniciativas propias.

Memorándum relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana.

154.- (Pág. 171) Pero la Obra maestra de la propaganda del Ex Comisionado a favor del Presidente dominicano está contenido en los dos gruesos volúmenes que dedicó a enaltecer, para beneficio de los lectores norteamericanos, la figura del General Horacio Vásquez, en la vida pública dominicana.

Nos referimos, naturalmente, al libro que escribió bajo el título de “La Viña de Naboth”, y el subtítulo de “La República Dominicana, 1844-1924”, publicado por Payson & Clarke Ltd., de New York, en el año 1928; es decir, en el momento mismo en que la República Dominicana, restaurada sólo cuatro años antes, después de la Ocupación militar norteamericana, era empujada de nuevo, por los esfuerzos de Sumner Welles para hacer triunfar la prolongación del período presidencial del General Horacio Vásquez, hacia el tipo de actuaciones políticas que había mantenido, hasta la Ocupación Norteamericana, en un estado de tragedia permanente.

Aquella obra, que originalmente se tenía ideada como una simple biografía del caudillo que ella enaltecía, según lo veremos luego en la propia correspondencia de su autor, fue redactada al fin de una pretendida “biografía” de la República, o historia de la vida independiente del pueblo dominicano, con el objeto de situar en aquella al General Horacio Vásquez como la figura central de la epopeya en que se encarnan los esfuerzos y sacrificios de los hijos de la parte española de Santo Domingo por conservar su patrimonio espiritual y mantenerlo, al amparo de las instituciones libres, como nación soberana e independiente.

Para trazar así ese cuadro Welles hace del caudillo del 26 de julio de 1899, y jefe de todas las asonadas que, desde entonces, ensangrentaron el suelo patrio, el paladín del civismo en Santo Domingo; del dictador y encarcelador de 1902-1903, el máximo liberal de nuestra vida independiente; del Vice-Presidente revolucionario del 26 de abril de 1902, autor después de la rotura de la alianza y beneficiario de la prolongación de 1928, el sostén de la libertad política; y, en fin, del derrochador de 1924-1928, el perfecto administrador de la hacienda pública dominicana. Lo representa, además, como a Naboth mismo, prefiriendo el propio sacrificio y el de los suyos al menoscabo del patrio solar, y anteponiendo, por lo tanto, la independencia de su pueblo a su propio medro político; cuando ya, en su propia correspondencia secreta con la Cancillería norteamericana, lo había señalado como dispuesto a aceptar la subordinación de las fuerzas armadas de la República a una misión militar norteamericana, y después de haberlo empujado a pedir, voluntariamente, la prolongación de la Convención Financiera domínico-americana, y de haberlo constreñido a imponerle al Congreso y al pueblo de Santo Domingo ese tratado, en condiciones que implicaban la espontanea aceptación del derecho del Gobierno de los Estados Unidos a mantener cercenada nuestra soberanía, y hasta de suplantar totalmente la autoridad de la República, por la que ejerciera un pelotón de soldados americanos.

 155.- (Pág. 173) Para esto, mientras Welles dedica, al reseñar la vida independiente del pueblo dominicano, no más de unas cuantas páginas a la epopeya de febrero de 1844, con sólo ocasionales referencias a Juan Pablo Duarte y a los otros paladines de ese arresto heroico, al escenario en que se movió la actividad política del General Horacio Vásquez le dedica todo un volumen, el más extenso de su obra. Y en ese volumen el agricultor de Tamboril está en el foco de todos los acontecimientos, aun cuando en ellos no hubiera figurado sino con lamentaciones desde playas extranjeras.

Esta exageración, con la que se ha pretendido consumar una monstruosa dislocación de la verdad histórica, salta a la vista de cualquier lector que conozca, siquiera superficialmente, la vida dominicana. Su valor nocivo como propaganda es así prácticamente nulo para los dominicanos. Pero Welles no erró el tiro al realizarla. El no escribía, en efecto, para los dominicanos, ni para los que no siéndolo, conocieran nuestra historia nacional. Escribía sólo para los norteamericanos; y, muy especialmente, para aquellos sobre quienes quisiera practicar alguna maniobra de captación, como la que llevó a cabo con el honrado e incauto General Dawes. Y la prueba de este aserto resultaría completa de la circunstancia de que no le hiciera traducir al castellano, para pavonearse ante el público de América hispana, al que siempre le ha dirigido miradas galantes, si él mismo no lo hubiera confesado, en carta que le dirigiera al General Horacio Vásquez, para justificarse de haber tratado en ella con cierto realismo a su hermano el Lic. Leonte Vásquez. Allí le dice en efecto:

“El Ministro Morales (*) me transmitió el mensaje de Ud. referente a lo que digo en mi libro acerca de Don Leonte Vásquez. Siento mucho no haber podido discutir ese asunto con Ud. la última vez que estuve en Santo Domingo. Ello me hubiera ayudado mucho en mi sincero deseo de ser imparcialmente justo hacia todos los que menciono en el libro. Naturalmente, en mi condición de extranjero, a veces miro las cosas desde un punto de vista distinto al de los dominicanos.; y, por este motivo, pude fácilmente haberme equivocado y caído en error. Hablando francamente, creí que lo que había escrito sobre Don Leonte era la realidad. Un libro escrito sobre todo para los lectores de los Estados Unidos, no puede muy bien discutir enteramente y con detalles la vida de los dominicanos a quienes haga referencia, y por esta razón me limité a expresar la impresión que formé de la vida pública de Don Leonte DESPUÉS DE HABER CONVERSADO CON UD. y con otras personalidades de la República que lo habían conocido, y no mencioné lo atractivo de su personalidad ni muchas prendas que lo adornaban” (Copia fotostática de la carta en inglés se anexa en el memorándum).

(*) Se refiere al Lic. Ángel Morales, sin vínculo familiar con Morales Languasco.

Memorándum relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana. (Pág. 175)

Por lo demás, cuanto hay en “La Viña de Naboth” referente al General Horacio Vásquez que pueda atribuirse sin dificultad al propio Sumner Welles, no es sino la insinceridad de la intención, la falsedad o superficialidad de los juicios, y, sobre todo, lo deplorable del estilo en los pasajes que parecen haber escapado a la lima de su excelente secretaria de entonces. Los datos, que aun en aquellos casos en que el autor no podía hablar por experiencia personal, ni respaldarse en literatura generalmente conocida, carecían de apoyo documental o de reenvío a otras fuentes justificativas, le fueron suministradas por el propio biografiado, acomodados por la lisonjera solicitud de sus íntimos locales. 

  1. Memorándum relativo a la Intervención de Sumner Welles en la República Dominicana. (Pág. 176)

Y la precedente aserción no descansa en meras conjeturas, sino en el reconocimiento de ese hecho que resulta de la correspondencia privada del propio Sumner Welles, del Presidente Vásquez y del Ministro Morales. El Presidente dominicano, por ejemplo, le dice sobre el particular a Welles en carta del 22 de marzo de 1927 (copia fotostática está anexa al memorándum) lo siguiente:

“A manos del amigo señor Leo Ricart y Olives, tengo el gusto de devolverle las notas biográficas que Ud. me remitió hace algunas semanas para mi conocimiento, y para que le hiciera las modificaciones que juzgare adecuadas para la mejor precisión de los acontecimientos que ellas relatan.

“Parece que la información que sirvió a usted de orientación para la redacción de ese valioso trabajo, provino de diferentes fuentes, y de ahí que haya tenido que aclarar algunos puntos de importancia histórica e intercalar en el texto modificaciones que he estimado convenientes para completar esta narración cuyo éxito ya Ud. tiene asegurado, por el acierto y tino que prevalece en ella.

“Le ofrezco mis excusas por no haber podido enviar a sus manos en más breve tiempo el trabajo aludido; por demás, poderosas circunstancias del incesante trabajo de la administración espero que me justifiquen ante Ud.

“Próximamente le enviaré notas concernientes a acontecimientos posteriores a la fecha en que Ud. termina su relato.

 A lo que Welles contesta, en carta del 7 de junio de 1927, (copia fotostática anexa al memorándum) diciendo:

“No puedo agradecerle de manera debida toda esa ayuda tan valiosa que me ha resultado en la preparación de mi libro esa corrección y esa enmendación del borrador de nuestras conversaciones del año pasado que me mandó Ud., últimamente. Me llegó a tiempo, y me ha servido grandemente en la terminación de los últimos capítulos. Ya sé cuánto tiempo le habrá quitado en sus días llenos de ocupaciones públicas”

158- (Pág. 177) Es, pues, evidente que “La Viña de Naboth”, con toda su grandilocuencia y no obstante su camuflaje de sentimientos nobles y pensamientos elevados, no es, en la intención, sino una obra de propaganda destinada a engrandecer la figura política del General Horacio Vásquez y a ayudarlo en la realización de las infinitas maniobras con que ensombreció la vida del pueblo dominicano. Y, por lo que hemos visto antes, otro tanto podría decirse del objeto oculto de la Misión Dawes, no obstante la indiscutible buena fe y el propósito altruista de su Presidente y de los verdaderos técnicos que la integraban. 

Fin de la transcripción.

Puede el lector sacar sus propias conclusiones.

Carlos Danilo Morales Miller  (Email: carlosdanilomorales@gmail.com)

El Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad. (1904)

Proyecto de «Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad» propuesto por el Gobierno Provisional del Presidente Carlos F. Morales Languasco al Gobierno de los Estados Unidos en fecha 8 de enero de 1904.

(Incluido el texto íntegro del proyecto de Tratado)

El Gobierno Provisional de La Unión, compuesto por jimenistas y horacistas y encabezado por Carlos F. Morales Languasco, asumió oficialmente el poder el 25 de noviembre de 1903. A la semana siguiente, el día 2 de diciembre, el Gobierno Provisional solicitó su reconocimiento ante todos los países con representación diplomática en la República Dominicana (incluido los Estados Unidos) mediante Circular No. 189 de esa fecha. (Ref.: AGN. Ministerio de lo Interior y Policía. L-193-194 E-1 de 1904).

El 8 de enero de 1904, el Gobierno Provisional decidió enviar a Washington a su ministro de Relaciones Exteriores Juan Francisco Sánchez para que, de manera expresa, diligenciara su reconocimiento ante el Gobierno de los Estados Unidos y gestionara la concertación de un proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad que proponía algunas facilidades para la República Dominicana semejantes a las que existían comercialmente entre Estados Unidos y Cuba, como refiere el proyecto de Tratado en el artículo No. 2; y en el No.3 solicitaba facilidades suficientes para el pago de la deuda con acreedores extranjeros, aunque en esos días ya los árbitros del Tribunal Arbitral, constituido en virtud del Protocolo de enero de 1903, se encontraban en Washington deliberando sobre ese acuerdo que sólo contemplaba obligaciones de la República Dominicana para con los Estados Unidos, que en las negociaciones fungía como representante de la compañía norteamericana San Domingo Improvement.

Aunque algunos autores plantean que los norteamericanos ayudaron al Presidente Morales Languasco y a la Revolución de La Unión a tomar el poder, el Gobierno Provisional no fue reconocido por el de los Estados Unidos sino hasta el 19 de enero de 1904, dos meses después de haber asumido la Presidencia de la República.

Sobre el proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad, Benjamín Sumner Welles, autor del tratado sobre historia dominicana “La Viña de Naboth”, posiblemente el más influyente entre los historiógrafos modernos, cuyo contenido fue marcado de manera muy importante por las opiniones del General Horacio Vásquez, (ver la Bibliografía de La Viña de Naboth, Tomo II, Pág. 469), dice textualmente lo siguiente sobre el proyecto de Tratado en cuestión :

“Tan pronto hizo su primera entrada a la Capital el Presidente Provisional Morales, informó al Ministro Americano que él tenía la intención de enviar al General Juan Francisco Sánchez a Washington como su Agente Especial, con el objeto de llevar a cabo negociaciones para un tratado por el cual la República estaría bajo la protección de los Estados Unidos por un período de cincuenta años, asumiendo aquella Nación la dirección del fisco en la República Dominicana como garantía de los pagos anuales sobre la deuda extranjera de la Nación. Dicho tratado debía establecer la reciprocidad de los dos países e incluir el arrendamiento de la bahía de Samaná y la bahía de Manzanillo a los Estados Unidos”. (La Viña de Naboth. Pág. 79, Tomo II).

Fin de la cita.

Este mismo planteamiento ha sido repetido por muchos otros autores. A continuación, presentamos la reproducción textual del proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad, para que el lector pueda constatar una de las mentiras de nuestra historia que ha sido repetida innumerables veces.

   Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad

                                               (Texto íntegro)

                                              CARLOS F. MORALES L.

                       Presidente del Gobierno Provisional de la República.

En la ciudad de Santo Domingo, Capital de la República, a los ocho días del mes de enero de 1904, reunidos en sesión extraordinaria y secreta los miembros que componen el Gobierno Provisional, a saber:

General Carlos F. Morales Languasco, Presidente

General Miguel Román, hijo. Ministro de Interior y Policía, Encargado de los Despachos de Guerra y Marina.

General Juan Francisco Sánchez, Ministro de Relaciones Exteriores.

Licenciado Pelegrín Castillo, Ministro de Justicia e Instrucción Pública. Encargado de Correos y Telégrafos.

Ciudadano Enrique Pou, Ministro de Hacienda y Comercio.

Ciudadano Eladio Victoria, Ministro de Fomento y O.P.

Ciudadano Fabio J. Fiallo, Subsecretario de Interior y Policía.

Manifestó el Señor Presidente Morales, y puso en claro la situación del País que exige hoy una solución sabia y patriótica para evitar la continuación del estado anárquico por que atraviesa la República, que era de perentoria necesidad, para afianzar el Gobierno y robustecer el propósito de salvar el País de los horrores de continuas revueltas políticas, tratar de obtener sin demora el reconocimiento del Gobierno Provisional por el de los Estados Unidos de América, y que al efecto proponía el envío de un comisionado especial, para cuyo objeto, indicaba desde luego al General Juan Francisco Sánchez, Ministro de Relaciones Exteriores, quien sería investido de facultades amplias y suficientes para tratar con el Gobierno de Washington sobre el reconocimiento mencionado y sobre otros puntos de alta importancia que le serán confiados.

La proposición acogida favorablemente dio lugar a que cada miembro del Gobierno Provisional expresara sus ideas a este respecto, resultando que se tomara una Resolución en el sentido que se expresará adelante y la cual firmarán todos los miembros que concurrieron a la sesión secreta.

                                   El Gobierno Provisional de la República

                                                       Resuelve:

Que se envíe al General Juan Francisco Sánchez, Ministro de Relaciones Exteriores como Enviado Especial y Agente Confidencial, cerca del Gobierno de Washington y al efecto le otorga por el presente documento facultad bastante y suficiente cuanto en derecho fuere necesario para que diligencie en Washington el reconocimiento del Gobierno Provisional y para que en nombre y representación someta un proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad con las bases siguientes:

Garantía de la Independencia Dominicana y soberanía de su territorio por el Gobierno de los EE.UU. durante el tiempo del Tratado;

2° Introducción de los productos de la industria dominicana por los puertos de la Unión Americana, bajo las bases concedidas a la República de Cuba;

3° El pago de las deudas externas de la República por medio de amabilidades suficientes para cubrir los compromisos contraídos con acreedores extranjeros;

4° Ayuda necesaria para mantener el orden interior en el territorio dominicano y en caso de guerra internacional, apoyo directo para sostener la guerra;

Para poner en condiciones de los EE.UU. de mantener la Independencia de Santo Domingo y proteger el orden interior, el Gobierno Dominicano arrendará por el tiempo de este Tratado, al de la Unión Americana, los terrenos necesarios para establecer estaciones carboneras o navales en las Bahías de Samaná y Manzanillo en ciertos puntos de dichas bahías;

Se concederá así mismo a los EE.UU. el permiso para establecer faros en las costas dominicanas, debiendo la República Dominicana conservar la soberanía sobre estos puntos y el derecho de percibir y utilizar los impuestos que se cobren a los buques que hagan el tráfico en dichas costas, lo mismo que todo impuesto aduanero o fiscal que se devengue según las leyes del País por las aduanas y demás oficinas nacionales existentes o que se creen en las bahías y puertos de Samaná y Manzanillo.

Dado en Santo Domingo, fecha ut supra y firmado para que surta los efectos indicados.

El Presidente del Gobierno Provisional

                  Firma

Ministro de Interior y Policía, Encargado de los Despachos de Guerra y Marina.

                  Firma

Ministro de Relaciones Exteriores.

                Firma

Ministro de Justicia e Instrucción Pública. Encargado de Correos y Telégrafos.

                 Firma

Ministro de Hacienda y Comercio.

                 Firma

Ministro de Fomento y O.P.

                Firma

Subsecretario de Interior y Policía.

                Firma

Nota de la administración del blog:                                                                                                        Luego de ver la transcripción fiel de los términos del proyecto de Tratado de Amistad y Reciprocidad, propuesto por el Gobierno Provisional de Morales Languasco al de los Estados Unidos, podrá el lector comprobar que, aunque se solicitaban facilidades para el pago de la deuda pendiente con acreedores extranjeros, no se planteaba el manejo de las finanzas dominicanas por parte de los Estados Unidos, como afirman algunos historiógrafos.
Este proyecto de Tratado fue desestimado por el gobierno de los Estados Unidos en razón de que suponía beneficios para la República Dominicana, mientras que lo que convenía a sus intereses ya estaba encaminado en el Tribunal Arbitral que se encontraba deliberando en Washington sobre el pago a los Estados Unidos de la deuda que el Estado dominicano tenía pendiente con la compañía norteamericana San Domingo Improvement, en virtud de lo acordado en el Protocolo de enero de 1903 suscrito por Horacio Vásquez con los Estados Unidos.
Posteriormente, el 14 de julio de 1904, el Tribunal Arbitral emitió su fallo, en el que se estableció la forma de pago y las garantías respecto a la citada deuda. Sin embargo, aunque el «proyecto de Tratado de Amistad y Reciprocidad» propuesto por el Gobierno de Morales fue rechazado, cuando hubo que hacer frente a los compromisos del Laudo Arbitral, que era otra cosa, de origen diferente y sólo imponía obligaciones para la República Dominicana, no falta quien maliciosamente plantee que el Laudo, la Convención y el Modus Vivendi se ajustaban a los viejos planes de Morales Languasco para favorecer los intereses norteamericanos desde que asumió la Presidencia.

Antecedentes de la Primera Intervención Militar Norteamericana del Siglo XX.

Acuerdos Financieros.

El Protocolo de 1903.

Un Protocolo, o acuerdo internacional suscrito el 31 de enero de 1903 por el Gobierno de la República Dominicana, presidido por el General Horacio Vásquez, con el de los Estados Unidos de América, establecía en el artículo I que el Gobierno Dominicano pagaría al Gobierno de los Estados Unidos los US$ 4.5 millones acordados respecto a las propiedades e intereses que la compañía norteamericana San Domingo Improvement & Co. tenía en la República Dominicana, para que ésta terminara sus actividades en el territorio nacional.

El mismo artículo I del Protocolo también incluía la creación de un Tribunal, compuesto por tres árbitros, que se establecería en Washington y determinaría todo lo concerniente al pago de la deuda. Los tres árbitros deberían ser nombrados: uno por el Presidente de los Estados Unidos; uno por el Presidente de la República Dominicana, y el tercero sería nombrado conjuntamente por ambos Presidentes; pero, en caso que éste no hubiese sido designado dentro del plazo de sesenta días, desde la fecha de la firma del Protocolo, entonces el Gobierno dominicano lo elegiría de entre los miembros de la Suprema Corte, o de las Cortes de Apelaciones de Circuito de los Estados Unidos.

Aceptando la participación directa de Estados Unidos para representar a la San Domingo Improvement, respecto a la deuda que el Estado dominicano mantenía con esa compañía norteamericana, se otorgó base legal a esa nación para intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana. A partir de esa fecha los majestuosos buques de guerra norteamericanos hicieron presencia de manera permanente en los principales puertos aduaneros dominicanos.

El 8 de diciembre de 1903 el Gobierno de La Unión, presidido por Carlos F. Morales Languasco, envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Francisco Sánchez, a Washington con la misión de obtener el reconocimiento de su Gobierno, por parte del de los Estados Unidos, y de proponer a ese gobierno un “Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad” aunque ya se encontraban deliberando en esa ciudad los árbitros del Tribunal Arbitral que habían sido designados en virtud del Protocolo de enero de 1903.

Sobre lo precedentemente citado hay autores, que han promovido dos falsedades:

  • Que los Estados Unidos ayudaron a Morales Languasco a llegar a la Presidencia de la República, aunque nadie especifica cómo, mientras que su Gobierno fue reconocido por el de los Estados Unidos el 19 de enero de 1904, aproximadamente dos meses después haber asumido la Presidencia de manera oficial.
  • Que el Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad propuesto a los Estados Unidos pretendía poner las finanzas de la República Dominicana bajo el control de esa nación, lo que no figura en ninguna parte de su articulado. Todo lo contrario, en su artículo 1° planteaba el respeto a la Independencia y a la Soberanía Nacional, así como en el artículo 6° el total control de las finanzas por el Gobierno dominicano, mientras que en el Protocolo sólo se establecían obligaciones. El Proyecto de Tratado de Alianza, Amistad y Reciprocidad fue desestimado sin mucho preámbulo, por los norteamericanos, porque con el Protocolo de enero de 1903 ya los Estados Unidos habían obtenido los derechos legales necesarios para sus propósitos.

El Protocolo de enero de 1903 produjo una cadena de instrumentos internacionales, generando de manera directa e inmediata el Laudo Arbitral de 1904, posteriormente las convenciones de 1905  y de 1907, culminando con la intervención militar de 1916.

El Laudo Arbitral de 1904.

El Tribunal Arbitral, creado originalmente en virtud del Protocolo de enero de 1903, dictó su fallo el 14 de julio de 1904. Pero el Laudo producido por dicho Tribunal no fue posible ponerlo en práctica por las circunstancias imperantes en la República Dominicana, debido principalmente a debilidades institucionales y económicas que no le permitían al Gobierno subsistir cubriendo los requerimientos administrativos del Estado y, a la vez, cumplir con los compromisos financieros, relativos a la deuda, establecidos en el Laudo.

Así lo informó a su Gobierno el Ministro Residente norteamericano Thomas C. Dawson a fines de 1904, que en las condiciones en que se encontraba el país era materialmente imposible cumplir con los términos del Laudo. Fue así como entonces tuvieron que negociar un nuevo acuerdo financiero, en términos diferentes para que se adaptara a las posibilidades económicas dominicanas, pero sobre las mismas bases del Laudo.

(Referencia: La Moneda, la Banca y las Finanzas en la República Dominicana, Pág. 148- Julio C. Estrella).

Convenciones de 1905.

En razón de que los instrumentos precedentemente citados estaban íntimamente vinculados, tanto el Protocolo de enero de 1903 como su apéndice inmediato, el Laudo Arbitral, se referían de manera exclusiva al pago de la deuda que el Estado dominicano tenía pendiente con la compañía norteamericana San Domingo Improvement Co., que al producirse el fallo produjo una reacción de protesta por parte de los tenedores de bonos europeos, que así veían disminuidas las posibilidades de cobrar los valores que se les adeudaba, que eran cuatro veces superiores a la deuda pendiente con la compañía norteamericana que había pasado a ser representada por el Estado norteamericano.

Tanto la imposibilidad material de poner en ejecución el Laudo Arbitral, como la reacción de los tenedores de bonos europeos, forzó la negociación de un nuevo pacto que modificaba el Laudo Arbitral, aunque algunos autores dicen que lo invalidaba, y otros refieren que el Presidente Morales Languasco se decidió por un nuevo acuerdo lesivo para la República, aunque seguía tratándose del mismo asunto, pues no era posible invalidar el Laudo sin cumplir las obligaciones que en él se acordaban. Porque este nuevo acuerdo (la Convención) estaba orientado a honrar los mismos compromisos sobre las mismas bases del Laudo, sólo que se adecuaba a las posibilidades materiales que permitieran ponerlo en práctica, además de que se incluía la deuda pendiente de pago a los tenedores de bonos europeos cuyas naciones habían trasladado hacia las costas dominicanas, a fines de 1904, diez imponentes buques de guerra con intenciones de ocupar por la fuerza las aduanas y cobrarse por cuenta propia las acreencias pendientes de sus connacionales que rondaban los 18,6 millones de dólares.

A fines de 1904 se habían sumado esos diez buques de guerra europeos (de Alemania, Francia, Italia, Holanda y España) a los cinco cruceros norteamericanos que alternándose hacían presencia de manera permanente en los principales puertos aduaneros dominicanos desde la firma del Protocolo de enero de 1903. De manera que, en un momento, hubo quince (15) buques de guerra en el asedio que se impuso a la pequeña república caribeña.

Varios de los buques de guerra europeos que llegaron al asedio de la República Dominicana, a fines de 1904, habían participado en el bloqueo de los principales puertos de Venezuela, a fines de 1902 y principios de 1903, donde bloquearon los puertos, bombardearon algunos poblados costeros, capturaron varios buques de la armada venezolana poniéndolos al servicio de Su Majestad el Rey de Alemania con todo y sus tripulaciones. Un par de éstos buques venezolanos fueron sacados a alta mar, por los alemanes, donde fueron hundidos.

Este conflicto en Venezuela, similar al que ocurrió en la República Dominicana, fue generado por el anuncio del Gobierno de suspender temporalmente el pago de la deuda de un empréstito conocido como del “Ferrocarril de Venezuela” o del “Ferrocarril Alemán”, que culminó con la intervención de Estados Unidos como árbitro imparcial y con la firma de un Protocolo en Washington, el 13 de febrero de 1903, que determinaba todo lo concerniente al pago de esa deuda. (En la época Venezuela tenía diez buques de guerra, mientras que la República Dominicana tenía sólo dos).

Al Laudo Arbitral le siguió la Convención del 20 de enero de 1905 y debido a algunos aspectos que el Gobierno norteamericano decidió modificar porque se entendía que correspondían a un protectorado. Esas modificaciones dieron lugar a otra Convención que se firmó el 7 de febrero de 1905.

En los “Por Cuanto”, tanto el Laudo Arbitral como la Convención de 1905, se refieren a lo mismo. Los motivos del pago de la deuda; en el Laudo se refiere sólo a la deuda de la San Domingo Improvement; y en la Convención a todos los acreedores, además puntualiza sobre el peligro inminente y a la apremiante amenaza de intervención de parte de naciones (europeas) cuyos súbditos tenían reclamaciones ya establecidas o por establecer.

El artículo I del Laudo se refiere a la forma de pago, a los Estados Unidos, de la deuda pendiente con la San Domingo Improvement, así como la forma en que serían transferidos los bienes. En artículo I de la Convención se refiere a lo mismo, sólo que en ésta el Gobierno de los Estados Unidos conviene en hacerse cargo de todas las obligaciones que tiene el Gobierno Dominicano, tanto extranjeras como interiores.

Los artículos 2,3 y 4 del Laudo se refieren al pago de interés del monto adeudado y de las garantías. Los artículos 2 y 3 de la Convención se refieren a lo mismo, solo en ésta agrega que los Estados Unidos se hará cargo de las aduanas, que fue la exigencia de los europeos, que no aceptaban otra fórmula, así como de la distribución de las recaudaciones.

De manera que, si se comparan los articulados del Laudo Arbitral con los de la Convención, la única diferencia es la inclusión de la deuda de los acreedores europeos y las condiciones exigidas por éstos.

El Modus Vivendi.

La Convención del 7 de febrero de 1905 fue sometida por el Presidente norteamericano al Senado de Estados Unidos el día 15 de ese mismo mes, pero este órgano cerró su período legislativo sin conocerla. Debido a las amenazas de desembarco de las fuerzas imperiales europeas (principalmente de las alemanas) para apoderarse de las aduanas, el 31 de marzo de ese mismo año el Presidente Morales Languasco emitió un Decreto poniendo en ejecución, de manera administrativa, la referida convención, lo que se conoce como el Modus Vivendi.

Toda esta cadena de instrumentos, o de acuerdos internacionales, creados para formalizar el pago de toda la deuda (externa e interna) de la República Dominicana, estaban vinculados consecutivamente unos con otros. Luego siguió la Convención de febrero de 1907, que no fue más que la ejecución formal de la Convención no sancionada de 1905, con pequeñas variantes, que había funcionado como el Modus Vivendi desde el 1 de abril de 1905.

Luego siguió la intervención norteamericana realizada en nombre de los acreedores extranjeros el 29 de noviembre de 1916, motivada por la inestabilidad política que influía negativamente en el pago de la deuda. La intervención se mantuvo hasta el 12 de julio de 1924 y la deuda fue finalmente saldada el 24 de septiembre de 1940 con la firma del Tratado Trujillo-Hull.

Convención Dominico-Americana del 7 de febrero de 1905.

La Convención Dominico-Americana de 1905 fue un instrumento jurídico suscrito por los presidentes de la República Dominicana y de los Estados Unidos con fines de concretar el pago de la deuda externa dominicana de acuerdo con los términos establecidos por el Tribunal Arbitral, conformado por dos jueces norteamericanos y uno dominicano, que fuera creado en virtud del Protocolo del 31 de enero de 1903, cuyo fallo conocido como el «Laudo Arbitral», fue emitido el 14 de julio de 1904.

Carlos Danilo Morales Miller         Correo: carlosdanilomorales@gmail.com

 

Convención Dominico-Americana de 1905.-
(Texto íntegro)

Por cuanto el Gobierno Dominicano en atención a las deudas que agobian a la República Dominicana, al peligro inminente y a la apremiante amenaza de intervención de parte de naciones cuyos súbditos tienen reclamaciones ya establecidas o por establecer, hallándose como se halla, imposibilitado de cumplir perentoriamente sus compromisos por el estado a que han traído la Hacienda Pública los disturbios políticos y otras concausas, dando lugar a que esos compromisos se venzan sin haberlos podido cubrir ni siquiera sus intereses, desea llegar a un arreglo con todos sus acreedores y que el Gobierno consiga asegurar la percepción regular de suficientes ingresos para el pago de su administración interior y el mantenimiento de su autonomía administrativa sin ninguna interrupción por las exigencias de acreedores extranjeros o por disturbios políticos interiores; y

Por cuanto el Gobierno de los Estados Unidos de América previendo una tentativa de parte de gobiernos del otro hemisferio de opresión o control sobre los destinos de la República Dominicana, como manifestación de enemistad hacia los Estados Unidos, está dispuesto, según los deseos del Gobierno Dominicano, a prestarle su ayuda para efectuar un arreglo satisfactorio con todos los acreedores de éste, obligándose a respetar la completa integridad de la República Dominicana.

El Gobierno Dominicano representado por el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, ciudadano Juan Francisco Sánchez, el Secretario de Estado de Hacienda y Comercio, ciudadano Federico Velázquez H., y el Gobierno de los Estados Unidos representado por su Ministro Residente señor Thomas C. Dawson, han convenido y pactado lo siguiente:

Artículo 1º. El Gobierno de los Estados Unidos conviene en hacerse cargo de todas las obligaciones que tiene el Gobierno Dominicano tanto extranjeras como interiores; del arreglo de los pagos y las condiciones de amortización; de la consideración de las reclamaciones conflictivas e irrazonables; y determinar la validez y el monto de todas las reclamaciones pendientes de arreglo.

A) Si para llegar a estos arreglos es necesario el nombramiento de una o más comisiones, el Gobierno Dominicano deberá hallarse representado en dichas comisiones.

Artículo 2º. Para poner en condiciones al Gobierno de los Estados Unidos para prestar la ayuda arriba mencionada, se hará cargo de las aduanas existentes y de las que en adelante pueden ser creadas; nombrará los empleados necesarios para su manejo, y recaudará y se hará cargo de todas las entradas de aduana. Estos empleados estarán sujetos a la jurisdicción civil y penal de la República Dominicana. El Gobierno Dominicano podrá nombrar en cada una de las aduanas un empleado, con el objeto de hacer la inspección necesaria en beneficio de los intereses de los dominicanos.

Artículo 3º. De las entradas que se recauden en todas las aduanas de la República le entregará el Gobierno de los Estados Unidos al Gobierno de la República Dominicana, una suma que no podrá bajar del 45% del total bruto recaudado para atender a las necesidades del Presupuesto Administrativo, los cuales recibirá el Gobierno Dominicano en pagos mensuales desde el día en que tomen posesión las aduanas los empleados de los Estados Unidos, divididos estos pagos en entregas de la manera siguiente: cuarenta y cinco por ciento de la suma total cobrada mensualmente en plazos que terminarán los días 8, 15, 22 y último de cada mes.

Artículo 4º. El Gobierno de los Estados Unidos aplicará el 55% que él retiene a los pagos siguientes: a) Los empleados de todas las aduanas.

b) Los intereses, amortización y vencimientos de la deuda dominicana interior y exterior de acuerdo a lo previsto anteriormente según como se fije y liquide. c) Todo remanente que resulte a final de cada año fiscal, se entregará al Gobierno de la República Dominicana, o se destinará al pago de su deuda si este así lo determinare.

Artículo 5º. Los Interventores de las Aduanas deberán remitir mensualmente a la Contaduría General del Ministerio de Hacienda, los estados de ingresos y egresos correspondientes; y anualmente el estado general que abarque el total de lo recaudado y pagado.

Artículo 6º. Mientras no esté del todo pagado el monto de la deuda que los Estados Unidos toma a su cargo, no podrá hacerse ninguna reforma arancelaria sino de acuerdo con el Presidente de los Estados Unidos, no pudiendo por tanto reducirse los actuales derechos de aduana y puertos, sin su consentimiento. En cuanto a los derechos de exportación de los productos nacionales, el Gobierno Dominicano podrá abolirlos o reducirlos inmediatamente; pero no podrá aumentarlos ni aumentar tampoco su deuda pública sin el consentimiento del Presidente de los Estados Unidos.

Artículo 7º. El Gobierno de los Estados Unidos a solicitud del Gobierno de la República Dominicana, auxiliará a éste, en la forma que estime conveniente para restablecer el crédito, conservar el orden, aumentar la eficacia de la administración civil y promover el adelanto material y el bienestar de la República.

Artículo 8º. Este convenio durará todo el tiempo que sea necesario para la amortización de la deuda que el Gobierno de los Estados Unidos ha tomado a su cargo.

Artículo 9º. Este Convenio empezará a surtir sus efectos después de su aprobación por el Senado de los Estados Unidos y el Congreso de la República Dominicana.

Hecho en cuatro originales, dos en idioma castellano y dos en inglés, firmándolos los representantes de la Altas Partes contratantes en la ciudad de Santo Domingo a los siete días del mes de febrero de 1905.

Firmados: Juan Francisco Sánchez, Federico Velázquez H. y Thomas G. Dawson. Es copia conforme a su original. El Oficial Mayor, José M. Díaz. …